jueves, abril 14, 2016

Palindromistas


Agradable trayecto esta mañana hasta el campus con, nuevamente, «Hoy empieza todo» (Radio 3) de Marta Echeverría, que ha entrevistado con Carolina Alba a Jesús Lladó («A l'atac, amo idioma català»), co-presidente del Club Palindromista Internacional y promotor del XI Encuentro del club que se celebra este sábado 16 en Igualada (Barcelona). Me ha gustado el recuerdo cervecero de «¡Arriba la birra!». Querido compadre y querido Gonzalo, aquí podéis escuchar a Lladó hablar del longevo Juan Filloy y su Karcino (1988) y de Josep M. Albaigès, cómplices de esta obsesión del texto reversible y de este ludolingüismo con el que se pasan tan buenos ratos. Hoy el verbo es: reconocer. Y un saludo a la afición en general.

martes, abril 12, 2016

Madrid en tiempos del mejor alcalde (1)

El pasado jueves 31 de marzo volví a ver Esquilache (1988), de Josefina Molina, en La 2, y el viernes recibí por suscripción el volumen 2 de Madrid en tiempos del «mejor alcalde», de Francisco Aguilar Piñal (Sant Cugat, Editorial Arpegio, 2016). Ese jueves era Adolfo Marsillach quien hacía el papel —clavado, bien—, de Carlos III, y el viernes fue el retrato de Maella del rey con su manto blanco de su Real Orden que está en el Museo del Prado. En el volumen 1 que salió en enero de este año, el retrato de cubierta era el de A. Rafael Mengs, también en el Museo del Prado. Es esta, precisamente, la entrega que todavía leo. Son más de cuatrocientas páginas estructuradas en siete capítulos. A pesar de ser Madrid la protagonista y de que va dedicado «Al pueblo de Madrid», el libro se publica en Sant Cugat (Barcelona), en la Editorial Arpegio. No puedo creer que el autor no haya encontrado ningún apoyo en editoriales de la capital ni en ninguna institución que se haya animado a publicar el estudio de uno de los investigadores más ilustres de nuestro siglo XVIII. Solo por ser el autor de la Bibliografía de Autores del Siglo XVIII, en diez volúmenes publicados por el CSIC desde 1981 hasta 2001, cuando se culminó con la publicación del tomo X, segundo de los dedicados a los impresos anónimos, deberían abrírsele las puertas de cualquier sitio que quiera difundir el conocimiento de nuestra historia. Nosotros, en la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII —«un reinado crucial para el futuro», escribe Aguilar Piñal (pág. 349)— le nombramos socio de honor y le rendimos el homenaje que merecía y que sigue mereciendo. Dejo aquí este apunte y espero escribir más sobre este riguroso estudio que es como la maqueta de Madrid (1830) de León Gil del Palacio que está en el Museo de Historia de Madrid, un virtuoso y entretenido paseo por la capital y por su historia.

domingo, abril 10, 2016

miércoles, abril 06, 2016

Una conversación con Dionisio Cañas


Le gusta que se diga que lo del jueves por la tarde no será una presentación, sino una conversación sobre su más reciente libro de poemas, Los libros suicidas (Horizonte árabe) (Madrid, Hiperión, 2015), entre él —que no es otro que Dionisio Cañas— el poeta, traductor y crítico Amador Palacios y un servidor. Acabo de recibir de Julio César Galán el aviso de la publicación de Limados. La ruptura textual de la última poesía española. Edición y prólogo de Óscar de la Torre. Epílogo de César Nicolás y Marco Antonio Núñez (Madrid, Amargord, 2016); y estoy convencido de que a Julio César, también por su propuesta intrapoética en Inclinación al envés (Valencia, Pre-Textos y Editora Regional de Extremadura, 2014), y a su entorno, interesará un libro como el de Dionisio Cañas con sus textos y sus paratextos en forma de notas finales de más de veinte apretadas páginas. Buen motivo para conversar es una obra tan impregnada de vivencia cultural y espiritual, tan inmersa en un contexto histórico en el que cada vez es más unánime el deseo de buscar respuestas más allá de Oriente y Occidente, como se abre el horizonte de este poeta en todos los sentidos.   Jueves 7 de abril, a las 19:00 horas, en la Librería Baba Yaga de Cáceres (C/ Mario Roso de Luna, 20). Entrada libre hasta completar el aforo. Una conversación entre tres al principio y entre todos al final.

martes, abril 05, 2016

Dionisio Cañas en Letras


Los estudiantes de 4º de Grado de Filología Hispánica tienen en el segundo cuatrimestre un horario semanal más apretado para poder terminar el período lectivo un mes antes que el resto de cursos, ya que algunos —este año la mayoría— tienen que iniciar su período de prácticas externas. Yo no comprendo la racionalidad de ese supuesto complemento de formación; pero lo cierto es que este jueves tenemos nuestra última clase del curso de la asignatura «Textos de la literatura española contemporánea». Será muy especial. Por tener el privilegio de contar entre nosotros con Dionisio Cañas, el editor literario de la antología poética Volver (Madrid, Ediciones Cátedra. Col. Letras Hispánicas, 310, 1989), de Jaime Gil de Biedma, autor incluido en nuestro programa. No tiene todos los días uno la ocasión de escuchar en clase a quien conoció al objeto de su estudio y de conocer documentación de primera mano de uno de los poetas que hemos leído este curso. Será un placer compartir su «Cuerpo a cuerpo con Jaime Gil de Biedma: autocensura y sociedad». Jueves 7 de abril, a las 12:00 horas, en el aula 31 de Letras. Entrada libre hasta completar el aforo.    

lunes, abril 04, 2016

Jornadas cervantinas


Con la conferencia del catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid («Miguel de Cervantes dentro de las facciones cortesanas del siglo XVI: de Carlos V a Felipe II») se abren mañana en Yuste las Jornadas Cervantinas Otra mirada literaria. Extremadura y América en la vida y obra de Miguel de Cervantes Saavedra, organizadas por el área de Literatura Española del Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la Universidad de Extremadura y dirigidas por el profesor Miguel Ángel Teijeiro Fuentes. «Extremadura y los extremeños en el tránsito del siglo XVI al XVII», por el historiador Alfonso Rodríguez Grajera (UEX) y «Cervantes y América», por el profesor de literatura Héctor Brioso (Universidad de Alcalá de Henares), serán las otras intervenciones de una primera jornada que se desarrollará en Yuste, cuyo monasterio se tiene previsto visitar. El programa —aquí— se prolonga en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres durante el miércoles 6 y el jueves 7, con las intervenciones de cervantistas como Miguel Ángel Teijeiro Fuentes, Luis Gómez Canseco (Universidad de Huelva), Antonio Rey Hazas (Universidad Autónoma de Madrid) o Ignacio García Aguilar (Universidad de Córdoba), especialistas de otras áreas de conocimiento como Francisco Javier Pizarro o Eustaquio Sánchez Salor (UEX) y de escritores como José María Pagador, autor del Libro de uso del Quijote (2005), que hablará de «Don Quijote y yo». Con una lectura cervantina por estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres se cerrarán las jornadas pasado el mediodía del jueves.

sábado, abril 02, 2016

Libros


Me regalan muchos (*) libros. Me envían los autores sus obras; y también las editoriales, por indicación del autor, me hacen llegar novedades estupendas que muchas veces he reseñado aquí. Cuando voy a una presentación de un libro agradezco enormemente que quien lo ha escrito me salude poniéndome en las manos un ejemplar —dedicado casi siempre. Mal negocio para los autores. Decía mi amigo Ángel Campos Pámpano que, en la división en la que jugamos, si los amigos no compran nuestros libros, a ver quién va a comprarlos. Por eso, me gusta llevarme la mano al bolsillo para contribuir con el autor, con el librero y, lo menos posible, con el distribuidor, que es el que se lleva la mejor parte. Eso sí, en la división en la que jugamos, el distribuidor no existe. Alguien lo evita para traernos los libros a casa. (*) He dudado si escribir «muchos» porque serán inevitables los términos de comparación. Muchos para mí son tres al mes, lo que hace un total de treinta y seis al año. Es posible que sean más. O menos. Pero conozco a amigos que deben de recibir tres veces más que eso. Quizá me quede corto. En fin, prefiero no pensar en ello; porque no me aporta buenas sensaciones.

lunes, marzo 28, 2016

Sedentarismo y necedad


La difusión de algunas noticias nos hace aún más memos de lo que somos. Además, da lo mismo, porque los medios saben que ser riguroso lleva un tiempo del que no disponen. «Según una investigación realizada por la Universidad de Sao Pablo (Brasil) en 54 países, pasar más de tres horas al día sentado causa una mortalidad del 3,8% a nivel mundial». Que se levante el que no pase más de tres y más de cinco horas sentado al día. No digo delante del ordenador, como yo, ni delante de la televisión; sino sentado en su asiento de conductor de autobús, de taxi o de transportista. Sentado en su puesto de cajero de banco o de hipermercado. El escritor que escribe o el estudiante que estudia, el investigador que pasa dos o tres horas por la mañana y otro par por la tarde en la biblioteca o el sastre que cose en su taller que se atengan a las consecuencias; que no les vale que se alimenten equilibradamente y hagan una hora de ejercicio diario. 

domingo, marzo 27, 2016

Semana de Pasión


Lunes Santo. Me acordé de mi madre. Cuando estaba aquí y disfrutaba asomada al balcón viendo pasar las procesiones. Pasaban varias. Ahora tan solo una, y la media del domingo. Inopinadamente, el lunes el Padre Jesús de la Salud en su Injusta Sentencia. Tremendo. Lunes santo y día internacional de la poesía. A la porra —escribí a la mierda— el día de la poesía. Incluso en la radio, como si no hubiese otro (re)medio, hablaron de ella; pero poco, no vaya a ser. Así en «Hora 14» de la SER, en la que cortaron la canción de Enrique Urquijo sobre, para, por, según, sobre y tras «Aunque tú no lo sepas» de Luis García Montero, granadino como Lorca. La poesía no quiere adeptos, quiere amantes. Fueron tan solo unos segundos, no  fuera a ser que alguien se aficionase a ella en día tan señalado. Martes Santo. Me acordé del 11 de marzo de 2004. Como aquella mañana, la radio nos trajo la noticia de un incidente grave en el aeropuerto de Zaventem de Bruselas, con un muerto —decían, sin asegurar que fuese un atentado. Así que cuando avanzó el día ya eran más bombas, más de treinta muertos y la voluntad terrorista de los que quieren matar. Todo una desgracia. Tremendo. Qué barbaridad. Salió el Cristo del Amparo (en la foto). Este no pasó por casa. Recorrido: ermita del Amparo, bajada por Camino de la Montaña a Fuente Concejo, calle Caleros, Plaza de Santiago, calle Godoy, Cuesta del Socorro, calle Tiendas, Plaza de Santa María, Arco de la Estrella, adarves de la Estrella, Santa Ana, Padre Rosalío, hasta la Puerta de Mérida y subida por calle Ancha hasta el Templo Parroquial de San Mateo, donde se recogió. El itinerario que me preocupaba era el de P., que volaba el miércoles a Bruselas; bueno, a Charleroi, para ir a Gante. Precisamente. Se fue de madrugada. Así que estuve inquieto, como la mañana siguiente mientras escuchaba las noticias y había muertos. Semana de Pasión. Miércoles Santo. Durante mi paseo de mañana con C., las constantes del día estuvieron en su sitio, muy bien. P. en Gante. También bien. Jueves Santo. Día de fiesta con muchas tiendas abiertas, sobre todo las grandes superficies para comprar víveres. TVE en Cáceres. Cachondeo. Qué pena me da ver a la gente cachondearse de mí cuando me recuerdan que tengo que presentar otro libro de otro poeta. No lo digo por hoy, que es jueves y santo. Viernes (santo y seña).  Johan Cruyff.  Sábado de Gloria. Un largo paseo por los Barruecos en Malpartida sobre un cielo cubierto que nos daba en la cara su orvallo de aquí. Gente mirando pájaros. Cuando llegaron más visitantes nos fuimos, como siempre. De noche ya, la lluvia fuerte canceló la salida de Nuestra Señora del Buen Fin desde la Concatedral. Con J y M, vista y no vista. Un embeleso verlas. Domingo de Resurrección. Día Mundial del teatro. De Anatoly Vasiliev ha sido el manifiesto para este año, tan así traducido al español: ¿«¡Ir al teatro!»? Pétalos desde mi calle para la Virgen de la Alegría, la mitad de la procesión de hoy. Lo mejor es que la casa se llene de la música de una banda, como si estuviesen tocando en el salón. Qué bueno. P. en casa. Bien. Mejor. Buen fin.

domingo, marzo 20, 2016

Poco a poco Berta Vias


El otro día recomendé la lectura de esta novela de Berta Vias Mahou a una compañera; pero en cuanto mencioné que iba de un torero se apresuró a decirme: «Mejor no». La culpa fue mía, porque Yo soy El Otro (Barcelona, Acantilado, 2015) no es una novela de toros. Aunque sale un torero. Aunque Óscar López en Página Dos entrevistase a la autora el pasado enero en la plaza de Aranjuez, en el centro del ruedo. Curiosa manera de insistir en que no es una novela taurina. Sea lo que sea, lo importante es que se trata de una buena novela. Una novela basada en un personaje real, José Sáez Fernández, hoy vivo —lo que, en términos ficcionales, es irrelevante—, que tuvo la suerte y la desgracia de tener un extraordinario parecido con el torero Manuel Benítez «El Cordobés». Un relato sobre una realidad documentable que incluye hechos que pueden ser tan verdad como mentira, contados por el protagonista a la figura de una interlocutora casi muda encargada de recomponerlo todo, y de decirlo todo; pero que ha preferido subrogar su voz en la de su atractivo personaje. «Ah, pero no se fíe usted de lo que digo. Que la mitad de lo que le cuento es mentira, y la otra mitad bien puede serlo también, porque con la mentira protejo la verdad» (pág. 111). Un protagonista que recomienda a la escritora: «No escriba una biografía, urda una novela, y enrede bien los hilos» (pág. 9). Y bien que hila la dama Berta Vias el copo de su relato, despacio, como pide lo bien hecho. Termina uno la lectura con la sensación de que se acaba una conversación interesante y entretenida, con ganas de que continúe. Con ganas de leer más hallazgos, como el capítulo «No vaya usted a creer que es el Caudillo el que preside el bar», en el que se relata la presencia en el Lorencini de El Otro como si se tratase de una corrida con la plaza abarrotada. O la bien sostenida combinación, de principio a fin, de la primera y de la tercera personas y del estilo directo y del indirecto, incluso en las marcas formales, cuando se necesitan porque se reproduce una entrevista al torero cocinada por su apoderado, Galdeano, otro hallazgo de personaje para un contrapunto fundamental en el significado de la obra. Una obra que hay que leer —mis estudiantes dirán que soy un plasta— desde sus paratextos, la dedicatoria para Antón, que dice que «el verdadero talento está en la bondad», y la cita de John Keats sobre Lord Byron: «Él describe lo que ve. / Yo, lo que imagino». Berta Vias, que fue Premio Dulce Chacón de Narrativa Española de 2011 por Venían a buscarlo a él (Barcelona, Acantilado, 2010), libro que aparece en el primer capítulo de este, ha escrito una excelente novela con torero y sin toros.

viernes, marzo 18, 2016

Morerías


A lo mejor algún día los diccionarios, sobre todo aquellos que siguen teniendo toda la antipatía de los códigos, sustituyen las definiciones de sus voces por otras así: meteorólogo. m. y f. Filósofo de lo intangible. duda. f. La termita de la verdad. jeringa. f. Aviesa avispa de cristal. cisne. m. Narciso tenaz, se interroga de continuo acerca de si antes fue patito feo. café. m. Infusión vestida de luto. acerico. (Del dim. de hazero 'almohada', y este del lat. vulg. faciarius, der. de facies 'cara'.) m. Carcaj de los alfileres. hamaca. f. Tendida entre dos árboles, es la tela de araña de las siestas. Todas estas definiciones aquí recogidas —y adaptadas a una formulación lexicográfica— son de Elías Moro (Morerías. Isla de San Borondón, Ediciones Liliputienses, 2016), que ha reunido en un volumen más de trescientas perlas concentradas de ingenio. Sé que los diccionarios nunca llegarán a tal cosa; pero quizá pueda ser que los diccionarios de greguerías lleguen a ofrecernos todas estas sintéticas agudezas. En la B, que es, según Ramón, el ama de cría del alfabeto, estaría bastón, que es el estoque de las aceras —dice Elías Moro. Y en la C, en camello. m. y f. Lleva a cuestas el horizonte y su montañita. (Ramón Gómez de la Serna) | Se ríe de nuestra sed. (Elías Moro) […] Algo así, con todas las demás autoridades. Quiero decir que Morerías, de Elías Moro, se presenta esta tarde, a las 20:00 horas, en la «Librería-Café Psicopompo» (Plaza Marrón, 12, Cáceres).

martes, marzo 15, 2016

lunes, marzo 14, 2016

Antonio Mª Flórez en Letras


Mañana martes, 15 de marzo, leerá sus poemas en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres el escritor extremeño-colombiano Antonio María Flórez Rodríguez (Don Benito, 1959). Por su libro Desplazados del Paraíso (2003) recibió el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá y fue reeditado en 2006 por la Editora Regional de Extremadura. Será en el Aula 31 de la Facultad a las 12:00 horas.

viernes, marzo 11, 2016

Los viajes de la Razón


Esta mañana de tremendos recuerdos por los atentados en Madrid hace doce años he recibido este libro que se presenta esta tarde en Zaragoza. Mi amigo David T. Gies me ha pedido que escriba una reseña para su revista Dieciocho, que acaba de publicar el primer número de los dos de este año, del volumen 39. La haré, pues tengo un plazo generoso. Los viajes de la Razón es un volumen en homenaje a la profesora María-Dolores Albiac Blanco, ya jubilada en la Universidad de Zaragoza a la que dedicó la última etapa de su trayectoria docente e investigadora. Aunque ha trabajado sobre otras épocas y sobre autores como Carmen Martín Gaite o Juan Marsé, Lola Albiac ha estudiado principalmente la literatura del siglo XVIII, y por esa «Razón» el libro se apellida Estudios dieciochistas y está estructurado en cuatro secciones: «Figuras dieciochescas», «Ilustración y modernidad», «El cosmopolitismo ilustrado» y «Un siglo en perspectiva». María Dolores Gimeno Puyol y Ernesto Viamonte Lucientes (Coords.), Los viajes de la Razón: Estudios dieciochistas en homenaje a María-Dolores Albiac, Zaragoza, Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, 2015, se presenta hoy a las 20:00 horas en el Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

martes, marzo 08, 2016

Últimos bares con Teresa


Estaba escribiendo mis apuntes sobre el libro de Ginés Pérez Navarro (Impresiones de un barman) cuando leí este viernes pasado en El Cultural  la novedad del documental de la página web Cultibar sobre los bares de la novela de Marsé Últimas tardes con Teresa. El documental se titula Últimos bares con Teresa y recorre cuatro lugares que están en la novela y que todavía hoy, con sus cambios, perviven. El «Delicias» del Carmelo («Ha mandado a un chiquillo a por un paquete de Chester en el bar Delicias», I.2); el «Escocés» de Sant Gervasi («A las seis estaba en el bar Escocés de la calle Mandri. No había casi nadie. Esperó a la muchacha durante tres horas. Deprimido y decepcionado, regresó a casa», I.2); el «Pastis» del Raval («Anduvo durante más de una hora y media, preguntó en el Saint-Germain (la voz cavernosa y entrañable quiso retenerle presentándole a una nueva camarera, una muchacha de rostro anguloso y férvido que aseguraba conocerle desde hacía años), en el Pastis, en el Cádiz, en Jamboree. La buscó en las cervecerías de la Plaza Real y en las Ramblas, ya sin esperanza de encontrarla.», III.5); y el «Restaurante Tibet» («Había recordado el Tibet, al pie del Carmelo. Rincón sofisticado (falsa cabaña, troncos barnizados, techo de paja, luz embotellada) en la terraza de una vieja torre de los años treinta convertida en residencia y restaurant. Un altavoz emitía una música suave. El sitio era tranquilo, solitario, y a Teresa le encantó. Ocuparon una mesa junto a la veranda que daba sobre la carretera, más allá de la cual se veían huertas y algarrobos, con una balsa de agua que centelleaba al sol como un espejo y una antigua masía que hacía años había sido apresada por la ciudad. Al atardecer verían el cielo encendiéndose sobre el Parque Güell, tras el cerro llamado Tres Cruces. Teresa estuvo largo rato admirando el paisaje, de codos en la veranda, junto a Manolo.», II.5). Los cuatro momentos y lugares de la novela articulan este documental que no llega a los diez minutos de duración, dirigido por Jordi Busquets, responsable junto a David Salvador y Víctor Solsona del guion, y que es muy agradable ver.

domingo, marzo 06, 2016

Impresiones de un barman


A Honorio Blasco debo gran parte de la literatura sobre bares y tabernas que conozco. Yo había leído la «Revista de bares (o apuntes para una prehistoria de la difunta gauche divine)» que escribió Gil de Biedma en 1966 y que luego incluyó en sus ensayos completos El pie de la letra. Poco más. Alguna referencia en Gómez de la Serna. Tengo el libro de José-Carlos Mainer La corona hecha trizas (1930-1960). Una literatura en crisis (Barcelona, Editorial Crítica, 2008), que recoge su ensayo «Literatura y coctelería», ya publicado en otro volumen colectivo tres años antes. Lo cita en su prólogo («Trago corto») Honorio Blasco, culpable de que yo tenga este libro de Ginés Pérez Navarro, Impresiones de un barman (Palma de Mallorca, Ifeelbook Editors, 2015). Lo he disfrutado como si fuese un cliente de un bar como el Belvedere, el que regenta el autor del libro en Barcelona, con un sorbo cada día, como un cliente habitual. Se diría que Ginés Pérez Navarro ha escrito con maneras de barman, como si tuviese en las manos un vaso mezclador, y hubiese echado su poco de memorias, su poco de ensayo histórico, de crónica de bares de la Barcelona de los últimos cuarenta años, su pizca de recetario —el libro se cierra con «Siete cócteles capitales»—, e incluso su poquito de manual de autoayuda con observaciones sobre la elaboración del cóctel. Los dos ingredientes principales de estas Impresiones son experiencia y sabiduría. O, en otro orden, ciencia y práctica. Además, agrada cómo se cuenta, cómo está escrito. Con voluntad de agradar al lector y sin pretensiones literarias; pero con el decoro literario de alguien «de una generación que empezaba el aprendizaje en edad muy temprana y desde muy abajo, sin manuales ni reglas escritas donde estudiar las materias que, supuestamente, eran necesarias para la formación. Finalmente, el manejo de la escoba, del recogedor y la bayeta del polvo eran algunas de las asignaturas que revalidaban tu aprendizaje, quienes te daban la oportunidad para ascender de categoría profesional. El bien hacer con tales utensilios era la primera lección de una carrera inacabable […]» (págs. 23-24). Aparte de lo aprendido con este libro, complace mucho leer evidencias como las que Ginés cuenta en el capítulo «El escenario y los actores», en donde habla del barman o copero, de los locales y de los clientes; quiero decir que pone negro sobre blanco a su modo lo que conoce todo el que frecuenta esos espacios de sociabilidad, como algunos dicen ahora. Complace, pues, que sea un relato amable del día en un bar. Imagino la satisfacción de clientes del Belvedere y amigos de Ginés Pérez Navarro como Honorio Blasco y el artista barcelonés Carlos Pazos, que escribe un segundo prólogo («A modo de aperitivo»), pues yo mismo tengo el gusto de leer desde un lado privilegiado del mostrador —como decía mi abuela— en el recuerdo de una visita —de la mano de Honorio— que hicimos C. y yo hace... ¡Uff! Fue en 2003, en febrero. Cuando aquella manifestación contra la Guerra de Irak que congregó a más de un millón de ciudadanos. Estuvimos en el Belvedere una noche que vimos a Enric Arredondo, aquel actor que falleció unos años después y que hizo de jefe en una serie de periodistas. Eso creo yo, según mis notas. En fin, que he disfrutado del libro de Ginés Pérez Navarro.

jueves, marzo 03, 2016

La zapatera prodigiosa


Trabaja en Granada, en una tienda de la calle Recogidas. Yo seguía con mis dolencias y sin calzado cómodo para el paseo intensivo que merece una ciudad así, que tiene su principal centro comercial en sus calles principales y no en un inmenso contenedor en terrenos recalificables. Recogidas, Reyes Católicos, Mesones... son las venas por las que se chutan sus dosis los compradores compulsivos de esa ciudad con encanto y duende. En esa tienda, la zapatera pronunció una de las mejores traducciones que he escuchado del término adaptaction aplicado al calzado: «—Estos son Callaghan Adaptaction. Que quiere decir que una vez que te los pones no quieres quitártelos». En acento granaíno, claro. Luego vi que la marca anuncia el modelo como «El zapato más cómodo del mundo». Ni punto de comparación en términos publicitarios. Que sepan que en Granada está una buena agente de promoción. «—Mi padre tiene unos, y está encantado»— decía la dependienta mientras nos despedía. «—Encantado, de verdad». Y casi ya en la calle: «—¡Qué buen zapato se lleva!». Fascinante. Pin, pin, pío, pío, pío. Zapaterita. «¡Ay, mi niña zapatera! / ¡Ay, espejo de mi casa! / Con los martillos diré / la alegría de tu cara».

miércoles, marzo 02, 2016

Hernández Pacheco


Este enero pasado pudimos ver mi colega Jesús Ureña y yo, casi a su cierre, la exposición que el MEIAC dedicó al geólogo, geógrafo y profesor Eduardo Hernández Pacheco (1872-1965). Elementos del Paisaje. Fotografías 1907-1950 es el título de la muestra realizada en colaboración con la Fundación Ortega Muñoz y que recoge imágenes del archivo documental de Hernández-Pacheco conservado en la Biblioteca Histórica de la Complutense y en la Real Sociedad Española de Historia Natural. Hijo de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), madrileño vinculado a Extremadura, en donde murió —en Alcuéscar—, Hernández Pacheco fue un geógrafo que se acompañó de la fotografía para ilustrar sus textos y sus investigaciones, algunas de ellas reunidas en sus libros Síntesis fisiográfica y geológica de España (1934) y Fisiografía del Solar Hispano (1955-1956). Para muchos cacereños Hernández Pacheco es un instituto y una calle de Cáceres; así que me alegro de que la Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero, según me cuentan, vaya a traer aquí próximamente esta exposición que es toda una lección sobre la teoría científica del paisaje de esta insigne figura.

viernes, febrero 26, 2016

Cementerio alemán, Yuste. Presentación

En la mañana de este domingo, en el segundo encuentro de literatura periférica Centrifugados, presentaremos la antología poética de muy reciente aparición Cementerio alemán, Yuste (Jaraíz de la Vera, Ediciones La Rosa Blanca, 2016). «Si el atractivo de un lugar también puede estar en las palabras que lo han nombrado, este libro intenta mostrarlo con la respetuosa y sensitiva actitud de quienes escribieron sobre él lejos de allí o en el mismísimo enclave protagonista. El cementerio alemán —memorial de casi dos centenares de militares alemanes de las dos guerras mundiales— situado junto a la carretera que une Cuacos de Yuste con el Monasterio de San Jerónimo, y una antología de diecisiete poetas que dedicaron sus poemas a este espacio leído y legible. Poesía y paisaje de la historia, junto al testimonio de una mirada en el tiempo en casi dos centenares de fotografías.» (Del texto de la cubierta)

jueves, febrero 25, 2016

Julián


Hace poco más de trece años le entregué su ejemplar de El trabajo gustoso porque salía en él. En ese trozo —«Paraíso Perdido»—contaba una conversación con varios alumnos. «Dicen —escribí— que un profesor les está tomando el pelo. Qué relativo. Me dan ganas de preguntar a Julián, que limpia los cristales sin perturbar a nadie. Un profesional. Lunes de nuevo […]» (El trabajo gustoso, 2002, págs. 77-78). Después de algo más de cuarenta años trabajando en la empresa de limpieza Limycon, Julián, el gran Julián, el «profesional», se jubila. Desde que nos vinimos a este edificio del campus, en 1999, ha formado parte activa y entrañable de la vida diaria de la Facultad y se notará su ausencia desde el primer día de marzo, su fecha prevista. En términos de información, sobre lo que sucede en la Facultad, será como perder cobertura, quedarnos en zona de sombra. Julián Ceballos Galeano (Plasenzuela, 1952) es el benjamín de seis hermanos varones, de los que viven tres. Uno de los fallecidos, con cuarenta y ocho años en 1997, fue Juan Ceballos, alcalde socialista muy querido de Plasenzuela desde 1979: —«Esto no hubiera pasado si estuviera vivo el alcalde», declaraba hace tiempo una señora al periodista Sergio Lorenzo de Hoy sobre el ruinoso estado de las cuentas del pueblo y las investigaciones de la gestión de algunos de sus cargos municipales. A Julián se le ilumina la cara cuando habla de su hermano y cuando se reafirma en sus fidelidades al PSOE —felipista e ibarrista— y al Real Madrid. Vive en Aldea Moret desde que vino a Cáceres en 1976, después de haber trabajado siete meses en la construcción de la central nuclear de Almaraz, recién casado y tras una mili de quince meses en Sanidad Militar. Aquí en Cáceres le nacieron los hijos, la parejita. Luego ya fue la limpieza su dedicación, en la Universidad Laboral, en la Facultad de Empresariales. Allí hizo «trabajo de mujeres»: limpiar suelos, mesas y encerados; que los cristales vinieron más tarde, cuando la antigua Facultad de Letras, a tiempo parcial. Y en el curso 1999-2000 ya fue uno más en el escenario de las mañanas que compartimos unos más que otros. Y él casi más que nadie. Yo no sé si hay algún profesor que Julián no conozca, aunque haya firmado el contrato ese mismo día; y a veces creo que sabe de dónde son todos y cada uno de los alumnos del aula 8, por poner un ejemplo. Puestos a exagerar, si algún día se pierden papeles  y archivos informáticos, Julián será nuestra memoria exenta. Que nos dure. Buen talante, de semblante curtido y amable, sobrio hasta donde uno conoce y dado a la conversación, Julián estaría dispuesto sin condiciones a ponerse a limpiar a destajo todas las ventanas de este país de la roña corrupta que no deja pasar la luz de la decencia. Y lo hemos hablado. Tiene una casa en el pueblo y un olivar al que da una vuelta todos los domingos que puede y al que mira como el terrenito de la felicidad futura. Que los disfrute.

martes, febrero 23, 2016

Cristián Gómez Olivares en Letras


De camino a la segunda edición de Centrifugados que se celebra este fin de semana en Plasencia, el escritor Cristián Gómez Olivares (Santiago de Chile, 1971) hará una parada en Cáceres para dar una conferencia sobre la poesía de Nicanor Parra en la Facultad de Filosofía y Letras este jueves 25 de febrero. A las 12:00 en el salón de actos. Cristián Gómez Olivares es profesor de español y de literatura hispanoamericana en la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio. USA), poeta y traductor. Ha publicado, entre otras obras, Alfabeto para nadie (Valparaíso, Fuga, 2007), Como un ciego en una habitación a oscuras (México, Conaculta, 2005), Pie quebrado (Salamanca, Amarú, 2004), que fue Premio de poesía Víctor Jara, Inessa Armand (Santiago de Chile, La Calabaza del diablo, 2002) y Homenaje a Chester Kallman (Luces de Gálibo, 2010). Buena parte de su obra poética más reciente ha sido publicada por el sello extremeño Ediciones Liliputienses: La nieve es nuestra (2012, y Luces de Gálibo, 2015), Renga (2015). También con esta misma editorial publicó su traducción de la poeta americana Donna Stonecipher Cosmopolita. 

lunes, febrero 22, 2016

Glorias de Zafra (X)


La casa de mi madre es un ruidoso mirador —sobre todo en verano— de lo que sucede. Hace esquina, y eso le confiere una facultad que pocos lugares tienen. Casi una torre vigía. A veces me sorprende que pasen tantas cosas por allí. No  escribo ahora desde ese mirador en el que algunas horas paso; pero no importa. Hace pocas horas que estuve allí y dentro de pocos días volveré a él y volverán a pasar por delante gentes y sucesos, como si fuese un lugar céntrico del mundo. Ni siquiera lo es del mío, pues viene a serme periférico. Sin embargo, sigue sorprendiéndome. Allí vi por vez primera a un trilero, enteco por más señas, mientras trabajaba. En directo y desde arriba; y a pesar de todo no logré dar con la bolita, y sí con el gancho. Por allí han pasado trotamundos en bicicleta y en nochebuena cargados con mochilas imposibles. Desde esos balcones he visto lo que nunca en un gran estadio: un grupo de neonazis inconcebibles —dieciocho o veinte abriles— que cantaban consignas de camino a un partido de fútbol y escoltado a distancia por guardia civiles a pie y en coches. Ahí estuvo el monumento más alto de mi infancia y más infame de mi vida adulta. Desapareció hace unos años, como tantos difuntos de hoy que por aquí pasaron. Ya hace tiempo que no vemos mi madre y yo a Menganita ni a Zutranito; aunque ella no lo sepa. En esa glorieta vimos a borrachos con escopeta y a borrachas con minifalda saliendo de los toros. A un cura párroco manteando su sotana al caminar como si fuese el De Pas de la novela inmortal. Mi madre me confunde con él algunos días cuando llego a ella. Yo no se lo tengo en cuenta. Desde el balcón de mi madre llegan voces intolerables, por su tono y por su fondo. Se escuchan, aunque no quieras. Ella querría; pero no escucha. El mirador de la casa de mi madre también tiene postigos que al cerrarse son espejos de lo que nos pasa dentro. 

martes, febrero 16, 2016

Javier Reverte en el Aula literaria José Mª Valverde


El escritor Javier Reverte (Madrid, 1944) intervendrá mañana miércoles 17 en el Aula literaria «José María Valverde» de la Asociación de Escritores Extremeños. Por la mañana, a las 12:15 horas, tendrá un encuentro con estudiantes de Secundaria y Bachillerato en el IES Javier García Téllez; y por la tarde, a las 19:15 horas, la habitual lectura pública en el salón de actos del Palacio de la Isla. El pasado mes de enero, Javier Reverte denunciaba que era uno de los primeros escritores a los que Hacienda solicitaba una importante suma de dinero —en su caso 121.000 euros— para «regularizar» la incompatibilidad por la legislación actual del cobro de su pensión de jubilado con los rendimientos por su actividad intelectual. De escándalo. Aunque mañana iremos a escucharle hablar de sus libros y de sus viajes, flotará sobre todos un aire de indignación. 

martes, febrero 09, 2016

El sentimiento de la vista (y II)



Sin lugar a dudas, la lectura de El sentimiento de la vista da para más de una entrada aquí. Sugiere mucho y permite al lector de poesía conocer poemas magníficos sin costuras visibles. Hay uno que retrata al profesor en el aula de un instituto explicando Luces de bohemia («Comento el diálogo entre el preso / y Max Estrella, mientras no dejo de oír / cómo resuena mi voz […]»), y que consigue con admirable naturalidad (sabiduría) representar poéticamente la coexistencia de un discurso cotidiano por aprendido y obligado y de otro igualmente cotidiano por sobrevenido y que, además, es inexorable («[…] Nada / quizá que ver tiene Gaza con esto, / o sí, porque me ocupa un lugar / en la cabeza mientras hablo»). El poema nace de una situación vivida que se convierte en hecho lingüístico con conciencia de serlo, como ese «Autorretrato ante el espejo» —que no es un título (o sí), y sí un primer verso— en el que se siente «el sentimiento de la vista», que es un título, y también el último verso de ese poema. Porque quizá conozca algunas referencias no necesarias de la escritura de los poemas, ese autorretrato puede resultarme más cercano. Pero no menos incitante y rico. Imaginemos. Hace nada busqué unas palabras sobre Crítica y verdad de Roland Barthes que escribió Miguel Casado en su libro Del caminar sobre hielo (Madrid, A. Machado Libros, 2001) y ahora relaciono aquella cubierta con esta de El sentimiento de la vista, que ofrece unos caracteres chinos. Son, parcialmente, los que se transcriben al final del último poema como una fórmula de saludo y un indicativo del aprendizaje de una lengua: Hola, ¿cómo estás? ¿De dónde eres? Que me corrijan si he leído mal El sentimiento de la vista, uno de los buenos libros del año pasado —hace poco tiempo— que más me han motivado como lector de poesía.

sábado, febrero 06, 2016

El blog de Suroeste


Cinco son ya los números publicados por esta revista de literaturas ibéricas, Suroeste, cuya aparición saludamos en su día. La pasada primavera salió el número 5, con una interesante conversación con Eduardo Lourenço, «el más importante intelectual portugués vivo», en palabras de su interlocutor, Luis Sáez Delgado, y, además de otros contenidos fijos de ensayo, crítica de libros o textos narrativos, con una generosa ración de poesía en español y en portugués firmada por Luis Bagué Quílez, Hilario Barrero, Igor Barreto, Maria Graciete Besse, Carlos Clementson, Álex Chico, Francisco Ferrer Lerín, Eduardo Moga, María Paz Moreno, José Luis Puerto, Antonio Rivero Taravillo, Almudena Vega, Miguel Martins, Vítor Nogueira, José Carlos Soares y Miguel-Manso. La novedad ahora es la edición de un blog de la revista, Suroeste digital, «un vehículo más para hacerla llegar a más lugares y a más lectores. Con contenidos diferentes, aunque siempre al servicio del mismo objetivo y con el mismo conjunto de colaboradores […] ofrecerá un diálogo más ágil y plural entre autores y lectores, irá ofreciendo adelantos de los próximos números en papel, comentarios y reseñas de novedades, actividades culturales del ámbito hispano-luso...», escribe su director, el profesor, traductor y poeta Antonio Sáez Delgado, en el editorial de bienvenida. Excelente plataforma de difusión e intercambio de las literatura ibéricas. Un saludable modelo de convivencia cultural.

viernes, febrero 05, 2016

Eduardo Moga en la ERE


El martes me enviaron un mensaje al teléfono con la noticia de que el poeta, traductor y crítico Eduardo Moga era el nuevo director de la Editora Regional de Extremadura (ERE). A esas horas, quien me lo enviaba no sabía si el nombramiento era oficial aún. Era, en cualquier caso, una sorpresa. Me alegro, pues considero que Moga es un hombre sensible y capaz, y que conoce bien la historia editorial de la ERE y el panorama literario y cultural de Extremadura. Me ha extrañado, eso sí, y que yo sepa, que en las plataformas digitales de amigos y conocidos no haya tenido mucho eco la novedad. No sé. Ha tenido que ser una directora dependiente de la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura quien esta mañana me ha confirmado que el nombramiento es firme y que el propio Moga ha escrito en su blog un texto «muy bonito» sobre ello. Creo que está fuera de toda duda que Eduardo Moga está de sobra capacitado para dirigir «una de las mejores editoriales públicas de este país durante muchos años, si no la mejor», como ha escrito en su blog; pero es principal su entusiasmo. Interesante momento de la función.

jueves, febrero 04, 2016

El sentimiento de la vista (I)


Cuando terminé de leer El sentimiento de la vista (Barcelona, Tusquets Editores, 2015), de Miguel Casado, anoté como un valor esa forma de encontrar un tono poético en la sobriedad expresiva, en la ausencia de retórica. Está bien anotado, no sé si bien expresado. Este nuevo libro, después de un lapso de once años desde su Tienda de fieltro (Barcelona, DVD, 2004), nos presenta brillantes tomas poéticas del mundo exterior, de la realidad, maneras de explicarse en ellas. Hay anécdota; pero velada. Hay nombres y personas; pero nunca explícitos, salvo en los poemas dedicados a los «muertos comunes» —Ángel Campos Pámpano, Manuel Hermínio Monteiro, Nicanor Vélez—, esos «muertos comunes» mencionados en el poema que comienza «Voy contigo», un poema de amor ejemplar, extraordinario, para Olvido, aunque no hay mención expresa. No hace falta, pues Olvido [García Valdés] ocupa el lugar de preeminencia de la dedicatoria general del libro. No hay más, excepto las de los tres nombres citados, los «muertos comunes»; y la pesadumbre de la lectura y relectura de esos poemas, ay. Y la certeza de que la voz que acompaña al lector desde el primer poema al último de este conjunto de sesenta y seis —aunque «La enfermedad del tiempo», el dedicado a Nicanor Vélez, es un tríptico— es la voz —y la mirada— de un poeta de exquisita madurez que sabe llevar al poema la escritura como un hecho tan propio de la vida como la lluvia o el revoloteo inquieto de un gorrión. La escritura es una forma de vida si se siente una libreta pequeña en el bolsillo de la chaqueta como una forma material de respiración (pág. 120); y esa materialidad es la que lleva también a preguntarse si «la medida / de los versos depende del tamaño / del papel» (pág. 25), tanto que se retoma muchas páginas después en un «No sé si el tamaño del papel / condiciona la medida de los versos» (págs. 119-120). Resulta extraño llamar a esto metaliteratura; pero lo es. Al menos, se trata de una autorreferencialidad corriente en un libro en el que todo fluye de manera muy natural. Tanto que hay más de un poema que puede ser considerado nuclear en El sentimiento de la vista. Por ejemplo, este: «Salíamos juntos a mirar la luna / de abril, cuando de los montes / se eleva blanca; nubes / también del suelo la persiguen, le sirven de orla. / Mirar es compartir el mundo, / las intensidades cambiantes, / el aura en que reposan / las cosas o se afilan.» Un poema preciso. O este otro en el que los árboles, varios, se funden —había escrito «se confunden»— con las palabras del poema, con su afán por manifestarse —las palabras— entre las frondas y donde el humus vegetal es clave para comprender la germinación que propone el poema y el libro: «Zarandea el viento la acacia / mientras el tilo, a su lado, / queda casi inmóvil. Busco al fondo / la línea de los álamos, confundidos / en su verde denso, y la veo / surcada de vaivenes, de caídas, / brillos, ondulación. Ante la ventana, / divididos los ojos en la cruz / del marco, como si quisiera pedirles / no las palabras —esas van y vienen, / no pesan— sino un núcleo sólido / o humus donde fermenten.» (pág. 135). 

jueves, enero 28, 2016

Carlos Cano


El martes disfruté durante una hora de viaje en coche de la música de Carlos Cano (1946-2000) en Discópolis (Radio 3). Tanto que llegué a emocionarme —sic— al volver a escuchar «La murga de los currelantes», que debe de tener casi unos cuarenta años —de 1978 es esta grabación. En su programa, José Miguel López anunció que hoy jueves iba a pasar entera la única entrevista que RNE tenía del cantante granadino, que hoy habría cumplido setenta años. Son casi cincuenta y nueve minutos admirables de conversación y canciones del miércoles 28 de abril de 1999. Un disfrute escuchar de nuevo el programa. Cuando ha hablado de Federico García Lorca y del Diván del Tamarit ha vuelto a fascinarme aquella anécdota que él ya contó, y que yo recordé en El trabajo gustoso (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2002, pág. 22). En un concierto en Murcia, una señora le dijo: «—Hijo, qué bonito. No me estoy enterando de ná; ¡pero cuánta hermosura!». Y Carlos Cano dice que es la definición más hermosa que le han dado de ese libro al que pertenecen los versos que el cantante también ha recordado: «Por las ramas del laurel / vi dos palomas oscuras. / La una era la otra / y las dos eran ninguna». Dedico esta entrada —además— a la memoria de mi amigo Alfredo Gómez (1958-2015) y a la ciudad de Granada.

Móviles


© Tango2010
Por mi entrada de ayer, dedicada a Antonio Sáenz de Miera y a su blog, he recordado otra suya, de hace casi un año, que iba ilustrada con un dibujo excepcional del ilustrador Shangai Tango, que reproduzco arriba por el gusto de compartir en este día de asueto relativo por Santo Tomás de Aquino un ejemplo del ingenio de este artista.

miércoles, enero 27, 2016

El mac de A.S.M.


Hace unos días me enviaba Antonio Sáenz de Miera su más reciente alerta de publicación de una nueva entrada de su blog Allende Guadarrama, que sigo desde que empezó con él el once del once de 2013, a sus setenta y ocho años. «Steve Jobs entre la arrogancia y la caligrafía» es el título, y, aunque está claro quién es la persona protagonista, toma como punto de partida la película de Danny Boyle estrenada en España el primer día del año y que en Estados Unidos está siendo un fracaso por un quítame allá unos cuantos millones de dólares. Yo aún no la he visto; pero lo que me trae de nuevo a mi 'mac' es la manera que tiene Antonio Sáenz de Miera de contarnos cómo logra sentir que la máquina en la que lee y escribe es algo más que un aparato tecnológico. Como lo sabe, lo cuenta. Y es capaz de hablar de su creador con ecuanimidad y de traer a su reflexión el buen gusto de referencias como la que hace a Thomas Mann y lo que dijo sobre algo que está en el alma de estas máquinas, que «la bella caligrafía conduce a las bellas palabras y las bellas palabras conducen a las bellas acciones». Brindo por que este hombre siga durante mucho tiempo delante de esa pantalla en su escritorio.

viernes, enero 22, 2016

20 años del Aula Valverde


Hoy viernes se cumplen veinte años de la inauguración del Aula Literaria «José María Valverde» en Cáceres, una de las aulas de la Asociación de Escritores Extremeños (AEEX) puestas en marcha por aquellos años. Quien la abrió con su participación el 22 de enero de 1996 fue el escritor vasco Bernardo Atxaga. Aquel curso, además, intervinieron en el aula Alfonso Sastre, Luis Landero, José Agustín Goytisolo y José Ángel Valente. Sigue pareciéndome impresionante. Lo mismo que si recuento la lista de nombres que han pasado por ella, es decir, por la ciudad de Cáceres, desde aquella fecha. Por un motivo desgraciado, hace ya unos años, conté más de cincuenta y cinco nombres de los escritores que visitaron el aula literaria «José María Valverde». Hoy, si no me equivoco, son noventa y uno los autores que han venido, después de Carlos Pardo y a falta de Javier Reverte —a quien hoy, con Antonio Gamoneda, he escuchado en Hoy empieza todo con Marta Echeverría, y con Jorge Barriuso, de Radio 3, a propósito del conflicto de las pensiones de los creadores— y de Ángela Vallvey, que estarán en febrero y marzo de este año. Recuerdo —y poseo recortes— las crónicas de un par de días antes de aquella primera lectura de Atxaga, cuando los periódicos de aquí, el Hoy y el Extremadura, cubrían nuestra voluntad de difundir que en Cáceres, casi al mismo tiempo que en Mérida y en Plasencia, organizábamos desde la AEEX un ciclo de lecturas de grandes autores dirigido, primeramente, a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato de la ciudad y, luego, a la afición en general. «Este nuevo aula», decían aquellas crónicas de aquella época, o «el aula [...] puesto en marcha», «este aula», «del nuevo aula». No atinaban; pero se apreciaba el interés por una actividad que, tantos años después, está consolidada. Consolidada pero no asumida por una ciudad que debería sentirse orgullosa de haber tenido en esta parte del oeste de España a tantos educadores de sus jóvenes. Me paro a pensar en algunos. Bueno, mejor no. Que pregunten en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento si han estado en Cáceres el citado Gamoneda, Rafael Chirbes, Marta Sanz, Luis Mateo Díez... Quizá no sepan decir; pero yo sí puedo darles la lista completa. Después de tantos años sigo sin comprender cómo los responsables de la promoción cultural de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad no defienden como propias sus otras tradiciones.
© Willi Valverde

jueves, enero 21, 2016

Antonio Colinas y Cáceres


© Fotografía de José Mª Cumbreño
El jurado del VIII Premio Internacional de Periodismo Ciudad de Cáceres de la «Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero» ha acordado premiar este año el artículo «Una estación, una ciudad, un destino» del poeta Antonio Colinas, publicado el 20 de diciembre de 2015 en el Diario de León. El texto de Antonio Colinas evoca aquella línea de ferrocarril que fue la Vía de la Plata en las palabras de su padre que le indicaba el destino de aquel tren mítico que bajaba desde Astorga y pasaba por su ciudad natal, La Bañeza, para dirigirse a Cáceres, una ciudad que, en diferentes etapas, luego ha estado ligada por motivos literarios a la vida de Colinas. Hay dos menciones personales, además, en el artículo que me resultan placenteras. La primera es a Juan Manuel Rozas, que, como dice Colinas, «no era un profesor al uso» y fue uno de los primeros que a finales de los años setenta se interesó por la poesía última y por los novísimos. Y especialmente por la poesía de un Antonio Colinas que en 1975 había publicado Sepulcro en Tarquinia, libro y poema al que dedicó Rozas una de sus clases magistrales, que, como ya he dicho en otra ocasión, tuve el privilegio de escuchar en la Facultad de Letras de Cáceres. La otra mención es a otra persona muy querida: Javier Alcaíns, en la foto con el poeta. Alcaíns logró en 2009 ver publicada una de sus fascinantes creaciones. No era más que una edición iluminada y caligrafiada de aquel poema de Antonio Colinas. Junto a los responsables de la fundación, Maritina Guisado Domínguez y Luis Acha Iturmendi, el jurado de este premio ha estado compuesto por Conrado Gómez López, presidente de la Asociación de Periodistas de Cáceres, César Antonio Molina, ganador de la anterior edición del certamen, Antonio Cid de Rivera, director de El Periódico Extremadura, Juan Domingo Fernández, subdirector del Diario Hoy, y José Manuel González Calvo, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Extremadura.

miércoles, enero 20, 2016

Diario de una vida breve


«—Sé que te va a gustar», me dijo quien me regaló este libro. Acertó. Lo que él no sabía es que justo en esos momentos yo estaba trabajando sobre el padre del tatarabuelo del autor de este libro. Sí, Manuel Silvela, el afrancesado, exiliado en Burdeos, donde publicó con su amigo Pablo Mendíbil aquella Biblioteca selecta de literatura española (1819) en cuatro tomos. No soy amigo de la literatura a trozos; pero estoy convencido de que si hoy mis alumnos leyesen en primero de carrera una selección así de piezas, desde Diego Hurtado de Mendoza hasta Leandro Fernández de Moratín, comprenderían mucho mejor cualquier texto contemporáneo. Como este Diario de una vida breve, de Juan Manuel Silvela Sangro (Valencia, Pre-Textos, 2015). No sé si me equivoco; pero este Silvela Sangro debió de ser chozno de mi Silvela; o sea, el hijo del tataranieto de aquel. Es sorprendente cómo se cruzan lecturas y circunstancias. Vida breve porque Silvela Sangro murió en París en mayo de 1965, a los treinta y dos años. Su diario se inicia a la mitad del primer mes de 1949 y concluye el último día del año 1958. A pesar de su carácter fragmentario, se trata de un relato, un autorretrato completo, suficiente para hacerse con la imagen de un joven extraordinario de la alta sociedad madrileña de aquel tiempo. Para saber apreciar en su sentido histórico lo que en aquella España era una adolescencia y una juventud privilegiadas. Escribe José Muñoz Millanes en el «Prefacio» a esta edición —que relanza y limpia de erratas aquella primera antigua e inencontrable de 1967 en Prensa Española— que el diario de formación de Silvela Sangro fue crónica cultural —musical, sobre todo— del Madrid de la época, y que supo captar escenarios y sensaciones cuya lectura hoy es verdaderamente grata. Esto lo digo yo, que he disfrutado con estas manifestaciones tan exquisitas de una elite culta que uno solo ha conocido por los libros. «Me considero agraciado en mis gustos musicales; los más diversos estilos tocan en la cuerda de mi corazón. Desde la adolescencia me entusiasman Chaikovsky, Liszt, Schumann, Beethoven, Grieg y Dvorák. He descubierto la música de cámara, Bach. Comienzo a interesarme por los contemporáneos, Stravinsky. Junto a ellos me emocionan Strauss, la musiquilla de El tercer hombre, la buena música de jazz, el Hot Club de Francia», escribe con diecinueve años, asiduo de librerías, salas de conciertos, ateneos y casas de reposo en las que vive su enfermedad con parecido aliento al de sus amores: «¡Qué delicia el estar tumbado!», escribe, y en otro momento en el que está triste por no ver a su amiga, afirma, sin embargo, que «amar es esperar, entre otras cosas». Esta edición recupera como «Epílogo», además, el texto que escribió Julián Marías —fechado en Madrid en junio de 1966— para prologar aquella primera edición del Diario, que Guillermo Díaz-Plaja reseñó en ABC (6 de julio de 1967) con una observación que yo repito en cuanto puedo sobre muchos libros que lo piden: «Un índice onomástico nos pasmaría». Me gusta cómo aparece la luna en estas notas de diario, cómo se vive el frío o la paz de una hora. Y agradezco el regalo.

domingo, enero 17, 2016

Fascitis plantar


El texto predictivo de mi teléfono pone «fascistas» cuando yo escribo «fascitis», que es lo que tengo. Una fascitis plantar en el pie izquierdo que ha debido agravárseme con la excursión de ayer a los pilones de la Garganta de los Infiernos en el Jerte. Con las últimas lluvias, decía C., aquello tendría que estar cargado de agua y precioso. Así fue. Una mañana estupenda, despejada y fría, tonificante. Menos para mi pie, que ha llegado con «fascistas», o sea, con «fascitis». Yo me imagino ahora la fascitis en términos de cartelismo de propaganda política, a todo color con una enorme bota militar que arrasa con su planta las bases liberales. Lo cierto es que disfrutamos entre bancales y pozas, y que es un privilegio tener una reserva natural tan a la mano. Ahora, reposo y buenas lecturas, como Palabra y humanidad (Oviedo, KRK Ediciones, 2015), una recopilación de textos de Emilio Lledó —«Nos gobiernan indecentes con poder»— en edición de Juan Á. Canal.

jueves, enero 14, 2016

Ediciones 19 en Cáceres


Las principales novedades de una colección publicada por Ediciones 19 de estudios sobre la nobleza española, fruto de un proyecto de investigación de historiadores de varias universidades, se van a presentar esta tarde en Cáceres, en la librería Todolibros (20:00 horas).

lunes, enero 11, 2016

Añoranzas de Batllori

Pedro Álvarez de Miranda, catedrático de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid y académico de número de la RAE, se queja hoy con razón en carta a algunos de sus amigos sobre el tratamiento dado a su misiva enviada al diario El País publicada hoy mismo bajo el título de Añoranzas de Batllori, que toma como modelo de referencia al ilustre historiador y pensador jesuita, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1995 y Premio Nacional de las Letras en 2001, el catalán Miquel Batllori. Se queja justamente porque el periódico le ha hecho decir, y no por errata accidental, sino por corrección de algún cenutrio —como decía mi padre y dice Pedro— que «Sí, algo sabía Batllori de todos ellos [Ramón Llull, Ausiàs March, los papas Borja y Gracián] y mucho más de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes». Cuando Pedro Álvarez de Miranda había escrito que «Sí, algo sabía Batllori de todos ellos y muchos más, de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes». Esto es, «muchos más» y no «mucho más», y una coma a continuación; con lo que el sentido, obviamente, cambia. Así que Batllori no sabía más de historia de la Corona de Aragón que de Llull o Gracián, no; sino que don Miguel Batllori sabía de los citados y de muchas más personalidades de la cultura de los «Países Catalanes», que es otra de las correcciones que una mente preclara ha hecho en la redacción de ese periódico al que dudo mucho que Pedro Álvarez de Miranda vuelva a enviar otra carta si no hay mañana una enmienda que lo aclare todo. Para ello, transcribo aquí el contenido de la carta, tal y como a su autor le habría gustado leer en El País:

«En estos momentos cuánto se añora —por decirlo con un catalanismo— la figura del historiador pasmosamente sabio que fue el padre Miguel Batllori (1909-2003). Batllori, que, a fuer de liberal, no podía ser nacionalista, profesó un catalanismo que él mismo calificaba de “muy culturalista, casi solo culturalista”. Toda vez que una unidad política de los "Países Catalanes" era y es absolutamente quimérica, rechazaba la independencia de Cataluña para no tener que considerar extranjeros a Ramon Llull (mallorquín), a Ausiàs Marc o los papas Borja (valencianos) o al aragonés Baltasar Gracián. Sí, algo sabía Batllori de todos ellos y muchos más, de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes, antes y después de su integración en la Monarquía Hispánica, antes y después de la vigencia de sus instituciones forales, antes y después de la guerra que gustaba de llamar incivil. Suele decirse que el nacionalismo se cura viajando. También leyendo. Pero, claro, según qué cosas —por seguir con los catalanismos—. Déjenme recomendarles, por ejemplo, los Recuerdos de casi un siglo (2001), de Miguel Batllori».

domingo, enero 10, 2016

Por si

© Jean Auguste Ingres
Dijo Arsenio a su hermano Blas:
—Toma este cuaderno por si un día muero.
—¿Cómo que «por si»?   —dijo Blas.

viernes, enero 08, 2016

Juan Marsé, 83


© Pilar Aymerich (lamentable.org)
A P. le gustan las raciones que ponen en el «Baviera» de Salamanca y, mientras dábamos buena cuenta de un par de ellas, ha salido en la conversación un trabajo que tiene que entregar para una asignatura de lengua española sobre El embrujo de Shanghai y su —mala— versión cinematográfica. La buena no llegó a hacerse; pero se publicó el guion espléndido de Víctor Erice, La promesa de Shanghai (Barcelona, Plaza & Janés, 2001). P. me ha preguntado por la edad de Marsé precisamente hoy, que cumple 83 años. Felicidades, maestro. Que el tiempo y la memoria sigan siendo protagonistas de toda esta película: «Todos tus recuerdos de Montse están hechos de una materia compleja donde es difícil deslindar las especies de las variedades o de las simples mezclas: semejantes a ciertos minerales sometidos a largas estancias marinas, el paso del tiempo, el esplendor y muerte de ocultas primaveras les ha ido pegando musgos, arenillas y costras de remota y olvidada procedencia, extrañas simpatías y antipatías que los años han ido superponiendo caprichosamente». (La oscura historia de la prima Montse, 1970)

miércoles, enero 06, 2016

RR. MM.




martes, enero 05, 2016

H1N1


¿Alguien se acuerda de aquella gripe? Yo casi la tenía olvidada; pero, como estoy haciendo limpieza de apuntes, me he acordado de un viernes de aquel verano de hace seis años cuando pasé seis horas en el hospital con mi madre en observación por uno de sus achaques. Había llamado a urgencias poco antes de la una y media del mediodía y apareció en mi casa un tipo con bata y con una mascarilla —o un tapabocas, como dicen en Méjico—, que de inmediato ordenó que mi madre tenía que ser trasladada. La sorpresa fue que no acabamos en el Servicio de Urgencias del hospital que me correspondía, sino en otro, el más grande de Cáceres. Allí, mientras daba la filiación de mi madre, aquel médico, con su mascarilla, reconvino a las administrativas que allí estaban por no llevar el tapaboca. Se miraron entre ellos como si hubiesen visto a alguien que llega a un sitio extraño, como el que acababa de aterrizar de otro planeta. Mi madre fue atendida diligentemente y nadie llevaba mascarilla. Todo normal. Quizá por la vehemencia de aquel facultativo tuvieron que hacerle unas pruebas y aplicarle no sé qué protocolo. Por lo demás, todo normal. Todo, menos un cura que apareció y al que escuché decir mientras daba la unción última y extrema a una paciente en un box vecino que hay que preparar la maleta para estar dispuestos para cuando el Señor te llame. Lo escuchamos todos los que allí estábamos. No sé si mi madre, que dormitaba. Eso me pareció, que dormitaba, porque tiempo después de aquel día mi madre dejó de usar maleta y teléfono; y ya no espera llamadas de nadie.

lunes, enero 04, 2016

Este año Cervantes (bis)

También anda por aquí aquella edición facsimilar del Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles, de Juan Antonio Pellicer y Saforcada (Madrid, Antonio de Sancha, 1778), que sacamos hace ya unos años (Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2002), y que incluía las «Noticias para la vida de Miguel de Cervantes Saavedra», con más que importantes aportaciones documentales. De la revisión de esa biografía cervantina extraigo este fragmento como segunda muestra de cervantinismo:  
«Si el año de 1614 vivia Cervantes en la calle de las Huertas , consta innegablemente que se mudó á la del Leon á la casa num. 20. de la esquina de la de Francos, donde murio; y si quando volvio del Viage del Parnaso, ó quando compuso aquel poema, vivia en ella, parece que el quarto de su habitacion era baxo, pues le concluye asi: 

Fuime con esto, y lleno de despecho 
Busqué mi antigua y lobrega posada, 
Y arrojeme molido sobre el lecho:
Que cansa , quando es larga, una jornada. 

Estas que parecerian despreciables menudencias, si se tratase de algun escritor de merito comun y vulgar, son dignas del aprecio y de la curiosidad publica, tratandose de un autor del merito y de la gerarquia literaria del de la Historia de Don Quixote.»  
(Juan Antonio Pellicer, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Madrid, Gabriel de Sancha, 1800, págs. 216-217)

domingo, enero 03, 2016

Este año Cervantes


Estoy seguro de que, como sea, durante este año cervantino vendrán aquí desde mi escritorio, por donde circulan desde hace meses, varios libros relativos. La más antigua novedad es Tiempos del Quijote, de Francisco Rico (Barcelona, Acantilado, 2012), gavilla de conocidos textos publicados en otros sitios, que no impide el efecto resurgente de una nueva lectura en el nuevo formato; y que en algún capítulo precisa de una nota ahora que estoy leyendo los Diarios 1956-1985 de Jaime Gil de Biedma (Barcelona, Lumen, 2015). También están la edición de la RAE del Quijote adaptado por Arturo Pérez-Reverte (Madrid, Santillana-RAE, 2014) y el Quijote «puesto en castellano actual íntegra y fielmente» por Andrés Trapiello (Barcelona, Ediciones Destino, 2015).  Pronto será la exposición en la Biblioteca Nacional de «Miguel de Cervantes de la vida al mito».

sábado, enero 02, 2016

Principio de año


Quien conozca el final de la novela de Galdós Torquemada en el purgatorio (1894) adivinará la intención aviesa de crítica a la vana materialidad sin espíritu honrado de esta cita: «Entró el año nuevo con buena sombra. Diríase que los Santos Reyes le habían traído al tacaño cuantos bienes de orden material puede imaginar la fantasía del más ambicioso. Llovía el dinero sobre su cabeza; apenas tenía manos para cogerlo; por añadidura, hasta se sacó, a medias con Taramundi, el premio gordo de la Lotería de fin de Diciembre, y ningún negocio de los emprendidos por él solo o en comandita dejaba de fructificar con lozanos rendimientos. Nunca fue la suerte más loca, ni reparó menos en el desorden con que reparte sus dádivas. Atribuíanlo algunos a diabólicas artes, y otros a designios de Dios, precursores de alguna catástrofe; y si eran muchos los que le envidiaban, no faltaba quien le mirase con su supersticioso temor, como un ser en cuya naturaleza alentaba infernal espíritu.»