sábado, junio 06, 2026

Los eruditos a la violeta

Picado por el envío que mi hermano Josemari me hizo el día de Reyes de un artículo de la revista Historia y Vida —que enlazo aquí—, recompuse mis notas sobre una magnífica edición de esa obra a la que aludía el autor del texto. Francisco Martínez Hoyos celebraba la republicación de la obra satírica de Cadalso Los eruditos a la violeta, contra la falsa erudición, en la que este lector moderno encontró analogías con aquellos que hoy se atreven a opinar de cualquier materia, a los que llamaba «todólogos», y por lo que tituló su reseña «Manual para ser el perfecto cuñado en la España de la Ilustración». Martínez Hoyos comentaba la reedición de la sátira cadalsiana en el volumen Voces de la Ilustración, último título publicado en 2025 por la Biblioteca Castro, en edición de Joaquín Álvarez Barrientos, que incluye una selección de artículos del Teatro crítico universal (1726-1740) y de las Cartas eruditas y curiosas (1742-1760) de Feijoo, Los eruditos a la violeta, el Suplemento a Los eruditos (1772) y las Cartas marruecas (c. 1774) de Cadalso, y la Memoria sobre si se debían o no admitir las señoras en la Sociedad Económica de Madrid (1786), la Memoria sobre las diversiones públicas (1790-1796), la Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias (1797) y la Memoria sobre educación pública (1802), de Jovellanos. Son más de setecientas páginas con estas obras capitales del pensamiento ilustrado, con un prólogo del experto dieciochista que es Álvarez Barrientos, y que, como viene siendo habitual en los títulos publicados en la Biblioteca Castro, no llevan notas explicativas de ningún tipo. Imaginé que Martínez Hoyos no conocía la edición de la que quiero hablar, porque, de lo contrario, su entusiasmo habría sido muchísimo mayor. La edición que quiero poner por delante de la mencionada de Voces de la Ilustración es la que elaboró el mismo Joaquín Álvarez Barrientos y que publicó la editorial Castalia a principios de 2024. Sí, ha pasado tiempo, pero merece la pena llamar un poquito la atención sobre un trabajo de dieciochista bien elaborado, riguroso y útil, no solo para el lector especializado; de ahí que crea que al autor de aquel artículo en Historia y Vida le satisfará conocerlo, por encima de la loable propuesta editorial, más antológica, de la Biblioteca Castro. El caso que traigo aquí es el de un Cadalso sin la compañía en cartel de tan notables cumbres ilustradas como Feijoo y Jovellanos, un Cadalso exento: la edición de las sátiras del gaditano Los eruditos a la violeta. Suplemento al papel intitulado los eruditos y El buen militar a la violeta (Edición, introducción y notas de Joaquín Álvarez Barrientos. Madrid, Castalia Ediciones-Edhasa —Clásicos Castalia— 2024, 347 págs.).  La denominación «a la violeta» se utilizaba para expresar poco valor, mera apariencia, y Cadalso declaró que su «escuela» tomaba el nombre por el perfume de violetas de moda por aquel tiempo entre los jóvenes. Una extensa nota de Álvarez Barrientos da cuenta en su momento (pág. 184, n. 8) de esta circunstancia de la denominación de una obra que, como dice su editor, nació como reacción a los «individuos que entienden el saber como adorno, apariencia, y repetición de datos proporcionados por diccionarios» (pág. 65). Por eso lo de arriba de Francisco Martínez Hoyos. No es la primera vez que se publican los tres textos, como se dice, y que «El buen militar a la violeta solo volvió a reimprimirse en las obras completas» (pág. 177). Ya una edición de las que se recogen en el primer apartado de la «Bibliografía» (pág. 155) reunió las Cartas marruecas, Los eruditos a la violeta y el Suplemento, e incluyó al final (págs. 564-582), sin ninguna mención previa ni aviso, El buen militar a la violeta. Fue en un pequeño volumen de la colección «Crisol» de Aguilar con nota preliminar de F. S. R. [Federico Sainz de Robles], en 1944. Esto no quita ningún valor a lo que se da ahora, pues la presente edición de Joaquín Álvarez Barrientos es, sin duda, la mejor que se ha publicado de los tres textos cadalsianos, la más actualizada y documentada, la más perspicaz en los análisis de su introducción —biográfica, contextual, específica de las obras editadas, todo un estudio de 150 páginas—, en su exigente y extensa bibliografía (págs. 153-176), y en sus notas —171 para la primera sátira, 98 para su Suplemento, y 24 para el breve texto del militar a la violeta. En definitiva, otra demostración de que una buena edición de un texto literario puede tener la misma entidad científica y acarrear más trabajo que una monografía de centenares de páginas. La lectura de esta edición de Cadalso lo certifica, pues, a lo mencionado arriba, cabe añadir que en la introducción se aportan fuentes documentales de archivo de primera mano, del Archivo General de Simancas, del Histórico Nacional o del Municipal de Cádiz para la constatación de datos biográficos y literarios; o de censura de sus textos, como la que sufrió in totum por decreto del Consejo de Castilla El buen militar a la violeta a poco de su publicación en 1790, como consigna Álvarez Barrientos, para quien Cadalso había intentado con estos escritos «hacer realidad su querida condición de hombre de bien que se manifiesta en su doble circunstancia de héroe (soldado) y sabio (hombre de letras)» (pág. 148). Es un gusto recomendar la lectura de estas páginas críticas de uno de los autores más interesantes del siglo XVIII, tan bien presentadas en una edición tan completa como la de Joaquín Álvarez Barrientos.

jueves, junio 04, 2026

JR Adventice

Fue hace casi un año en el Espace d'Art Contemporain de la Ville de Montpellier (Place Sainte-Anne). Por la mañana, mi hermano Josemari y yo nos fotografiamos delante de la casa en la que murió el poeta extremeño Juan Meléndez Valdés (Rue des Soldats, 11); por la tarde, en el paseo, nos topamos con la acción de JR (París, 1983), el artista callejero y fotógrafo cuyas creaciones abordan críticamente realidades sociales. Encontrarse una exposición de JR en Montpellier —intervino en la Pirámide del Louvre en 2019 y en el Palais Garnier en 2023— fue todo un regalo. Se inauguró con ella la renovación de un espacio cultural de la ciudad como el Carré Sainte-Anne, una iglesia neo-gótica del XIX reconvertida en espacio de arte contemporáneo. Las propuestas de JR son muy participativas y la que vimos consistía en que el visitante podía hacerse una fotocopia de su mano en una máquina situada a la entrada del templo. En una mesa con tijeras dispuestas para ello, podía recortar la mano resultante y meterla en una urna que todos los días se vaciaba para incorporar la copia de la mano a la instalación del árbol, como se ve en la imagen. La idea tiene un origen muy sugeridor: Adventice viene del latín ad venire, lo que viene del exterior, y es una instalación inspirada en una historia misteriosa de Montpellier, de cuando aparecieron en la Edad Media los primeros molinos de paños en la ribera del río Lez, que es el que cruza la ciudad. Resulta que, después de que se instalase esa industria, aparecieron árboles y flores desconocidos en el entorno. La lana que se traía de España, del Norte de África o de Constantinopla, se lavaba en las aguas del río y dejaba multitud de semillas y granos de polen que fueron germinando en las nuevas tierras francesas. Por eso, en las inmediaciones del río que pasa por Montpellier hay especies de árboles «extranjeros» o de «malas hierbas», que provienen de otras tierras y que enriquecen ese entorno, polinizado por esa invasión que llegó de fuera y que JR utiliza como una gran metáfora de la mezcla de culturas y de la concordia entre lo diverso. Fascinante.



jueves, mayo 28, 2026

Antonio Machado y la Academia

Cuánto le habría gustado a Pedro Álvarez de Miranda añadir dos a las 263 ocasiones que tan brillantemente trató en su discurso de ingreso en la RAE en junio de 2011. Las de los académicos electos Antonio Machado y Miguel de Unamuno, que no llegaron a leer sus discursos y que, por consiguiente, no tomaron posesión como numerarios. A los dos se refirió entonces Álvarez de Miranda: «Como se sabe, Unamuno, electo desde 1932, o Machado, que lo era desde 1927, no terminaban de verse académicos, y si el primero tuvo poco margen temporal para un posible ingreso, el segundo tuvo casi una década, y llegó a escribir —hacia 1931— un borrador de discurso, que hoy podemos conocer» (En doscientas sesenta y tres ocasiones como esta. Madrid, Real Academia Española, 2011, pág. 31). Y ahora, como un meditado y documentado escolio largo de lo dicho en aquella disertación, Pedro Álvarez de Miranda da a las prensas este Antonio Machado y la Academia (Santander, 2025), firmado y con pie de imprenta de ese año —diciembre— del sesquicentenario del nacimiento del poeta en Sevilla, pero distribuido —como edición no venal, entre colegas y amigos— hace poco más de un mes. La edición es exquisita, muy elegante, en la machadiana colección «22 de febrero» dirigida por Fernando Gomarín, de la que hace el número 14 —en formato mayor de 26,5 x 20 cm.—, y que lleva en cubierta una preciosa viñeta de Ramón Gaya que publicó la revista Hora de España en febrero de 1937 como ilustración de unos fragmentos de «Sigue hablando Mairena a sus alumnos» de don Antonio. El relato de la relación de Machado y la Academia parte de la «Elección como académico», que es un primer apartado que contiene la destacable aportación de la transcripción y de la reproducción fotográfica, por primera vez, del documento en el que un grupo de notables de la ciudad de Segovia propuso a la RAE en diciembre de 1926 la admisión de Antonio Machado. No era aquel escrito colectivo procedimiento válido para que la Academia eligiese a un nuevo miembro, pero surgió en un contexto muy singular en el que intervino —o quiso intervenir— nada más y nada menos que Miguel Primo de Rivera, quien a golpe de decreto —por el que se creaban sillas regionales— y también con una carta dirigida al director de la RAE, don Ramón Menéndez Pidal, había maniobrado para que su adversario Niceto Alcalá-Zamora, que había sido Ministro de la Guerra con Alfonso XIII, no ingresase en la ilustre casa. En esto también este opúsculo de Pedro Álvarez de Miranda ofrece una novedad grande, pues se da por vez primera la carta —fechada el 14 de febrero de 1927— en la que el Dictador se permitía indicar la conveniencia de que «sean preferidos los verdaderos literatos, filólogos e investigadores, dejando aparte a políticos cuando su mayor aporte literario sea el de discursos de este carácter» (pág. 17). Finalmente, a propuesta de Ricardo León, Armando Palacio Valdés y Azorín, Machado resultaría elegido académico el 24 de marzo de 1927. Y lo único que nos dejó fue el borrador de un discurso. De la difusión moderna del texto machadiano tratan las páginas siguientes, en los apartados «Trayectoria posterior de un discurso inacabado» y «Lecturas públicas», que dan cuenta de las ediciones de la pieza en revistas, volúmenes compilatorios de las obras machadianas, o de Escritos dispersos, como la edición anotada de Jordi Domènech (Barcelona, Octaedro, 2009) —la mejor de todas, según Álvarez de Miranda—, o aquella exenta —Proyecto del discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua—, que compré cuando salió en 1986 bajo el sello de «El Observatorio Ediciones»; y de tres lecturas públicas del texto inconcluso en 1979, en 1989 y en 2025, por el actor José Sacristán en un acto celebrado en la Academia. El recuerdo de la primera de aquellas lecturas se refuerza con la publicación de un par de fotografías (págs. 34 y 35) con las que Pedro Álvarez de Miranda rinde un cariñoso homenaje a una de las participantes en aquel acto, la profesora de la Universidad Complutense Ana Vian Herrero, fallecida este pasado año. ¿Por qué no terminó su discurso Antonio Machado? A la dificultad de responder a esta pregunta dedica Pedro Álvarez de Miranda la última división de su obra, «Un abandono de difícil explicación» (págs. 36-39). Se ha especulado con la situación política o la actividad literaria de los hermanos Machado en aquel tiempo como causas por las que el académico electo no culminó su texto; pero Álvarez de Miranda pone el acento en la enjundia del asunto que el poeta quiso abordar: el problema de la definición de la poesía. Así que don Antonio no supo «cómo salir del callejón sin salida» de sus reflexiones «y por eso terminaría desistiendo de rematar las cuartillas del fallido discurso. Literalmente: se atascó en la redacción» (pág. 38). Y es muy interesante lo que sugiere —de la mano de unas palabras muy perspicaces de Jordi Domènech— sobre cómo, en el plano creativo, Machado sí supo resolver en el Cancionero apócrifo (1926-1936) el conflicto entre subjetivismo y objetividad que latía en el panorama literario de los años veinte y que, sin embargo, se le atoró teóricamente cuando lo escribía para la Academia. Magnífico e iluminador homenaje el de Pedro Álvarez de Miranda desde una Academia de la Lengua que no pudo recibir a tan apasionado valedor de las palabras esenciales y temporales.

jueves, mayo 21, 2026

Un trozo de planeta

Tengo un grato recuerdo de una comida en el Parador de Mérida con Alberto Oliart, Julio Yuste y Alba Pavón Bernal, alumna de Filología Hispánica en aquel entonces, que hacía un trabajo predoctoral sobre el mundo literario del que había sido Ministro de Defensa en el Gobierno de Calvo-Sotelo tras el 23-F. Fue en enero de 2004, cuando Oliart era presidente del Consejo Social de la Universidad de Extremadura; por lo que Julio Yuste, secretario del órgano, propició entusiasmado un encuentro después de que yo le contase que estaba dirigiendo un estudio que partía de la publicación de las memorias de Oliart, Contra el olvido (Tusquets Editores, 1998). Creo que luego tomé más notas que Alba de aquella conversación, y disfruté mucho de todo lo que nos contó Alberto Oliart sobre Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Joan Petit, Antoni Tàpies... o sobre su conocimiento de Joaquín Montaner, el extremeño de Villanueva de la Serena, que fue quien le inculcó que la mejor formación literaria la daba una lectura desde el principio de los tiempos, y que por eso leyó a Homero, a Platón, a Horacio, y luego a clásicos españoles como Fray Luis o Quevedo... Me he puesto a escribir sobre mi último encuentro con Alba Pavón Bernal por la presentación el pasado jueves 14 de este mes de su libro Un trozo de planeta (Libros Indie, 2026), y me ha apetecido recordar aquella experiencia compartida de alumna y profesor con el pretexto de un trabajo de campo, hace tantos años. Me complació mucho participar el otro día en el cacereño Espacio Belleartes, al lado de casa, en un estreno así, el de la primera obra publicada de una profesora de lengua y de literatura de la que me constaba una vocación latente, pero de la que nada había leído. Y Un trozo de planeta fue muy revelador para mí. Un texto sin alardes, tan ajeno a la fatuidad literaria que la primera cita —con errata— del Werther de Goethe es por una clase y la siguiente es una letra del cantante Quique González. Un buen primer libro. Es un diario fechado desde enero del primer año, hasta diciembre del segundo año, que no se especifican; pero que cabe precisar por alguna mención a hechos, como —quizá la más notoria en la que me he fijado— la del 8 de octubre de «Un huracán azota las costas de Florida» (pág. 170), que fue el Milton que el 5 de octubre de 2024 azotó el Golfo de México. Por lo que el diario se inicia en enero de 2023 y finaliza en diciembre de 2024. Aunque se pueda reconstruir el tiempo histórico sobre el que se monta el diario, la voluntad de la autora es no explicitarlo, de modo que el transcurso del tiempo se acota en un discurrir íntimo, que viene muy bien a la naturaleza de este texto. Un tiempo, sí, que comienza con el año natural —un 11 de enero—; pero cuyas marcas más visibles están en el curso académico y sus fases. Así, «Queda media hora para que termine mi última clase» (pág. 3), que es la primera frase del libro, es una marcación que indica que estamos en el principio de la vuelta de las vacaciones de Navidad, igual que «Trato de huir con disimulo al encontrarme de frente con los alumnos del año anterior» (pág. 167) es otra (del 9 de septiembre) que indica el comienzo de un nuevo curso académico. De esta manera, el paso del tiempo se concreta en lo personal, en el argumento doméstico de la narradora, del yo que va escribiendo, que va construyendo su diario a la vez que asistimos a la construcción o reconstrucción de una casa, del hogar que acoge a quien cuenta y a su pareja y que va a convertirse en el escenario y en un sentido principal de la vida de ambos en una localidad extremeña de ochenta habitantes. La escritura diarística de Alba Pavón en Un trozo de planeta es impresionista y descriptiva, y discurre a tramos relativamente breves, que es raro que superen las dos páginas. El fragmento es un epítome del día, una selección, un detalle de una jornada. Esto permite al lector seguir de una manera muy directa la progresión por partes de un texto que se genera en tiempo real, es decir, que las anotaciones se corresponden con los días indicados, aunque luego el texto en su conjunto haya tenido sucesivas revisiones. Es un diario enmarcado en un entorno rural —las cosas del campo—, que enaltece el medio ambiente y nos interpela desde el título para que tomemos conciencia del lugar en el que vivimos, y una declaración muy personal sobre la complacencia con una forma de vida fuera de lo común: «No necesito nada más» es la última apuntación del libro. 

viernes, mayo 08, 2026

Homenaje a Chesi

«Chesi: vivir para narrar» es el título del homenaje al escritor José María Pérez Álvarez (1952-2025) que se le tributará mañana sábado 9 de mayo de 2026 en el Salón Noble de El Liceo de Ourense. Familia, amigos, periodistas y escritores harán un repaso por su vida y obra, ligadas a la ciudad en la que vivió. Según leo en La Voz de Galicia, participarán la poeta Chus Pato, el poeta Manuel Outeiriño y el traductor Francisco López Serrano, además de varios periodistas y miembros del club de lectura Alveiros. Hace poco más de un mes, Beatriz, una de las hijas de Chesi, que reside en Barcelona, me escribió y me anunció este homenaje a su padre. Me decía también que están recopilando todos los escritos inéditos e «infinidad de cartas íntimas a amigos donde reflexionaba hondamente sobre la literatura y el sentido de su vida». Qué pena no estar más cerca para contribuir de algún modo a su recuerdo.

viernes, mayo 01, 2026

La poesía a escena

El lunes 4, en el Gran Teatro de Cáceres, se celebrará una lectura poética especial: Irene Sánchez Carrón y Sandra Benito Fernández en ESCENA POESÍA. Es la segunda edición de esta experiencia de la palabra, después de la buena acogida del recital de Basilio Sánchez, Carmen Hernández Zurbano y Álvaro Valverde de la temporada pasada. En esta ocasión, son dos autoras cacereñas de especial relevancia en el panorama actual de la poesía en Extremadura. La intención es arropar la escritura poética en un escenario inusual y ofrecerla con atractivos añadidos, como la música en directo de Anda Jaleo Quartet, una agrupación en cuyo repertorio la poesía es esencial. Es una actividad ideada por el área de Cultura de la Diputación Provincial de Cáceres que está enmarcada en el ciclo de literatura «Con L de Cáceres», la semana y algo más de los premios literarios que concede la Diputación cacereña. A las 20:30 horas. Entrada libre con invitación que se puede recoger en taquilla.

jueves, abril 30, 2026

Últimas gotas de abril

 

«No podemos comprenderlo, pero debemos saberlo» 
Juan Mayorga