© Fotografía de Leonardo Pellegrino
Para quien sigue yendo todos los días al quiosco a recoger su ejemplar en papel del periódico, lo visto el pasado viernes en una de las salas de exposiciones de la impresionante Rocca Paolina de Perugia podría considerarse como una epifanía. Edicole es el nombre de una exposición organizada por la librería perugina Edicola 518 en la que se propone una reflexión sobre el quiosco contemporáneo, su evolución, su progresiva desaparición o su reconversión en otras funciones, alguna tan poco edificante como la de mero soporte publicitario. La muestra, con pocos medios, austera, pero muy exhaustiva y documentada, parte de la definición de edicola en los diccionarios italianos como una palabra proveniente del diminutivo latino (aedicula) de aedes (templo), con las dos acepciones de una construcción arquitectónica constituida por lo menos por dos columnas para servir de ornamento y protección a una imagen sagrada, y la de construcción en hierro, madera o de obra colocada en el suelo de una calle o plaza pública destinada a la venta de prensa. Otro panel se pregunta por el motivo por el que los quioscos estén desapareciendo —en Italia, en los últimos veinte años, la cifra de 35 000 ha bajado a 20 000—, y aborda el proyecto de su recuperación y de su transformación en un lugar de encuentro. Esto, y la convicción de que pueden canalizar nuevas estrategias económicas, constituye la base de la iniciativa de la librería Edicola 518, que nació en 2016 vinculada al proyecto editorial de publicación de una revista, Emergenze, que existía desde 2014, creada por artistas y periodistas como Antonio Brizioli, Antonio Cipriani, Valentina Montisci y Kristina Borg, y de cuyo contexto y resultados hay pruebas impresas en una mesa de redacción que ocupa el centro de la sala. Antonio Brizoli, el principal impulsor, y Francesca Gotti son los que ofrecen los resultados de su investigación en Edicole, que forma parte de un proyecto («L’Edicola che vorrei») apoyado por el «Laboratorio di Creatività Contemporanea» del Ministerio de Cultura italiano. En la abundante información que se ofrece en afiches, hay ecos de la iniciativa de Perugia de dignificación cultural del quiosco en otras ciudades como Roma, Milán o Turín, e incluso referencias comparativas al tratamiento que en ciudades como Madrid tiene para el gobierno municipal, frente a la falta de protección administrativa en Italia. El impactante espacio de las calles de la Rocca prolonga esta exposición con un documental (Gros Grain), de Alberto Brizioli, que cuenta la acción urbana de enhebrar con un filo rosso las fachadas del centro histórico de Perugia desde San Pietro a Sant’Angelo hecho en 2015, y un rincón último en el que el visitante puede dejar escrito lo que para él significa un quiosco —un calendario con las hojas de los días—. Aparte del interés de esta muestra que estará hasta el 1 de noviembre, es realmente admirable la iniciativa de Edicola 518 como dinamizadora cultural, primero como quiosco de cuatro metros cuadrados a los pies de las escaleras de la calle Sant’Ercolano y luego como librería un poco más abajo —en Corso Cavour, 9—, que ya conocí en mi anterior estancia en esta ciudad, y que mi hijo Pedro, cuando vino a visitarme, eligió como favorita. (En la exposición puede verse el cartel original de la librería en 2016, que decía: «Attenzione, questa non è la Feltrinelli»). Lo curioso del caso es que el portal de la casa en la que vivo durante estas semanas es el que puede verse en la fotografía de Leonardo Pellegrino que encabeza esta entrada, y que el primer viernes aquí pude seguir desde la ventana un acto literario organizado por la librería en la que ya he podido pasar algún rato para llevarme alguna cosita. Grandioso.viernes, octubre 16, 2026
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