jueves, marzo 03, 2016

La zapatera prodigiosa


Trabaja en Granada, en una tienda de la calle Recogidas. Yo seguía con mis dolencias y sin calzado cómodo para el paseo intensivo que merece una ciudad así, que tiene su principal centro comercial en sus calles principales y no en un inmenso contenedor en terrenos recalificables. Recogidas, Reyes Católicos, Mesones... son las venas por las que se chutan sus dosis los compradores compulsivos de esa ciudad con encanto y duende. En esa tienda, la zapatera pronunció una de las mejores traducciones que he escuchado del término adaptaction aplicado al calzado: «—Estos son Callaghan Adaptaction. Que quiere decir que una vez que te los pones no quieres quitártelos». En acento granaíno, claro. Luego vi que la marca anuncia el modelo como «El zapato más cómodo del mundo». Ni punto de comparación en términos publicitarios. Que sepan que en Granada está una buena agente de promoción. «—Mi padre tiene unos, y está encantado»— decía la dependienta mientras nos despedía. «—Encantado, de verdad». Y casi ya en la calle: «—¡Qué buen zapato se lleva!». Fascinante. Pin, pin, pío, pío, pío. Zapaterita. «¡Ay, mi niña zapatera! / ¡Ay, espejo de mi casa! / Con los martillos diré / la alegría de tu cara».

miércoles, marzo 02, 2016

Hernández Pacheco


Este enero pasado pudimos ver mi colega Jesús Ureña y yo, casi a su cierre, la exposición que el MEIAC dedicó al geólogo, geógrafo y profesor Eduardo Hernández Pacheco (1872-1965). Elementos del Paisaje. Fotografías 1907-1950 es el título de la muestra realizada en colaboración con la Fundación Ortega Muñoz y que recoge imágenes del archivo documental de Hernández-Pacheco conservado en la Biblioteca Histórica de la Complutense y en la Real Sociedad Española de Historia Natural. Hijo de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), madrileño vinculado a Extremadura, en donde murió —en Alcuéscar—, Hernández Pacheco fue un geógrafo que se acompañó de la fotografía para ilustrar sus textos y sus investigaciones, algunas de ellas reunidas en sus libros Síntesis fisiográfica y geológica de España (1934) y Fisiografía del Solar Hispano (1955-1956). Para muchos cacereños Hernández Pacheco es un instituto y una calle de Cáceres; así que me alegro de que la Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero, según me cuentan, vaya a traer aquí próximamente esta exposición que es toda una lección sobre la teoría científica del paisaje de esta insigne figura.

viernes, febrero 26, 2016

Cementerio alemán, Yuste. Presentación

En la mañana de este domingo, en el segundo encuentro de literatura periférica Centrifugados, presentaremos la antología poética de muy reciente aparición Cementerio alemán, Yuste (Jaraíz de la Vera, Ediciones La Rosa Blanca, 2016). «Si el atractivo de un lugar también puede estar en las palabras que lo han nombrado, este libro intenta mostrarlo con la respetuosa y sensitiva actitud de quienes escribieron sobre él lejos de allí o en el mismísimo enclave protagonista. El cementerio alemán —memorial de casi dos centenares de militares alemanes de las dos guerras mundiales— situado junto a la carretera que une Cuacos de Yuste con el Monasterio de San Jerónimo, y una antología de diecisiete poetas que dedicaron sus poemas a este espacio leído y legible. Poesía y paisaje de la historia, junto al testimonio de una mirada en el tiempo en casi dos centenares de fotografías.» (Del texto de la cubierta)

jueves, febrero 25, 2016

Julián


Hace poco más de trece años le entregué su ejemplar de El trabajo gustoso porque salía en él. En ese trozo —«Paraíso Perdido»—contaba una conversación con varios alumnos. «Dicen —escribí— que un profesor les está tomando el pelo. Qué relativo. Me dan ganas de preguntar a Julián, que limpia los cristales sin perturbar a nadie. Un profesional. Lunes de nuevo […]» (El trabajo gustoso, 2002, págs. 77-78). Después de algo más de cuarenta años trabajando en la empresa de limpieza Limycon, Julián, el gran Julián, el «profesional», se jubila. Desde que nos vinimos a este edificio del campus, en 1999, ha formado parte activa y entrañable de la vida diaria de la Facultad y se notará su ausencia desde el primer día de marzo, su fecha prevista. En términos de información, sobre lo que sucede en la Facultad, será como perder cobertura, quedarnos en zona de sombra. Julián Ceballos Galeano (Plasenzuela, 1952) es el benjamín de seis hermanos varones, de los que viven tres. Uno de los fallecidos, con cuarenta y ocho años en 1997, fue Juan Ceballos, alcalde socialista muy querido de Plasenzuela desde 1979: —«Esto no hubiera pasado si estuviera vivo el alcalde», declaraba hace tiempo una señora al periodista Sergio Lorenzo de Hoy sobre el ruinoso estado de las cuentas del pueblo y las investigaciones de la gestión de algunos de sus cargos municipales. A Julián se le ilumina la cara cuando habla de su hermano y cuando se reafirma en sus fidelidades al PSOE —felipista e ibarrista— y al Real Madrid. Vive en Aldea Moret desde que vino a Cáceres en 1976, después de haber trabajado siete meses en la construcción de la central nuclear de Almaraz, recién casado y tras una mili de quince meses en Sanidad Militar. Aquí en Cáceres le nacieron los hijos, la parejita. Luego ya fue la limpieza su dedicación, en la Universidad Laboral, en la Facultad de Empresariales. Allí hizo «trabajo de mujeres»: limpiar suelos, mesas y encerados; que los cristales vinieron más tarde, cuando la antigua Facultad de Letras, a tiempo parcial. Y en el curso 1999-2000 ya fue uno más en el escenario de las mañanas que compartimos unos más que otros. Y él casi más que nadie. Yo no sé si hay algún profesor que Julián no conozca, aunque haya firmado el contrato ese mismo día; y a veces creo que sabe de dónde son todos y cada uno de los alumnos del aula 8, por poner un ejemplo. Puestos a exagerar, si algún día se pierden papeles  y archivos informáticos, Julián será nuestra memoria exenta. Que nos dure. Buen talante, de semblante curtido y amable, sobrio hasta donde uno conoce y dado a la conversación, Julián estaría dispuesto sin condiciones a ponerse a limpiar a destajo todas las ventanas de este país de la roña corrupta que no deja pasar la luz de la decencia. Y lo hemos hablado. Tiene una casa en el pueblo y un olivar al que da una vuelta todos los domingos que puede y al que mira como el terrenito de la felicidad futura. Que los disfrute.

martes, febrero 23, 2016

Cristián Gómez Olivares en Letras


De camino a la segunda edición de Centrifugados que se celebra este fin de semana en Plasencia, el escritor Cristián Gómez Olivares (Santiago de Chile, 1971) hará una parada en Cáceres para dar una conferencia sobre la poesía de Nicanor Parra en la Facultad de Filosofía y Letras este jueves 25 de febrero. A las 12:00 en el salón de actos. Cristián Gómez Olivares es profesor de español y de literatura hispanoamericana en la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio. USA), poeta y traductor. Ha publicado, entre otras obras, Alfabeto para nadie (Valparaíso, Fuga, 2007), Como un ciego en una habitación a oscuras (México, Conaculta, 2005), Pie quebrado (Salamanca, Amarú, 2004), que fue Premio de poesía Víctor Jara, Inessa Armand (Santiago de Chile, La Calabaza del diablo, 2002) y Homenaje a Chester Kallman (Luces de Gálibo, 2010). Buena parte de su obra poética más reciente ha sido publicada por el sello extremeño Ediciones Liliputienses: La nieve es nuestra (2012, y Luces de Gálibo, 2015), Renga (2015). También con esta misma editorial publicó su traducción de la poeta americana Donna Stonecipher Cosmopolita. 

lunes, febrero 22, 2016

Glorias de Zafra (X)


La casa de mi madre es un ruidoso mirador —sobre todo en verano— de lo que sucede. Hace esquina, y eso le confiere una facultad que pocos lugares tienen. Casi una torre vigía. A veces me sorprende que pasen tantas cosas por allí. No  escribo ahora desde ese mirador en el que algunas horas paso; pero no importa. Hace pocas horas que estuve allí y dentro de pocos días volveré a él y volverán a pasar por delante gentes y sucesos, como si fuese un lugar céntrico del mundo. Ni siquiera lo es del mío, pues viene a serme periférico. Sin embargo, sigue sorprendiéndome. Allí vi por vez primera a un trilero, enteco por más señas, mientras trabajaba. En directo y desde arriba; y a pesar de todo no logré dar con la bolita, y sí con el gancho. Por allí han pasado trotamundos en bicicleta y en nochebuena cargados con mochilas imposibles. Desde esos balcones he visto lo que nunca en un gran estadio: un grupo de neonazis inconcebibles —dieciocho o veinte abriles— que cantaban consignas de camino a un partido de fútbol y escoltado a distancia por guardia civiles a pie y en coches. Ahí estuvo el monumento más alto de mi infancia y más infame de mi vida adulta. Desapareció hace unos años, como tantos difuntos de hoy que por aquí pasaron. Ya hace tiempo que no vemos mi madre y yo a Menganita ni a Zutranito; aunque ella no lo sepa. En esa glorieta vimos a borrachos con escopeta y a borrachas con minifalda saliendo de los toros. A un cura párroco manteando su sotana al caminar como si fuese el De Pas de la novela inmortal. Mi madre me confunde con él algunos días cuando llego a ella. Yo no se lo tengo en cuenta. Desde el balcón de mi madre llegan voces intolerables, por su tono y por su fondo. Se escuchan, aunque no quieras. Ella querría; pero no escucha. El mirador de la casa de mi madre también tiene postigos que al cerrarse son espejos de lo que nos pasa dentro. 

martes, febrero 16, 2016

Javier Reverte en el Aula literaria José Mª Valverde


El escritor Javier Reverte (Madrid, 1944) intervendrá mañana miércoles 17 en el Aula literaria «José María Valverde» de la Asociación de Escritores Extremeños. Por la mañana, a las 12:15 horas, tendrá un encuentro con estudiantes de Secundaria y Bachillerato en el IES Javier García Téllez; y por la tarde, a las 19:15 horas, la habitual lectura pública en el salón de actos del Palacio de la Isla. El pasado mes de enero, Javier Reverte denunciaba que era uno de los primeros escritores a los que Hacienda solicitaba una importante suma de dinero —en su caso 121.000 euros— para «regularizar» la incompatibilidad por la legislación actual del cobro de su pensión de jubilado con los rendimientos por su actividad intelectual. De escándalo. Aunque mañana iremos a escucharle hablar de sus libros y de sus viajes, flotará sobre todos un aire de indignación. 

martes, febrero 09, 2016

El sentimiento de la vista (y II)



Sin lugar a dudas, la lectura de El sentimiento de la vista da para más de una entrada aquí. Sugiere mucho y permite al lector de poesía conocer poemas magníficos sin costuras visibles. Hay uno que retrata al profesor en el aula de un instituto explicando Luces de bohemia («Comento el diálogo entre el preso / y Max Estrella, mientras no dejo de oír / cómo resuena mi voz […]»), y que consigue con admirable naturalidad (sabiduría) representar poéticamente la coexistencia de un discurso cotidiano por aprendido y obligado y de otro igualmente cotidiano por sobrevenido y que, además, es inexorable («[…] Nada / quizá que ver tiene Gaza con esto, / o sí, porque me ocupa un lugar / en la cabeza mientras hablo»). El poema nace de una situación vivida que se convierte en hecho lingüístico con conciencia de serlo, como ese «Autorretrato ante el espejo» —que no es un título (o sí), y sí un primer verso— en el que se siente «el sentimiento de la vista», que es un título, y también el último verso de ese poema. Porque quizá conozca algunas referencias no necesarias de la escritura de los poemas, ese autorretrato puede resultarme más cercano. Pero no menos incitante y rico. Imaginemos. Hace nada busqué unas palabras sobre Crítica y verdad de Roland Barthes que escribió Miguel Casado en su libro Del caminar sobre hielo (Madrid, A. Machado Libros, 2001) y ahora relaciono aquella cubierta con esta de El sentimiento de la vista, que ofrece unos caracteres chinos. Son, parcialmente, los que se transcriben al final del último poema como una fórmula de saludo y un indicativo del aprendizaje de una lengua: Hola, ¿cómo estás? ¿De dónde eres? Que me corrijan si he leído mal El sentimiento de la vista, uno de los buenos libros del año pasado —hace poco tiempo— que más me han motivado como lector de poesía.

sábado, febrero 06, 2016

El blog de Suroeste


Cinco son ya los números publicados por esta revista de literaturas ibéricas, Suroeste, cuya aparición saludamos en su día. La pasada primavera salió el número 5, con una interesante conversación con Eduardo Lourenço, «el más importante intelectual portugués vivo», en palabras de su interlocutor, Luis Sáez Delgado, y, además de otros contenidos fijos de ensayo, crítica de libros o textos narrativos, con una generosa ración de poesía en español y en portugués firmada por Luis Bagué Quílez, Hilario Barrero, Igor Barreto, Maria Graciete Besse, Carlos Clementson, Álex Chico, Francisco Ferrer Lerín, Eduardo Moga, María Paz Moreno, José Luis Puerto, Antonio Rivero Taravillo, Almudena Vega, Miguel Martins, Vítor Nogueira, José Carlos Soares y Miguel-Manso. La novedad ahora es la edición de un blog de la revista, Suroeste digital, «un vehículo más para hacerla llegar a más lugares y a más lectores. Con contenidos diferentes, aunque siempre al servicio del mismo objetivo y con el mismo conjunto de colaboradores […] ofrecerá un diálogo más ágil y plural entre autores y lectores, irá ofreciendo adelantos de los próximos números en papel, comentarios y reseñas de novedades, actividades culturales del ámbito hispano-luso...», escribe su director, el profesor, traductor y poeta Antonio Sáez Delgado, en el editorial de bienvenida. Excelente plataforma de difusión e intercambio de las literatura ibéricas. Un saludable modelo de convivencia cultural.

viernes, febrero 05, 2016

Eduardo Moga en la ERE


El martes me enviaron un mensaje al teléfono con la noticia de que el poeta, traductor y crítico Eduardo Moga era el nuevo director de la Editora Regional de Extremadura (ERE). A esas horas, quien me lo enviaba no sabía si el nombramiento era oficial aún. Era, en cualquier caso, una sorpresa. Me alegro, pues considero que Moga es un hombre sensible y capaz, y que conoce bien la historia editorial de la ERE y el panorama literario y cultural de Extremadura. Me ha extrañado, eso sí, y que yo sepa, que en las plataformas digitales de amigos y conocidos no haya tenido mucho eco la novedad. No sé. Ha tenido que ser una directora dependiente de la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura quien esta mañana me ha confirmado que el nombramiento es firme y que el propio Moga ha escrito en su blog un texto «muy bonito» sobre ello. Creo que está fuera de toda duda que Eduardo Moga está de sobra capacitado para dirigir «una de las mejores editoriales públicas de este país durante muchos años, si no la mejor», como ha escrito en su blog; pero es principal su entusiasmo. Interesante momento de la función.

jueves, febrero 04, 2016

El sentimiento de la vista (I)


Cuando terminé de leer El sentimiento de la vista (Barcelona, Tusquets Editores, 2015), de Miguel Casado, anoté como un valor esa forma de encontrar un tono poético en la sobriedad expresiva, en la ausencia de retórica. Está bien anotado, no sé si bien expresado. Este nuevo libro, después de un lapso de once años desde su Tienda de fieltro (Barcelona, DVD, 2004), nos presenta brillantes tomas poéticas del mundo exterior, de la realidad, maneras de explicarse en ellas. Hay anécdota; pero velada. Hay nombres y personas; pero nunca explícitos, salvo en los poemas dedicados a los «muertos comunes» —Ángel Campos Pámpano, Manuel Hermínio Monteiro, Nicanor Vélez—, esos «muertos comunes» mencionados en el poema que comienza «Voy contigo», un poema de amor ejemplar, extraordinario, para Olvido, aunque no hay mención expresa. No hace falta, pues Olvido [García Valdés] ocupa el lugar de preeminencia de la dedicatoria general del libro. No hay más, excepto las de los tres nombres citados, los «muertos comunes»; y la pesadumbre de la lectura y relectura de esos poemas, ay. Y la certeza de que la voz que acompaña al lector desde el primer poema al último de este conjunto de sesenta y seis —aunque «La enfermedad del tiempo», el dedicado a Nicanor Vélez, es un tríptico— es la voz —y la mirada— de un poeta de exquisita madurez que sabe llevar al poema la escritura como un hecho tan propio de la vida como la lluvia o el revoloteo inquieto de un gorrión. La escritura es una forma de vida si se siente una libreta pequeña en el bolsillo de la chaqueta como una forma material de respiración (pág. 120); y esa materialidad es la que lleva también a preguntarse si «la medida / de los versos depende del tamaño / del papel» (pág. 25), tanto que se retoma muchas páginas después en un «No sé si el tamaño del papel / condiciona la medida de los versos» (págs. 119-120). Resulta extraño llamar a esto metaliteratura; pero lo es. Al menos, se trata de una autorreferencialidad corriente en un libro en el que todo fluye de manera muy natural. Tanto que hay más de un poema que puede ser considerado nuclear en El sentimiento de la vista. Por ejemplo, este: «Salíamos juntos a mirar la luna / de abril, cuando de los montes / se eleva blanca; nubes / también del suelo la persiguen, le sirven de orla. / Mirar es compartir el mundo, / las intensidades cambiantes, / el aura en que reposan / las cosas o se afilan.» Un poema preciso. O este otro en el que los árboles, varios, se funden —había escrito «se confunden»— con las palabras del poema, con su afán por manifestarse —las palabras— entre las frondas y donde el humus vegetal es clave para comprender la germinación que propone el poema y el libro: «Zarandea el viento la acacia / mientras el tilo, a su lado, / queda casi inmóvil. Busco al fondo / la línea de los álamos, confundidos / en su verde denso, y la veo / surcada de vaivenes, de caídas, / brillos, ondulación. Ante la ventana, / divididos los ojos en la cruz / del marco, como si quisiera pedirles / no las palabras —esas van y vienen, / no pesan— sino un núcleo sólido / o humus donde fermenten.» (pág. 135). 

jueves, enero 28, 2016

Carlos Cano


El martes disfruté durante una hora de viaje en coche de la música de Carlos Cano (1946-2000) en Discópolis (Radio 3). Tanto que llegué a emocionarme —sic— al volver a escuchar «La murga de los currelantes», que debe de tener casi unos cuarenta años —de 1978 es esta grabación. En su programa, José Miguel López anunció que hoy jueves iba a pasar entera la única entrevista que RNE tenía del cantante granadino, que hoy habría cumplido setenta años. Son casi cincuenta y nueve minutos admirables de conversación y canciones del miércoles 28 de abril de 1999. Un disfrute escuchar de nuevo el programa. Cuando ha hablado de Federico García Lorca y del Diván del Tamarit ha vuelto a fascinarme aquella anécdota que él ya contó, y que yo recordé en El trabajo gustoso (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2002, pág. 22). En un concierto en Murcia, una señora le dijo: «—Hijo, qué bonito. No me estoy enterando de ná; ¡pero cuánta hermosura!». Y Carlos Cano dice que es la definición más hermosa que le han dado de ese libro al que pertenecen los versos que el cantante también ha recordado: «Por las ramas del laurel / vi dos palomas oscuras. / La una era la otra / y las dos eran ninguna». Dedico esta entrada —además— a la memoria de mi amigo Alfredo Gómez (1958-2015) y a la ciudad de Granada.

Móviles


© Tango2010
Por mi entrada de ayer, dedicada a Antonio Sáenz de Miera y a su blog, he recordado otra suya, de hace casi un año, que iba ilustrada con un dibujo excepcional del ilustrador Shangai Tango, que reproduzco arriba por el gusto de compartir en este día de asueto relativo por Santo Tomás de Aquino un ejemplo del ingenio de este artista.

miércoles, enero 27, 2016

El mac de A.S.M.


Hace unos días me enviaba Antonio Sáenz de Miera su más reciente alerta de publicación de una nueva entrada de su blog Allende Guadarrama, que sigo desde que empezó con él el once del once de 2013, a sus setenta y ocho años. «Steve Jobs entre la arrogancia y la caligrafía» es el título, y, aunque está claro quién es la persona protagonista, toma como punto de partida la película de Danny Boyle estrenada en España el primer día del año y que en Estados Unidos está siendo un fracaso por un quítame allá unos cuantos millones de dólares. Yo aún no la he visto; pero lo que me trae de nuevo a mi 'mac' es la manera que tiene Antonio Sáenz de Miera de contarnos cómo logra sentir que la máquina en la que lee y escribe es algo más que un aparato tecnológico. Como lo sabe, lo cuenta. Y es capaz de hablar de su creador con ecuanimidad y de traer a su reflexión el buen gusto de referencias como la que hace a Thomas Mann y lo que dijo sobre algo que está en el alma de estas máquinas, que «la bella caligrafía conduce a las bellas palabras y las bellas palabras conducen a las bellas acciones». Brindo por que este hombre siga durante mucho tiempo delante de esa pantalla en su escritorio.

viernes, enero 22, 2016

20 años del Aula Valverde


Hoy viernes se cumplen veinte años de la inauguración del Aula Literaria «José María Valverde» en Cáceres, una de las aulas de la Asociación de Escritores Extremeños (AEEX) puestas en marcha por aquellos años. Quien la abrió con su participación el 22 de enero de 1996 fue el escritor vasco Bernardo Atxaga. Aquel curso, además, intervinieron en el aula Alfonso Sastre, Luis Landero, José Agustín Goytisolo y José Ángel Valente. Sigue pareciéndome impresionante. Lo mismo que si recuento la lista de nombres que han pasado por ella, es decir, por la ciudad de Cáceres, desde aquella fecha. Por un motivo desgraciado, hace ya unos años, conté más de cincuenta y cinco nombres de los escritores que visitaron el aula literaria «José María Valverde». Hoy, si no me equivoco, son noventa y uno los autores que han venido, después de Carlos Pardo y a falta de Javier Reverte —a quien hoy, con Antonio Gamoneda, he escuchado en Hoy empieza todo con Marta Echeverría, y con Jorge Barriuso, de Radio 3, a propósito del conflicto de las pensiones de los creadores— y de Ángela Vallvey, que estarán en febrero y marzo de este año. Recuerdo —y poseo recortes— las crónicas de un par de días antes de aquella primera lectura de Atxaga, cuando los periódicos de aquí, el Hoy y el Extremadura, cubrían nuestra voluntad de difundir que en Cáceres, casi al mismo tiempo que en Mérida y en Plasencia, organizábamos desde la AEEX un ciclo de lecturas de grandes autores dirigido, primeramente, a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato de la ciudad y, luego, a la afición en general. «Este nuevo aula», decían aquellas crónicas de aquella época, o «el aula [...] puesto en marcha», «este aula», «del nuevo aula». No atinaban; pero se apreciaba el interés por una actividad que, tantos años después, está consolidada. Consolidada pero no asumida por una ciudad que debería sentirse orgullosa de haber tenido en esta parte del oeste de España a tantos educadores de sus jóvenes. Me paro a pensar en algunos. Bueno, mejor no. Que pregunten en la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento si han estado en Cáceres el citado Gamoneda, Rafael Chirbes, Marta Sanz, Luis Mateo Díez... Quizá no sepan decir; pero yo sí puedo darles la lista completa. Después de tantos años sigo sin comprender cómo los responsables de la promoción cultural de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad no defienden como propias sus otras tradiciones.
© Willi Valverde

jueves, enero 21, 2016

Antonio Colinas y Cáceres


© Fotografía de José Mª Cumbreño
El jurado del VIII Premio Internacional de Periodismo Ciudad de Cáceres de la «Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero» ha acordado premiar este año el artículo «Una estación, una ciudad, un destino» del poeta Antonio Colinas, publicado el 20 de diciembre de 2015 en el Diario de León. El texto de Antonio Colinas evoca aquella línea de ferrocarril que fue la Vía de la Plata en las palabras de su padre que le indicaba el destino de aquel tren mítico que bajaba desde Astorga y pasaba por su ciudad natal, La Bañeza, para dirigirse a Cáceres, una ciudad que, en diferentes etapas, luego ha estado ligada por motivos literarios a la vida de Colinas. Hay dos menciones personales, además, en el artículo que me resultan placenteras. La primera es a Juan Manuel Rozas, que, como dice Colinas, «no era un profesor al uso» y fue uno de los primeros que a finales de los años setenta se interesó por la poesía última y por los novísimos. Y especialmente por la poesía de un Antonio Colinas que en 1975 había publicado Sepulcro en Tarquinia, libro y poema al que dedicó Rozas una de sus clases magistrales, que, como ya he dicho en otra ocasión, tuve el privilegio de escuchar en la Facultad de Letras de Cáceres. La otra mención es a otra persona muy querida: Javier Alcaíns, en la foto con el poeta. Alcaíns logró en 2009 ver publicada una de sus fascinantes creaciones. No era más que una edición iluminada y caligrafiada de aquel poema de Antonio Colinas. Junto a los responsables de la fundación, Maritina Guisado Domínguez y Luis Acha Iturmendi, el jurado de este premio ha estado compuesto por Conrado Gómez López, presidente de la Asociación de Periodistas de Cáceres, César Antonio Molina, ganador de la anterior edición del certamen, Antonio Cid de Rivera, director de El Periódico Extremadura, Juan Domingo Fernández, subdirector del Diario Hoy, y José Manuel González Calvo, catedrático de Lengua Española de la Universidad de Extremadura.

miércoles, enero 20, 2016

Diario de una vida breve


«—Sé que te va a gustar», me dijo quien me regaló este libro. Acertó. Lo que él no sabía es que justo en esos momentos yo estaba trabajando sobre el padre del tatarabuelo del autor de este libro. Sí, Manuel Silvela, el afrancesado, exiliado en Burdeos, donde publicó con su amigo Pablo Mendíbil aquella Biblioteca selecta de literatura española (1819) en cuatro tomos. No soy amigo de la literatura a trozos; pero estoy convencido de que si hoy mis alumnos leyesen en primero de carrera una selección así de piezas, desde Diego Hurtado de Mendoza hasta Leandro Fernández de Moratín, comprenderían mucho mejor cualquier texto contemporáneo. Como este Diario de una vida breve, de Juan Manuel Silvela Sangro (Valencia, Pre-Textos, 2015). No sé si me equivoco; pero este Silvela Sangro debió de ser chozno de mi Silvela; o sea, el hijo del tataranieto de aquel. Es sorprendente cómo se cruzan lecturas y circunstancias. Vida breve porque Silvela Sangro murió en París en mayo de 1965, a los treinta y dos años. Su diario se inicia a la mitad del primer mes de 1949 y concluye el último día del año 1958. A pesar de su carácter fragmentario, se trata de un relato, un autorretrato completo, suficiente para hacerse con la imagen de un joven extraordinario de la alta sociedad madrileña de aquel tiempo. Para saber apreciar en su sentido histórico lo que en aquella España era una adolescencia y una juventud privilegiadas. Escribe José Muñoz Millanes en el «Prefacio» a esta edición —que relanza y limpia de erratas aquella primera antigua e inencontrable de 1967 en Prensa Española— que el diario de formación de Silvela Sangro fue crónica cultural —musical, sobre todo— del Madrid de la época, y que supo captar escenarios y sensaciones cuya lectura hoy es verdaderamente grata. Esto lo digo yo, que he disfrutado con estas manifestaciones tan exquisitas de una elite culta que uno solo ha conocido por los libros. «Me considero agraciado en mis gustos musicales; los más diversos estilos tocan en la cuerda de mi corazón. Desde la adolescencia me entusiasman Chaikovsky, Liszt, Schumann, Beethoven, Grieg y Dvorák. He descubierto la música de cámara, Bach. Comienzo a interesarme por los contemporáneos, Stravinsky. Junto a ellos me emocionan Strauss, la musiquilla de El tercer hombre, la buena música de jazz, el Hot Club de Francia», escribe con diecinueve años, asiduo de librerías, salas de conciertos, ateneos y casas de reposo en las que vive su enfermedad con parecido aliento al de sus amores: «¡Qué delicia el estar tumbado!», escribe, y en otro momento en el que está triste por no ver a su amiga, afirma, sin embargo, que «amar es esperar, entre otras cosas». Esta edición recupera como «Epílogo», además, el texto que escribió Julián Marías —fechado en Madrid en junio de 1966— para prologar aquella primera edición del Diario, que Guillermo Díaz-Plaja reseñó en ABC (6 de julio de 1967) con una observación que yo repito en cuanto puedo sobre muchos libros que lo piden: «Un índice onomástico nos pasmaría». Me gusta cómo aparece la luna en estas notas de diario, cómo se vive el frío o la paz de una hora. Y agradezco el regalo.

domingo, enero 17, 2016

Fascitis plantar


El texto predictivo de mi teléfono pone «fascistas» cuando yo escribo «fascitis», que es lo que tengo. Una fascitis plantar en el pie izquierdo que ha debido agravárseme con la excursión de ayer a los pilones de la Garganta de los Infiernos en el Jerte. Con las últimas lluvias, decía C., aquello tendría que estar cargado de agua y precioso. Así fue. Una mañana estupenda, despejada y fría, tonificante. Menos para mi pie, que ha llegado con «fascistas», o sea, con «fascitis». Yo me imagino ahora la fascitis en términos de cartelismo de propaganda política, a todo color con una enorme bota militar que arrasa con su planta las bases liberales. Lo cierto es que disfrutamos entre bancales y pozas, y que es un privilegio tener una reserva natural tan a la mano. Ahora, reposo y buenas lecturas, como Palabra y humanidad (Oviedo, KRK Ediciones, 2015), una recopilación de textos de Emilio Lledó —«Nos gobiernan indecentes con poder»— en edición de Juan Á. Canal.

jueves, enero 14, 2016

Ediciones 19 en Cáceres


Las principales novedades de una colección publicada por Ediciones 19 de estudios sobre la nobleza española, fruto de un proyecto de investigación de historiadores de varias universidades, se van a presentar esta tarde en Cáceres, en la librería Todolibros (20:00 horas).

lunes, enero 11, 2016

Añoranzas de Batllori

Pedro Álvarez de Miranda, catedrático de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid y académico de número de la RAE, se queja hoy con razón en carta a algunos de sus amigos sobre el tratamiento dado a su misiva enviada al diario El País publicada hoy mismo bajo el título de Añoranzas de Batllori, que toma como modelo de referencia al ilustre historiador y pensador jesuita, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1995 y Premio Nacional de las Letras en 2001, el catalán Miquel Batllori. Se queja justamente porque el periódico le ha hecho decir, y no por errata accidental, sino por corrección de algún cenutrio —como decía mi padre y dice Pedro— que «Sí, algo sabía Batllori de todos ellos [Ramón Llull, Ausiàs March, los papas Borja y Gracián] y mucho más de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes». Cuando Pedro Álvarez de Miranda había escrito que «Sí, algo sabía Batllori de todos ellos y muchos más, de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes». Esto es, «muchos más» y no «mucho más», y una coma a continuación; con lo que el sentido, obviamente, cambia. Así que Batllori no sabía más de historia de la Corona de Aragón que de Llull o Gracián, no; sino que don Miguel Batllori sabía de los citados y de muchas más personalidades de la cultura de los «Países Catalanes», que es otra de las correcciones que una mente preclara ha hecho en la redacción de ese periódico al que dudo mucho que Pedro Álvarez de Miranda vuelva a enviar otra carta si no hay mañana una enmienda que lo aclare todo. Para ello, transcribo aquí el contenido de la carta, tal y como a su autor le habría gustado leer en El País:

«En estos momentos cuánto se añora —por decirlo con un catalanismo— la figura del historiador pasmosamente sabio que fue el padre Miguel Batllori (1909-2003). Batllori, que, a fuer de liberal, no podía ser nacionalista, profesó un catalanismo que él mismo calificaba de “muy culturalista, casi solo culturalista”. Toda vez que una unidad política de los "Países Catalanes" era y es absolutamente quimérica, rechazaba la independencia de Cataluña para no tener que considerar extranjeros a Ramon Llull (mallorquín), a Ausiàs Marc o los papas Borja (valencianos) o al aragonés Baltasar Gracián. Sí, algo sabía Batllori de todos ellos y muchos más, de historia de la Corona de Aragón y de sus diversos territorios y gentes, antes y después de su integración en la Monarquía Hispánica, antes y después de la vigencia de sus instituciones forales, antes y después de la guerra que gustaba de llamar incivil. Suele decirse que el nacionalismo se cura viajando. También leyendo. Pero, claro, según qué cosas —por seguir con los catalanismos—. Déjenme recomendarles, por ejemplo, los Recuerdos de casi un siglo (2001), de Miguel Batllori».

domingo, enero 10, 2016

Por si

© Jean Auguste Ingres
Dijo Arsenio a su hermano Blas:
—Toma este cuaderno por si un día muero.
—¿Cómo que «por si»?   —dijo Blas.

viernes, enero 08, 2016

Juan Marsé, 83


© Pilar Aymerich (lamentable.org)
A P. le gustan las raciones que ponen en el «Baviera» de Salamanca y, mientras dábamos buena cuenta de un par de ellas, ha salido en la conversación un trabajo que tiene que entregar para una asignatura de lengua española sobre El embrujo de Shanghai y su —mala— versión cinematográfica. La buena no llegó a hacerse; pero se publicó el guion espléndido de Víctor Erice, La promesa de Shanghai (Barcelona, Plaza & Janés, 2001). P. me ha preguntado por la edad de Marsé precisamente hoy, que cumple 83 años. Felicidades, maestro. Que el tiempo y la memoria sigan siendo protagonistas de toda esta película: «Todos tus recuerdos de Montse están hechos de una materia compleja donde es difícil deslindar las especies de las variedades o de las simples mezclas: semejantes a ciertos minerales sometidos a largas estancias marinas, el paso del tiempo, el esplendor y muerte de ocultas primaveras les ha ido pegando musgos, arenillas y costras de remota y olvidada procedencia, extrañas simpatías y antipatías que los años han ido superponiendo caprichosamente». (La oscura historia de la prima Montse, 1970)

miércoles, enero 06, 2016

RR. MM.




martes, enero 05, 2016

H1N1


¿Alguien se acuerda de aquella gripe? Yo casi la tenía olvidada; pero, como estoy haciendo limpieza de apuntes, me he acordado de un viernes de aquel verano de hace seis años cuando pasé seis horas en el hospital con mi madre en observación por uno de sus achaques. Había llamado a urgencias poco antes de la una y media del mediodía y apareció en mi casa un tipo con bata y con una mascarilla —o un tapabocas, como dicen en Méjico—, que de inmediato ordenó que mi madre tenía que ser trasladada. La sorpresa fue que no acabamos en el Servicio de Urgencias del hospital que me correspondía, sino en otro, el más grande de Cáceres. Allí, mientras daba la filiación de mi madre, aquel médico, con su mascarilla, reconvino a las administrativas que allí estaban por no llevar el tapaboca. Se miraron entre ellos como si hubiesen visto a alguien que llega a un sitio extraño, como el que acababa de aterrizar de otro planeta. Mi madre fue atendida diligentemente y nadie llevaba mascarilla. Todo normal. Quizá por la vehemencia de aquel facultativo tuvieron que hacerle unas pruebas y aplicarle no sé qué protocolo. Por lo demás, todo normal. Todo, menos un cura que apareció y al que escuché decir mientras daba la unción última y extrema a una paciente en un box vecino que hay que preparar la maleta para estar dispuestos para cuando el Señor te llame. Lo escuchamos todos los que allí estábamos. No sé si mi madre, que dormitaba. Eso me pareció, que dormitaba, porque tiempo después de aquel día mi madre dejó de usar maleta y teléfono; y ya no espera llamadas de nadie.

lunes, enero 04, 2016

Este año Cervantes (bis)

También anda por aquí aquella edición facsimilar del Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles, de Juan Antonio Pellicer y Saforcada (Madrid, Antonio de Sancha, 1778), que sacamos hace ya unos años (Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2002), y que incluía las «Noticias para la vida de Miguel de Cervantes Saavedra», con más que importantes aportaciones documentales. De la revisión de esa biografía cervantina extraigo este fragmento como segunda muestra de cervantinismo:  
«Si el año de 1614 vivia Cervantes en la calle de las Huertas , consta innegablemente que se mudó á la del Leon á la casa num. 20. de la esquina de la de Francos, donde murio; y si quando volvio del Viage del Parnasoó quando compuso aquel poema, vivia en ella, parece que el quarto de su habitacion era baxo, pues le concluye asi: 

Fuime con esto, y lleno de despecho 
Busqué mi antigua y lobrega posada, 
Y arrojeme molido sobre el lecho:
Que cansa , quando es larga, una jornada. 

Estas que parecerian despreciables menudencias, si se tratase de algun escritor de merito comun y vulgar, son dignas del aprecio y de la curiosidad publica, tratandose de un autor del merito y de la gerarquia literaria del de la Historia de Don Quixote.»  
(Juan Antonio Pellicer, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Madrid, Gabriel de Sancha, 1800, págs. 216-217)

domingo, enero 03, 2016

Este año Cervantes


Estoy seguro de que, como sea, durante este año cervantino vendrán aquí desde mi escritorio, por donde circulan desde hace meses, varios libros relativos. La más antigua novedad es Tiempos del Quijote, de Francisco Rico (Barcelona, Acantilado, 2012), gavilla de conocidos textos publicados en otros sitios, que no impide el efecto resurgente de una nueva lectura en el nuevo formato; y que en algún capítulo precisa de una nota ahora que estoy leyendo los Diarios 1956-1985 de Jaime Gil de Biedma (Barcelona, Lumen, 2015). También están la edición de la RAE del Quijote adaptado por Arturo Pérez-Reverte (Madrid, Santillana-RAE, 2014) y el Quijote «puesto en castellano actual íntegra y fielmente» por Andrés Trapiello (Barcelona, Ediciones Destino, 2015).  Pronto será la exposición en la Biblioteca Nacional de «Miguel de Cervantes de la vida al mito».

sábado, enero 02, 2016

Principio de año


Quien conozca el final de la novela de Galdós Torquemada en el purgatorio (1894) adivinará la intención aviesa de crítica a la vana materialidad sin espíritu honrado de esta cita: «Entró el año nuevo con buena sombra. Diríase que los Santos Reyes le habían traído al tacaño cuantos bienes de orden material puede imaginar la fantasía del más ambicioso. Llovía el dinero sobre su cabeza; apenas tenía manos para cogerlo; por añadidura, hasta se sacó, a medias con Taramundi, el premio gordo de la Lotería de fin de Diciembre, y ningún negocio de los emprendidos por él solo o en comandita dejaba de fructificar con lozanos rendimientos. Nunca fue la suerte más loca, ni reparó menos en el desorden con que reparte sus dádivas. Atribuíanlo algunos a diabólicas artes, y otros a designios de Dios, precursores de alguna catástrofe; y si eran muchos los que le envidiaban, no faltaba quien le mirase con su supersticioso temor, como un ser en cuya naturaleza alentaba infernal espíritu.»

jueves, diciembre 31, 2015

Atisbos de fin de año


© CMD
En este año que termina leí en una columna de Patricio Pron en El País Semanal  que la capacidad de atención del lector medio en la red es de ocho segundos. Eso quiere decir que, con sus debidas pausas, ocho segundos son dos endecasílabos. Dos endecasílabos, por ejemplo, de un poema como este de Blas de Otero: «Pasa un obrero, un niño, una muchacha / con un pañuelo blanco, pasa un taxi / y un autobús, un hombre con paraguas / y un pájaro volátil. / El día enciende un cenicero nítido / en la cara del cielo, ya las nubes / bogan lejanas como un fiel navío / entre olas azules. / La casa está parada. En la terraza / un hombre abraza a una mujer hermosa. /Pasa un obrero, un niño, una muchacha... / La realidad desborda», que está aquí desde hace poco más de un año, con el buen propósito, como ahora, de felicitar a todos y desear lo mejor. Igual alguien lee o relee esta postal urbana en endecasílabos y heptasílabos del gran poeta y puede que le sirva para evocar algo, para sentir, para aprender, quién sabe, o para recordar que no hace falta una fecha señalada para vivir la realidad de la mejor de las maneras, aunque entre estas no tenga un lugar preeminente celebración tan volátil como la de la señalada fecha de hoy. Feliz año.

lunes, diciembre 28, 2015

La comida de los pobres


En el capítulo VIII de La de Bringas (1884) de Benito Pérez Galdós, el interesado e interesante narrador cuenta cómo una multitud de habitantes de Madrid acudió a coger puesto en Palacio para ver la comida de los pobres. Algo parecido hice yo el pasado sábado 26 al asomarme a las páginas del periódico —a la portada, ni más ni menos; que es como el Salón de Columnas en la novela de Galdós— para conocer que en la sede municipal de Madrid se organizó una cena de Nochebuena para más de doscientas «personas sin techo o en riesgo de pobreza o exclusión social». No pude evitar recordar las páginas de esa novela. «Curioso espectáculo», escribió Galdós. «¡Verse entre tanta pompa, servidas por la misma Reina, ellas que el día antes pedían un triste ochavo en la puerta de una iglesia!... No alzaban sus ojos de la mesa más que para mirar atónitas a las personas que les servían. Algunas derramaban lágrimas de azoramiento más que de gratitud, porque su situación entre los poderosos de la tierra y ante la caridad de etiqueta que las favorecía, más era para humillar que para engreír. Si todos los esfuerzos de la imaginación no bastarían a representarnos a Cristo de frac, tampoco hay razonamiento que nos pueda convencer de que esta comedia palaciega tiene nada que ver con el Evangelio.» Lo mejor de este breve episodio del relato de Pérez Galdós —octavo de cincuenta,  y sobre el que siempre he avisado a mis alumnos— es que Isabelita Bringas, la hija del matrimonio de la novela, «raquítica, débil, espiritada», que había acudido al «curioso espectáculo» en Palacio y  que siente de noche una indisposición de estómago insoportable y una obstrucción horrible, en angustiosas convulsiones, lo arroja todo fuera. Y luego viene el alivio y el «ya pasó, alma mía; eso no es nada» de su madre.

martes, diciembre 22, 2015

De libros prohibidos. Cartel, 1560


El año pasado fue la «estampa letífica» de la imagen de la Virgen de la Salud de la Parroquia de San Isidoro de Sevilla con su «Salus infirmorum». Ediciones de la Imprenta Memoria Hispánica, esto es, José Manuel Martín y Víctor Infantes desde Gráficas Almeida de Madrid, se superan cada año cuando envían sus estrenas y aguinaldos. Parece difícil —cree uno cuando la entrega llega puntualmente por estas fechas. Y cuando uno, cada año, se afana en la descripción del regalo. El de estas navidades lo supera todo por su formato imposible. Un cartel de 95 centímetros, plegado para dar en una de sus formas seis páginas que ofrecen portada y colofón, provisión, ilustraciones y nota referidas a la obra de que se trata: Cathálogo de los libros que se prohiben, ansi en latín como en romance, por mandado del Ilustríssimo y Reverendíssimo señor Arçobispo de Sevilla, Inquisidor General de España y de los señores del supremo consejo de la sancta General Inquisición (Valladolid, Sebastián Martínez, 1560). ¿Cómo imprimir una hoja de más de un metro de altura en 1560? Es fácil, pues se trata de tres hojas «pegadas una a continuación de la otra para ofrecer una plana (aparentemente) uniforme de poco más de un metro de superficie impresa. Es un prodigio de ajuste tipográfico para hacer coincidir las últimas líneas de cada hoja con las primeras de la hoja siguiente». Así se describe el prodigio en la provisión, esto es, la prevención o noticia introductiva que firman Ana Martínez Pereira y Marcelo Grota, que llaman a esto «poster de la intolerancia». Está bien puesto el nombre a esta pieza rarísima (1030 x 500 mm) que se conserva entre los fondos de The Houghton Library (Universidad de Harvard) desde 1948. Este cartelón fue una consecuencia material —milagrosamente conservada hoy— de la Pragmática sobre la impresión de libros de 1558 —cuyo facsímile publicamos en 1999 en la Unión de Bibliófilos Extremeños con nota preliminar de Víctor Infantes—, y también del Catálogo de libros prohibidos de Fernando de Valdés de 1559, que ordenaba que los libreros y mercaderes de libros tuviesen «en parte pública donde se pueda leer y entender» una lista de aquellas lecturas infames. Prodigioso es que en estos tiempos haya personas con la sensibilidad de Víctor Infantes para promover estas maneras de recuperar la memoria impresa de una cultura imponente. Felices fiestas.

jueves, diciembre 17, 2015

Ricardo Senabre y Alcoy


Hace pocos días llegó a la Facultad un ejemplar del suplemento especial de noviembre de 2015 de El Nostre Ciutat, de Alcoy, dedicado a Ricardo Senabre (Ricardo Senabre. El valor de la palabra), con motivo de la concesión a título póstumo el pasado 13 de noviembre al crítico y profesor de la Medalla de Oro de la ciudad de Alcoy y del Laurel de Oro de la Universidad de Alicante. Gracias a José Luis Bernal, que, como decano de mi Facultad recibió el ejemplar, y a Antonio Salvador Plans, que me lo ha dejado, he leído la treintena de páginas del suplemento y la edición especial de un breve ensayo inédito de Senabre titulado «Claves de Antonio Machado», que se ilustra con un par de reproducciones del manuscrito del que se extrajo, cedido por la familia de su autor. «Era uno de los nuestros» escribe Ramón Climent, director de El Nostre Ciutat en el texto que abre un suplemento en el que colman debidamente el reconocimiento institucional el rector de la Universidad de Alicante, Manuel Palomar, y el alcalde de Alcoy, Toni Francés; y en el que hay un álbum fotográfico nunca publicado —con fotos de su orla universitaria, como alférez en el servicio militar, de su boda con Marcela López, retratos con sus hijos, con sus nietos...— y una serie de instantáneas más conocidas con otras informativas del acto del homenaje, que va ilustrando los escritos principales: el de su hijo David —«Meditaciones sobre mi padre»—, una emotiva semblanza que se abre y se cierra inevitablemente con la apelación en forma de carta al padre, siempre ahí; el de Ángel L. Prieto de Paula, con su laudatio al profesor con motivo de la concesión del galardón de la Universidad de Alicante («En hombres como el profesor Senabre entendemos por qué las letras con que registramos el mundo son también las armas con que lo conquistamos; por qué, en definitiva, una ocupación intelectual puede terminar convirtiéndose en una propuesta moral: eso nos dijo, eso nos enseñó»). Están también en el suplemento la republicación de una entrevista que le hizo el periodista Ximo Llorens para el periódico Ciudad en 2010 («Me gusta Alicante, es la ciudad más grande de la provincia de Alcoy») y la evocación de Josep Sanus, que fue alcalde de Alcoy, del primer encuentro oficial con Senabre en 1994 («Su padre, militante que fue de UGT en la Segunda República, tras la contienda, fue condenado por el tribunal franquista a pena de muerte, conmutada ésta por el destierro de Alcoy simplemente por su actividad sindical»). Y están los textos de Mª Jesús Mancho, de la Universidad de Salamanca, Luis María Anson, Blanca Berasategui, el escritor Lorenzo Silva, el crítico Ángel Basanta, José Manuel Corredoira Viñuela, que escribe sobre un inhabitual «Senabre y el teatro», Josep Lluís Santonja, director de la Biblioteca y del Archivo Municipales de Alcoy, y Antonio Campesino Fernández, mi compañero de Facultad, geógrafo, que evoca al Senabre de los años cacereños, los que yo conocí principalmente. El extra sobre Machado aborda una nueva inmersión en la escritura del autor de Campos de Castilla, un libro que según Senabre representa un punto de inflexión en su evolución desde lo libresco a lo confesional. A sus lectores sonarán sus argumentos, más recientemente recordados en su El lector desprevenido, cuando habla del sujeto lírico en la poesía de Antonio Machado; pero vuelve a ser un placer la lectura de esta manera de leer. 

miércoles, diciembre 16, 2015

Encuentro de escritores


La Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) ha organizado para hoy miércoles una jornada literaria que consistirá en dos mesas compuestas por escritores que hablarán sobre el estado de la poesía en Extremadura y el estado de la novela, respectivamente. Según la página web de la ACE, la asociación «pretende reflexionar con estos autores a propósito de su realidad cotidiana y su visibilidad en el resto del país». La primera mesa, que comenzará a las 19:00 horas, estará moderada por el Secretario General de ACE y poeta, Manuel Quiroga Clérigo, y en ella intervendrán los poetas Santos Domínguez, José Antonio Zambrano y José Manuel Díez. A las 20:00 horas, en la segunda mesa, moderada por el poeta y crítico Santos Domínguez intervendrán los novelistas Inma Chacón, José Antonio Ramírez Lozano y Pilar Galán. A pesar del interés del presidente de la ACE, Manuel Rico, creo que la difusión en el ámbito de los escritores de Extremadura ha sido casi nula y escasísimo el eco en los medios que en estos días previos ha tenido ese encuentro. Ojalá no estemos cuatro letraheridos en la Biblioteca Pública «Rodríguez-Moñino/María Brey» de Cáceres.

Una clase en una librería


© Foto de Beatriz Naranjo García
Según mis cuentas, y conforme a calendario y horario, hoy daré mi penúltima clase de una asignatura principalmente práctica como «Fuentes para el estudio de la literatura española». Será en la librería «Boxoyo» de Cáceres, que más de una entrada ha ocupado en mi blog.

lunes, diciembre 14, 2015

La implementación del ñu


Lo he seguido sin perder hilo mientras Rajesh Koothrappali y Sánchez debatían en todos los medios. Y va y le dice Rajoy a Penny «Tus extravagancias no tienen límite». Cuarta Temporada. Episodio 22. Finalmente, «debo tomar una decisión importante y estoy asustado», dice uno de ellos. No es para tanto, añado yo. «Ruiz, mezquino y deleznable», dice Rajoy sobre lo dicho por Amy Farrah Fowler, que añade: «Eso lo dirán los españoles». 20D. A Howard Sánchez le interesa «una reforma constitucional que mejore el estado autonómico de nuestro país», cuando Leonard Hofstadter, el candidato, habla de que «La palabra que estás buscando es perplejo». Perplejo.

domingo, diciembre 13, 2015

De vuelta del río Guadiana


© Fotografía de Elena Fernández de Molina
Antes de irme a Badajoz ayer por la tarde ya había averiguado con más certeza el origen del proyecto de El río Guadiana de Javier Fernández de Molina, Carlos Lencero y Ángel Campos Pámpano. Por ejemplo, en la «Biografía» artística que se publicó en el catálogo de la exposición de Javier F. de Molina en la Asamblea de Extremadura en 1993 se halla una referencia a una obra titulada Guadiana, textos de Carlos Lencero y Ángel Campos Pámpano, dibujos de Miguel Galano y Fernández de Molina, fechada en 1989. En efecto, en aquella exposición y en el catálogo se mostraron varias series hermanadas por el motivo del río Guadiana (cuatro pinturas sobre papel tituladas «Barcas del Guadiana» —I, II, III, IV—; otras cuatro «Cuerpos del Guadiana» —I, II, III, IV—; y una tercera de «Juncos» —I, II, III, IV—) fechadas todas en 1988. Unos años antes de aquella exposición de Mérida, en noviembre-diciembre de 1990, Javier expuso en Cáceres Como pez en el agua, y se editó un catálogo mucho más modesto que prologó Carlos Lencero con un texto sobre el agua y que, además, publicó una primera versión de «A Nemesia, ranera de Guadiana», que es una de las prosas que incluye El río Guadiana que ayer presentamos en el Espacio COnvento de Badajoz. Viajé con Elena y Alberto, y en Badajoz pude saludar a muchos amigos que no veía desde hacía tiempo, como Pedro Almoril, Eduardo Achótegui o Germán Grau; y reencontrarme con otros de más reciente vista, como Carmen Araya, Luis Arroyo o Luis Sáez. Nuevamente con Pura, la madre de los Fernández de Molina —abuela de Elena—, noventa años admirables que me embobaron mientras ella hablaba de sus trajines, que incluían excursiones a Lourdes —yo supongo que va para dar ánimos y como muestra, para que la gente crea en los milagros. Saludé a Esperanza Marina y a su marido; a Teresa Clot y a Joaquín González Manzanares. Conocí a Begoña Galeano y a Julián Prieto, artífices del Espacio COnvento en el que disfrutamos durante unas pocas horas. Un ejemplo de creatividad y de entusiasmo al servicio de quienes creen en eso, en la creatividad y en la pasión al hacer algo. Y nuevamente con Javier Fernández de Molina. Él me contó que fue Luis Costillo quien vio en casa de Luna, la hija de Carlos Lencero, buena parte del material de aquel proyecto truncado de un libro de originales manuscritos y pintados de los tres amigos, de Javier, de Carlos y de Ángel; y que fue Luis quien animó a Javier a retomarlo. Y tanto que lo retomó. Hace ahora tres años, trabajando con un ahínco casi parejo al sentimiento de su amistad insuperable. Ayer, a su manera, estaba emocionado; como sin dar importancia a aquello. Fue un placer volver ayer desde esa orilla del río Guadiana.

viernes, diciembre 11, 2015

El río Guadiana


Aún no he logrado averiguar si fue en 2004 o antes cuando tres amigos idearon el proyecto de editar una veintena y pico de copias manuscritas en torno al río Guadiana. Dos escritores y un pintor. Los primeros, Ángel Campos Pámpano y Carlos Lencero, con sus atractivas caligrafías, escribieron sobre el río; el otro, Javier Fernández de Molina, trazó con sus pinceles los rasgos del Guadiana. El tiempo y la vida hicieron luego de aquello tan solo un designio que, afortunadamente, dejó unas pruebas, unas pocas copias a mano de los amigos y la voluntad clara de uno de ellos de testimoniarlo. Murió Carlos Lencero en abril de 2006. Murió Ángel Campos Pámpano en noviembre de 2008. Y Javier Fernández de Molina compuso, con los originales que guarda, este emocionante recuerdo en homenaje a sus queridos. Sus primeros ejemplares están terminados en septiembre de 2012, y presentamos la edición en San Vicente de Alcántara en noviembre de 2013, en uno de nuestros homenajes a Ángel. Los manuscritos de Carlos Lencero y de Ángel Campos Pámpano —aquel «El río Guadiana» que incluyó en Siquiera este refugio— y las pinturas de Javier están estuchadas en una caja de madera de cerezo realizada por Luis Simancas y xilografiada en Gráficas Gaspar que mañana sábado presentaremos en Badajoz al lado del río Guadiana. En el Espacio Convento de Creación.

jueves, diciembre 10, 2015

La creación del sentido


Hoy jueves, a las 20:00 horas, en el salón de actos del Instituto de Lenguas Modernas de Cáceres, se presentará el libro de Basilio Sánchez La creación del sentido, que ha sido editado por la Diputación Provincial de Cáceres y la editorial Pre-Textos. Cuando uno lee la obra de Basilio Sánchez cree también que la naturaleza del escritor determina de alguna manera la naturaleza de su obra, como dice el propio Basilio a propósito de Antonio Machado. Este nuevo libro del autor cacereño no es de poemas; pero atañe, por encima de todo, a la poesía. A lo que tiene que ver con el origen de su dedicación y con el significado de su creación.

miércoles, diciembre 09, 2015

El sentimiento de la vista


Ando leyendo al ritmo que merece —el que permite degustar una poesía afinada y honda— este libro de Miguel Casado, El sentimiento de la vista (Barcelona, Tusquets Editores, 2015), que se presenta esta tarde a las ocho en La Casa Encendida de Madrid con la participación de Marcos Canteli, Antoni Marí y Angélica Tanarro. «Mirar es compartir el mundo, / las intensidades cambiantes, / el aura en que reposan / las cosas o se afilan.» (pág. 99)

martes, diciembre 08, 2015

Manuel Borrás en Letras


El editor Manuel Borrás impartirá este jueves 10 de diciembre una conferencia, organizada por el Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la UEX y con el patrocinio de su Vicerrectorado de Extensión Universitaria, en la que hablará sobre la edición de la poesía contemporánea en España. Será a las 11 de la mañana en el aula 32 de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres. 

lunes, diciembre 07, 2015

Lectura de Cementerio alemán, Yuste


© Fotografías CMD
«Tiene la muerte una medida exacta» es el primer endecasílabo del poema «Cementerio alemán, Yuste» de Una oculta razón (1991), de Álvaro Valverde. Me lo eché a la mochila esta mañana, en mi ejemplar del libro, antes de que saliésemos de excursión por las inmediaciones del Monasterio y del cementerio alemán, que hemos vuelto a visitar.
En este, he vuelto a leer, con mi puesta en escena, el poema de Álvaro. Allí, sentado frente a los nombres y las fechas de las cruces, he querido celebrar que aquel rincón recogido en una naturaleza imponente se hiciese motivo poético en aquel poema de Álvaro Valverde y se iniciase una secuela literaria que va a tener un testimonio impreso en un libro. Un libro en el que he tenido la suerte de participar en compañía de Salvador Retana, su promotor y editor, de Álvaro Valverde y de más de dieciséis autores que han prestado sus palabras sobre este lugar. Tendremos noticias.

domingo, diciembre 06, 2015

Constitución y campaña


El artículo 16 de la Constitución Española dice que «Ninguna confesión tendrá carácter estatal»; pero la única mención de la Iglesia Católica que existe en el texto constituyente está en ese mismo artículo para salvaguardar los acuerdos franquistas con la Santa Sede: «Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Casi nadie habla hoy de esto en la campaña electoral. No lo encuentro destacado en los programas de los partidos políticos. Supongo que porque la coherencia no es prioridad. Tampoco lo es la reforma de la Constitución ni del Senado, entre otras minucias. El único candidato para las próximas elecciones que ha publicado una postura clara en estos términos de la aconfesionalidad del Estado no es político profesional. Es Fernando Savater, que el pasado día 24 de noviembre publicaba en El País un artículo titulado «Aulas y púlpitos» en el que decía que «Hay que suprimir cuanto antes los acuerdos de España con la Santa Sede». El PSOE lleva denunciar dichos acuerdos en su programa y Podemos dice anular lo que nadie menciona en campaña. Insisto, nadie, por el momento, en público, ha hablado tan claro sobre que el Estado Vaticano es «la única teocracia vigente en suelo europeo, antidemocrática puesto que no respeta en sus elecciones a cargos públicos, derechos humanos fundamentales como la igualdad de los sexos o la libertad de conciencia, que se ha negado a firmar algunos de los tratados más importantes sobre estas cuestiones suscritos por las democracias de todo el mundo. ¿Por qué tiene España que mantener acuerdos privilegiados con semejante entidad, que representa lo contrario de lo que deseamos para las instituciones de nuestro país y de Europa?» Parece que decir esto no interesa en campaña. Además, afecta a la mejora de nuestra Constitución.

miércoles, diciembre 02, 2015

García de la Huerta


Con motivo del bicentenario de la muerte de Vicente García de la Huerta (Zafra, 1734-Madrid, 1787), la Universidad de Extremadura organizó un Simposio Internacional sobre este escritor que se celebró en Cáceres y en Zafra en noviembre de 1987 y cuyas colaboraciones fueron publicadas por la Revista de Estudios Extremeños en 1988 (tomo XLIV, II). Aquel volumen fue la más importante aportación bibliográfica sobre el autor de la tragedia Raquel que se había publicado en mucho tiempo. René Andioc, José M. Caso González, Russell P. Sebold, Philip Deacon, Francisco Aguilar Piñal, Juan Antonio Ríos Carratalá, entre otros, hicieron importantes aportaciones al estudio de la figura y de las obras de Huerta. Pasaron ya veintiocho años desde entonces, y se consideró que era el momento de revisar la variada producción literaria del zafreño y su eco crítico; y el resultado es este libro que acaba de aparecer en la colección Biblioteca Filológica Hispana de la editorial Visor Libros. Vicente García la Huerta y su obra (1734-1787) contiene veinte trabajos distribuidos en cinco secciones (Estudios generales. El erudito. El poeta. El dramaturgo. El polemista) rematadas con una actualizada bibliografía de Huerta y sobre Huerta. Son más de seiscientas páginas que dejan pocos resquicios en el conocimiento integral de esta figura del siglo XVIII español y que deberíamos reivindicar como un ejemplo ilustre de nuestra historia. Por eso me gustaría propiciar una presentación pública de esta novedad editorial en la ciudad natal del poeta, en Zafra. Que no pase como cuando le ofrecí el anuncio de nuestro encuentro sobre García de la Huerta a la entonces —enero de 2015— alcaldesa de Zafra, Gloria Pons Fornelino, que me hizo el mismo caso que Medio-Pollito a su abnegada madre. Será una buena ocasión para que en Zafra, su pueblo y el mío, se difunda de nuevo —en 1987 se clausuró allí aquel simposio; en 1999 se presentaron sus Poesías en la capilla del Parador— la obra de Vicente García de la Huerta.