viernes, abril 11, 2014

Más vida a la vida


© Ramón Torrent
En El séptimo vicio, el espléndido programa de cine de Javier Tolentino que aún pervive en Radio 3, escuché hace unos meses —«una semana» en la primera versión de este apunte— una entrevista con Javier Corcuera, director de la película peruana Sigo siendo (Kachkaniraqmi), de 2013, en la que un músico decía que bailar es «dar más vida a la vida» —hay que ver esa película; yo me fío del criterio de Tolentino. Me acordé de «Quien lee, vive más». Algunas tardes en las que escucho esta frase desde la voz de Javier Lostalé en La estación azul de RNE no puedo leer. Voy conduciendo. Son las tardes de mis sábados hacia Zafra, cuna redoblada porque es espacio y tiempo que paso con mi madre. Javier Cercas tenía razón cuando dijo que Juan Cruz tenía razón cuando dijo que sólo generan polémica los artículos ilustrados por nombres propios. Javier Lostalé puede estar todos los sábados componiendo sus textos sugerentes para decir «Quien lee, vive más»; pero basta que Cercas escriba algo en su medio para que sea esto lo que se difunda y se repita. Bien está. Yo lo hago ahora: «leer novelas y vivir no son actividades contradictorias, sino precisamente complementarias. De hecho, lo primero que aprende el buen lector de novelas es que leer es vivir más, porque es de algún modo vivir todas aquellas vidas que no hay posibilidad o tiempo de vivir. Quien objete que una cosa es la experiencia vital y otra la literaria olvidará que toda experiencia literaria es también una experiencia vital, no menos intensa o verdadera que aquélla.» Lo dijo en un artículo publicado en El País que contestaba a otro de Vicente Verdú también publicado en El País. Creo que de ese debate sobre la novela y su sentido no se acuerda nadie; y estoy convencido de que dentro de un tiempo se repetirá, con otros debatientes. Por cierto, recomiendo la película Sigo siendo, que aún no he visto. P.S.: «¿Es que ya nadie lee?». Me lo decía un amigo el otro día. «Que la gente no lee; ni los que tienen que leer». Sí se lee; quizá más que nunca. Pero sin pararse, sin sosiego. Como se vive.

Una clase apasionante


El lunes fui a dar una charla a un colegio público de Cáceres. Fue en el CEIP «Alba Plata» y hablé a un grupo de chicos de 5º de Primaria y unos pocos más de 6º. Una experiencia luminosa, gracias a una amiga —Vega—, profesora en el centro y una de las responsables con sus compañeras de que sea uno de los colegios públicos que mejor funcionan en esta ciudad. Una experiencia gustosa y un reto. No es fácil —les dije— cambiar el chip después de haber dado una clase en la Facultad a jóvenes de veinte años —noté aquí una admiración—, y hablar de literatura —también— a niños de 5º de Primaria. Tan difícil, diré, que no lo conseguí. Es muy complicado para un profesor de otro nivel bajar a la altura de estos inquietos y despiertos alumnos. Lo único que esperaba es que se me notase mi entusiasmo y mi satisfacción por estar durante más de una hora conviviendo con el presente y el futuro presentido de este país, alumnos con ganas de aprender y profesores entregados a ellos. Nunca mejor dicho, a ellos entregados. Por eso, les leí estas palabras que dijo José Manuel Blecua, director de la RAE, en una entrevista con el periodista Juan Carlos Soriano, publicadas en la revista Turia (núm. 100, 2011-2012): «Reivindico esa labor, incluso social, del profesor de instituto, ya que creo que, junto con el maestro de enseñanza primaria, son piezas vitales de la educación de un país. Luego la Universidad tiene sus alicientes, pero no es comparable. El progreso en el conocimiento resulta enorme a esa edad. Usted toma a un alumno de diez años y lo devuelve a la sociedad con dieciocho, convertido en otra persona completamente distinta. ¡Cómo no va a ser apasionante ese trabajo!». Reconozco que, en ese momento, me dirigía más —con la debida veneración— a los docentes que a los pipiolos, que bien debieron de quedarse con la copla, a juzgar por la batería de preguntas gustosas a la que me sometieron. Los ilustres pipiolos. 

martes, abril 08, 2014

In memoriam Russell P. Sebold


Pasadas las cuatro y media de la tarde recibí la noticia de la muerte del profesor, académico e hispanista Russell P. Sebold (1928-2014), doctor honoris causa por la Universidad de Alicante y Premio Elio Antonio de Nebrija a la mejor trayectoria del hispanismo en 2000. La recibí por un mensaje de Isaac García-Guerrero, a quien conocí epistolarmente como estudiante de doctorado en la Universidad de Wisconsin-Madison. Él quería contactar con el profesor Sebold, «para mí un modelo de hispanista» —decía—, y me expresaba sus ganas de conocerle y de recibir su consejo. Le facilité la dirección de Sebold. Ahora, ha sido él quien me ha dado la triste noticia. Poco después leí otro mensaje, anterior en unos minutos, de mi colega y amigo Jesús Pérez Magallón, que reenviaba el de otro discípulo de Sebold, el profesor de la Universidad de Pensilvania Ignacio Javier López —su sucesor en la dirección de la Hispanic Review—, que informaba con infinita tristeza sobre la muerte del erudito, tras haber sufrido la pasada semana un derrame cerebral, y sobre la posibilidad, según Jane, su viuda, de que se celebre en España una ceremonia en su memoria. Su memoria, ay. Tengo la satisfacción de haber colaborado en preservarla con las líneas que he dedicado a Bud Sebold en este cuaderno de bitácora que él leía, generoso como siempre. No sé si mi última felicitación por su cumpleaños fue ésta, que enlazo; pero me satisface mencionar esta otra nota en la que remito a varias ocasiones en las que nos encontramos, para el que quiera detenerse en vínculos tan expresivos de una bio-bibliografía ejemplar. Su vida, ay. Al enterarme de que hacía una semana que llevaba luchando con la muerte me he acordado de un texto suyo —publicado en ABC en 1993 y luego incluido en su recopilación Ensayos de meditación y crítica literaria (Ediciones Universidad de Salamanca, 2004)— titulado «Ensayos del último acto», en el que se preguntaba por la sensación de, por una convalecencia grave, «estar coqueteando todavía con la mujer alta de la eternidad», en el que hablaba del espíritu de sus queridos poetas románticos y en el que enmarcaba el hondo silencio de la muerte en el paisaje que veía a través de la ventana de un despacho del que han salido letras ilustradas durante más de sesenta años. Descanse en paz.
[Necrología en ABC; y de Pedro Álvarez de Miranda en El País]

domingo, abril 06, 2014

viernes, abril 04, 2014

Octavio Paz por Javier Alcaíns

Javier Alcaíns ha celebrado el centenario de Octavio Paz con este recuerdo —y reclamo— de lo que hizo hace diez años sobre este extraordinario poema.

miércoles, abril 02, 2014

Luigi Giuliani


El viernes 28 de marzo me despedí de un compañero. Ya tiene uno años bastantes para haber despedido a colegas que se han jubilado o que se han trasladado de universidad por razones personales, y también para haber estado en funerales de maestros y amigos; pero lo que he experimentado estos días y el viernes he representado sin público es insólito y lamentable: despedir a un compañero que se va porque no tiene trabajo, no tiene clases que dar, debido al desmantelamiento de los estudios de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en nuestra Facultad de Filosofía y Letras. La escasa docencia de esta área en la Universidad de Extremadura y el número de profesores titulares no permite a Luigi Giuliani (Roma, 1962), después de casi catorce años de servicio a esta Universidad, dar más que unas pocas horas durante unos pocos meses y le propone reubicarse en algún otro centro para impartir materias más o menos afines. La Universidad de Extremadura deja ir a un excelente profesor y prestigioso investigador. Y más, pues llegó a Cáceres en el año 2000 y desde ese momento no ha dejado de aportar a esta ciudad su tiempo y su experiencia para fomentar la literatura y la lectura, el teatro y la música. Desde diciembre de 2003 organizó los terceros lunes de cada mes un Reading, una sesión de lecturas de textos propios o ajenos de los participantes que en poco tiempo logró un fiel grupo de seguidores. Fundó y dirigió el Festival Irish Fleadh, que aún pervive y que celebró ya su décima edición. En colaboración con el Festival de Teatro Clásico de Cáceres promovió las jornadas «Texto/Escena», que fueron un provechoso complemento de la programación teatral del festival; y testimonió su afición al teatro en las críticas que publicó en el diario Hoy en varias temporadas. Desde su área de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, organizó durante diez años el Taller de Estudios Textuales, en el que colabora el grupo de investigación Prolope de la Universidad Autónoma de Barcelona. Luigi Giuliani, representante de España en la dirección de The European Society for Textual Scholarship, es editor de Lope de Vega, de los Poemas del soldado y poeta del siglo XV Juan de Tapia, de las Tragedias de Lupercio Leonardo de Argensola, de los Sonetos de Giuseppe Gioachino Belli; ha escrito sobre Juan de la Cueva, sobre la parte de comedias como género editorial, y va a ser, sin duda, uno de los investigadores que más va a aportar al estudio de un libro como Roma, peligro para caminantes, de Rafael Alberti. Yo, realmente, creo que esto no le importa a casi nadie de mi entorno universitario. Pasará, y punto. A mí sí me importa. Y a muchos estudiantes de Teoría de la Literatura que han pasado por nuestra Facultad, a los que siempre he escuchado palabras elogiosas sobre Luigi. También a la Universidad de Perugia (Italia), que le ha propuesto dar sus clases allí.

domingo, marzo 30, 2014

Ada Salas en Cáceres


Mañana lunes, a las ocho de la tarde, en el Salón de Actos del Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande», la escritora Ada Salas presenta su libro Limbo y otros poemas (Valencia, Pre-Textos, 2013). El acto lo organiza la Asociación Cultural Norbanova en su ciclo «Aula de la Palabra». Allí estaremos.

viernes, marzo 28, 2014

Acierta Pilar


Ayer, de camino a la presentación de este libro de Pilar Galán, vi el anuncio de la próxima apertura de una clínica dental en Cáceres: «1.000 m2 de ilusión». ¿Una clínica dental o un parque temático? Y pensé en que Pilar le podría sacar partido a esto. Se le da bien el cuento, la literatura concentrada en términos precisos, como los renglones contados del juego de hacer versos. Como la mirada cuadrable, cotidiana y fantástica de su admirado Juan José Millás. Acierta siempre. La última vez fue con su anterior libro de relatos, Paraíso posible, y ahora con Tecleo en vano, también publicado por De la luna libros y compuesto por veintidós cuentos, unos muy breves («Declaración de amor»), otros más largos («Lección de literatura»), y alguno, el último, de dudosa pertinencia literaria, a pesar de su intención estructural y de su rotunda pulsión sentimental («Mesa camilla o estructura circular»). Acierta Pilar —se me ocurre un calambur dirigido a cierta Pilar que estuvo y no estuvo en la presentación. Acierta Pilar —y su hermana Carmen, que la presentó ayer— en llamar a estas delicias «cuentos lingüísticos», hilarantes algunos —como son sus presentaciones—, y acierta en convertirlos en muestras del respeto que una escritora y profesora tiene por las palabras. Porque con ellas se alcanza «la raíz tenebrosa de la vida», como dijo el maestro Francisco Brines, y son, al cabo, las que explican que acierte Pilar en trufar la coña con textos estremecidos como «Volver, con la frente marchita» —encabezado con unos versos de Luis Rosales—, y conmovedores y tristes como «No se ofenda usted, caballero». Acierta Pilar en seguir fomentando su punto de vista subjetivo, su primera persona, su manera de hacer un cuento confesional y memorioso, como una fe de vida. Acierta Pilar en repetir en varios cuentos alusiones al picor causado por la ropa —en «Declaración de amor», «Yinguel bel», «Una espiga dorada por el sol»—, que debe de ser una de esas marcas del pasado que se convierten en antojos literarios. Acierta Pilar en ese paratexto que ha puesto en la cuarta de cubierta y que es otro microrrelato que contiene el índice del volumen, que remite a casi todos y casi cada uno de estos benditos cuentos sobre los que, a estas horas, estoy seguro, no he tecleado en vano. Acierta Pilar.

martes, marzo 25, 2014

Rosa Cúbica


«Ya en el espacio desierto, descubrimos las primeras palabras; la arena dibuja la rosa. Proyectamos la incertidumbre de esa imagen en el tiempo, y hallamos así nuestro objetivo: ni nostalgia, ni negación del pasado: proyección incierta en el tiempo que, como el espacio vacío, espera el gesto que delate su silencio ensimismado. | Asumir de forma crítica una pluralidad de pasados sin prefijar nuestro futuro; no buscar un lugar en el equívoco generacional. Construir un espacio de creación donde hacer sensible la objetividad secreta de las cosas y la luz que las sueña; un espacio de creación que tenga lo único que permanece: el temblor de lo efímero. | Rosa Cúbica es una revista de poesía, y desde la poesía quiere ser también un acercamiento a las otras artes, un lugar, por tanto, para la analogía. El número cero traza, en ese sentido, de forma breve pero definida, su esencia-aroma, taco, sombra.» Con este texto como editorial inauguraban Alfonso Alegre Heitzmann y Victoria Pradilla el número 0 de su revista Rosa Cúbica aparecido en mayo de 1987, hace casi veintisiete años. Veinte páginas tenía aquella primera entrega de presentación, que publicó un dibujo y unos poemas de Paul Klee traducidos por primera vez al español por Andrés Sánchez Pascual, junto a dibujos y poemas de Albert Ràfols Casamada y del director de la revista, Alfonso Alegre, que dialogaba en tres de ellos con estos artistas mentores de Rosa Cúbica, los citados Klee y Ràfols Casamada, y Luis Fernández, al que dedicarían el número 1, de invierno, impreso en febrero de 1988. El catálogo de la revista hasta su número 23-24 —de 350 páginas—, sobre la poesía mexicana moderna (2001), es deslumbrante como recorrido por algunas de las poéticas contemporáneas más interesantes y ha propiciado la difusión en España de textos de poetas como Marina Tsvetáieva, amén de algunos números monográficos memorables —Juan Ramón Jiménez último, Paul Celan o José Ángel Valente. El espacio desierto en que ha operado Rosa Cúbica ha trascendido hasta las páginas de las cuidadas ediciones de sus colecciones publicadas hasta la fecha, algunas de las cuales se han difundido en Pura tura; y todo, ahora, puede consultarse en la recién inaugurada página de este proyecto editorial con tanta historia. Es lo que quería decir, que Rosa Cúbica ha abierto página web. Más espacio de creación.

lunes, marzo 24, 2014

Aulaga Folk


Hoy ha abierto José Miguel López Discópolis con el «Reeguedoble», de Aulaga Folk, que estaba en su disco A menos cuarto (2011), una versión de la popular jota cacereña con ritmos de reggae. Esta fresca lectura del folclore me ha hecho recordar la promovida por Paco Lobo en el disco 9 noches, 9 candiles, que mencioné aquí. Aulaga Folk va a participar mañana en el primer día del ciclo de conciertos de «Ritmos Étnicos» en la Sala Berlanga de Madrid del programa Discópolis, que retransmitirá en directo desde allí. El miércoles tocará Amesmalúa, y el jueves 27 de marzo Castijazz. Me conformaré con imaginarme la cacereña calle Caleros llena de gente joven una mañana moviéndose al son especial y alegre de ese redoble de Aulaga Folk, y difundiendo un mensaje festivamente solidario. Que con música las penas son menos.

martes, marzo 18, 2014

Diego Doncel en el Aula Valverde


Este jueves, 20 de marzo de 2014, a las 20:15 horas, en el Salón de Actos del Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande» de Cáceres, el escritor Diego Doncel (Malpartida de Cáceres, 1964) participará en la última de las lecturas de este curso del Aula literaria «José María Valverde» de la Asociación de Escritores Extremeños. El viernes 21, a las 12 de la mañana, tendrá el encuentro con los estudiantes de Secundaria de los seis centros participantes en el aula, y con los universitarios de la Facultad de Filosofía y Letras, que en esta ocasión hace de anfitriona. De la Facultad de Letras de Cáceres, mediada la década de los ochenta, salió Diego Doncel como licenciado en Filología Hispánica y como uno de los jóvenes poetas que habían mostrado por primera vez sus versos en antologías como la promovida —a partir de unas lecturas organizadas en la Diputación Provincial de Cáceres— por Ángel Sánchez Pascual: Jóvenes poetas extremeños en el 'Aula' (1983); o Abierto al aire, la antología consultada que concibieron los poetas Ángel Campos Pámpano y Álvaro Valverde, publicada en 1984. A aquella Facultad de Letras volverá Diego Doncel este viernes, con el equipaje eminente de una obra poética y narrativa acreditadas, desde su premio Adonais por El único umbral (1990), su primer libro de poemas, hasta el Premio Café Gijón por su novela Amantes en el tiempo de la infamia (2013), su última obra publicada.

domingo, marzo 16, 2014

Moret y Bécquer


Grabado de Rico sobre fotografía de Laurent
El año pasado alguien tuvo en Cáceres la feliz iniciativa de recordar, por el primer centenario de su fallecimiento, a la figura de Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz, 1833-Madrid, 1913), el creador de la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres y de Aldea Moret, y promotor del paso del ferrocarril por esta ciudad. Segismundo Moret fue Presidente del Gobierno de España durante unos meses del reinado de Alfonso XIII, además de Presidente del Congreso hasta su muerte; y, antes, fue Ministro de Ultramar y de Hacienda cuando Amadeo I de Saboya. Es Moret un personaje histórico que fue reconocido como Hijo Adoptivo de Cáceres y que muchos aquí lo pronunciaban sin conocimiento cada vez que mencionaban «Aldea Moret», el popular barrio cacereño, o la calle Moret, que llevan su apellido. En esa calle en la que los vecinos de mi barrio tomamos las cañas, hay, desde los actos de conmemoración del pasado año, una lápida en la pared en donde se le recuerda. No sé si en algún momento, en alguno de los actos en los que se habló de Segismundo Moret, se mencionó a Gustavo Adolfo Bécquer. Sí, el poeta sevillano, que publicó —con su habitual inicial B.— en La Ilustración de Madrid (27 de julio de 1870) un elogio del singular político que algunos biógrafos del escritor, como Robert Pageard, han considerado un texto de mucho interés por la expresión que en él hace de su fervorosa adhesión a la abolición de la esclavitud, «el acto más trascendental, más importante, y de seguro más definitivo y permanente de la Revolución de Septiembre», en palabras de Bécquer, que dijo además de Segismundo Moret: «Dotado de palabra fácil y elocuente, de clara inteligencia y de altas prendas de carácter, desde el momento en que entró a figurar en la vida pública, haciendo sus primeras armas en el campo de la ciencia política antes de bajar al de la práctica, cuantos siguen con alguna atención el movimiento intelectual y político de la España moderna comprendieron que el señor Moret estaba llamado a colocarse en primera línea entre sus hombres más notables».

miércoles, marzo 12, 2014

La poesía de Luciano García Lorenzo


Habría que hacer una desprejuiciada historia breve de la poesía escrita por filólogos, historiadores y críticos de la literatura. Sería difícil. Por lo de los prejuicios; no por falta de materiales. Es una literatura casi invisible, si se tiene en cuenta su influjo en el panorama. Pero es una literatura siempre presentida. Cuando yo era estudiante, sabíamos que Juan Manuel Rozas escribía poemas porque de vez en cuando en sus exámenes colaba una décima propia al lado de otra de Guillén para que analizásemos las claves de la escritura del autor del 27. Luego vino De la consolación y de sus dioses (1984), que fue el primer libro de nuestro profesor. Jorge Urrutia no llegó a darme clases; pero recuerdo que le leí como poeta antes que como estudioso porque era uno de los autores que incluyeron Fanny Rubio y José Luis Falcó en aquella antología de Poesía española contemporánea (1939-1980), de Editorial Alhambra, de 1981, que tuve un tiempo como lectura. Siempre sospechamos que el profesor Ricardo Senabre escribía versos en la intimidad de sus cartas de esmerada caligrafía; y a los Poemas sin querer (1990) de Manolo Ariza ya me he referido aquí. Aparte ciertos profesores-poetas reconocidos, como Guillermo Carnero, Jaime Siles o Luis García Montero, entre otros muchos, esa historia debería tener en cuenta a poetas como Francisco Aguilar Piñal con sus Sonetos de otoño, cuya primera edición data de 1988, o su galería Mis dioses favoritos en el Museo del Prado (2004); o como Francisco Rico, que en más de una ocasión ha publicado poemas de estirpe clásica y espíritu moderno cuando le pedían una contribución a un homenaje filológico. Y una historia así, casi secreta, debería tener en cuenta a escritores como Luciano García Lorenzo (Zamora, 1943), del que no sabía que escribía poemas hasta que recibí Verde oscuro (Madrid, Visión Libros, 2013), que vino seguido de Cenizas y diamantes (Madrid, Editorial Orígenes, 1991), un libro anterior. Y hubo más, según leo, pues Día a día parece que fue su primer libro (Zamora, Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, 1990), escrito en clave elegíaca tras la muerte de su esposa, clave que se prolonga en los primeros poemas de Cenizas y diamantes («Supe de golpe que la muerte existe / y no por ver tu cuerpo sosegado. / Lo supe porque también de golpe / dejé de ser yo mismo.»). Muchos años después ha aparecido este Verde oscuro. Oscuro; pero no sombrío. Lo justo, pues contiene celebración amorosa, reflexión concentrada sobre el paso del tiempo, o la jubilosa constancia de la experiencia de esos hijos nuevos que pueden ser los nietos —no lo sé—; pero también la rabia del ciudadano que se duele de las miserias y etcétera del siglo veintiuno y de la España de ahora («que aquí están otra vez los cuarenta ladrones prepotentes»). Y, sobre todo, tiene este libro literatura, la que se muestra en la diversidad de formas, del soneto al versículo, y la que se ve en el paseo por la historia literaria de los ecos y llamadas a Lope, Lorca, Emilio Prados, San Juan de la Cruz, Cernuda, Aleixandre, Claudio Rodríguez, Fray Luis de León, Antonio Machado..., y otros que, al fin y al cabo, hacen ese rasgo común de todos esos filólogos poetas que pueblan esa historia de la literatura no escrita que alguien algún día podría, al menos, censar.

martes, marzo 11, 2014

11-M


Hoy se cumplen doscientos sesenta años del nacimiento en Ribera del Fresno (Badajoz) del poeta extremeño Juan Meléndez Valdés (1754-1817). No, no me he vuelto tonto. El 11-M es para siempre la fecha del más horrible atentado de la historia de España; pero aquella mañana de hace diez años escuchaba en la radio a Iñaki Gabilondo mientras me afeitaba antes de salir de viaje para participar en un acto en Ribera que anunciaba —el mismo día de su 250 aniversario— un simposio que celebraríamos en noviembre dedicado a «Batilo», el poeta neoclásico. A las ocho menos veinte Iñaki Gabilondo dio la noticia de una explosión en la estación de Atocha en la que parecía que había habido heridos. Ya en carretera, se hablaba en la radio de decenas de muertos, que iban aumentando a medida que yo recorría los kilómetros hasta llegar al pueblo en el que nació Juan Meléndez Valdés. Allí fue el encuentro con el alcalde, Antonio Fernández García, y con Javier Bodas y José María Corrales, que representaban a las instituciones —Diputación de Badajoz, Junta de Extremadura— que colaboraban con el ducentésimo quincoagésimo aniversario del nacimiento del escritor-magistrado. Veíamos la televisión en un bar del centro del pueblo mientras tomábamos un café antes de volvernos a nuestros respectivos sitios tras haber cancelado tácita y lógicamente el acto. «Esto no es cosa de ETA», dijo uno de nosotros; o todos a la vez, allí mismo. Volví de Ribera del Fresno a mi Facultad a tiempo para estar en los cinco minutos de silencio que guardamos por las víctimas del atentado. Era la una del mediodía y los muertos ya pasaban, me parece, de setenta. Recuerdo con sonrojo el enfado de un estudioso de Meléndez Valdés, Antonio Astorgano Abajo, por la suspensión de un acto sobre el escritor ilustrado que también estaba programado para esa mañana en la Biblioteca Nacional, en Madrid. Otra teoría conspirativa por la cual todo el mundo estaba empeñado en ningunear al gran Meléndez Valdés. ¡Ay, en la Biblioteca Nacional en la que trabajaban tres de los fallecidos en los atentados y varias víctimas más! No se puede olvidar aquella acción salvaje, el sufrimiento de todos los afectados, la solidaridad del pueblo de Madrid, de toda España; no se puede olvidar la actitud de aquel gobierno y la gestión repugnante que hizo de todo. No. Diez años después sigue el recuerdo vivo; e imagino qué será para aquellos que lo sufrieron en carne propia. El mismo día de las elecciones, el 14-M, llegaba a Cáceres, a las ocho de la tarde, Carlos Marzal, que venía al Aula Valverde, desde Atocha.

jueves, marzo 06, 2014

Marià Manent


Esta antología poética del escritor catalán (Barcelona, 1898-1988) es la tercera entrega de la colección «Voces sin tiempo» que edita la Fundación Ortega Muñoz y que dirigen Jordi Doce y Álvaro Valverde. Los veinticinco poemas que se dan traducidos por el profesor, traductor y ensayista José Muñoz Millanes (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1951) saben a poco; pero hay que reconocer que, por mor del excelente criterio de dar también la versión original, ocupan el doble; y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar el coste de una edición como la presente, muy cuidada y eficaz en su intención de mostrar algo de lo más representativo de la obra de Marià Manent, desde sus comienzos, con tres textos de La collita en la boira (1920) y dos de L'ombra i altres poemes (1931), hasta su libro de senectud El cant amagadís (1986), con un eje central que son los quince poemas de la cumbre de su lírica: La ciutat del temps (1961), en los que se aprecia la exigencia formal y la plenitud de su mirada sobre la naturaleza, la vida o los seres en ellas; incluso la vida en la muerte, como en «Entierro de una joven en Sallagosa». La obra de Manent es admirable también por haber abierto en su tiempo las puertas para que entrase la poesía extranjera, principalmente inglesa, en el ámbito ibérico. Admirable, en su tiempo, la labor de Enrique Díez-Canedo; como la actitud de poetas como Gil de Biedma que echaban en cara a otros con elegancia no haber leído más allá de su cerca. Gracias a ello, y gracias a quienes, como Marià Manent, nos han mostrado la literatura en otra lengua; la que se ve también cuando uno lee los poemas de esta Antología poética. Saben a poco estos veinticinco poemas; pero ya lo dice Muñoz Millanes, «la grandeza de la poesía no tiene nada que ver con la cantidad».

miércoles, marzo 05, 2014

Estudios extrem(eñ)os


Mi suscripción a la Revista de Estudios Extremeños está convirtiéndose con el tiempo en un problema de espacio. Pasa, me dirán, con toda suscripción a una colección de libros; pero en este caso es más grave por el notorio y progresivo grosor que cada año tienen los volúmenes de una revista que nunca se había caracterizado por estos excesos. Y todo esto sin razón aparente. El lomo del número III del tomo LXIX que recibí el último martes de febrero mide 5 centímetros y tiene 816 páginas. Y no es un número extraordinario. Bueno, lo es; pero quiero decir que no se trata de un número enteramente dedicado a un motivo, como el anterior, en homenaje a Julio Fernández Nieva (700 páginas), o el anterior, que recogió el VII Encuentro Historiográfico del GEHCEx sobre Extremadura hacia la modernidad (1808-1874), de 710 páginas. ¿Por qué ocurre esto en una publicación cuyas normas para el envío de originales advierten de que éstos «no podrán exceder de 30 páginas»? En este volumen hay un artículo sobre Catalina Clara Ramírez de Guzmán que tiene 43 páginas, otro sobre las Ordenanzas de Monroy de 63 páginas; hay otro sobre los estudios etnográficos en la propia REEX de 75 páginas, y hay dos artículos más que llegan hasta las 91 páginas. A falta de justificación, algunos de estos trabajos tienen faltas de ortografía, erratas y están mal escritos. Me preocupa esto. Mientras hojeo este tomazo pienso en esa tendencia de la universidad española a valorar al peso la investigación y el conocimiento; de tal forma que un artículo de sesenta páginas vale más que uno de veinte y que un currículo con quinientos ítems es mejor que otro con cien. Sin ser universitaria y sí haber sido la primera internacional por estos pagos, parece que la Revista de Estudios Extremeños, fundada en 1927, se ha contagiado de este espíritu que nos invade de ser más con más, y lo más rápido posible. Bastaría, cuando menos, con respetar las normas que la propia revista difunde, para evitar que lo que antes eran las tres entregas del año sea ahora tan sólo una tercera parte. O eliminar las normas, ya que tomo a tomo se quebrantan. Por el momento, a mi querida Revista de Estudios Extremeños le hago sitio.

lunes, marzo 03, 2014

Corner of the silenced


Por mediación de Tomás Sánchez Santiago, autor del prólogo, he recibido este libro de Juan Carlos Pajares Iglesias (Huelva, 1961), Corner of the silenced (Un año en Tam Tam Press), publicado a finales del pasado año en EOLAS Ediciones de León. Cuando lo abrí y hojeé por primera vez creí que era un libro de poemas por la mancha tipográfica reducida y centrada en la página. Luego, al empezar a leer alguno («Y la nieve pintó de blanco el hayedo, el robledal, los campos. Otra vez ese silencio algodonado […]») creí que se trataba de poemas en prosa. Y al hacer caso —sabia decisión— a lo que dice Tomás Sánchez Santiago en su prólogo —que trae a colación el libro Manga por hombro de Elías Moro—, ya supe que estaba ante una colección de aforismos, de escritura lapidaria. Ya sí, cuando leí del primero al último de los cincuenta y dos textos de Corner of the silenced de Pajares Iglesias, ya me di cuenta de que estaba ante una especie de reunión de teselas de escritura civil, de, como dice Tomás Sánchez Santiago, de un «manual para aturdidos  con el que se deberían recuperar las agallas de la dignidad. En las escuelas, en los hospitales, en las paradas de autobús, en las pantallas de los estadios tendrían que estar a la vista estas páginas, de una en una, pequeña baraja de lápidas que habría de terminar con el rincón de los silenciados, que ya no caben, desde luego, en un rincón». No exagera. Si en las escuelas, en los hospitales, en las paradas de autobús, en las pantallas de los estadios pudiésemos leer páginas como las de este libro, nuestra dignidad sería más grande y visible, igual que la certeza sobre la desvergüenza de tanto que nos rodea. Es verdad. «Urge un reparto equitativo de la pobreza», que es el texto número 18, parece una viñeta de El Roto. Hay otros igual de contundentes, en los que sobrevuelan asuntos como los desahucios, la riqueza extrema, los paraísos fiscales, la corrupción política, o el patriotismo que «es un sentimiento exclusivo de los señoritos porque ellos heredarán la tierra» (pág. 63). El subtítulo del libro (Un año en Tam Tam Press) desvela que los textos provienen de la sección «Aforismos del pájaro» que Pajares tiene desde octubre de 2012 en el recomendable proyecto de periodismo digital Tam Tam Press. Ay, si uno lo hubiese leído antes, no se le habría ocurrido decir lo de arriba de la apariencia de poemas. Aunque haya textos que parezcan pausas líricas entre los gritos justificados que, ahora reunidos, han sido dedicados por su autor a los mineros leoneses que el 28 de octubre de 2013, en la mina de Llombera, murieron a causa de un escape de gas: Orlando González Fernández, José Luis Arias, Roberto Álvarez, Manuel Moure, Juan Carlos Pérez y Antonio Blanco. Basta leer en voz alta estos nombres para apreciar su eufonía, frente al graznido que resulta si uno dice los nombres que ocupan las noticias diarias, desde Bárcenas a Lagarde. Hay, pues, en Corner of the silenced un aire elegíaco; pero, sobre todo, hay una escritura de calidad, eficaz y necesaria en estos tiempos. Y en todos.

sábado, marzo 01, 2014

Una faja


En un descuido, he tirado una pila de novelas que tenía en mi escritorio. En el suelo, una faja suelta de un color llamativo con tres asertos: «La mejor novela del año», «La lucidez narrativa que todos estábamos esperando», «Ya es hora de proclamar la excelencia de este autor». Y ahora no sé en qué libro estaba.

viernes, febrero 28, 2014

Libro de guisos y dulces


Como el «primer recetario femenino» anunció Víctor Infantes hace poco en un artículo (en la Revista de Escritoras Ibéricas, 1, 2013, págs. 31-50) este Libro de apuntaciones de guisos y dulces de María Rosa Calvillo de Teruel que ha publicado Visor Libros. Aquellas palabras de Infantes son ahora la introducción de la edición del texto a cargo de Elena Di Pinto. La impresión de la obra ha estado al cuidado exquisito de Gráficas Almeida, lo que quiere decir que de José Manuel Martín y del mencionado V. I.; y por eso —creo— encabezan el libro una dedicatoria y un lema. La primera, a doña María Brey, «siempre en el recuerdo», pues ella fue la propietaria del manuscrito —regalo del librero Luis Bardón en 1969— que mostró a Infantes hace un tiempo que va para veinte años. El segundo, de Sor Juana Inés, de su Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz: «Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito». El cuaderno de recetas que ahora se edita es de mediados del siglo XVIII y no tuvo más pretensiones que ser eso, un cuaderno en que reunir para su preservación en el tiempo, como así ha sido afortunadamente, un centenar de recetas. De hecho, ni siquiera su autora puso su nombre; y fue una mano ajena la que añadió «Por Maria Rosa Calvillo de Teruel», como conjetura Víctor Infantes, una cocinera contratada en alguna casa burguesa o, simplemente, una ama de casa que por afición quiso formar su propio cuaderno gastronómico, cuyo análisis lingüístico lo sitúa en Andalucía, y más concretamente, en Sevilla. El estudioso reconstruye con un alto grado —para mí— de seguridad la genealogía del manuscrito y lo trata en un panorama de la literatura gastronómica española y europea (Francia, Inglaterra, Alemania) femenina desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. A mí me parece un libro delicioso, y no sólo por el arroz con almejas o el conejo con cebollas, no por contar el modo de guisar los pichones en Extremadura o el de componer las perdices como en Sevilla, sino porque tiene lo que han de tener los mejores platos: una buena presentación y fundamento culinario.

Libro de apuntaciones de guisos y dulces, por María Rosa Calvillo de Teruel (c. 1740). Presentación de Víctor Infantes. Edición de Elena Di Pinto. Madrid, Visor Libros, 2013.

jueves, febrero 27, 2014

Paco de Lucía


© José Ayma, 1994
Ha faltado él en todas las necrologías que se han publicado desde la muerte del maestro en la madrugada de ayer. De ambos habla Antonio Lucas aquí. De los dos se acordó Santos Domínguez en su blog. Va por ellos, por Félix Grande y por Paco de Lucía, que estarán tocando la guitarra en algún sitio. Y suena ahora un fandango de Sólo quiero caminar. 

miércoles, febrero 26, 2014

Letras con el cine español


Mañana jueves 27, a lo largo de la mañana, la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres acogerá una actividad de difusión del 21 Festival Solidario de Cine Español en la que se mostrarán algunos tráileres de las películas que se proyectarán en la sección oficial desde el lunes 3 al viernes 14 de marzo, y se informará a los estudiantes de los diferentes grados de la Facultad sobre pases y descuentos para ver cine español en este Festival Solidario.

¿De qué se ríen?


Primera fotografía © Olivier Huslet / efe Última fotografía © Claudio Álvarez / el país

viernes, febrero 21, 2014

Los diccionarios de español a través de la historia


© Fundación Juan March
Brillante, como siempre, Pedro Álvarez de Miranda en las conferencias que ha pronunciado esta semana —el martes 18 y el jueves 20— en la Fundación Juan March en un pequeño ciclo dedicado a los diccionarios de español a través de la historia, a través de más de cinco siglos de historia desde el Vocabulario de Nebrija. Pueden escucharse aquí; la del martes, que tituló «De Nebrija a la Academia», y la de ayer, «De la Academia a Manuel Seco», cuyo audio he esperado hasta hoy para enlazarlo tras su escucha. (Prodigio dichoso para quienes no pudimos estar de cuerpo presente). La lexicografía anterior a la Academia tiene en Nebrija y en Covarrubias a sus dos referentes principales, sobre los que Pedro Álvarez de Miranda trató el martes jugosamente en su primera conferencia, que se extendió hasta el ya académico Autoridades (1726-1739) y otros repertorios emprendidos por la institución, como los dos intentos frustrados de elaboración de un Diccionario Histórico. La segunda conferencia toma como primer objeto de estudio el singular Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana  (1786) del jesuita Esteban de Terreros, y recorre otros diccionarios del siglo XIX y del XX, en el que hay dos perlas como el Diccionario de uso del español (1966-1967) de María Moliner —excelente reseña de sus rasgos la que hace Pedro— y el Diccionario del español actual (1999) dirigido por Manuel Seco, que, en palabras de Álvarez de Miranda, es una proeza que rompió el círculo vicioso en que estaba empantanada, por su dependencia del Diccionario de la Academia, toda la lexicografía española. Manuel Seco, que junto a Rafael Lapesa, los dos maestros de Pedro Álvarez de Miranda, son dos de los nombres más devotamente pronunciados en estas dos esclarecedoras conferencias, tan bien dichas.

jueves, febrero 20, 2014

Ramírez Lozano en Cáceres


Imagen © Alejandría Little Films
También este viernes 21, en el Colegio Mayor «Francisco de Sande» de Cáceres, también a la misma hora que el homenaje a Manuel Ariza, va a celebrarse una nueva edición del «Aula de la Palabra» organizada por la Asociación Cultural «Norbanova» que conduce con apasionada mano Jesús Mª Gómez Flores, magistrado, poeta, editor y responsable de que contemos nuevamente en Cáceres con la visita del escritor José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950). Aludo a lo coincidente porque en esta ocasión me resulta difícil desdoblarme; aunque, quién sabe, igual puedo llegar a los postres de una lectura poética —presumo— del autor de la Elegía de Yuste, uno de sus últimos libros, premiado también con el «Ciudad de Pamplona» en su séptima edición. Con su estirpe funeral, «Cipo» es el título del último poema de ese libro, que mañana voy a llevar a clase para mostrar a mis alumnos otro ejemplo —hace ya días que leímos otro texto compacto, este en octosílabos, del Gerardo Diego creacionista— de expresión poética tersa que a la vez dibuja la figura de su referente real. De la columna al poema. El poema y la columna. José Antonio Ramírez Lozano será presentado por otro poeta, Santos Domínguez. Razón de más para desdoblarse. A las 20:00 horas, mañana viernes 21 de febrero de 2014, en el salón de actos del Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande» de Cáceres.

miércoles, febrero 19, 2014

Con Manolo Ariza


Foto © Claudio del Campo
Vuelven a este espacio el título y la fotografía de esta entrada porque no pudo hacerse lo que anunciaban. Murió Diego Ariza un día antes y todo se fue al traste. También el homenaje a Manolo que ahora se retoma y recompone. Será este viernes. La fotografía de arriba, como ya dije, presidió, con travieso descaro, el paraninfo de la Universidad de Sevilla en el acto de homenaje a Manolo Ariza del viernes 25 de octubre de 2013, en el que compañeros, amigos, alumnos y su querida Ninfa dijeron palabras muy justas y muy emotivas en su recuerdo. En Sevilla dio clases Manuel Ariza Viguera desde 1989; en su Universidad, en la que formó a un buen número de promociones de estudiantes de Historia de la Lengua hasta su muerte el 15 de octubre del año pasado. Pero Extremadura también fue su Universidad, desde 1975 hasta su marcha; y Cáceres fue su ciudad, bien vivida y bien conocida, en la que dejó muchos amigos a los que siguió viendo y tratando mucho después. Éstos, muchos antiguos alumnos, sus compañeros en la Facultad de Letras —Gregorio Torres Nebrera ya no está—, su familia de aquí —Diego ya no está—, muchos conocidos, nos reuniremos por fin este viernes, 21 de febrero, a las 20:00 horas, en el salón de actos del Instituto de Lenguas Modernas de la UEX, para recordarle. Lo merece quien fue un brillante estudioso de la lengua española en su historia, un apasionado de la docencia, un buen profesor pendiente siempre de sus alumnos y comprometido con su entorno, que nunca dudó en implicarse en el debate y en la discusión civilizada —con convencida pertinacia— para mejorar las cosas. Este viernes, con Manolo. Y esta vez, con el justificado recuerdo a Diego Ariza. Quiero creer que Diego quería estar en el homenaje a su hermano programado para el pasado 28 de noviembre; que quiso estar y no pudo, que casi murió en el intento. Este viernes estará. Él también fue profesor de la Universidad de Extremadura.

© Diario HOY
Viernes 21 de febrero de 2014. Instituto de Lenguas Modernas de Cáceres (Avd. Virgen de la Montaña, 14). 20:00 horas.

martes, febrero 18, 2014

Grimm


Grimm. Un mundo de cuentos es el título de la exposición que va a estar desde hoy hasta el 14 de marzo en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, organizada por el área de Filología Alemana del Departamento de Lenguas Modernas y Literaturas Comparadas de la UEX y el Goethe-Institut. Como dice la nota que me llega de Olga García y Andreas Lampert, la exposición hace un recorrido por los motivos y rasgos más característicos de los «Cuentos de niños y del hogar», una  colección recopilada y publicada por los Hermanos Grimm, que es, junto con la Biblia de Lutero, la obra más conocida y de mayor difusión de la historia cultural alemana, y que en 2005 fue incluida en el Programa Memoria del Mundo de la Unesco. La muestra también ofrece referencias a algunos fondos bibliográficos catalogados en la Biblioteca Central de la UEX y en el área de Filología Alemana.  Por cierto, ya que viene al caso: hay que tener en cuenta al extremeño Vicente Barrantes en la historia de la recepción en España de esta literatura del cuento (Poe, Hoffmann y también los hermanos Grimm).

lunes, febrero 17, 2014

Federico Campbell


Por la necrología publicada hoy en El País por Juan Diego Quesada me he enterado de la muerte el sábado del escritor tijuanense Federico Campbell, que, a pesar de su intensa trayectoria profesional como editor y periodista, y literaria como novelista y traductor, para mí es autor de un libro principal: Infame turba. Aquel volumen de entrevistas a pensadores, poetas y novelistas de la España de 1970. Leopoldo María Panero, Ana María Moix, Guillermo Carnero, Vicente Molina-Foix, Pere Gimferrer, Félix de Azúa, José María Guelbenzu, Terenci Moix, Car[los y Eu]genio Trías, Salvador Clotas, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix Grande, Luis Goytisolo, Juan Marsé, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, Juan García Hortelano, Carlos Barral, Juan Benet, José Manuel Caballero Bonald, Ana María Matute, José María Castellet, Carmen Martín Gaite, Ángel González y Gabriel Ferrater. Sigue pareciéndome un documento excepcional. Lo manejé por su primera edición de 1971, y años después compré la reedición (Barcelona, Editorial Lumen, 1994), cuya cubierta reproduzco arriba, que recuperó también las fotografías de César Malet de los entrevistados. Este curso me seguirá sirviendo para hablar en clase de cuarto del grado de Filología Hispánica de Juan Marsé y de Jaime Gil de Biedma. A cinco de aquellos entrevistados, los desaparecidos —Ferrater, Barral, Gil de Biedma, Benet y García Hortelano—, se dedicó aquella reedición del 94. Si se hiciese ahora otra edición con dedicatoria, habría que sumar los nombres de Terenci Moix, Carlos y Eugenio Trías (Cargenio), Manuel Vázquez Montalbán, Félix Grande, Claudio Rodríguez, José Mª Castellet, Carmen Martín Gaite y Ángel González. Estas líneas quieren ser también una reedición de Infame turba, y, por ello, una dedicatoria al que nos falta más reciente: Federico Campbell (1941-2014).

sábado, febrero 15, 2014

Anónimos


Hace unos meses alguien me envió un comentario al blog en el que me trasladaba su decepción por comprobar que yo censuraba las comentarios. No era tal; pero era verdad. Yo no censuro ningún comentario enviado; simplemente, no publico ya —hubo un mal momento en que sí lo hice— los comentarios ofensivos, negativos, sarcásticos, irónicos o mordaces que no van firmados o que no son identificables. Sólo tolero el mensaje anónimo positivo, el que elogia y no ofende, porque considero que en ese caso puede ser comprensible el pudor, razón de más para ocultarse; y porque se hace bien al aludido. Pero no la cobardía estulta del que me dice que hay otros libros mil veces mejor que el que yo recomiendo, y que tengo un «gusto raro»; no el comentario del cobarde que quiere aludir —y no lo logra— a personas con nombres y apellidos —yo el primero, con perdón— que aparecen mencionadas en este espacio, y que lo hace con la voluntad de herir, de ridiculizar, de hacer daño. Aquí, en este espacio, y en otros. No comprenderé nunca cómo es posible que algunos periódicos digitales, por falta de control, por la incuria de siempre, permitan el escarnio y, lo que es peor, difundan el analfabetismo de tanto berza que se arroga con derecho a una mal comprendida libertad de expresión. Al menos, y lo rechazo, en un estadio de fútbol, el que insulta ha pagado la entrada. Si yo fuera mujer, me pasaría, como escribió Arturo Pérez Reverte, por «la bisectriz del chichi»* los comentarios sin firma, salvo error o pudor. Con todo respeto, como el que ha de exigirse a alguien que, a cara descubierta, da su opinión. Siete años va a cumplir pronto el texto de mi hermano que suscribo y del que recupero la viñeta de Mauro Entrialgo.

* Nota bene. Mejor una referencia ajena y culta que no ser tildado de vulgar por decir «por el forro de los cojones» o cosa parecida.

miércoles, febrero 12, 2014

Julio Cortázar, 30 años

© Foto: Rue des Archives/ Cordon Press
Pasa el tiempo. Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Julio Cortázar en el Hospital de Saint Lazare de París, a los 69 años. Y es que también conmemoramos este 2014 el centenario de su nacimiento. Hacía diez días que había ingresado en el hospital y nadie esperaba que su enfermedad —leucemia— le aniquilara tan pronto, contaba la crónica del 13 de febrero de 1984 del ABC, que publicaba algunas reacciones rápidas de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Miguel Delibes, Francisco Ayala, Onetti, Octavio Paz o Luis Rosales. Este blog siempre le rinde homenaje:
«Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. » (Rayuela, del capítulo 73)

Octavio Escobar en Letras


Mañana jueves, 13 de febrero, visita Cáceres el escritor colombiano Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962). Tendrá un encuentro con los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras a las 12:00 horas, en el que hablará sobre su obra y presentará su última novela, Cielo parcialmente nublado (2013). Su autor es profesor de Literatura en la Universidad de Caldas y ha publicado libros de cuentos como El color del agua (1993), Las láminas más difíciles del álbum (1995), De música ligera (1998) y Hotel en Shangri-Lá (2004), que fue Premio Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia. Ha escrito también las novelas El último diario de Tony Flowers (1995), Saide (1995), publicada en España por Editorial Periférica en 2007 y traducida al italiano y al alemán, El álbum de Mónica Pont (2004), ganadora de la IX Bienal Nacional de Novela "José Eustasio Rivera", 1851. Folletín de Cabo Roto (2007), Destinos intermedios (2010), también en Editorial Periférica, y la ya citada Cielo parcialmente nublado (2013). Octavio Escobar Giraldo estará acompañado en Cáceres por el también escritor Antonio Mª Flórez (Don Benito, 1959), residente durante varios años en Colombia, en donde culminó sus estudios universitarios de Medicina. Es autor de varios libros de poemas, entre los que cabe destacar Desplazados del paraíso (2003), que fue Premio Nacional de Poesía «Ciudad de Bogotá» y reeditado en España por la Editora Regional de Extremadura en 2006; Bajo tus pies la ciudad (2012) o En las fronteras del miedo (2013).
 Jueves, 13 de febrero de 2014. Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (Campus Universitario). 12:00 horas. Organiza: Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la Universidad de Extremadura.

miércoles, febrero 05, 2014

La sed de sal (IV)

El cancionero. El cancionero de La sed de sal. El cancionero. Nota bene: se indica con la primera cifra el número de la secuencia o capítulo, y con la segunda el número de página por la edición de la colección Andanzas (Tusquets Editores, 2013). El comentario, próximo.

6.27
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

26.77 
Quiero yo que estés conmigo,
no porque lo quiera yo, 
quiero que lo quieras tú,
que lo queramos los dos,
pero, si no quieres tú,
no quiero quererlo yo
y, si quieres a otro, quiero
que te quiera como yo.

42.122 
¿Dónde están las llaves,
matarile rile rile?
Donde están las llaves,
matarile rile ron,
León.

52.157
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
si eres un maleante
y yo soy mala gente.

52.158
Ya me tienes delante,
ya me tienes presente,
qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente.

55.162
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
quieres que me levante
o quieres que me siente.

60.177
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
si soy yo el maleante
y tú eres buena gente.

63.184
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

64.185
No quiero perros ni gatos
alrededor de la casa,
los gatos porque maúllan
y los perros porque ladran.

81.236
Huyeron sin hacer ruido,
pero pronto regresaron,
porque los habían seguido
y porque los alcanzaron.

86.252
Que no quiero gatos
ni perros en casa,
que los perros muerden,
los gatos arañan.

104.297
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

martes, febrero 04, 2014

La sed de sal (III)


Quienes conocen bien el recorrido literario de Gonzalo Hidalgo Bayal sabrán que comenzó publicando poesía. Sí, el primer libro de Gonzalo Hidalgo Bayal fue un libro de poemas, Certidumbre de invierno, una entrega breve que fue el primer número (99) de la colección «La Centena» ideada por Antonio Gómez y que empezó a publicarse en noviembre de 1986. Poco cuesta adivinar la mano y el empeño de Ángel Campos Pámpano en esta primera publicación de su amigo Gonzalo. Luego, poco después, llegó la primera novela, Mísera fue, señora, la osadía (Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1988); anterior, sin embargo, en escritura, al libro de versos, y una especie de telar en el que quedaron muchos pespuntes de lo que hoy es una narrativa de gran personalidad. Murania, don Gumersindo, Casas del Juglar, el gusto por lo atomístico en una serie numerada de secuencias o capítulos, o la poesía que se cuela incluso en la relación del menú en la voz de rosa de Catalina la refitolera: «Patatas, de primero, / arroz a la cubana / y sopas de fideos» [...]; y las espinelas de Espinosa, el bardo Ramiro A., de aquella Mísera... Por esto, por esa vocación métrica de Hidalgo Bayal desde sus primeros escritos, la lectura de unos versos en lo que escribe —en su blog o en una novela— siempre es motivo de regocijo. Sí. Siempre me ocurre. Recientemente, en la lectura de La sed de sal, que contiene un breve cancionero, el motivo de esta entrada (y de una próxima). Pero también en uno de sus más recientes relatos publicados, «Adames», que apareció en Quimera (núm. 359) en el octubre pasado de 2013, y que retrata a un alumno hervaciano que era el poeta. El relato que pudiera ser homodiegético devela la afección bayaliana por la poesía, sus «certidumbres invernales». Por cierto, esta perla es de Certidumbre de invierno: «Siembran los hombres con torpeza lenta / su ruda cicatriz sobre la nieve». Vendrá más.

domingo, febrero 02, 2014

Rafael Lapesa (y II)


«Empecé a trabajar en el Centro de Estudios Históricos en septiembre de 1927, al mismo tiempo que por las mañanas trabajaba en una oficina, la misma en que había trabajado durante toda la licenciatura, y en 1929, liberado de esa oficina, pude preparar mis oposiciones a Cátedra de Instituto. La gané en 1930 y fui destinado a Soria; pero pedí una excedencia para poder continuar en el Centro de Estudios Históricos.
Dos años después, en 1932, decidimos casarnos; mi mujer —Pilar Lago Couceiro— era una compañera de estudios, y fui destinado a Oviedo, pero se fundaron entonces tres institutos nuevos en Madrid y el Gobierno de la República estaba interesado en que funcionasen desde el primer momento con catedráticos, y como no daba tiempo a que se celebraran oposiciones y concursos, nombraron interinamente en comisión de servicio los catedráticos que necesitaban. Yo fui uno de ellos, y tuve la suerte de que el catedrático de Francés se llamase Antonio Machado y de estar en un claustro estupendo, con una compañera mía de instituto, María Elena Gómez, profesora de Geografía e Historia, hija de Manuel Gómez Moreno, y persona de una valía extraordinaria. Entre ese Instituto, el Centro de Estudios Históricos y la Universidad, porque desde 1930 empecé a dar clases en la Universidad como ayudante, sobre todo en los años en que Américo Castro estuvo enseñando en Alemania, estaba ocupado todo el tiempo, y así estuve hasta el año 1936, en que con la guerra desapareció el Centro —y todavía estuve encargado de lo que quedaba en Madrid del Centro y de mantener una correspondencia con Tomás Navarro Tomás.
En 1942 publiqué mi Historia de la lengua española, fui designado luego a Salamanca, y di clases allí y en Oviedo; y en 1947 gané la Cátedra de Gramática Histórica de la Universidad de Madrid, previa consulta con don Américo, exiliado voluntariamente en Estados Unidos, a quien le pregunté si pensaba volver, y me dijo: «no deje usted de presentarse». La gané e inmediatamente me invitó Américo Castro a estar como profesor visitante en la Universidad de Princeton. En Estados Unidos pasé un año, dos cuatrimestres en Princeton, un curso de verano en Harvard, otro cuatrimestre en Yale y otro curso de verano en Berkeley, California. Fue una experiencia maravillosa para mí, pude consultar bibliotecas, que suplieron la escasez de libros que se padecía en España por las interrupciones propias de nuestra guerra civil y de la guerra europea.»
En 1947 comenzó a trabajar en el Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española, en la que ingresó como miembro de número en 1950. La impartición de clases en universidades americanas y las labores en el Diccionario Histórico de la Lengua retrasaron la lectura de su discurso de ingreso sobre Los decires narrativos del Marqués de Santillana hasta 1954. Hoy, Rafael Lapesa está de actualidad —palabra horrible para el humanista de investigación callada— por su designación como director de la institución. Para don Rafael, también secretario de la Academia desde 1964 hasta 1971, «la única posibilidad que habría en lo que se refiere a la apertura social de la Real Academia Española sería la celebración de actos públicos con más frecuencia que las simples recepciones de nuevos académicos. Hay actos de este tipo, pero parece que el público no está acostumbrado a ellos; por ejemplo, ocurrió con la conmemoración de Bécquer, en la que intervinieron García Nieto, Carlos Bousoño y Luis Rosales; y las intervenciones de crítica literaria de Rosales y Bousoño fueron realmente espléndidas, aparte de la buena poesía leída por García Nieto; pues hubo muy poca gente. Al lado de esto, la prensa no hace caso, no publica —y si lo hace es sólo para sacar punta a posibles burlas— las listas de enmiendas y adiciones al Diccionario que se le mandan al trimestre, de modo que la RAE no tiene culpa de que no se dé noticia de sus actividades, más que para hablar de las candidaturas o de cosas semejantes». Hasta aquí la palabra de «este varón cordial», del verso guilleniano, hasta aquí el homenaje.
(Aguas Vivas, segunda época, núm. 13, 3-6-1988, pág. IV)

sábado, febrero 01, 2014

Rafael Lapesa (I)


© ABC
Mi calendario trae hoy la fecha del 1 de febrero de 2001 como recordatorio de la muerte de Rafael Lapesa. Me he acordado de la conversación que tuvimos con él una amiga mía y compañera de curso, Pilar Nieves García Romero, y yo hace ahora más de veintiséis años. Se publicó en Aguas Vivas, el Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cáceres, en el número 13 del viernes 3 de junio de 1988. Si la memoria no me falla, la entrevista se la hicimos en el I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, celebrado en Cáceres entre el 30 de marzo y el 4 de abril de 1987. Éramos dos jóvenes licenciados en Filología Hispánica. El texto es como sigue, y, por su interés, lo voy a dar aquí íntegro, aunque en dos entregas:

«Nada más peregrino / Que una conducta simplemente justa», escribió Jorge Guillén en un poema a él dedicado. Con él remató sus versos diciendo: «Ninguno más humano. / Con linterna a lo Diógenes / Buscad sus pares, pocos». Dámaso Alonso le adjudicó el templado calificativo de «héroe contemporáneo». «Lecciones de ciencia y lecciones de ética» llamó Diego Catalán a sus escritos. A sus apasionados discípulos debemos el conocimiento de sus calidades, a esas bocas amigas que nos han transmitido con veneración el talante del maestro: don Rafael Lapesa (Valencia, 1908).
Para quienes nos hemos acercado a Rafael Lapesa a través de sus obras —Historia de la lengua española (1942), La trayectoria poética de Garcilaso (1948), La obra literaria del Marqués de Santillana (1957), De la Edad Media a nuestros días (1967), etc.—, su conversación, por breve que sea, nos arropa y ensimisma en la confirmación de todo lo oído y leído sobre su persona y su obra. Nos ocurrió una mañana en la que don Rafael, azorado por el homenaje continuo y necesario que le acompaña, nos habló pausado de toda una vida dedicada a la filología.
«Hice estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, donde tuve la suerte de encontrar profesores magníficos, como el catedrático de Arte, don Francisco Morán, que no sólo nos enseñaba la Historia, sino que nos hizo conocer, porque nos los leía, sonetos y romances de Lope de Vega; don Vicente García de Diego, catedrático de Latín, que confirmaron mi afición a las Letras, heredada de mi padre, Licenciado en Letras y profesor de Enseñanza Privada durante toda su vida.
En la Facultad de Filosofía y Letras estudié la licenciatura en Letras en los años 1923 a 1927. El plan de estudios entonces era principalmente humanístico, con latín, griego y hebreo, aparte del árabe y la literatura española; lengua sólo se daba el último año, en un curso de Historia de la Lengua Española. Allí tuve un buen profesor de Latín, aunque no tenía sensibilidad literaria, que era Cejador. Un gran entusiasta introductor a la cultura literaria y artística, que era don Andrés Ovejero; era un político, diputado, que escribió poco; pero que tenía una sensibilidad artística, literaria y filosófica enorme. Con él tuve un curso sobre literatura, de investigación, sobre toda la obra de Cervantes, y a propósito de ella nos interesarnos no sólo por la literatura española en general, sino por toda la literatura europea; a él debí lanzarme con avidez sobre el teatro de Shakespeare, la obra de Goethe, el teatro de Ibsen, la novela rusa, etc. Al año siguiente me encontré con un profesor muy distinto, tremendamente distinto, sin la oratoria de mitin que tenía a veces el buen don Andrés Ovejero, y con un rigor, una exigencia y un saber extraordinarios, era don Américo Castro. Con toda su fogosidad, con todo su mal genio a ratos, con su generosidad sin límites, el encuentro con Castro fue para mí decisivo. Aquel año estudiábamos Letras —que comprendía Clásicas, Semíticas e Hispánicas— once estudiantes, de los cuales dos o tres chicas emigraron enseguida en cuanto don Américo las puso de vuelta y media porque no sabían qué era un gerundio. En total terminamos el curso tres chicas y cuatro varones —dos eclesiásticos y dos seglares—. Fue un curso de Historia de la Lengua en el que no sólo trabajamos a fondo el manual de Gramática Histórica de Menéndez Pidal, sino que comentamos en clase textos latinos, de Berceo, de Juan Ruiz, La Celestina, el Quijote, etc.. Aquel curso fue decisivo.
Todavía yo estaba dudoso entre la atracción de las letras clásicas y la de la filología española; pero hubo una circunstancia que me decidió: en el mes de septiembre, en la biblioteca del Centro de Estudios Históricos, al salir de mis lecturas, me encuentro con don Américo, que me dice: «Lapesa, hemos tenido una gran desgracia en el Centro; Pedro Sánchez Sevilla —un joven investigador que llevaba ya cierto tiempo en el Centro trabajando con don Ramón Menéndez Pidal, y que publicó una tesis, que era la primera de tipo dialectológico que se hacía en España, sobre el habla de Cespedosa, en Salamanca— se ha ahogado en la playa de Ribadesella, y necesitamos que alguien continúe lo que él había empezado a hacer bajo la dirección de don Ramón Menéndez Pidal. Yo he pensado en usted.» 
Don Ramón en aquel momento estaba en Suiza para operarse de un desprendimiento de retina; la operación fue feliz, pero el viaje de regreso la inutilizó, y don Ramón quedó sin vista de un ojo. En esa época de su ceguera fue cuando Jimena, su hija, lo entretuvo y trabajaron juntos en la preparación de esa antología de romances que es la Flor nueva de romances viejos. Yo, mientras venía don Ramón y reanudaba su trabajo en el Centro, me preparé leyéndome a fondo los Orígenes del español, ejercitándome en la paleografía de letra visigótica, porque el trabajo que iba a hacer era un glosario de voces románicas que aparecían en documentos latinos de los siglos IX al XII. Esto estaba planeado como un segundo tomo de los Orígenes..., un complemento de vocabulario. Se había reunido bastante material, había mucho para añadir, y en cuanto volvió don Ramón me dio algunas instrucciones y empecé a elaborarlo con él. La elaboración consistía en una labor lexicográfica de separar acepciones, definir, etc.. El trabajo quedó incompleto con la guerra, es decir, un año antes ya de la guerra, en 1935. Don Ramón se había interesado por otras cosas que me encomendó y aquello quedó en suspenso. De todos modos, ahora está en espera de que yo pueda dar la revisión a lo que hice entonces. Encontré más tarde un colaborador magnífico que es Constantino García, catedrático de Santiago de Compostela, que ha añadido bastante a lo que entonces se reunió, pero ha sido demasiado respetuoso con lo que un aprendiz de filólogo, llamado Rafael Lapesa, había hecho en aquellos años en que tenía 19 a 26 años. (Eso que tengo ahora para revisar son 2.500 folios).» […]