sábado, agosto 16, 2014

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©CMD
A Emilio Torné
Cumplir años es el mejor plan que, a estas alturas, uno puede tener en la vida. Quien dice cumplir años dice cumplir días; que tampoco está el mundo para pasar por él con la arrogancia del necio. Cuando pienso en esto a fecha fija, me sorprendo en casa buscando una pieza literaria admirada que me alimente durante un rato o que me proporcione el bienestar de volver a sentir un instante pasado repetido, repetido, repetido. Hoy he vuelto a encontrarme con un verso de Luis Cernuda, «Pasada se halla ahora la mitad de mi vida», que escribió probablemente cuando tenía treinta y seis años. Es verdad el arraigo literario en Dante; pero no sé hasta qué punto pesó más en aquel primer verso del espléndido poema de Las nubes («La visita de Dios») el cálculo del hombre que aspiraba a vivir al menos el doble de una cifra que no alcanzó. Murió a los 61 años. A mí se me ha pasado el tiempo de fijar por escrito mi propia recreación del verso de Dante. Hay otro poema monumental de ese mismo libro de Cernuda, «El ruiseñor sobre la piedra», que me viene ahora a la memoria porque lo he comentado en clase algunas veces y siempre aplicando un recurso para reclamar la atención de mis estudiantes. Leer unos versos:
           [...] Lo hermoso, lo que amamos,
           Tú sabes que es un sueño y que por eso
           Es más hermoso aún para nosotros.
Y repetirlos.
             [...] Lo hermoso, lo que amamos,
           Tú sabes que es un sueño y que por eso
           Es más hermoso aún para nosotros.

Repetirlos. Repetirlos.

jueves, agosto 14, 2014

El jardín de Prieto de Paula (y 2)


Hace ya bastantes meses que Álvaro Valverde —siempre más presto que uno para leer y dar noticia de novedades— escribió sobre Monólogos del jardín y lo hizo con tanto acierto y con tantos detalles sobre su contenido que me permito aquí la pirueta del vínculo, y hago mías sus palabras. Solo quiero añadir que envidié a los lectores del diario alicantino Información, que leyeron en sus días estas perlas de escritura consigo mismo de Ángel L. Prieto de Paula; esta poblada fuente de hallazgos gota a gota, artículo a artículo —cada semana primero; luego, cada mes—, que te lleva de un sitio a otro sin que decaigan la lucidez y el ingenio. Así que ha bastado una alusión en estos Monólogos a un torero antiguo —Fleitas, el torero sepulturero (pág. 116)—, por ejemplo, para acordarme de aquel delicioso excurso de Contramáscaras sobre «El Chani» y «El Viti», ambos charros, para concluir que no estamos libres de la afectación, y para llegar, al cabo, a una manera muy sencilla de expresar lo que uno quiere hacer: «Pues bien, yo he pretendido sincerarme en voz alta, no tanto para saber de mí como de nuestro mundo, a través de algunos signos interpretables» (pág. 10). A veces creo que uno no hace otra cosa aquí. Hablar consigo mismo y el mundo en voz alta. Gracias por escuchar.

El jardín de Prieto de Paula (1)


El jardín de Ángel L. Prieto de Paula va más allá del delicioso libro que no hace mucho —aunque ya el año pasado— publicó Huerga y Fierro Editores en su colección «Signos. Versión celeste»: Monólogos del jardín, que reúne columnas publicadas en el suplemento «Artes y Letras» —semanal primero y luego mensual— del diario alicantino Información. Más allá, porque siempre tengo ocasión desde hace tiempo de leer lo que publica Prieto de Paula. No es difícil, pues casi todo lo que escribe tiene amplia difusión; y si no la tiene, alguien —o él mismo alguna vez— me honra con el envío de lo que sale de su buen discurrir, como ha sido el caso de la edición aquí comentada de Pasto de la aurora de Carlos Salomón, que me llegó gracias a Pureza Canelo y la Fundación Gerardo Diego. Leo siempre con provecho a Ángel L. Prieto de Paula; encuentro siempre interés en todos los comentarios y apuntes que hace al hilo del asunto principal de su trabajo crítico, sea este la reseña de un libro de poemas o un artículo sobre la formación del héroe noventayochista en las novelas de Azorín. Por ejemplo, cuando se refiere en su edición del libro de Salomón al «automatismo reivindicativo» que algunos gastan al presentar «a cualquier medianía como un poeta imprescindible en su ámbito histórico» (pág. xxxiv) o cuando me permite conocer por una nota de contexto algo más sobre la «Juana García Noroña» que aparecía en aquel dicterio de Juan Ramón contra Aleixandre y otros en la revista de Lezama Orígenes en 1953 (pág. xxi y n. 19). O cuando en aquel su libro de ensayos «divagantes» Contramáscaras (Pre-Textos, 2000) diferenciaba entre el «zigzagueo impresionista» y el «imprecisionista». Afluentes cristalinos de lecturas. 

miércoles, agosto 13, 2014

Para Pablo Guerrero


Tuve la satisfacción de incluir —creo que por primera vez— a Pablo Guerrero (Esparragosa de Lares, 1946) en una antología de poesía contemporánea. De Extremadura, es verdad; de donde nunca ha olvidado que era oriundo este emigrante.  No fue mérito mío, claro; sino de Pablo, en primer lugar, por haber escrito la poesía que ha escrito, y de un lector de ella que me preguntó un día en público hace ya diez años por qué Pablo Guerrero no era incluido habitualmente en las recopilaciones de la poesía extremeña y si yo consideraba que debería estar. Asentí y tomé nota. El resultado de aquello fue el volumen primero de la antología Literatura en Extremadura 1984-2009, que publicaron la Editora Regional de Extremadura y Del Oeste Ediciones en 2009, con una selección de una parte significativa de la obra poética de Pablo Guerrero; desde aquellas primeras Canciones y poemas de 1989 —también publicadas en la Editora Regional—, hasta sus libros Los dioses hablan por boca de los vecinos (1999) o Escrito en una piedra (2007). Aquello no fue un homenaje excepcional, pues Pablo ha seguido publicando desde aquella fecha y ha demostrado a todos que ha sido y sigue siendo siempre poeta. Ahí están sus libros Los cielos tan solos (2010), ¿No son copos de nieve? (2012) o Las letras de Morella (2014). Con todo merecimiento, se le rinde mañana 14 de agosto un homenaje en su pueblo natal que ha sido promovido por algunos de sus amigos y en el que participarán destacados músicos y estarán presentes de otro modo muchos de los poetas extremeños amigos con los que contó para su disco Luz de tierra (2009). Música y palabra.

lunes, agosto 11, 2014

Caballero Bonald: fábula y memoria


Fábula y memoria. Antología poética en verso y prosa (Madrid, Alianza Editorial, 2014) es el intencionado título de esta selección elaborada por la poeta extremeña y profesora en la Universidad de L'Aquila (Italia) María José Flores Requejo. Podría decirse que ha sido un feliz reencuentro con una figura tan principal de nuestras letras como José Manuel Caballero Bonald (1926), Premio Cervantes en 2012; ya que María José defendió su tesis doctoral en 1997 —en Cáceres, en presencia del poeta— sobre las variantes en la poesía de José Manuel Caballero Bonald, que dio como fruto el libro La obra poética de Caballero Bonald y sus variantes (Editora Regional de Extremadura y Universidad de Extremadura, 1999), y, desde aquel entonces, salvo un par de contribuciones en congresos, no había vuelto con tanta notoriedad sobre el poeta jerezano. «Somos el tiempo» es el título del prólogo de poeta para poeta que ha escrito María José Flores, un atinado panegírico enumerativo, una sostenida definición de un escritor a partir de su lectura y de la apropiación de bien elegidas frases de este sobre su concepto de vida y de poesía, que se remata con unas líneas que declaran los criterios de edición. A saber: el gusto de la antóloga, en primer lugar, tanto  en la selección de los textos como en la elección de las versiones, «que no siempre coinciden con las redacciones que Caballero Bonald considera como definitivas; si bien, lo he hecho contando siempre con su beneplácito» (pág. 28). Me suena. Pero también un criterio que no tiene en cuenta la cronología de los textos —un poco, añado— y sí que estos dialoguen entre sí y conformen un poema continuo que no quiere distinguir entre la prosa y el verso; de tal modo que un fragmento de la antigua novela Ágata ojo de gato (1974) está al lado de un poema de Manual de infractores (2005) y otros, aunque sean de cuatro líneas, extractos de la novela Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981), quedan rodeados de poemas de Laberinto de fortuna (1984) —un libro preferido por Mª José Flores—, del ya citado de 2005 o de alguno antiguo como Las horas muertas (1959). De ahí que sea una «antología poética en verso y prosa», subtítulo que desaparece de la cara más comercial y menos personal y literaria que da la cubierta: «antología en prosa y verso». La propuesta —la de Mª José con la aceptación del autor— funciona, siempre que el lector se avenga de buen ánimo a cruzar por el libro desde su primer poema, «Víspera de la depresión», hasta el último, «[Tengo miedo]», que es uno de los títulos inventados por la antóloga para los fragmentos cuyo origen está en una pieza narrativa o sin titular. La intención es buena; pero ese prurito comercial de decapar estas ediciones de todo lo que huela a académico y filológico acaba en carencia y no colma la necesidad de un lector que quiere saber dónde y cuándo se publicó la obra poética completa Somos el tiempo que nos queda y si Campo de Agramante es un libro de poemas, un volumen de las memorias o una novela. Fábula y memoria es una antología muy singular, muy lógica para alguien que ha tenido un trato con su propia obra como José Manuel Caballero Bonald, y una bien trazada ruta para adentrarse más en la lectura de este gran autor.

jueves, agosto 07, 2014

Clásicos transfronterizos en el Festival de Teatro de Alcántara


Mañana modero una mesa redonda que se celebrará en el marco del XXX Festival de Teatro Clásico de Alcántara. Participarán en ella los directores teatrales Francisco Carrillo, director de las galardonadas El búfalo americano y Los Gemelos, y Nuno Pino Custódio, responsable artístico de Esto. Estação Teatral da Beira Interior; y el investigador Antonio Rivero Machina, filólogo, autor del estudio y de la edición de la pieza que sirve de excusa para este encuentro transfronterizo: la comedia La entrada del Rey en Portugal (1621), del lisboeta Jacinto Cordeiro, un texto propagandístico y de circunstancias, pero bien expresivo de la presencia de la comedia nueva de Lope de Vega en la dramaturgia portuguesa. El encuentro tendrá lugar a las 12:00 horas, en la Biblioteca Pública Municipal (C/ de las Cuatro Calles, 1) de Alcántara.

martes, agosto 05, 2014

Glorias de Zafra (IV)


El jueves fui con J. a ver a mi madre —a su abuela—. Lo pasamos bien todos. Mi madre también, hasta que se me echó a llorar tras decirme: «—Ahora que estamos solos, quiero preguntarte una cosa: ¿Y papá?» Me acordé de las palabras de mi hermano Josemari cuando le respondió algo parecido a que el duelo se pasa una vez y no más, y que ella ya había llorado a mi padre, que murió en 1992. Volví a casa con J. y con el recuerdo de ese encuentro. Como si realmente existiese ese canal de comunicación permanente entre hermanos de sangre y amigos de corazón que supera a cualquier red social y a toda herramienta de diálogo en línea, al día siguiente me llegó este poema de Josemari que reproduzco aquí con su permiso. Es el primer poema que me dedica y, a juzgar por lo que leo, no me importa que sea el único que me dedique:

LA CASA DE MI MADRE

A mi hermano Miguel Ángel

recorro las estancias de esta casa, 
donde mi gente dejó parte de su historia: 

en esta habitación murió mi abuelo
una Nochebuena de mil novecientos cincuenta y ocho;
mi tía María, prostituta en Sevilla, acabó en esa otra 
con un monedero de plata entre las manos. 

Aquí, en el suelo, frente a la primera estantería de nuestros libros, 
mi padre halló la muerte, al erguirse de la cama, presintiéndola.

Y allí, tras una puerta, una escalera renqueante
sube al cielo de todas las azoteas,
donde se agitan las sábanas o sudarios de tantas generaciones. 

Nadie ha nacido en esta casa sólo hecha de óbitos: 
es una estación término, una biografía de viejos

donde mi madre musita el capítulo final 
como una diosa rota desde su pedestal con ruedas. 

La casa de mi madre es como la línea de la muerte de mi mano,
que un día en Madrid me leyera Paco el brujo.

Es el rastro de mi vida, mi camino de vuelta.
josemarialama
1-2 de agosto de 2014

domingo, agosto 03, 2014

Vázquez Montalbán


Ayer escuché en Documentos de RNE el programa «Vázquez Montalbán, un sentimental comprometido». Como siempre, un espléndido documento sonoro ahora de Mamen del Cerro traído por la voz de Modesta Cruz, en el que han participado familiares del escritor como su viuda Anna o su hijo Daniel Vázquez Sallés, amigos como Juan Marsé o Maruja Torres, escritores como Pere Gimferrer o José Saval, su biógrafo, y otros personajes, algunos ya fallecidos, como Josep María Castellet, José Manuel Lara, José Saramago o Eduardo Haro Tecglen. Me encantó escuchar su voz porque andaba escribiendo una entrada —ya esta— sobre una anécdota que viví con el escritor y su libro de poemas Coplas a la muerte de mi tía Daniela (Barcelona, El Bardo, 1973). Vino a Extremadura en marzo de 1997 para participar en las aulas literarias de la AEEX (Asociación de Escritores Extremeños) y en el día del bibliófilo que organizaba la UBEx (Unión de Bibliófilos Extremeños) en Trujillo. Había estado el jueves 13 de marzo en Badajoz, en el Aula Díez-Canedo, y Ángel Campos Pámpano me pidió que recogiese a Manuel Vázquez Montalbán a primera hora de la mañana del día siguiente para traerlo a Cáceres. Le apetecía volver a ver los paisajes de la dehesa extremeña, que admiraba, y llegó a preguntarme de coña si la carretera que llevábamos era particular, pues a la media hora de viaje solo nos habíamos cruzado con un coche. Tuvimos tiempo de conversar sobre varios asuntos. Le dije que había comprado un ejemplar de la edición de El Bardo de las Coplas a la muerte de mi tía Daniela, que tenía una suelta del XIX con la Carta de Garibaldi a los españoles por el triunfo de su independencia y también entre sus hojas un sello de la librería Cinc D'Oros (Diagonal, 462) en cuyo dorso se leía escrito a lápiz «Anotaciones de Ramón E. de Goicoechea». Las «anotaciones» son, supuestamente, dos marcas a bolígrafo sobre unos cuantos versos del libro, nada más. Cuando llegamos a Cáceres me dedicó el ejemplar de «esta adaptación de las Coplas de Manrique a lo pobre», que es como llamó a su libro con un título que me gustaría aprovechar algún día para un artículo sobre las variantes de aquella primera edición —por «algunas prohibiciones» que tuvo que asumir— con respecto a la siguiente y a las de Memoria y deseo, su obra reunida. Vázquez Montalbán, al leer el nombre de Goicoechea en el papelito de la librería, me preguntó: —¿Sabes quién es este? No sé —le dije. —Fue el primer marido de la Matute, el que le hizo la vida imposible. Aquella noche en Cáceres nos leyó casi entero su libro Ciudad, aún inédito, que apareció ese mismo año de 1997 en Visor. Al día siguiente, sábado, nos volvimos a encontrar en Trujillo. Otro día contaré lo que salió de allí.

viernes, agosto 01, 2014

Manzoni y ese ramal del lago de Como


© CMD
En un arranque de fetichismo, me llevé al lago de Como mi ejemplar de Los novios, de Alessandro Manzoni, de la excelsa edición y traducción de Mª Nieves Muñiz (Cátedra, Letras Universales, 1985), que fue mi compañera en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres hace ya algunos años. Ya ha llovido; como en el norte de Italia estos días recién pasados de finales de julio. Me di el gusto de leer algunos fragmentos en los mismos parajes en los que se desarrolla el relato y me he traído de allí —regalo de C.— una edición moderna en italiano de I promessi sposi, cuidada por Ferrucio Ulivi y con una introducción de Arnaldo Colasanti, en la colección Grandi Tascabili Economici, que demuestra que una edición económica y divulgativa no tiene por qué descuidar los paratextos que ayudan y orientan. Quizá por esto sus promotores han pensado en ello y se cuidan de avisar en portada de que se trata de una «Edizione integrale». Es lo que tiene esta novela memorable; que vuelves a ella y que por pocos fragmentitos que leas ya no hay remedio: ya tienes que volver a leer toda la historia de Renzo y Lucía hasta el final, y volver a querer bien a quien la ha escrito y remendado, que es lo que pide ese tal en la despedida de sus últimas líneas. Por un momento, me sentí no solo lector, sino paseante de la novela: «El lugar mismo desde el que contempláis esos variados espectáculos, os convierte en espectáculo desde todos los puntos: el monte por cuyas laderas paseáis, os despliega, por encima, alrededor, sus cimas y barrancos, nítidos, recortados, cambiantes casi a cada paso, abriéndose y curvándose en cadena de picos lo que primero os había parecido un solo monte, y apareciéndoseos en la cima lo que poco antes creíais ver en el declive; y lo ameno, lo familiar de esas laderas mitiga agradablemente lo salvaje, y adorna más aún lo magnífico de los otros panoramas.» (Alessandro Manzoni, Los novios, capítulo I). Estuvimos en Lecco y en Bérgamo, términos de referencia del convento de Pescarénico del padre Cristóforo, qué personaje. Visitamos un templo —merece otra entrada— dedicado al santo del primer nombre propio de la novela, el  párroco don Abbondio... Otro personaje. Si he tardado en escribir esto ha sido por seguir enfrascado en la lectura de esta entretenida historia que hace del espacio físico que hemos recorrido estos días un protagonista cercano y conocido.

Imágenes de Extremadura


martes, julio 29, 2014

En Como


La fotografía está tomada ayer, en la Piazza San Fedele de Como, muy poco antes de que empezase a llover y una tormenta tras otra oscureciesen el cielo en un verano extraño que está dejando cerca del centenar de litros por metro cuadrado en muchos lugares de la Lombardía. Precioso sitio que, a pesar de la visita intempestiva de la lluvia casi siempre a la caída de la tarde —con la tarea cumplida—, hemos disfrutado en estos días.

martes, julio 22, 2014

Lecturas de verano


Vuelve, inexorable, en cada estación esa costumbre de hablar de lo obvio. Por ejemplo, cómo soportar los rigores del verano. El otro día entrevistaron en televisión a un médico que decía que en los días de altas temperaturas hay que evitar la exposición al sol en las horas de más calor y beber mucha agua. Otro de los tópicos cíclicos es el de las lecturas de verano. Babelia le dedicó el otro sábado un espacio, y el siempre brillante Alberto Manguel escribió sobre ello: «Las lecturas de verano son diferentes de las lecturas de invierno, como las de día lo son de las que hacemos por la noche. Algo en el aire y la luz que nos rodea afecta al texto y su comprehensión, y todo lector sabe que no es lo mismo leer una novela que nos deleita tendido en el pasto, al sol, que leerla acurrucado bajo una manta en la penumbra de un cuarto invernal. En verano, la relación con un libro se hace íntima, táctil, cariñosa, las páginas se contagian de la humedad de los dedos, adquieren el olor de un cuerpo, la textura de la piel humana. En cambio, bajo un cielo gris, un lector es más severo, recatado: la lectura se hace lenta, respetuosa, reflexiva.» Podrá ser; pero todo es mera sugestión. No es tanto el tiempo estacional como las circunstancias, y, sobre todo, el lugar. Una piscina llena de niños gritando no hace más íntima la relación con el libro y ni siquiera unas páginas de Dan Brown o de QMD! son más llevaderas así. Y tengo para mí que la misma lectura reflexiva del Oráculo manual y arte de prudencia de Gracián se puede hacer en agosto y en diciembre. Es más, si en verano leemos sin reloj, ¿por qué no leerse las novecientas cincuenta páginas de los Cuentos completos de Thomas Mann por la edición de Edhasa (2010) que me regaló mi compadre? ¿Por qué no leer unos cuantos ensayos literarios? Los recogidos, por ejemplo, en Contra (post) modernos, de Fernando R. de la Flor (Cáceres, Editorial Periférica, 2013), que son «tres lecturas intempestivas» sobre Miguel Espinosa, Claudio Rodríguez y Antonio Gamoneda.  ¿Y leer Jacques el fatalista de Diderot? No son lecturas de verano, se me dirá. ¿Por qué? Son igualmente refrescantes. De las que nos deleitarán «sin causar un dolor de cabeza» [sic]. El verano.

lunes, julio 21, 2014

Que van a dar a la mar


Se lo decía ayer a C. En la ficción, sobre todo en esos telefilmes de las tardes del domingo —ayer, Carnada (Bailt, Kimble Rendall, 2012), que fue película de tsunami y tiburones—, se sabe quiénes van a tener los papeles más cortos, los primeros en caer como víctimas del tremendo peligro al que están expuestos casi desde que arranca la acción. Suelen ser los más feos, los menos atractivos, los moralmente reprobables —justicia poética—, y en muchas historias, algún negro o algún oriental —como ayer en la tele. En la vida real, sin embargo, todo es distinto. Los que someten a los demás, los que roban —aunque sea un poquito—, los egoístas y malas personas campean a sus anchas por el mundo y mueren viejos. Por el contrario, sucede con frecuencia maldita que los que se van antes son los mejores. Intempestivamente, antes de que se acabe esta película mala que a veces es la vida. No se van sin más, es verdad; dejan multitud de amigos y de testigos agradecidos de su paso. Tras la ficción de ayer, la verdad nos ha llegado hoy; tarde, ciertamente. No menos sentida por la demora. Dos ejemplos: Álex Angulo y Fernando Arias. Buenas personas, honradas, divertidas. Algo más que secundarios de lujo, estos hombres dejan dolientes crónicos, es decir, los que harán que su recuerdo sea indeleble, y, por eso, jubiloso. Y que nadie me pregunte quién fue Álex Angulo.

domingo, julio 20, 2014

Diva de mierda


Una antología es una colección de piezas escogidas. Diva de mierda. Una antología alrededor del ego creo que no lo es; a pesar del subtítulo y de que se mencione la palabra «selección» en su portada. Al ser cada una de las piezas de un autor, finalmente, resulta que toda antología es una selección de autores. Como la selección nacional de baloncesto. Diva de mierda es una obra colectiva inducida, de encargo; y el resultado es un centón «alrededor del ego». El título y la idea provienen de la anécdota que cuenta José María Cumbreño —que para huir de egos firma el prólogo con el nombre de Fabio Betancour— sobre un joven mexicano que le envió un libro de poemas para que considerase su publicación y que al día siguiente volvió a escribirle para preguntarle qué le había parecido. El poeta y editor Cumbreño, con dos hijos y profesor, se excusó con un más que lógico ruego de más plazo para su respuesta. Al cabo de dos meses, el joven —impaciente, además de otros caracteres— volvió a escribir al editor y le llamó «completo imbécil» y «maldita diva de mierda». El también mexicano y también profesor Luis Arturo Guichard, amigo de Cumbreño y autor liliputiense, y María José —que, como su propio nombre indica, es la mujer de Chema— le sugirieron la idea que ahora se ha materializado en un libro así, con el pie forzado del tema del ego y la vanidad en el mundo del arte. El resultado es artísticamente desmesurado si uno piensa en la insignificante estatura de quien motivó todo y tiene tal concepto de su propia obra. Movilizados por el editor, setenta y seis autores han enviado textos que ocupan ciento ochenta y tres páginas de este volumen. El orden alfabético nos lleva desde Arturo Accio (México, 1975) hasta Jesús Zomeño (España, 1964), y en la ruta hay nombres como Rafael Courtoisie, Eduardo Chirinos, Pilar Galán, Concha García, Antonio Gómez, Cristián Gómez Olivares, Gonzalo Hidalgo Bayal, Juan Carlos Marset, Carlos Medrano, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga, Vicente Luis Mora, Elías Moro, Víctor Peña Dacosta, Omar Pimienta, Antonio Rivero Machina, Elena Román, Ada Salas, Álvaro Valverde... Hay de todo, poemas, imágenes, relatos, aforismos...; sonetos, epigramas, invectivas, parodias, décimas, versos traídos de la wikipedia... Hay textos muy logrados, otros que lo son menos, y otros algo forzados y desafortunados. Y hay, en general, una atmósfera de intrascendencia y juego que no está mal; pero que hace que la lectura de Diva de mierda evidencie que su interés se agotó en su propia anécdota. Su valor lo medirán aquellos autores que reivindiquen en las futuras ediciones de sus propias obras el texto que enviaron. Ahora estoy, también gracias a la generosidad de José Mª Cumbreño, con algo bien distinto: la edición de Mario Montalbetti, Lejos de mí decirles (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2014), un volumen de más de cuatrocientas páginas de poesía que reúne casi toda la obra —casi inencontrable— de este profesor limeño de lingüística, hincha del Rayo Vallecano. Dónde va a parar.
Diva de mierda. Una antología alrededor del ego. Edición, selección y prólogo de Fabio Betancour. Cáceres, Ediciones Liliputienses (Colección Desalmados Eruditos, nº 1), 2014.
Mario Montalbetti, Lejos de mí decirles. Cáceres, Ediciones Liliputienses (La Biblioteca de Gulliver, nº 44), 2014.


jueves, julio 17, 2014

Aliteraciones


© Lapsus
«Con el concurso y junta de guerreros / el grande estruendo y trápala crecía», Alonso de Ercilla.
«En el silencio solo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba», Garcilaso de la Vega.
«El silbo de los aires amorosos», San Juan de la Cruz.
«Infame turba de nocturnas aves / gimiendo tristes y volando graves», Luis de Góngora.
«Con el ala aleve del leve abanico», Rubén Darío.
«[…] las imágenes y los recuerdos de Lina que sorbe su sopa sabrosa soplando siempre sonriendo», Julio Cortázar.
«El suave susurro de las gamuzas en el suelo sumiso», Matías Hidalgo. Del blog de Elías Moro, 15 de junio de 2014.
«La ejecución de Van Persie, con un cabezazo en vaselina sobre Iker, fue soberbia», José Sámano. Crónica en El País del España 1-Holanda 5. 

miércoles, julio 16, 2014

En recuerdo de Russell P. Sebold


En la Sala de Prensa de la web de la Universidad de Salamanca puede ampliarse la información que puse aquí el jueves 10 de julio, cuando se presentó Garcilaso en su entorno poético, el volumen de ensayos de Russell P. Sebold publicado póstumamente por Ediciones Universidad de Salamanca, sello bajo el que el profesor publicó los libros que se muestran en ese montaje preparado para la presentación —hay vídeo— y que encabeza esta entrada. Es un reconocimiento merecido de su querida Universidad de Salamanca. 

martes, julio 15, 2014

En 8º


Por las circunstancias que sean no acusé recibo en este cuaderno de los dos primeros títulos de la colección «En 8º», que han lanzado desde Gráficas Almeida de Madrid Víctor Infantes y José Manuel Martín con el sello de Turpin Editores. El arte científico para conocer y ejercer el comercio de la librería, para uso de mi empleado y otros alumnos del mismo oficio que deseen progresar (1789), de François de Los-Rios, y La biblia de los bibliófilos. Donde se contienen los preceptos de Harold Klett, que cambiaron de nombre en su traducción, y la glosa de Xavier da Cunha, de nuevo glosada por Víctor Infantes aparecieron en el otoño del año pasado. Es una colección de «libros sobre libros, textos marginales sobre asuntos marginales (o no tan marginales) y obras singulares de temas singulares; siempre de una cierta brevedad lectora y editorial, pues no están los tiempos para muchas materias y muchas páginas», decía Infantes en las palabras preliminares «A la nueva edición» de su biblia. De esta primavera son los dos títulos siguientes, los números tercero y cuarto de la serie: Un día en la vida del maestro impresor Joaquín Ibarra, de M. R. Blanco Belmonte; y La rúbrica impresa de los incunables españoles, con un exordio de un familiar Néstor Costa. En este es la imagen la protagonista, pues recoge —en homenaje a un bibliógrafo que sabía de esto, Francisco Vindel— setenta marcas y escudos tipográficos con los que se identificaban los impresores españoles del período incunable. En el primero es el texto el protagonista, el relato de la jornada de un impresor tan ilustre como don Joaquín Ibarra (Zaragoza, 1725-Madrid, 1785). Sí, el editor del Quijote de 1780 para la RAE, cuyo «día» es evocado por el escritor cordobés Marcos Rafael Blanco Belmonte. No es solo, pues, un homenaje al impresor aragonés —que lo merece, y merece ser imitado y seguido en la era digital con todas sus posibilidades—, sino un ilustrativo documento sobre «cómo era una jornada de imprenta en el Madrid dieciochesco», que es lo que escribe Marcelo Grota en la precisa nota «Previa» que da cuenta de los antecedentes textuales de este curioso opúsculo. Lástima que aquí no se pueda reproducir la sonrisa de aceptación del maestro Ibarra cuando cruzaba en su taller ante la mesa del corrector y del atendedor, diligentes en limpiar el texto de erratas. Y es que algún duende —el de siempre— ha adormilado a todo quisqui y hay erratas para desratizar en este librillo desde la página 15 de la «Previa», en la que hay dos; y si se sigue por la 22 —dos más—, la 25, la 29, la 30, la 34, la 35 , la 36... —ay, hay más por el camino—, hasta la 69, la 72 y la 76, que es la última antes del colofón, que está limpio. Cosas de imprenta.

viernes, julio 11, 2014

Emilio Gañán


El miércoles fui con otra disposición de ánimo. Resulta que la Sala de Arte El Brocense de Cáceres cae enfrente de la consulta de mi dentista, y en lugar de esperar ahí hojeando revistas del corazón o boletines del ramo odontológico, estuve disfrutando de la exposición Seguro azar, de Emilio Gañán (Plasencia, 1971), que lleva casi un mes en ese espacio privilegiado que tenemos en el centro más transitado de Cáceres. No sé cuántos visitantes habrán pasado por allí; pero me da la sensación de que sus cifras no se corresponden con el intenso tránsito que todos los días tiene la calle San Antón y con la facilidad de acceso para un viandante que, insisto, creo que pasa diariamente de largo. Quizá sea otro de esos valiosos espacios de cultura que no sabemos apreciar. El caso es que disfruté un buen rato contemplando yo solo la colección distribuida en las dos plantas de la sala. Es probable que haya sido la ocasión en la que he visto más obra junta de la abstracción geométrica de Emilio Gañán. Desconozco qué grado de relación consciente hay entre el título de la exposición y el del libro de Pedro Salinas, Seguro azar (1929); pero yo encuentro un impulso análogo entre el conocido poema «Vocación» de ese libro, con su propuesta de buscar —cerrar los ojos— otra realidad, la que no se ve, la que no está acabada; y la invitación de Emilio Gañán para encontrar esa realidad en el simbolismo geométrico de sus piezas. En el interesante diálogo («Desde la armonía de las formas a la música de la geometría») que el artista mantiene con la profesora Mª del Mar Lozano Bartolozzi en el texto que abre el modesto catálogo de la exposición, dice Gañán que siempre ha tenido dificultades con el color. Sería la luminosidad de la sala a esa hora o aquel plácido aislamiento; pero allí no se apreciaba ninguna dificultad, sino una armonía notable. Otra sensación fue la de profundidad, casi en el mismo sentido del Seguro azar saliniano con el que uno rehace la composición de una realidad en dimensión distinta. No tuve que cerrar los ojos para ver —enfrente, desde la planta de arriba— el sillón de mi dentista. Esperándome. Con otra disposición de ánimo.

jueves, julio 10, 2014

Garcilaso de la Vega y Russell P. Sebold


Este es el libro que Russell P. Sebold no llegó a ver publicado. Aludí a él —por la penosa circunstancia de que su autor no iba a recibir ya ningún ejemplar— en la necrología que apareció en ABC el sábado 12 de abril de 2014: «Hasta sus últimos días estuvo trabajando, y muy encima de su último proyecto que, lamentablemente, no podrá ver publicado: su libro Garcilaso de la Vega en su entorno poético, que editará la Universidad de Salamanca en las próximas semanas». Ya ha aparecido. Y debo mi ejemplar a José Antonio Sánchez Paso, editor en Ediciones Universidad de Salamanca, desde donde mantuvo un contacto muy directo en los últimos meses de su vida con nuestro querido profesor, que decidió dedicarle el libro: «A José Antonio Sánchez Paso, fiel amigo, incomparable editor». No en vano han estado trabajando juntos —Sebold y Sánchez Paso, de autor a editor— durante más de quince años en la confección de cinco libros con este: La perduración de la modalidad clásica. Poesía y prosa españolas de los siglos XVII a XIX (2001), La novela romántica en España. Entre libro de caballerías y novela moderna (2002), Ensayos de meditación y crítica literaria (2004), Concurso y consorcio: letras ilustradas, letras románticas (2010) y este Garcilaso de la Vega en su entorno poético (2014) cuyo halo sentimental tiene fecha e imagen. La fecha es la del 9 de octubre de 2013, cuando Bud Sebold escribe a José Antonio Sánchez Paso: «Tengo 85 años y mi salud es frágil. Sin embargo, me hace mucha ilusión ver este pequeño libro mío impreso y encuadernado, en fin, publicado, antes de despedirme de este planeta. Esa ilusión, las flores primaverales y la nueva sensibilidad de Garcilaso a la naturaleza seguramente me sostendrán hasta esa fecha, sea cuando sea». Quien recibió estas letras, después del fallecimiento de Russell P. Sebold, me escribió sobre esa frase: «No la olvidaré en mi vida». La imagen y su clave se las debo también a Sánchez Paso, que me hizo ver el parecido del retrato de Garcilaso con una de las fotos más difundidas del erudito y simpático profesor. Con la intención de sugerir ese parentesco, su editor y amigo quiso homenajearle coloreando ese dibujo de José Maea y grabado de Bartolomé Vázquez de 1791. Todo un guiño.
Leyendo este libro —releyendo algunas de sus páginas— revivo muchos otros lugares de la vasta bibliografía del profesor Sebold, muy consecuente siempre con sus ideas, y lógicamente insistente en sus afirmaciones sobre el dolor romántico, o el neoclasicismo, que también caben en sus ensayos sobre Garcilaso y su entorno. Este apreciado ensayo incluye cinco trabajos publicados en diferentes lugares —esas separatas de Salina que nos enviaba de vez en cuando— y uno inédito: «La depresión del poeta Juan Boscán», «Las dulces prendas de Garcilaso: Guiomar, Elena y Beatriz (aunque una de ellas acaso no lo fuera demasiado)», «De cómo se adelanta Garcilaso de la Vega a la sensibilidad moderna» —el que no se había publicado antes—, «La dulzura de Garcilaso y sus imitadores», «Hernando de Acuña: su poética y su sabrosa historia del alma» y «Francisco de Aldana: su lucha ante la risa de su llanto». Le habría gustado mucho verlo. Y espero que en otro lugar pueda hablar del contenido de este ameno libro que hoy ha sido presentado en Salamanca, con la intervención del director de Ediciones Universidad de Salamanca, Eduardo Azofra, y el Vicerrector de Investigación y Transferencia, Juan Manuel Corchado.

De un diario apócrifo


© Giovanni Vida da Tivoli, «Proyecto de fuente», 1575. BNE
Lunes. D'in su la vetta della torre antica, / passero solitario (Leopardi). El cerezo ha florecido. Perdí a mi padre, mi madre vive. Estar enfermo me pone malo.

sábado, julio 05, 2014

Lo que dejó la lluvia en Zafra


© Foto de J.J. Salado
El jueves estuve en Zafra en un acto íntimamente memorable. La presentación y lectura del libro de poemas de José Antonio Zambrano Lo que dejó la lluvia (Madrid, Calambur Editorial, 2014). Ha salido aquí más veces, desde su también zafreña primera presentación cuando aún estaba inédito, hasta una ocasión fallida en Cáceres. El acto, organizado por el Seminario Humanístico de Zafra, tuvo lugar en la capilla del Parador de Turismo, y participaron en él José Mª Lama como moderador, los poetas y profesores Luciano Feria y Benito Estrella, y el autor, José Antonio Zambrano, que leyó varios poemas de su obra. Como suele ocurrir en Zafra, fue una nueva prueba del cariño y el rigor con el que algunos ciudadanos tratan allí los actos culturales y del interés y respeto con el que se reciben —por un público estimable en número, aunque no el acostumbrado que llena las salas. Mi hermano dio la bienvenida, presentó a los intervinientes, mostró en pantalla cada una de las cubiertas de los libros —veinte— de José Antonio Zambrano mientras los reseñaba con alguna nota breve, explicó el protocolo del acto y lo puso en suerte para que aquello llegase a ser un homenaje a la poesía y una invitación amable a su lectura. Gracias a la lección de maestro que dio Luciano Feria, que se fijó en tres palabras del libro de Zambrano: alrededores, verde y desafío. Construyó una brillante lectura de la esencialidad y trascendencia de la palabra poética del poeta amigo. En primera fila, una joven rubia evocaba escuchando a Luciano sus clases en el instituto... Y gracias también a Benito Estrella, que mostró a la sala su amistad irrestricta —dijo que duraba lo mismo que el reinado de Juan Carlos I; pero que él no estaba dispuesto a abdicar— con José Antonio, y que leyó lo que había escrito en su blog: «Un libro más de Zambrano […] no es un libro más de Zambrano. Es el mismo libro, cada vez más hondo y transparente, más acendrado y riguroso, más preciso y descarnado, más decantado y amigable.» «—¡Cómo no me va a gustar venir a Zafra!», dijo un Zambrano agradecido a un público también agradecido por haber sido regalado con un acto «de lujo», como calificó más de uno aquello de la otra noche.

martes, julio 01, 2014

Primer día de julio


He tenido examen a las ocho de la mañana. Aula 20. Si el año pasado por estas fechas había alumnos que sufrían ahogos por la tensión y la temperatura, y otros que se situaban en la bancada al lado de un enchufe de la pared —para conectar un ventilador—, este, en el que precisamente se ha cambiado todo el horario para evitar las horas de más calor, ha habido alumnas con tirantas que se han quejado del frío en las aulas. Me consta. En mi aula no. Bueno, sí. Además, he de decir que me alegro de tener que examinar a alumnos ajenos, de promociones lejanas, heredados de otro profesor que los tuvo y sostuvo, para que ahora —de eso me alegro— sea yo el responsable último de que se licencien. No es lo mismo —o sí— estampar en un acta un aprobado o un notable que hacerlo cuando sabes que eso significa un título —una vez que se paguen las tasas. Ay, el Espacio Europeo de Educación Superior... Estocolmo a las cuatro de la tarde un día de mediados de julio y Cáceres a la misma hora en el mismo tiempo. Por cierto, en el mismo tiempo en que todos han terminado sus exámenes y tribunales. Pregunto fuera de España y mis colegas llevan ya dedicados a su formación en el extranjero —España— varias semanas. Pregunto en España y en casi todas las universidades han terminado con sus obligaciones docentes y andan en cursos y seminarios. Pregunto aquí y alguno cercano de mi calle me dice que desde cuándo no tenemos ya tres meses de vacaciones. Pobre, no tiene luces. Hasta el 18 de julio —de violenta e infeliz memoria— tenemos que demostrar que somos  cumplidores. Solo algunos; pues los que no cumplen y son excelentes ya pueden tomarse vacaciones. Con razón, pues dicen los jefes que pueden tomarlas. Aquí la excelencia se mide por el número de cursillos de formación, las comisiones de calidad a las que uno pertenece y un calendario que nos dignifique. O lo que es lo mismo, empezar las clases antes que los niños de Educación Primaria. ¡Ay!

domingo, junio 29, 2014

Escuchar la sombra


Comenzó Olvido con la lectura del único poema propio que leyó. Fue uno de los primeros textos de Lo solo del animal (Tusquets Editores, 2012), que antes había sido publicado en el número extraordinario de la revista Espacio/Espaço Escrito (noviembre de 2009) en memoria de Ángel Campos Pámpano, a quien va dedicado el poema de Olvido, que habló en su introducción de Ángel y de nuestro encuentro hace ya años en Trujillo por la revista de revistas Hablar/Falar de Poesía. Olvido García Valdés —que estuvo acompañada por el profesor y poeta Fernando Abascal, que la presentó— nos cautivó el jueves 26 con su conferencia-recital «Escuchar la sombra. La raíz polifónica de la poesía contemporánea en español», dicha en el exigente Festival Internacional Ciudad de Trujillo, parte de cuyo público más fiel acudió a escucharla en el salón de actos del convento de la Coria. Estuvo brillante y con una extraordinaria capacidad de transmitir la magia de la palabra poética, capaz de escuchar la sombra, de instalarse en lo que no es comunicable. No es fácil saber explicar las claves esenciales de algunas poéticas contemporáneas y al tiempo saber decir la palabra ajena como si fuese propia. El jueves, las palabras ajenas fueron, ni más ni menos, de Juan Ramón Jiménez y su impresionante poema Espacio (1954), «una experiencia límite en un lenguaje límite» —dijo Olvido—; del poeta místico argentino Héctor Viel Temperley y su Hospital británico (1997) —algunos de cuyos versos arrancaron un aplauso desde la primera fila—; de Pedro Provencio y su libro Onda expansiva (2012); y de Julia Castillo y su Febrero (2008); entre otras, como las de un poema del venezolano Juan Sánchez Peláez (1922-2003), de Aire sobre el aire. Fue un memorable recorrido por parte de la mejor poesía en español de la segunda mitad del siglo XX y de los años que llevamos del XXI; y un verdadero lujo disfrutar de la palabra de una escritora como Olvido García Valdés en una noche templada llena de poesía y de amistad.

jueves, junio 26, 2014

Pessoa en España


El viernes pasado, primero del reinado de Felipe VI, pude ver en Madrid la exposición Fernando Pessoa en España que se inauguró en la Biblioteca Nacional el 13 de este mes y que estará abierta hasta el 24 de agosto, después de haber sido montada en Lisboa. Me ha gustado, por bien pensada y por cercana. Y cercana no solo por la proximidad geográfica de Portugal, sino porque uno de los comisarios, además del profesor colombiano Jerónimo Pizarro, es Antonio Sáez Delgado, y porque una buena parte de las noticias y los materiales bibliográficos son para mí conocidos, gracias, de nuevo, a amigos como Antonio Sáez u otros que ya no están como Ángel Campos Pámpano. Lo primero que uno encuentra al entrar en la Sala Hipóstila de la Nacional —en su pequeño formato—, una vez pasada la introducción con el primer texto rotulado y la reproducción del cuadro dedicado a Pessoa de Almada Negreiros, es el retrato antiguo, de Adolfo Rodríguez Castañé, que es el comienzo cronológico —1912— de una lectura lineal que llega hasta nuestros días, hasta novedades editoriales que no hace mucho han quedado reseñadas en este blog. Es estupendo que lo que uno conoce por los libros se le presente a los ojos de una manera tan atractiva. Así las cartas de Mário de Sá-Carneiro y de Pessoa a Unamuno, o la figura del mirobrigense Iván de Nogales —1915, es decir, uno de los primeros españoles de Pessoa—; así las hojas mecanoscritas con los textos leídos recientemente en la admirable edición de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. A todo habría que añadir el catálogo de esta exposición Fernando Pessoa en España (Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte-Biblioteca Nacional de España, 2014), que se abre con una presentación de los dos comisarios —un tándem de lujo para difundir la figura de Pessoa— y que incluye ensayos de ambos, de Antonio Sáez Delgado sobre «Fernando Pessoa en España: una visión panorámica», y de Jerónimo Pizarro sobre «Pessoa ibérico y futuro»; en el que también hay un esclarecedor trabajo de Pablo Javier Pérez López en torno al singular Iván de Nogales, otro de Manuela Parreira da Silva sobre Pessoa y los ultraístas españoles, y un estado de la cuestión del Libro do Desassossego desde que vio la luz en 1982, y luego en español dos años después gracias a Ángel Crespo, hasta las traducciones españolas de Perfecto Cuadrado o Manuel Moya, en un recuento firmado por Diego Giménez, de la Universidad de Barcelona. Está claro que va más allá de un mero catálogo de lo expuesto esta pieza exquisita de la bibliografía pessoana. Uma leitura útil.

miércoles, junio 25, 2014

Olvido García Valdés en Trujillo

© Alonso y Marful


jueves, junio 19, 2014

Noche oscura ¡ahora!


Mientras España perdía anoche por dos goles a cero en Maracaná, una treintena de personas asistíamos en el Gran Teatro de Cáceres a la función de la obra Noche oscura ¡ahora!, una «cita a ciegas con San Juan de la Cruz». Un montaje dirigido por Agustín Iglesias (Teatro Guirigai) con dramaturgia de él y del poeta José Manuel Martín Portales —que acaba de publicar su libro Patio interior (Pre-Textos) como Premio Gabriel Celaya—, y con la interpretación de Magda Gª-Arenal y Mario Benítez. «En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura!, / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada.» «Para que yo alcance diese / a aqueste lance divino, / tanto volar me convino, / que de vista me perdiese; / y con todo, en este trance, / en el vuelo quedé falto; / mas el amor fue tan alto, / que le di a la caza alcance.» «¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche! / Aquella eterna fonte está escondida, / qué bien sé yo do tiene su manida, / aunque es de noche.» Podría seguir copiando aquí los versos sublimes de San Juan de la Cruz hasta agotarlos. Sería una manera de transcribir y transmitir la primera parte de este interesante espectáculo contemporáneo —a partir de un texto clásico— que crea una atmósfera de mucha fuerza con los versos de Juan de Yepes, con la convicción en la palabra como un asidero para alguna forma de supervivencia. Solo con esos minutos de lograda plasticidad escénica, en los que los dos actores —Ella y Él— nacen desde la oscuridad y llegan a la luz, se sostiene esta propuesta. Una suerte de segunda parte es la que contiene la inevitable lectura de nuestro propio tiempo y su convulsión, en la que Ella y Él serán Catalina (Álvarez) y Gonzalo (Yepes) —y aquí, en la buena interpretación de los actores, aprecio también una diferencia a favor de la primera parte— en un escenario ahora marcado por elementos actuales como una maleta o como la palabra de San Juan convertida en un grafiti o en una pancarta de una movilización («Por aquí no hay camino»). No se oculta —al contrario— en esta propuesta un mensaje que soliviante; pero se impone la invitación a esta experiencia del verbo poético con una eficaz y atractiva experiencia teatral. Ayer sonaron raros los sentidos aplausos en una sala vacía, sí; pero, al menos, fuimos los únicos anoche que aplaudimos. Luminosa noche para unos pocos y oscura para muchos.

martes, junio 17, 2014

Julián Marías


Hoy se celebra el centenario del nacimiento del filósofo y académico Julián Marías (1914-2005). La prensa trae noticias y semblanzas; pero yo lo he recordado con afecto intelectual por otro centenario, el de la muerte de Carlos III. Allá por febrero del 88 compré este libro, La España posible en tiempo de Carlos III (Barcelona, Planeta, 1988), nueva edición de la obra que se había publicado en 1963, que me ha acompañado en muchas ocasiones a vueltas con el estudio del siglo XVIII; bien haya sido en primeras aproximaciones a la idea ilustrada, o bien en más específicas lecturas sobre figuras como Juan Pablo Forner o José de Cadalso, que de todo esto hay buena representación interpretativa en los trabajos que se incluyen en este conjunto de ensayos. Un libro este que en su momento volvió a recordarnos que España nunca había articulado tan bien como en el siglo XVIII el impulso ilustrado hacia lo culto y lo europeo, nunca había tenido tanta vocación de superar el aislamiento. «El conocimiento de esta época es condición inexcusable para tomar posesión de la nuestra y proyectarnos inteligentemente hacia el futuro» (pág. 7). Un recuerdo.

lunes, junio 16, 2014

viernes, junio 13, 2014

Ángel Pontones, II Premio de Microrrelatos 'Manuel J. Peláez'


Hace ya días que el jurado del «II Premio de Microrrelatos Manuel J. Peláez», presidido por María del Carmen Rodríguez del Río, decidió que el mejor relato entre los más de mil quinientos enviados era «Reconocimiento», un texto de Ángel Pontones Moreno, de Valencia, que no es ningún principiante, pues cuenta ya con el premio semanal «Relatos en cadena» que convocan la Cadena SER y la Escuela de Escritores (2013) y el premio «Fabryahora» (2014). Estará en Zafra este domingo 15 de junio para recoger su galardón, en un acto que se celebrará en el Hotel Huerta Honda a las 13:00 horas, y en el que también será presentada la segunda antología de microrrelatos de este concurso, organizado por el Colectivo Manuel J. Peláez, con los cincuenta mejores textos de esta edición.

jueves, junio 12, 2014

Okupando clásicos


Me llamó la atención leer en El Cultural el viernes pasado, 6 de junio, el titular «Okupando clásicos» que encabezaba el reportaje sin firma sobre los festivales teatrales de la España veraniega, desde el de Cáceres —menos mal que de este solo se reseñaba el teatro— hasta el de Chinchilla —no se mencionaba el Festival de Alcántara. La apropiación del título de la obra de Isidro Timón habría sido indebida si no se notase tanto que al redactor de la noticia le gustó el hallazgo, ya que mencionó la obra y eligió como foto para ilustrar la cabecera del artículo una fotografía del montaje en la que aparece el actor Javier Uriarte en su papel de Alberto, un estudiante de teatro que, junto a su amiga y compañera de estudios Mayca, se cuela en un teatro abandonado en el que conocen a su único habitante, un antiguo acomodador con quien reviven la magia de los textos clásicos. Es una sinopsis de la obra que anoche se representó en el Gran Teatro de Cáceres ante un público compuesto en su mayoría por familiares, amigos y conocidos de Isidro Timón; o lo que es lo mismo, significado y notable. Okupando clásicos es una prueba de amor y vocación por los grandes textos teatrales. Y digo textos porque son los textos —trozos escogidos de La vida es sueño, El vergonzoso en palacio, El castigo sin venganza, El avaro, Hamlet...— los protagonistas de esta pieza en la que sus ejecutantes no tienen más medios que los restos del vestuario marchito de un teatro decrépito. Con ellos, el trabajo más que notable de unos actores que saben comunicar el espíritu de un autor que siente el teatro de la manera que lo siente Isidro Timón, con la fascinación del primer día de quien se sigue admirando por una forma mágica de poner la palabra en escena; y con la necesidad de transmitirlo para educar su gusto. Y es que Okupando clásicos es también una propuesta pedagógica; y yo me la imagino como una eficaz introducción a cualquier muestra de teatro clásico. O sea, una loa, una pieza breve —no dura más de una hora— que sirve de preludio para preparar al público para el espectáculo. Y bien que lo prepara con este montaje de «ZTeatro» bajo la dirección del citado Javier Uriarte y, con su interpretación, la excelente de una actriz como Raquel Torres y la de un Juan Carlos Tirado muy sólido y experimentado, a quien sigo desde sus trabajos vinculados en «Taptc? Teatro» con La Luna de Mérida y Juan Copete, por poner dos ejemplos. Vuelvo sobre lo dicho: Okupando clásicos, una loa atrayente.

martes, junio 10, 2014

Nuno Júdice en Cáceres


Hace poco más de un mes recibimos la estupenda noticia de la concesión del Premio Eduardo Lourenço al profesor, poeta, traductor y director de la revista Suroeste Antonio Sáez Delgado, por su contribución al conocimiento de la cultura portuguesa y la cooperación ibérica. Ayer mismo escuché el espléndido programa especial que desde la Raya realizó Àngels Barceló con su equipo de Hora 25.  Ya hace meses que supimos que el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana había recaído en el gran poeta portugués Nuno Júdice, sobre el que escribió precisamente Antonio Sáez un texto, «El sencillo verso de lo grave», que se puede leer aquí. Aquellos y estos días allegan noticias estupendas sobre Portugal, que celebra hoy 10 de junio su fiesta. En Extremadura también. Y en Cáceres, en donde se presenta esta tarde —a las 19:30— la edición española de Navegación sin rumbo, de Nuno Júdice (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2014), de cuya traducción ha sido responsable el poeta y diplomático Luis María Marina. Esta tarde en «Los siete jardines», un lugar ameno en el centro histórico de Cáceres. Todo un acontecimiento cultural que mira hacia el oeste.

sábado, junio 07, 2014

Cantos : & : ucronías

Conoce bien el poeta Juan Carlos Mestre a Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, y dice por eso en uno de los textos de la solapa que viste esta edición que representa una «poética imprescindible en tiempos de desamparo». Sobre todo en este libro, Cantos : & : ucronías (Madrid, Calambur Editorial, 2013), que es una sorprendente y sugerente propuesta cimentada en un ejercicio combinatorio de palabra, signo y símbolo, cercano unas veces al ideograma en el nivel paratextual del título, como en el logrado « ∩∩∩∩ [recóndito valle]» (las comillas son mías); otras, simplemente, en la creación de un alfabeto personal en el que cabe establecer algunas identificaciones o correspondencias. Así, «&» siempre es la conjunción «y», mientras que la flecha hacia la derecha vale por unas comillas que abren y la flecha hacia la izquierda por unas comillas que cierran. [No logro que este soporte me deje reproducir los signos que quiero] Así los signos de pausa «:» y «n». Una intención compendiada en el poema 9 de la segunda parte, en el que se lee que « —»»... Un idioma no son solo palabras  también son seres que alguna vez hablaron & también son los ruidos que interpretó el silencio de sus pensamientos: […] —»»... Quizá n nunca conozca el verdadero idioma bajo el que deseo recibir el amparo de mi existencia porque quizá todo sea lo que Presiento signos que pueden llegar a arrojarnos fuera de sus ficticios límites & hacernos morir como murieron los alfabetos ya indescifrables etime de tantas & tantas palabras predestinadamente rotas:» Cantos : & : ucronías es el quinto libro de poemas de Miguel Ángel Muñoz Sanjuán y quizá sea el más ambicioso por el momento; y no precisamente por su aspecto formal y su codificación en dos partes o ciclos —«: Ciclo cóncavo :», de cuarenta y cinco textos, y «: Ciclo convexo :», de veintiuno—; sino por una poética que ahonda más y nuevamente en el sentido del decir poético y de la creación, de la literatura en un tiempo como el presente. Se me antoja que los dos ciclos están invertidos, que el cóncavo mira hacia el exterior, hacia un hombre genérico, hacia «yo eres, tú soy»; mientras que el convexo mira hacia el interior, lo autorreferencial, la palabra, hacia los límites de lo poético: «—»»... Poesía: lugar por habitar: nada de lo dicho nos es propio: idioma entretejido con nuestra propia mudez: …: …: …:». Pero también son indicios de ese afán por buscar nuevas rutas su experimentación con la apariencia y la disposición del poema en prosa; y su manera de sugerir que lo metafísico puede ir de la mano de una conciencia moral en el mundo en que se vive. La lectura de Cantos : & : ucronías es una experiencia estimulante para un lector que se avenga con lo que diverge, con lo que no concuerda con lo más acostumbrado. Así es. Por eso me gusta leer propuestas así.

jueves, junio 05, 2014

A vueltas con Bécquer


El domingo, Jesús Ruiz Mantilla publicó en El País una generosa crónica de la edición de la zarzuela perdida El talismán, de Gustavo Adolfo Bécquer, sobre la que ya di noticia aquí. El singular manuscrito es de un bibliófilo cacereño y fue desde Cáceres su difusión. El discreto e ilustrado propietario de los papeles, Manuel Márquez de la Plata, ha escrito para esa edición, ex animo bibliófilo, un texto —«Cuatro palabras sobre un manuscrito de Bécquer y una palabra de honor; con una defensa de la bibliofilia» es su título, que casi lo dice todo— que me apetece extractar: «Hace muchos años, en una ciudad cuyo nombre recuerdo perfectamente, de la mano de un competente librero y, sobre todo, bellísima persona, tuve la oportunidad de adquirir un manuscrito que podía ser de Bécquer. […] El librero, por razones que ignoro, me pidió que le diera mi palabra de honor de no decir ni precio ni su nombre. Se la mantengo. Esa noble y olvidada palabra, honor, todavía me conmueve. Aristóteles afirma que 'la potencia motriz del alma es lo que se llama deseo' y añade que 'la facultad de desear no se da a no ser que haya imaginación'. Estas palabras me sirven, maravillosamente, para definir la bibliofilia. Un deseo y un sueño. El deseo de poseer ese objeto mágico que es un libro, y el sueño de tener la biblioteca de nuestros sueños. […] Deseo y sueño que nos llevan a esperar que suceda lo maravilloso: el hallazgo que nos colme momentáneamente; para seguir persiguiendo nuestro sueño... No me cabe duda que Bécquer es un bienaventurado. Nada de este miserable mundo puede rozarle, ni tan siquiera un cabello. Sin embargo, ¡qué no daría yo para que dirigiera un pensamiento, por fugaz que fuera, a este bibliófilo que ha contribuido a resucitar sus palabras! No sabemos por qué hacemos lo que hacemos, afirma Hayek, en algún lugar. Está en lo cierto. Deseo y sueño, sueño y deseo son la clave de todo. Nunca nuestra pobre razón.» (El talismán. Una zarzuela inédita de Bécquer. Letra de Gustavo Adolfo Bécquer y Luis García Luna. Música de Joaquín Espín y Guillén. Coordinación de Víctor Infantes. Madrid, Visor Libros, 2014, pág. 11).

martes, junio 03, 2014

Papel prohibido


Es el nombre de la exposición que el Servicio de Biblioteca, Archivos y Documentación de la Universidad de Extremadura ha organizado para las dos sedes de su Biblioteca Central, desde el 2 al 13 de junio en Cáceres, y desde el 6 al 17 de octubre en Badajoz. Papel prohibido. Un recorrido bibliográfico por algunos libros prohibidos o censurados va acompañada de la edición de un catálogo —como viene siendo habitual en las muestras del Servicio— de las cuarenta y cinco piezas expuestas, y este va precedido de una introducción, «Censura que algo queda: de curas, barberos y otros guardianes», escrita por mi compañero Enrique Santos Unamuno, que dedica sus páginas a la memoria de otro colega, Gregorio Torres Nebrera. Son las palabras de Enrique Santos un recorrido ameno por los principales títulos de la exposición, desde la Odisea o la versión de fray Luis del Cantar de Cantares hasta La naranja mecánica o Un mundo feliz, obras que sufrieron «la censura represiva y alopática»; y también son en su párrafo final una queja ante un estado de las cosas —de la universidad española— decepcionante, una protesta que puede provocar en más de uno unas ganas irrefrenables de censurar. Véase: «Hoy día, el paradigma orwelliano de la universidad franquista, con sus listas de disciplinas aconsejables o peligrosas, sigue proponiendo un especial tipo de censura en muchos departamentos y ateneos humanísticos españoles, algunos de cuyos miembros sólo piensan en términos de cotas de poder, negociando con créditos a cambio de prebendas, hipotecando el futuro de las facultades en nombre de postulados epistemológicos que desconocen y causando un daño casi irreparable a la necesaria modernización e internacionalización de la universidad española. Por otro lado, el mundo (no tan) feliz de Huxley domina desde hace ya tiempo la burbuja de indicadores y baremos de calidad impuestos al mundo universitario por una vulgata psicopedagógica que parece a veces confundir el nombre y la cosa.» Imprimatur. Vidit: Lama, Lector.

lunes, junio 02, 2014

Lunes, 2 de junio de 2014


© RTVE
El Rey abdica la Corona de España. Una fecha histórica. Y el mejor momento para que un nuevo rey, distinto por moderno, demócrata y formado —y también uniformado— propicie una consulta sobre el modelo de estado que quieren los españoles. Imaginemos. Sería el primer monarca presidente de una república. Un imposible. Contra la línea dinástica representada en los retratos que se ven a la derecha de la imagen.

domingo, junio 01, 2014

En Hurdes

Ayer, en el Chorrituelo de Ovejuela