martes, marzo 11, 2014

11-M


Hoy se cumplen doscientos sesenta años del nacimiento en Ribera del Fresno (Badajoz) del poeta extremeño Juan Meléndez Valdés (1754-1817). No, no me he vuelto tonto. El 11-M es para siempre la fecha del más horrible atentado de la historia de España; pero aquella mañana de hace diez años escuchaba en la radio a Iñaki Gabilondo mientras me afeitaba antes de salir de viaje para participar en un acto en Ribera que anunciaba —el mismo día de su 250 aniversario— un simposio que celebraríamos en noviembre dedicado a «Batilo», el poeta neoclásico. A las ocho menos veinte Iñaki Gabilondo dio la noticia de una explosión en la estación de Atocha en la que parecía que había habido heridos. Ya en carretera, se hablaba en la radio de decenas de muertos, que iban aumentando a medida que yo recorría los kilómetros hasta llegar al pueblo en el que nació Juan Meléndez Valdés. Allí fue el encuentro con el alcalde, Antonio Fernández García, y con Javier Bodas y José María Corrales, que representaban a las instituciones —Diputación de Badajoz, Junta de Extremadura— que colaboraban con el ducentésimo quincoagésimo aniversario del nacimiento del escritor-magistrado. Veíamos la televisión en un bar del centro del pueblo mientras tomábamos un café antes de volvernos a nuestros respectivos sitios tras haber cancelado tácita y lógicamente el acto. «Esto no es cosa de ETA», dijo uno de nosotros; o todos a la vez, allí mismo. Volví de Ribera del Fresno a mi Facultad a tiempo para estar en los cinco minutos de silencio que guardamos por las víctimas del atentado. Era la una del mediodía y los muertos ya pasaban, me parece, de setenta. Recuerdo con sonrojo el enfado de un estudioso de Meléndez Valdés, Antonio Astorgano Abajo, por la suspensión de un acto sobre el escritor ilustrado que también estaba programado para esa mañana en la Biblioteca Nacional, en Madrid. Otra teoría conspirativa por la cual todo el mundo estaba empeñado en ningunear al gran Meléndez Valdés. ¡Ay, en la Biblioteca Nacional en la que trabajaban tres de los fallecidos en los atentados y varias víctimas más! No se puede olvidar aquella acción salvaje, el sufrimiento de todos los afectados, la solidaridad del pueblo de Madrid, de toda España; no se puede olvidar la actitud de aquel gobierno y la gestión repugnante que hizo de todo. No. Diez años después sigue el recuerdo vivo; e imagino qué será para aquellos que lo sufrieron en carne propia. El mismo día de las elecciones, el 14-M, llegaba a Cáceres, a las ocho de la tarde, Carlos Marzal, que venía al Aula Valverde, desde Atocha.

jueves, marzo 06, 2014

Marià Manent


Esta antología poética del escritor catalán (Barcelona, 1898-1988) es la tercera entrega de la colección «Voces sin tiempo» que edita la Fundación Ortega Muñoz y que dirigen Jordi Doce y Álvaro Valverde. Los veinticinco poemas que se dan traducidos por el profesor, traductor y ensayista José Muñoz Millanes (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1951) saben a poco; pero hay que reconocer que, por mor del excelente criterio de dar también la versión original, ocupan el doble; y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar el coste de una edición como la presente, muy cuidada y eficaz en su intención de mostrar algo de lo más representativo de la obra de Marià Manent, desde sus comienzos, con tres textos de La collita en la boira (1920) y dos de L'ombra i altres poemes (1931), hasta su libro de senectud El cant amagadís (1986), con un eje central que son los quince poemas de la cumbre de su lírica: La ciutat del temps (1961), en los que se aprecia la exigencia formal y la plenitud de su mirada sobre la naturaleza, la vida o los seres en ellas; incluso la vida en la muerte, como en «Entierro de una joven en Sallagosa». La obra de Manent es admirable también por haber abierto en su tiempo las puertas para que entrase la poesía extranjera, principalmente inglesa, en el ámbito ibérico. Admirable, en su tiempo, la labor de Enrique Díez-Canedo; como la actitud de poetas como Gil de Biedma que echaban en cara a otros con elegancia no haber leído más allá de su cerca. Gracias a ello, y gracias a quienes, como Marià Manent, nos han mostrado la literatura en otra lengua; la que se ve también cuando uno lee los poemas de esta Antología poética. Saben a poco estos veinticinco poemas; pero ya lo dice Muñoz Millanes, «la grandeza de la poesía no tiene nada que ver con la cantidad».

miércoles, marzo 05, 2014

Estudios extrem(eñ)os


Mi suscripción a la Revista de Estudios Extremeños está convirtiéndose con el tiempo en un problema de espacio. Pasa, me dirán, con toda suscripción a una colección de libros; pero en este caso es más grave por el notorio y progresivo grosor que cada año tienen los volúmenes de una revista que nunca se había caracterizado por estos excesos. Y todo esto sin razón aparente. El lomo del número III del tomo LXIX que recibí el último martes de febrero mide 5 centímetros y tiene 816 páginas. Y no es un número extraordinario. Bueno, lo es; pero quiero decir que no se trata de un número enteramente dedicado a un motivo, como el anterior, en homenaje a Julio Fernández Nieva (700 páginas), o el anterior, que recogió el VII Encuentro Historiográfico del GEHCEx sobre Extremadura hacia la modernidad (1808-1874), de 710 páginas. ¿Por qué ocurre esto en una publicación cuyas normas para el envío de originales advierten de que éstos «no podrán exceder de 30 páginas»? En este volumen hay un artículo sobre Catalina Clara Ramírez de Guzmán que tiene 43 páginas, otro sobre las Ordenanzas de Monroy de 63 páginas; hay otro sobre los estudios etnográficos en la propia REEX de 75 páginas, y hay dos artículos más que llegan hasta las 91 páginas. A falta de justificación, algunos de estos trabajos tienen faltas de ortografía, erratas y están mal escritos. Me preocupa esto. Mientras hojeo este tomazo pienso en esa tendencia de la universidad española a valorar al peso la investigación y el conocimiento; de tal forma que un artículo de sesenta páginas vale más que uno de veinte y que un currículo con quinientos ítems es mejor que otro con cien. Sin ser universitaria y sí haber sido la primera internacional por estos pagos, parece que la Revista de Estudios Extremeños, fundada en 1927, se ha contagiado de este espíritu que nos invade de ser más con más, y lo más rápido posible. Bastaría, cuando menos, con respetar las normas que la propia revista difunde, para evitar que lo que antes eran las tres entregas del año sea ahora tan sólo una tercera parte. O eliminar las normas, ya que tomo a tomo se quebrantan. Por el momento, a mi querida Revista de Estudios Extremeños le hago sitio.

lunes, marzo 03, 2014

Corner of the silenced


Por mediación de Tomás Sánchez Santiago, autor del prólogo, he recibido este libro de Juan Carlos Pajares Iglesias (Huelva, 1961), Corner of the silenced (Un año en Tam Tam Press), publicado a finales del pasado año en EOLAS Ediciones de León. Cuando lo abrí y hojeé por primera vez creí que era un libro de poemas por la mancha tipográfica reducida y centrada en la página. Luego, al empezar a leer alguno («Y la nieve pintó de blanco el hayedo, el robledal, los campos. Otra vez ese silencio algodonado […]») creí que se trataba de poemas en prosa. Y al hacer caso —sabia decisión— a lo que dice Tomás Sánchez Santiago en su prólogo —que trae a colación el libro Manga por hombro de Elías Moro—, ya supe que estaba ante una colección de aforismos, de escritura lapidaria. Ya sí, cuando leí del primero al último de los cincuenta y dos textos de Corner of the silenced de Pajares Iglesias, ya me di cuenta de que estaba ante una especie de reunión de teselas de escritura civil, de, como dice Tomás Sánchez Santiago, de un «manual para aturdidos  con el que se deberían recuperar las agallas de la dignidad. En las escuelas, en los hospitales, en las paradas de autobús, en las pantallas de los estadios tendrían que estar a la vista estas páginas, de una en una, pequeña baraja de lápidas que habría de terminar con el rincón de los silenciados, que ya no caben, desde luego, en un rincón». No exagera. Si en las escuelas, en los hospitales, en las paradas de autobús, en las pantallas de los estadios pudiésemos leer páginas como las de este libro, nuestra dignidad sería más grande y visible, igual que la certeza sobre la desvergüenza de tanto que nos rodea. Es verdad. «Urge un reparto equitativo de la pobreza», que es el texto número 18, parece una viñeta de El Roto. Hay otros igual de contundentes, en los que sobrevuelan asuntos como los desahucios, la riqueza extrema, los paraísos fiscales, la corrupción política, o el patriotismo que «es un sentimiento exclusivo de los señoritos porque ellos heredarán la tierra» (pág. 63). El subtítulo del libro (Un año en Tam Tam Press) desvela que los textos provienen de la sección «Aforismos del pájaro» que Pajares tiene desde octubre de 2012 en el recomendable proyecto de periodismo digital Tam Tam Press. Ay, si uno lo hubiese leído antes, no se le habría ocurrido decir lo de arriba de la apariencia de poemas. Aunque haya textos que parezcan pausas líricas entre los gritos justificados que, ahora reunidos, han sido dedicados por su autor a los mineros leoneses que el 28 de octubre de 2013, en la mina de Llombera, murieron a causa de un escape de gas: Orlando González Fernández, José Luis Arias, Roberto Álvarez, Manuel Moure, Juan Carlos Pérez y Antonio Blanco. Basta leer en voz alta estos nombres para apreciar su eufonía, frente al graznido que resulta si uno dice los nombres que ocupan las noticias diarias, desde Bárcenas a Lagarde. Hay, pues, en Corner of the silenced un aire elegíaco; pero, sobre todo, hay una escritura de calidad, eficaz y necesaria en estos tiempos. Y en todos.

sábado, marzo 01, 2014

Una faja


En un descuido, he tirado una pila de novelas que tenía en mi escritorio. En el suelo, una faja suelta de un color llamativo con tres asertos: «La mejor novela del año», «La lucidez narrativa que todos estábamos esperando», «Ya es hora de proclamar la excelencia de este autor». Y ahora no sé en qué libro estaba.

viernes, febrero 28, 2014

Libro de guisos y dulces


Como el «primer recetario femenino» anunció Víctor Infantes hace poco en un artículo (en la Revista de Escritoras Ibéricas, 1, 2013, págs. 31-50) este Libro de apuntaciones de guisos y dulces de María Rosa Calvillo de Teruel que ha publicado Visor Libros. Aquellas palabras de Infantes son ahora la introducción de la edición del texto a cargo de Elena Di Pinto. La impresión de la obra ha estado al cuidado exquisito de Gráficas Almeida, lo que quiere decir que de José Manuel Martín y del mencionado V. I.; y por eso —creo— encabezan el libro una dedicatoria y un lema. La primera, a doña María Brey, «siempre en el recuerdo», pues ella fue la propietaria del manuscrito —regalo del librero Luis Bardón en 1969— que mostró a Infantes hace un tiempo que va para veinte años. El segundo, de Sor Juana Inés, de su Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz: «Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito». El cuaderno de recetas que ahora se edita es de mediados del siglo XVIII y no tuvo más pretensiones que ser eso, un cuaderno en que reunir para su preservación en el tiempo, como así ha sido afortunadamente, un centenar de recetas. De hecho, ni siquiera su autora puso su nombre; y fue una mano ajena la que añadió «Por Maria Rosa Calvillo de Teruel», como conjetura Víctor Infantes, una cocinera contratada en alguna casa burguesa o, simplemente, una ama de casa que por afición quiso formar su propio cuaderno gastronómico, cuyo análisis lingüístico lo sitúa en Andalucía, y más concretamente, en Sevilla. El estudioso reconstruye con un alto grado —para mí— de seguridad la genealogía del manuscrito y lo trata en un panorama de la literatura gastronómica española y europea (Francia, Inglaterra, Alemania) femenina desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. A mí me parece un libro delicioso, y no sólo por el arroz con almejas o el conejo con cebollas, no por contar el modo de guisar los pichones en Extremadura o el de componer las perdices como en Sevilla, sino porque tiene lo que han de tener los mejores platos: una buena presentación y fundamento culinario.

Libro de apuntaciones de guisos y dulces, por María Rosa Calvillo de Teruel (c. 1740). Presentación de Víctor Infantes. Edición de Elena Di Pinto. Madrid, Visor Libros, 2013.

jueves, febrero 27, 2014

Paco de Lucía


© José Ayma, 1994
Ha faltado él en todas las necrologías que se han publicado desde la muerte del maestro en la madrugada de ayer. De ambos habla Antonio Lucas aquí. De los dos se acordó Santos Domínguez en su blog. Va por ellos, por Félix Grande y por Paco de Lucía, que estarán tocando la guitarra en algún sitio. Y suena ahora un fandango de Sólo quiero caminar. 

miércoles, febrero 26, 2014

Letras con el cine español


Mañana jueves 27, a lo largo de la mañana, la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres acogerá una actividad de difusión del 21 Festival Solidario de Cine Español en la que se mostrarán algunos tráileres de las películas que se proyectarán en la sección oficial desde el lunes 3 al viernes 14 de marzo, y se informará a los estudiantes de los diferentes grados de la Facultad sobre pases y descuentos para ver cine español en este Festival Solidario.

¿De qué se ríen?


Primera fotografía © Olivier Huslet / efe Última fotografía © Claudio Álvarez / el país

viernes, febrero 21, 2014

Los diccionarios de español a través de la historia


© Fundación Juan March
Brillante, como siempre, Pedro Álvarez de Miranda en las conferencias que ha pronunciado esta semana —el martes 18 y el jueves 20— en la Fundación Juan March en un pequeño ciclo dedicado a los diccionarios de español a través de la historia, a través de más de cinco siglos de historia desde el Vocabulario de Nebrija. Pueden escucharse aquí; la del martes, que tituló «De Nebrija a la Academia», y la de ayer, «De la Academia a Manuel Seco», cuyo audio he esperado hasta hoy para enlazarlo tras su escucha. (Prodigio dichoso para quienes no pudimos estar de cuerpo presente). La lexicografía anterior a la Academia tiene en Nebrija y en Covarrubias a sus dos referentes principales, sobre los que Pedro Álvarez de Miranda trató el martes jugosamente en su primera conferencia, que se extendió hasta el ya académico Autoridades (1726-1739) y otros repertorios emprendidos por la institución, como los dos intentos frustrados de elaboración de un Diccionario Histórico. La segunda conferencia toma como primer objeto de estudio el singular Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana  (1786) del jesuita Esteban de Terreros, y recorre otros diccionarios del siglo XIX y del XX, en el que hay dos perlas como el Diccionario de uso del español (1966-1967) de María Moliner —excelente reseña de sus rasgos la que hace Pedro— y el Diccionario del español actual (1999) dirigido por Manuel Seco, que, en palabras de Álvarez de Miranda, es una proeza que rompió el círculo vicioso en que estaba empantanada, por su dependencia del Diccionario de la Academia, toda la lexicografía española. Manuel Seco, que junto a Rafael Lapesa, los dos maestros de Pedro Álvarez de Miranda, son dos de los nombres más devotamente pronunciados en estas dos esclarecedoras conferencias, tan bien dichas.

jueves, febrero 20, 2014

Ramírez Lozano en Cáceres


Imagen © Alejandría Little Films
También este viernes 21, en el Colegio Mayor «Francisco de Sande» de Cáceres, también a la misma hora que el homenaje a Manuel Ariza, va a celebrarse una nueva edición del «Aula de la Palabra» organizada por la Asociación Cultural «Norbanova» que conduce con apasionada mano Jesús Mª Gómez Flores, magistrado, poeta, editor y responsable de que contemos nuevamente en Cáceres con la visita del escritor José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950). Aludo a lo coincidente porque en esta ocasión me resulta difícil desdoblarme; aunque, quién sabe, igual puedo llegar a los postres de una lectura poética —presumo— del autor de la Elegía de Yuste, uno de sus últimos libros, premiado también con el «Ciudad de Pamplona» en su séptima edición. Con su estirpe funeral, «Cipo» es el título del último poema de ese libro, que mañana voy a llevar a clase para mostrar a mis alumnos otro ejemplo —hace ya días que leímos otro texto compacto, este en octosílabos, del Gerardo Diego creacionista— de expresión poética tersa que a la vez dibuja la figura de su referente real. De la columna al poema. El poema y la columna. José Antonio Ramírez Lozano será presentado por otro poeta, Santos Domínguez. Razón de más para desdoblarse. A las 20:00 horas, mañana viernes 21 de febrero de 2014, en el salón de actos del Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande» de Cáceres.

miércoles, febrero 19, 2014

Con Manolo Ariza


Foto © Claudio del Campo
Vuelven a este espacio el título y la fotografía de esta entrada porque no pudo hacerse lo que anunciaban. Murió Diego Ariza un día antes y todo se fue al traste. También el homenaje a Manolo que ahora se retoma y recompone. Será este viernes. La fotografía de arriba, como ya dije, presidió, con travieso descaro, el paraninfo de la Universidad de Sevilla en el acto de homenaje a Manolo Ariza del viernes 25 de octubre de 2013, en el que compañeros, amigos, alumnos y su querida Ninfa dijeron palabras muy justas y muy emotivas en su recuerdo. En Sevilla dio clases Manuel Ariza Viguera desde 1989; en su Universidad, en la que formó a un buen número de promociones de estudiantes de Historia de la Lengua hasta su muerte el 15 de octubre del año pasado. Pero Extremadura también fue su Universidad, desde 1975 hasta su marcha; y Cáceres fue su ciudad, bien vivida y bien conocida, en la que dejó muchos amigos a los que siguió viendo y tratando mucho después. Éstos, muchos antiguos alumnos, sus compañeros en la Facultad de Letras —Gregorio Torres Nebrera ya no está—, su familia de aquí —Diego ya no está—, muchos conocidos, nos reuniremos por fin este viernes, 21 de febrero, a las 20:00 horas, en el salón de actos del Instituto de Lenguas Modernas de la UEX, para recordarle. Lo merece quien fue un brillante estudioso de la lengua española en su historia, un apasionado de la docencia, un buen profesor pendiente siempre de sus alumnos y comprometido con su entorno, que nunca dudó en implicarse en el debate y en la discusión civilizada —con convencida pertinacia— para mejorar las cosas. Este viernes, con Manolo. Y esta vez, con el justificado recuerdo a Diego Ariza. Quiero creer que Diego quería estar en el homenaje a su hermano programado para el pasado 28 de noviembre; que quiso estar y no pudo, que casi murió en el intento. Este viernes estará. Él también fue profesor de la Universidad de Extremadura.

© Diario HOY
Viernes 21 de febrero de 2014. Instituto de Lenguas Modernas de Cáceres (Avd. Virgen de la Montaña, 14). 20:00 horas.

martes, febrero 18, 2014

Grimm


Grimm. Un mundo de cuentos es el título de la exposición que va a estar desde hoy hasta el 14 de marzo en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, organizada por el área de Filología Alemana del Departamento de Lenguas Modernas y Literaturas Comparadas de la UEX y el Goethe-Institut. Como dice la nota que me llega de Olga García y Andreas Lampert, la exposición hace un recorrido por los motivos y rasgos más característicos de los «Cuentos de niños y del hogar», una  colección recopilada y publicada por los Hermanos Grimm, que es, junto con la Biblia de Lutero, la obra más conocida y de mayor difusión de la historia cultural alemana, y que en 2005 fue incluida en el Programa Memoria del Mundo de la Unesco. La muestra también ofrece referencias a algunos fondos bibliográficos catalogados en la Biblioteca Central de la UEX y en el área de Filología Alemana.  Por cierto, ya que viene al caso: hay que tener en cuenta al extremeño Vicente Barrantes en la historia de la recepción en España de esta literatura del cuento (Poe, Hoffmann y también los hermanos Grimm).

lunes, febrero 17, 2014

Federico Campbell


Por la necrología publicada hoy en El País por Juan Diego Quesada me he enterado de la muerte el sábado del escritor tijuanense Federico Campbell, que, a pesar de su intensa trayectoria profesional como editor y periodista, y literaria como novelista y traductor, para mí es autor de un libro principal: Infame turba. Aquel volumen de entrevistas a pensadores, poetas y novelistas de la España de 1970. Leopoldo María Panero, Ana María Moix, Guillermo Carnero, Vicente Molina-Foix, Pere Gimferrer, Félix de Azúa, José María Guelbenzu, Terenci Moix, Car[los y Eu]genio Trías, Salvador Clotas, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix Grande, Luis Goytisolo, Juan Marsé, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, Juan García Hortelano, Carlos Barral, Juan Benet, José Manuel Caballero Bonald, Ana María Matute, José María Castellet, Carmen Martín Gaite, Ángel González y Gabriel Ferrater. Sigue pareciéndome un documento excepcional. Lo manejé por su primera edición de 1971, y años después compré la reedición (Barcelona, Editorial Lumen, 1994), cuya cubierta reproduzco arriba, que recuperó también las fotografías de César Malet de los entrevistados. Este curso me seguirá sirviendo para hablar en clase de cuarto del grado de Filología Hispánica de Juan Marsé y de Jaime Gil de Biedma. A cinco de aquellos entrevistados, los desaparecidos —Ferrater, Barral, Gil de Biedma, Benet y García Hortelano—, se dedicó aquella reedición del 94. Si se hiciese ahora otra edición con dedicatoria, habría que sumar los nombres de Terenci Moix, Carlos y Eugenio Trías (Cargenio), Manuel Vázquez Montalbán, Félix Grande, Claudio Rodríguez, José Mª Castellet, Carmen Martín Gaite y Ángel González. Estas líneas quieren ser también una reedición de Infame turba, y, por ello, una dedicatoria al que nos falta más reciente: Federico Campbell (1941-2014).

sábado, febrero 15, 2014

Anónimos


Hace unos meses alguien me envió un comentario al blog en el que me trasladaba su decepción por comprobar que yo censuraba las comentarios. No era tal; pero era verdad. Yo no censuro ningún comentario enviado; simplemente, no publico ya —hubo un mal momento en que sí lo hice— los comentarios ofensivos, negativos, sarcásticos, irónicos o mordaces que no van firmados o que no son identificables. Sólo tolero el mensaje anónimo positivo, el que elogia y no ofende, porque considero que en ese caso puede ser comprensible el pudor, razón de más para ocultarse; y porque se hace bien al aludido. Pero no la cobardía estulta del que me dice que hay otros libros mil veces mejor que el que yo recomiendo, y que tengo un «gusto raro»; no el comentario del cobarde que quiere aludir —y no lo logra— a personas con nombres y apellidos —yo el primero, con perdón— que aparecen mencionadas en este espacio, y que lo hace con la voluntad de herir, de ridiculizar, de hacer daño. Aquí, en este espacio, y en otros. No comprenderé nunca cómo es posible que algunos periódicos digitales, por falta de control, por la incuria de siempre, permitan el escarnio y, lo que es peor, difundan el analfabetismo de tanto berza que se arroga con derecho a una mal comprendida libertad de expresión. Al menos, y lo rechazo, en un estadio de fútbol, el que insulta ha pagado la entrada. Si yo fuera mujer, me pasaría, como escribió Arturo Pérez Reverte, por «la bisectriz del chichi»* los comentarios sin firma, salvo error o pudor. Con todo respeto, como el que ha de exigirse a alguien que, a cara descubierta, da su opinión. Siete años va a cumplir pronto el texto de mi hermano que suscribo y del que recupero la viñeta de Mauro Entrialgo.

* Nota bene. Mejor una referencia ajena y culta que no ser tildado de vulgar por decir «por el forro de los cojones» o cosa parecida.

miércoles, febrero 12, 2014

Julio Cortázar, 30 años

© Foto: Rue des Archives/ Cordon Press
Pasa el tiempo. Hoy se cumplen treinta años de la muerte de Julio Cortázar en el Hospital de Saint Lazare de París, a los 69 años. Y es que también conmemoramos este 2014 el centenario de su nacimiento. Hacía diez días que había ingresado en el hospital y nadie esperaba que su enfermedad —leucemia— le aniquilara tan pronto, contaba la crónica del 13 de febrero de 1984 del ABC, que publicaba algunas reacciones rápidas de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Miguel Delibes, Francisco Ayala, Onetti, Octavio Paz o Luis Rosales. Este blog siempre le rinde homenaje:
«Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. » (Rayuela, del capítulo 73)

Octavio Escobar en Letras


Mañana jueves, 13 de febrero, visita Cáceres el escritor colombiano Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962). Tendrá un encuentro con los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras a las 12:00 horas, en el que hablará sobre su obra y presentará su última novela, Cielo parcialmente nublado (2013). Su autor es profesor de Literatura en la Universidad de Caldas y ha publicado libros de cuentos como El color del agua (1993), Las láminas más difíciles del álbum (1995), De música ligera (1998) y Hotel en Shangri-Lá (2004), que fue Premio Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia. Ha escrito también las novelas El último diario de Tony Flowers (1995), Saide (1995), publicada en España por Editorial Periférica en 2007 y traducida al italiano y al alemán, El álbum de Mónica Pont (2004), ganadora de la IX Bienal Nacional de Novela "José Eustasio Rivera", 1851. Folletín de Cabo Roto (2007), Destinos intermedios (2010), también en Editorial Periférica, y la ya citada Cielo parcialmente nublado (2013). Octavio Escobar Giraldo estará acompañado en Cáceres por el también escritor Antonio Mª Flórez (Don Benito, 1959), residente durante varios años en Colombia, en donde culminó sus estudios universitarios de Medicina. Es autor de varios libros de poemas, entre los que cabe destacar Desplazados del paraíso (2003), que fue Premio Nacional de Poesía «Ciudad de Bogotá» y reeditado en España por la Editora Regional de Extremadura en 2006; Bajo tus pies la ciudad (2012) o En las fronteras del miedo (2013).
 Jueves, 13 de febrero de 2014. Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (Campus Universitario). 12:00 horas. Organiza: Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General de la Universidad de Extremadura.

miércoles, febrero 05, 2014

La sed de sal (IV)

El cancionero. El cancionero de La sed de sal. El cancionero. Nota bene: se indica con la primera cifra el número de la secuencia o capítulo, y con la segunda el número de página por la edición de la colección Andanzas (Tusquets Editores, 2013). El comentario, próximo.

6.27
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

26.77 
Quiero yo que estés conmigo,
no porque lo quiera yo, 
quiero que lo quieras tú,
que lo queramos los dos,
pero, si no quieres tú,
no quiero quererlo yo
y, si quieres a otro, quiero
que te quiera como yo.

42.122 
¿Dónde están las llaves,
matarile rile rile?
Donde están las llaves,
matarile rile ron,
León.

52.157
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
si eres un maleante
y yo soy mala gente.

52.158
Ya me tienes delante,
ya me tienes presente,
qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente.

55.162
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
quieres que me levante
o quieres que me siente.

60.177
Qué quieres que te cante,
qué quieres que te cuente,
si soy yo el maleante
y tú eres buena gente.

63.184
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

64.185
No quiero perros ni gatos
alrededor de la casa,
los gatos porque maúllan
y los perros porque ladran.

81.236
Huyeron sin hacer ruido,
pero pronto regresaron,
porque los habían seguido
y porque los alcanzaron.

86.252
Que no quiero gatos
ni perros en casa,
que los perros muerden,
los gatos arañan.

104.297
Que te vaya bonito,
que te vaya muy bien,
y si ves a Benito
que le den, que le den. 

martes, febrero 04, 2014

La sed de sal (III)


Quienes conocen bien el recorrido literario de Gonzalo Hidalgo Bayal sabrán que comenzó publicando poesía. Sí, el primer libro de Gonzalo Hidalgo Bayal fue un libro de poemas, Certidumbre de invierno, una entrega breve que fue el primer número (99) de la colección «La Centena» ideada por Antonio Gómez y que empezó a publicarse en noviembre de 1986. Poco cuesta adivinar la mano y el empeño de Ángel Campos Pámpano en esta primera publicación de su amigo Gonzalo. Luego, poco después, llegó la primera novela, Mísera fue, señora, la osadía (Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1988); anterior, sin embargo, en escritura, al libro de versos, y una especie de telar en el que quedaron muchos pespuntes de lo que hoy es una narrativa de gran personalidad. Murania, don Gumersindo, Casas del Juglar, el gusto por lo atomístico en una serie numerada de secuencias o capítulos, o la poesía que se cuela incluso en la relación del menú en la voz de rosa de Catalina la refitolera: «Patatas, de primero, / arroz a la cubana / y sopas de fideos» [...]; y las espinelas de Espinosa, el bardo Ramiro A., de aquella Mísera... Por esto, por esa vocación métrica de Hidalgo Bayal desde sus primeros escritos, la lectura de unos versos en lo que escribe —en su blog o en una novela— siempre es motivo de regocijo. Sí. Siempre me ocurre. Recientemente, en la lectura de La sed de sal, que contiene un breve cancionero, el motivo de esta entrada (y de una próxima). Pero también en uno de sus más recientes relatos publicados, «Adames», que apareció en Quimera (núm. 359) en el octubre pasado de 2013, y que retrata a un alumno hervaciano que era el poeta. El relato que pudiera ser homodiegético devela la afección bayaliana por la poesía, sus «certidumbres invernales». Por cierto, esta perla es de Certidumbre de invierno: «Siembran los hombres con torpeza lenta / su ruda cicatriz sobre la nieve». Vendrá más.

domingo, febrero 02, 2014

Rafael Lapesa (y II)


«Empecé a trabajar en el Centro de Estudios Históricos en septiembre de 1927, al mismo tiempo que por las mañanas trabajaba en una oficina, la misma en que había trabajado durante toda la licenciatura, y en 1929, liberado de esa oficina, pude preparar mis oposiciones a Cátedra de Instituto. La gané en 1930 y fui destinado a Soria; pero pedí una excedencia para poder continuar en el Centro de Estudios Históricos.
Dos años después, en 1932, decidimos casarnos; mi mujer —Pilar Lago Couceiro— era una compañera de estudios, y fui destinado a Oviedo, pero se fundaron entonces tres institutos nuevos en Madrid y el Gobierno de la República estaba interesado en que funcionasen desde el primer momento con catedráticos, y como no daba tiempo a que se celebraran oposiciones y concursos, nombraron interinamente en comisión de servicio los catedráticos que necesitaban. Yo fui uno de ellos, y tuve la suerte de que el catedrático de Francés se llamase Antonio Machado y de estar en un claustro estupendo, con una compañera mía de instituto, María Elena Gómez, profesora de Geografía e Historia, hija de Manuel Gómez Moreno, y persona de una valía extraordinaria. Entre ese Instituto, el Centro de Estudios Históricos y la Universidad, porque desde 1930 empecé a dar clases en la Universidad como ayudante, sobre todo en los años en que Américo Castro estuvo enseñando en Alemania, estaba ocupado todo el tiempo, y así estuve hasta el año 1936, en que con la guerra desapareció el Centro —y todavía estuve encargado de lo que quedaba en Madrid del Centro y de mantener una correspondencia con Tomás Navarro Tomás.
En 1942 publiqué mi Historia de la lengua española, fui designado luego a Salamanca, y di clases allí y en Oviedo; y en 1947 gané la Cátedra de Gramática Histórica de la Universidad de Madrid, previa consulta con don Américo, exiliado voluntariamente en Estados Unidos, a quien le pregunté si pensaba volver, y me dijo: «no deje usted de presentarse». La gané e inmediatamente me invitó Américo Castro a estar como profesor visitante en la Universidad de Princeton. En Estados Unidos pasé un año, dos cuatrimestres en Princeton, un curso de verano en Harvard, otro cuatrimestre en Yale y otro curso de verano en Berkeley, California. Fue una experiencia maravillosa para mí, pude consultar bibliotecas, que suplieron la escasez de libros que se padecía en España por las interrupciones propias de nuestra guerra civil y de la guerra europea.»
En 1947 comenzó a trabajar en el Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española, en la que ingresó como miembro de número en 1950. La impartición de clases en universidades americanas y las labores en el Diccionario Histórico de la Lengua retrasaron la lectura de su discurso de ingreso sobre Los decires narrativos del Marqués de Santillana hasta 1954. Hoy, Rafael Lapesa está de actualidad —palabra horrible para el humanista de investigación callada— por su designación como director de la institución. Para don Rafael, también secretario de la Academia desde 1964 hasta 1971, «la única posibilidad que habría en lo que se refiere a la apertura social de la Real Academia Española sería la celebración de actos públicos con más frecuencia que las simples recepciones de nuevos académicos. Hay actos de este tipo, pero parece que el público no está acostumbrado a ellos; por ejemplo, ocurrió con la conmemoración de Bécquer, en la que intervinieron García Nieto, Carlos Bousoño y Luis Rosales; y las intervenciones de crítica literaria de Rosales y Bousoño fueron realmente espléndidas, aparte de la buena poesía leída por García Nieto; pues hubo muy poca gente. Al lado de esto, la prensa no hace caso, no publica —y si lo hace es sólo para sacar punta a posibles burlas— las listas de enmiendas y adiciones al Diccionario que se le mandan al trimestre, de modo que la RAE no tiene culpa de que no se dé noticia de sus actividades, más que para hablar de las candidaturas o de cosas semejantes». Hasta aquí la palabra de «este varón cordial», del verso guilleniano, hasta aquí el homenaje.
(Aguas Vivas, segunda época, núm. 13, 3-6-1988, pág. IV)

sábado, febrero 01, 2014

Rafael Lapesa (I)


© ABC
Mi calendario trae hoy la fecha del 1 de febrero de 2001 como recordatorio de la muerte de Rafael Lapesa. Me he acordado de la conversación que tuvimos con él una amiga mía y compañera de curso, Pilar Nieves García Romero, y yo hace ahora más de veintiséis años. Se publicó en Aguas Vivas, el Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cáceres, en el número 13 del viernes 3 de junio de 1988. Si la memoria no me falla, la entrevista se la hicimos en el I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, celebrado en Cáceres entre el 30 de marzo y el 4 de abril de 1987. Éramos dos jóvenes licenciados en Filología Hispánica. El texto es como sigue, y, por su interés, lo voy a dar aquí íntegro, aunque en dos entregas:

«Nada más peregrino / Que una conducta simplemente justa», escribió Jorge Guillén en un poema a él dedicado. Con él remató sus versos diciendo: «Ninguno más humano. / Con linterna a lo Diógenes / Buscad sus pares, pocos». Dámaso Alonso le adjudicó el templado calificativo de «héroe contemporáneo». «Lecciones de ciencia y lecciones de ética» llamó Diego Catalán a sus escritos. A sus apasionados discípulos debemos el conocimiento de sus calidades, a esas bocas amigas que nos han transmitido con veneración el talante del maestro: don Rafael Lapesa (Valencia, 1908).
Para quienes nos hemos acercado a Rafael Lapesa a través de sus obras —Historia de la lengua española (1942), La trayectoria poética de Garcilaso (1948), La obra literaria del Marqués de Santillana (1957), De la Edad Media a nuestros días (1967), etc.—, su conversación, por breve que sea, nos arropa y ensimisma en la confirmación de todo lo oído y leído sobre su persona y su obra. Nos ocurrió una mañana en la que don Rafael, azorado por el homenaje continuo y necesario que le acompaña, nos habló pausado de toda una vida dedicada a la filología.
«Hice estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, donde tuve la suerte de encontrar profesores magníficos, como el catedrático de Arte, don Francisco Morán, que no sólo nos enseñaba la Historia, sino que nos hizo conocer, porque nos los leía, sonetos y romances de Lope de Vega; don Vicente García de Diego, catedrático de Latín, que confirmaron mi afición a las Letras, heredada de mi padre, Licenciado en Letras y profesor de Enseñanza Privada durante toda su vida.
En la Facultad de Filosofía y Letras estudié la licenciatura en Letras en los años 1923 a 1927. El plan de estudios entonces era principalmente humanístico, con latín, griego y hebreo, aparte del árabe y la literatura española; lengua sólo se daba el último año, en un curso de Historia de la Lengua Española. Allí tuve un buen profesor de Latín, aunque no tenía sensibilidad literaria, que era Cejador. Un gran entusiasta introductor a la cultura literaria y artística, que era don Andrés Ovejero; era un político, diputado, que escribió poco; pero que tenía una sensibilidad artística, literaria y filosófica enorme. Con él tuve un curso sobre literatura, de investigación, sobre toda la obra de Cervantes, y a propósito de ella nos interesarnos no sólo por la literatura española en general, sino por toda la literatura europea; a él debí lanzarme con avidez sobre el teatro de Shakespeare, la obra de Goethe, el teatro de Ibsen, la novela rusa, etc. Al año siguiente me encontré con un profesor muy distinto, tremendamente distinto, sin la oratoria de mitin que tenía a veces el buen don Andrés Ovejero, y con un rigor, una exigencia y un saber extraordinarios, era don Américo Castro. Con toda su fogosidad, con todo su mal genio a ratos, con su generosidad sin límites, el encuentro con Castro fue para mí decisivo. Aquel año estudiábamos Letras —que comprendía Clásicas, Semíticas e Hispánicas— once estudiantes, de los cuales dos o tres chicas emigraron enseguida en cuanto don Américo las puso de vuelta y media porque no sabían qué era un gerundio. En total terminamos el curso tres chicas y cuatro varones —dos eclesiásticos y dos seglares—. Fue un curso de Historia de la Lengua en el que no sólo trabajamos a fondo el manual de Gramática Histórica de Menéndez Pidal, sino que comentamos en clase textos latinos, de Berceo, de Juan Ruiz, La Celestina, el Quijote, etc.. Aquel curso fue decisivo.
Todavía yo estaba dudoso entre la atracción de las letras clásicas y la de la filología española; pero hubo una circunstancia que me decidió: en el mes de septiembre, en la biblioteca del Centro de Estudios Históricos, al salir de mis lecturas, me encuentro con don Américo, que me dice: «Lapesa, hemos tenido una gran desgracia en el Centro; Pedro Sánchez Sevilla —un joven investigador que llevaba ya cierto tiempo en el Centro trabajando con don Ramón Menéndez Pidal, y que publicó una tesis, que era la primera de tipo dialectológico que se hacía en España, sobre el habla de Cespedosa, en Salamanca— se ha ahogado en la playa de Ribadesella, y necesitamos que alguien continúe lo que él había empezado a hacer bajo la dirección de don Ramón Menéndez Pidal. Yo he pensado en usted.» 
Don Ramón en aquel momento estaba en Suiza para operarse de un desprendimiento de retina; la operación fue feliz, pero el viaje de regreso la inutilizó, y don Ramón quedó sin vista de un ojo. En esa época de su ceguera fue cuando Jimena, su hija, lo entretuvo y trabajaron juntos en la preparación de esa antología de romances que es la Flor nueva de romances viejos. Yo, mientras venía don Ramón y reanudaba su trabajo en el Centro, me preparé leyéndome a fondo los Orígenes del español, ejercitándome en la paleografía de letra visigótica, porque el trabajo que iba a hacer era un glosario de voces románicas que aparecían en documentos latinos de los siglos IX al XII. Esto estaba planeado como un segundo tomo de los Orígenes..., un complemento de vocabulario. Se había reunido bastante material, había mucho para añadir, y en cuanto volvió don Ramón me dio algunas instrucciones y empecé a elaborarlo con él. La elaboración consistía en una labor lexicográfica de separar acepciones, definir, etc.. El trabajo quedó incompleto con la guerra, es decir, un año antes ya de la guerra, en 1935. Don Ramón se había interesado por otras cosas que me encomendó y aquello quedó en suspenso. De todos modos, ahora está en espera de que yo pueda dar la revisión a lo que hice entonces. Encontré más tarde un colaborador magnífico que es Constantino García, catedrático de Santiago de Compostela, que ha añadido bastante a lo que entonces se reunió, pero ha sido demasiado respetuoso con lo que un aprendiz de filólogo, llamado Rafael Lapesa, había hecho en aquellos años en que tenía 19 a 26 años. (Eso que tengo ahora para revisar son 2.500 folios).» […]

martes, enero 28, 2014

Invitaciones poéticas


«¡Por la okupación y reapropiación de tierra, agua, aire, alimentos, voz, cuerpo, afectos y deseos!» se brinda en la «Dedicatoria» del más reciente libro de poemas de Carmen Hernández Zurbano, ¿eres okupa? (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2013), primer Premio Internacional de Poesía El Buscón. El título proviene de un escueto diálogo sugerido en un poema; pero es algo más que eso. Es una invitación al lector. Y una encuesta implicante; la que se hace a alguien un poco antes de ofrecerle pecar por el buen camino de un libro de poemas que prolonga el buen hacer que vimos en Geiser (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2011) y en el muy reciente también La felicidad lingüística (Mérida, De la luna libros, 2013). Esa frescura amable de la obra de Carmen Hernández Zurbano me ha recordado otra invitación-incitación, la del último libro de Joaquín Gómez, Entre, no se quede mirando el título (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2013), que está lleno de hallazgos y de muestras de un bullir constante en el experimentalismo letrista, el caligrama, el juego...; normal en alguien que lleva ya años fructíferos en estas propuestas. En libros así, la forma es base principal de la ruptura y del significado —también en el ¿eres okupa? de Carmen Hernández Zurbano—; por eso es primordial que no haya erratas ni errores. Y que no haya dudas sobre los límites de las licencias. No lo son los «recobecos» de Gómez (pág. 87) ni siquiera —y va de uves— el «revelarse» del texto preliminar de Antonio Orihuela (pág. 9) que sabe poner las cosas en su sitio, desde su título: «Pase, pase, no se quede aquí, esto solo es el prólogo». Ay, los prólogos. ¿Quién dijo aquello que recordaba el otro día Cortázar que un español decía que los prólogos son una cosa que se escribe al final, se pone al principio y no se lee ni al principio ni al final? En fin —vuelvo a lo mío—, que hay que cuidar las formas, que es base principal de la ruptura. Así también en el libro de Carmen Hernández Zurbano, que es una obra formalmente liberal, sin puntuación, sin mayúsculas; y a la que, por lo mismo, afea tanto un descosido como éste: «flota entorno a mi en forma / de alimento» (pág. 47). La felicidad lingüística, de Carmen Hernández Zurbano, Cifras de una fracción periódica, de Emilia Oliva, y Todas las razones para la huida, de Teresa Guzmán Carmona, que son las últimas entregas —N, Ñ y O— de la colección «Luna de Poniente» de la editorial De la luna libros, se presentan mañana en el Instituto «Hernández Pacheco» de Cáceres, a las ocho de la tarde.

Serendipia


En mi nuevo calendario —de Impedimenta— recomendado para letraheridos se anota en tal día como hoy, 28 de enero, que Horace Walpole inventó la palabra serendipia en 1754 en una carta a Horace Mann. Es curioso; porque hace tiempo me llamó la atención que el siempre sorprendente Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos fuese el único lugar en el que en español se recogía la palabra serendipidad. La definen como «Facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental»; y como subacepción del lema: «Hallazgo o descubrimiento accidental». Para la primera traían el ejemplo de un artículo de Gustavo Villapalos en ABC (3.1.1992): «Por "serendipidad" encontró Colón las playas de Guanahaní y los esposos Curie las virtualidades radiactivas del torio». Parece que Walpole había leído un cuento persa sobre tres príncipes de un lugar llamado Serendip —Ceilán, hoy Sri Lanka— que descubrían cosas sin buscarlas. La serendipia vendría a ser una casualidad o una chiripa. Una chiripia.

viernes, enero 24, 2014

Julio Cortázar. Clases de literatura (II)


Durante su estancia en Berkeley, Cortázar impartió dos conferencias, «La literatura latinoamericana de nuestro tiempo» y «Realidad y literatura. Con algunas inversiones necesarias de valores», que luego fueron publicadas, y que son las que cierran este volumen en «Apéndice». Obviamente, no por menos novedosas carecen de interés. Del mismo modo que para algunos lectores de Cortázar muchas de las ideas con las que el escritor aderezó sus Clases de literatura de los jueves de dos a cuatro de la tarde pueden ser ya conocidas. Aquí están sus ideas sobre la realidad y la ficción, sobre lo fantástico y lo real, sobre novelas como Rayuela, o sobre sus cuentos, como lo que siempre contó sobre «Casa tomada», sobre sus ideas políticas... Sin embargo, suenan a nuevo. Inevitablemente, uno recuerda la excelente entrevista que concedió Cortázar a Joaquín Soler Serrano en A fondo (1977). Aquello tuvo hora y media de duración; y este libro son trece horas de palabras. Un deleite para cortazarianos entregados estas ocho estaciones que recorren una obra universal y que contienen también una pequeña antología de sus cuentos. Primera clase: Los caminos de un escritor («Alguna vez he comparado un cuento con la noción de la esfera, la forma geométrica más perfecta en el sentido de que está totalmente cerrada en sí misma y cada uno de los infinitos puntos de su superficie son equidistantes del invisible punto central.», pág. 130). Segunda clase: El cuento fantástico I: el tiempo. Tercera clase: El cuento fantástico II: la fatalidad. Cuarta clase: El cuento realista. Quinta clase: Musicalidad y humor en la literatura («Soy alguien que ama la música como oyente, soy un gran melómano y desde niño he escuchado muchísima música sin poder ser un músico.», pág. 155). Sexta clase: Lo lúdico en la literatura y la escritura de Rayuela. Séptima clase: De Rayuela, Libro de Manuel y Fantomas contra los vampiros multinacionales. Octava clase: Erotismo y literatura. Aquí, finalmente, encuentro otra perla: («Lo que yo entiendo por un crítico es un hombre que haga una análisis cortical y profundo de una obra literaria, que la desmenuce, la diseque y al mismo tiempo no la mate, lo cual es muy difícil porque en realidad, aunque todos estamos en contra de la vivisección, en el único terreno en que se puede permitir es en la crítica literaria; incluso hay que buscarla porque el verdadero crítico literario tiene que analizar las obras vivas, no las puede analizar muertas como hacen la mayoría de las reseñas.», pág. 265).

jueves, enero 23, 2014

Juan Bonilla en el Aula José María Valverde


Esta noche, a las 20:15 horas, en el Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande», el escritor Juan Bonilla intervendrá en el aula literaria «José María Valverde». El autor de los relatos de El que apaga la luz (1994 y 2009) y de novelas como Nadie conoce a nadie (1996) o Una manada de ñus (2013), su título más reciente, hablará sobre sus obras. Mañana, a las 12:30, mantendrá un encuentro con los estudiantes de Secundaria de Cáceres en el Instituto «Ágora».

lunes, enero 20, 2014

XVI Premio de Poesía García de la Huerta

Hasta el 7 de marzo de 2014 está abierto el plazo para la presentación de originales al Premio de Poesía García de la Huerta que convoca, en su decimosexta edición, el Instituto de Enseñanza Secundaria «Suárez de Figueroa» de Zafra, y cuyas bases pueden consultarse aquí. Antonio Orihuela, Florián Recio, May Sierra, Santiago Corchete Gonzalo, Jesús Moriche, Diego Fernández Sosa o José Manuel Martín Portales son algunos de los nombres de los ganadores en ediciones anteriores.

sábado, enero 18, 2014

Julio Cortázar. Clases de literatura (I)


Ha sido un extraordinario regalo de Navidad. Lo he leído de un modo muy especial, como si realmente estuviese escuchando la voz poderosa —con erre francesa— y cautivadora de Julio Cortázar (1914-1984). Claro, porque es verdad que el texto es —dice el «Prólogo» de Carles Álvarez Garriga, editor de la obra— la «transcripción minuciosamente literal» de la grabación de las clases que dio el escritor argentino, entre octubre y noviembre de 1980 en la Universidad de California, en Berkeley. Pero es que es verdad igualmente que me he sentido —más bien, me he sentado— como un estudiante más en aquella aula, viajero a esas mismas fechas —octubre-noviembre de 1980—, en las que yo recibía mis primeras clases como estudiante universitario de literatura. Hace treinta y tres años y pico. Vuelvo al presente; y añado algo que quizá sea interpretado como una exageración además de como un signo de jactancia: me siento mejor profesor desde que terminé de leer este libro, es decir, hace un par de días. Aunque sólo sea porque este libro es la reproducción de unas clases de literatura, es decir, de lo que hoy sigue siendo la mayor parte de mi vida. El profesor menos pedante del mundo dice Carles Álvarez que podría ser el título de este conjunto de charlas. Quisiera asumir esto, como aquello otro que dijo Cortázar en su segunda clase: «[…] el problema es que ustedes son tantos y yo soy tan poco...» (pág. 43). Es un libro inteligente y vivo. Porque trata de la vida, de la vida que hay en las clases de un escritor y en las que reciben unos alumnos que dialogan con su profesor; que, cuando éste dice en su penúltima clase, como el que no quiere seguir molestando, que podrían despedirse ya, recibe por respuesta un contundente ¡Nooo! Me falta hablar de su contenido —espléndido—, que es lo importante. Me he quedado en la superficie, honda superficie. Por cierto, la  fotografía de la cubierta está tomada por la esposa de Cortázar, por Carol Dunlop, allí, en Berkeley en aquellos días.

domingo, enero 12, 2014

La sed de sal (II)


Desde hacía tiempo tenía indicios racionales de que La sed de sal era una gran novela. Ya tengo pruebas concluyentes. En el volumen de estudios sobre su obra editado el recién pasado año 2013 por Salvador Retana —Ediciones La Rosa Blanca— bajo el título El efecto M, ideado y  coordinado por Felipe Aparicio, Gonzalo Hidalgo Bayal escribe que le interesan las novelas de alta calidad estilística, que exploran conflictos morales y que se sostienen sobre cierta intensidad intelectual; aquellas novelas que crean, que evocan o que levantan un mundo. No hay que ser una lumbrera para saber, si uno lee las novelas de Gonzalo, que lo que pide el escritor a otros textos es lo que intenta lograr con los suyos. Y uno de los ejemplos más ilustres de ello es La sed de sal, su más reciente obra. Tras la recepción crítica que la novela ha tenido en los principales medios de difusión cultural y algunos comentarios de allegados, como el de Álvaro Valverde, tan sincero como certero —y no por cercano menos fiable—, me gustaría insistir en su misma recomendación sin caer en la vacuidad de que estamos ante una novela poco convencional que gusta mucho, y de gran altura intelectual. Lo es; por eso no va a ser la más vendida. Ojalá sea la más leída. Gonzalo Hidalgo ha puesto más abono en la trama que en otras novelas, y lo ha combinado con su humor visible y sus referentes cinematográficos y literarios, contantes y sonantes. Un festín para los amantes de la literatura. Son pruebas para mí concluyentes de que estamos ante una novela excepcional. Diré algo más, por el momento. Una novela con su punto palindrómico fue El cerco oblicuo y está presente en un guiño (pág. 313) en La sed de sal, que, como todo el mundo ha repetido, es un palindromo —pero que, por encima de todo, es una teoría—, como Amad a la dama, y como «Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina», uno, de José Antonio Millán, muy querido por GHB. La clave capicúa de la escritura de Gonzalo Hidalgo es un rasgo de su carácter, de su afán por lo preciso, de su vocación de cierre, como el quiasmo es a la sintaxis y al concepto. Algo de ello debe de haber en una novela de 111 capítulos o secuencias, cifra uniforme y capicúa, impar, indivisible en dos mitades exactas de unidades narrativas; pero a la que cabe señalar en su secuencia 53 como único centro del conjunto, como único caso de secuencia brevísima, lo que dura una sonrisa de ocho líneas. Noé León, otro palindromo. Continuará.

¡Es una trampa!

viernes, enero 10, 2014

El blog de Javier Alcaíns


Tenía ganas de escribir aquí sobre esto; y he esperado hasta poder dar la noticia de que Javier Alcaíns ha abierto nueva página, que ha creado un blog. Porque, en este nuevo espacio que ha inaugurado hace tres días, él mismo ha podido publicar sus argumentos sobre esto, es decir, un asunto que también suscita mi interés. Como muchos sabrán, Javier Alcaíns, en su vertiente editorial con el sello de Javier Martín Santos, ha sido y es el único editor español de las obras del pintor, impresor y también editor de origen suizo François-Louis Schmied (1873-1941), al que ha dedicado desde hace unos años su pasión, su afición, su dinero y su tiempo. Tras publicar varios libros diseñados e impresos por Schmied, de los que transmiten, en palabras de Alcaíns, «una inexplicable felicidad cuando se contempla[n]», vuelve sobre este autor, obligado por la aparición de un ensayo de Danuta Cichocka, Etienne Bastin, Christiane Patkaï y Jacques Renoux sobre el escultor, ilustrador y pintor Gustave Miklos (1888-1967), en el que, basándose en una anotación del artista («Travaux pour François»), se concluye que toda la obra de François-Louis Schmied era de Miklos. De ahí el título del referido ensayo: Gustave Miklos. Un grand oeuvre caché. Livres, reliures, graphismes (Paris, Fata Libelli, 2013). Pues Alcaíns lleva un tiempo afanado en rebatir lo que se dice en ese libro y ha querido fijar su opinión en el blog que acaba de inaugurar, ya que su página anterior tiene fecha de caducidad. Y lo ha hecho con argumentos dilatados y bien fundamentados; y, para mayor difusión, en dos lenguas —en francés y en español. Bienvenido, pues, este nuevo espacio; y me alegro, como sugerí al principio, de difundir esta controversia. 

lunes, enero 06, 2014

Reyes


Alguien trabucó las cartas en la oficina de Correos y el Sr. Juez recibió la de una niña que pedía una muñeca, una mochila nueva y «que mi padre no me pegue»; y los Reyes Magos que no puedo más, que esto se acaba y que me perdonen mi mujer y mi hijita.

sábado, enero 04, 2014

Glorias de Zafra (III)


Mi madre valora que el agua del grifo salga caliente. Ella vivió una época en la que calentarla para lavarse costaba mucho. Yo también recuerdo vagamente los baños de los sábados y el agua caliente con la que se llenaba en casa una bañera con patas. En aquel tiempo en que había un retrete fuera, en el patio del pozo, las pilistras y los gatos. Le noto la memoria en las manos cuando la ayudo a lavárselas. La memoria que el otro día vi en unas palabras sencillas, una especie de orden amable: «—Enciende la luz del paso». No encuentro en los diccionarios el significado de paso como pasillo. Sí el de un lugar adecuado para pasar, pero no referido al ámbito doméstico de una casa, como lo hace mi madre. Así, «el paso». Hay días en que ella no reconoce la casa en la que está; pero el paso es el paso, el de siempre, el que conduce a todos los momentos.

viernes, enero 03, 2014

La cultura, Sr. Anson


Sr. Presidente de El Cultural
Esta mañana lluviosa, en el quiosco, he notado la primera subida de precios del año. No ha sido cualquier cosa. Una subida del 100% en el precio de El Cultural, que compro todos los viernes. De los 50 céntimos del año pasado a 1€ este viernes. La verdad, no me lo esperaba. Había leído estos días que la luz sube un 2,3%, las autopistas un 1,85% y que un billete de tren de cercanías va a costar 5 céntimos más. No eran buenas noticias, sobre todo, cuando los salarios no suben al ritmo del IPC y algunos, como los de los funcionarios, además de estar congelados, bajan en términos relativos. Así las cosas, comprar periódicos y, con ellos, una entrega aparte de carácter cultural, es todo un lujo. Y así debe de considerarlo usted cuando nos clava con una subida de un 100%. ¿Se acuerda usted de su «Primera Palabra» del 11 de octubre pasado que tituló llamativamente «Las revistas porno, 3% de IVA; representar a Calderón, 21%»? Ustedes no nos gravan, como Montoro y Rajoy; son más expeditivos. Permítame decirle cómo me molesta también que se anuncien a toda página en el ejemplar de hoy con un mentiroso «Mucho + x 1€», cuando todo el mundo puede comprobar que el suplemento sigue teniendo cincuenta páginas, las mismas firmas y las mismas secciones. Siento decírselo; pero mi quiosquera, que ha sido la primera esta mañana en escandalizarse —y solidarizarse con este pagano—, ha llamado a usted y a los suyos «gañanes»; en sentido peyorativo, créame, como el que está en el Tesoro del insigne Sebastián de Covarrubias: «Los gañanes de ordinario son muy grosseros y grandes comedores de rústicos mantenimientos; y por esso al que come cosas groseras y con excesso y poca policia dezimos que come como un gañán». Coman ustedes, coman.

jueves, enero 02, 2014

Gregorio Torres Nebrera


No quiso despedirse 2013 sin hacer notar su cara más funesta; pues el pasado sábado 28 de diciembre de 2013 falleció en Madrid Gregorio Torres Nebrera, compañero de departamento —Filología Hispánica y Lingüística General—, en el que era Catedrático de Literatura Española. Llevaba de baja por enfermedad desde principios de noviembre; cuando ya su situación exigió su ingreso en el hospital para un tratamiento que no le impidió seguir animado y activo, tanto para comunicarse a través del correo electrónico como para escribir sobre alguno de sus innumerables asuntos literarios de interés para alguna próxima publicación. La última separata —en pdf— que me envió, hace pocas semanas, contenía un extenso artículo en el volumen coordinado por Antonio Gómez Yebra Estudios sobre el Patrimonio Literario Andaluz  V (Homenaje a Cristóbal Cuevas), sobre «Los comienzos narrativos de Esteban Salazar Chapela», un autor que le interesó desde muy antiguo, desde sus primeras clases en la Facultad de Letras de Cáceres. Antes de ese envío me había pasado su edición de la novela La enferma, de Elena Quiroga, que apareció en febrero de 2013 en la colección «Letras Hispánicas» de Cátedra. 
Gregorio Torres Nebrera había nacido en Baeza (Jaén) en 1948, y recaló por Extremadura tras pasar por el Colegio Universitario de Logroño, dependiente de la Universidad de Zaragoza, a finales de los años setenta, cuando comenzó a publicar sus primeros estudios sobre el teatro de la generación del 27 (Rafael Alberti, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre) en los primeros números de Cuadernos de Investigación Filológica (1975 y 1976). Estos inicios le convirtieron pronto en uno de los más destacados especialistas en el teatro de la primera mitad del siglo XX, en concreto, en el de autores como Salinas, del que editó comentado su Teatro (La fuente del Arcángel, La bella durmiente, El director, Caín o una gloria científica) en la «Biblioteca del Estudiante» de Narcea en 1979; o como Alberti, sobre el que publicó el volumen El teatro de Rafael Alberti (Madrid, SGEL, 1982) y del que posteriormente editó piezas como El hombre deshabitado y Noche de guerra en el Museo del Prado (Sevilla, Alfar, 1991. Reed. en Biblioteca Nueva, 2003). Recogió otras muestras sobre este campo en los volúmenes De Jardiel a Muñiz. Estudios sobre el teatro español del medio siglo (Madrid, Editorial Fundamentos, 1999) y El posible imposible teatro del 27 (Sevilla, Renacimiento, 2009). También fue editor de Tirso de Molina, de Mariano José de Larra, de Valle-Inclán —de cuyas Comedias bárbaras escribió una Guía de lectura (2002)—, entre otros autores posteriores en las diferentes entregas de la Historia y antología del teatro español de posguerra, junto a Víctor García Ruiz, que publicó la Editorial Fundamentos. Su labor de estudio, sistematización histórica y edición de la producción dramática de autores de Extremadura fue muy importante, sobre nombres como Miguel Murillo, Jorge Márquez o Manuel Martínez Mediero, a quienes editó junto a otros (José Luis Sánchez Matas, Joaquín Beltrán, Jesús Alviz o Leandro Pozas) en Teatro extremeño contemporáneo (Diputación de Badajoz, 1995) o en el tomo de la más reciente Literatura en Extremadura 1984-2009, que publicó la Editora Regional de Extremadura, y en el que difundió la obra de autores más jóvenes, como Juan Copete, Isidro Timón y Fulgencio Valares. Su aportación desde la Universidad de Extremadura a la literatura de autores extremeños no se limitó a la literatura dramática, ya que Gregorio Torres ha sido el gran editor moderno de Carolina Coronado, lo que se materializó en los dos volúmenes de su Obra poética (1993) y los tres de su Obra en prosa (1999), publicados en la colección «Rescate» de la Editora Regional de Extremadura. 
Su afán confesado por afrontar y publicar trabajos de varia índole sobre autores y obras de la literatura española ha cuajado en uno de los currículos personales más extensos de la universidad española, que asciende a más de dos centenares de ítems, entre artículos y libros, y que resulta inabarcable en los límites de una entrada como ésta. Su Antología lírica renacentista (1983) resultó ser un utilísimo instrumento para el comentario de textos en clase; su libro Los espacios de la memoria. La obra literaria de María Teresa León (1996) y sus ediciones de Contra viento y marea (2010), de Menesteos, marinero de abril (2011) y de La bella del mal amor (Cuentos castellanos) (2012) repararon en gran medida la desatención que sufrió una de las mujeres escritoras fundamentales de la órbita del 27; su ensayo Las anudadas raíces de Arturo Barea (2002) se alzó con el premio de investigación auspiciado por la Diputación Provincial de Badajoz y que lleva el nombre del autor de El fulgor y la sangre... De 2001 es su edición en «Clásicos Castalia» de Nazarín de Galdós, de 2008 la de los artículos de crítica teatral de Enrique Díez-Canedo El teatro y sus enemigos. El teatro español de su tiempo, y de 2011 su libro Un monarca, unos textos, una historia. La imagen literaria de Carlos V..., a propósito del cual lo entrevistó Olga Ayuso en el programa Agitación y cultura de Canal Extremadura Radio. En estos días, han hablado de Gregorio Torres en sus blogs el que fuera su alumno Hilario Jiménez y Álvaro Valverde, con quien colaboró en más de un proyecto editorial en la etapa del poeta placentino como director de la Editora Regional. Quede, por mi parte, mi recuerdo de Gregorio Torres Nebrera en esta larga pero exigua relación.

miércoles, enero 01, 2014

II Premio de Microrrelatos "Manuel J. Peláez"


El Colectivo Manuel J. Peláez, constituido en el año 2010 con el fin de contribuir a la participación ciudadana y al desarrollo cultural, se honra en llevar el nombre de Manuel J. Peláez García (Zafra, 1952-2008), profesor e historiador, hombre de la cultura que hizo de la tolerancia y de la alegría su razón de vida. En su memoria se convoca la segunda edición del concurso literario de microrrelatos ajustado a las siguientes bases:
1.- Podrá participar cualquier persona, presentando un máximo de dos microrrelatos, originales e inéditos.
2.- El texto será de tema libre, escrito en castellano y con una extensión mínima de 9 palabras y una extensión máxima de 317 palabras, incluyendo las del título.
3.- Todos los textos se enviarán por correo electrónico a la dirección  premiomicrorelato@colectivomanueljpelaez.org
Los textos aparecerán en el cuerpo del mensaje. La plica, con los datos del autor, irá en archivo adjunto en el mismo mensaje. La recepción de textos comienza el 1 de enero y termina el día 28 de febrero de 2014.
4.- Habrá un único premio en metálico de 1.000 euros para el ganador. Además del premio en metálico, el texto ganador será publicado, junto a los considerados finalistas, en una antología.
5.- El jurado estará compuesto por  siete miembros. Su presidenta será María del Carmen Rodríguez del Río. El fallo, que se hará público el 31 de mayo en la web del CMJP, será inapelable.
6.- El premio será entregado el 15 de junio de 2014, en acto público que se celebrará en Zafra (Badajoz). El ganador deberá asistir para hacerse acreedor al premio.
7.- La participación supone la aceptación de estas bases.