sábado, julio 13, 2013

Las melancolías de Sancho


Entre la interesante y copiosa —en lo que cabe— bibliografía con que cierra Felice Gambin su edición del tratadito de Freylas sobre la melancolía y la adivinación del que hablé ayer, me he encontrado, naturalmente, con este libro de José Luis Peset, Las melancolías de Sancho. Humores y pasiones entre Huarte y Pinel (Madrid, Asociación Española de Neuropsiquiatría, 2010), que compré no hace mucho, que leí y que dejé pasar sin anotar aquí nada. Me interesó en un principio porque dedica toda una parte, la última de las cuatro que lo componen, al siglo XVIII —del que mucho sabe Peset—, y en la que aparecen nombres como los de Diego de Torres Villarroel, el jesuita Ludovico Antonio Muratori, Francisco Mariano Nipho, Andrés Piquer y otros como el del médico francés Philippe Pinel, cuyo Tratado médico-filosófico sobre la alienación mental (1800) es una de las referencias principales de esta obra, junto al libro de Juan Huarte de San Juan Examen de ingenios para las ciencias —hay edición de Guillermo Serés en Cátedra, 1989—; y así ambos médicos, el español y el francés, marcan los extremos cronológicos de un sugerente ensayo cuyas tres primeras partes se centran —con liberal dispersión— en el Quijote, su mundo, su contexto literario y algunos de su personajes: I. La melancolía razonada. II. El teatro de los ingenios. III. La tristeza del escudero. A las que hay que sumar la cuarta: IV. La Arcadia de las Luces. Luces que se barruntan en la sección anterior, en la que aparece el nombre del cirujano militar Pedro Pablo Gatell y Carnicer, autor de una curiosa Historia del más famoso escudero Sancho Panza (1793). Quizá no llegó a tiempo a sus manos, pero estoy seguro de que a José Antonio Llera habría interesado mucho para sus Rostros de la locura este libro de José Luis Peset. Por cierto, en los dos libros, el de Peset y el de Llera, está presente, de un modo u otro, Felice Gambin, y sus estudios sobre la melancolía en la España de los Siglos de Oro. Y es que a veces —¿o siempre?— los libros son como poldras sobre las que uno pisa para moverse de un lado a otro en su flaco conocimiento.

viernes, julio 12, 2013

Los melancólicos de Alonso de Freylas


En el apéndice de una obra sobre la preservación de la peste publicada en Jaén en 1606 —en el contexto inmediato de la epidemia que afectó a la zona cuatro años antes—, de uno de los mejores tratados escritos en España sobre el tema (Conocimiento, curación y preservación de la peste), del médico Alonso de Freylas, éste incluyó la curiosa pieza que el profesor Felice Gambin, de la Universidad de Verona, acaba de editar traducida al italiano: Si los melancólicos pueden saber lo que está por venir, o adivinar el suceso bueno o malo de lo futuro, con la fuerça de su ingenio o soñando. Diré ya que su autor, que conecta con algunas ideas del Examen de ingenios (1575) de Huarte de San Juan, concluye que los muy melancólicos tienen mucha imaginación y el cerebro caliente, y que por eso suelen sufrir mucho y hablar mucho, de lo que les viene acertar algunas veces en lo que está por venir, pues es muy propio del que habla mucho acertar en algo: «che è peculiare di chi parla molto di indovinare qualcosa», traduce Felice Gambin, que es uno de los grandes estudiosos del tratamiento literario de la melancolía en los siglos XVI y XVII. El médico Alonso de Freylas (1550-1624), que lo fue del Arzobispo de Toledo, el arandino Bernardo de Rojas y Sandoval, Inquisidor General que aparece mencionado por tantas eminentes figuras literarias de nuestro Siglo de Oro (Lope de Vega, Góngora, Cervantes, Quevedo...), distinguía varios tipos de melancólicos, y consideraba que la melancolía no sólo atraía al diablo, sino que podía ser un medio a través del que Dios podía manifestarse. Esto lo trata bien Felice Gambin, igual que uno de los aspectos más interesantes —según este estudioso y traductor— del discurso de Freylas: la capacidad de adivinación o revelación por medio de los sueños, y cómo el sueño, además de todo lo que sugiere, es el medio en el que la melancolía se manifiesta. De esta manera, el médico Alonso de Freylas se incorpora a una riquísima y variada literatura sobre el sueño que se convierte en todo un emblema de la época. Otra vez la mano en la mejilla.
Alonso de Freylas, I malinconici e la divinazione. Introduzione, traduzione e note di Felice Gambin. Firenze, SEID Editori, 2012.
La ilustración de la cubierta del libro es de Antonio de Pereda, El sueño del caballero o Desengaño de la vida (1645-1650), un cuadro que está en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

jueves, julio 11, 2013

La actualidad ortográfica


El reflejo de la actualidad en la prensa escrita es muy instructivo en términos ortográficos. Para bien; no se crea que vaya uno a arremeter contra el reacio mal uso de la lengua en los medios, no. No hace tanto que la doctrina ortográfica de la Real Academia Española prescribía la escritura del prefijo ex-, con el sentido de 'lo que fue y ya no es', separada del sustantivo correspondiente. Desde la publicación de la nueva Ortografía de la lengua española (2010), la RAE considera conveniente, «en aras de una mayor coherencia del sistema ortográfico», unir o soldar el prefijo a su base cuando sea una sola palabra (exnovio), y separarlo cuando se trate de varias, como en ex alto cargo o ex chico de los recados. Solo el periódico de ayer miércoles me provee de ejemplos suficientes. El extesorero Luis Bárcenas, el exanalista y exempleado de la NSA Edward Snowden, el exalcalde socialista de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín, la exconsejera de Economía y Hacienda y exministra de Fomento Magdalena Álvarez, el exmarido de Ana Mato, Jesús Sepúlveda, los ex altos cargos de la Junta de Andalucía... Hay más, en días pasados, y habrá en los venideros. El exjugador del Barcelona David Villa, el exdirector del FMI Strauss-Kahn, los expresidentes Aznar y Zapatero, la exmujer de Amancio Ortega, Rosalía Mera... Tantos ejemplos en la prensa diaria de tan reciente convención ortográfica me hacen pensar en que la buscada coherencia académica consiste en soldar 'lo que ya no es' a la base de 'lo que fue', y que nadie se vaya de rositas. Ojalá, según el caso.

miércoles, julio 10, 2013

Borges y el libro de poemas


Hace ya algunos años que la revista El Paseante (núm. 3, verano 1986) publicó una conversación entre Antonio Fernández Ferrer y Jorge Luis Borges en la que el escritor argentino hablaba del proceso de composición de sus libros de poemas: «Cuando yo tengo un número suficiente de textos, leo el índice y entonces veo alguno que pueda quedar bien en la tapa del libro, y, luego, ese siempre es el último, y se crea la ilusión, en fin, en todo caso se dibuja la ilusión de que todo [el] libro ha sido escrito hacia ese poema. Eso es lo que he hecho en las últimas obras. Por ejemplo, leí los títulos, y Los conjurados me pareció un buen título y lo propuse, pero igualmente pudo haberse llamado este libro Cristo en la cruz... Se me ocurrió este artificio que creo no es culpable. Es lícito». Y tanto, aunque confieso que tiendo a la lectura estructurada de los libros de poemas, y a intentar desentrañar los modos constructivos del autor, que suelen ser más visibles de lo que parece, incluso en casos como el de Borges. Siempre hay una mano que decide emparejar dos nubes y dos milongas —por seguir con el ejemplo de Los conjurados. Recuerdo que un escritor muy borgesiano, José Luis García Martín, decía lo mismo que su admirado en lo que se refiere al carácter acumulativo del libro de poemas. Sus libros de versos lo confirman; y él ha hablado de ello en algún sitio —que ahora no localizo— de sus diarios y artículos, como el que quita importancia al conjunto y se la da a la unidad de texto, al poema. Un buen poema no necesita de otro andamiaje fuera de sus límites; pero un buen libro sí puede sostenerse sobre unos cimientos que ayudan al valor y al significado de cada una de sus piezas. Sea la estructura temática —la poesía, el amor, la muerte— o argumental —con su planteamiento, nudo y desenlace—, suele suceder al pensamiento del poema. Por dibujar la ilusión, que decía Borges. Por cierto, y hablando de andamiajes, Antonio Fernández Ferrer es el autor del documentadísimo libro Ficciones de Borges. En las galerías del laberinto (Madrid, Ediciones Cátedra, 2009), una especie de armazón superlativo de aquella universal obra publicada en 1944.

martes, julio 09, 2013

Todas las islas lejos en Morille


Este fin de semana, de viernes a domingo, se celebra el undécimo Encuentro transfronterizo de poesía, patrimonio y arte de vanguardia (PAN XI) en Morille (Salamanca), organizado por el Ayuntamiento de la localidad y dirigido por su alcalde, Manuel Ambrosio Sánchez. Éste dice en su texto de bienvenida que el encuentro de este año está dedicado «a todos aquellos soñadores o ingenuos que, creyendo encontrar o haber encontrado una isla, tal vez incluso 'su isla', empeñaron la vida (la salud, los recursos, la compañía) en su cuidado, confiados en que ese territorio del final del viaje, descubierto o preservado por ellos, podría ser el inicio de un trayecto más favorable, incluso el refugio, para los otros; y en especial va dedicado a quienes, aun intuyendo o sabiendo a ciencia cierta que su empeño sería estéril, persistieron empecinados en la quimera». El título se lo han robado con admiración a uno de esos soñadores empecinados, a Antonio Gómez, que así llamó a su libro de poemas más reciente y que es uno de los asiduos de estos PANes. En el de 2013, el del próximo fin de semana, habrá talleres —como el de estarcido de Alfredo Omaña y Pablo Herrero—, recitales —el de Pablo Málaga con versos de Gabriel y Galán, o el que va a dedicarse a Aníbal Núñez—, acciones —la de Antonio Gómez o la de Francisco Escudero—, conciertos —como el de Germán Coppini y Armando Martínez— y, entre otras actividades, el estreno del documental  Bernard, de Sara Calatrava Sánchez, que parece todo un canto a la preservación del patrimonio. En Morille, este fin de semana.

jueves, julio 04, 2013

Pequeñas biografías por encargo


Como si hubiese estado ajustándome a un programa de lectura coincidente con su composición, leí este libro en tres momentos y, al menos, en tres lugares distintos. Y es que estas Pequeñas biografías por encargo (Madrid, Huerga y Fierro Editores, 2013) de Javier Morales Ortiz (Plasencia, 1968) están estructuradas en tres momentos, que hacen de partes de una misma historia localizada en tres tiempos distintos. El primer momento, en la primavera de 1999; el segundo retrocede hasta el verano de 1982; y el tercero y último se sitúa en el invierno de 2010, que es el tiempo supuestamente más próximo al presente de la escritura. Pero no queda ahí la cosa, y por eso el índice de este libro no es preciso, pues escamotea demasiado. El índice solo sitúa los tres momentos; pero yo le pediría más. Porque el «Primer momento. Primavera de 1999»  tiene tres partes: «El encargo», dividido en siete secuencias (I-VII), «Cuaderno de trabajo», cuya estructura se fundamenta en las apuntaciones —hasta dieciocho— en lugares como La Comarca, Lisboa, Madrid o Begur sobre algunos de sus habitantes, y «Romper el hielo», de cuatro secuencias (I-IV). El «Segundo momento. Verano de 1982», el más breve, precedido por dos lemas, de Albert Camus y Erri de Luca, se desmembra en seis textos muy breves. Y, por último, el «Tercer momento. Invierno de 2010» tiene siete secciones. Así que no es lo que parece, según el índice, tan resumido. Y lo digo porque Javier Morales Ortiz es autor de relatos breves y se nos presenta —véase la solapa— con esta su primera novela. Una novela, sin embargo, cuya morfología es tan divisible que se diría que el conjunto, la novela, se construye a partir de relatos cortos y de fragmentos. Propio de quien nace como escritor en esa distancia corta y quiere hacerse en logros más largos. El resultado es un interesante relato que toma como excusa la indagación —el encargo— en la biografía de otro para mostrar la del propio narrador. Y también para ofrecer un discurso metanarrativo siempre sugerente —para mí— que aporta muchos significados: «Escribir una biografía se asemeja a escribir una novela, solo que los datos vienen dados y son reales. No puedes forzar un personaje, manipularlo para que se comporte de un modo u otro, para que evolucione, aunque en las novelas, como decía Sciascia, cada personaje, al ser representado, carga ya con la consumación de su pasado, la realidad de su presente y la incertidumbre de su futuro» (pág. 98). Y acabo. No hace nada que he releído lo que escribió Luis Landero sobre uno de sus personajes de Retrato de un hombre inmaduro que hacía biografías por encargo. Ignoro si en el germen de este libro de Javier Morales Ortiz tiene algo que ver la lectura de aquel relato de Landero. En nada se parecen, me parece; y sin embargo, parece que hay algo de la insignificancia del personaje que se reivindica en ambas. Es solo un apunte sobre una lectura gustosa.

miércoles, julio 03, 2013

Poesía en la red

Hace unos años escribí una carta a un colega matemático que parecía preocupado por una posible digitalización de los contenidos de su revista —y la desaparición de su versión en papel— en la que le decía que el cambio de formato no podía suponer una calidad menor. Creo que no le convencí. Yo sí estoy convencido de ello, así como de las posibilidades que ofrecen los nuevos formatos digitales para la aplicación del más estricto de los rigores en cuanto a criterios de edición o de presentación de un texto. Es verdad que no siempre es así; pero de igual modo ocurre con los libros publicados en papel. Hay de todo. Y no se debe ser más riguroso en una versión que en otra. Este curso, en mis clases del Máster de Formación del Profesorado de Enseñanza Secundaria quise mostrar ejemplos de edición de textos literarios españoles en la red. Hay mucho donde elegir. Vimos textos de poetas de los 50, de algunos de los novísimos y de poetas extremeños contemporáneos. Me anoté una conclusión: que todavía el texto impreso en papel sigue siendo más fiable que el que se edita en la red. No hay razón plausible; pero así es. Pondré dos ejemplos que salieron aquellos días. El poema «Noción de lugar», de Álvaro Valverde, campea por el ciberespacio con llamativas variantes que deshacen la bien pensada medida de sus versos; lo que solo podría corregirse con la consulta de una edición cabal como la del libro al que pertenece, Ensayando círculos (Tusquets Editores, 1995). Peor suerte tiene uno de los grandes poemas de Pere Gimferrer, bien editado en algún sitio, la «Oda a Venecia ante el mar de los teatros», de Arde el mar (1966); pero trunco y desfigurado —sin entrar en aspectos de estética— en demasiados lugares en la red, que repiten el mismo atropello. Me echo a temblar solo de pensar en que un profesor de literatura tire de internet para hacer un comentario del poema.

lunes, julio 01, 2013

Nihil novum sub sole


© El Roto
Está en un cuaderno antiguo, de hace más de veinte años, en el que tengo anotado el diálogo entre el Comandante Kurtz (Marlon Brando) y  el Capitán Willard (Martin Sheen) en Apocalypse now (1979): —¿Es usted un asesino? —Soy un soldado. —Ni una cosa ni otra. Es un chico obediente al que mandan los tenderos a cobrar la factura. La viñeta de El Roto se publicó en El Independiente el 19 de diciembre de 1989.

domingo, junio 30, 2013

La dama duende


No puedo recomendar lo que vimos anoche en el Festival de Teatro Clásico de Cáceres. Una dama duende de dos horas y media con algunos actores televisivos que terminaron la representación casi afónicos, de tanto grito. Sin ritmo —apagado por numerosas y dilatadas mutaciones—, despojaron la propuesta escénica de Calderón de toda trascendencia. Difundida como un homenaje de Cáceres —sic— al desaparecido gran Miguel Narros, esta representación ha pasado con más pena que gloria —tampoco lo pretendían— por aquí, por donde ya pasó antaño una mejor  La dama duende en una de las primeras ediciones del festival —creo que de José Luis Alonso—, que no duró tanto. Tampoco otra más reciente —que aquí no vimos— de Gabriel Garbisu de hora y media y pico. Y es que anoche, por dilatar, hasta el colofón fue largo, sin razón justificada. Es una lástima que se desbaraten así aciertos en otros lados como la escenografía y sus posibilidades, o determinados gestos en la dirección de actores..., para casi nada. Lástima.

viernes, junio 28, 2013

Rayuela, 50 años


Hoy se cumple medio siglo de la publicación de Rayuela (1963) de Julio Cortázar. Este blog, desde el 30 de junio de 2005, homenajea a esta obra y a su autor con el nombre de Pura tura, cuyo origen está en el capítulo 73 de la inmortal novela del argentino: «Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella... ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete».

martes, junio 25, 2013

Antonio Rodríguez-Moñino x 2


 Mañana miércoles 26 de junio se presentan en la Biblioteca Pública «A. Rodríguez-Moñino/María Brey» de Cáceres, a las 20:00 horas, dos novedades editoriales que son los últimos frutos de la conmemoración del centenario en 2010 de la muerte del insigne bibliófilo extremeño:

Antonio Rodríguez-Moñino, Estudios y ensayos de literatura hispánica de los Siglos de Oro. Edición a cargo de Víctor Infantes. Cáceres, Genueve Ediciones, 2012.
José Luis Bernal, Víctor Infantes y Miguel Ángel Lama (Eds.), Antonio Rodríguez-Moñino en la cultura española. Badajoz, Biblioteca de Extremadura (Colección Alborayque Libros, 7), 2013.

Intervendrán en el acto Manuel Rojas Gabriel, director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura; Víctor Infantes, Catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid; y José Antonio Agúndez García, Director General de Promoción Cultural de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Extremadura.

El coloquio de los perros


El sábado vimos El coloquio de los perros en el Festival de Teatro Clásico de Cáceres. Sobre el montaje de Els Joglars sabía de antemano que del coloquio de Cervantes, poco. Y que algunos puristas se habían rasgado las vestiduras clásicas y habían denunciado un cervanticidio cuando la obra se estrenó en Madrid esta primavera. Qué cosas. Queda bien claro que es una adaptación libre; y tan libre. Els Joglars, por primera vez dirigido por su estratosférico actor principal, Ramón Fontserè, y con la dramaturgia de éste y de Albert Boadella y Martina Cabanas, ha puesto en escena otra lectura del diálogo cervantino en clave de farsa contemporánea que es toda una lección de teatro con el texto clásico muy al fondo. Una lección sobre cómo expresarse en escena con los mínimos recursos, y una lección de interpretación. La de una espléndida Pilar Sáenz (Berganza) como pareja de Cipión (Fontserè), y la asistencia de un poco lucido pero digno papel de Xevi Vilà (Manolo) y de un notabilísimo trabajo —con el desenfado del vodevil y la comicidad del sainete— de los secundarios Dolors Tuneu y Xavi Sais. El don del habla —y la pérdida del don cuando acaba la noche— es lo que estructura esta ilusión teatral que se abre con ladridos puros que paulatinamente van articulándose en vocablos reconocibles y que termina con la palabra desleída en el puro ladrido del perro que vuelve a su ser después de haber puesto en solfa al bípedo «gilipollas», que es la última palabra —moraleja— que se dice en el espectáculo antes de los aplausos unánimes del público. O casi unánimes, que hay gente que se molesta mucho con estas adaptaciones, para añadir después que, como teatro, están bien. Qué digo bien; muy bien.

lunes, junio 24, 2013

El talismán de Bécquer


Este pasado sábado apareció en ABC Cultural la primera noticia pública del hallazgo de un manuscrito desconocido de Gustavo Adolfo Bécquer. La dio Víctor Infantes, que anunció también que está en marcha su estudio para una próxima edición —el «próximo otoño»— en Visor Libros. Los papeles se corresponden con la partitura de una zarzuela con música de Joaquín Espín Guillén —el padre de Julia, la amada de Bécquer— titulada El talismán, que debió ser el nombre definitivo de una adaptación musical de lo que pudo ser la versión teatral, bajo el título de Esmeralda, de la novela de Victor Hugo Nuestra Señora de París. De este proyecto a varias manos —Julio Nombela, Luis García Luna y el propio Bécquer— se sabía por el mencionado Nombela en sus Impresiones y recuerdos (1909-1912), quien contó que no llegó a representarse Esmeralda; y es probable —como apunta Víctor Infantes— que Gustavo Adolfo Bécquer y García Luna retomasen aquel proyecto y lo convirtiesen, con el cambio del título, El talismán, en el libreto para una pieza musical fechable en 1860 que forma parte de los papeles ahora divulgados. Entre estos papeles hay unas cuartillas autógrafas de Bécquer, pertenecientes a los tres primeros números de música del acto segundo de El talismán. El conjunto llega hasta nosotros gracias a la generosidad de un bibliófilo que hace tiempo adquirió estos manuscritos y que discretamente ha ido dando pasos hasta encontrar quien le diese una primera forma a su difusión. Es de agradecer.
Víctor Infantes, «El Talismán de Bécquer», ABC Cultural, sábado 22 de junio de 2013, págs. 4-5.

viernes, junio 21, 2013

La vida dañada de Aníbal Núñez


No conocí a Aníbal Núñez (1944-1987). Mi imagen primera de él tuvo forma de poemas. Luego vinieron algunos comentos sobre su vida por parte de quienes fueron sus amigos; sobre todo, de Ángel Campos Pámpano, que siempre puso más voz sobre su obra que sobre su vida, hasta el punto de hacernos conocer al poeta de un modo libresco, inmortalizado en poemas propios. De haber conocido uno a Aníbal Núñez habría sido a aquel que Fernando R. de la Flor llama extraviado ya antes de morir en este espléndido, personalísimo y sentido retrato intermitente del poeta salmantino que desde sus primeras líneas deja las cosas claras: «La vida dañada de Aníbal Núñez no es una biografía». No será una biografía; pero es el más completo reportaje del poeta, de su contexto y de su espacio o emplazamiento significativo, escrito por quien le conoció bien y por quien fue primer editor de su Obra poética en dos volúmenes (Madrid, Ediciones Hiperión, 1995), junto a Esteban Pujals Gesalí. Aquel reconocimiento póstumo que reunió sus poemas es hoy una referencia muy pertinente —y contestada aquí por su excesivo textualismo— para comprender esta apuesta por la unificación en un ensayo de vida/obra de un autor. Lo que parece decirme el libro de Fernando R. de la Flor es que mi imagen de Aníbal Núñez estaba incompleta; de modo que el libro de Fernando ha compuesto de la mejor de las maneras posibles la imagen que me faltaba. Había escrito que ha colmado la imagen que me faltaba; porque, ciertamente, La vida dañada de Aníbal Núñez parece crónica y etopeya compacta, casi sin resquicios, del escritor salmantino. Y una representación en forma de friso epigráfico de ello son los rótulos —31 en total, si elimino el «Breve prólogo» y «Sigue el breve prólogo» por delante, y «Muerto me lloró el Tormes en su orilla» y los «Agradecimientos» por detrás— que balizan el «doloroso camino» por la vida dañada —con T. W. Adorno al fondo— de quien, según siempre Fernando R. de la Flor, diez o quince años antes de su muerte, abandonó el interés por la escritura. Así que «El caso Aníbal Núñez», «Autoridad de autor», que son los dos primeros capítulos; o «La edad que atravesamos», «Redención del deterioro», «La luz pesa», «Los años perdidos» o «Yerbas secretas», que son otros logrados títulos, se presentan como diferentes estaciones de este recorrido que toca lados como la forma de vida de Aníbal Núñez, sus relaciones, su posición en el Parnaso, su alejamiento, su «dromomanía» en las largas caminatas por la ciudad, su ciudad (Salamanca) o su atlética genealogía. El resultado es un deslumbrante ensayo sobre una personalidad y sobre su tiempo; y, como en casi todo lo de Fernando R. de la Flor, una impagable taracea de referencias asociadas que son fundamentales para iluminarnos en la comprensión del mundo contemporáneo, desde Rudolf Wittkower hasta Eugenio Trías, de Peter Sloterdijk, Hanna Arendt o Vladimir Jankelevitch a Walter Benjamin, Jean Claire o la Ley de Peligrosidad Social. Claro que este libro no es una biografía; es mucho más que eso.
Fernando R. de la Flor, La vida dañada de Aníbal Núñez. Una poética vital al margen de la Transición española, Salamanca, Editorial Delirio, 2012.

martes, junio 18, 2013

El agua de los mapas


La buena dicha de volver a tener un rato de charla con Santos Domínguez —en el nuevo doméstico lugar ameno del poeta— quitó peso a la tardanza; pues había pasado demasiado tiempo desde nuestro último encuentro. Retirado con sus libros y sus versos, Santos no participa desde hace mucho en la vida literaria de su ciudad —Cáceres—, que es también la mía. No se lo alabo; al contrario. Él se lo pierde, otros se lo pierden y todos perdemos. Desde hace años, su presencia es otra: la de un lector notarial que, diariamente, sin tregua, escribe en su blog sobre una parte de lo mucho que se publica; y la de un poeta que con frecuencia aparece en los medios como el beneficiario del primer premio de un certamen poético. Cuando estuve con él, hace ya tres meses, me regaló un nuevo libro de poemas, otro premio de poesía: El agua de los mapas (Talavera de la Reina, Colección Melibea CXX, 2012), Premio Rafael Morales 2011 en su XXXVII convocatoria (¡y parece que última!). Lleva años Santos Domínguez instalado en este modo de publicar su obra, que, sin embargo, no la hace luego fácilmente localizable para un lector de poesía que muchas veces mira con cierta prevención al autor que acumula premios de innegable valía y de injustificado poco glamour. Sea como sea, en muchos casos, es incomprensible que libros de extraordinaria calidad queden semiolvidados tras la primera foto en la prensa del premiado o del jurado. Es el caso de libros espléndidos como En un bosque extranjero (Premio Tardor, Aguaclara, 2006) o Las sílabas del tiempo (Premio Barcarola, Nausícaä, 2007). Y también de El agua de los mapas, del que no conozco ninguna reseña. En esta obra, Santos vuelve a demostrar que su mirada poética ha de ser tenida en cuenta. El mar es desde hace tiempo y en buena parte el escenario principal de su inspiración poética y parece que El agua de los mapas es una constatación celebrativa en el conjunto de su obra. Si «La tarde navegable», primera sección del libro, es la que mejor expresa el afán contemplativo y litoral del poeta, «Un rostro sucesivo», la última y más breve a manera de colofón, es una especie de compendio de la poética de Santos Domínguez que toma como símbolo el mar y su eterna sucesión. Es un libro de recomendable lectura en el que volvemos a encontrar al poeta adjetival y preciso en la expresión y en la construcción del poema, en el que uno vuelve a sentirse llevado por el mismo ritmo familiar ya conocido en otros libros de Santos; pero que —sabiduría de orfebre— no suena en ningún momento a gastado y reiterativo. Reiterativo como su mar de olas y palabras.

viernes, junio 07, 2013

domingo, junio 02, 2013

Baile de máscaras


Me faltaba escribir aquí sobre el último de los «Tres extremeños en Hiperión», como tituló su artículo de Hoy Irene Sánchez Carrón —otra poeta de la misma casa— el domingo 12 del pasado mes de mayo. Desde que supimos que había logrado el Premio de Poesía Hiperión hasta que lo recogió el jueves 23 en Madrid, José Manuel Díez (Zafra, 1978) ha hecho todo lo posible para que su Baile de máscaras se difunda. Lo será próximamente en Cáceres. Y ojalá que aquí pueda ser el reunir en el mismo acto a los «Tres extremeños en Hiperión»: a José Manuel Díez —inapelable—, a Antonio Rivero Machina y a Basilio Sánchez. Ayer mismo el zafreño firmó ejemplares en la Feria del Libro de Madrid. Ahora que he leído Baile de máscaras en su formato definitivo como número 648 de la colección Poesía Hiperión, echo en falta algo: la sonrisa de José Manuel Díez. Me refiero a la fotografía de Laura Covarsí. Es la única muestra que hay del rostro del poeta; pero de su persona hablan mucho las «Acotaciones» finales en donde se ve la manera de ser de José Manuel Díez y esa sonrisa que le define, ese exultante dinamismo. Esa capacidad de relación, añado. Y es que en este Baile están convocadas muchas personas. Parece una obviedad en una obra compuesta por treinta y nueve poemas en los que se expresan voces —máscaras— muy distintas de la historia desde el siglo XIII hasta 2011. «El Altísimo Juan Sforza compone unos loores a su dama mientras César Borgia marcha sobre Pésaro» o «El Serenísimo Príncipe Ludovico Manin contempla el apogeo de la primavera» fueron y son poemas de un Guillermo Carnero que escribió y fundamentó el culturalismo como un procedimiento literario que él mismo ejerció en su poesía («Reflexiones egocéntricas. Cuatro formas de culturalismo», en la revista Laurel, 1, primavera de 2000). «Grabado de un palacio de Venecia que J. B. regaló a A. M. S.» reza el título de un poema del Museo de cera de José María Álvarez, en cuyo índice todos los poemas llevan la marca de lugar y fecha que en Baile de máscaras ha querido José Manuel Díez dejar como un tributo a ciertos poetas leídos. «La joven Elsa Brosnan defiende su belleza legítima frente al espejo de una habitación de hotel», «El cineasta René Clair y el fotógrafo Man Ray conversan sobre el ready-made frente a la tumba de Marcel Duchamp», «El jardinero Antonio Porchia descubre al poeta Roger Caillois una nueva forma de hablar con uno mismo», son títulos de algunos de los poemas del libro de José Manuel Díez. Son, los títulos, una evocación de aquel culturalismo; el homenaje a unas lecturas. Dichos así, serían ejemplos suficientes para adscribir los textos que titulan al culturalismo duro del que escribió Carnero —que distinguió también un culturalismo de baja intensidad, un criptoculturalismo y un culturalismo ficticio. Pero en el caso de José Manuel Díez no hay la voluntad de ruptura que hubo en su día en la generación novísima, por ejemplo. Al contrario. La voluntad del poeta es enormemente constructiva, incitativa, diría yo, a la lectura y evocación de situaciones —analógicas, sí— que van del poema amoroso al metapoético, de la confesión íntima hasta el alegato social. Un sugerente baile de máscaras convocadas con arte, sentido poético y entusiasmo.

viernes, mayo 31, 2013

Isabel Urueña gana el Premio de Microrrelatos «Manuel J. Peláez»


El 5 de febrero de este año apareció aquí la convocatoria del Primer Premio de Microrrelatos «Manuel J. Peláez» y creo que fue el 23 de febrero el día que comencé a leer un primer bloque de los relatos recibidos. Más de tres meses después, y tras haber leído por tandas, junto a mis compañeros de jurado, más de trescientos de los mil ochocientos textos presentados, el ganador ha resultado ser «Última duda», de la compositora y escritora Isabel Urueña Cuadrado, que es una leonesa afincada en Madrid —según reza la nota de prensa difundida—, titulada superior en Composición e Instrumentación en el Real Conservatorio de Madrid y directora de orquesta. Es autora de las obras musicales para piano «32 modos de decir a un extraño» y «Distancias», que han sido interpretadas en diversos países europeos por destacados intérpretes. De 1992 a 2004 fue coordinadora de actividades musicales y profesora del Departamento de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid. En 1995 impulsó la creación de la Orquesta de Cámara de esa Universidad, de la que ha sido directora. Como escritora, Isabel Urueña ha publicado dos libros de poesía: Apócrifas codicias, en 2002, y El beleño en su raíz, en 2003. El Ayuntamiento de León le otorgó en 2007 el Premio de Relatos por su cuento «Joseph Conrad in memoriam». El Premio de microrrelatos «Manuel J. Peláez», convocado en Zafra por el Colectivo de este nombre, ha sido dotado en su primera convocatoria con 1.000 euros y será entregado en un acto público que se celebrará a las 13:00 horas del domingo 16 de junio en el restaurante «La Marquesa» de Zafra. Los relatos presentados procedían de España, Venezuela, Argentina, Cuba, Estados Unidos, Suiza y México, entre otros países. Según las bases del certamen, los textos debían estar comprendidos entre las 9 y las 317 palabras. «Última duda», el microrrelato ganador, tiene 81 palabras, y se publicará en un libro que recogerá los 55 textos finalistas. He compartido jurado en la fase final de este certamen con María del Carmen Rodríguez del Río, presidenta del Colectivo «Manuel J. Peláez», con Mercedes Santos Unamuno, profesora de Historia del Arte y Geografía del IES «Suárez de Figueroa» de Zafra, con su hermano Enrique Santos Unamuno, compañero de Teoría de la Literatura en mi Facultad, con mi hermano  José María Lama —hermano—, y con otro profesor, y antaño alumno, José Carlos Martínez Yuste, que ha actuado como secretario del jurado, con voz pero sin voto, y con toda la carga de recibir, cribar, organizar y distribuir tanta palabra en pequeñas dosis. Hay que reconocer su trabajo y, además, felicitar, claro, a Isabel Urueña.

jueves, mayo 30, 2013

miércoles, mayo 29, 2013

Ocios de mi juventud


Me ha llegado hoy el primer ejemplar de esta edición de la poesía de José de Cadalso (1741-1782) que me ha tenido ocupado durante cuatro años si cuento desde que propuse a Ediciones Cátedra la publicación del libro, con ese título de Ocios de mi juventud, el que concibió el autor gaditano para recoger su obra lírica; aunque en términos de géneros, no es Cadalso precisamente autor que se avenga con la estirpe de lo convencional. Al contrario, creo que fue uno de los escritores más originales e innovadores del siglo Dieciocho europeo. Faltaba volver a mostrar con la difusión merecida en nuestros tiempos otro de los pilares de la originalidad y modernidad artísticas de quien escribió las Cartas marruecas y las Noches lúgubres: la poesía de un libro original y moderno. Ojalá sirva.

José de Cadalso, Ocios de mi juventud. Edición de Miguel Ángel Lama. Madrid, Ediciones Cátedra (Letras Hispánicas, 726), 2013, 423 págs.

viernes, mayo 24, 2013

Un lugar para nadie


La colección «Luna de poniente» sigue creciendo. Acabo de recibir las Tonás de los espejos, de José Antonio Zambrano; y sé que ha salido junto al último libro de Santiago Castelo, Esta luz sin contorno, que hacen, respectivamente, las letras K y L, de este alfabeto poético ideado por De la luna libros y que dirigen Elías Moro y Marino González. Pero este buen ritmo lunar no debe tapar lo bueno recorrido, entre lo que está un libro de Álex Chico que hace ya tiempo leí con gusto. Un lugar para nadie es el tercer libro de poemas de este placentino que vive en Barcelona y que ha sido corresponsable de la revista Kafka  y ahora lo es también en su nueva etapa de la revista Quimera, en cuyo consejo de redacción figura. Acabo de leer, además, un ensayo suyo publicado en Cuadernos hispanoamericanos con siete certeras notas sobre la poesía de Ángel Campos Pámpano. Un lugar para nadie es un libro de lugares que se resumen en un único lugar, el lugar de la escritura, que es, más o menos, el título de la última sección y el título exacto de uno de sus poemas más representativos y mejores: «Hay algo heroico en cerrar una ventana / y echar la llave a una puerta». En esa sección hay una letra [W] que es inicial de un punto cardinal al que una poeta como Pureza Canelo le ha puesto un nombre literario: Oeste. No sé por qué; pero me parece que hay algo muy común en todo esto. Me pregunto por qué razón un escritor extremeño de treinta y pocos años que abre su libro con una instantánea («Quai Lices Berthelot») y que sigue con un apunte de cuaderno («Place de l'église»), que testimonia en forma de poemas su itinerancia, su conocimiento de un mundo del que aquí muestra una parte —Francia, la isla de Nápoles, la Verneda barcelonesa—, desemboca en el lugar de la escritura. Del mismo modo que una escritora de una generación más atrás toma en consideración toda su obra y llega al mismo oeste, al mismo lugar para nadie y para todos. Es para entusiasmarse. Porque la poesía de Álex Chico es otro testimonio de calidad de otro ser de palabra que cree en la palabra y que hace suya una noción de lugar cada vez más rica en las poéticas contemporáneas. Escribir es defenderse del lugar que habitamos, escribió Álex Chico en la poética con la que se iniciaba la selección de sus poemas en la antología Matriz desposeída (2013). Viene bien ahora, en este hacer de la mentira una forma de verdad, que dice Álex Chico en su poema «Ficciones»; en esta manera también de mirarse a sí mismo —la dimensión de la frontera de «Por la Rambla de Prim»—; o de estar, como costumbre, siempre en otra parte, en el poema más largo y de mayor movimiento de un lugar a otro del libro, «La parada del autobús». De un lugar a otro, en la poesía, sin moverse de aquí. Es para celebrarlo. Y compartirlo.

martes, mayo 21, 2013

domingo, mayo 19, 2013

Luis Delgado en 'Siluetas'


Es uno de los mejores músicos españoles y hoy ha estado en Siluetas, de Radio Nacional, en donde ha sido entrevistado por Pilar Socorro. (Se sigue echando en falta a Manuel Ventero y su buen hacer en sus cálidas y bien argumentadas entrevistas). Merecía Luis Delgado este espacio en el que ha podido hablar algo de su música, de sus pasiones, de su Museo de la Música en Urueña y en el que ha vuelto a mostrar su humildad. Todavía —ha dicho agradecido— hay gente que se arremanga y se pone a investigar y a traducir los manuscritos que luego se venden en las librerías a diez euros, en alusión a la labor filológica de personajes como el arabista Emilio García Gómez (1905-1995). Da gusto escuchar a personas como Luis Delgado que no trafican con su admirable importancia.

viernes, mayo 17, 2013

Presentación y recuerdo


El volumen Artículos y ensayos, de Fernando T. Pérez González, editado, al cuidado de Fernando Pérez Fernández y de Asunción Fernández Blasco, por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, se presenta el próximo miércoles 22 de mayo en el salón de actos de la Biblioteca Pública «A. Rodríguez-Moñino/María Brey» de Cáceres. El acto comenzará a las 20:00 horas e intervendrán Fernando Pérez Fernández, Miguel Hurtado Urrutia y Miguel Ángel Lama.

sábado, mayo 11, 2013

El Día del Bibliófilo de Jesús García Calderón


Merecido homenaje el que rinde hoy la Unión de Bibliófilos Extremeños (UBEx) al escritor pacense Jesús García Calderón, el autor de La provincia (1991), de Un lugar en el Norte (1998), y otros excelentes libros de poemas, relatos y ensayos literarios y relacionados con el ámbito del Derecho. Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Andalucía, Jesús se ve hoy reconocido en su ciudad de Badajoz al mismo tiempo que la figura de su padre, el periodista Antonio García Orio-Zabala, junto a la del escritor Antonio Zoido, es igualmente homenajeada con una exposición bibliográfica organizada por la UBEx con motivo del centenario de su nacimiento. Su propio hijo ha escrito unas autorizadas y cordiales páginas tituladas  «Crónica y olvido de un maestro» en las que recorre toda su trayectoria biográfica e intelectual. Son palabras que hoy cobran mucho sentido al contemplar lo recorrido por alguien con la brillantez y la bondad de Jesús García Calderón.

miércoles, mayo 08, 2013

Después del centenario de Rodríguez-Moñino


Hace nada, gracias a Joaquín González Manzanares, director de la Biblioteca de Extremadura, he recibido los primeros ejemplares de Antonio Rodríguez-Moñino en la cultura española (Badajoz, Biblioteca de Extremadura —Colección Alborayque Libros, 7—, 2013), cuyo colofón está fechado el 23 de abril, Día del Libro, «al que tantos desvelos, afanes y horas dedicaron María Brey y Antonio Rodríguez-Moñino» —dice. Es el más reciente resultado de un centenario que celebramos en 2010. Porque hace unos meses apareció también la edición al cuidado de Víctor Infantes de unos textos principales de Rodríguez-Moñino. Su conocimiento personal —por Leonardo Romero Tobar—, sus libros —por Eustaquio Sánchez Salor—, sus actuaciones y relaciones en Extremadura —en los trabajos de Pablo Ortiz Romero, Manuel Pecellín Lancharro, César Chaparro Gómez y Mercedes Pulido Cordero—, su poesía —estudiada por José Luis Bernal Salgado— y su labor como editor —por Víctor Infantes, José Jurado y el que suscribe— se tratan en este volumen de doscientas cincuenta páginas muy merecidas, dedicadas a aquel hombre que dijo que él no pretendía ser un crítico; sino un bibliógrafo, un contador de folios y páginas que, sin embargo, tenía «la debilidad de no considerar al libro sólo como unidad catalográfica, sino como expresión material de pensamiento y sensibilidad: quiero decir que los leo.» Ejemplo eminente.

martes, mayo 07, 2013

Cristalizaciones (I)


Esta mañana ha leído sus poemas Basilio Sánchez en la Biblioteca Central del Campus de Cáceres, y ha dado a conocer unos cuantos de este su recientísimo libro, Cristalizaciones (Madrid, Ediciones Hiperión —Poesía Hiperión, 642—, 2013) —XX Premio de Poesía Ciudad de Córdoba «Ricardo Molina»—, que, no obstante, tendrá su presentación pública en Cáceres pasado el verano. Es la segunda vez que escucho a Basilio decir unos poemas de este libro nuevo y la segunda que compruebo la tersura y claridad con que llegan a quienes los escuchan; la confirmación, por así decirlo, de lo que ya se conocía: que estamos ante un poeta excepcional. Cristalizaciones es el primer libro de Basilio Sánchez tras la publicación en 2010 de Los bosques de la mirada, su poesía reunida (Madrid, Calambur Editorial), que se cerró con un grupo de poemas inéditos fechados en 2009 entre los cuales uno tan solo se recupera ahora para incluirlo en la parte central de este nuevo libro, titulada como aquel poema, «Apenas nada». Así que vuelve el poeta cacereño a la costumbre antigua —que estuvo en sus poemarios Los bosques interiores y La mirada apacible, de 1993 y 1996— de titular las secciones en las que se agrupan sus textos. Quizá tenga algo que ver en esta menudencia lo que Cristalizaciones tiene de «proceso secreto de sedimentación», como en el poema que da título al libro, y la consciencia de una especie de devenir oculto que se ha venido manifestando desde los primeros intentos de conocerse del autor en esta dedicación a la escritura, desde sus poemas primeros. Hay que recibir con alborozo este nuevo libro de Basilio Sánchez, que merece algo más que estas pocas líneas. «Fragilidad» es palabra insinuada en esta obra. Pero, por ahora, para mí, «grandeza», la que ocurre cuando la lectura parte de un estado previo de las cosas que cambia y es otro una vez que se ha leído el poema. 

lunes, mayo 06, 2013

'Podría ser peor', de Antonio Rivero Machina


Contó José Esteban en su ameno Vituperio (y algún elogio) de la errata (Sevilla, Renacimiento, 2002) que Alfonso Sastre dijo que su verso «Tú eres la primera que se marcha» fue cambiado por «Tú eres la primavera que se marcha», que expresaba «mucho mejor —decía Esteban— su intención poética de despedir a aquella compañera que dejaba al poeta en absoluta soledad». Cuando leí por primera vez —cuando unas pruebas en pedefe— este libro de Antonio Rivero Machina, Podría ser peor (Madrid, Ediciones Hiperión —Poesía Hiperión, 647—, 2013) —XV Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal—, me llamaron la atención del primer poema unos versos que parecían esconder una de esas erratas felices: «medias silábicas, tacón de pluma / metáforas de licra y rímel / bajo la falta». Era, me dijo Antonio, «bajo la falda»; y prefirió dejar la errata, con un criterio burlón y travieso que ya desde el principio aporta el aire de frescura y juventud que tiene todo el libro. No es todo así; pero se nota que es un primer libro por esa frescura; aunque haya momentos en los que se busca una mayor trascendencia. El autor es exigente y él será el primero en reconocer dentro de unos años una parte de la bisoñez de una obra en la que incorpora un discurso autocrítico en poemas como «Benevolentiae», «Curriculum vitae» o «Fe de erratas». Los requiebros irónicos, los asuntos y motivos cotidianos, modernos, y la presencia de la cultura de masas son algunos de los gestos de Podría ser peor, en cuyo título se aloja la humildad del consuelo. Los espacios locales —cacereños— y, por eso, demasiado velados para el lector sin referentes, y los paisajes universales, son parte del decorado de un libro que ofrece juegos paronomásicos («palabras vanas en tus venas»), hallazgos («tu pierna dormida / sobre mi pecho en vela»), y una lograda combinación en un poema «Eritropoyetina» —o sea, EPO— de tintes de la actualidad periodística con bases culturalistas... Fresco y vario este primer libro cuyo rasgo es ser el primero de unos empeños poéticos que será un placer seguir tan de cerca.

viernes, mayo 03, 2013

Sólo para náufragos


Hace ya tres semanas, el viernes 12 de abril, estuvimos en El Corral de las Cigüeñas de Cáceres en la fiesta de presentación del disco de Juanjo Cortés Sólo para náufragos (Paco Martín Producciones, 2013). Lo pasamos muy bien. El gusto se ha prolongado con la escucha de un disco redondo que muestra cómo es Juanjo Cortés. Un pescador discreto de lo más sensitivo. Discreto cuando no está en el escenario, en donde es como tiene que ser, con su descaro cantante. El disco es delicioso para escuchar y pocas veces uno se encuentra con una secuencia de canciones tan creciente. Si la obra comienza en alto, con «En la isla», que abre el juego metafórico del mar y del naufragio, del navegar, por todo, y que será motivo recurrente en otros temas; luego sube más. Cada escucha es distinta. Incluso uno no tiene por qué seguir un orden; pero si lo sigue, cada tema supera al anterior sin anularlo. Al contrario, lo supera para volver a escucharlo y recuperar su valor. Gusta mucho. El sonido del mar del principio es una invitación a una travesía del timón de alguien que fundamenta su libertad creativa —«Sin etiquetas» es una declaración— en la razón del náufrago, que busca crear ex novo y que anhela volver a la deriva. El mar y navegar, la isla y la soledad son los referentes simbólicos de la música y la canción, del poeta y del cantante. La secuencia que va desde el comienzo hasta «Isla tristeza» o «Los dos lados», cortes quinto y sexto, confirma ese valor creciente del disco. Una canción como «Buscando trabajo» me recuerda la música de otros tiempos, alguna balada de los ochenta; pero sobre todo me detiene en la habilidad de Juanjo Cortés de fundir palabra —«frenó»— y melodía —con un «no» sostenido. Otro tema como «Hablo de amor» me recuerda a Hilario Camacho... Y aunque una de las mejores canciones del disco sea su dedicatoria —«A la memoria de mis padres, a Mari Té y Mari Carmen por su gran capacidad de amar, a mis hermanas y a toda la familia, a mi hijo David, a todos mis amigos, imprescindibles compañeros de viaje; a todos los que me apoyan en la música siempre sin condiciones, y a Lourdes, compañera de sueños y destino»—, me quedo con «...y una nana», que es una desgarrada nana nocturna y alcohólica, una especie de himno en la mejor clave vocal al piano solo. Es el último tema del disco; y con razón —subjetiva e íntima— decía yo lo de creciente.

miércoles, mayo 01, 2013

Memoria de J. Julián Barriga


De finales de 2011 son algunas de las elogiosas reseñas de este libro que acabo ahora de leer y de disfrutar. Solvente y cercana la que escribió Álvaro Valverde. Me ha durado mucho la lectura de Calleja del Altozano. Memoria de un lector inexperto (Madrid, Beturia Ediciones, 2011*) del periodista J. Julián Barriga (Santiago del Campo, 1943). Porque he ido degustándola a sorbos, como tantas veces se hace en este libro con otras lecturas. Lo permite, ya que la obra está articulada a trozos fechados como entradas de diario en dos niveles diferenciados tipográficamente: el primero es la anotación de un diario rural en el que hay espléndidas estampas, luminosas descripciones y microrrelatos con personajes reales velados bajo iniciales; y el segundo —con el diacrítico de la cursiva— es el apunte de un lector y de un bibliófilo que, en el mismo escenario, abreva en los libros. Son trozos fechados que no siguen una linealidad cronológica porque se someten al ciclo superior de las estaciones. Así que Primavera, Verano, Otoño e Invierno son las cuatro partes de un volumen que contiene textos que recorren años y van desde julio de 1986 —en la segunda— hasta marzo de 2007 —en la primera. ¿Qué mejor juntura que ese ciclo? ¿Quién mejor que Juan Ramón Jiménez, presente en todos los lemas de cada parte, para aunarlo todo? Calleja del Altozano, que es memoria, pero no de un inexperto lector, sino de avezado lector, es un libro delicioso porque está apegado —y bien— a la vida y a la literatura. A la vida rural y a la literatura universal. Cuánto se echa en falta un índice onomástico que permita localizar mañana con facilidad las referencias a Gerald Durrell (pág. 127), a Petrarca (pág. 181), a Antonio Colinas (pág. 257), a Jovellanos (pág. 64), a Hudson (pág. 272), a Canetti (pág. 59), a Goethe (pág. 202), a Rulfo (pág. 159), a Fray Antonio de Guevara (pág. 251)... A tantos que están en estas páginas en las que J. Julián Barriga presta sus ojos para leer o volver a leer páginas memorables; y, sobre todo, para ver el campo, sus habitantes, sus colores, sus modos de ser. La fusión de vida y lectura está en una anotación de febrero de 2006, que se ha colocado al final del libro: «Los pequeños placeres. Por ejemplo, adormecerse en la huerta/jardín, a la hora de la siesta, con un libro en las manos después de haber desbrozado el arriate en el que crecen los bulbos de primavera». Está en esta dualidad textual de este Calleja del Altozano; pero también en la manera en que J. Julián Barriga mezcla ambos niveles en un mismo texto; como en el que se unen la algarabía de los gorriones y los diarios de Jünger, la evocación de Chéjov o la de un Baroja contemplando desde la huerta el humo que salía de la chimenea. El otro día hablaba con Pureza Canelo de la ruralidad excelsa que puede leerse en la literatura última. Salió el ejemplo de Intemperie, de Jesús Carrasco; y, lógicamente, propuesto por mí, de Oeste, el libro de Pureza. Qué rabia no haberme acordado de sacarle a colación el libro de Barriga, que igual conocía. Lo hago ahora. Y ahora también mando estas líneas a Garrovillas, el escenario de este libro, para María José Mendo, que es la responsable de que yo haya reconocido tan bien los parajes de estas páginas. Un disfrute este libro, que también tiene mucha música...

(*) El colofón de mi ejemplar —regalo de su autor— es de 5 de enero de 2012, aunque la fecha del Depósito Legal es 2011. 2012, sin embargo, figura en cubierta; y 20012, por errata, figura en portada. Quizá lo que yo tengo sea una reimpresión inmediata. Ojalá. Merecería el libro tanto eco.

domingo, abril 28, 2013

Cernuda en Cáceres


Estos próximos lunes y martes, últimos de abril, se va a celebrar en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres y en la de Formación del Profesorado un Coloquio sobre Luis Cernuda con motivo del quincuagésimo aniversario de su muerte. Promovido por los profesores Mario Martín Gijón y José Antonio Llera, que intervendrán con sendas comunicaciones, este feliz encuentro contará con la presencia de especialistas sobre Cernuda y el exilio como James Valender, Bernard Sicot, los poetas Gabriel Insausti y Eduardo Moga, o el profesor José Teruel, que presentará su libro Los años norteamericanos de Luis Cernuda, último Premio Internacional «Gerardo Diego» de Investigación Literaria. Más información aquí.

jueves, abril 25, 2013

El día de Letras


Con motivo de la festividad del patrón de Filosofía y Letras, San Isidoro de Sevilla, mi Facultad organiza mañana día 26 de abril toda una jornada abierta al público en el centro de la ciudad, en el Instituto de Lenguas Modernas de la UEX. Por la mañana, con un ciclo de micro-conferencias de quince minutos cada una, en la que algunos profesores expondremos un tema de nuestro ámbito de estudio dirigido principalmente a alumnos de los institutos de Enseñanza Secundaria de Cáceres. Por la tarde-noche, tras una lectura del Quijote en varios idiomas, habrá un acto inaugural con la entrega de los premios literarios San Isidoro de Sevilla, una conferencia del académico Humberto López Morales sobre «El español en el mundo» y un recital del grupo vocal Son del Rosel. Es la primera vez que celebramos el día de nuestro patrón trabajando, y no ociosos en una jornada no lectiva; y la primera también que lo hacemos fuera de nuestra Facultad. En los tiempos que corren estas iniciativas son más que necesarias porque nos hacen más visibles. Contra el descrédito social y utilitario de las Humanidades.

lunes, abril 22, 2013

Las Humanidades en la edición universitaria


Hace casi dos años que se presentaron los primeros títulos de la Colección Ciencias Sociales y Humanidades de Genueve Ediciones; y mañana felizmente serán ya diez los volúmenes con los que este grupo de editoriales universitarias se presenta en otro necesario acto de reivindicación de lo humanístico. Será en Madrid en la Librería Marcial Pons de Humanidades (Plaza del Conde del Valle de Suchill, 8), a las siete de la tarde, con la participación de Javier Moreno Luzón, Carla Carmona Escalera, Víctor Infantes y José Álvarez Junco. Véase —ampliada— la ilustración.

viernes, abril 19, 2013

Oeste


Releo y disfruto este Oeste (Valencia, Pre-Textos, y Editora Regional de Extremadura, 2013), último libro de Pureza Canelo, para sostener unas palabras que me sirvan para acompañarle en su presentación en este oeste cacereño y en el abril del libro. Será el día 26 de este mes, San Isidoro, a las siete y media de la tarde en la carpa de la Feria del Libro en Cánovas. No hace tanto que Pureza Canelo reunió en un volumen sus Cuatro poéticas, es decir, sus libros Habitable (1979), Tendido verso (1986), Tiempo y espacio de emoción (1991) y No escribir (1999). Lo digo por lo que Oeste tiene de quintaesencia; perdón, de quinta poética; incluso por su vuelta al verso tendido, como prosa y verdad. Son treinta textos en prosa, treinta poemas derramados, a los que se une un texto en verso, el primero, que sirve como pórtico, y que se trae de su libro A todo lo no amado (2011) —«Mi Oeste»—, que aventuraba este sincero pacto personal con la memoria de Pureza y con su afán poético. «Hacia poniente asumo el destino de servir a la palabra en el origen, ancestros, esfera oeste» (pág. 31, del poema «Vendrá»). Aun en el caso seguro de que este libro haya sido reescrito enteramente o por partes lejos de la geografía que fija —el Oeste extremeño— se siente su espacio a cada línea o verso no sangrado. Como si Oeste fuese la acuñación cartográfica de una pasión. Pero la pasión es la escritura. Oeste es poniente, y parece remitir a lo que declina. Podría ser una explicación de esta vuelta poética al origen de quien escribe que "Mi oeste para siempre con la condición de que eso quiero ser"; pero también «Crepúsculo», el título de un poema central, es aurora y palabra inaugural. Celebración, pues, por encima de todo.

viernes, abril 12, 2013

Sentados o de pie. 9 poetas en su sitio


Carlos Medrano
07570 Artà —Islas Baleares—

Querido amigo Carlos: 
Muchas gracias por el envío de la antología Sentados o de pie. 9 poetas en su sitio (Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 2013), que me acaba de llegar. Me apresuro a acusarte recibo por el entusiasmo de verte de nuevo en letra impresa, tan bien acompañado en esa fotografía que aparece en portada —tú, el primero por la izquierda, sentado— por los cinco Luises —Luis Díaz Viana, Luis Alonso, Luis Santana, Luis Ángel Lobato y Luis del Álamo—, y por Eduardo Fraile, Javier Dámaso y Mario Pérez Antolín. Ya me dirás quién es quién en esa foto que Antonio Piedra —garantía de buen hacer— ha querido en su «Prólogo» que sea el referente nada simbólico de un grupo poético de autores unidos de un modo u otro por una biografía geográfica que se sitúa en Valladolid. Prácticamente, todos tus poemas incluidos los conocía; pero es un gusto leerte en un libro después de tantos años —quizá desde Las horas próximas, hace más de veinte. Luego escribiste algo así como que incluso el silencio nos descubre y nos revela todo. Y han sido muchos años de silencio. Un silencio que parece otra marca de grupo. El último libro de Luis Santana, de 1999. Todos los poemas de Luis del Álamo son de Cuarteto para vidrieras, que parece reunir todos sus inéditos desde hace mucho. Y de lo de Javier Dámaso, qué te voy a decir, si está casi todo por publicar. Ya me contarás; pero, desde luego, esto añade valor a lo que se muestra. Por ahora, me voy a parar en los extremos, en Luis Díaz Viana (1951), el mayor del grupo, y en Mario P. Antolín (1964), el benjamín. Lo dicho, Carlos, gracias, de nuevo; gracias por la dedicatoria, y a ver si hablamos. Un fuerte abrazo.

miércoles, abril 10, 2013

Juan José Millás en Cáceres


© Fotografía de Sebas Navarrete
El escritor Juan José Millás estará mañana en Cáceres con motivo del primer curso de la Escuela de Letras de Extremadura, una iniciativa privada de la Fundación ReBross para la enseñanza y el fomento de la escritura creativa. El autor de novelas como El orden alfabético e imaginativo creador de los Articuentos hablará sobre «Periodismo y Literatura» en el Salón de Actos del Colegio Oficial de Médicos de Cáceres (Avd. Virgen de Guadalupe, 20) a las 18:30 horas. Millás fue uno de los primeros profesores de la Escuela de Letras de Madrid en 1989, junto a otros novelistas como Antonio Muñoz Molina o Jesús Ferrero, que ayudaron a poner en marcha la primera escuela de escritura literaria creada en España, fundada por otros escritores como Alejandro Gándara, Juan Carlos Suñén o Constantino Bértolo. Juan José Millás fue también uno de los primeros autores —el octavo— que participó en Cáceres en el Aula José María Valverde, en febrero de 1997, una actividad que cuenta ya con casi dieciocho años de vida; y ojalá su vuelta a Cáceres sea buen augurio para otra iniciativa sensata, creativa y saludable.

martes, abril 09, 2013

Conocimiento/Comunicación


Hasta hace poco no me he hecho —gracias, Xisca— con este libro de Juan José Lanz que ya tiene unos años (el libro, que es de 2009; no Lanz, que es casi de mi quinta —le llevo un año, sólo eso). Es Conocimiento y comunicación. Textos para una polémica poética en el medio siglo (1950-1963), Palma, Edicions Universitat de les Illes Balears, 2009. Es realmente la edición de los textos fundamentales de la polémica poética comunicación/conocimiento, en su orden cronológico. Es la única edición que existe —me parece— de estos textos reunidos. Los de un jugoso debate que puede seguirse casi año a año de un período de trece, que va desde 1950 (Vicente Aleixandre) hasta 1963 (Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún, José Ángel Valente y Antonio Gamoneda) y en el que hay momentos principales como la publicación en 1952 de Teoría de la expresión poética, de Carlos Bousoño, del que se seleccionan las páginas de arranque ("La poesía como comunicación"); como la crítica a un concepto regresivo de lo lírico que publicó Carlos Barral en la revista Laye en 1953 —y que el otro día en clase pude mostrar a mis alumnas en tiempo real tal y como se publicó—; o como los textos de Enrique Badosa sobre la poesía como medio de conocimiento. También, claro, están los de Jaime Gil de Biedma (1955) y José Ángel Valente (1961), en un friso cronológico realmente ilustrativo. Están reunidos los textos en este volumen y, además, introducidos por un estudio de situación muy clarificador, y rematados con una amplia bibliografía que pone a disposición del lector, del investigador, la principal información sobre el asunto generada desde el tiempo de la polémica hasta los más recientes, aunque parece que lo que tenía que decirse ya se dijo, y son pocas las referencias más cercanas a nuestros días que han abordado este asunto. Para eso está este libro, que, además, pone de manifiesto la vigencia y necesidad de estos debates que enriquecen. Mi fortuna es que se han convertido en un objeto de estudio con suficientes materiales para mostrar a los alumnos.

miércoles, abril 03, 2013

Belli en Cáceres

La Biblioteca Pública de Cáceres acoge hoy la presentación del libro 99 sonetos romanescos (Madrid, Ediciones Hiperión, 2013), de Giuseppe Gioachino Belli, en edición, traducción, introducción y notas de Luigi Giuliani, profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en nuestra Facultad de Letras. A las 19 horas. La entrada es libre.

lunes, abril 01, 2013

Alberto Blecua


Otra lección del maestro. La conversación que mantuvo ayer con Pepa Fernández en No es un día cualquiera.