martes, mayo 31, 2016

25 años de Calambur


Más que palabras


Este sábado pasado Álex Grijelmo publicaba una reseña en Babelia de El País de este libro de Pedro Álvarez de Miranda, Más que palabras (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2016), que recoge algunas de las brillantes colaboraciones del profesor y académico en la revista Rinconete del Centro Virtual Cervantes, y que se presenta a las siete de esta tarde, última de mayo, en la librería Rafael Alberti de Madrid. Reseñador y autor conversarán sobre palabras.

Puzle, de Isidro Timón


Supongo que un Taller Fin de Estudios es un Trabajo Fin de Grado. Los estudios son los que ahora culmina Isidro Timón en la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura en la especialidad de Dirección Escénica y Dramaturgia. Y el trabajo final se representa hoy a las 20:30 horas en el Gran Teatro de Cáceres. En mi Facultad, los Trabajos Fin de Grado los evalúa un tribunal de tres profesores, y, en algunas especialidades, hay defensa pública. Aquí, la «defensa pública» es evidente y el tribunal también: es el público. Con el debido respeto de los calificadores académicos. Sin duda, será el trabajo fin de grado con más asistentes de todos en los que he estado. Puzle  —escribe Isidro en su página de Facebook— «habla de nosotros y del tiempo que nos ha tocado vivir, de la letra pequeña que no leímos cuando firmamos el contrato...». Quizá por eso su promoción comienza con unos extractos del Título Primero, el de los Derechos Fundamentales, de la Constitución Española de 1978, y termina diluido en un desolador bla, bla, bla... Es Puzle, una nueva propuesta teatral de Isidro Timón —con la tutela académica de Andrés Mata— en la que intervendrán alumnos y exalumnos de la ESAD: Luis Prieto, Juan Vázquez, Jorge Barrantes, Javier Herrera, Amelia David, Rubén Lanchazo, Rakel Jiménez, Irene Hernández, Guadalupe Fernández, Cristina Martín, María Serrano y Anna Picornell. Hoy en el Gran Teatro de Cáceres a las ocho y media de la última tarde de mayo.

miércoles, mayo 25, 2016

Lecciones de Teatro Clásico (V)


Esta mañana se ha presentado a la prensa el curso de verano de la UEX Lecciones de teatro clásico, que dedicará su quinta edición —después de un parón de cuatro años— a «El teatro de Cervantes y Cervantes en el teatro». Vinculado al Festival de Teatro Clásico de Cáceres, se organizó durante los años 2008 a 2011, y ahora la Secretaría General de Cultura —representada en el acto por Toni Álvarez, directora del Centro  de las Artes Escénicas y de la Música (CEMART)— y la dirección del Festival de Teatro cacereño y del Gran Teatro —Silvia González Gordillo— han vuelto a contactar con la Universidad para que este curso se realice. En una fresca mañana en el patio del Restaurante Torre de Sande de Cáceres, hemos podido expresar la intención de acompañar parte de la programación del festival que cumple veintisiete ediciones desde 1991 con tres jornadas —del 22 al 24 de junio— en las que se abordarán diferentes aspectos de la obra dramática cervantina y de la presencia de su literatura en la escena española contemporánea. Participarán profesores especialistas de seis universidades como Antonio Rey Hazas (Universidad Autónoma de Madrid), Luis Gómez Canseco (Universidad de Huelva), Adrián J. Sáez (Universidad de Neuchâtel. Suiza), María Fernández Ferreiro (Universidad de Oviedo), Ismael López Martín, Miguel Ángel Teijeiro Fuentes, José Roso Díaz, Santiago López Moreda (UEX) o Ignacio García Aguilar (Universidad de Córdoba); escritores autores de recién estrenadas versiones teatrales cervantinas, como Luis Alberto de Cuenca, Alicia Mariño Espuelas o Inma Chacón, directores teatrales como Juan Carlos Pérez de la Fuente, Emilio del Valle, Isidro Timón Rodríguez o Ainhoa Amestoy, programadoras como Silvia González Gordillo, y Olga Rodríguez Estecha, directora del Festival de Teatro Clásico de Alcántara; y otros profesionales como Ignacio Elguero, Emilio Pascual, Benigno Moreno, colaboradores en la versión radiofónica El Quijote del siglo XXI producida por Radio Nacional de España, que hablarán sobre tan singular propuesta de la que se hará una audición comentada. Información y matrícula: www.unex.es/verano.

lunes, mayo 23, 2016

Palabras de Álex Chico (II)


El otro día una alumna me halagó sin saberlo cuando me dijo que ella tenía entendido que a mí no me gustan las conclusiones en un trabajo académico. Así es —le dije—, siempre que esas conclusiones ocupen más de una frase, repitan parte de lo dicho, resuman brevemente los puntos principales y sinteticen la información que se ha venido dando anteriormente. Si son eso, sobran. Y, sobre todo, si llevan un epígrafe titulado «Conclusiones». No ocurre lo mismo, felizmente, con la conclusión del libro de Álex Chico, que está en la casilla 20 del tablero en el que ha convertido su modelo de indagación crítica sobre un autor (José Antonio Gabriel y Galán) y sus textos literarios. Esto sí es interesante y motivador para un lector que guste de estas formas de ruptura de los estrechos límites de los géneros convencionales. Un invento histórico al que seguimos aferrándonos. Y a propósito, cuando escribía sobre Un hombre espera me llegó otro libro del mismo autor placentino, Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (Sevilla, La isla de Siltolá, 2016); y me reafirmo en que la prosa de Álex Chico —hay un Álex Grande en la novela Farándula, de Marta Sanz, que estoy terminando de leer en los desayunos— es una nueva propuesta para vencer estacadas genéricas. En este caso, se trata de la invención de un texto polimórfico a partir de la recreación de una comunicación —labor de edición y exhumación de textos— con un escritor identificado con las iniciales E.P. del que se espigan unos cuantos fragmentos de ocho obras: Cuaderno de apuntes (1980), Libro de las anotaciones (1984), Si es que son ajenas las palabras (1987), Ciudades inventadas (1988), Confesión en Santa Marta (1992), Cuando regresen los bárbaros (1994), En préstamo (1997) y El libro de las habitaciones (1998). Los textos se completan con ocho insertos del editor. El resultado es un mosaico compuesto por teselas sobre la escritura, sobre lo leído, sobre los lugares vividos y sobre lo recordado, que no es más que otra forma de ficción. Se lee bien esta afirmación del hecho de escribir como «una consecuencia radical de la lectura», como una manera de estar en la realidad. Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas son, realmente, los fragmentos de un diario.

Pureza Canelo, académica del Oeste


© Fotografía de Javier Sánchez Pablos, diario Hoy.
Pasado el mediodía de este sábado pasado, comenzaba su discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes la poeta Pureza Canelo (Moraleja. Cáceres, 1946). Electa desde septiembre de 2013, la escritora ocupará la medalla número 3, que dejó vacante el pintor pacense Julián Pérez Muñoz, fallecido en 2009, a quien se dedican algunas líneas del exordio agradecido —José Miguel Santiago Castelo en la memoria— de un discurso atípico por poético. Frente al carácter ensayístico y erudito de la mayor parte de estas piezas oratorias, Pureza Canelo eligió al «patito menos acariciado del estanque literario», que aquí sería el estanque académico. Que yo sepa, desde el discurso de ingreso de Manuel Pacheco en 1991 con La poesía y mi poesía, no se escuchaba algo tan sentidamente poético y personal, sin despreciar las éticas y poéticas del de Joaquín Araújo en 2012. Oeste en mi poesía fue el título elegido por la escritora, impreso ya en el libro que se entregó a todos los asistentes, con la contestación del académico musicólogo Antonio Gallego Gallego, y una extensa «Bibliografía (1971-2015)» elaborada por José Manuel Fuentes García de las obras de Pureza Canelo y de una amplia selección de los estudios sobre ella y su obra. Mucha gente conocida en un repleto —di fe desde una cómoda última fila— salón de actos en el que había representantes institucionales —de la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura, de las dos diputaciones provinciales, de los ayuntamientos de Trujillo y de Moraleja...— y, con otras motivaciones, muchos amigos y cercanos, como las trabajadoras del Archivo-Biblioteca de la Diputación Provincial de Cáceres —Queca Fajardo incluida—, con Adrián Guzmán, responsable actual, y Víctor M. Jiménez Andrada, técnico informático, que velan, además, por el creciente archivo personal y biblioteca de Pureza Canelo desde su donación en 2007. Me alegró mucho saludar a Ada Salas, a Pepe Teruel y a José Antonio Llera que vinieron desde Madrid; a Juan Ramón Santos y a Fátima —en un reencuentro después de muchos años—, o a Nicanor Gil, desde Plasencia; a los hermanos Sáez Delgado y a Julia Pérez González, que llegaron desde Badajoz. A Fernando Pérez Fernández y a Urbano Pérez; y a José Antonio Zambrano, a Mª José Hernández y a Antonio Blázquez... Pureza Canelo estaba encantada. Le habría gustado que allí estuviese todo el mundo, para decirle que ella quiere contribuir a cambiar algo las cosas. ¿Qué cosas? Eso tendrán que decidirlo los académicos en los próximos años. Por el momento, nos queda esta manera de decir oeste que nos ha mostrado esta escritora, que se considera «habladora de un campo humano y poético sin fronteras»; y que, en fin, en los últimos años se ha empeñado con ganas y razón en su «oeste multiplicador». Me alegré de haberme estrenado en estas ceremonias con algo así.

viernes, mayo 20, 2016

Palabras de Álex Chico (I)


Cuando me llegó de Álex Chico este nuevo libro en enero pasado, le acusé recibo agradeciéndole el envío y le dije que la primera impresión era muy buena, de complicidad con su entorno y sus protagonistas. Los protagonistas de Un hombre espera (Barcelona, Libros en su Tinta, 2015) no son otros que la lectura y la escritura, además de que en él se citan algunas personalidades literarias que van desde Sebald o Mondiano hasta amigos y maestros como Álvaro Valverde o Ángel Campos Pámpano. Ahora bien, el principal protagonista, el interés común y el gesto cómplice confluían en un nombre: José Antonio Gabriel y Galán. El nombre del escritor sobre cuya obra literaria trata tan especialmente este ensayo. Un ensayo que yo pondría como ejemplo de contrapunto de la manía normativa que se ha instalado ya en la supuestamente reformada universidad española. Hay reglamentos para todo y verificas para nada; y seguro que habrá alguien que en algún tribunal penalice que no se haya utilizado la Times New Roman 12 en el trabajo de fin de grado que sea. Traigo a mi terreno pedestre un supuesto debate sobre la atmósfera genérica que he podido leer en la promoción del libro, en el texto de su cuarta de cubierta, en el acertado prólogo —«Comprensión del lugar»— de José Ángel Cilleruelo y en la nota celebrativa de Álvaro Valverde, paisano del autor —«Álex Chico, novelista». Sigo teniendo a Álex Chico como uno de los jóvenes poetas extremeños del siglo XXI y activo crítico literario en diversas publicaciones —más permanente en el consejo de redacción de la revista Quimera—; pero no como un novelista. En el texto de la cubierta se aventura una definición de «ensayo ficción» que no aclara el asunto, puesto que lo que tiene de diario de viaje es real y lo que tiene de ensayo crítico también, real y honesto intelectualmente, sin falsedades. Lo dice Cilleruelo, esto es «una manera alternativa de abordar un conocimiento crítico que se salta todos los protocolos de la crítica». De la crítica académica, y reglamentista, añado. Y, además, no tendría por qué prescindir de todos los protocolos. Es posible que todo se resuma en el dato que aporta Álvaro Valverde en el lugar citado: «su abandonada tesis doctoral». Este sugerente ensayo personalista sobre el aura —el lugar— de un escritor y de sus obras, y que quiere conocer un mundo de ficción con el supuesto anclaje de siempre en la realidad, puede compartir la impresión sobre un café o un puesto de pescado con el dato documentable. Por ejemplo, por el estudioso Álex Chico sé que José Antonio Gabriel y Galán escribió en 1965 una novela, la primera, titulada Idea fija en Montparnasse, inédita. También que hubo un libro de poemas con el título de La paz así encontrada. Esto es real. Como que Idea fija en Montparnasse fue presentada en 1971 al Premio de Novela  Ciudad de San Fernando (100.000 pesetas), en el que quedó finalista junto a otro título de un extremeño, La cuneta, de Juan José Poblador (ABC, 9 de julio de 1971, pág. 51). Chico nos cuenta que la obra del poeta Jean-Jacques Ventoux, Un homme qui attend, trasunto del título de su libro, fue una especie de biografía del barrio de Montparnasse. Este es el escenario de esta sugerente obra llena de vivencias literarias y de una personalidad como la de José Antonio Gabriel y Galán. Sigue.

miércoles, mayo 18, 2016

Sin título


Lo he encontrado algo deprimido. Su padre no está bien y le entristece verlo tan mayor, tan necesitado y, a veces, tan triste, tan metido en sí mismo. Le enfurece, también, ver a tanta mala persona, tanto egoísta, tanto corrupto y tanta gente codiciosa que en estos días come, corre, cena, acumula y ostenta; bebe, baila, vive y desea a todos paz, felicidad y buen gobierno, como si nada. Lo único que él pide es cordura. Cordura, salud, trabajo y literatura.

jueves, mayo 12, 2016

Penal de Ocaña


No pudo ser cuando estuvo más cerca —en la Sala Trajano de Mérida o en La Nave del Duende del Casar de Cáceres—; pero ha podido ser en el Teatro de La Abadía de Madrid —penúltima función— este sábado pasado. Fuimos allí a ver Penal de Ocaña, un excelente montaje de teatro creado a partir de lo que no lo es. Penal de Ocaña, ya lo dije aquí, es una novela de la filóloga María Josefa Canellada (1912-1995) a la que ha sacado un sobresaliente partido su nieta Ana Zamora (Nao d'amores), responsable de la dramaturgia y de la dirección. La más reciente reseña de esa novela que quedó finalista en el Premio Café Gijón de 1954 —se concedió a El balneario, de Carmen Martín Gaite— y que se publicó expurgada en 1965 y, ya sin cortes, en 1985, la escribió Pedro Álvarez de Miranda para su último Rinconete de 2015, y su recuerdo estuvo motivado por su asistencia a una de las representaciones de la adaptación de Ana Zamora. Remito a su interesante taracea de pasajes para cotejar las dos ediciones y comprobar lo suprimido por la censura. Pero ahora lo que quiero es encarecer los valores teatrales de un montaje como Penal de Ocaña. Brillante es la interpretación de Eva Rufo, que se planta en el centro de un escenario a ras de suelo, circundada por una alfombra que es el espacio al que está sometida, y sobre el que va marcando con señales de papel —una octavilla hecha trocitos, una carta doblada, un papel arrugado...— cada una de las secuencias en las que se puede articular este monólogo. Espléndido el trabajo de la actriz. Igual que el recurso —se trata de Isabel Zamora— de una acompañante al piano, que es asistenta, pero artífice de la magia de la música en una pieza así. Se nota la mano sabia de Alicia Lázaro, indispensable en el proyecto de Nao d'amores. Falla, Chopin, Schubert... Lo que vio el público —que aplaudió en la penúltima función en La Abadía como si aquello fuese el único pase de una celebración especial— fue una demostración de cómo hacer teatro a partir de un texto así. Así como la expresión sentida de una experiencia extrema en unas circunstancias como las que vivió la protagonista de la historia en unas fechas marcadas: 1936. 1937. El Penal de Ocaña de Ana Zamora logró que este espectador sumase a la palabra que dice la manera en la que se dice. No es la primera vez, afortunadamente; pero hay que celebrar que se repita de esta forma. Una delicia.

miércoles, mayo 04, 2016

De folletín


Recordé de inmediato La desheredada (1881) de Galdós, cuando Isidora, vestida de merino negro, sale de casa, después de echar una rociada de desprecio a las Relimpio, para visitar a la marquesa de Aransis, de la que se cree nieta. Y antes, cuando La Sanguijuelera se cachondea de ella diciéndole que seguro que se ha hartado de leer esos librotes que llaman novelas. De folletín. Que es lo que recordé al leer no hace mucho la noticia en Hoy (28. 1. 2016, p. 4): «Hallan muerta en su piso a una mujer que padecía síndrome de Diógenes». María Esther era su nombre, tenía 84 años y vivía con tres perros, un gato y un loro. Y las palabras de un vecino: «Era conocida en el barrio, iba encorvada por la calle con el carrito y los perros. Dicen que era de muy buena familia, que llegó a tener una o dos criadas». Vestigios del folletín decimonónico. Y seguro que es verdad.

martes, mayo 03, 2016

La crítica tan crítica

¿Para quién escribimos cuando reseñamos una obra literaria o hacemos la crítica de un espectáculo teatral o una película? ¿Para qué lector? ¿Escribimos realmente para un público común que busca en el periódico una opinión que le invite a ir al cine o a leer un libro? ¿O es que consideramos que el lector medio tiene un nivel cultural alto que autoriza referencias cultas muy cultas? ¿Escribimos, quizá, solo para nosotros? ¿Para quién escribió Javier Vallejo su crítica en El País (14.4.2016, pág. 28) de La Celestina de José Luis Gómez en el Teatro de la Comedia de Madrid cuando nos dejó esto?: «La interpretación de Gómez se apoya en una composición física sin amaneramientos, de tradición oriental (aunque por lo que se complace en ella evoca la mímesis de Kemp antes que la manera introspectiva en la que Kazuo Ōno se transfiguraba en Antonia Mercé en Admirando a La Argentina) […]» Escribimos, pues, para iniciados. Si no, Javier Vallejo habría explicado... No, no escribimos para el público no especializado que lee el periódico. La competencia del lector de Vallejo debe de ser la misma que la de aquel comentarista futbolístico que habló del autobús de Maguregui como variante del catenaccio italiano, valga la redundancia, enfrentado al tiki-taka que difundió el llorado Montes. Para entendidos (*). Será así. Según sentencia del medio.

(*) Se admiten comentarios no anónimos que pongan notas al pie a este texto. A Kemp, a Kazuo Ōno, a Antonia Mercé y a Admirando a La Argentina, a Maguregui, a Montes, al autobús...

miércoles, abril 27, 2016

Uma palavra, um livro


© IOESU
Ayer, 26 de abril, me pasé un momento por Uma palavra-Um livro, una actividad que el Área de Filologías Gallega y Portuguesa organizó en el vestíbulo de la Facultad. La propuesta era ofrecer libros a cambio de palabras. Una palabra favorita en portugués —elegí claridade—, un libro de regalo —me llevé un ejemplar de la revista Camões. Revista de Letras e Culturas Lusófonas (núm. 3, de 1998), dedicada a José Saramago—, y una manera sencilla de sentir la cercanía de una lengua y la grandeza de su literatura. Creo que elegí claridade por releer un poema de António Ramos Rosa. Allí estaban Iolanda Ogando y Ana Belén García Benito, propiciando tantas palabras. Por asuntos administrativamente pedestres, me perdí la conferencia de la escritora Inês Pedrosa, que es mayor que yo un día, y a quien conocí en una de las ediciones de Ágora. El debate peninsular, otra de esas iniciativas culturales tan valiosas que la crisis y la incuria se han llevado por delante. Ayer por la mañana en mi Facultad se respiraba otro ambiente. 

domingo, abril 24, 2016

Día de Letras en Cáceres


Con motivo de la festividad de San Isidoro de Sevilla, patrón de mi Facultad, se celebra mañana el Día de Letras en Cáceres. En el Instituto de Lenguas Modernas (Avda. de la Montaña, 14), por la mañana, desde las diez hasta la una, un grupo de profesores ofreceremos unas «micro-conferencias» de quince minutos cada una sobre asuntos de nuestro ámbito de estudio dirigidas a alumnos de los institutos de Enseñanza Secundaria de la región. Por la tarde, a las 20:25 el profesor de la Universidad de Oxford Diego Rubio Rodríguez hablará sobre «La utilidad de lo inútil: las humanidades más allá de la Academia». Se clausurará la jornada con un homenaje a los profesores recientemente jubilados de nuestra facultad y con un concierto del grupo musical Son del Rosel. 

jueves, abril 21, 2016

De la feria


Me atrevería a decir que lo mejor de la Feria del Libro que se ha inaugurado hoy ya lo he vivido. He estado en la presentación de la obra de Nuria Rodríguez Lázaro, Dios es azul. Poesía y religión en la generación del 27. Luis Cernuda, Dámaso Alonso y Pedro Salinas (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2015), en la que han intervenido un siempre brillante Eduardo Moga como director de la ERE y la autora, que ha sabido mostrar con amenidad y con rigor el propósito de su interesante ensayo. Y, además, me he traído a casa Esa puta tan distinguida (Barcelona, Lumen, 2016), de Juan Marsé. Qué ganas desde que salió la noticia de su publicación y aparecieron las primeras reseñas. Y la crónica-entrevista de Carles Geli en El País en la que el periodista indicaba que en la mesa del escritor —y puede verse en la fotografía de Consuelo Bautista— reposaban unas galeradas de la novela recién publicada con una veintena de marcas: «Son cosas que quiero retocar para la segunda edición», dice que comentó Juan Marsé. Es increíble lo de este hombre. Como lo es que Cáceres tenga una Feria del Libro así. El programa es peor que el del año pasado. Ni siquiera Cervantes está bien representado; y eso que para esta edición había dónde elegir.

Con Jaume Villanueva


Era jueves y él sabía que allí daban cocido. Último día del pasado marzo. El director teatral Jaume Villanueva (Casatejada, Cáceres, 1960) me había llamado semanas atrás para anunciarme que iba a venir unos días a su pueblo, donde tiene a sus padres, y que le gustaría que nos encontrásemos en Cáceres para conversar. Nunca lo habíamos hecho; salvo dos minutos una noche de mayo de 2008 a las puertas del hotel hoy llamado NH Palacio de Oquendo, en la Plaza de San Juan, cuando él fue presidente del jurado del Premio Extremadura a la Creación Artística para una obra no literaria de autor extremeño en 2007. (¡Ay, aquellos premios!). Aquel año se lo dieron felizmente a José Vicente Moirón. Quedamos muy cerca de cuando antaño. En el «Mesón San Juan». Allí recibe siempre Rafael Arnáiz con su traza de anfitrión culto y dicharachero, con ganas de gustar y de vender. Si eres literato, se arranca con «Ese vago clamor que rasga el viento» del poema de Zorrilla en el entierro de Larra. Si eres médico, Rafa sabe admirar la profesión, apreciar un diagnóstico y contar un chiste de galenos y una anécdota histórica documentada. A Jaume le pareció un personaje de Mesonero Romanos; no sé si aquel «resuelto por necesidad», el de Algemesí, de una de sus escenas costumbristas. En cualquier caso, todo por bien. Como el cocido, que estaba muy bueno. Menos agradable fue ver a Jaume Villanueva dolido con los suyos, los de aquí. Me contó que nadie le hizo caso cuando propuso alguno de sus trabajos. Solo se salva un nombre demostrable: Isidro Timón, que durante su dirección del Gran Teatro programó en octubre de 2007 dos montajes —precisamente— de Octubre Teatral, la compañía de Villanueva. Fueron El llanto, estrenado aquí en Cáceres, que se mantuvo durante dos temporadas en Barcelona y se representó en Málaga, en Alcalá, en Lisboa, en Miami...; y Con Belisa, a partir del texto de Federico García Lorca, que recibió dos nominaciones al mejor director y mejor escenógrafo visitante de los premios latinos de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE). Casi diez años después, vuelve a ser Isidro Timón quien sigue atento a lo que ocurre y este viernes dedicará en su programa En Escena (Canal Extremadura TV) unos minutos a este director de Casatejada. Ahora Jaume Villanueva propone mucho de lo que hace para que se muestre en su tierra. El Romance de Curro el Palmo, sobre la canción de Serrat, un montaje tan imponente como atractivo; El galán de Las Hurdes, una comedia rural que quiere Jaume que sea adaptación de un clásico, The Playboy of the Western World —que no conozco—, del irlandés John Millington Singe; una propuesta de producción, difusión y formación que él llama Proyecto de Futuro Teatral para Extremadura, que no es ninguna improvisación oportunista; más bien, un ejemplo de la pasión y la gana de un emigrante extremeño en Cataluña que se formó en el Institut del Teatre y que logró el Premio Nacional Adriá Gual al mejor Proyecto de Dirección. En fin, disfrutó uno con la conversación, en la que surgieron nombres y textos. Pasamos de Unamuno a Marsé, de Gil de Biedma a Lorca o a Josep Pla. Me recordó Jaume la Historia de unos cuantos, de José Mª Rodríguez Méndez; quiero decir, que provocó que al llegar a casa volviese al texto (tengo la edición no venal que la Asociación de Autores de Teatro publicó en 2005, con R. Méndez vivo, coordinada por Domingo Miras y en la que Javier Huerta Calvo escribió sobre aquella significativa pieza, friso histórico y social), y que me alegrase de haber estado con una persona sensible y amante del teatro. Perdón, las personas sensibles y amantes del teatro son muchas que conozco; Jaume Villanueva, y otros como él, son profesionales y sabios del teatro. Aparte las afinidades y los alientos, al margen de los olores y sentimientos, uno no acaba de comprender por qué hay tanta desconfianza con quien trae alguna novedad a este aprisco extremeño y demasiadamente político-administrativo en el que algunos quieren resguardarnos de lo que nos traen de fuera. Con Jaume Villanueva. Fue ese jueves, y él sabía que allí daban cocido. Completo. Bien. P. S.: en la foto, Jaume Villanueva con Mercè Martínez, tras recoger ella el premio a la mejor actriz y él al mejor musical por La Vampira del Raval. 

domingo, abril 17, 2016

La semilla


Escuché este libro cuando me lo regaló su autor. Vuelvo ahora —han pasado unos meses desde enero— a envolverme con su sonido mientras acabo de escribir mis notas de aquel primer momento. Lo bueno que tiene es que va mucho más allá del libro-disco que incluye fotografías, las letras de sus canciones e incluso algunos textos ajenos que lo comentan o adornan. No, La semilla es un «compendio de saberes poéticos y musicales ilustrados», y una prueba de cómo han cambiado los modos de la expresión artística y poética en estos lares en los que antes no había más posibilidad que el libro de poemas o el disco a secas. De libros de poemas ya sabe José Manuel Díez (Zafra, 1978), que cuenta con varias entregas: 42 (2004), La caja vacía (2006), Baile de máscaras (2013) o Estudio del enigma (2015). Y de discos también, después de su trayectoria en el grupo «El desván del duende», Eres buena gente (2007) o Besos de cabra (2012). Ahora nos regala con este compendio que está dividido en cinco partes. Un prólogo firmado en Zafra-2015 en el que el autor nos dice que se siente más vivo que nunca y explica que la aventura musical de esta nueva creación se inició en un chozo de Los Cantos, en Alburquerque (Badajoz) en 2013 y se prolongó hasta Lanzarote, donde Díez reside desde el verano de 2014. La segunda parte es un «Cuaderno de ideas» que está compuesto por poemas y prosas, por pensamientos y notas que concluyen en un «último aprendizaje»: «Éxito ≠ Felicidad. Felicidad = Éxito». La tercera parte es una galería de fotografías en la que hay familiares, amigos, sonrisas y música. Y finalmente, las dos últimas secciones son las más convencionales, las que incluyen, respectivamente, las letras de las canciones —¿convencionales unas canciones con notas al pie y con marcas de variantes?— y los créditos y agradecimientos; pero vestidas de una forma tan atractiva que hace del conjunto una prueba más de cómo se muestra José Manuel Díez con todo lo que crea, sea en el escenario o en el escritorio. Es verdad; él transmite un especial sentido de la vida, unida siempre a la creación y a cómo compartirla. La semilla es la mejor expresión de esta forma de ser. Véase lo que escribe en este texto titulado «Cuando yo muera»: «Cuando yo muera, alguien, en un remoto lugar, recibirá la noticia de que ha muerto un poeta. Y aunque nunca me hubiera conocido ni jamás hubiera leído ni uno solo de mis versos, se sentirá súbitamente triste porque ha muerto un poeta. Esta es una de las muchas fuerzas inexplicables de la poesía: que nos vuelve humanos, que nos forma uno, que nos hace amar o morir en lo mismo; tal como fuimos originalmente. Cuando yo muera, ese mismo día, en ese mismo instante, estarán naciendo cientos, miles de niños y niñas en todo el mundo. Y sé que uno o una, al menos uno o una, será también poeta. Y en él o en ella yo seguiré viviendo». Además —perdón—, está la música. Duende Josele. Es un disco que se escucha con mucho gusto. Hay temas necesarios, como el «Tango Hop», y uno imprescindible, la «Balada del rebaño», que vale el disco, el libro, todo. Recuerdo haber preguntado hace tiempo a José Manuel sobre sus poemas y sobre sus canciones y que me respondió que llevaban caminos separados. Después de leer y escuchar La semilla, creo que su autor ha empezado a sembrar canciones y poemas en el mismo huerto.

jueves, abril 14, 2016

Palindromistas


Agradable trayecto esta mañana hasta el campus con, nuevamente, «Hoy empieza todo» (Radio 3) de Marta Echeverría, que ha entrevistado con Carolina Alba a Jesús Lladó («A l'atac, amo idioma català»), co-presidente del Club Palindromista Internacional y promotor del XI Encuentro del club que se celebra este sábado 16 en Igualada (Barcelona). Me ha gustado el recuerdo cervecero de «¡Arriba la birra!». Querido compadre y querido Gonzalo, aquí podéis escuchar a Lladó hablar del longevo Juan Filloy y su Karcino (1988) y de Josep M. Albaigès, cómplices de esta obsesión del texto reversible y de este ludolingüismo con el que se pasan tan buenos ratos. Hoy el verbo es: reconocer. Y un saludo a la afición en general.

martes, abril 12, 2016

Madrid en tiempos del mejor alcalde (1)

El pasado jueves 31 de marzo volví a ver Esquilache (1988), de Josefina Molina, en La 2, y el viernes recibí por suscripción el volumen 2 de Madrid en tiempos del «mejor alcalde», de Francisco Aguilar Piñal (Sant Cugat, Editorial Arpegio, 2016). Ese jueves era Adolfo Marsillach quien hacía el papel —clavado, bien—, de Carlos III, y el viernes fue el retrato de Maella del rey con su manto blanco de su Real Orden que está en el Museo del Prado. En el volumen 1 que salió en enero de este año, el retrato de cubierta era el de A. Rafael Mengs, también en el Museo del Prado. Es esta, precisamente, la entrega que todavía leo. Son más de cuatrocientas páginas estructuradas en siete capítulos. A pesar de ser Madrid la protagonista y de que va dedicado «Al pueblo de Madrid», el libro se publica en Sant Cugat (Barcelona), en la Editorial Arpegio. No puedo creer que el autor no haya encontrado ningún apoyo en editoriales de la capital ni en ninguna institución que se haya animado a publicar el estudio de uno de los investigadores más ilustres de nuestro siglo XVIII. Solo por ser el autor de la Bibliografía de Autores del Siglo XVIII, en diez volúmenes publicados por el CSIC desde 1981 hasta 2001, cuando se culminó con la publicación del tomo X, segundo de los dedicados a los impresos anónimos, deberían abrírsele las puertas de cualquier sitio que quiera difundir el conocimiento de nuestra historia. Nosotros, en la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII —«un reinado crucial para el futuro», escribe Aguilar Piñal (pág. 349)— le nombramos socio de honor y le rendimos el homenaje que merecía y que sigue mereciendo. Dejo aquí este apunte y espero escribir más sobre este riguroso estudio que es como la maqueta de Madrid (1830) de León Gil del Palacio que está en el Museo de Historia de Madrid, un virtuoso y entretenido paseo por la capital y por su historia.

domingo, abril 10, 2016

miércoles, abril 06, 2016

Una conversación con Dionisio Cañas


Le gusta que se diga que lo del jueves por la tarde no será una presentación, sino una conversación sobre su más reciente libro de poemas, Los libros suicidas (Horizonte árabe) (Madrid, Hiperión, 2015), entre él —que no es otro que Dionisio Cañas— el poeta, traductor y crítico Amador Palacios y un servidor. Acabo de recibir de Julio César Galán el aviso de la publicación de Limados. La ruptura textual de la última poesía española. Edición y prólogo de Óscar de la Torre. Epílogo de César Nicolás y Marco Antonio Núñez (Madrid, Amargord, 2016); y estoy convencido de que a Julio César, también por su propuesta intrapoética en Inclinación al envés (Valencia, Pre-Textos y Editora Regional de Extremadura, 2014), y a su entorno, interesará un libro como el de Dionisio Cañas con sus textos y sus paratextos en forma de notas finales de más de veinte apretadas páginas. Buen motivo para conversar es una obra tan impregnada de vivencia cultural y espiritual, tan inmersa en un contexto histórico en el que cada vez es más unánime el deseo de buscar respuestas más allá de Oriente y Occidente, como se abre el horizonte de este poeta en todos los sentidos.   Jueves 7 de abril, a las 19:00 horas, en la Librería Baba Yaga de Cáceres (C/ Mario Roso de Luna, 20). Entrada libre hasta completar el aforo. Una conversación entre tres al principio y entre todos al final.