El domingo estuvimos en los bajos del Archivo Histórico Provincial de Cáceres viendo la exposición de las piezas de Juan Rosco que conforman 2008, odisea en el tiempo. Una propuesta ahora sobre la base de personajes y referentes de la mitología clásica.
No sé si digo bien si digo que Juan Rosco llegó a la poesía visual o al poema-objeto por su militancia en la educación de base, en esa especie de misiones a las que algunos pedagogos se dedican casi durante toda su vida sin que a nadie parezca especialmente relevante. Una necesidad de expresar conceptos atractivamente ante jóvenes con escasos referentes (alicientes) culturales.
Así que al grado extravagante de dedicarse a estos juegos para muchos hay que añadir el que conlleva utilizar estas roscosas para enseñar, por ejemplo, que Mercurio era el mensajero de los dioses con un objeto de objetos que resulta ser un zapato con ruedas o que Narciso se miraba a sí mismo con una circunferencia de letras de colores con las letras de colores de N-A-R-C-I-S-O.
Juan Rosco es uno de esos creadores con sentido común, y, por eso, quizá, se dedica, también, a esto. Me da a mí que es un constituyente del género esa humildad firme con la que afrontan sus propias creaciones estos artistas, al menos, los que yo conozco. Las propuestas de Juan Rosco se exhiben desde una conciencia tan poco restrictiva conceptualmente que una misma pieza puede servir para hablar de estereotipos juveniles o para bromear a costa de Baco y Eros fundidos en los estereotipos juveniles; o para representar aquello de que la poesía es un arma cargada de futuro y a la vez para suscitar un pensamiento sobre las musas. Y no sólo esto, sino que los mismos objetos —una peana, unas letras de un juguete didáctico, unas figuras talladas...— pueden intercambiarse para sugerir nuevos sentidos. Esta manera se ve en la exposición —que está en Cáceres hasta el 21 de septiembre, y que luego estará en Almendralejo, con Bodegas Viña Extremeña— en las tres piezas sobre Atlas, tres modos de decir, tres sugerencias sobre lo mismo, y un modo de expresar las diversas miradas que pueden darse ante un único motivo.
miércoles, septiembre 17, 2008
Juan Rosco
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lunes, septiembre 15, 2008
Francisco Espinosa, de fosas y desaparecidos y de frases desaparecidas
Leía el otro día la nueva edición de la Historia de la literatura fascista española de Julio Rodríguez Puértolas (Madrid, Ediciones Akal, 2008, 2 volúmenes), y me acordé de Francisco Espinosa, a quien se cita en el epílogo de César de Vicente Hernando. Más aún me acordé de Paco Espinosa cuando salió la noticia de la providencia del juez Baltasar Garzón sobre los desaparecidos de la guerra civil española.
—Tengo que llamarle —me dije la mañana en la que en la mismísima cadena SER, en ‘El abierto’ de Hoy por hoy, se desviaba el asunto hacia las dificultades de exigir hoy responsabilidades penales a los responsables de los crímenes cometidos. Quería saber la opinión de un historiador solvente como Espinosa, con quien he tenido la suerte de colaborar.
A los pocos días, apareció en El País su artículo “De fosas y desaparecidos”, que era la opinión que yo buscaba; y, en este caso, una opinión compartida. Colmaba mi curiosidad con creces. Me alegré mucho por leer algo así en el periódico, y así se lo dije al autor del artículo cuando le llamé por teléfono. No me alegré dos días después cuando el mismo Espinosa me dijo que había enviado a El País una solicitud de aclaración por una modificación —clara manipulación— del texto de su artículo. Ahora, este turbio asunto ha generado otros textos. El principal, el de la crónica del propio Francisco Espinosa Maestre que puede verse en el blog de José María Lama, otro historiador que debería estar incluido en las providencias de los jueces que piden información tan importante por lo humano, por lo sentimental, por lo justo.
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sábado, septiembre 13, 2008
Antonio Jiménez García
Me entero hoy por una necrológica de José Luis Abellán en El País de la muerte, el pasado 28 de julio, de Antonio Jiménez García, el profesor de Historia de la Filosofía Española de la Complutense. Un mes y medio después, se difunde este hecho luctuoso que ha tenido escaso eco en los medios extremeños, pues extremeño de Navalmoral de la Mata (1950) era este profesor y ensayista, autor de libros como El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza (Madrid, Ediciones Pedagógicas, 2002) o el publicado en el Departamento de Publicaciones de nuestra Diputación de Badajoz sobre El krausopositivismo de Urbano González Serrano (1996), parte de su tesis doctoral sobre ese otro pensador moralo independiente —en el concepto fundado de Antonio Jiménez— de ideas avanzadas.
Le conocí en Madrid en el acto de defensa de la tesis de Fernando T. Pérez, en marzo de 1999, y fue un encuentro gratísimo, no sólo por la compañía del propio Fernando, de Gil Novales, de Diego Núñez o de José Luis Mora, también por la charla sobre Extremadura y por mi descubrimiento de que era hermano de Pablo Jiménez, el poeta moralo, a quien todavía no conozco personalmente, pero al que, gracias a él mismo, he leído (La luz bajo el celemín, Descripción de un paisaje, Destiempos y moradas, La voz de la ceniza). Antonio Jiménez fue presidente de la Asociación de Hispanismo Filosófico —vicepresidente a su fallecimiento— y, en palabras de José Luis Abellán, “un profesor universitario en el pleno sentido de la palabra y bibliófilo apasionado.” Siento su repentina muerte.
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miércoles, septiembre 10, 2008
Álvaro Valverde
Hablaba ayer por la mañana con Álvaro sobre asuntos relativos a estas tareas compartidas de la edición pública o institucional. Una coedición en marcha entre la Editora Regional y la Universidad, un apunte sobre un informe que me solicitó, e incluso otros proyectos en los que personalmente, como coautor, estoy concernido. Horas después, por la tarde, a mi requerimiento, me contaba desde Plasencia cómo le habían comunicado su cese. No daré detalles de las formas. Indignas.
Dentro de unos diez días iban a cumplirse los tres años desde su nombramiento; al menos, desde la noticia de su nombramiento. Me he acordado de aquel elogio de Antonio Tejero de septiembre de 2005; y que hoy cobra más sentido.
Álvaro heredó en su encomienda el legado de un amigo como Fernando T. Pérez. Esa herencia se tradujo en la pervivencia de los proyectos ya iniciados y también en la fidelidad con la que ha mantenido la línea editorial que ha llevado a la ERE a prestigiarse en el mapa cultural español. Pero, con el tiempo, la nueva dirección de la Editora de Extremadura debía ir manifestando sus maneras, y proponer proyectos distintos, nuevos modos de mantener y superar el nivel que había alcanzado una de las editoriales públicas mejor consideradas fuera de la región. El nombre de Álvaro Valverde, uno de los poetas de Extremadura más estimados en el ámbito nacional, ha venido siendo garantía de ese propósito.
Así, ha potenciado las coediciones —doy fe de ello en lo que se refiere a varios títulos que en los últimos años hemos publicado—, ha mantenido el mimo y el rigor de la colección de facsímiles La Biblioteca de Barcarrota con la publicación de la Lingua de Erasmo, ha alentado el reconocimiento de la obra de autores sobresalientes ya desaparecidos, como Juan Manuel Rozas o José Antonio Gabriel y Galán, cuyo Diario póstumo ha recibido el reciente Premio Extremadura a la Creación; y puede, en fin, enorgullecerse por haber mantenido el nivel literario de colecciones como “Vincapervinca”, con la publicación del monumental Razón de mudo de Agustín Villar, o como la de “Poesía” con la publicación de textos de Alex Chico, de José Antonio Llera o de Antonio Méndez Rubio.
Somos contingentes, sí; pero la labor de personas como Álvaro Valverde en beneficio de la comunidad, sin afanes espurios, con muchas horas dedicadas a la Consejería fuera de sus tareas estrictamente editoriales —doy fe de ello, también—, incluso por el mero hecho de que su nombre literario ya era blasón de Extremadura en cualquier escenario, merecía mejor trato a la hora de comunicarle un cese lamentable. Los modos políticos..., tan de actualidad y tan de espaldas a la excelencia y solvencia profesionales. Lástima.
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Premio de Ensayo "Fernando Tomás Pérez González"
El Ayuntamiento de Santa Marta de los Barros, con el apoyo de la Diputación de Badajoz y la colaboración de la Asociación de Escritores Extremeños, convocó a principios de julio el Premio de Ensayo “Fernando Tomás Pérez González”, dotado con 12.000 euros. Las bases que me llegan ahora explicitan que los trabajos deberán abordar un tema relacionado con los estudios culturales y que se ajustarán a una extensión mínima de 100 folios y máxima de 300. También, que podrá reconocerse un accésit sin dotación económica para aquellos ensayos presentados sobre un tema vinculado a Extremadura, y que la entidad convocante se reserva la posibilidad de publicar los trabajos premiados. El plazo de presentación de los originales concluye el viernes 31 de octubre de 2008.
Es una feliz iniciativa que tiene una intención memorativa sobre la figura y la obra de Fernando Pérez, con tantas raíces en Santa Marta, en donde su padre, Fernando Pérez Marqués, fue nombrado ‘Hijo adoptivo’; pero también contribuye a poblar con fundamento un terreno poco frecuentado por esta especie tan prolífica de los premios literarios, el del ensayo, lo que aporta una singularidad ejemplar a este certamen, además de su poso sentimental.
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martes, septiembre 09, 2008
Pavese
Hay gestos en la vida, no sé, gestos propios, en los que nos sorprendemos en un efecto misterioso y extraño, una suerte de paranormalidad sin trascendencia alguna. El domingo, desilusionado y triste, acudí casi sin darme cuenta a un estante de mi biblioteca y cogí un libro de mi época de universitario: El oficio de vivir. El oficio de poeta, de Cesare Pavese. No alcanzo ahora a saber por qué tomé ese libro, del que anoté unas líneas casi al azar. Quiero decir que abrí el libro, y lo primero que leí fue un apunte del 12 de octubre [de 1940] que dice que “El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno de los dos ante sí.” Pero luego leí éste, que es el que pasé a mi cuaderno: “A una mujer le repugna un hombre que piense en ella día y noche —por la razón de que ella no piensa en él.”
Ayer reparé en ese gesto tan cotidiano de coger un libro y leer un fragmento porque el periódico traía noticia de Pavese con motivo del centenario de su nacimiento, que hoy se cumple, 9 de septiembre. No me había dado cuenta. Y lo único que he averiguado es que se cumplen cien años desde el nacimiento de Pavese; pero sigo preguntándome por qué Pavese, por qué esos textos se me vinieron a la cara, como esas erratas con las que a veces me topo sin querer. Y bien que lo siento.
26 agosto 1950. Si uccide nell'albergo Roma di Torino.
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jueves, septiembre 04, 2008
Premios Extremadura a la Creación
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Ai cá pancalá
Tengo un amigo con casa en Huelva que un día me contó haber visto desde el coche, yendo hacia allá, en la cuneta, junto a una casa, un cartel mal escrito con el texto AI CÁ PANCALÁ. En El Doctor Centeno (1883) de Galdós, Celipe dice vivir en un cobertizo, al lado del almacén con las letras grandes CALENTURÓN. Alejandro Miquis le pregunta qué es eso y el pobre contesta que donde venden “cal en terrón”. Mi amigo —Paco— tuvo que descifrar él solito el enigma: “Hay cal para encalar”. Lo mismo. Mi amigo no sabe que Galdós escribió El Doctor Centeno; y si lo sabe, no sabe esto.
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martes, septiembre 02, 2008
Hablando de poesía con Pepe
Hace poco más de un año le dediqué unas líneas aquí. “Hoy hace un año, esta misma puerta / reflejaba, rosadas, las flores del ciruelo y sus mejillas. / No sé dónde su rostro estará hoy, / mas las flores sonríen aún a la primavera.” (Tsuei Hu). Ahora Pepe está enfermo y no quiero molestarle, para que descanse y se recupere. Echo de menos los ratos de conversación sobre poesía, ocasionales y rodeados de esa algarabía del cañeo en los bares del barrio, unas veces; y otras, en el patio ameno de la casa de un amigo, como aquel día, hace un año y poco.
Para que se reponga y hasta que se reponga, quiero hablar aquí de poesía con Pepe. Para que te repongas, Pepe, porque sé que te gusta. Hoy, para abrir boca, voy a elegir a tu Aníbal. No sé si conoces los Cartapacios que editaron Luis Felipe Comendador y De la Luna Libros y que cité aquí también. La prehistoria. Una curiosidad de ésas que nos gustan. Claro, no es comparable con el poeta crecido de Cuarzo, por ejemplo. Seguro que sabes de memoria algún verso, que tú siempre me has sorprendido con unos cuantos versos ajenos, dichos así, a la buena de Dios. “De la mutilación de las estatuas / a veces surge la belleza, de los / capiteles truncados cuyo acanto / cayera en la maleza entre el acanto: / perfección del azar que nada tiene / que hacer para ser símbolo de todo / lo que se quiera.” (De “La belleza arrebata las palabras que intentan proclamarla”, de Cuarzo.) No te canso más. Otro día.
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Jordi Doce en el parque de Hincksey
No es lo mismo. Sigue sin ser comparable el modo de lectura de un libro con el del mismo texto de ese libro, por ejemplo, en una pantalla. Recibí con alegría la creación del blog de Jordi Doce hace ya un par de años. Inactivo durante meses; luego durante casi un año. Lo ha retomado y vuelve a ser grata su lectura; esa manera de observar y de leer que tiene el autor de Lección de permanencia (Valencia, Pre-Textos, 2000). Pero donde se ponga el modo de lectura aplicado a este libro suyo que acabo de terminar, La vibración del hielo (Diario 1998) (Villanueva de la Serena, Littera Libros, 2008), que no se ponga la manera que uno aplica a la lectura, sometida a variadas circunstancias y posturas, de su blog. No sé. No es lo mismo.
Lo encontré el otro día en un sobre que me dejó José María Cumbreño en mi despacho de la Casa de los Ribera —¿veis? Cumbreño está ahora (más) vinculado a la Universidad por ser uno de los dos escritores —el otro es Fran Rodríguez Criado— becados por la Consejería de Cultura y Turismo para impartir cursos y talleres en la UEX, y, con Antonio Reseco, ha logrado con muy buen criterio captar para esta aventura editorial encomiable este texto diarístico ejemplar de Jordi Doce.
1. No conozco Sheffield; pero me resulta cercano. Tengo un amigo allí que se llama Philip Deacon. Jordi lo conoce, claro.
2. Es honesto que un traductor excelente diga de un autor —extranjero, claro— que no termina de funcionar en castellano. Lo dice de Montale.
3. Conozco Gijón. Allí estuve en 2001 con Ángel Campos y nos encontramos con Jordi Doce. Luego estuvimos Carmen y yo, más tiempo; mejor; pero sin ver a Jordi. Las referencias a Gijón me llevan allí ahora.
4. Sigo el discurrir de un tiempo limitado, de enero a diciembre de 1998, por una experiencia ajena. Es grata esta intromisión en lo personal; no por entrometerse, sino por la manera literaria de expresar lo íntimo.
5. Cuántos libros. Birthday Letters, de Ted Hughes. Manual del distraído, de Alejandro Rossi. Les rencontres des jours 1992-1993, de Claude Roy. Hay música. Y películas. Cuántas lecturas pendientes.
6. “Sería hermoso […]—dice Jordi Doce— , publicar una antología anual del trabajo de uno, reunir sin método una docena de poemas, otras tantas traducciones, media docena de artículos, unas cuantas anotaciones extensas del diario, unas pocas frases felices, y hacer con todo esto unos pliegos que sea lean rápido y se relean despacio, a saltos, sin orden”[…] Es una idea para un blog. Y tiene que ser el de Jordi Doce. Que lo anote.
7. “El escritor es una versión mejorada o afinada del individuo que lo sostiene”, escribe Jordi a propósito de algo dicho en una entrevista por Julian Barnes. Está bien así, como motivo de reflexión.
8. La vibración del hielo como título obedece a un instante, una estampa, más bien, que cualquiera de nosotros suscribiría. ¿Puede decirse así?
9. Un estanque helado y unos niños que golpean las placas de hielo con los pies. La vibración que provocan los golpes. El agua muerta bajo el hielo. La soledad del que contempla la escena. La del que escribe. Ahí está la clave de la escritura de este libro agradable. Ahí, quizá, la clave de mucho de la escritura. No sé.
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domingo, agosto 31, 2008
Mundo Babel
Esta mañana he escuchado el último programa de Mundo Babel, en Radio 3. Sí, otro programa de calidad que desaparece de la radio pública. No sé si con él también se va de la casa Juan Pablo Silvestre. No sé. Al terminar la emisión del programa dedicado a Radio Nikosia, he abierto un correo electrónico de su asociación cultural con el siguiente titular:
Tras 8 años en antena, Mundo Babel, el programa que dirige y presenta Juan Pablo Silvestre en RNE-R3, se despide hoy 31 de Agosto del 2008 de 10 a 12 de la mañana con un especial dedicado a Radio Nikosia.
Decía el cuerpo del texto:
“Esta última emisión, en el último día de verano, seguro que será para todos especialmente emocionante.
La Asociación Cultural Radio Nikosia y el programa que ésta emite desde Radio Contrabanda quieren manifestar su agradecimiento a Mundo Babel y a Juan Pablo Silvestre por acoger nuestra voz, en tantas ocasiones, en la emisora de RNE desde hace 3 años.
La conexión afectiva de Mundo Babel con Nikosia es grande. Su director y presentador nos ha cedido alguna de sus canciones, como Mi Querida Babel, la bellísima sintonía del programa que hacen desaparecer, para recaudar fondos para nuestra Asociación en momentos difíciles. Siempre tuvimos abiertas las puertas y los micrófonos de su estudio para manifestar nuestra voz de manera digna, desde un espacio —de los pocos que quedaban en radio— de calidad absoluta artística y cultural.
Una despedida lamentable, ya que por motivos que desconocemos y no serán de audiencia —porque es bien sabido que la tiene y mucha—, el programa dejará de emitir definitivamente este último domingo. Ha tenido Juan Pablo Silvestre la delicadeza de despedir su hermoso Mundo Babel con el programa dedicado a Radio Nikosia.
Sólo queda agradecer a Mundo Babel el espacio onírico y hermoso que ha sido. Esperamos que, desde otro lugar, su magia siga conmoviéndonos. ¡Qué locura más grande que dejen de emitir un programa como éste!, reclamamos los propios locos. ¡Qué locura de perverso y pervertido sistema! ¿Quizás era Mundo Babel una verdad incómoda?
Hay unos versos de Vinicius de Moraes que dicen sobre el amor que
não seja imortal, posto que é chama, mas que seja infinito enquanto dure.
Ésta es la intensidad con la cual uno puede entregarse, dejándose atravesar por lo que uno hace. Y este ha sido el caso de Juan Pablo Silvestre, en estos años de impecable trayectoria radiofónica.
Una "radio posible" que ha dejado semillas, ha abierto caminos y ha construido horizontes para nuevos amores, nuevos trabajos, nuevas pasiones a ser compartidos. Desde Radio Nikosia queremos agradecerle esos nuevos horizontes que ahora podemos buscar en complicidad.
Un gran Amor a Mundo Babel en esta despedida triste, y ojalá... ¿vuelva?”
Pues eso, un programa el de hoy emocionante, una triste despedida, una locura.
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jueves, agosto 28, 2008
La felicidad sin importancia
Tiene razón José Manuel Díez al reparar en la paradoja de unir felicidad y futilidad en esa propuesta que me ha llegado por dos lados que agradezco, el de Hilario Jiménez y el de Daniel Casado. Seis cosas sin importancia que me hagan feliz. Pues no sé; hay decenas de pequeños detalles que agradan.
El primer beso del día. Que Gabriel, mi kiosquero me llame por mi nombre. Corregir una errata antes de que sea tarde. Desayunar en la Biblioteca Nacional. Buscar una palabra en un diccionario. El último beso del día.
Y, luego, hay días malos, en los que los extremos se tocan.
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Un lapsus y una nota
El otro día, un locutor de radio tuvo el lapsus de no recordar el nombre de la presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, la guionista y directora Ángeles González Sinde. En casos así, pienso en que tendemos a minusvalorar al personaje que ha sido objeto del olvido y casi nunca a tildar de ignorante —tampoco hay que exagerar— al que se ha quedado en blanco. No saber el nombre de una persona notable no nos hace necios, sino a ésta escasamente notoria. Curioso.
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lunes, agosto 25, 2008
Quilombo
El viernes salí de la librería con este libro hermoso de Santiago Castelo, Quilombo (Sevilla, Point de Lunettes, 2008). Tenía noticia de él por Hilario Jiménez en su blog; pero, ocupado en decenas de asuntos y de lecturas, me había olvidado de esta novedad de un poeta tan relevante y tan cercano.
Dice el propio autor que se trata de un libro variopinto. Y mucho. Parece que le va bien el título, que es palabra, dice el autor, “sonora, polivalente y gachona”. Si, señor. Quilombo parece que proviene de África y significa en países como Argentina, Bolivia, Chile o Paraguay ‘prostíbulo’; en algunos de éstos, también se utiliza vulgarmente para ‘lío’, ‘gresca’ o ‘desorden’; en Venezuela, sin embargo, es ‘andurrial’. “Sirve —como dice Santiago Castelo—, en su anarquía, para todo”. Y así ha querido bautizar el escritor esta algarabía poética en la que hay poemas para todos los gustos.
Antes de pararme en un par de ellos, diré que, para los que conocemos a Santiago Castelo, Quilombo puede leerse y escucharse. Hay textos en los que uno escucha tras ellos la poderosa voz del autor con su acento extremeño y su retórica declamante (“Arroyo campanero”, “El novio de Sevilla”...) y hay otros en los que esa sonoridad se oculta y el lector se apropia del texto con su propia voz. Sin dejar de reconocer el oficio de Castelo en el neopopularismo, en el manejo del lenguaje poético y la musicalidad para la poesía más de circunstancias, me quedo con esos otros poemas en voz baja.
Hay dos, especialmente. La luminosa “Elegía para un hombre honesto”, dedicada a Fernando Tomás Pérez González, y “Huerto de cruces”, un poema más para sumar a esa antología de textos dedicados al cementerio alemán de Yuste. Dos espléndidos poemas con sus circunstancias.
Y es que, sin contar otro buen poema —“Cementerio alemán (Yuste)”, de Las sílabas del tiempo (2007), de Santos Domínguez, conocido hace ya meses—, en los últimos días me he topado con tres nuevos poemas para ese digno florilegio. El primero, el texto de Álvaro Valverde, incluido en su último libro Desde fuera (2008), “Regreso al cementerio alemán”, un texto del que nos habló el autor en este medio y que habrá que corregir en edición futura, si mi lectura es correcta, por la errata de su último verso (“Respeto y humildad para los muertos, / más [sic] no, nunca jamás, para la muerte.”) que tanto quiebra el ritmo de los endecasílabos. El segundo lo he conocido gracias a la gentileza de su autor, Daniel Casado, y pertenece a un libro inédito, Oscuro pez del fondo. Es, también, “Cementerio alemán, Yuste” y parece que dialoga con algún otro texto precedente. Muy interesante. Y el tercero es el ya mencionado de Quilombo: “Huerto de cruces (Cementerio alemán de Yuste)”, dedicado a Antonio Gallego y Gallego y abierto con un lema de Álvaro Valverde, cómo no: “Tiene la muerte una medida exacta”, espléndido primer verso de ese excelente poema de Una oculta razón (Madrid, Visor, 1991) “Cementerio alemán, Yuste”. Qué grata novedad todo.
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sábado, agosto 23, 2008
Un problema
Gracias a mi colega y amigo Pedro Ojeda, sé que lo que le pasa a mi blog no es algo exclusivo de este sitio. Comentarios de Beatriz, de Tenerife, o de Gabriel, de Denia (y Montevideo), en un foro de Blogger indican que debe tratarse de un problema de configuración general. En mis entradas antiguas anteriores al 3 de agosto —que corregí el otro día— todas las tildes, guiones, eñes y otros signos han sido sustituidos por interrogaciones, sueltas o en rombitos, lo que hace en ocasiones ilegible el texto. Sólo ocurre en las entradas que tienen fotografías o ilustraciones. Si uno busca una entrada antigua con sólo texto observará que no se da ese problema. Un misterio que Blogger no soluciona por ahora; y no estoy por la labor, como Bea, de ir una a una corrigiendo las anotaciones de este blog. ¿Alguien puede ayudarme?
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viernes, agosto 22, 2008
Crematorio
Empecé a leer esta novela en Lisboa, en casa de Ángel Campos Pámpano, por su ejemplar, hace unos meses, en febrero. Me la recomendó con esa vehemencia que pone él en los adjetivos que aplica a lo literario; y yo, casi siempre, le hago caso. Luego, en Cáceres, compré la novela y seguí leyéndola. (Bueno, volví a empezar por el principio). El ejemplar viajó conmigo a Florencia y también su lectura me ocupó a muchos pies durante el vuelo hacia Madrid, cuando me di cuenta de que había páginas en blanco (385-388-389-392), la forma de un pliego que no se imprimió. Hoy, seis meses después de empezar a leer esta excelente novela de un autor que siempre me ha interesado, he recogido de la librería un nuevo ejemplar sin tacha. A ver si acabo. Pocas veces he leído un texto moderno por tres ejemplares distintos, y no sé si a lo largo de tanto tiempo. Merece la pena. Tenía razón Ángel. Es una novela cojonuda. Tiene ese sabor Chirbes del relato de lo decrépito. Yo se la recomendaría a todos los que leen novelas históricas, novelas con argumento, con diálogos y esas cosas...; a los que leen literatura entretenida. Por ver qué pasa.
(Narrativas hispánicas, 418), 2007.
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La información
El miércoles, tras el desastre ocurrido en el único aeropuerto de Madrid y cuando en la radio ya daban alguna información más precisa —siete muertos y cuarenta heridos— sobre la tragedia, mi madre ya echaba la siesta. Al levantarse, nos dio la noticia:
—Qué accidente tan tremendo de un avión. Lo han dicho por la radio. (Ella tiene un pequeño receptor de radio al lado de la cama por el que se entera, principalmente, de la hora, sí, y de alguna noticia).
Ayer, mi madre se extrañó por no ver imágenes por televisión de SS. MM. los Reyes de España expresando sus condolencias a los familiares de las víctimas. Le dije que no está bien la escenificación del dolor de la gente, y que la zona a la que SS. MM. habían acudido estaba restringida, y, con mi razonamiento sobre la obscenidad de la manera de informar de algunos medios, le conté que, además, un juez prohibió la difusión de imágenes de los cadáveres —si las hubiere, que las habrá.
El miércoles escribí unas notas sobre el tratamiento de la información sobre la catástrofe. Pensé en publicarlas aquí, pero me pareció que no hacían justicia con una profesión tan digna como la de periodista. Ayer leí en El País una columna de Enric González que era más fuerte de lo que yo había escrito, y tampoco es que E.G. se excediese; pero sí que decía que “el reportero ejerce de bestia carroñera” y que “Da lo mismo que alguien esté en una camilla: si se pone a tiro, se le acerca el micrófono”. En la misma página del periódico se denunciaba el tratamiento de la noticia de la catástrofe por TVE, para la que tuvo más importancia el fútbol. Así fue, y lo cierto es que ni en La 2 se alteró la retransmisión de pruebas, en diferido, de los Juegos de Pekín.
El pasado y negro miércoles, y ayer, se ha impuesto otra ‘escuela’ de periodismo: la del ejercicio de la profesión al servicio del consumidor de la información; no del escuchante ni del lector. Antiguamente, cuando no había nada que decir, se ponía la carta de ajuste, es decir, no se emitía. Hoy, hay que emitir a toda costa, y por eso hay que informar sobre los litros de queroseno que lleva un avión, sobre el mensaje que envió una mujer que iba en el avión poco antes del accidente, sobre el ánimo con el que viajaban los pasajeros de otros vuelos que salieron después de la tragedia... Anteayer el televisor mostraba en directo desde el aeropuerto de Madrid a una periodista y detrás a varias personas hablando por el teléfono, llamando a sus familiares y amigos porque estaban saliendo en la tele. Luego, la misma periodista, a la caza de la información, entrevistaba a uno de esos individuos que llevaban un rato saludando con la mano y le preguntaba si se había visto afectado por el accidente. Claro. Y es que, también, cuando un periodista acude al aeropuerto de Las Palmas a entrevistar a algún familiar de alguno de los pasajeros del avión siniestrado lo hace con absoluto respeto a las víctimas. Así son las cosas. Y así las están contando. Una pena.
Igual algún periodista me llama para entrevistarme por haber sido uno de los ciudadanos españoles que ‘se han hecho eco’ en su blog de la tragedia —“La catástrofe de Barajas en la red”, podría ser el título de la sección— y que se solidarizan con los familiares de las víctimas; o, quién sabe, por haber tomado un vuelo hacia Las Palmas hace años en la misma compañía, en Spanair. O por haber estado en la T-4 hace poco más de un mes y despegar desde la misma pista. Qué sé yo.
A todos los que no subieron al cielo hace dos días.
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miércoles, agosto 20, 2008
La poética de Sebold
Treinta y un años después de la publicación de la mejor edición de La poética de Ignacio de Luzán, la de Russell P. Sebold, que apareció en la colección ‘Textos Hispánicos Modernos’ de la editorial Labor en Barcelona en 1977, Ediciones Cátedra, en la colección ‘Letras Hispánicas’, saca a la calle ésta, actualizada bibliográficamente y con algunas diferencias de contenido —en la introducción— con respecto a la primera. El cariz de estas diferencias pone de manifiesto la vigencia, a pesar del paso del tiempo, del acercamiento crítico y textual a la obra de Luzán que realizó antaño Russell P. Sebold. Lo digo porque, que yo sepa, los añadidos más notorios de esta nueva edición son algo más de una treintena de líneas previas al “Perfil humano de Luzán” que abría la edición de 1977, alguna modificación actualizadora en la redacción de la introducción o de las notas y una nueva dedicatoria general:
Sí, la señora Francisca Mincholet. Fue una hacendosa ama de casa totalmente analfabeta que demostró sensibilidad hacia la obra de su marido al poner en manos de uno de sus amigos más ilustres, Agustín Montiano, el original de la segunda edición de la Poética (1789), como dejó escrito el editor Antonio de Sancha, para quien ésta era “una de las obras más estimables que se han publicado en España en el presente siglo”.
En cincuenta años desde la primera edición de 1737, la Poética de Luzán se convirtió en un clásico. En menos, en poco más de treinta, clásica es la edición de Sebold de este texto fundamental de nuestro siglo XVIII; y así lo ha entendido Ediciones Cátedra al redifundirla con notables diferencias con respecto a la antigua edición de Labor: el cuerpo de la letra, la disposición del texto, el papel..., todo permite colocar mi ejemplar antiguo, ya amarillento y con las pastas muy fatigadas, a buen recaudo entre los libros fuera de uso, las pequeñas reliquias... ¡Cómo envejece un libro de treinta años, frente a uno de trescientos! En fin...
Quien no envejece al cumplir años —alegría para sus amigos y sus lectores— es Russell P. Sebold, objeto, con Luzán y su Poética, de estas líneas. Cumple hoy años, y ya es tradición reciente dedicarle un apunte aquí. Felicidades, Bud.
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domingo, agosto 17, 2008
Pindárica
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viernes, agosto 15, 2008
El monólogo de Homero
Es éste el segundo libro de poemas de José Antonio Llera (Badajoz, 1971), autor también de ediciones y estudios literarios. El primero, Preludio a la inmersión (1999) fue publicado en esta misma colección de la Editora Regional de Extremadura; y ambos, hoy, juntos, logran, física o materialmente, representar de manera formidable una trayectoria poética esencial, corta y selecta y muy coherente. La unión de los dos delgados volúmenes que conforman los libros de José Antonio Llera es como dos entregas de un mismo texto, vinculadas por una unidad de forma o de diseño que me resulta muy agradable como modo de lectura. Es así; y me ha invitado a tomar el primer libro y leerlo como la primera parte de una entrega de dos. Además, ambas obras son un único poema, aunque ahora, en El monólogo de Homero (2007), no hay subtítulo —Poema—; pero el sentido unitario es claro en estos 561 versos, si no he contado mal. Vuelve ahora a expresarse el ‘yo’ como la voz que conduce el texto; vuelve, pues, el poema como indagación subjetiva. Y ambas obras, también, presentan esa cierta advocación de la poesía inglesa como referente de lectura y de poética. En el primer libro, Eliot; en éste, John Keats y, claro, uno de sus sonetos a su lectura de Homero.
Quizá, como su personaje, el poeta José Antonio Llera nos confiesa que “Ya no busco ponerme a salvo”, que no transita por los lugares comunes de la vida literaria y poética, y cruza “calzadas desérticas” instalado en un “lenguaje incomprensible” —yo habría dicho ‘no compartido’ o algo así— para muchos. Una voz singular y una escritura estimable y de lo más interesante.
Yo animaría a mi amigo Álvaro Valverde, director de la Editora Regional de Extremadura, a pedir a José Antonio Llera su próximo manuscrito poético, y que, si éste lo tiene a bien, tengamos la trilogía —o lo que vaya a ser— de una propuesta poética sobresaliente. Y eso que no me gusta, nada, el principio: “Nací en la generación que temía / todas las epidemias.”
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domingo, agosto 10, 2008
Fragmentos de cal
A pesar de que en un rasgo de coquetería Juan Manuel Barrado haya omitido la fecha de su nacimiento (Huertas de Ánimas, Cáceres) en la nota bio-bibliográfica del final, este libro de poemas, quinto de su autor, es una prueba de la madurez de una trayectoria literaria ya importante, en propuestas de diferente filiación genérica y en número de años. Quizá la atalaya vital desde la que contempla su propio recorrido explique otras omisiones de esa nota, pues faltan su primer libro de poemas, Cuarteto (1994), y otro posterior, ¿y si te llamara isla? (2003); que hay que sumar al Texto azul del Café Rocco (1997) y a la Suite Celan (2001), obras más cercanas quizá a los intereses poéticos de Barrado hoy.
Fragmentos de cal, con un prólogo de Ricardo Senabre, lo ha editado en Almería El Gaviero Ediciones en su Colección Salamandria, al cuidado de Ana Santos Payán y Pedro J. Miguel, y a satisfacción plena –estoy seguro— de Juan Manuel Barrado, un autor que busca siempre una base formal, no sólo como ornamento sino como esencialidad artística y que logra, creo, con este libro ese nexo entre la llamada poesía discursiva y la visual y ‘objetual’ de otras propuestas en las que lleva desde casi el principio de su trayectoria. Además, contiene, de una manera desenvuelta y con cierto dominio, claves de todo el discurrir del autor por el árbol de la literatura, de Celan a Brossa en las devociones míticas, de Felipe Núñez —todo el libro está a él dedicado— a Antonio Orihuela entre las fraternales; y muestras de ese modo ético, de esa vertiente moral que menciona Senabre en su texto introductorio, y que viene de libros anteriores, muchas veces, como atenuante de un culturalismo vocacional.
Ya decía yo lo de la madurez de este libro de altura —27 cms.— y esa conciencia del tiempo o de la edad. “Donde hubo paraíso” es un poema doble, o un mismo poema en dos partes. Abre y cierra el libro. En el primero, es la madre; en el segundo, el padre. Y el último verso de ese último poema y del libro: en mitad del camino de la vida.
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sábado, agosto 09, 2008
Vals
Farmacia en la calle San Pedro, Cáceres. 12.10 horas. Una pomada para la rodilla de mi madre, y una pasta para prevenir la periodontitis —de mi madre, no. Mientras espero frente al mostrador en el que espero encontrar folletos de productos medicinales y cosméticos, cojo esta tarjeta.
—Aquí nos dejan de todo —me dice el mancebo con media sonrisa.
Quizá hemos pensado en lo mismo, en cierta rareza, en ese aspecto inusitado que a mí me lleva a escribir aquí este item. La realidad, luego, me ha sacado de mi error. Carmen me ha dicho que conoce a novios para casarse —valga la redundancia— que han ensayado durante un tiempo para el vals de la boda. O sea, que hay demanda.
Me alegro; no de la demanda, sino de que los que la cubren se ganen la vida. Sea. El vals. Una languidez que revierte, como en el poema de Vicente Aleixandre.
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Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Guillermo de Torre
con mi enhorabuena
Creo que estas dos fotos apareadas en el lado izquierdo escenifican uno de los dos argumentos principales de esta excelente edición del Epistolario 1918-1947 de Vicente Huidobro con Gerardo Diego, Juan Larrea y Guillermo de Torre. En la fotografía de abajo están Huidobro y Diego, y falta Larrea, que es quien hace la foto en septiembre de 1924 en Sables d’Olonne, en la francesa Costa de la Luz. En el mismo lugar y la misma fecha que en la fotografía de arriba posan Huidobro y Larrea, mientras que el que falta, Gerardo Diego, toma la instantánea. Qué mejor manera de ilustrar el cruce de cartas entre estos tres personajes, el maestro y dos discípulos, si puede decirse así. 144 misivas entre los tres, y de las cuales se presentan en este volumen 120 inéditas.
En esa pareja de fotos, falta, sin embargo, la otra figura; la del otro argumento relacionado, y quizá el más morboso; la contrafigura de Guillermo de Torre, que mantuvo una correspondencia a partir de 1920 con el autor de Altazor algo tempestuosa a costa de la autonomía del ultraísmo o de la paternidad del creacionismo, y que en esta edición se cifra en 23 cartas, 18 inéditas.
La edición, primorosa como las de la Residencia de Estudiantes, es un volumen más del proyecto Epístola dirigido por José-Carlos Mainer, y está elaborada por alguien que conoce bien la poesía española de la vanguardia, el profesor de la Universidad de Bérgamo Gabriele Morelli, y muy cercano a nuestra Universidad. (Hace un mes estuvo por aquí, en el Curso de Verano de la UEX Carlos V en la literatura y en las artes, dirigido por Mª Isabel López Martínez, y que se celebró en Yuste del 3 al 5 de julio).
El epistolario se cierra en 1947, con una carta manuscrita de Huidobro a Larrea desde Santiago de Chile, dos supervivientes, valdría decir, de esta correspondencia. Sin embargo, esta cronología se incumple con una sutileza de un tono humano que supera cualquier diatriba literaria, y que es digna de mención: se añade una nota de Manola Huidobro, hija del poeta, a Gerardo Diego once años después de la muerte de su padre, o sea, en 1959, que acompañaba un ramo de rosas y que certificaba la fusión amistosa de ese “triduo indisoluble” que está representado en esas fotos de arriba. Qué formidable manera de culminar esta lectura, casi de novela, de unas vidas, con sus filias y sus fobias, con sus secundarios, con la noticia de un ‘secuestro’, con tanto de interés... Tan recomendable.
© de las fotografías incluidas en las páginas [183] y [184],
el mencionado en la citada edición para las reproducciones.
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jueves, agosto 07, 2008
Razón de mudo
Mi conversión de ayer de las densas páginas de Razón de mudo (Aprender a esperar), al formato electrónico debe entenderse como una manera de destacar la calidad del texto, por la gana de que el medio se llene de literatura como la que ha salido de la mano de Agustín Villar. De una mano, diré, incontinente, desbocada según qué razones —aunque la principal sea esa necesidad de la palabra...—, que se nos revela así, con un montón de textos, con varios libros en uno, sin anestesia, sin pensar —y por qué sí— en que tanta cantidad de vida, pensamiento y literatura pueda resultar excesiva. Estoy seguro de que para algunos será así. Y, paradójicamente, será para los que simulen haber leído las 437 páginas de este libro espléndido y que, sin embargo, sólo las hayan hojeado. Para éste que ha leído el libro de su cabo a su rabo, y mucho de él durante las horas raramente palpables de un hospital, sólo enumerar la cantidad de sugerencias, complicidades e iluminaciones que aporta su lectura le aleja de cualquier sospecha de indigestión de alta literatura, algo tan antagónico como antiagónico. Por otro lado, es muy difícil mantener a lo largo de tantas páginas un interés de concepto tan uniforme y evitar indeseadas reiteraciones en este medido flujo de conciencia que insiste sobre el amor, la creación, la muerte, las ideas, la lectura... O sea, lo de siempre.
“Quizá sea el escribir una buena terapia de autoafirmación” [321], dice el escritor. “Tú sabías por otros que escribir es ceder a la tentación de ser Dios, algo imposible e irremediable.”[105], dice otra voz del escritor, que construye un libro de libros, un libro, como quiere el autor, híbrido y mestizo, múltiple, ambiguo, “un mamotreto fragmentario” [265], con un acierto artístico que se convierte en defecto que no solemos tolerar en las personas, mirarse mucho a sí mismo. Quién no.
He recibido una circular de Ezequías Blanco, el director de la revista Cuadernos del Matemático, que va a cumplir los veinte años de existencia con su número 41-42 que aparecerá en febrero de 2009, en la que pide colaboraciones para el acontecimiento. Voy a enviarle un par de páginas sobre Razón de mudo, si lo tiene a bien.
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miércoles, agosto 06, 2008
Primera nota sobre una lectura
Hay blogs o cuadernos electrónicos hechos a base de breves textos —es uno de los rasgos recomendables del ‘género’, la visualización a un golpe de pantalla, más o menos—, a manera de aforismos, de teselas en las que el escritor vierte un pensamiento. Su condición de diario a veces se cumple a entrada, texto o item por día; pero no se pierde por que se escriba dos veces, por ejemplo, por semana.
Tengo entendido que algunos escritores de estos diarios electrónicos ya los han convertido en libros convencionales. Incluso Alfaguara tiene una colección que se llama “Libros del Blog” (El Boomerang), en donde apareció Abierto a todas horas (2007), de Félix de Azúa, que tiene su blog, aunque, claro, la mayor parte de sus entradas, últimamente, es reproducción de sus artículos remunerados en prensa (El Periódico de Catalunya, El País).
Como Razón de mudo (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008), de Agustín Villar, comparte muchos rasgos con ese tipo de escritura de cuaderno de bitácora electrónico —con los más auténticos y literarios—, se me ha ocurrido hacer la conversión de las 437 páginas de este libro, y sus 1.029 textos (880 + 149) en lo que podría ser un blog. Y me da uno con una edad de tres años, a veinticinco entradas por mes, que es una media muy alta, incluyendo el pico de los siete meses de este año, más o menos.
Imaginemos, entre las más de mil entradas de ese blog, ésta:
“Lo puro, si es puro, no quiere reverencias ni discípulos. Mantiene un desdén decidido sobre los agobiantes hábitos de la tribu. Asilado en las palabras, nada pretende del resto. Seducido, o incrédulo o aturdido o exaltado, el lenguaje le da cuanto desea.” [583]
Serían necesarias ciertas nociones de contexto. A saber, la primera: que el sujeto del texto, la tercera persona, es el personaje inventado por el ‘yo’ que escribe y que tiene los mismos rasgos que el personaje inventado. Cosas del género. Y el punto de impostura que lleva a decir que “el lenguaje le da cuanto desea”. Porque cuando uno conoce el medio y los seres que lo habitan, sabe que el lenguaje no sacia la sed del creador. Ojalá. Sobraría el eco de la crítica. […]
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domingo, agosto 03, 2008
Primer domingo de agosto
Llevo gafas desde los quince años. Estaba en 2º de Bachillerato y el primero en reírse de mí fue mi profesor de Latín. La verdad es que duró un instante el gesto insignificante que ahora evoco treinta años después, como si no hubiese pasado nada.
Mi oculista me ha graduado la edad con uno de esos aparatos que ellos tienen para graduarte la vista. Por lo visto, piso ya un terreno proclive al cansancio y la pereza en términos ópticos, los 45. Y como, a pesar de todo, mi oculista sabe que Rousseau escribió (Emilio, o De la educación) que el hombre que más ha vivido no es el que más años tiene, sino el que más ha experimentado la vida, ha querido ofrecerme la experiencia de tener dos gafas. Las de lejos, o sea, las de siempre; y las de cerca. Y desde la tarde de ayer vivo con la extraña sensación de ver todo más grande desde cerca, que más que un pleonasmo es eso, una sensación que va a hacerse experiencia.
Estoy confuso. He leído El País y no parecía España, sino Canadá. Un cuerpo doce de una garamond, en pantalla, me ha parecido un catorce, y a veces, cuando me pongo las gafas nuevas me da la sensación que me llevo al ojo un cuentahílos. Todo es más grande. Ayer, la noticia de la muerte de Leopoldo Alas se me hizo inabarcable; la lectura del relato Luz de agosto de Gonzalo Hidalgo Bayal, espléndido y compacto como todo lo suyo, me valió por dos... No sé si acabo de llegar a una nueva realidad que desconocía o si la verdadera realidad es de cuerpo doce y este adminículo de las lentes la eleva para que yo viva esta ilusión. Sigo confuso. Dice el oftalmólogo que será cuestión de días. Otro émulo del Dr. Pangloss, me he dicho.
Premio de Experimentación Poética, 1994.
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viernes, agosto 01, 2008
La soledad de las vocales
A medida que uno se hace mayor leyendo, entre los sentidos que se aguzan, hay dos de signo opuesto que no siempre son incompatibles; es más, yo creo que se complementan. Por un lado, uno tarda cada vez menos en darse cuenta del escaso interés que tiene lo que está leyendo; y a veces ocurre de una manera intuitiva, incluso prejuiciosa, ya que un título, el aspecto exterior de un libro o cualquier otro detalle pueden ser razones para descartar según qué lectura. Por otro lado, leer te acerca de tal modo al hecho de la escritura que cada día percibe uno mejor la dificultad que ha entrañado haber escrito lo que uno lee. Y esto es lo bueno.
Esto úlltimo es lo que me ha sugerido la lectura de La soledad de las vocales (Barcelona, Bruguera, 2008), de José María Pérez Álvarez. Porque, a pesar de haberla leído hace un par de meses, sigue presentándoseme el mismo pensamiento sobre lo difícil que es escribir algo así. Quizá deba corregir lo de arriba, y no hablar de la experiencia lectora; sino de la incapacidad de uno para hacer cosas que quizá para otros resulte sencillo resolver. Por ejemplo, escribir. (Si supiese alguien el tiempo que me ha llevado el primer párrafo...)
Elaborar un monólogo, a manera de flujo de conciencia con sus reiteraciones, que sale de una voz ubicada en un número —no otra cosa es en un tipo de relato así la habitación 9 de la pensión LAUSANA desde la que el ¿protagonista? malvive— puede resultar un recurso ya visto y fácil; pero atendido en la lectura con su debido tiempo, genera esa admiración de lector que digo.
Está muy bien elaborada la estructura invisible de este relato; sus diálogos inaparentes, su culturalismo que no parece o sus descripciones que no existen son admirables formas de lo no convencional en novela, y gustan a los lectores con escasos prejuicios —incluyo todos (los prejuicios). Tengo ejemplos marcados en el ejemplar que el propio Chesi me envió en abril; pero pongo aquí otras líneas: "de nada, la literatura nunca trata de nada, es un vacío, así que pienso que la literatura es como mi vida, como mis recuerdos que son nada, ni siquiera humildes o miserables, nada, ése es el argumento de cualquier existencia" […]
Hay otras habitaciones, claro, en la LAUSANA. Están la 2 de la ex nadadora, la 5, la 6 del escritor, la 4, la 7 del tapicero... En ellas hay más nada, o sea, mucho. La soledad de las vocales, y de las consonantes.
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miércoles, julio 30, 2008
Un pañuelo blanco para 'Clásicos Populares'
Esta tarde se ha despedido de la radio pública (Radio 1 y Radio Clásica) uno de los mejores programas de toda su historia, Clásicos populares. A pesar de esto, a pesar de que su director y fundador, Fernando Argenta (Madrid, 1945), ha conseguido con su programa varios Premios Ondas, varios, también, Premios de la Música de la antipática SGAE y dos más de la APEI de Radio y Televisión, el Premio Comúsica, la Medalla de Honor de la Quincena Musical de San Sebastián, el Micrófono de Oro, el Premio Fernando García de Castro del Festival Internacional de Música de Úbeda, numerosos premios en Cantabria, en donde nació su padre Ataúlfo Argenta (Castro Urdiales, 1913-Madrid, 1958), el Premio del Club Internacional de Prensa..., entre otros (incluso creo que en estos días pasados ha caído alguno más).
Las causas de su desaparición son vergonzantes; pero sólo con este palmarés podría defenderse ante cualquier examen sobre rendimientos. Cuando, hace dos años, cumplieron treinta —el primer programa se emitió el 12 de abril de 1976—, la directora general de RTVE entonces, Carmen Cafarell, llamó al programa para decir a Araceli González Campa —otra ‘desaparecida’ o ‘prejubilada’— y a Fernando Argenta que muchas felicidades y que les deseaba treinta años más “de ese programa maravilloso”. Hoy resultan patéticas las palabras en la web de Radio Nacional de España como despedida de honor de programas como Clásicos populares. Lo que más se repite es eso de “voluntaria”. Hasta al mítico Ramón Trecet le he escuchado algo parecido: —Se va el que quiere.
Ayer, Fernando, en su programa soltó la ‘tontería’ de un reclamo popular para llamar la atención por la despedida de este programa ejemplar: que los oyentes —o escuchantes, como quiere Pepa Fernández en No es un día cualquiera— saliésemos a la calle con un pañuelo blanco al cuello, al modo de los Sanfermines, o que pusiésemos un lazo en el coche en un lugar visible, o que sacásemos una sábana blanca al balcón. Hoy ha llamado gente al programa que lo ha hecho. Creo que ha sido una oyente.
Escucho el programa desde que era estudiante de Bachillerato, allá por el año 77, cuando quedé sorprendido por la manera de divulgar la música clásica que tenían personajes como el propio Argenta, Carlos Tena o José Manuel Rodríguez “Rodri”, que con Beatriz Pecker y Araceli G. Campa, también presentadoras del programa, o Eugenio Verdú, el productor, han estado presentes en la emisión de hoy, entrañable y emotiva. Reconozco que me han emocionado las voces algo quebradas de todos, y los silencios, sobre todo, cuando Fernando ha agradecido tanto a Toñi, a quien no tengo el gusto de conocer.
Una lástima, por todo. Pongo este pañuelo blanco.
Aquí puede escucharse este programa especial, el penúltimo de Clásicos populares.
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lunes, julio 28, 2008
Amapolas blancas
En el gremio de editores debe de haber alguna ley no escrita o norma de orden consuetudinario que recomiende la omisión del pasado editorial de una obra cuando no ha sido publicada por el sello propio. Esto es tan claro como que una editorial que se precie va a aludir al pasado de cualquiera de sus títulos siempre que haya sido publicado en el propio sello. Sin duda, la publicación en la colección “Andanzas” de Tusquets Editores de esta espléndida obra de Gonzalo Hidalgo Bayal, Campo de amapolas blancas, es algo extraordinario, y su edición, el objeto-libro, hace que el lector relea el libro como obra nueva; y así ha sido en mi caso. Pero esto no quita para que en un rincón se diga que este maravilloso texto salió por vez primera a la luz pública en la colección La Gaveta (número 2) de la Editora Regional de Extremadura en 1997. Y es verdad también que en esta nueva edición hay un agradable “Epílogo” de un amigo de Gonzalo, Luis Landero. Pero sigo sin entender esa norma o ley no escrita por la que esta misma editorial omitió el pasado de títulos como Paradoja del interventor, de, también, Gonzalo Hidalgo Bayal, o de Entre líneas, de, también, Luis Landero, ambas obras publicadas por primera vez en la también extremeña Del Oeste Ediciones.
Si alguien me pidiese una recomendación para leer ahora mismo, le daría este Campo de amapolas blancas. La verdad, también, es que le recomendaría éste, el objeto-libro que ha sacado Tusquets Editores; porque sé que el lector va a sentirse más cómodo y porque el texto gana de esta forma. Y, también, la verdad, le duraría poco el placer, porque se lee de una sentada, con delectación, claro.
Los críticos literarios fiables deberían recomendar libros casi sin argumentaciones; o sólo con algo parecido a lo que yo acabo de dejar en el párrafo de arriba. Casi nada. Nos ahorraríamos mucho. Y entonces, luego, los lectores, cuando les agradezcan a esos críticos que les recomendaron un libro, se convertirán en críticos y se explayarán —lo digo por experiencia, como crítico, como profesor, y no como lector— sobre aquellos aspectos o rasgos del libro en cuestión que lo hacen una obra recomendable. Entonces, puesto en el caso, yo recibiría cartas electrónicas con opiniones como las siguientes: el estilo de Gonzalo Hidalgo en esta novelita es primoroso; en esta novela hay mucha literatura y se incita amablemente a leerla —por ejemplo, a Sartre y a Camus; qué hondura de relato y qué perfiles de personajes; me ha ayudado mucho a entender la atmósfera de Paradoja del interventor; es un relato que tiene mucha poesía...
Ay, la crítica literaria.
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Tablón de anuncios
Como el medio sobrepasa con mucho el modo de lectura, pongo aquí dos mensajes recibidos en los últimos días como comentarios a entradas antiguas. Si no, quedarían en ese limbo del medio al que nuestros hábitos lectores llegan con dificultad.
1. Escribe Francisco Javier Illán Vivas a propósito de mi item “Las reflexiones egocéntricas de Guillermo Carneo (y un poco de las mías)”:
“Hola.
El próximo número de Ágora, papeles de arte gramático, incluye un especial dedicado a Guillermo Carnero y su generación.
Incluye un artículo del catedrático Díez de Revenga y una entrevista a cargo de Fulgencio Martínez.
Saludos.”
2. El otro comentario es de Julia Otxoa, sobre mi entrada Manga Ancha:
“Hola, soy la escritora Julia Otxoa, acabo de descubrir gracias a este blog la existencia de la revista Manga Ancha, el hecho de ser puente entre tres lenguas y saber que le han dedicado un número a la poesía y otro al cuento, me parece de un gran interés. Me gustaría contactar o bien con Emilia Torrado o algunos de sus editores para poder acceder a ella, si alguien puede proporcionarme algún correo electrónico se lo agradecería. Estoy escribiendo desde San Sebastián (Guipúzcoa) y aquí es imposible acceder a ella en las librerías.
Un cordial saludo.
Julia Otxoa
otxoarte@telefonica.net
www.juliaotxoa.net”
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domingo, julio 27, 2008
Un poeta resentido
Vuelve a recordar Juan Goytisolo hoy en El País las veleidades literarias de este descerebrado, el que fuera líder serbobosnio Radovan Karadzic. Estábamos en Florencia cuando fue detenido y la prensa difundió la fotografía de este individuo de barba blanca y espesa. En La Stampa se hablaba de que le llamaban “Papá Noel”. A veces los lugares comunes propician unos símiles la mar de siniestros. Es un rostro del mal, y habría que acostumbrarse a él, e incorporarlo como tipo, igual que habría que hacer con el del monstruo Josef Fritzl.
Digo vuelve Juan Goytisolo porque ha escrito muchas veces sobre este psiquiatra de origen montenegrino, que bombardeó la Biblioteca de Sarajevo en agosto de 1992 hasta destruirla y hacer desaparecer “miles de manuscritos árabes, turcos y persas […], obras de historia, geografía y viajes; teología, filosofía y sufismo, ciencias naturales, astrología y matemáticas; diccionarios, gramáticas y poemarios; tratados de ajedrez y de música”, como el propio Goytisolo enumeró en su Cuaderno de Sarajevo. Anotaciones de un viaje a la barbarie (Madrid, El País Aguilar, 1993). Bombardeó la biblioteca y meses antes se ensañó con el edificio en el que vivía un inofensivo crítico literario que se burló de un libro de poemas escrito por el tipejo de la foto. Como escribió Goytisolo en un artículo de 2001 titulado “El último cuplé del bardotirador”, a los riesgos de la crítica (“atizar rivalidades, granjearse enemigos, crear fratrías, concitar odios irracionales, hacer el ridículo”) se suma éste. Y todo por un poeta resentido que se ha encaramado a otra peana.
Además de lo mencionado de JG, recomiendo, puestos a actualizarse sobre aquella barbarie vergonzosa, otros artículos del escritor sobre el genocidio reunidos en Pájaro que ensucia su propio nido (Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2001) y su novela El sitio de los sitios (Madrid, Alfaguara, 1995).
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viernes, julio 18, 2008
La novela de Julián Ríos
Lo normal en mí sería decir que debo el conocimiento de Julián Ríos a la lectura de Juan Goytisolo; pero no es así. Cuando se publicó Larva, en 1983 —y Rafael Conte cuenta que hasta enero de 1984 no estuvo en las librerías—, la primera persona por la que conocí una recomendación sobre el libro fue mi amigo y antiguo compañero de instituto José Gras. Siempre me acuerdo de él cuando tengo entre manos algo de Julián Ríos. Me acuerdo más que de Juan Goytisolo, que ya es decir, y más que de Julián Ríos. (¿25 años desde la publicación de Larva y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales no dice nada? ¡Imposible!)
Mi hermano Josemari tenía la edición de Edicions del Mall, por donde la leí, y luego, años después (1992), compré la de Círculo de Lectores, con las ilustraciones de Antonio Saura. Por cierto, con una errata en la Nota supernumeraria o solapa: “ilustraciones”, cuando lo lógico, y lo correcto, en Ríos, es “ilustraiciones”. Comprendo las dificultades de cazar la errata en las turbulencias textuales de Ríos...
La leí hace ya unos meses, y he vuelto a pasar por sus páginas por revivir el placer de una lectura redoblado, además, por la curiosidad de leer a un Julián Ríos de los años sesenta —“Escribí Cortejo de sombras de 1966 a 1968 en Madrid (trataba entonces de revivir y de recrear sin regionalismos mi particular Galicia, el país de las maravillas de la niñez y de la adolescencia, con sus sombras del pasado ominosas a veces, al que se anexionaba entre nostálgico y fantasmal el país del que te irás y no volverás de tantos emigrantes) y cuando me fui a vivir a Londres, en 1969, me llevé el manuscrito con la intención de añadirle un par de capítulos que tenía ya esbozados.”—, y preguntarse —tonterías de filólogo— cuánto hay de verdad en aquello que dijo el gran Milalias y que el propio Ríos evoca, lo de que yo soy el que es hoy y que Ríos con esta novela antigua no ha tenido otra opción que ser lector de su propia obra antigua (?). “No tuve, por tanto —dice—, nada que añadir ni que quitar.”
Así las cosas, vale que Julián Ríos, el 19 de noviembre de 2007, fecha del prólogo explicativo de esta novela, escriba algo así como que con Larva trató de “ensanchar el castellano y sacarlo de sus castillas”, pero que en la novela de 1968 que se publica ahora hable del “brincalegre de los recreos”, de la “amadaesposa” que “lloraullando” y de los “gocespasmos”... A mí me da en la nariz que lo de Ríos viene de largo (como lo Míos con lo de Largos).
Cortejo de sombras (La novela de Tamoga) está compuesta por nueve capítulos que pueden funcionar también como secuencias independientes. Es evidente la noción de conjunto, y la relación que puede establecerse entre los textos, como entre “Cacería en julio” y “Dies irae”, dos entre estas historias que nos hablan de personajes que han de sumarse a la tradición de figuras como las creadas por los grandes de la literatura que nos ha llegado de los de Galicia, ese país de las maravillas.
Cuánto agradezco a José Gras sus complicidades lectoras. Ahora, me gustaría devolverle el favor recomendándole esta espléndida obra de un Julián Ríos mucho más cercano que hace tantos años. ¿O casi igual?
En estos espacios, esta novela de Julián Ríos ya fue comentada por Santos Domínguez en su blog y en sus Encuentros, en donde llegó a decir que “Si no hubiera permanecido inédita hasta hoy, si se hubiera publicado en 1969 por ejemplo, Cortejo de sombras hubiera obligado a escribir de otra manera la historia de la novela española contemporánea.” A veces, querido Santos... ¡Viva el Atleti y Curro Romero!
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domingo, julio 13, 2008
Desde fuera
Este libro de Álvaro Valverde, su poesía, merece el mismo tiempo que una novela de seiscientas páginas. Así somos. Es espléndido. Me he detenido esta tarde en una de sus seis secciones, "Entonces la muerte", un réquiem de cuatro textos cuyos escenarios y evocaciones, cuyos muebles, son tan personales como la muerte que esta misma tarde se me ha vuelto a aparecer en los amigos. Doble luto sobre el luto para Mercedes Santos, y para sus hermanos, para Enrique, con quien he hablado de la tragedia de perder a sus padres en un accidente de tráfico. Como escribe mi hermano, qué espanto.
"En realidad, no sé
si vamos al encuentro de la muerte
o si venimos ya de su certeza."
Á.V.
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Un novio para Yasmina
Quizá a alguno le parezca que todas las razones para recomendar una película como Un novio para Yasmina han de ser de carácter cinematográfico. Y así es, más o menos. Y eso, más o menos. Porque para alguien de aquí, de Extremadura, el primer largometraje de Irene Cardona ofrece otros atractivos. Ser la primera película de alguien que ha demostrado ya saber moverse en este campo; ser la primera película producida por Tragaluz, en este empeño, en colaboración con Tangerine Cinema Services, y con apoyo público de instituciones extremeñas. Del lado más personal de este espectador, ser lo suficientemente cercana como para conocer algunos escenarios y a un buen puñado de actores, desde mi ‘primo’ José Antonio Lucia, pasando por Paca Velardiez o Fermín Núñez, a quienes he tenido la suerte de conocer subidos a muchos escenarios de teatro; hasta las apariciones esporádicas de personas conocidas como Alejandro Pachón, Fulgencio Valares, Carmelo Sayago, con unas frases, o de Pilar Bacas o Paco Espada, entre otras. Pocas veces tiene uno la ocasión de señalar con el dedo a la pantalla en una sala comercial porque ha visto una cara conocida.
La propuesta de Irene Cardona de dividir la historia en secuencias episódicas variadas, en tono, duración e intensidad, tiene sus ventajas y su riesgo. A mi modo de ver, es la clave de que la gente salga del cine con una sensación muy agradable, que ya está bien. También de que seamos conscientes de los problemas que puede tener a veces reducir el lenguaje cinematográfico a la mínima expresión del sketch; pues se trunca el desarrollo de los matices de ciertas relaciones entre personajes, o se abusa de lo implícito, que ahorra tantas cosas que a veces puede dar la sensación de precipitación, como me ha parecido ver en el final de esta notable opera prima.
Palabras mayores para la interpretación de actores como María Luisa Borruel —Biznaga de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de Málaga—, Francisco Olmo, José Luis García Pérez o la luminosa Sanaa Alaoui; y para esa necesidad que todavía algunos creadores tienen de ofrecer estética y disfrute sobre una base ética, y que para éste que vio la película fue la razón principal de atender a todos los detalles. Tiene muchos.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, julio 13, 2008 0 comentarios
viernes, julio 11, 2008
Ascensor
Puede que no sea normal entrar en un ascensor pensando en un libro; y menos recordarlo como un hecho relatable. 19 de junio. Hospital Infanta Cristina de Badajoz. Tomé el ascensor en la quinta planta, solo. Intentaba recordar si tendría La vida difícil, de Slawomir Mrozek, un escritor polaco. Ahora sé que lo tengo. Slawomir Mrozek, La vida difícil. Traducción de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles (Barcelona, Quaderns Crema, 1995). Lo compré en el verano del 95. Recordaba un texto de ese libro titulado “Una charla sobre historia contemporánea” y un rifacimento del cuento de Caperucita Roja. Poco más. Entonces, el ascensor paró en la planta tercera. Entró una pareja (ella y él). Se besaron, se abrazaron. Y ella: —Primero comemos, y, luego, lo otro. Y llegamos al cero.
Publicado por Miguel A. Lama en viernes, julio 11, 2008 0 comentarios
jueves, julio 10, 2008
Todo Alonso de Santos
O casi todo. Editorial Castalia —y el Excmo. Ayuntamiento de Valladolid— ha publicado la Obra teatral de José Luis Alonso de Santos. 847 + 1068. Son las páginas, respectivamente, de cada uno de los volúmenes de esta opera omnia en la que están desde ¡Viva el duque nuestro dueño! hasta En el oscuro corazón del bosque. En medio, una parte fundamental de la historia del teatro español en la dichosa era democrática, y no me refiero sólo a los textos —treinta piezas teatrales—, sino a las fotografías que incluye esta edición —está un Alonso de Santos como actor y está como autor protagonista; está una antología de carteles y portadas...—, a las dedicatorias —a Miguel Narros, amigo y maestro; a Anunciación Fdez. de Córdoba y Paco Cedrón en El Rincón, en tierras de Extremadura; a Marga, muchas veces; a Rafael Álvarez...—, y a las notas de autor a cada una de las obras, y a las que deberá acudirse para ver cómo un autor así contempla su propia obra, así. Desde el texto y desde la escena.
Por orden de importancia —el contrario al orden de aparición— he de mencionar a José Gabriel López Antuñano, autor de un esclarecedor Estudio preliminar; a Margarita Piñero y a Andrés Amorós, que incitan a la lectura de un íntimo; y a Francisco Javier León de la Riva, el Alcalde de Valladolid.
Ver también aquí (1), (2) y (3).
Publicado por Miguel A. Lama en jueves, julio 10, 2008 0 comentarios
martes, julio 08, 2008
Tomás de Iriarte a lo digital
Bajo la dirección de Jesús Pérez Magallón –a quien espero en Cáceres dentro de unas horas–, profesor de literatura española en McGill University y director de la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha abierto página sobre Tomás de Iriarte (1750-1791). Al alcance del lector interesado y del investigador están sus obras en principales ediciones, desde las Fábulas literarias hasta sus traducciones, del Arte poética o de las Sátiras de Horacio; y están algunos de los estudios fundamentales sobre el escritor, los de Russell P. Sebold, Juan Cano Ballesta, Piero Menarini, Rinaldo Froldi, Emilio Martínez Mata o el propio Pérez Magallón, sin olvidar ese libro esencial a pesar de su tiempo, Iriarte y su época, de Emilio Cotarelo y Mori, del que también contamos con edición moderna. Una alegría más que da la Virtual Cervantes al mundo del dieciochismo.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, julio 08, 2008 0 comentarios






