viernes, febrero 12, 2021

Cosas impresas

Sigo fascinado y casi sin palabras desde que tengo un ejemplar de las Felicitaciones japonesas. Surimono: pintura y poesía. Edición de Javier Alcaíns. Traducción de Eiko Tomita (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2020), que se presentaron en Cáceres el pasado 16 de diciembre. El formato es imponente (32 x 30 cm.) y la edición fastuosa, impresa con esmero por Tecnigraf Artes Gráficas de Badajoz con los rasgos del gusto editorial —letra Ibarra, papel ahuesado de alto gramaje…— del Javier Martín Santos editor que está detrás, que vuelve a ofrecernos una sublime demostración de su amor por la palabra y la imagen juntas sobre el precioso objeto que es el libro. Ojalá llegase algo así a las altas esferas que convocan premios nacionales de edición. He mirado en las anteriores convocatorias y una editorial institucional puede presentarse, como cualquier otra, a una de las que se publican todos los años. En este caso, es admirable que un sello público, regional, haya llevado a cabo un producto impreso de esta calidad y con este primor, y a un precio tan coherente con el sentir no lucrativo de los bienes públicos. Treinta y ocho euros por una joya que suma a su realización formal un contenido soberbio. Ya transcribí aquí la nota de edición en la que se decía que estos surimonos son cosas impresas llevadas a un alto nivel de arte. En aquel momento, yo no tenía el libro delante; y ahora estoy deslumbrado con él, con la primera monografía en español que cataloga, muestra, traduce y comenta imágenes y textos tan atractivos para un lector de hoy y de aquí. El trabajo es admirable, por la filiación precisa de los autores, por la localización de las piezas —Rijksmuseum de Ámsterdam, Chester Beatty Library de Dublín, Metropolitan Museum of Arts de Nueva York, Museum of Fine Arts de Boston, Harvard Arts Museum de Cambridge, Massachusetts, y Museum für Gestaltung de Zurich—, por los textos preliminares sobre el contexto histórico en el que se produjeron los grabados, las estampas, los calendarios, los surimonos como tarjetas de felicitación del Año Nuevo, sobre la expresión verbal del kyoka, el poema loco —tankas y haikús—, sobre la ilustración o los temas de este festín para los ojos. Me parece otra de las genialidades salidas del magín y de la pasión de Javier Alcaíns, que escribe sobre una de las ilustraciones de Katsushika Hokusai (1760-1849): «Uno de los temas más recurrentes de Hokusai fue el monte Fuji. En esta ocasión, la vista está tomada desde el lago Ashinoko, del que se ve una parte, con algunas casas cerca de la orilla. Realizado después de 1830, cuando empezó a importarse el azul de Prusia presente en la falda del monte y en otra elevación más lejana, este grabado puede ser contemporáneo de su famosa serie Treinta y seis visitas del monte Fuji. Aunque la estrofa habitual en los surimonos es la tanka, de treinta y una sílabas, en esta ocasión los poetas han preferido el haiku, de diecisiete». La alondra canta / en lo alto del cielo quiere / competir con la cima del monte (Keika). El Fuji en primavera: / su falda brumosa impresionante, / como envuelta en una tela de rayas (Nikyo)». La pongo aquí abajo. En estas notas, como en la que Alcaíns escribe sobre uno de los mejores creadores de surimonos, Ryuryukyo Shinsai (1799-1823), alumno de Hokusai, se aprecia cómo disfruta el artista y escritor extremeño con lo que hace. Dice para rematar la reseña de ese autor: «Registros oficiales de la época nos informan de que fue padre de familia». Ojalá puedan hacerse con un ejemplar de esta delicia, que espero llegue cuanto antes a muchos, porque merece la pena. Yo ya he regalado uno, y estoy tardando en regalar más.



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