jueves, octubre 30, 2008

Amadís

Tal día como hoy, un 30 de octubre de hace 500 años se terminó de imprimir el Amadís de Gaula, o sea, Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, en la imprenta de Jorge Coci en Zaragoza, reescritos por Garci Rodríguez de Montalvo.
En Madrid, en la Biblioteca Nacional, hasta el 18 de enero de 2009, puede contemplarse el único ejemplar, conservado en la British Library, que existe de la edición zaragozana de uno de los libros de caballerías más representativos del género, junto a otras joyas bibliográficas. En la exposición Amadís de Gaula, 1508: quinientos años de libros de caballerías y en la magnífica página que permite una visita virtual y la consulta de materiales didácticos.

miércoles, octubre 29, 2008

Badajoz y la Guerra de la Independencia

Mañana jueves, 30 de octubre, a las 20’30 horas, en el Salón Principal de las Casas Consistoriales de Badajoz (Plaza Alta), se presenta este libro, coordinado por Miguel Rodríguez Cancho, en el que hemos colaborado la alineación de un equipo bien avenido, con un entrenador de amable fuste. Once autores, pues.
Ricardo García Cárcel, Alfonso Rodríguez Grajera, José Pablo Blanco Carrasco, Juan García Pérez, Alberto González Rodríguez, Eduardo García-Menacho y Osset, Mª Dolores Herrero Fernández-Quesada, Miguel Ángel Lama, Miguel Ángel Melón Jiménez, Mª del Mar Lozano Bartolozzi y Fernando Sánchez Marroyo.
La edición la patrocina el comité organizador de los actos conmemorativos del Bicentenario de la Guerra de la Independencia que aglutina el Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, quien acoge mañana el acto. Un acto del que espero salga un compromiso de difusión y distribución de una obra que merece la pena —salva sea mi parte— que esté en el mejor de los lugares dentro de la historiografía reciente sobre lo que se conmemora.
Yo me desmarco, en el mejor de los sentidos, entiéndaseme. No podré estar. Es que tengo entradas sacadas para un concierto memorable. El de Kroke en el Gran Teatro de Cáceres, mañana también, a las 21’00 horas. Impresionante. Espero dar cuenta aquí.

Merino

Hoy he tomado café a primera hora de la mañana con un compañero de Historia Moderna, que es lo mismo que decir un damnificado por la lamentable situación que está generando en la Facultad la gestión de la reforma de los planes de estudios. Había poca gente en la cafetería, e incluso el personal que la atiende andaba algo perdido. Con razón. Ayer murió uno de ellos, Paco Merino, a los 56 años. A Manolo, un compañero suyo, que se marchaba al funeral, le hemos transmitido nuestra condolencia y nuestra excusa por tener clases.
Merino nos ha servido, a lo largo de estos años, muchos cafés, muchos menús, más de una cerveza, y también ha compartido con algunos, entre los que me cuento, mesa y mantel en cenas navideñas.
La situación de esta mañana era, sin duda, extraña. Cuando uno sólo conoce al finado ha de recurrir a los más accesibles entre los cercanos a él —en ese momento, un compañero de trabajo— para expresar su pésame. Más especial aún fue lo que viví ayer mismo a las siete y cuarto de la mañana en la acera de una calle de Cáceres, San Francisco. Al pasar por el portal —¿el número 2?— de un edificio, vi a una mujer vestida de oscuro que salía acompañada de otras dos, y a la derecha, sobre la batería de coches aparcados, una furgoneta de servicios funerarios dispuesta a arrancar. Ya en la Facultad, anduve en mis cosas, di una clase y recibí la noticia de que Merino había fallecido de madrugada. Vivía en la calle San Francisco de Cáceres; creo que en el número 2. Era él a quien vi tan temprano. En cierto modo, sin saberlo, me despedí de él. A la misma hora en que conocí, sin saberlo, a sus dolientes. Descanse en paz.

martes, octubre 28, 2008

Asperges de notas sobre la novela PARADOJA DEL INTERVENTOR (XXI)

La diferencia que hay entre el escenario inaugural de Paradoja del interventor y el de Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino —que es una de las novelas más mías de las que he leído en toda mi vida, incluso después de Paradoja del interventor—, es que en el texto de Gonzalo Hidalgo Bayal no hay más que tres personajes en la cantina cuando llega el interventor una noche de noviembre: el camarero y dos clientes. Sin embargo, en la obra de Calvino hay unos cuantos jugadores en las mesas, varios clientes en la barra e incluso un gato que arquea el lomo y una cajera con una caja registradora que hace tlin; y, además, un barman viejo, no como el muchacho que se aburría detrás de la barra de la novela de Gonzalo.
Pero... “La novela comienza en una estación de ferrocarril, resopla una locomotora, un vaivén de pistones cubre la apertura del capítulo, una nube de humo esconde parte del primer párrafo.” (Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, en traducción de Esther Benítez). Y hay unos vidrios empañados que en Paradoja del interventor son unos cristales sucios y descascarillados. Hay, además, una correlación entre la locomotora y la máquina de café en las dos escenas, tanto la del de Higuera de Albalat como la del de Santiago de las Vegas […]
Para ese género de obras tan útiles como entretenidas que son los diccionarios de términos literarios, propondría la consideración de voces como eco o atmósfera (literarios), para definir una suerte de reminiscencia textual que va más allá de la compleja, lejana e incluso desprestigiada intertextualidad. No sé si, incluso, llevaría a la P del diccionario la palabra que representase la genialidad del escritor que sabe leer para escribir y proponer una lectura como hace Gonzalo Hidalgo Bayal. La palabra: paradoja, que no tiene entrada principal en el DRAE.

Nota bene
:
Empecé a escribir aquí sobre Paradoja del interventor, de Gonzalo Hidalgo Bayal, en el verano de hace tres años, y mi último comentario en este sitio fue de agosto de 2006, después de una veintena de anotaciones de lectura libérrima y apasionada en asperges: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX.

sábado, octubre 25, 2008

Responsable, no culpable

Estoy convencido de que Gaspar Llamazares, que al irse de la coordinación de Izquierda Unida ha dicho que se siente responsable, pero no culpable, no ha reparado en que esa frase tiene su historia, siniestra historia.
“Me siento responsable, pero no me siento culpable, sencillamente porque no soy culpable” dijo, en su alegato en el juicio de 1985, el otrora temible Almirante Emilio Massera, jefe de la Armada y componente de la junta militar argentina —en la foto, el primero por la izquierda, junto a Jorge Rafael Videla y Orlando Agosti—, condenado, después de avatares, por delitos contra la humanidad.
La abismal diferencia de los contextos no alivia el malestar por la lamentable coincidencia, que un mismo medio ha propiciado. Hoy, Radio Nacional de España divulgaba las palabras de Gaspar Llamazares en los informativos y, posteriormente, en un espléndido espacio documental sobre Argentina, ponía un corte sonoro de aquel juicio.

martes, octubre 21, 2008

En la raíz de la palabra

Qué mejor sitio que Oviedo para leer, desayunando, lo que traía la prensa sobre la presentación en Madrid el pasado jueves de esta obra de una asturiana como Olvido García Valdés. El título Esa polilla que delante de mí revolotea proviene de un poema de caza nocturna (1997) por el que ronda la incertidumbre, la enfermedad, el tiempo... Poesía reunida (1982-2008), Barcelona, Círculo de Lectores y Galaxia Gutenberg, 2008.
Había dejado antes de marcharme algunos apuntes sobre esta magna edición de su poesía, y los retomo ahora, como hago con la lectura completa de los primeros textos, los que fueron desde 1982 a 1989 (El tercer jardín, Exposición) y que ahora se recogen bajo el título de La caída de Ícaro, el de un díptico en el que se reconocía parte de la mirada posterior de Olvido.
Me suena haber hablado en otro momento sobre Olvido y su sincretismo poético —por pensamiento y emoción— y, también, esa voluntad de fundir experiencias diversas de conocimiento y de expresión artística, o no, de la realidad. La lectura sobre una obra de arte o la de un gesto del artista, o la interpretación precisa de una actitud o una palabra cotidianas que generan el poema. O, claro está, la contemplación. De los árboles, por ejemplo.
“Escribir notas de poética sólo sirve para señalar en qué dirección miramos cuando hablamos de poesía”. Así abre Olvido el apéndice de esta edición que incluye algunos textos sobre o “De la escritura”. Contiene algunas reflexiones antiguas, otros textos promovidos por lecturas poéticas o el más reciente “Después de Y todos estábamos vivos”. Son esos textos sobre los que algunos escritores se excudan y que a mí casi siempre me parecen soberbios y con profundidad. Por eso, el final de la lectura de este espléndido volumen termina tan en lo alto: “De la intimidad y el exterior, o en los bosques moramos”.

lunes, octubre 13, 2008

La época de Carlos IV (1788-1808)

Organizado por el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el próximo miércoles 15 de octubre comienza el IV Congreso Internacional de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII bajo el título de La época de Carlos IV (1788-1808). Se celebrará en Oviedo —las jornadas del miércoles y el viernes 17, que es la de clausura— y Gijón —el jueves 16—, y contará con conferencias plenarias de Carmen Iglesias, Nigel Glendinning, Josep Maria Sala Valldaura, Inmaculada Urzainqui, José Luis Peset y Emilio La Parra, y casi un centenar de comunicaciones organizadas en secciones o salas de temática diversa, como Inquisición, Instituciones, Mujeres, Poesía, Pensamiento, Teatro, Economía, Educación... Toda la información puede encontrarse aquí.
Será una más que buena ocasión para el encuentro con colegas y amigos; entre ellos, alguien especial a quien se rendirá un merecido homenaje al cierre de la jornada del miércoles: Francisco Aguilar Piñal.

miércoles, octubre 08, 2008

Cadalso

Obviaré los libros, los papeles y todos los nombres que sugieren esos papeles y esos libros que andan por mi mesa; y me quedaré sólo con todos los que aluden a quien hoy cumple años después de muerto. José Cadalso. 267 años desde que nació en Cádiz un 8 de octubre de 1741. Murió en Gibraltar en la noche entre el 26 y el 27 de febrero de 1782.
Después de llevar tanto tiempo con él, haber leído todo lo que escribió, hablando en clase de él (mis alumnos saben lo de las Noches lúgubres, lo de esa espléndida novela que es Cartas marruecas), trabajando ahora para poner en orden unas notas para una reunión de dieciochistas, y todo lo que me queda, afortunadamente, para defender su poesía en su sentido histórico, no podía dejar pasar este día sin hacer una mención a que un 8 de octubre José Cadalso, el autor de los Ocios de mi juventud, comenzó a existir. Por poco tiempo, pues murió, después de haber escrito algunas cosas memorables por modernas en su tiempo, herido de una granada en Gibraltar a los cuarenta años.
“La buena poesía es la piedra de toque del buen gusto de una nación o siglo”, escribió en la LXXVIII de sus Cartas marruecas publicadas póstumamente en 1789.

martes, octubre 07, 2008

Mensajería urgente

Para los que trabajamos también fuera de casa. Las probabilidades de que nos llegue un envío por mensajería urgente el día previsto son muy reducidas. Llegar, llega. El primer día llega una nota de aviso que uno puede encontrar en el suelo de su portal o pegada en algún lado visible —y dado el caso, cuesta luego quitar los restos del adhesivo. Ese mismo día uno llama y pide perdón por no haber estado en casa. Al día siguiente, vuelve uno a encontrar la misma nota. Y poco después vuelve a llamar para repetir que el mejor momento para la entrega es durante las horas de la tarde. Y aquí viene un caso real:
—Es que por la tarde, el repartidor no puede; está ocupado con las farmacias.
—¿...?
—¿Conoce usted a C., el del mesón?
—Sí.
—Pues ahí se lo dejamos. Deje usted el dinero.
Y gracias a esto tengo en casa tres libritos que pedí a una editorial que el mismo día los puso en el coche de postas. Me consta.
Otro día cuento cómo tuve que ir de una a otra gasolinera por un paquete. El móvil fue el mismo: una nota de aviso.

domingo, octubre 05, 2008

Otoño fotográfico

Me llega de Pedro Casero, un entusiasta que lleva más de veinte años impulsando actividades en torno a la fotografía, el programa del OTOÑO FOTOGRÁFICO EN EXTREMADURA 2008, que es aquella experiencia bisoña de convocar un certamen desde la Facultad de Ciencias de la Universidad de Extremadura convertida ahora en una propuesta con otro empeño.
El próximo miércoles 8 de octubre se inaugura el OFE’08 con una conferencia de Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat sobre Luis Ramón Marín y su época, ese fotógrafo que se nos expone en el MEIAC hasta el 9 de noviembre. Ellos abren una serie de muestras fotográficas de interés, entre las que cabe destacar esa manera de buscar la instantánea y la intemperie con 123 fotos en escaparates de comercios y bares de la ciudad, y con las lonas que colgarán de fachadas de edificios significados de Badajoz.

viernes, octubre 03, 2008

Literatura fascista española


Para Martín, que me ha dejado
un comentario en mi entrada del 15 de septiembre
sobre Paco Espinosa y El País, ahí va esto,
escrito desde hace semanas
y no publicado aún.


A mis 46 años... (perdón). A sus 85 años, mi madre sigue dándome un dinero por mi cumpleaños para que me compre algo. Este agosto me compré con su dinero los dos volúmenes de la nueva edición de la Historia de la literatura fascista española de Julio Rodríguez Puértolas (Madrid, Ediciones Akal, 2008). No puede decirse que sea un hallazgo, dada la edad de la obra (1986); pero sí que lo fue desde que me enteré de que Akal la había reeditado. Me perdí en su momento la atmósfera que en los medios generó su publicación; y ahora, al parecer, también me pierdo algo, porque no he visto mucho escrito sobre esta reedición que incorpora una interesante crónica de lo que fue la primera edición (ver el “Prólogo a la segunda edición” del autor, y, sobre todo, el “Epílogo a la segunda edición”, de César de Vicente Hernando).
El problema (?) de esta Historia de Rodríguez Puértolas, que siempre he estimado como un interesante testimonio descriptivo, está en el centro de su título: literatura fascista. Si uno reconoce su valor en lo que tiene de testimonio, recuento, ensayo histórico, se topará con la fragilidad del concepto, en muchas de sus páginas, tal y como aquí se utiliza, de literatura; y con lo mismo para el de fascista. Sobre todo en lo referido a la época posfranquista. El ejemplo reciente de Jiménez Losantos y de las obras que se citan es ilustrativo, tanto en lo literario como en lo fascista. Quizá por eso, en lo de lo literario, se resiente esta obra en cuanto a su poso analítico. Quizá, también, lo ideológico a veces pesa demasiado. Puértolas considera a Gonzalo Torrente Ballester “escritor falangista”; sin embargo, Rodríguez llama a José María de Areilza “ex-falangista”. Todo esto, sin análisis literario; que a lo mejor no es el propósito de la historia. Algo, que a los que nos dedicamos a esto, también nos gusta.
En fin, mis simpatías por esta obra que me agrada tener en esta edición remozada y ampliada, en estos días en los que seguimos viviendo lo que señalan Rodríguez y Puértolas en el prólogo a esta segunda edición, cuando hablan de la ceremonia de la confusión que seguimos viviendo, desde 1986.

Nota para Martín: con respecto a la edición anterior,
ésta contiene un prólogo nuevo, un epílogo de César Vicente Hernando,
y páginas nuevas con actualizaciones, lamentables por su objeto, sobre la “cenagosa ola de revisionismo histórico”.

jueves, octubre 02, 2008

Ángel Campos Pámpano, Premio 'Eduardo Lourenço'

© Fotografía EFE

Mi amigo el poeta y traductor Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara, 1957) ha sido galardonado hoy con el Premio 'Eduardo Lourenço', convocado por el Centro de Estudios Ibéricos (CEI), con sede en la localidad lusa de Guarda, dotado con 10.000 €, y que homenajea con su nombre al ensayista portugués Eduardo Lourenço (1923), que fuera Premio Extremadura a la Creación a la Mejor Trayectoria de Autor Iberoamericano en 2006 y que es presidente honorario del CEI. El premio reconoce a personalidades e instituciones portuguesas o españolas que hayan tenido una intervención relevante en el ámbito de la cooperación de las comunidades ibéricas; así que los méritos de Ángel son más que sobrados.
De 1980 es su versión de las Odas de Ricardo Reis publicadas en Balneario Escrito en Valladolid. Desde ese título, que puede ser considerado su primera traducción pública de cierto empeño, hasta sus últimos trabajos sobre Eugénio de Andrade, Sophia de Mello Breyner Andresen, o el mismo Fernando Pessoa, sobre quien sigue trabajando en un ambicioso proyecto, la trayectoria de Campos Pámpano en el terreno de la traducción literaria y, por consiguiente, de la difusión de la literatura portuguesa en España se ha convertido en una de las más brillantes en el ámbito hispano.
Por otro lado, su participación en la fundación y dirección de proyectos editoriales como la revista en dos lenguas Espacio/Espaço Escrito o el periódico de revistas poéticas Hablar/Falar de Poesia ha debido de ser otra credencial ineludible para el jurado. Un jurado compuesto por José Ramón Alonso, rector de la Universidad de Salamanca, Fernando Seabra Santos, rector de la Universidad de Coimbra, Joaquim Valente, alcalde de Coimbra, instituciones las tres que alientan desde sus comienzos el CEI, que está representado igualmente en este jurado por Fernando Catroga, Fernando Rodríguez de la Flor, Valentín Cabero y Jaime Couto Ferreira; a quienes han acompañado también como componentes invitados el escritor y diputado Vasco Graça Moura, el embajador de España en Lisboa Alberto Navarro, el presidente del Centro Nacional de Cultura y del Tribunal de Cuentas Guilherme de Oliveira Martins, y el poeta español y Premio Nacional de Literatura Antonio Colinas.
Es la cuarta edición ésta del premio. Anteriormente lo obtuvieron la catedrática de Culturas Griega y Latina de la Universidad de Coimbra Maria Helena da Rocha Pereira; el periodista y antiguo corresponsal de TVE en Lisboa Agustín Remesal; y la pianista portuguesa Maria João Pires.
Una alegría. Felicidades, Ángel.
Hace nada, el Jornal de Notícias recogía esta buena nueva.

miércoles, octubre 01, 2008

De Tordesillas a las Feroe

En la era de las nuevas tecnologías, en la aldea global y en estos tiempos de cruel capitalismo que a veces se resiente y se arrepiente por sus modos —no es para tanto y las cosas volverán a su cauce; vamos, que Marx no se quedó corto—, las tradiciones tribales masivas no cambian. Que digo yo que podrían cambiar las tradiciones, y convertirse en tradición donar sangre tres días al año —sin vaquilla del aguardiente—; lanzarse a las aguas sucias de un río para limpiarlas —sin que la fiesta continúe luego meando en el río vecino—, o salir a las calles cada 3 de octubre —por poner una fecha, movible según el calendario— y recoger papeles, limpiar fachadas de pintadas y guarrerías, y retirar las cagadas de los perros —sin un botellón luego para celebrarlo.
Escribo en el tumulto de una jauría de cientos de estudiantes que celebran las novatadas, otra tradición que llena de alcohol los cuerpos jóvenes de quienes comienzan el curso —una contradicción— y llena de mierda las calles y los jardines. Escribo con el eco de las denuncias por una fiesta absurda como la del Toro de Tordesillas, que este año ha tenido más presencia negativa en los medios —¿con cuántos años de retraso? Y escribo movido por un mensaje de mi amigo Juanma Barrado que me transporta al Atlántico Norte, a las Islas Feroe, en una denuncia cándida e inofensiva de la matanza de ballenas. Otra tradición que se ejecuta con la mayor humanidad posible sobre una especie que no se encuentra en peligro y que permite nutrir a buena parte de la población.
También aquí.

domingo, septiembre 28, 2008

Portugal hoy


Qué satisfacción siempre hablar de un libro tan recomendable como éste. Lo recibí a principios de este mes, muy pocos días antes de que defenestrasen al remitente de la carta que acompañaba el envío del libro. Álvaro Valverde me lo hizo llegar “por indicación del autor”. Supongo que por indicación del traductor, Antonio Sáez Delgado, uno de los responsables de esta bendita manera de abrir las ventanas para que España se asome a la cultura portuguesa, para que nos conozcamos.
Portugal hoy. El miedo de existir es un libro fascinante para cualquier español interesado en Portugal. También lo es para un portugués, y la prueba está en que desde que se publicó allí —lo que no queda del todo claro en esta edición española—, en 2004, ha sido un éxito de ventas. ¿Un ensayo así un éxito de ventas? Pues sí, igual que los libros de poemas allí se venden por miles, y no por cientos o decenas, como aquí. Por eso también es una satisfacción que se edite en España por una editorial institucional como la ERE.
No decae el interés ni la hondura del pensamiento en ninguno de los once capítulos o estancias de esta reflexión sobre lo portugués que tiene un hilo conductor de concepto en el hecho de la no-inscripción de este país, y que es algo aplicable, ampliable a otros países, como España. Al menos, eso creo yo sin mucha conciencia patria. Pues, una vez leído el libro, puede uno abrirlo por algún sitio y encontrar en él razones para hablar sobre el sentido de lo que hace, siente o piensa un portugués hoy; pero también sobre el sentido de lo que hacemos, de lo que sentimos y de lo que pensamos. Así.
La ausencia de la intensidad de la admiración en Portugal. Vamos, que en Portugal nadie exagera a la hora de admirar; y si lo hace, resulta sospechoso. No sé. La pervivencia del miedo en Portugal, o lo que es lo mismo, las dificultades de superar el salazarismo o la verdadera trascendencia del 25 de abril. No sé. Esa idea de la no-inscripción en la que yo veo algo relacionable con lo de la memoria histórica a la española. No sé. O esto de que los portugueses son particularmente sensibles a la ausencia, “lo que les hace estar constantemente ansiosos por la plenitud”, que es una de las más agudas diagnosis del libro, porque resume muchas en una, concluye, cierra.
Al placer de la lectura por el contenido expresado, sumo el gusto por ciertas complicidades ideológicas, como la que se deriva de compartir el disgusto por una mundialización que conlleva “azotes planetarios” como el desempleo o el sida, y no el igualitarismo en los beneficios; o como la de fundir en la genialidad a Fernando Pessoa y Herberto Helder.
Una lectura recomendable, con satisfacción.

miércoles, septiembre 24, 2008

Una opinión

Ayer leía el artículo de opinión —que no otra cosa era— de José Yoldi en El País sobre la propuesta de Carlos Dívar como candidato para presidir el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo y me acordaba del editorial de hace casi quince días en este mismo periódico. Se titulaba con contundencia “La desfachatez”. Sobre el pacto de los dos para poner ahí a los suyos en esto de la renovación judicial.
Pero, además de reparar en que el texto de Yoldi se para a decirnos que Carlos Dívar, malagueño que el último día de este año cumplirá 67, está “soltero, no es ninguna lumbrera jurídica y no se le conocen artículos o publicaciones que hayan marcado tendencia en el ámbito del Derecho”; lo que realmente me ha preocupado es eso de que

“su discreción es una auténtica tortura para los periodistas.”

Todavía estoy ojeando —en pantalla— el Libro de estilo de El País.

jueves, septiembre 18, 2008

Andrés Talavero a Juan José Narbón

Tenemos que volver a Torrequemada. Hemos paseado con Carmela y los amigos bastantes veces por sus dehesas y ahora vamos a toparnos con una obra de Andrés Talavero (Cáceres, 1967), un artista plástico —pintura, escultura, fotografía— que siempre agrada con sus propuestas por dejar huella estética en otros espacios, sea un amplio ventanal de la antigua por espaciosa en sus tiempos Sala de Lectura de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, sea en la Casa Rural “La Encarnación” de Casar de Cáceres, o, ahora en las corralás de Torrequemada (Cáceres), entre encinas, canchos y alcornoques.
Son dos cilindros de piedra seca con un diámetro cada uno de dos metros y una altura de metro y medio.
Camino. In memoriam, que es su título, es un homenaje al pintor cacereño Juan José Narbón (1929-2005) realizado por Talavero entre mayo y junio de 2008, un símbolo de diálogo —en palabras del autor— entre dos generaciones, y una invitación a todos los que deseen profundizar en la obra de Narbón mientras pasean al atardecer por el paisaje de las primitivas corralás de Torrequemada que tanto admiró e inspiró al artista.

Alzheimer

Ayer por la mañana recibí por correo electrónico un mensaje de la Asociación Cacereña de Familiares de Enfermos de Alzheimer disculpándose por el retraso en el envío de un libro en el que hemos colaborado algunas personas. Me dicen que se presentará el próximo viernes 19 en la Biblioteca Pública de Cáceres, a las 8 de la tarde, como un acto oportuno en el entorno del Día Mundial del Alzheimer, que es el domingo 21 de septiembre.
Horas después, he tomado como un gesto cándido esa disculpa, sin lugar a dudas innecesaria, y la he comparado con las dimensiones de una enfermedad a la que me he acercado sólo como testigo distante, como ciudadano, como colaborador literario... Siento pudor por ser destinatario de unas excusas que llegan de parte de personas que padecen lo que es inconcebible para alguien que se angustia por un constipado, pongamos por caso. Escribo esto con mi corazón y mi estómago encogidos, después de ver la reemisión que Canal Extremadura ha pasado de aquel memorable Documentos TV, el de Pedro Erquicia en La 2, “Los que no olvidan”, del 13 de marzo de 2005, y al que pertenece la imagen de arriba.
Sobrecogedor y extremo este modo de clamar cordura social. No he parado de pensar en mi indignación el otro día por la decoración cateta de un escaparate.

miércoles, septiembre 17, 2008

Juan Rosco

El domingo estuvimos en los bajos del Archivo Histórico Provincial de Cáceres viendo la exposición de las piezas de Juan Rosco que conforman 2008, odisea en el tiempo. Una propuesta ahora sobre la base de personajes y referentes de la mitología clásica.
No sé si digo bien si digo que Juan Rosco llegó a la poesía visual o al poema-objeto por su militancia en la educación de base, en esa especie de misiones a las que algunos pedagogos se dedican casi durante toda su vida sin que a nadie parezca especialmente relevante. Una necesidad de expresar conceptos atractivamente ante jóvenes con escasos referentes (alicientes) culturales.
Así que al grado extravagante de dedicarse a estos juegos para muchos hay que añadir el que conlleva utilizar estas roscosas para enseñar, por ejemplo, que Mercurio era el mensajero de los dioses con un objeto de objetos que resulta ser un zapato con ruedas o que Narciso se miraba a sí mismo con una circunferencia de letras de colores con las letras de colores de N-A-R-C-I-S-O.
Juan Rosco es uno de esos creadores con sentido común, y, por eso, quizá, se dedica, también, a esto. Me da a mí que es un constituyente del género esa humildad firme con la que afrontan sus propias creaciones estos artistas, al menos, los que yo conozco. Las propuestas de Juan Rosco se exhiben desde una conciencia tan poco restrictiva conceptualmente que una misma pieza puede servir para hablar de estereotipos juveniles o para bromear a costa de Baco y Eros fundidos en los estereotipos juveniles; o para representar aquello de que la poesía es un arma cargada de futuro y a la vez para suscitar un pensamiento sobre las musas. Y no sólo esto, sino que los mismos objetos —una peana, unas letras de un juguete didáctico, unas figuras talladas...— pueden intercambiarse para sugerir nuevos sentidos. Esta manera se ve en la exposición —que está en Cáceres hasta el 21 de septiembre, y que luego estará en Almendralejo, con Bodegas Viña Extremeña— en las tres piezas sobre Atlas, tres modos de decir, tres sugerencias sobre lo mismo, y un modo de expresar las diversas miradas que pueden darse ante un único motivo.

lunes, septiembre 15, 2008

Francisco Espinosa, de fosas y desaparecidos y de frases desaparecidas

Leía el otro día la nueva edición de la Historia de la literatura fascista española de Julio Rodríguez Puértolas (Madrid, Ediciones Akal, 2008, 2 volúmenes), y me acordé de Francisco Espinosa, a quien se cita en el epílogo de César de Vicente Hernando. Más aún me acordé de Paco Espinosa cuando salió la noticia de la providencia del juez Baltasar Garzón sobre los desaparecidos de la guerra civil española.
—Tengo que llamarle —me dije la mañana en la que en la mismísima cadena SER, en ‘El abierto’ de Hoy por hoy, se desviaba el asunto hacia las dificultades de exigir hoy responsabilidades penales a los responsables de los crímenes cometidos. Quería saber la opinión de un historiador solvente como Espinosa, con quien he tenido la suerte de colaborar.
A los pocos días, apareció en El País su artículo “De fosas y desaparecidos”, que era la opinión que yo buscaba; y, en este caso, una opinión compartida. Colmaba mi curiosidad con creces. Me alegré mucho por leer algo así en el periódico, y así se lo dije al autor del artículo cuando le llamé por teléfono. No me alegré dos días después cuando el mismo Espinosa me dijo que había enviado a El País una solicitud de aclaración por una modificación —clara manipulación— del texto de su artículo. Ahora, este turbio asunto ha generado otros textos. El principal, el de la crónica del propio Francisco Espinosa Maestre que puede verse en el blog de José María Lama, otro historiador que debería estar incluido en las providencias de los jueces que piden información tan importante por lo humano, por lo sentimental, por lo justo.

sábado, septiembre 13, 2008

Antonio Jiménez García

Me entero hoy por una necrológica de José Luis Abellán en El País de la muerte, el pasado 28 de julio, de Antonio Jiménez García, el profesor de Historia de la Filosofía Española de la Complutense. Un mes y medio después, se difunde este hecho luctuoso que ha tenido escaso eco en los medios extremeños, pues extremeño de Navalmoral de la Mata (1950) era este profesor y ensayista, autor de libros como El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza (Madrid, Ediciones Pedagógicas, 2002) o el publicado en el Departamento de Publicaciones de nuestra Diputación de Badajoz sobre El krausopositivismo de Urbano González Serrano (1996), parte de su tesis doctoral sobre ese otro pensador moralo independiente —en el concepto fundado de Antonio Jiménez— de ideas avanzadas.
Le conocí en Madrid en el acto de defensa de la tesis de Fernando T. Pérez, en marzo de 1999, y fue un encuentro gratísimo, no sólo por la compañía del propio Fernando, de Gil Novales, de Diego Núñez o de José Luis Mora, también por la charla sobre Extremadura y por mi descubrimiento de que era hermano de Pablo Jiménez, el poeta moralo, a quien todavía no conozco personalmente, pero al que, gracias a él mismo, he leído (La luz bajo el celemín, Descripción de un paisaje, Destiempos y moradas, La voz de la ceniza). Antonio Jiménez fue presidente de la Asociación de Hispanismo Filosófico —vicepresidente a su fallecimiento— y, en palabras de José Luis Abellán, “un profesor universitario en el pleno sentido de la palabra y bibliófilo apasionado.” Siento su repentina muerte.