Tendemos a considerar que la dramaturgia es la concepción escénica de un texto teatral. Sin embargo, sería más preciso tomarla como la realización en escena de cualquier texto, tenga o no tenga los supuestos constituyentes genéricos de lo teatral. Es fácil pensar en grandes creaciones dramáticas sobre un texto de prosa narrativa, por ejemplo; y nadie pondrá en duda el acierto de dramaturgias de éxito mundial como la de una novela gótica como El fantasma de la ópera o de éxito nacional como la de Cinco horas con Mario. Son casos, y otros muchos, de tanta fortuna como espectáculos que nos alejan impensadamente del género de las fuentes originales. Pensé en esto cuando leí Héroes, de Isidro Timón, el texto ganador en 2021 de la primera edición del Certamen Iberoamericano de Dramaturgia «Carlos Schwaderer» de Castuera, a la que concurrieron doscientas cincuenta y tres obras, y que puede leerse en un volumen junto al segundo premio, El instrumento determinado, del argentino Miguel Kot, publicado en 2022 por el Ayuntamiento de Castuera y la Delegación de Cultura y Deportes de la Diputación Provincial de Badajoz. Doy las referencias precisas por subrayar el punto de partida textual sobre el que se levanta una puesta en escena. En su momento, por imperativo de las bases de aquel premio, por los Talleres de Teatro del Ayuntamiento de Castuera en noviembre de 2021, y mañana, a cargo de la Compañía Maltravieso, en el Gran Teatro de Cáceres (20:30 hs.). Esta circunstancia explica que haya retomado ahora mi lectura de Héroes como un escrito pensado unívocamente para su materialización escénica. Es decir, una dramaturgia con una información por la que el lector conoce la propuesta del autor para la ejecución de su texto en un escenario, tanto en lo que se refiere a la caracterización de un personaje que tiene que encarnar una actriz —«La experiencia de la vida y, seguramente, los muchos palos que ha recibido de ella, hacen que tenga un gran sentido práctico», leemos sobre el personaje de Abuela en el Dramatis personae—, como en las indicaciones para un efecto de luz en escena —«Las caras de los personajes irán encendiéndose al hablar», de la primera acotación. El resultado es un ejercicio de creación medido, en el que sus componentes tienen una función concreta; por ejemplo, la configuración de una obra en diez escenas que alternan dos acciones, una imaginaria y en carrusel de voces en un «espacio oscuro y sin dimensiones definidas» (escenas 1, 3, 5, 7 y 9) , y la otra real y lineal (escenas 2, 4, 6, 8 y 10), que se desarrolla en el salón de un piso pequeño en el que pasan el confinamiento de marzo de 2020 cuatro personajes: marido y mujer, la madre de esta y la hija de ambos. En la elección del asunto y de los caracteres se encuentra la seña de identidad de Isidro Timón cuando emprende la escritura de teatro. Aquí se ve en la relación entre un padre y una hija, o en la figura (ausente) del padre de él, o en la presencia del teatro dentro del teatro, no solo por las alusiones a Hamlet mezcladas con momentos de comicidad, sino por la situación de representación y exposición que se dio durante el confinamiento desde los balcones y terrazas —o pantallas— de tantos lugares parangonables con los de esta acción dramática que propicia la reflexión y estimula la autocrítica. Se pone el foco en una realidad todavía candente, en una experiencia compartida por tantos durante un estado de alarma que fue no hace tanto, y esa complicidad del lector con lo que dice el texto comienza por un título, Héroes, cuya épica no necesita explicación alguna. Ni siquiera cuando la veamos representada mañana. Me quedo por ahora con una experiencia de lectura por la que uno en Isidro Timón, nuevamente, al escritor que escribe en soledad con el director que encomienda su espíritu en sus actores. Veremos.
jueves, enero 11, 2024
domingo, enero 07, 2024
«El puente», de Ángel Campos Pámpano
No recordaba este hermoso poema de Ángel Campos Pámpano, solo publicado, que yo sepa, en un libro institucional que editó la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Extremadura en 1998 con el título de Construyendo futuro y bajo la coordinación de Luis Casero, autor de todas las fotografías. Deduzco fácilmente la fecha de publicación porque, tanto en el texto del presidente Rodríguez Ibarra como en el del consejero J. Javier Corominas que abren —inevitablemente— el volumen, se alude a los «quince años de autogobierno» y a los veinte de la Constitución Española; pero por ningún lado aparece la fecha y, para más inri, el Depósito Legal está mal, pues le faltan los últimos dígitos del año. El poema fue escrito por encargo de Luis Casero, que pidió a otros amigos, Carlos Lencero, Isidro Timón y Miguel Murillo, textos sobre el agua, la vivienda, y el transporte, respectivamente, que son, con los puentes, las secciones que se hermanaban con el tipo de infraestructura pública que, ad maiorem gloriam de la consejería, celebraban aquellas páginas. No recuerdo que Ángel me hablase de esta colaboración, y cuando preparó La vida de otro modo (Calambur Editorial, 2008), su poesía reunida, no se planteó recuperarlo, probablemente, por no haber estado integrado en ningún libro. La sobrecubierta de Construyendo futuro es una ilustración de Javier Fernández de Molina, quien tampoco aparece mencionado por ningún lado. Recupero el otro dibujo que del mismo autor llevó la trasera del forro. El libro, en fin, tiene descuidos y erratas, desde la página de créditos hasta los textos, incluido este poema, del que me he permitido corregir el «avesfrías» del segundo verso del cuarto tramo. Aunque el texto presenta rasgos muy reconocibles en la poesía de Ángel Campos, y el motivo del río y su paisaje de piedra resultan familiares, creo, como digo, que no se ha publicado desde entonces. Sí hay un eco posterior en uno de los tankas —el 10— de Por aprender del aire (2005), que reescribe el dístico final de «El puente»: «No haya reposo. / El vuelo es permanencia, / memoria ardida, // círculo calcinado, / canto, pasión de alas» (La vida de otro modo, pág. 392). Lo dejo aquí para el recuerdo y para el disfrute.
EL PUENTE
I
Un hombre que vive
la materia espesa
de los sueños,
caída ya la tarde,
sale de la ciudad.
Camina solo
hasta el puente
sin nadie.
Camina solo,
mineral,
ensombrecido.
Le es fácil deambular
a pie por sobre el agua.
II
Le sorprende el paisaje
de metal y de agua,
el placer de la piedra
alzada sobre el río.
Asomado al pretil,
prolonga con un gesto
la práctica mortal
de abandonarse
sin más a la corriente.
Cierra los ojos,
y el mundo sigue ahí
cuando los abre.
III
Con la mirada ciega, también libre,
que media entre dos mundos separados,
el hombre solo que aún sigue en silencio
sobre el pretil del puente
contempla ensimismado el horizonte.
En su mirada ciega, un círculo recuerda
el laberinto de un mandala:
hilos de colores se expanden
hasta el verdín de las piedras negras,
hasta la memoria de sangre
del agua vespertina.
IV
Tenue viento de pájaros:
avefrías,
garcillas,
cormoranes,
y en las márgenes
las manchas blancas de las fojas
junto a los tajamares,
aguas abajo...
El vuelo desde aquí es permanencia,
pasión de alas, ebriedad del salto.
© Herederas de Ángel Campos Pámpano
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 07, 2024 0 comentarios
viernes, enero 05, 2024
Don Quijote con faldas
El Quijote Transnacional es un proyecto de investigación dirigido por Pedro Javier Pardo (Universidad de Salamanca), que edita y estudia las recreaciones narrativas de la novela de Cervantes en diferentes literaturas nacionales. Este verano incorporó al corpus de textos la traducción de la novela de Charlotte Lennox (1730-1804) The Female Quixote (1752), que hizo el extremeño Bernardo María de Calzada bajo el título Don Quijote con faldas o perjuicios morales de las disparatadas novelas (1808). Ese corpus constituye la Biblioteca del Quijote Transnacional, que ya componen títulos como El pastor extravagante (1627-1628), introducido por Tomás Gonzalo Santos, El paladín de Essex (c. 1694), por María Losada Friend, El don Quijote alemán (1753), editado por Alfredo Moro Martín o Don Quijote el Escolástico (1788-1789), en edición y estudio de Manuel Ambrosio Sánchez. Me introduje verdaderamente en sus contenidos gracias al reclamo que para mí supuso ver el título de la traducción de Bernardo María de Calzada, un autor que no me era ajeno. Este militar y traductor nacido en Almendralejo en 1751 me interesa desde 1987, cuando comencé a tomar algunas notas para ir preparando las páginas de uno de los tomos de una Historia de la literatura en Extremadura que no cuajó. La iba a publicar la Editora Regional de Extremadura; pero el proyecto, a pesar de que se llegaron a firmar contratos, quedó interrumpido. Eso no nos impidió a algunos seguir trabajando sobre autores extremeños, numerosos y significativos —de Faustino Arévalo a Bartolomé José Gallardo— en un período apasionante como la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del siglo XIX. Cuando conocí a mi colega Ana Mª Freire (UNED) en Cádiz, en el cuarto encuentro De la Ilustración al Romanticismo que en abril de 1988 se dedicó a Carlos III por el bicentenario de su muerte, ella presentó una comunicación sobre «Un traductor del reinado de Carlos III: Bernardo de Calzada». Años después manejé la traducción de Calzada de la Vida de Federico II. Rey de Prusia (1788-1789) en un coloquio en Alemania dedicado al rey filósofo y los españoles (1999). A Calzada me lo topé luego cuando trabajé sobre el Quijote en el siglo XVIII para un curso de verano —septiembre de 2005— al que me invitó la profesora Rosa Navarro, y allí estaba el Don Quijote con faldas. Ahora está muy dignamente editado en el atractivo portal de este interesante proyecto que, a juzgar por el saluda —o «Historia de un asterisco»— de su director, Pedro Javier Pardo, tuvo sus más y sus menos en su puesta en marcha. La novela de Lennox es uno de los testimonios de la preeminencia de la literatura inglesa en la tradición cervantina fuera de España, y tiene más valor histórico que la traducción de Calzada, que probablemente, cuando tradujo la obra desde una versión en francés de 1801, de Isaac-Mathieu Crommelin, no sabía qué estaba traduciendo, no sabía que la autora del texto era Charlotte Lennox. En cualquier caso, podemos leer la obra del español muy bien arropada por estudios sobre la autora inglesa (Cristina Garrigós, «Charlotte Lennox: ser escritora en el siglo XVIII, una empresa quijotesca»), sobre el traductor extremeño (José Montero Reguera, «Bernardo María de Calzada, memoria de un traductor ilustrado»), sobre la obra principal que se ofrece (Pedro Javier Pardo, «Don Quijote con faldas como paradigma del quijotismo femenino»), y otros aspectos de interés (en apéndices I y II, Catherine M. Jaffe, «Quijotes femeninos y traductores masculinos: Crommelin y Calzada, traductores de Lennox» y Alexia Dotras Bravo, «Análisis comparado de Don Quijote con faldas (1808) de Bernardo María de Calzada y The Female Quixote (1752) de Charlotte Lennox»). Un contenido amplio y riguroso, y con una apariencia en pantalla muy agradable, que permite además hacer cómodamente un recorrido hipertextual básico, dados los casos de consultar la bibliografía, abrir las notas o pasar de un nivel a otro en cualesquiera de los que conforman, y son muchos, los estratos del texto electrónico, desde los diferentes capítulos de la obra editada hasta los epígrafes que organizan los estudios incluidos.
Publicado por Miguel A. Lama en viernes, enero 05, 2024 0 comentarios
lunes, enero 01, 2024
Año Nuevo
Sin jactancia, creo que voy a seguir también este año que empieza hoy con la atávica costumbre de comprar todos los días un periódico en papel. Quizá hasta que la prensa escrita deje de publicarse así; y a pesar de que ahora mismo pueda leer todas las noticias de este primero de enero actualizadas en las versiones electrónicas de varias cabeceras y que mi ejemplar de El País de ayer siga sobre la mesa, disimulando su desfase con una página que tiene la programación televisiva de este lunes festivo. He leído por ahí que la reglamentación del trabajo en prensa que estipuló como días de descanso el viernes santo, el día de Navidad y el uno de enero es de comienzos de los años setenta, y me ha podido la curiosidad de buscar algún periódico antiguo del primer día del año. Lo curioso es que La Voz de Soria llevaba a la portada un saludo al «Nuevo Año» que valdría para hoy: «Cada momento, cada día, cada año, que se espera está cuajado de misterio; todo lo porvenir es una inquietante interrogación. […] El año pasado ha tenido su historia, todavía incompleta porque aun lo pasado guarda enigmáticos rincones, pero durante su vida han acontecido sucesos que llevarán como marca indeleble su fecha, el nombre del año. | Todo cielo [sic] astronómico, no por sí; sino por regular la marcha de los acontecimientos humanos, semeja una vida como la humana; nace, crece y muere, y durante su existencia ocurren hechos que le darán su personalidad, por eso hay años gloriosos en que nace algún genio, años memorables porque los hombres no pelearon entre sí o se abrazaron después de luchas cruentas, años de revoluciones —unas progresivas, regresivas otras—, años nefastos de guerras y pestes, y todos llevan a la Historia el fruto de los destinos humanos.|Hoy empieza un nuevo año […], qué sorpresas guardará para la Humanidad, para España, para la vida y felicidad de cada uno de los mortales...? | ¿Traerá guerras, nos traerá la paz, nos colmará de venturas o nos castigará con el dolor y la desgracia...? |No hay que ser pesimistas por sistema ni optimistas a todo trance.| Tengamos confianza en nosotros mismos, miremos siempre el porvenir y no lo fiemos todo a la suerte ni a una ciega fatalidad. La felicidad es obra de los hombres, amparados por Dios, los cuales han de ir a su encuentro con limpio corazón, repleto de amores y de ideales. | Sin puros amores, sin ideales elevados la felicidad ni retoña ni fructifica.|Cultivemos nuestras almas ideales y amores que la felicidad nos dará por añadidura.| Deseemos felicidad pero antes hemos de merecerla. | Los hombres como los pueblos no logran su perfección, su progreso, su felicidad sino a fuerza de puros anhelos y de sacrificios.| Que este nuevo año nos colme de ventura a todos; pero este deseo gratuito es preciso forjarlo a golpes de voluntad en el fuego de los puros ideales.» Valdría. Solo he omitido la frase «Ayer terminó el año 1923, hoy comienza el 1924» y la cifra después de «Hoy empieza un nuevo año». Que estas palabras tengan un siglo no rebajan la apetencia del estreno en un día como hoy, en el que, también sin jactancia, me he ejercitado en la tradición del Concierto de la Filarmónica de Viena desde la Sala Dorada del Musikverein bajo la batuta del director alemán Christian Thielemann. Un documental sobre Anton Bruckner (1824-1896) y su pieza «La Cuadrilla», incluida en el repertorio de esta mañana, han sido gestos para celebrar el bicentenario del nacimiento del compositor austríaco. Por cierto, que Martin Llade, siempre tan ocurrente, ha comparado el meandro de Schlögen en el Danubio con el del Melero en el Alagón de Cáceres y ha terminado su retransmisión con unas palabras de El diablo tras el jardín (Pre-Textos, 2021), del escritor Ginés S. Cutillas. ¡Viva Mozart!
Publicado por Miguel A. Lama en lunes, enero 01, 2024 1 comentarios
sábado, diciembre 30, 2023
El abismo del olvido (y II)
Su lectura explica el título de estas dos entradas y su escritura emparejada. Es la novela gráfica de Paco Roca y Rodrigo Terrasa El abismo del olvido (Bilbao, Astiberri Ediciones, 2023), que me ha parecido algo más que otra magnífica obra del dibujante valenciano, que casi siempre he leído inducido por mis hijos. Así pasó con Arrugas (2007) y con Los surcos del azar (2013); pero ahora he sido yo el que ha traído el libro a casa para que ellos lo lean, para que comprueben lo bien que se muestra esa dimensión social y ética de lo que hace Paco Roca, ahora a partir de otro emocionante caso de justicia y memoria histórica con dos héroes protagonistas, uno del presente —Josefa Celda, «Pepica»— y otro del pasado —Leoncio Badía Navarro—, unidos hoy en páginas como estas en una misma rehabilitación. A decir verdad, el promotor e impulsor de la obra fue el periodista Rodrigo Terrasa (Valencia, 1978), como bien explica él mismo en el «Epílogo» (págs. 289-295), pues insistió desde 2017 a Paco Roca para que se embarcasen en el relato de la lucha infatigable de Pepica por recuperar los restos de su padre, un agricultor afiliado a Izquierda Republicana, detenido y acusado injustamente de «varios asesinatos cometidos en la localidad de Masamagrell, a unos cien kilómetros de distancia de su casa» (pág. 289), y que fue finalmente fusilado junto al cementerio de Paterna (Valencia) el 14 de septiembre de 1940. Ella es la heroína viva —tiene noventa años— que batalló contra las trabas administrativas de unas autoridades que aún parecen preferir el silencio y el olvido. El héroe, Leoncio, fue el enterrador de Paterna, a quien se conmutó una pena de muerte por un destino en el camposanto para enterrar, como se le dijo, «a los tuyos». Y lo hizo, procurando dejar junto a los cuerpos elementos identificativos introducidos en botellas y llevándose cientos de ellos que fue guardando en cestas de mimbre para poder dar indicaciones de la ubicación de los cadáveres a sus familiares. Su arriesgado quehacer sirvió muchos años después para la identificación del cuerpo del padre de Pepica, José Celda Beneyto, y de once personas más, todas con su botella con su nombre o elementos personales en una de las fosas. «En el Cementerio Municipal de Paterna existen unas 135 fosas comunes. En sus alrededores fueron asesinadas más de 2.200 personas provenientes de todo el territorio español. Es el lugar donde se constata la ejecución del mayor número de crímenes contra la humanidad una vez acabada la guerra civil», escribe Terrasa (pág. 295). Hablar de héroes consuena con la sustancia épica de este suceso real; pero en el cómic de Paco Roca, además, se evoca —y dibuja— (págs. 71-75, 169-173 y 179-180) la parte de la Ilíada que nos habla del significado de enterrar a los seres queridos que sugiere el episodio de la muerte de Patroclo, y la venganza de Aquiles sobre su matador, Héctor, y su propia familia. Es un acierto este giro clásico en una estructura que alterna el pasado y el presente de manera muy sugerente, pues acerca la motivación de investigar a la potencia de los hechos históricos. La historia está muy bien contada y muy bien hilada, a partir de un mismo escenario —el cementerio— en el que un equipo de arqueólogos realiza trabajos de exhumación y en el que antaño hubo un enterrador que se jugó la vida por honrar a los muertos. La variedad de los dibujos y sus diferentes encuadres, las expresivas viñetas mudas que abren algunas secuencias y que sirven también para darles un cierre, o la sutileza de las imágenes de la fosa desde perspectivas que la ahondan para reforzar la noción de abismo («El olvido es el abismo que separa la vida de la muerte», pág. 107)... Todos son elementos que confluyen para hacer de la lectura de esta novela gráfica una experiencia muy placentera, y también muy conmovedora.
Publicado por Miguel A. Lama en sábado, diciembre 30, 2023 0 comentarios
viernes, diciembre 29, 2023
El abismo del olvido (I)
Este diciembre ha sido pródigo en saludables ejercicios de memoria histórica. El día 1 asistí en remoto a la presentación en Zafra del libro de Francisco Espinosa Maestre 1936. La columna camino de Madrid. Yagüe, Varela y las «normas» del padre Huidobro (Galisteo, La Moderna, 2023); el domingo 17 pude ver también en Zafra la exposición La columna de los ocho mil. El primer éxodo de la Guerra Civil Española (Extremadura, 1936) y hace un par de días he leído El abismo del olvido, la novela gráfica dibujada por Paco Roca y escrita por él y por Rodrigo Terrasa (Bilbao, Astiberri Ediciones, 2023). La presentación la organizó en Zafra la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica «José González Barrero», que preside Maite Calderón Morales, y en ella se mostró la web Biblioteca de la Memoria Histórica Francisco Espinosa Maestre, que recoge la información del archivo y de la biblioteca del historiador de Villafranca de los Barros, catalogados por el documentalista Daniel Cupido, y que aspira a convertirse en un fondo documental sobre todo lo relacionado con la memoria histórica del entorno. El libro de Espinosa narra las circunstancias de la subida de la columna de los sublevados desde Mérida por Talavera y Toledo hacia Madrid, y trata la figura del jesuita Fernando Huidobro (1903-1937), que se unió a las fuerzas golpistas, quedó impresionado por los excesos de la represión, los denunció y, por ello, probablemente fue asesinado por los suyos. Las fotografías que se incorporan al libro y el análisis de las de Llerena que hace Jorge Arévalo Crespo en el apéndice son un sorprendente y fascinante valor añadido, y subrayan la relevancia de la imagen en la historiografía sobre la guerra. La exposición sobre La columna de los ocho mil, organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica José González Barrero de Zafra y cofinanciada por la Diputación de Badajoz y el Ministerio de la Presidencia, se inauguró el pasado 7 de septiembre en la localidad de Fuente del Arco, escenario crucial del suceso, y fue pasando luego a Burguillos del Cerro, Valverde de Burguillos, Jerez de los Caballeros, Medina de las Torres, Fregenal de la Sierra, Valencia del Ventoso, Llerena, Villafranca de los Barros, Puebla de la Calzada, Campillo de Llerena, Los Santos de Maimona, hasta cerrar una primera ronda de itinerancia en Zafra, donde acompañé a mi hermano José María a la visita guiada que organizó para las nietas de uno de los que iban en la columna, que llegó hasta Madrid y que cuando volvió a su pueblo —Valencia del Ventoso— fue fusilado. Aparecía su nombre en un panel que se añadió a los doce habituales con todos los integrantes de la columna que salieron del pueblo pacense. La aludida fuerza de la imagen en estos ejercicios de memoria histórica se comprobó en el muro con una de las fotos tras la llegada de la columna a Valdepeñas en septiembre de 1936. Apreciamos la emoción de esas descendientes que buscan una simbólica reparación en la pervivencia de un recuerdo digno para sus ancestros. La exposición ha sido presentada también en la localidad de Feria y en el próximo 2024 pasará también por Mérida, el Instituto Suárez de Figueroa de Zafra, Badajoz, Rivas Vaciamadrid, Santa Marta de los Barros, Montijo, Segura de León, Bodonal de la Sierra... hasta comienzos de mayo; y las asociaciones o instituciones que quieran acogerla alguna de las semanas que aún quedan libres deben ponerse en contacto con la Asociación para la Recuperación Histórica «José González Barrero» (memoriahistoricazafra@gmail.com).
Publicado por Miguel A. Lama en viernes, diciembre 29, 2023 0 comentarios
domingo, diciembre 24, 2023
Las superfluidades
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, diciembre 24, 2023 1 comentarios
sábado, diciembre 23, 2023
Sin pelos en la lengua
El lunes participé en uno de esos actos que ocupan un espacio de privilegio en mi currículum no normalizado. Tuve un encuentro con las alumnas y los alumnos del IES Rodríguez-Moñino en el CPR de Badajoz en la presentación del número 1 de la revista plurilingüe Sin pelos en la lengua. Without Mincing Words. Sans mâcher ses mots. Sem papas na lingua; así, en los cuatro idiomas. Es un proyecto didáctico encomiable que ha impulsado una antigua alumna, profesora de Lengua Castellana y Literatura, jefa de ese departamento, Nines (Ángela) Castro, con el apoyo de otros compañeros de los de Inglés (Josefa Acedo y Carlos Criado Vadillo), Francés (Cindy Flinois) y Portugués (Luis Leal Pinto), y la implicación de un buen número de alumnos de Bachillerato, alguno de 4.º de ESO e incluso una exalumna del «Moñino» (Mª Carmen Duarte Almeida) que hoy cursa primero de Filología Inglesa en mi Facultad. Me emociona el encuentro con un profesorado ya veterano en su centro —al que di clases—, con responsabilidades y con la vocación casi intacta que le lleva a emprender aventuras como la edición de esta revista en la que han escrito casi una cuarentena de alumnos en las cuatro lenguas que se imparten allí y sobre aspectos todos de carácter lingüístico. Son 47 colaboraciones, que, si no he contado mal, 19 son en español o sobre aspectos de la lengua española, 15 en inglés o sobre inglés (los de Pepi Acedo y Rocío Muñoz Perea son sobre anglicismos), 7 en portugués y 5 en francés (con el de Irene Gervasini sobre «Los falsos amigos»), a las que hay que sumar lo de Nines Castro («Más que amigas») que busca sus ejemplos en los cuatro idiomas. El recorrido políglota por sus páginas se hace especialmente grato y provechoso por tratar sobre errores lingüísticos (como a grosso modo en el artículo de Pilar Santa-Cruz Peromarta), o usos poco recomendables (como las muletillas de «¿Me entiendes o no me entiendes?», de Mª Dolores Gómez Torres y de las que también habla Clara Ordóñez), aspectos culturales («A Women's Thing», de Candela de Mariano), el significado de expresiones o de palabras (como en «Virar a casaca», de Yasmín Fuentes, Hugo Núñez y Jesús Ortiz; en «Comme dans un moulin», de Mario Barba; en «Uma origen de lenda», de Celia Ramos e Ethan Torres; en «Llueve sobre mojado», de Daniel Pérez-Cortés González; de «Mitin or meeting» de Isabel Martín García, o el de Marta Barragán), o su origen (como en la palabra rebeca de la colaboración de Jorge Giménez González; en «Ficar a ver navios», de Carmen Tamayo y Natalia Tardío; en «De pe a pa», de Victoria Pérez Paredes; o «¿Quiénes son fulano y mengano?», de Carlos Cruz Vaquerizo); o de curiosidades y matices que siempre conviene conocer (y pasa en la colaboración de Noelia Díaz Bayón sobre el acento del dialecto Mancuniano o con «les vaches espagnoles» de Esmeralda Miranda). A estas menciones sumo las de quienes subieron al estrado del repleto salón de actos del CPR para resumir sus contribuciones, cada uno en la lengua en la que las escribieron: Lucía Calamonte («Detecting the Detective»), Félix Orejón, que habló de uno de sus dos artículos («Dejà vu»), emparentado con el de Carmen Tato Castro («Vivre deux fois»), Rocío Sanguino sobre el trabajo que proviene del tripalium latino («Una tortura necesaria»), y Daniel Martín y Pablo Montero Vera («Ir para o maneta»). Fue un acto multitudinario en el que participaron un buen número de chavales y chavalas que representaron con su intervención o su asistencia las páginas escritas. «Humor entre cortinas», sobre el uso del lenguaje con propósito humorístico, de Pilar Castell Méndez; «Saudade», como «símbolo da lingua portuguesa», de Íñigo García Ganivet; «¿Hay algo más español que el famoso olé?», de Celia Pulido Matador; «O Killed», de Rocío Muñoz Perea; «Sandwich», de Irene Regidor; o «Hablemos mano a mano», de Inés Navarro Delgado, son otras de las colaboraciones de una revista que expresa su intención en esa locución en cuatro idiomas, y no traducidos; pues todos pretenden tener el mismo rango —a pesar de que el título principal por el tamaño de letra sea el primero, por ser española la sede editorial de un instituto de enseñanza en este territorio. Se refuerza así la idea multilingüe que quiere trasmitir y que es uno de los signos distintivos más poderosos de la enseñanza secundaria de nuestra era, en un valor y empeño que está muy bien expresado de manera genérica en el artículo de Rosa Palomar «El poder de las palabras y por qué hablar más de un idioma». Con Marta Hernández y Adriana Martínez, que firman dos artículos porque escriben en español y en inglés, con Juan Carlos Luengo, que trata la palabra cachivache, y Miguel García Montesinos que escribe sobre gentilicios y Daniel Martínez Izquierdo sobre dobletes, y no solo españoles, cierro esta relación desordenada —y espero que completa— del contenido de este primer número de una revista plural a la que deseo continuidad, pues cuenta con la materia inagotable de la lengua y el plantel fecundo de los colaboradores de la casa.
Publicado por Miguel A. Lama en sábado, diciembre 23, 2023 0 comentarios
miércoles, diciembre 13, 2023
La poesía de Moratín
Una de las lecturas profesionales más provechosas que he hecho desde este pasado mes de junio ha sido la de esta edición: Leandro Fernández de Moratín Poesías. Edición de Jesús Pérez-Magallón. Madrid, Ediciones Cátedra (Letras Hispánicas, 883), 2023. Significa mucho para mí porque es una aportación de calado al estado de los estudios de un período y un género, de un autor y una estética que ocupan buena parte de mis intereses docentes y de investigación; y supera lo que se espera de una edición de la poesía casi completa de un escritor como Moratín el Joven. Conocía la gran edición, también de Jesús Pérez Magallón, de las Poesías completas (Poesías sueltas y otros poemas) (Barcelona, Sirmio. Quaderns Crema, 1995) y lo relativo a su lírica en los dos imponentes volúmenes de Los Moratines (Ediciones Cátedra. Col. Avrea, 2008), y también en el capítulo correspondiente de su libro Soñando caminos: Moratín y la nación imaginada (Madrid, Calambur Editorial, 2019); pero esos precedentes no quitan valor ni oportunidad a esta importante nueva edición. Después de los trabajos brillantes de René Andioc, ha sido Pérez Magallón quien más y mejor ha estudiado la vida y las obras de Leandro Fernández de Moratín, y coincide la aparición de esta edición con la culminación brillante de su trayectoria académica en la Universidad de McGill (Montreal), en donde fue director de la prestigiosa Revista Canadiense de Estudios Hispánicos. Moratín fue editor de sí mismo en su verso lírico con la edición de las Obras dramáticas y líricas de 1825, en cuyo tomo tercero incluyó lo que llamó «Poesías sueltas», setenta y siete poemas que representan en su ordenación su biografía literaria, que parte de su nacimiento como poeta (soneto «A D. Juan Bautista Conti») hasta llegar a su muerte simbólica con la excelsa elegía «A las musas». Con buen criterio, Jesús Pérez Magallón mantiene esa «coherencia y lógica internas» (pág. 120) de lo dado en 1825 en vida del autor en su exilio francés, mal de salud, y tres años mal contados antes de su muerte; a lo que añade «... Y otros poemas», treinta y tres textos, publicados e inéditos, descartados por el poeta para conformar sus «sueltas», y alguno como mero boceto que se publica por primera vez de lo que sería «A las musas», que, insisto, es uno de los poemas más extraordinarios salidos de la pluma de Moratín hijo. La prolijidad de esta edición puede abrumar al lector solo interesado en conocer los poemas de don Leandro, en una lectura por puro curioseo; pero es lo que la convierte en un estudio tan acabado sobre los caracteres de la lírica dieciochesca del último tercio del siglo y de las dos primeras décadas del XIX, y en un acervo de referencias literarias, históricas y culturales para contextualizar la obra del autor, una obra de mucho provecho para el estudioso. Entre sus rasgos, las cifras de 1698 notas que ocupan ciento cincuenta páginas del final del volumen y 200 páginas de introducción crítica incluyendo la extensa bibliografía citada. Esta introducción se divide en cuatro grandes secciones: «Vivir, tal vez soñar, morir» es el recuento biográfico. «Clasicismo contra nuevo culteranismo: acalófilos y galo-salmantinos» es un interesantísimo acercamiento a la polémica entre moratinistas y los llamados quintanistas. «Una manera clásica de entender la poesía» es un análisis de la poética moratiniana. Y «Variaciones sobre el tema clasicista: un modelo neoclásico» es la caracterización por temas de la lírica de Moratín. La solvencia de este editor tiene muchas muestras de comprobación; y citaré solo cómo Pérez Magallón nunca dio crédito —por no descansar «sobre bases sólidas, sino más bien sobre impresiones poco fiables» (pág. 194)— a la atribución a Moratín de las Fábulas futrosóficas, que, obviamente, no se recogen y a las que dedica una iluminadora nota al pie (3) —solo hay tres en toda la introducción— para confirmar lo que más recientemente ha demostrado Philip Deacon —a pesar del exquisito celo de la interrogación del título— en su artículo «Las Fábulas futrosóficas de 1821, ¿son de Bartolomé José Gallardo?» (Dieciocho, 46.1, primavera de 2023). Ediciones como la de estas Poesías son un modo excelente de restauración de la maltrecha opinión que sobre la poesía del siglo XVIII tienen los que no se han detenido en ella, o lo han hecho prejuiciosos por la repetición de los mismos lugares comunes y la presentación de textos de esa manera poco cuidada que se impugna con lo que nos regala Jesús Pérez Magallón en Letras Hispánicas.
Publicado por Miguel A. Lama en miércoles, diciembre 13, 2023 0 comentarios
domingo, diciembre 03, 2023
¿Adictos?
Fui con la prevención de haber leído una crítica de Raquel Vidales de septiembre del año pasado en El País, en la que decía que, cuando salió Lola Herrera a escena en el estreno en el madrileño Teatro Reina Victoria, el público arrancó a aplaudir. Y me temí lo peor —o sea, lo mismo— aquí, en Cáceres. El personaje de la prestigiosa científica Estela Anderson (Lola Herrera) se prepara para salir de su domicilio mientras habla con una máquina que responde a sus preguntas, controla sus constantes vitales, llama por teléfono y usa un lenguaje tan humano que en pocas frases repite más de cuatro veces la palabra evento. El cambio de escena sugerido por la luz y las subidas y bajadas de unos estores blancos —como todo el decorado, muy minimalista—, nos lleva al auditorio en el que la protagonista va a pronunciar un discurso muy importante sobre un trascendental avance tecnológico; y cuando saluda con un «Buenas noches, señoras y señores» y unos aplausos enlatados, el respetable de verdad, sin encomendarse a ilusión escénica ni a cuarta pared que valgan, se pone a aplaudir. Mal augurio de algo que resultó decepcionante. Una función tan inerte y rutinaria que hasta se quedó lejos de los noventa minutos (aprox.) que indicaba el programa de mano. (Alguien a la salida nos dijo que agradecía que no hubiese durado lo previsto). Lo de anoche fue una buena demostración de que un elenco de tres buenas actrices, una directora experimentada (Magüi Mira) y una producción más que pudiente no bastan si el texto no cumple unos mínimos, si la historia no ofrece casi ningún agarradero estable para que unos medios así puedan tirar de ella y sacar adelante un espectáculo. Adictos, escrita por Daniel Dicenta Herrera —hijo de Lola Herrera— y Juanma Gómez, lleva el subtítulo de Jugando a ser dioses, que añade más confusión al batiburrillo de una historia que quiere partir de la pregunta de hasta qué punto estamos sometidos por la tecnología, o qué tipo de sociedad hemos construido y qué capacidad de reacción tiene el ser humano para cambiar un estado de las cosas. ¿Qué cosas? ¿La expansión progresiva de la desinformación? ¿O la malversación extrema de una información total y asfixiante sobre la sociedad gracias a los avances tecnológicos? Es mejor quedarse con la vacuidad de lo que uno ha visto y no leer ni la sinopsis de los autores ni la explicación de la directora que se dan como información. No aclaran; embarullan. Una acción que parte del atentado que sufre la científica Estela Anderson, de los cuidados que recibe de una eminente experta en terapia cognitiva, la Dra. Soler (Lola Baldrich), y una periodista mediática, Eva Landau (Ana Labordeta), que por solicitar una entrevista con la doctora se ve envuelta en un meollo absurdo por lo mal contado que está y lo mal constreñido a un tiempo reducido que no se sabe administrar dramáticamente. El texto no permite subrayar con buena voluntad algún valor; y sí deja patentes, por ejemplo, la banalidad del uso de algo tan básico como el teléfono en escena, con todas las posibilidades que ofrece; o la afectación de la contextualización de la doctora que lee en voz alta una noticia de una tableta electrónica. De haber sido una obra de calidad, cabría interpretarla como un gesto en homenaje a una gran actriz al final de su trayectoria, y bien acompañada por dos buenas intérpretes; pero lo que resulta es un apaño que en mi opinión no llega al reconocimiento público en escena que merece Lola Herrera con un broche distinto al de la noche del sábado en el Gran Teatro de Cáceres.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, diciembre 03, 2023 1 comentarios
sábado, diciembre 02, 2023
Francisco Gregorio de Salas
Escribo estos días sobre el singular poema Observatorio rústico de este poeta de Jaraicejo (Cáceres), que murió tal día como hoy de 1807, a los 79 años, como reza en el retrato que reproduzco arriba y que puede verse en una copia de la Biblioteca Nacional de España y en otra, la coloreada, que está en el Museo de Historia de Madrid y digitalizada en el fondo Memoria de Madrid. Estudiosos ya desaparecidos a quienes conocí y aprecié mucho, Juan Manuel Rozas y Vicente Sabido, escribieron sobre este poema y dieron las fechas de 1729 y 1808 como de nacimiento y de muerte del extremeño. Si murió a los setenta y nueve, como dice la esquela, debió de nacer en 1728; pero, en El Correo. Periódico Literario y Mercantil de 21 de diciembre de 1831, una nota biográfica anónima sobre el escritor dio la fecha precisa de 21 de enero de 1729, como conjeturó Rozas después de visitar el archivo parroquial del pueblo para preparar su trabajo «Mapa para leer al padre Salas» (Miscelánea Cacereña, 1980). Ahora bien, en la séptima edición del Observatorio, de 1802, el grabado de la portada llevaba una medalla con el nombre de Salicio —con Coridón, los dos interlocutores del poema en sus ediciones revisadas— con la efigie del poeta y con el texto «Etat. sue. 74 an.» («Aetatis suae 74 anno»); es decir, que debió de nacer en 1728. No están mis intereses ahora en completar la biografía del autor de esa otra égloga como Dalmiro y Silvano, amorosa y en elogio de la vida del campo (1780), sino en reconstruir el proceso de composición del Observatorio rústico, un poema prosaico de tres mil versos que no nació como un diálogo, sobre el que estuvo muy encima su autor y que tuvo una notable repercusión editorial hasta su décima edición de 1830; pero el conocimiento reciente de la fecha exacta de su muerte me ha motivado para recordar la coincidencia.
Publicado por Miguel A. Lama en sábado, diciembre 02, 2023 0 comentarios
viernes, diciembre 01, 2023
El Espejo
«Esto del teatro es muy raro», escribe Isidro Timón en el último número de El Espejo (15), la revista de la Asociación de Escritores y Escritoras de Extremadura, que dedica una sección monográfica a la literatura dramática de aquí. Desde el número 13 (2021), último bajo la dirección de Pilar Galán y Víctor Jiménez Andrada, que trató el cómic, la revista aborda en unas escogidas páginas un asunto de interés, como fue la poesía experimental en el número 14 (2022), ya bajo la dirección de su actual coordinador el poeta y profesor Antonio Rivero Machina. Quizá quede bien aquí hacer un recuento somero sobre quienes han sido los responsables de esta publicación que, con algunos huecos, tiene ya sus veintiocho años: Antonio Gómez, Elías Moro y Plácido Ramírez (núms. 1, 2, 3 y 4, entre 1995 y 1998), Daniel Casado y José María Cumbreño (núm. 5, de 2003), Daniel Casado, José María Cumbreño y Plácido Ramírez (núm. 6-7, hasta 2005), Urbano Pérez, Hilario Jiménez Gómez y David Matías (núm. 8, de 2016), Hilario Jiménez Gómez, Marisa de Llanos Pérez y Diego González (núm. 9, de 2017), Hilario Jiménez Gómez, Isabel Mª Pérez Gónzalez y Serafín Portillo (núm. 10, de 2018, que recordó los 35 años de la revista y publicó un sumario de sus sumarios hasta la fecha), Hilario Jiménez Gómez y Carlos García Mera (núm. 11, de 2019) y Pilar Galán y Víctor Jiménez Andrada (núms. 12 y 13, de 2020 a 2021). «Esto del teatro es muy raro», escribe Isidro Timón en esta entrega de El Espejo; y me parece un buen mote de esa parte de su contenido que se fija en el «Presente y futuro del teatro en Extremadura», un título demasiado ambicioso en un espacio tan reducido de cuarenta páginas que dedica casi la mitad al extracto de una obra de uno de nuestros autores más visibles, Marino González Montero —que acaba de publicar su Anasté. La hecatombe de Tarteso—, que nos muestra una versión de la comedia Hecyra, de Terencio, para Clípeo Teatro, el grupo integrado por profesores del IES Santa Eulalia de Mérida; y a una elocuente entrevista con el dramaturgo Miguel Murillo Gómez, una figura ineludible en la evolución del teatro en Extremadura desde los años ochenta del siglo pasado hasta la actualidad. Completan el monográfico una instantánea del momento presente del teatro profesional extremeño hecha por un gestor y director como Marce Solís, y los testimonios de tres creadores sobre su propia creación: Concha Rodríguez, Isidro Timón y Verónica Jiménez Jiménez, cuya juventud proyecta nuestro panorama teatral hacia un futuro propicio, curiosamente sugerido —también— en la mención de Miguel Murillo de su sobrino Miguel Murillo Fernández (Badajoz, 1997), que ya ha publicado dos piezas, Revolución sin previo aviso y La esposa del ermitaño en la colección «Escena Extremeña» de la Editora Regional de Extremadura. No todo cabe, pues, en este espejo que se completa con las habituales colaboraciones literarias y las notas de lectura, y la novedad de una sección —«La palestra»— que recoge la «visión de la realidad creadora» —dice el editorial— de alguien destacado en las letras extremeñas, que, en este caso, es Antonio Orihuela con su contundente, combativo e impugnador «Contra el compromiso único» (págs. 51-56). Justo en el centro del volumen como palestra notoria, resulta una necesaria llamada de atención.
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sábado, noviembre 25, 2023
Obdulia
Galdós la llamó en su prólogo a La Regenta «tipo feliz de la beatería bullanguera, que acude a las iglesias con chillonas elegancias, descotada hasta en sus devociones, perturbadora del personal religioso». Clarín, la primera vez que la hace aparecer en la novela, dice de ella —«toda Vetusta lo sabía»— que era «una mujer despreocupada»; y yo, sugestionado, sé identificar perfectamente a Obdulia Fandiño, la viuda de Pomares, al escuchar sus carcajadas. Esto es lo que pasa cuando uno se mete tan de lleno en su trabajo. Sí, tiene uno el privilegio de ganarse la vida así. Por ejemplo, contar en público —la clase— lo vivido a solas, que puede ser por una lectura optativa u otra necesaria para preparar un tema. Compartir con un grupo de estudiantes de literatura lo que tanto deseé hacer meses, días u horas atrás leyendo a solas. Quizá uno escribe un artículo de investigación o una reseña también por eso, por la necesidad de decir algo propio, nuevo, sobre lo que todo el mundo ve. Y uno quiere creer que a veces sirve. El caso es que las circunstancias me han permitido dar unas clases que no son mías en una asignatura que di hace años y que incluye el análisis de una joya como La Regenta, que me brinda la oportunidad de demorarme en los procedimientos narrativos utilizados por el autor para mover a un personaje como Obdulia —no digamos ya la inmensidad de otros como Ana, el Magistral o, claro, el acólito Celedonio—, o lo que es lo mismo, de disfrutar como un niño explicando la novela o permitiéndome digresiones sobre cómo fue recibida con el entusiasmo de Emilia Pardo Bazán o con el punzante desprecio del P. Blanco García. Lo de doña Emilia fue literal, pues escribió a su «distinguido» Alas para que le mandase a París (Rue Richelieu, 80) un ejemplar del primer tomo, que leyó fascinada en abril de 1885, y tuvo que esperar hasta principios de julio para fingir sentirse indispuesta con jaqueca, meterse en la cama y disfrutar con la continuación de la historia de ese «tipo femenino de equilibrio inestable» que es Ana Ozores. Así, más o menos, lo conté ayer; y noté ese brillo de interés en el aula que te salva una clase. Para compensar, no sé si merece la pena repetir la alusión al padre Francisco Blanco García, que en La literatura española del siglo XIX (1891) despachó en cinco líneas la novela, que llamó «disforme relato de dos mortales tomos», y arremetió contra los escritores naturalistas de este modo: «Renuncio a prolongar esta reseña con los nombres, poco y en mala parte conocidos, de varios escribidores que han hallado en el naturalismo un medio para salir de la obscuridad, vertiendo a granel las contadas especies que caben en sus empobrecidos y anémicos cerebros, lanzando a la voracidad lujuriosa de algunos lectores los hediondos comistrajos, las hirvientes gusaneras con que se sacian, para irritarse de nuevo, los estímulos de la sensualidad. No a la crítica literaria, sino a la policía, toca habérselas con los productos nocivos del contrabando novelesco» (2ª ed., 1903, pág. 554). Nunca tiene uno tantas ganas de que se tome nota; pero, sobre todo, de que se lea con la misma fruición que la autora de Los Pazos de Ulloa una obra tan sobresaliente y que, por fortuna, sigue figurando en nuestros planes de estudios. El próximo día volveré con más ganas a recomendar su lectura, y, vista la construcción general del relato, por ejemplo, abordar cómo y por qué resuelve el autor algunos capítulos con los cabos sueltos que retomará con maestría más adelante. Por el momento, me quedo con Obdulia en el final del capítulo VII, mostrando un pollo pelado que palpitaba a punto de jincar el poleo. Propuestas de interpretación y trabajo gustoso.
Publicado por Miguel A. Lama en sábado, noviembre 25, 2023 0 comentarios
lunes, noviembre 20, 2023
La Ribera de la Educación
En más de una ocasión he estado en lugares a los que no me habían llamado y en los que mi experiencia ha resultado extraordinaria. Han sido situaciones sobrevenidas, con el punto chocante del que gana una carrera sin competir o del que conoce a una celebridad por sustituir a otra persona, y las cuento con mucho placer por lo mucho bueno que me han deparado. Ayer domingo ocurrió algo así. Resulta que la Biblioteca Pública de Cáceres y la Asociación Amigos de la Ribera del Marco, que organizan desde 2020 una plantación solidaria de olmos en la que implican a colectivos de la ciudad —ya fueron los escritores y escritoras extremeños y los profesionales de los medios de comunicación, que ya acompañé—, enviaron a la Universidad de Extremadura la invitación para que esta se sumase a la actividad de este año, llamada «La Ribera de la Educación», en la que participaban los centros enseñanza de Cáceres en los niveles de Primaria y de Secundaria. Respondieron de treinta y siete colegios e institutos; pero ninguna autoridad de la institución universitaria. Parece que la solicitud fue al Rector, a algún vicerrectorado y a algún profesor; y la callada por respuesta nos pone lamentablemente al margen de actos de sociedad en los que la Universidad debería estar obligada a implicarse, a participar, a hacerse útil también en lo pequeño cotidiano. De no haber tomado café este viernes con uno de los entusiastas responsables de la organización, un bibliotecario de la Pública cacereña, que me habló de la actividad de este curso y de que el árbol de la UEX no tenía nadie que lo plantase, no me habría pasado por la Huerta del Conde la espléndida mañana de ayer domingo para participar en una iniciativa que reunió a numerosos docentes de colegios e institutos, a madres y padres y a bastantes niños y niñas. No estuve solo. Carmen, de la Biblioteca Central de Cáceres, fue conmigo; y allí, al vernos dispuestos con el cartelito de la Universidad, se nos sumó Lupe, del Centro Universitario de Mérida. Así que fuimos tres universitarios quienes plantamos el olmo que nos representa en tan especial paraje, en el que se dijeron palabras reivindicativas de la educación y su función esencial, y se recordó la prioridad de la conservación de un entorno natural tan próximo y querido como la Ribera del Marco cacereña. Me acordé de unos versos de Basilio Sánchez al llegar a casa: «Necesito vivir en un país / que no haya renegado de sus árboles, / necesito vivir en una tierra que envejezca a su sombra», de He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes (Visor Libros, 2019).
Publicado por Miguel A. Lama en lunes, noviembre 20, 2023 3 comentarios
domingo, noviembre 19, 2023
Jóvenes y dieciochistas
O de Oviedo a Cádiz. Escribía este pasado miércoles en la preciosa ciudad del sur, a la que me llevaron asuntos académicos próximos a los intereses que me pusieron a primeros de mes en Asturias. Allí estuve en las IV Jornadas de Investigación de Jóvenes Dieciochistas organizadas por el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII (IFESXVIII) y la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII (SEESXVIII) en los días 2 y 3 de este noviembre, y ya desde allí tuvieron que ver con lo de Cádiz de esta semana. La organización ya por cuarta vez de esas jornadas es una de las más gratificantes actividades de unas asociaciones entre cuyos principios fundamentales está contribuir al conocimiento y al estudio multidisciplinar del siglo XVIII, y fomentar ambos entre los jóvenes investigadores. La SEESXVIII, además, convoca anualmente un premio a un artículo de temática dieciochesca publicado en una revista científica —en formato papel o digital— escrito por un investigador o investigadora en etapa temprana de su carrera —en periodo doctoral o que haya defendido su tesis durante los diez años anteriores a la convocatoria. En esta modalidad, recibió su galardón en Oviedo la joven dieciochista Noelia López Souto por su trabajo «Epicureísmo y erotismo en la obra del poeta José Iglesias de la Casa. Nuevas aportaciones y lecturas», publicado en el Boletín de la Real Academia Española (tomo CII, núm. 326, de 2022). Ella, Noelia, había sido una de las participantes de estas jornadas en otros años, y representaba el resultado brillante de sus afanes en los primeros pasos en la carrera académica universitaria; en su caso, ya con otra proyección. Fue muy agradable convivir durante unas horas con otros jóvenes graduados que trabajan aún en sus tesis doctorales y que se esfuerzan para presentar de la manera más correcta posible sus últimas investigaciones, con la pretensión de encontrar un buen sitio de publicación en alguna revista de referencia. Trabajos sobre individuos de cierta relevancia en ámbitos locales o de América, sobre diplomacia, correspondencia o sobre elites o familias en diferentes momentos del siglo ilustrado, sobre prensa y la repercusión de las noticias de enfermedades, o sobre aspectos literarios en géneros como la tragedia o el prosaísmo como recurso poético del que trató el hijo de veintipocos años de un compañero dieciochista a quien conocí cuando teníamos parecida edad y no éramos doctores. Fue en el IV Encuentro De la Ilustración al Romanticismo que sobre el rey Carlos III se celebró en abril de 1988 en Cádiz, en el que algunos —como el otro día en Oviedo— les pusimos caras a las fuentes secundarias que manejábamos como referentes del dieciochismo español. Un viaje de norte a sur, de un mar a otro, en el que el tiempo presente es una orilla y el pasado otra, y la distancia entre ambos quiere sentirse como mera apariencia.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, noviembre 19, 2023 0 comentarios















