viernes, agosto 22, 2008

La información

El miércoles, tras el desastre ocurrido en el único aeropuerto de Madrid y cuando en la radio ya daban alguna información más precisa —siete muertos y cuarenta heridos— sobre la tragedia, mi madre ya echaba la siesta. Al levantarse, nos dio la noticia:
—Qué accidente tan tremendo de un avión. Lo han dicho por la radio. (Ella tiene un pequeño receptor de radio al lado de la cama por el que se entera, principalmente, de la hora, sí, y de alguna noticia).
Ayer, mi madre se extrañó por no ver imágenes por televisión de SS. MM. los Reyes de España expresando sus condolencias a los familiares de las víctimas. Le dije que no está bien la escenificación del dolor de la gente, y que la zona a la que SS. MM. habían acudido estaba restringida, y, con mi razonamiento sobre la obscenidad de la manera de informar de algunos medios, le conté que, además, un juez prohibió la difusión de imágenes de los cadáveres —si las hubiere, que las habrá.
El miércoles escribí unas notas sobre el tratamiento de la información sobre la catástrofe. Pensé en publicarlas aquí, pero me pareció que no hacían justicia con una profesión tan digna como la de periodista. Ayer leí en El País una columna de Enric González que era más fuerte de lo que yo había escrito, y tampoco es que E.G. se excediese; pero sí que decía que “el reportero ejerce de bestia carroñera” y que “Da lo mismo que alguien esté en una camilla: si se pone a tiro, se le acerca el micrófono”. En la misma página del periódico se denunciaba el tratamiento de la noticia de la catástrofe por TVE, para la que tuvo más importancia el fútbol. Así fue, y lo cierto es que ni en La 2 se alteró la retransmisión de pruebas, en diferido, de los Juegos de Pekín.
El pasado y negro miércoles, y ayer, se ha impuesto otra ‘escuela’ de periodismo: la del ejercicio de la profesión al servicio del consumidor de la información; no del escuchante ni del lector. Antiguamente, cuando no había nada que decir, se ponía la carta de ajuste, es decir, no se emitía. Hoy, hay que emitir a toda costa, y por eso hay que informar sobre los litros de queroseno que lleva un avión, sobre el mensaje que envió una mujer que iba en el avión poco antes del accidente, sobre el ánimo con el que viajaban los pasajeros de otros vuelos que salieron después de la tragedia... Anteayer el televisor mostraba en directo desde el aeropuerto de Madrid a una periodista y detrás a varias personas hablando por el teléfono, llamando a sus familiares y amigos porque estaban saliendo en la tele. Luego, la misma periodista, a la caza de la información, entrevistaba a uno de esos individuos que llevaban un rato saludando con la mano y le preguntaba si se había visto afectado por el accidente. Claro. Y es que, también, cuando un periodista acude al aeropuerto de Las Palmas a entrevistar a algún familiar de alguno de los pasajeros del avión siniestrado lo hace con absoluto respeto a las víctimas. Así son las cosas. Y así las están contando. Una pena.
Igual algún periodista me llama para entrevistarme por haber sido uno de los ciudadanos españoles que ‘se han hecho eco’ en su blog de la tragedia —“La catástrofe de Barajas en la red”, podría ser el título de la sección— y que se solidarizan con los familiares de las víctimas; o, quién sabe, por haber tomado un vuelo hacia Las Palmas hace años en la misma compañía, en Spanair. O por haber estado en la T-4 hace poco más de un mes y despegar desde la misma pista. Qué sé yo.

“En las horas de intensa tribulación y ruina,
tu ausencia es el suplicio que salva mi vacío.”
—Vicente Núñez—

A todos los que no subieron al cielo hace dos días.

Fotografía: © CMD

miércoles, agosto 20, 2008

La poética de Sebold

Treinta y un años después de la publicación de la mejor edición de La poética de Ignacio de Luzán, la de Russell P. Sebold, que apareció en la colección ‘Textos Hispánicos Modernos’ de la editorial Labor en Barcelona en 1977, Ediciones Cátedra, en la colección ‘Letras Hispánicas’, saca a la calle ésta, actualizada bibliográficamente y con algunas diferencias de contenido —en la introducción— con respecto a la primera. El cariz de estas diferencias pone de manifiesto la vigencia, a pesar del paso del tiempo, del acercamiento crítico y textual a la obra de Luzán que realizó antaño Russell P. Sebold. Lo digo porque, que yo sepa, los añadidos más notorios de esta nueva edición son algo más de una treintena de líneas previas al “Perfil humano de Luzán” que abría la edición de 1977, alguna modificación actualizadora en la redacción de la introducción o de las notas y una nueva dedicatoria general:

A la pobre esposa analfabeta de Luzán

Sí, la señora Francisca Mincholet. Fue una hacendosa ama de casa totalmente analfabeta que demostró sensibilidad hacia la obra de su marido al poner en manos de uno de sus amigos más ilustres, Agustín Montiano, el original de la segunda edición de la Poética (1789), como dejó escrito el editor Antonio de Sancha, para quien ésta era “una de las obras más estimables que se han publicado en España en el presente siglo”.
En cincuenta años desde la primera edición de 1737, la Poética de Luzán se convirtió en un clásico. En menos, en poco más de treinta, clásica es la edición de Sebold de este texto fundamental de nuestro siglo XVIII; y así lo ha entendido Ediciones Cátedra al redifundirla con notables diferencias con respecto a la antigua edición de Labor: el cuerpo de la letra, la disposición del texto, el papel..., todo permite colocar mi ejemplar antiguo, ya amarillento y con las pastas muy fatigadas, a buen recaudo entre los libros fuera de uso, las pequeñas reliquias... ¡Cómo envejece un libro de treinta años, frente a uno de trescientos! En fin...
Quien no envejece al cumplir años —alegría para sus amigos y sus lectores— es Russell P. Sebold, objeto, con Luzán y su Poética, de estas líneas. Cumple hoy años, y ya es tradición reciente dedicarle un apunte aquí. Felicidades, Bud.

domingo, agosto 17, 2008

Pindárica

I

Se me fue el salto al cieno


viernes, agosto 15, 2008

El monólogo de Homero

Es éste el segundo libro de poemas de José Antonio Llera (Badajoz, 1971), autor también de ediciones y estudios literarios. El primero, Preludio a la inmersión (1999) fue publicado en esta misma colección de la Editora Regional de Extremadura; y ambos, hoy, juntos, logran, física o materialmente, representar de manera formidable una trayectoria poética esencial, corta y selecta y muy coherente. La unión de los dos delgados volúmenes que conforman los libros de José Antonio Llera es como dos entregas de un mismo texto, vinculadas por una unidad de forma o de diseño que me resulta muy agradable como modo de lectura. Es así; y me ha invitado a tomar el primer libro y leerlo como la primera parte de una entrega de dos. Además, ambas obras son un único poema, aunque ahora, en El monólogo de Homero (2007), no hay subtítulo —Poema—; pero el sentido unitario es claro en estos 561 versos, si no he contado mal. Vuelve ahora a expresarse el ‘yo’ como la voz que conduce el texto; vuelve, pues, el poema como indagación subjetiva. Y ambas obras, también, presentan esa cierta advocación de la poesía inglesa como referente de lectura y de poética. En el primer libro, Eliot; en éste, John Keats y, claro, uno de sus sonetos a su lectura de Homero.
Quizá, como su personaje, el poeta José Antonio Llera nos confiesa que “Ya no busco ponerme a salvo”, que no transita por los lugares comunes de la vida literaria y poética, y cruza “calzadas desérticas” instalado en un “lenguaje incomprensible” —yo habría dicho ‘no compartido’ o algo así— para muchos. Una voz singular y una escritura estimable y de lo más interesante.
Yo animaría a mi amigo Álvaro Valverde, director de la Editora Regional de Extremadura, a pedir a José Antonio Llera su próximo manuscrito poético, y que, si éste lo tiene a bien, tengamos la trilogía —o lo que vaya a ser— de una propuesta poética sobresaliente. Y eso que no me gusta, nada, el principio: “Nací en la generación que temía / todas las epidemias.”

domingo, agosto 10, 2008

Fragmentos de cal

A pesar de que en un rasgo de coquetería Juan Manuel Barrado haya omitido la fecha de su nacimiento (Huertas de Ánimas, Cáceres) en la nota bio-bibliográfica del final, este libro de poemas, quinto de su autor, es una prueba de la madurez de una trayectoria literaria ya importante, en propuestas de diferente filiación genérica y en número de años. Quizá la atalaya vital desde la que contempla su propio recorrido explique otras omisiones de esa nota, pues faltan su primer libro de poemas, Cuarteto (1994), y otro posterior, ¿y si te llamara isla? (2003); que hay que sumar al Texto azul del Café Rocco (1997) y a la Suite Celan (2001), obras más cercanas quizá a los intereses poéticos de Barrado hoy.
Fragmentos de cal, con un prólogo de Ricardo Senabre, lo ha editado en Almería El Gaviero Ediciones en su Colección Salamandria, al cuidado de Ana Santos Payán y Pedro J. Miguel, y a satisfacción plena –estoy seguro— de Juan Manuel Barrado, un autor que busca siempre una base formal, no sólo como ornamento sino como esencialidad artística y que logra, creo, con este libro ese nexo entre la llamada poesía discursiva y la visual y ‘objetual’ de otras propuestas en las que lleva desde casi el principio de su trayectoria. Además, contiene, de una manera desenvuelta y con cierto dominio, claves de todo el discurrir del autor por el árbol de la literatura, de Celan a Brossa en las devociones míticas, de Felipe Núñez —todo el libro está a él dedicado— a Antonio Orihuela entre las fraternales; y muestras de ese modo ético, de esa vertiente moral que menciona Senabre en su texto introductorio, y que viene de libros anteriores, muchas veces, como atenuante de un culturalismo vocacional.
Ya decía yo lo de la madurez de este libro de altura —27 cms.— y esa conciencia del tiempo o de la edad. “Donde hubo paraíso” es un poema doble, o un mismo poema en dos partes. Abre y cierra el libro. En el primero, es la madre; en el segundo, el padre. Y el último verso de ese último poema y del libro: en mitad del camino de la vida.

sábado, agosto 09, 2008

Vals

Farmacia en la calle San Pedro, Cáceres. 12.10 horas. Una pomada para la rodilla de mi madre, y una pasta para prevenir la periodontitis —de mi madre, no. Mientras espero frente al mostrador en el que espero encontrar folletos de productos medicinales y cosméticos, cojo esta tarjeta.
—Aquí nos dejan de todo —me dice el mancebo con media sonrisa.
Quizá hemos pensado en lo mismo, en cierta rareza, en ese aspecto inusitado que a mí me lleva a escribir aquí este item. La realidad, luego, me ha sacado de mi error. Carmen me ha dicho que conoce a novios para casarse —valga la redundancia— que han ensayado durante un tiempo para el vals de la boda. O sea, que hay demanda.
Me alegro; no de la demanda, sino de que los que la cubren se ganen la vida. Sea. El vals. Una languidez que revierte, como en el poema de Vicente Aleixandre.

Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Guillermo de Torre




A José Luis Bernal Salgado,
con mi enhorabuena

Creo que estas dos fotos apareadas en el lado izquierdo escenifican uno de los dos argumentos principales de esta excelente edición del Epistolario 1918-1947 de Vicente Huidobro con Gerardo Diego, Juan Larrea y Guillermo de Torre. En la fotografía de abajo están Huidobro y Diego, y falta Larrea, que es quien hace la foto en septiembre de 1924 en Sables d’Olonne, en la francesa Costa de la Luz. En el mismo lugar y la misma fecha que en la fotografía de arriba posan Huidobro y Larrea, mientras que el que falta, Gerardo Diego, toma la instantánea. Qué mejor manera de ilustrar el cruce de cartas entre estos tres personajes, el maestro y dos discípulos, si puede decirse así. 144 misivas entre los tres, y de las cuales se presentan en este volumen 120 inéditas.
En esa pareja de fotos, falta, sin embargo, la otra figura; la del otro argumento relacionado, y quizá el más morboso; la contrafigura de Guillermo de Torre, que mantuvo una correspondencia a partir de 1920 con el autor de Altazor algo tempestuosa a costa de la autonomía del ultraísmo o de la paternidad del creacionismo, y que en esta edición se cifra en 23 cartas, 18 inéditas.
La edición, primorosa como las de la Residencia de Estudiantes, es un volumen más del proyecto Epístola dirigido por José-Carlos Mainer, y está elaborada por alguien que conoce bien la poesía española de la vanguardia, el profesor de la Universidad de Bérgamo Gabriele Morelli, y muy cercano a nuestra Universidad. (Hace un mes estuvo por aquí, en el Curso de Verano de la UEX Carlos V en la literatura y en las artes, dirigido por Mª Isabel López Martínez, y que se celebró en Yuste del 3 al 5 de julio).
El epistolario se cierra en 1947, con una carta manuscrita de Huidobro a Larrea desde Santiago de Chile, dos supervivientes, valdría decir, de esta correspondencia. Sin embargo, esta cronología se incumple con una sutileza de un tono humano que supera cualquier diatriba literaria, y que es digna de mención: se añade una nota de Manola Huidobro, hija del poeta, a Gerardo Diego once años después de la muerte de su padre, o sea, en 1959, que acompañaba un ramo de rosas y que certificaba la fusión amistosa de ese “triduo indisoluble” que está representado en esas fotos de arriba. Qué formidable manera de culminar esta lectura, casi de novela, de unas vidas, con sus filias y sus fobias, con sus secundarios, con la noticia de un ‘secuestro’, con tanto de interés... Tan recomendable.

Vicente Huidobro, Epistolario. Correspondencia con Gerardo Diego, Juan Larrea y Guillermo de Torre 1918-1947. Edición de Gabriele Morelli con la colaboración de Carlos García. Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes (Col. “Epístola”, núm. 7), 2008.

A falta de referencias precisas,
© de las fotografías incluidas en las páginas [183] y [184],
el mencionado en la citada edición para las reproducciones.

jueves, agosto 07, 2008

Razón de mudo

Mi conversión de ayer de las densas páginas de Razón de mudo (Aprender a esperar), al formato electrónico debe entenderse como una manera de destacar la calidad del texto, por la gana de que el medio se llene de literatura como la que ha salido de la mano de Agustín Villar. De una mano, diré, incontinente, desbocada según qué razones —aunque la principal sea esa necesidad de la palabra...—, que se nos revela así, con un montón de textos, con varios libros en uno, sin anestesia, sin pensar —y por qué sí— en que tanta cantidad de vida, pensamiento y literatura pueda resultar excesiva. Estoy seguro de que para algunos será así. Y, paradójicamente, será para los que simulen haber leído las 437 páginas de este libro espléndido y que, sin embargo, sólo las hayan hojeado. Para éste que ha leído el libro de su cabo a su rabo, y mucho de él durante las horas raramente palpables de un hospital, sólo enumerar la cantidad de sugerencias, complicidades e iluminaciones que aporta su lectura le aleja de cualquier sospecha de indigestión de alta literatura, algo tan antagónico como antiagónico. Por otro lado, es muy difícil mantener a lo largo de tantas páginas un interés de concepto tan uniforme y evitar indeseadas reiteraciones en este medido flujo de conciencia que insiste sobre el amor, la creación, la muerte, las ideas, la lectura... O sea, lo de siempre.
“Quizá sea el escribir una buena terapia de autoafirmación” [321], dice el escritor. “Tú sabías por otros que escribir es ceder a la tentación de ser Dios, algo imposible e irremediable.”[105], dice otra voz del escritor, que construye un libro de libros, un libro, como quiere el autor, híbrido y mestizo, múltiple, ambiguo, “un mamotreto fragmentario” [265], con un acierto artístico que se convierte en defecto que no solemos tolerar en las personas, mirarse mucho a sí mismo. Quién no.
He recibido una circular de Ezequías Blanco, el director de la revista Cuadernos del Matemático, que va a cumplir los veinte años de existencia con su número 41-42 que aparecerá en febrero de 2009, en la que pide colaboraciones para el acontecimiento. Voy a enviarle un par de páginas sobre Razón de mudo, si lo tiene a bien.

miércoles, agosto 06, 2008

Primera nota sobre una lectura

Hay blogs o cuadernos electrónicos hechos a base de breves textos —es uno de los rasgos recomendables del ‘género’, la visualización a un golpe de pantalla, más o menos—, a manera de aforismos, de teselas en las que el escritor vierte un pensamiento. Su condición de diario a veces se cumple a entrada, texto o item por día; pero no se pierde por que se escriba dos veces, por ejemplo, por semana.
Tengo entendido que algunos escritores de estos diarios electrónicos ya los han convertido en libros convencionales. Incluso Alfaguara tiene una colección que se llama “Libros del Blog” (El Boomerang), en donde apareció Abierto a todas horas (2007), de Félix de Azúa, que tiene su blog, aunque, claro, la mayor parte de sus entradas, últimamente, es reproducción de sus artículos remunerados en prensa (El Periódico de Catalunya, El País).
Como Razón de mudo (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008), de Agustín Villar, comparte muchos rasgos con ese tipo de escritura de cuaderno de bitácora electrónico —con los más auténticos y literarios—, se me ha ocurrido hacer la conversión de las 437 páginas de este libro, y sus 1.029 textos (880 + 149) en lo que podría ser un blog. Y me da uno con una edad de tres años, a veinticinco entradas por mes, que es una media muy alta, incluyendo el pico de los siete meses de este año, más o menos.
Imaginemos, entre las más de mil entradas de ese blog, ésta:
“Lo puro, si es puro, no quiere reverencias ni discípulos. Mantiene un desdén decidido sobre los agobiantes hábitos de la tribu. Asilado en las palabras, nada pretende del resto. Seducido, o incrédulo o aturdido o exaltado, el lenguaje le da cuanto desea.” [583]
Serían necesarias ciertas nociones de contexto. A saber, la primera: que el sujeto del texto, la tercera persona, es el personaje inventado por el ‘yo’ que escribe y que tiene los mismos rasgos que el personaje inventado. Cosas del género. Y el punto de impostura que lleva a decir que “el lenguaje le da cuanto desea”. Porque cuando uno conoce el medio y los seres que lo habitan, sabe que el lenguaje no sacia la sed del creador. Ojalá. Sobraría el eco de la crítica. […]

domingo, agosto 03, 2008

Primer domingo de agosto

Llevo gafas desde los quince años. Estaba en 2º de Bachillerato y el primero en reírse de mí fue mi profesor de Latín. La verdad es que duró un instante el gesto insignificante que ahora evoco treinta años después, como si no hubiese pasado nada.
Mi oculista me ha graduado la edad con uno de esos aparatos que ellos tienen para graduarte la vista. Por lo visto, piso ya un terreno proclive al cansancio y la pereza en términos ópticos, los 45. Y como, a pesar de todo, mi oculista sabe que Rousseau escribió (Emilio, o De la educación) que el hombre que más ha vivido no es el que más años tiene, sino el que más ha experimentado la vida, ha querido ofrecerme la experiencia de tener dos gafas. Las de lejos, o sea, las de siempre; y las de cerca. Y desde la tarde de ayer vivo con la extraña sensación de ver todo más grande desde cerca, que más que un pleonasmo es eso, una sensación que va a hacerse experiencia.
Estoy confuso. He leído El País y no parecía España, sino Canadá. Un cuerpo doce de una garamond, en pantalla, me ha parecido un catorce, y a veces, cuando me pongo las gafas nuevas me da la sensación que me llevo al ojo un cuentahílos. Todo es más grande. Ayer, la noticia de la muerte de Leopoldo Alas se me hizo inabarcable; la lectura del relato Luz de agosto de Gonzalo Hidalgo Bayal, espléndido y compacto como todo lo suyo, me valió por dos... No sé si acabo de llegar a una nueva realidad que desconocía o si la verdadera realidad es de cuerpo doce y este adminículo de las lentes la eleva para que yo viva esta ilusión. Sigo confuso. Dice el oftalmólogo que será cuestión de días. Otro émulo del Dr. Pangloss, me he dicho.


Ilustración: Antonio Gómez, Sobredosis.
Premio de Experimentación Poética, 1994.

viernes, agosto 01, 2008

La soledad de las vocales

A medida que uno se hace mayor leyendo, entre los sentidos que se aguzan, hay dos de signo opuesto que no siempre son incompatibles; es más, yo creo que se complementan. Por un lado, uno tarda cada vez menos en darse cuenta del escaso interés que tiene lo que está leyendo; y a veces ocurre de una manera intuitiva, incluso prejuiciosa, ya que un título, el aspecto exterior de un libro o cualquier otro detalle pueden ser razones para descartar según qué lectura. Por otro lado, leer te acerca de tal modo al hecho de la escritura que cada día percibe uno mejor la dificultad que ha entrañado haber escrito lo que uno lee. Y esto es lo bueno.
Esto úlltimo es lo que me ha sugerido la lectura de La soledad de las vocales (Barcelona, Bruguera, 2008), de José María Pérez Álvarez. Porque, a pesar de haberla leído hace un par de meses, sigue presentándoseme el mismo pensamiento sobre lo difícil que es escribir algo así. Quizá deba corregir lo de arriba, y no hablar de la experiencia lectora; sino de la incapacidad de uno para hacer cosas que quizá para otros resulte sencillo resolver. Por ejemplo, escribir. (Si supiese alguien el tiempo que me ha llevado el primer párrafo...)
Elaborar un monólogo, a manera de flujo de conciencia con sus reiteraciones, que sale de una voz ubicada en un número —no otra cosa es en un tipo de relato así la habitación 9 de la pensión LAUSANA desde la que el ¿protagonista? malvive— puede resultar un recurso ya visto y fácil; pero atendido en la lectura con su debido tiempo, genera esa admiración de lector que digo.
Está muy bien elaborada la estructura invisible de este relato; sus diálogos inaparentes, su culturalismo que no parece o sus descripciones que no existen son admirables formas de lo no convencional en novela, y gustan a los lectores con escasos prejuicios —incluyo todos (los prejuicios). Tengo ejemplos marcados en el ejemplar que el propio Chesi me envió en abril; pero pongo aquí otras líneas: "de nada, la literatura nunca trata de nada, es un vacío, así que pienso que la literatura es como mi vida, como mis recuerdos que son nada, ni siquiera humildes o miserables, nada, ése es el argumento de cualquier existencia" […]
Hay otras habitaciones, claro, en la LAUSANA. Están la 2 de la ex nadadora, la 5, la 6 del escritor, la 4, la 7 del tapicero... En ellas hay más nada, o sea, mucho. La soledad de las vocales, y de las consonantes.

miércoles, julio 30, 2008

Un pañuelo blanco para 'Clásicos Populares'

Esta tarde se ha despedido de la radio pública (Radio 1 y Radio Clásica) uno de los mejores programas de toda su historia, Clásicos populares. A pesar de esto, a pesar de que su director y fundador, Fernando Argenta (Madrid, 1945), ha conseguido con su programa varios Premios Ondas, varios, también, Premios de la Música de la antipática SGAE y dos más de la APEI de Radio y Televisión, el Premio Comúsica, la Medalla de Honor de la Quincena Musical de San Sebastián, el Micrófono de Oro, el Premio Fernando García de Castro del Festival Internacional de Música de Úbeda, numerosos premios en Cantabria, en donde nació su padre Ataúlfo Argenta (Castro Urdiales, 1913-Madrid, 1958), el Premio del Club Internacional de Prensa..., entre otros (incluso creo que en estos días pasados ha caído alguno más).
Las causas de su desaparición son vergonzantes; pero sólo con este palmarés podría defenderse ante cualquier examen sobre rendimientos. Cuando, hace dos años, cumplieron treinta —el primer programa se emitió el 12 de abril de 1976—, la directora general de RTVE entonces, Carmen Cafarell, llamó al programa para decir a Araceli González Campa —otra ‘desaparecida’ o ‘prejubilada’— y a Fernando Argenta que muchas felicidades y que les deseaba treinta años más “de ese programa maravilloso”. Hoy resultan patéticas las palabras en la web de Radio Nacional de España como despedida de honor de programas como Clásicos populares. Lo que más se repite es eso de “voluntaria”. Hasta al mítico Ramón Trecet le he escuchado algo parecido: —Se va el que quiere.
Ayer, Fernando, en su programa soltó la ‘tontería’ de un reclamo popular para llamar la atención por la despedida de este programa ejemplar: que los oyentes —o escuchantes, como quiere Pepa Fernández en No es un día cualquiera— saliésemos a la calle con un pañuelo blanco al cuello, al modo de los Sanfermines, o que pusiésemos un lazo en el coche en un lugar visible, o que sacásemos una sábana blanca al balcón. Hoy ha llamado gente al programa que lo ha hecho. Creo que ha sido una oyente.
Escucho el programa desde que era estudiante de Bachillerato, allá por el año 77, cuando quedé sorprendido por la manera de divulgar la música clásica que tenían personajes como el propio Argenta, Carlos Tena o José Manuel Rodríguez “Rodri”, que con Beatriz Pecker y Araceli G. Campa, también presentadoras del programa, o Eugenio Verdú, el productor, han estado presentes en la emisión de hoy, entrañable y emotiva. Reconozco que me han emocionado las voces algo quebradas de todos, y los silencios, sobre todo, cuando Fernando ha agradecido tanto a Toñi, a quien no tengo el gusto de conocer.
Una lástima, por todo. Pongo este pañuelo blanco.

Aquí puede escucharse este programa especial, el penúltimo de Clásicos populares.

Foto © Web de Radio Nacional de España

lunes, julio 28, 2008

Amapolas blancas

En el gremio de editores debe de haber alguna ley no escrita o norma de orden consuetudinario que recomiende la omisión del pasado editorial de una obra cuando no ha sido publicada por el sello propio. Esto es tan claro como que una editorial que se precie va a aludir al pasado de cualquiera de sus títulos siempre que haya sido publicado en el propio sello. Sin duda, la publicación en la colección “Andanzas” de Tusquets Editores de esta espléndida obra de Gonzalo Hidalgo Bayal, Campo de amapolas blancas, es algo extraordinario, y su edición, el objeto-libro, hace que el lector relea el libro como obra nueva; y así ha sido en mi caso. Pero esto no quita para que en un rincón se diga que este maravilloso texto salió por vez primera a la luz pública en la colección La Gaveta (número 2) de la Editora Regional de Extremadura en 1997. Y es verdad también que en esta nueva edición hay un agradable “Epílogo” de un amigo de Gonzalo, Luis Landero. Pero sigo sin entender esa norma o ley no escrita por la que esta misma editorial omitió el pasado de títulos como Paradoja del interventor, de, también, Gonzalo Hidalgo Bayal, o de Entre líneas, de, también, Luis Landero, ambas obras publicadas por primera vez en la también extremeña Del Oeste Ediciones.
Si alguien me pidiese una recomendación para leer ahora mismo, le daría este Campo de amapolas blancas. La verdad, también, es que le recomendaría éste, el objeto-libro que ha sacado Tusquets Editores; porque sé que el lector va a sentirse más cómodo y porque el texto gana de esta forma. Y, también, la verdad, le duraría poco el placer, porque se lee de una sentada, con delectación, claro.
Los críticos literarios fiables deberían recomendar libros casi sin argumentaciones; o sólo con algo parecido a lo que yo acabo de dejar en el párrafo de arriba. Casi nada. Nos ahorraríamos mucho. Y entonces, luego, los lectores, cuando les agradezcan a esos críticos que les recomendaron un libro, se convertirán en críticos y se explayarán —lo digo por experiencia, como crítico, como profesor, y no como lector— sobre aquellos aspectos o rasgos del libro en cuestión que lo hacen una obra recomendable. Entonces, puesto en el caso, yo recibiría cartas electrónicas con opiniones como las siguientes: el estilo de Gonzalo Hidalgo en esta novelita es primoroso; en esta novela hay mucha literatura y se incita amablemente a leerla —por ejemplo, a Sartre y a Camus; qué hondura de relato y qué perfiles de personajes; me ha ayudado mucho a entender la atmósfera de Paradoja del interventor; es un relato que tiene mucha poesía...
Ay, la crítica literaria.

Tablón de anuncios

Como el medio sobrepasa con mucho el modo de lectura, pongo aquí dos mensajes recibidos en los últimos días como comentarios a entradas antiguas. Si no, quedarían en ese limbo del medio al que nuestros hábitos lectores llegan con dificultad.

1. Escribe Francisco Javier Illán Vivas a propósito de mi itemLas reflexiones egocéntricas de Guillermo Carneo (y un poco de las mías)”:
“Hola.
El próximo número de
Ágora, papeles de arte gramático, incluye un especial dedicado a Guillermo Carnero y su generación.
Incluye un artículo del catedrático Díez de Revenga y una entrevista a cargo de Fulgencio Martínez.
Saludos.”

2. El otro comentario es de Julia Otxoa, sobre mi entrada Manga Ancha:
“Hola, soy la escritora Julia Otxoa, acabo de descubrir gracias a este blog la existencia de la revista Manga Ancha, el hecho de ser puente entre tres lenguas y saber que le han dedicado un número a la poesía y otro al cuento, me parece de un gran interés. Me gustaría contactar o bien con Emilia Torrado o algunos de sus editores para poder acceder a ella, si alguien puede proporcionarme algún correo electrónico se lo agradecería. Estoy escribiendo desde San Sebastián (Guipúzcoa) y aquí es imposible acceder a ella en las librerías.
Un cordial saludo.

Julia Otxoa
otxoarte@telefonica.net
www.juliaotxoa.net”


Fotografía © Toni Verd. Barcelona.

domingo, julio 27, 2008

Un poeta resentido

Vuelve a recordar Juan Goytisolo hoy en El País las veleidades literarias de este descerebrado, el que fuera líder serbobosnio Radovan Karadzic. Estábamos en Florencia cuando fue detenido y la prensa difundió la fotografía de este individuo de barba blanca y espesa. En La Stampa se hablaba de que le llamaban “Papá Noel”. A veces los lugares comunes propician unos símiles la mar de siniestros. Es un rostro del mal, y habría que acostumbrarse a él, e incorporarlo como tipo, igual que habría que hacer con el del monstruo Josef Fritzl.
Digo vuelve Juan Goytisolo porque ha escrito muchas veces sobre este psiquiatra de origen montenegrino, que bombardeó la Biblioteca de Sarajevo en agosto de 1992 hasta destruirla y hacer desaparecer “miles de manuscritos árabes, turcos y persas […], obras de historia, geografía y viajes; teología, filosofía y sufismo, ciencias naturales, astrología y matemáticas; diccionarios, gramáticas y poemarios; tratados de ajedrez y de música”, como el propio Goytisolo enumeró en su Cuaderno de Sarajevo. Anotaciones de un viaje a la barbarie (Madrid, El País Aguilar, 1993). Bombardeó la biblioteca y meses antes se ensañó con el edificio en el que vivía un inofensivo crítico literario que se burló de un libro de poemas escrito por el tipejo de la foto. Como escribió Goytisolo en un artículo de 2001 titulado “El último cuplé del bardotirador”, a los riesgos de la crítica (“atizar rivalidades, granjearse enemigos, crear fratrías, concitar odios irracionales, hacer el ridículo”) se suma éste. Y todo por un poeta resentido que se ha encaramado a otra peana.
Además de lo mencionado de JG, recomiendo, puestos a actualizarse sobre aquella barbarie vergonzosa, otros artículos del escritor sobre el genocidio reunidos en Pájaro que ensucia su propio nido (Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2001) y su novela El sitio de los sitios (Madrid, Alfaguara, 1995).

Florencia

Florencia es una ciudad muy bonita. Tiene mucho arte. Y hay mucha gente.

Fotografías © CMD

viernes, julio 18, 2008

La novela de Julián Ríos

Lo normal en mí sería decir que debo el conocimiento de Julián Ríos a la lectura de Juan Goytisolo; pero no es así. Cuando se publicó Larva, en 1983 —y Rafael Conte cuenta que hasta enero de 1984 no estuvo en las librerías—, la primera persona por la que conocí una recomendación sobre el libro fue mi amigo y antiguo compañero de instituto José Gras. Siempre me acuerdo de él cuando tengo entre manos algo de Julián Ríos. Me acuerdo más que de Juan Goytisolo, que ya es decir, y más que de Julián Ríos. (¿25 años desde la publicación de Larva y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales no dice nada? ¡Imposible!)
Mi hermano Josemari tenía la edición de Edicions del Mall, por donde la leí, y luego, años después (1992), compré la de Círculo de Lectores, con las ilustraciones de Antonio Saura. Por cierto, con una errata en la Nota supernumeraria o solapa: “ilustraciones”, cuando lo lógico, y lo correcto, en Ríos, es “ilustraiciones”. Comprendo las dificultades de cazar la errata en las turbulencias textuales de Ríos...
La leí hace ya unos meses, y he vuelto a pasar por sus páginas por revivir el placer de una lectura redoblado, además, por la curiosidad de leer a un Julián Ríos de los años sesenta —“Escribí Cortejo de sombras de 1966 a 1968 en Madrid (trataba entonces de revivir y de recrear sin regionalismos mi particular Galicia, el país de las maravillas de la niñez y de la adolescencia, con sus sombras del pasado ominosas a veces, al que se anexionaba entre nostálgico y fantasmal el país del que te irás y no volverás de tantos emigrantes) y cuando me fui a vivir a Londres, en 1969, me llevé el manuscrito con la intención de añadirle un par de capítulos que tenía ya esbozados.”—, y preguntarse —tonterías de filólogo— cuánto hay de verdad en aquello que dijo el gran Milalias y que el propio Ríos evoca, lo de que yo soy el que es hoy y que Ríos con esta novela antigua no ha tenido otra opción que ser lector de su propia obra antigua (?). “No tuve, por tanto —dice—, nada que añadir ni que quitar.”
Así las cosas, vale que Julián Ríos, el 19 de noviembre de 2007, fecha del prólogo explicativo de esta novela, escriba algo así como que con Larva trató de “ensanchar el castellano y sacarlo de sus castillas”, pero que en la novela de 1968 que se publica ahora hable del “brincalegre de los recreos”, de la “amadaesposa” que “lloraullando” y de los “gocespasmos”... A mí me da en la nariz que lo de Ríos viene de largo (como lo Míos con lo de Largos).
Cortejo de sombras (La novela de Tamoga) está compuesta por nueve capítulos que pueden funcionar también como secuencias independientes. Es evidente la noción de conjunto, y la relación que puede establecerse entre los textos, como entre “Cacería en julio” y “Dies irae”, dos entre estas historias que nos hablan de personajes que han de sumarse a la tradición de figuras como las creadas por los grandes de la literatura que nos ha llegado de los de Galicia, ese país de las maravillas.
Cuánto agradezco a José Gras sus complicidades lectoras. Ahora, me gustaría devolverle el favor recomendándole esta espléndida obra de un Julián Ríos mucho más cercano que hace tantos años. ¿O casi igual?

En estos espacios, esta novela de Julián Ríos ya fue comentada por Santos Domínguez en su blog y en sus Encuentros, en donde llegó a decir que “Si no hubiera permanecido inédita hasta hoy, si se hubiera publicado en 1969 por ejemplo, Cortejo de sombras hubiera obligado a escribir de otra manera la historia de la novela española contemporánea.” A veces, querido Santos... ¡Viva el Atleti y Curro Romero!

domingo, julio 13, 2008

Desde fuera

Este libro de Álvaro Valverde, su poesía, merece el mismo tiempo que una novela de seiscientas páginas. Así somos. Es espléndido. Me he detenido esta tarde en una de sus seis secciones, "Entonces la muerte", un réquiem de cuatro textos cuyos escenarios y evocaciones, cuyos muebles, son tan personales como la muerte que esta misma tarde se me ha vuelto a aparecer en los amigos. Doble luto sobre el luto para Mercedes Santos, y para sus hermanos, para Enrique, con quien he hablado de la tragedia de perder a sus padres en un accidente de tráfico. Como escribe mi hermano, qué espanto.

"En realidad, no sé
si vamos al encuentro de la muerte
o si venimos ya de su certeza."
Á.V.

Un novio para Yasmina

Quizá a alguno le parezca que todas las razones para recomendar una película como Un novio para Yasmina han de ser de carácter cinematográfico. Y así es, más o menos. Y eso, más o menos. Porque para alguien de aquí, de Extremadura, el primer largometraje de Irene Cardona ofrece otros atractivos. Ser la primera película de alguien que ha demostrado ya saber moverse en este campo; ser la primera película producida por Tragaluz, en este empeño, en colaboración con Tangerine Cinema Services, y con apoyo público de instituciones extremeñas. Del lado más personal de este espectador, ser lo suficientemente cercana como para conocer algunos escenarios y a un buen puñado de actores, desde mi ‘primo’ José Antonio Lucia, pasando por Paca Velardiez o Fermín Núñez, a quienes he tenido la suerte de conocer subidos a muchos escenarios de teatro; hasta las apariciones esporádicas de personas conocidas como Alejandro Pachón, Fulgencio Valares, Carmelo Sayago, con unas frases, o de Pilar Bacas o Paco Espada, entre otras. Pocas veces tiene uno la ocasión de señalar con el dedo a la pantalla en una sala comercial porque ha visto una cara conocida.
La propuesta de Irene Cardona de dividir la historia en secuencias episódicas variadas, en tono, duración e intensidad, tiene sus ventajas y su riesgo. A mi modo de ver, es la clave de que la gente salga del cine con una sensación muy agradable, que ya está bien. También de que seamos conscientes de los problemas que puede tener a veces reducir el lenguaje cinematográfico a la mínima expresión del sketch; pues se trunca el desarrollo de los matices de ciertas relaciones entre personajes, o se abusa de lo implícito, que ahorra tantas cosas que a veces puede dar la sensación de precipitación, como me ha parecido ver en el final de esta notable opera prima.
Palabras mayores para la interpretación de actores como María Luisa Borruel —Biznaga de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de Málaga—, Francisco Olmo, José Luis García Pérez o la luminosa Sanaa Alaoui; y para esa necesidad que todavía algunos creadores tienen de ofrecer estética y disfrute sobre una base ética, y que para éste que vio la película fue la razón principal de atender a todos los detalles. Tiene muchos.

viernes, julio 11, 2008

Ascensor

Puede que no sea normal entrar en un ascensor pensando en un libro; y menos recordarlo como un hecho relatable. 19 de junio. Hospital Infanta Cristina de Badajoz. Tomé el ascensor en la quinta planta, solo. Intentaba recordar si tendría La vida difícil, de Slawomir Mrozek, un escritor polaco. Ahora sé que lo tengo. Slawomir Mrozek, La vida difícil. Traducción de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles (Barcelona, Quaderns Crema, 1995). Lo compré en el verano del 95. Recordaba un texto de ese libro titulado “Una charla sobre historia contemporánea” y un rifacimento del cuento de Caperucita Roja. Poco más. Entonces, el ascensor paró en la planta tercera. Entró una pareja (ella y él). Se besaron, se abrazaron. Y ella: —Primero comemos, y, luego, lo otro. Y llegamos al cero.

jueves, julio 10, 2008

Todo Alonso de Santos

O casi todo. Editorial Castalia —y el Excmo. Ayuntamiento de Valladolid— ha publicado la Obra teatral de José Luis Alonso de Santos. 847 + 1068. Son las páginas, respectivamente, de cada uno de los volúmenes de esta opera omnia en la que están desde ¡Viva el duque nuestro dueño! hasta En el oscuro corazón del bosque. En medio, una parte fundamental de la historia del teatro español en la dichosa era democrática, y no me refiero sólo a los textos —treinta piezas teatrales—, sino a las fotografías que incluye esta edición —está un Alonso de Santos como actor y está como autor protagonista; está una antología de carteles y portadas...—, a las dedicatorias —a Miguel Narros, amigo y maestro; a Anunciación Fdez. de Córdoba y Paco Cedrón en El Rincón, en tierras de Extremadura; a Marga, muchas veces; a Rafael Álvarez...—, y a las notas de autor a cada una de las obras, y a las que deberá acudirse para ver cómo un autor así contempla su propia obra, así. Desde el texto y desde la escena.
Por orden de importancia —el contrario al orden de aparición— he de mencionar a José Gabriel López Antuñano, autor de un esclarecedor Estudio preliminar; a Margarita Piñero y a Andrés Amorós, que incitan a la lectura de un íntimo; y a Francisco Javier León de la Riva, el Alcalde de Valladolid.
Ver también aquí (1), (2) y (3).

martes, julio 08, 2008

Tomás de Iriarte a lo digital

Bajo la dirección de Jesús Pérez Magallón –a quien espero en Cáceres dentro de unas horas–, profesor de literatura española en McGill University y director de la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha abierto página sobre Tomás de Iriarte (1750-1791). Al alcance del lector interesado y del investigador están sus obras en principales ediciones, desde las Fábulas literarias hasta sus traducciones, del Arte poética o de las Sátiras de Horacio; y están algunos de los estudios fundamentales sobre el escritor, los de Russell P. Sebold, Juan Cano Ballesta, Piero Menarini, Rinaldo Froldi, Emilio Martínez Mata o el propio Pérez Magallón, sin olvidar ese libro esencial a pesar de su tiempo, Iriarte y su época, de Emilio Cotarelo y Mori, del que también contamos con edición moderna. Una alegría más que da la Virtual Cervantes al mundo del dieciochismo.

lunes, julio 07, 2008

Pureza Canelo

La negación de No escribir supuso un golpetazo en la trayectoria poética de Pureza Canelo, que obtuvo con ese libro (Algaida, 1999) el Premio de Poesía Ciudad de Salamanca. Una de las antologías más difundidas de la poesía de Gil de Biedma se cerraba con uno de sus Poemas póstumos (1968), el titulado “De Vita Beata”, y me acordé de él cuando leí el libro de Pureza: “No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, / y vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia.” Esto dicen los versos finales de aquel poema de Jaime Gil de Biedma, cuyos ecos quise buscar en el de Pureza Canelo, a quien veía rotundamente situada en una estación término para iniciar otro viaje por otras latitudes literarias.
En mayo, me envió cariñosamente su último libro, lleno también de negaciones. De carencias, valdría mejor, quizá. Dulce nadie (Madrid, Hiperión, 2008). Me acordé de No escribir. Y, así, he leído este nuevo libro; desde la lectura del anterior; y he comprobado que la autora nos dice, una más, que escribir es la salvación ante la soledad, la pérdida o el desamor. Más de lo mismo. Entiéndaseme. Más de lo mismo, pues, en esa evidencia; no en la propuesta poética de Pureza, que ofrece, con su voz, un surtido de sugerentes registros. (Estoy leyendo Desde fuera, de Álvaro Valverde, que acaba de publicar Tusquets en sus “Nuevos textos sagrados”, y veo en él un valor parecido. Entiéndaseme). Nadie pero dulce; todavía pero existo; pérdidas y olvidos; pero poesía y palabra en Pureza Canelo. Esta sincopada reflexión sobre la vivencia de la escritura poética, esta especie de estado crítico, es lo que más me ha condicionado en la lectura de estos versos, que, como digo, no han perdido de vista en casi ningún momento aquellos de No escribir. Esa negación.

viernes, julio 04, 2008

Ariza

Manuel Ariza Viguera es Catedrático de Historia de la Lengua Española en la Universidad de Sevilla. Lo fue antes en la Universidad de Extremadura, adonde llegó en 1975, hasta 1989, si no me equivoco. Fue mi profesor en quinto curso, en Historia de la Lengua. Un excelente profesor, prestigiado por sus estudios de onomástica, de lingüística histórica, de historia de la lengua literaria..., con un extenso currículo (ver parcialmente aquí). No hemos dejado de tener cierto contacto, con encuentros esporádicos, porque él no ha dejado de venir por Extremadura a reuniones, seminarios o lecturas de tesis doctorales. En estos días, tengo la satisfacción de cuidar el proceso de edición de un libro que reúne sus artículos dispersos sobre el extremeño. Saldrá en una colección querida para él, en los “Anejos del Anuario de Estudios Filológicos” del Servicio de Publicaciones de la UEX.
Mi despacho de la Facultad es vecino del de un buen amigo de Ariza, de otro de mis profesores de antaño, hoy compañero cercano, Antonio Salvador Plans, impulsor junto a Manolo del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española y de la Asociación de Historia de la Lengua Española. Por él sé mucho de Ariza. Y por él he sabido ayer que la CNEAI (Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora) le ha denegado el último de los sexenios de investigación que solicitó a finales del pasado año. Mi antiguo profesor y amigo Manuel Ariza ha escrito una carta a la Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, que quiero reproducir, extractada, y así, con el permiso de Manolo, ayudo a su difusión. La ha enviado también a la prensa, a S.M. el Rey, y al Presidente del Gobierno.

“Excma. Sra. Ministra:
Por primera vez en mi dilatada vida académica, me han negado un sexenio de investigación, el último que me faltaba. Quiere ello decir que la comisión ha estimado que yo no he tenido los méritos científicos suficientes para que se me conceda un pequeño aumento de sueldo —147’05 euros mensuales. Me considero absolutamente insultado cuando, como puede comprobar, en el último sexenio he publicado 27 artículos y tengo 18 en prensa. Parece que eso no es suficiente.
La ley dice que, al menos, hay que tener cinco publicaciones para poder obtener un sexenio de investigación. Parece que 45 son pocas. Me gustaría saber cuántos han publicado en el mismo sexenio los componentes de esa comisión.
No voy a hablar de los méritos académicos de algunos miembros de la comisión, aunque podría, pero quiero destacar que la constituyen: un catedrático de historia de las religiones, una catedrática de ética, un catedrático de inglés, un catedrático de filología catalana, un catedrático de literatura española y finalmente una catedrática de lengua española de mi mismo departamento. No hay nadie de mi especialidad. Ni creo que ninguno de ellos se haya leído mis publicaciones.
[…] dos aportaciones a dos Congresos Internacionales de Historia de la Lengua Española, máxima reunión de los especialistas y que cuenta con un comité científico, no han merecido ni siquiera un aprobado, pero además, sin ningún criterio, pues uno tiene un 4’5 y otro un 4. Madre de Dios, uno se pasa meses investigando, gasta un buen dinero para asistir a los congresos —hoteles, comidas, etc.— para ni siquiera aprobar. ¿Qué se pretende?, ¿acabar con los congresos?
¿Es que son malas investigaciones?. La comisión lo ignora. Solo sucede que alguien —algún idiota científico, dicho sea en la acepción de Nebrija— ha decidido que los congresos no tienen predicamento científico. (Por cierto, uno de los congresos de Historia de la Lengua fue presidido por Sus Majestades los Reyes). Por lo tanto, suspenso en congresos.
¿Y por qué un artículo publicado en una revista mejicana solo tiene un 5’50?. Lo ignoro, como ignoro por qué no llegan a notable dos capítulos míos en la mejor Historia de la Lengua que existe.
La comisión actúa por parámetros fijados de antemano con unos criterios que nada tienen que ver con los científicos. Y se supone que deben juzgar mi investigación, mi contribución a la ciencia. Pero claro, eso es pedir peras al olmo: ninguno de ellos está capacitado para juzgar mi investigación, simplemente porque no son especialistas en Historia de la Lengua.
Pero permítame que me detenga en los supuestos criterios científicos que hacen que se valore más una u otra investigación. ¿Qué es lo que más cuenta? ¿el interés científico?, ¿la novedad?, ¿que se rellene una laguna existente? No, nada de eso, lo que cuenta para la comisión es si se publica en inglés —¡los de Filología Hispánica!—, y en revistas extranjeras; pero las mejores revistas de la especialidad son españolas, por lo que no tiene ningún sentido. ¿Qué es lo que menos? Los congresos. ¿Por qué? Lo ignoro, cuando —como dije— generalmente en ellos hay un consejo de selección y además es la única investigación que nos cuesta dinero, a veces mucho. Alguien ha copiado parámetros que a lo mejor son positivos para la gente de ciencias o para los generativistas, pero que no tienen entidad en otras especialidades. Parece que alguien ha decidido que lo científico es ‘café para todos’.
Porque resulta sorprendente que si publico un artículo en inglés en una revista de Australia sobre un asunto baladí la comisión seguramente lo valorará con un 7 o con un 9 (no sé si influye el quilometraje), y si publico una investigación importante en la revista de mi Universidad la comisión no la valorará
Pero, es más, la comisión no ha tenido en cuenta el resto de mis investigaciones, que no son pocas, así es que mis demás trabajos no merecen las sesenta centésimas que me faltan para conseguir un mísero seis. Perdone la expresión: tiene narices. […]
¿Así es como ese Ministerio va a fomentar la investigación? […]
Es evidente que pienso recurrir e ir a los tribunales si es necesario, pero he querido que V.E. sepa lo que pienso.”

lunes, junio 30, 2008

Poner en valor

Puede resultar tan apasionante como inquietante rastrear las razones por las que una locución como poner en valor es tan usada Últimamente, sobre todo, por los políticos. No recuerdo en qué sitio he leído que se trata de otra memez de la lengua viva; pero es admirable cómo se ha incorporado al ya de por sí reducido repertorio léxico de uso habitual del común de la gente, y de los políticos, sobre todo. Incluso en algún caso ha pasado a titulares en dos noticias distintas por el mismo hablante notable.
Quizá todo el mundo sepa de la existencia de la expresión francesa mise en valeur, de donde supongo que proviene el préstamo, y que significa algo así como aprovechamiento, revaloración o mejoramiento ("d'une région grâce aux travàux d'aménagement"), como dice mi larousse. Lo que no todo el mundo sabe es que uno de los mejores diccionarios españoles, el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, que tantas veces abreviamos como el Seco, recoge la definición de esa locución verbal ("Hacer que sea más apreciado, resaltando sus cualidades") y utiliza como fuente el extremeño diario Hoy del 27 de septiembre de 1974. Fue en la sección dedicada a Plasencia, a "Noticias de la calle": "La plaza de San Pedro de Alcántara será una de las zonas afectadas por la acción futura de la Dirección General de Bellas Artes en relación con la puesta en valor del recinto amurallado de Plasencia". Una curiosidad.
En el Seco está; pero no en la Academia, que, además, utiliza la expresión en alguna página web. No somos nada.

¡Podemos!

Alemania 0; España 1
¡Viva España!
La Plaza Mayor de Cáceres media hora después de terminar el partido.
(Y casi a la misma hora de la suspensión del último espectáculo del XIX Festival de Teatro Clásico de Cáceres, La devoción de la Cruz, de Calderón, por la compañía Cámara Negra).

domingo, junio 29, 2008

La noche de San Juan

Por poco no ha coincidido la representación de esta obra de Lope con la noche de su título. Para mí, junto a Casa con dos puertas..., de Calderón, en el montaje de Manuel Canseco, ha sido el final de esta XIX edición del Festival de Teatro Clásico de Cáceres, ya que no pude asistir ayer a Los locos de Valencia, otro Lope, de Teatro Corsario, una compañía solvente que celebra los 25 años (hay exposición en San Jorge hasta el 12 de julio), y un montaje muy interesante según algún espectador cualificado. Grata experiencia haber conocido a su director, Fernando Urdiales.
También ha sido una suerte conversar antes y después de La noche de San Juan de la Compañía Nacional de Teatro Clásico —la Joven— con la directora del montaje, Helena Pimenta, y con la autora de la versión, Yolanda Pallín. Estuvieron, junto a Manuel Canseco, Miguel Murillo y Ana Zamora en la mesa redonda que clausuró el curso de verano de la UEX Lecciones de teatro clásico, en donde también pudimos escuchar el análisis de la esta comedia de senectute por parte de José Roso, compañero de departamento.
La propuesta escénica de esta noche es espléndida, y, junto a la excelente ejecución de los actores y la sabiduría en la interpretación de los textos clásicos a que nos tiene acostumbrados Helena Pimenta, han hecho de este espectáculo un delicioso fin de fiesta que hoy podría repetirse en términos futboleros. Por cierto, la música en directo en este montaje es otro atractivo. El desastre lo trajo otra música, la verbenera que el viento traía de alguna fiesta de barrio o cosa parecida. Riesgos del arte al aire libre.

lunes, junio 23, 2008

Lecciones de Teatro Clásico

El curso Lecciones de teatro clásico (I). Texto y representación en el teatro español del Siglo de Oro, que abre el miércoles los IX Cursos de Verano Internacionales, nace vinculado al Festival de Teatro Clásico de Cáceres, que cumple su décimo novena edición. Así, cada día, se cierra con la asistencia a uno de los espectáculos programados:
El miércoles 25, a las 22’00, la conferencia espectáculo. Pantalone, Arlecchino e gli altri. Una storia italiana, con dramaturgia y dirección de Adriano Iurissevich; en la Plaza de San Jorge.
El jueves 26, a las 23’00, representación de Casa con dos puertas, mala es de guardar, de Pedro Calderón de la Barca, bajo la dirección de Manuel Canseco. Versión de J. A. Castro. En el Foro de los Balbos.
El viernes 27, a las 23’00, representación de La noche de San Juan, de Lope de Vega, bajo la dirección de Helena Pimenta, y versión de Yolanda Pallín. En la Plaza de San Jorge.
La asistencia a las sesiones, de mañana y tarde, del curso es libre. No es necesario estar matriculado para asistir como oyente. Al primero de los espectáculos, será por invitación; mientras que los inscritos en el curso tendrán un descuento de un 30 % sobre el precio de la entrada para las dos funciones de jueves y viernes.

Lugar de celebración del curso:
Salón de Actos del Palacio de la Generala.
Cáceres.

Información e Inscripciones
Vicerrectorado de Extensión Universitaria
Secretariado de Actividades Culturales
Tel: 927 257 009
Fax: 927 257 099
www.unex.es/verano
También en:
www.granteatrocc.com

Portugal 2-Alemania 3


A nadie le preocupa que los locutores de la radio y la televisión españolas sepan pronunciar casi perfectamente Schweinsteiger y, por el contrario, demuestren, una y otra vez, que ignoran cómo se dice Simão.

sábado, junio 21, 2008

Lecciones de Teatro Clásico

Este curso, patrocinado por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura y con la colaboración del Consorcio Gran Teatro de Cáceres y del XIX Festival de Teatro Clásico de Cáceres, abre la IX edición de los Cursos de Verano Internacionales de la Universidad de Extremadura en 2008. Desde el miércoles 25 al viernes 27 de junio.
En Lecciones de teatro clásico (I). Texto y representación en el teatro español del Siglo de Oro participarán el primer día: Alberto González Vergel (Director teatral), La puesta en escena de las obras clásicas; José Roso Díaz (Universidad de Extremadura), La noche de San Juan: Máquina de amor y arquitectura perfecta en el ciclo de senectute de Lope de Vega; Felipe B. Pedraza Jiménez (Universidad de Castilla-La Mancha), Lectura sentimental de La vida es sueño; Gregorio Torres Nebrera (Universidad de Extremadura), Propuestas escénicas de El Burlador; cerrándose la primera jornada con una mesa redonda sobre El tratamiento del teatro clásico en la actualidad (I) Compañías, festivales, público. El jueves 26: José Luis Alonso de Santos (Autor teatral), Innovación y teatralidad: la recepción del teatro clásico hoy; Pilar Palomo Vázquez (Universidad Complutense), Tirso y la Historia; Mercedes de los Reyes Peña (Universidad de Sevilla), El lugar teatral en el Siglo de Oro; Miguel Ángel Teijeiro Fuentes (Universidad de Extremadura), Los planteamientos de la comedia del Renacimiento al Barroco; Abraham Madroñal (Instituto de la Lengua Española. C.S.I.C.), Sobre Casa con dos puertas de Calderón y otras adaptaciones de clásicos áureos de Juan A. Castro, y la mesa redonda Situación de los estudios sobre el teatro clásico español. Y el último día, viernes 27: César Oliva (Universidad de Murcia), Ayer y hoy de la puesta en escena de los clásicos en España; Rosa Navarro Durán (Universidad de Barcelona), La dama tracista en las comedias de enredo; Jesús Cañas Murillo (Universidad de Extremadura), Lope de Vega en los orígenes del figurón; Javier Huerta Calvo (Universidad Complutense e Instituto del Teatro de Madrid), La fiesta teatral en el Siglo de Oro: entre lo apolíneo y lo dionisíaco; y la mesa redonda de clausura El tratamiento del teatro clásico en la actualidad (II) Sus intérpretes. Autores, actores, directores, con la participación de los profesionales del teatro Helena Pimenta, Manuel Canseco, Miguel Murillo, Ana Zamora, Yolanda Pallín, Celestino Aranda y Miguel Narros.

Lugar de celebración: Salón de Actos
del Palacio de La Generala, Cáceres.

Información e Inscripciones

Vicerrectorado de Extensión Universitaria
Secretariado de Actividades Culturales
Tel: 927 257 009
Fax: 927 257 099
www.unex.es/verano

miércoles, junio 18, 2008

Retrato de un espejismo

Hace dos años, la Filmoteca de Extremadura y el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura publicaron el primer libro de una colección testimonio de una línea de colaboración en materia editorial entre las dos instituciones, la Consejería de Cultura y Turismo y la Universidad. Abrió el proyecto en 2006 el ensayo de Francisco Javier Tovar Paz Un río de fuego y agua. Lecciones sobre mitología y cine, y ahora se ha publicado Retrato de un espejismo. El cineasta Francisco Camacho, de Francisco Javier Martín Camacho —que no es pariente del protagonista de su estudio. No sólo se trata de una contribución necesaria para ir elaborando una historia sobre todo lo relacionado con el cine en Extremadura, sino que estamos ante una aportación sobre una figura casi desconocida, de la que disponíamos de escasos datos biográficos.
El libro se presenta en la Casa de Cultura de Don Benito, donde nació y murió Francisco Camacho (1887-1967), el viernes día 20 de junio, a las 21’00 horas. Acompañaremos al autor, Francisco Rebollo, director de la Filmoteca de Extremadura, y yo, por el Servicio de Publicaciones, con el apoyo de Manuel Núñez García, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Don Benito.

lunes, junio 16, 2008

Manolo Peláez

Ha muerto Manolo Peláez García (Zafra, 1952). Me ha dado la noticia mi hermano José María, entre sus amigos, y con Eva, la persona más cercana a Manolo y a los suyos en los últimos años. A mi hermano debo el don de haber conocido de cerca a Manolo, y a Mercedes Santos, su mujer, y a Teresa, Carmen, Merceditas, sus hijas. Siento profundamente esta muerte.
He vuelto a leer en mi casa una entrada antigua del blog de mi hermano sobre el padre de Manolo, Don Manuel Peláez Castuera, en cuyos comentarios algo se manifestaba de cómo era Manuel hijo.
Fue un profesor muy querido en un instituto tan público como excelente y singular, el “Suárez de Figueroa” de Zafra, en donde estudiamos muchos de los que luego hemos pregonado cómo debemos lo que hacemos a lo vivido y aprendido en aquellas aulas. Estoy seguro de que los alumnos de Manolo dirán de él lo mismo que yo de algunos de los profesores que le precedieron. Más, seguro. Fue el rostro principal de un colectivo principal, el Colectivo de Izquierdas de Zafra, que logró, nuevamente en la política local, demostrar que la participación ciudadana no es una acción política de arriba abajo, sino de abajo arriba. Fue concejal hasta que la enfermedad le obligó a dejar su actividad municipal y también sus clases. Fue un amigo, una buena persona alegre con un sentido hospitalario vivificante, un conversador gustoso, una persona culta, interesada por lo que hacían los otros... Escribió páginas sobre aspectos de historia local que quedarán como referencias fundamentales. Fue... Siento mucho no corresponder a su calidad humana con mejor prosa, pero hoy no puedo, lo siento.
Ilustro esta entrada con una fotografía de él con Mercedes, su mujer, en Pollença (Mallorca), hace casi siete años, en agosto de 2001. El niño que los mira con curiosidad es mi hijo Pedro; una curiosidad que se convirtió en cariño y admiración después de aquellos días espléndidos en la isla; y que luego han permanecido en él y en su hermana durante todos estos años en los que todos hemos crecido un poco más. Aún no les he dicho —a mis hijos— que Manolo ha muerto. Zafra estará de luto. Mañana le rinde homenaje en el Ayuntamiento en un acto civil que se celebrará a las 11 de la mañana.

domingo, junio 15, 2008

Diálogo

COPA: ¿Y esto es fútbol?
EURO: 4 es más que 1 y 1 es menos que 2.
COPA: Así no pasamos de cuartos.
EURO: Perdona, bonita, pero así sí pasamos, podemos.
COPA: Así sí, sí, claro. Pero sin fútbol.
EURO: ¿Y?
COPA: Eso, ¿y?
EURO: ¿Entonces?
COPA: Entonces, en los atardeceres de verano... Y España que volverá a casa sin pasar de cuartos.
EURO: ¡Tú estás tonta!

domingo, junio 08, 2008

Eugenio Montejo

Hace seis años, en el número 5 de Hablar/ Falar de Poesia, de 2002, publicamos una entrevista de Francisco José Cruz con Eugenio Montejo, que murió el viernes en la ciudad en la que nació en 1938, Caracas. Recuerdo perfectamente la reunión del consejo de redacción de la revista en la que Francisco José Cruz —el director de Palimpsesto, de Carmona (Sevilla), poeta y, sobre todo, una persona excepcional— propuso aportar para el número en preparación una entrevista con el poeta venezolano. De vez en cuando, ocurrían estas cosas en aquellas reuniones. De pronto, alguien dejaba caer una entrevista con un poeta de tanta importancia o un inédito de José Ángel Valente, o de Pessoa... Conocía muy poco de Montejo, pero aquello de Francisco J. Cruz me indujo a leer lo que se había publicado más accesible. Al poco tiempo apareció en Pre-Textos Papiros amorosos.
Aquel número de Hablar/Falar de Poesia quedó bastante redondo. Llevó también el homenaje a otro grande, a Manuel Hermínio Monteiro, que tanto hizo por la poesía en Portugal, y en España, y a quien tanto debió aquel proyecto complejo que fue este periódico de revistas poéticas hecho desde Extremadura. Es curioso: leo hoy la necrológica de Montejo en El País firmada por otro querido escritor, Javier Rodríguez Marcos, que publicaba en aquel número de Hablar/Falar de Poesia tres espléndidos poemas de su espléndido libro Frágil, que apareció aquel mismo año, 2002.
A Eugenio Montejo le interesó mucho, y la practicó, la literatura heteronímica (El cuaderno de Blas Coll), y de ello habló en aquella entrevista, en la que contaba que había vivido siete años en Lisboa y se refería a su conocimiento temprano de Pessoa. Fue amigo de António Ramos Rosa y de José Bento, y conoció a dos autores cercanos a Extremadura ya fallecidos: Fernando Assis Pacheco y Al Berto. Aquella conversación se cerró con la alusión a una pregunta que le hicieron a Octavio Paz sobre qué heterónimo pessoano prefería. El poeta mexicano respondió sin titubear:
—Alberto Caeiro.
Y alguien insistió en el porqué:
—Porque no lo comprendo.

sábado, junio 07, 2008

De libros

Este espacio, literariamente, es tan real como un libro; sin embargo, no comparte con la realidad ciertos imperativos que se traducen en modos y plazos. Que se lo digan, si no, a un amigo a quien estoy dejando mal por demorarme en la revisión de un trabajo compartido —en mi beneficio. O que se lo digan a un colega a quien he pedido una prórroga para la entrega de dos docenas de millar de caracteres. Me gusta la libertad de este espacio porque no siento, cuando se trata de un apunte de lectura, la imposición del tiempo. Y, eso espero, ningún reproche de nadie que me diga que no he hablado aquí de un libro enviado.
Me gusta hablar aquí de lo que leo. Leo lo que puedo, con la debida atención; que es la mejor manera de respetar a quien ha escrito. Escribo sobre lo que leo cuando puedo. Y si no escribo no es sólo por silenciar mi disgusto por lo que he leído, sino porque no tengo tiempo. Y escribo sobre lo que leo cuando quiero.
Es que estoy convencido de que la mejor reseña de un libro que fue novedad en 1999 está por aparecer; y de que la felicidad no está en el término de ninguna carrera de este mundo, como lo de aquel mísero jaco de La Regenta.
Sobre mi mesa hay unos cuantos libros sobre los que me gustaría decir algo, libros de poemas, ensayos, algunas novelas..., materia más que suficiente para mantenerse en este ejercicio placentero de escribir sobre lo escrito. Están tres narraciones tan distintas como el Cortejo de sombras, de Julián Ríos, La soledad de las vocales, de José María Pérez Álvarez y la nueva edición —que es como otro libro nuevo— del inconmensurable Campo de amapolas blancas de Gonzalo Hidalgo Bayal. Un triple regalo enriquecido por la diversidad de sus propuestas. Están también los libros de poemas de Alex Chico, La tristeza del eco, de José Antonio Llera, El monólogo de Homero, o de Pureza Canelo, Dulce nadie, entre otros, como la Poesía 1995-2005, de Antonio Méndez Rubio, Todo en el aire; que también suponen una travesía gustosa por lugares distintos. Y estoy con un libro de más de cuatrocientas páginas, que, ya que ando en lo diverso, es suma de todo, y es varios libros a la vez. Es, también, para mí causa de un temor sobre nuestra salud cultural, ya que me preocupa mucho que una obra con la hondura literaria de ésta no haya tenido más eco por estos pagos y otros. Se trata de Razón de mudo (Aprender a esperar), de Agustín Villar. Vamos, lo dicho.

miércoles, junio 04, 2008

El diccionario islandés en España

El día del más reciente cumpleaños de mi hermano José María difundí aquí la publicación del primer Diccionario Español-Islandés (Ordabok Spænsk-Íslensk) alentado desde hace años, impulsado y realizado, en colaboración con otros especialistas, por Margrét Jónsdóttir, una amiga, profesora islandesa de español, a quien se debe lo mejor de la difusión de España en aquel país.
Este viernes, 6 de junio, en el Aula Salinas de la Universidad de Salamanca, se presenta esta obra cuya publicación es todo un acontecimiento en la relación entre ambos países, y, sentimentalmente, es una prueba material y científica de los lazos entre Extremadura y Reykjiavík. Prueba de ello será la presencia en Salamanca de otra querida mujer, Mª Carmen Rodríguez del Río, profesora de lengua y literatura españolas y concejala de Cultura del Ayuntamiento de Zafra; pero cuyo título principal aquí es el de madre española de Margrét. Así es.


Pongo aquí, con la calidad de imagen recibida, la invitación al acto —al que, y mucho lo lamento, no puedo asistir.