Compré esta novela de Enrique Andrés Ruiz hace unas semanas en Bilbao, en la librería Binario, muy cerca del Guggenheim, en la calle Iparaguirre. Ha sido una de mis lecturas de vacaciones, que ya terminé en Cáceres. Sí, el personaje del título es el profesor en Columbia e historiador de la literatura Ángel del Río (1901-1962), el autor de aquel manual de Historia de la literatura española (1948) que consultábamos como uno de los principales, en su edición ya, en mi caso, de los dos tomitos de Bruguera, de la colección Libro Amigo, de 1985. Confieso que fue un gancho para llevarme la novela. El otro atractivo fue su autor, Enrique Andrés Ruiz, cuya solvencia literaria conozco y valoro desde que los hermanos Julián y Javier Rodríguez me recomendaran la lectura de su excelente libro de poemas Más valer (Pre-Textos, 1994). Poco después, Javier publicó una reseña en el primer número de la revista que dirigió su hermano Julián, La ronda de noche (1995), que ahora contemplo como un testimonio de nuestras lecturas de aquellos años. El subtítulo de Mister Ángel del Río es Novela de los nombres, y es claramente definidor de esta propuesta literaria de Enrique Andrés Ruiz de hurgar en los nombres «en busca del mecanismo que activa el sueño de la identidad» (pág. 187) y convertir —o, al menos, intentarlo— la novela en el relato de lo que la vida no da, en insuflar nueva vida a lo que fueron nombres y sucesos comprobables. A propósito de tan sugerente trasiego entre la realidad y la ficción, y ya que la novela de Enrique Andrés Ruiz trata también la relación entre Ángel del Río y Federico García Lorca —ayer se cumplieron 90 años desde que lo mataron— y el paso de este (págs. 154-158) por la cabaña que alquilaban Ángel y Amelia Agostini en Shandaken —en el estado de Nueva York— y la relación con los niños del granjero Hogan, Stanton y Mary —con los que aparecen en la fotografía de cubierta de esta novela—, me pregunté si habría algo en estas páginas de lo que Ángel del Río escribió sobre lo que el poeta granadino contaba de su poema «Niña ahogada en el pozo», inspirado en aquello de que «un día la pequeña Mary se cayó a un pozo y la sacaron ahogada. No está bien que yo diga aquí el profundo dolor, la desesperación auténtica que yo tuve aquel día» —de la conferencia-recital que Lorca dio a su vuelta sobre Poeta en Nueva York. Ángel del Río escribiría luego: «Lo de la muerte es pura fantasía». Enrique Andrés Ruiz resuelve esto de un modo más literario y coherente con la intención de su novela: «Ángel decía que los versos de Federico emergían al mundo real, pero hasta encontrar su estado definitivo sufrían una especie de fermentación en la oscuridad imaginaria, una cura a veces larga en la que crecían lo mismo que las raíces invisibles y desde la que regresaban a la luz transfigurados por la memoria y los sueños» (pág. 157). Lo que quiero poner de manifiesto con este excurso algo prolijo es esa manera de escribir sobre hechos documentales de una realidad histórica y de unos nombres que está en el afán del autor de Mister Ángel del Río, que quiere escribir «como si transcribiera […] para rescatar lo que, a pesar de todas las palabras ya escritas por quienes saben, ha quedado en silencio» (pág. 21). Para esto, Enrique Andrés Ruiz incorpora a su texto el relato del proceso de escritura, de modo que la especulación sobre el sentido y los límites de lo escrito constituirá un nivel narrativo paralelo de la novela, como lo confirman los trozos que van interpolándose en el relato principal (págs. 21, 23, 68, 143, 169, 187, 213...) sobre la figura de Ángel del Río y su periplo intelectual y humano. En ese recorrido hay muchos nombres notables, históricos, que se enumeran en el capítulo 58, entre los que están Federico García Lorca, Marilyn Monroe, Pancho Villa, Lenin, Ernest Hemingway, Antonio Machado, Juan Gris, Frida Kahlo, Troski... (págs. 323-324); pero también hay otros, como Santiago Muñoz Vila, «uno de mis amigos más antiguos» (pág. 24), que representa al personaje necesario que entablará con el narrador el diálogo reflexivo que da significado a su idea de novela. Una novela de alto valor literario, abiertamente subjetiva por la implicación del autor en el objeto del relato —familiar de Ángel del Río, conterráneo de Soria...— y muy evocadora, que logra su finalidad de dar realidad a lo que parece inerte (pág. 22). Enrique Andrés Ruiz, Mister Ángel del Río. Novela de los nombres. Cáceres, Editorial Periférica, 2026, 330 págs.
miércoles, agosto 19, 2026
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