domingo, mayo 12, 2019

La corbata negra de Rubalcaba


Me conmovió ayer leer las noticias, las crónicas y semblanzas de Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien me habría gustado conocer. De la fotografía de Claudio Álvarez que publicó El País, con Rubalcaba consolando a los padres del guardia civil de 24 años Raúl Centeno Bayón, asesinado por ETA en Capbreton (Francia) en diciembre de 2007, me llamó la atención la corbata negra del que fue Ministro del Interior (2006-2011). Es un distintivo, sí, que todavía —cada vez menos— se usa para exteriorizar una condolencia; pero fue, en el protocolo político, muy común en los más atroces años del terrorismo de ETA. Imagino aquella corbata negra de Rubalcaba preparada siempre para la emergencia de un funeral. Puesta ahí, todos los días, para cuando fuese fatalmente necesaria. Y de tantos otros ministros, presidentes de gobierno o de comunidades autónomas que sentían por su cargo los asesinatos. Así eran las cosas hasta que su dedicación propició la paz de la que hoy gozamos. Me acordé ayer de otra corbata negra, la de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuando, recién llegado a la presidencia de la Junta de Extremadura, acudió al funeral de un policía nacional extremeño que ETA mató en septiembre de 1983 —lo cuenta en sus memorias Rompiendo cristales. Treinta años de vida política (Barcelona, Planeta, 2008), y lo recuerdo de su voz en una improvisada tertulia hace años—, y cómo se quedó solo y tuvo que volar para volver a Extremadura desde Vitoria hasta Talavera la Real en el avión Hércules que llevaba el cadáver del policía extremeño Pablo Sánchez César, también de 24 años, rodeado de coronas de flores que desprendían un olor espeso que supongo Ibarra no habrá olvidado desde aquel tiempo de insensatez. En estos días Alfredo Pérez Rubalcaba ha convocado a muchas corbatas negras que han acudido a sus exequias; y supongo que ha muerto muy orgulloso de haber arrumbado la suya en el fondo de cualquier armario.
© Fotografía de Claudio Álvarez (detalle).

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