viernes, julio 11, 2014

Emilio Gañán


El miércoles fui con otra disposición de ánimo. Resulta que la Sala de Arte El Brocense de Cáceres cae enfrente de la consulta de mi dentista, y en lugar de esperar ahí hojeando revistas del corazón o boletines del ramo odontológico, estuve disfrutando de la exposición Seguro azar, de Emilio Gañán (Plasencia, 1971), que lleva casi un mes en ese espacio privilegiado que tenemos en el centro más transitado de Cáceres. No sé cuántos visitantes habrán pasado por allí; pero me da la sensación de que sus cifras no se corresponden con el intenso tránsito que todos los días tiene la calle San Antón y con la facilidad de acceso para un viandante que, insisto, creo que pasa diariamente de largo. Quizá sea otro de esos valiosos espacios de cultura que no sabemos apreciar. El caso es que disfruté un buen rato contemplando yo solo la colección distribuida en las dos plantas de la sala. Es probable que haya sido la ocasión en la que he visto más obra junta de la abstracción geométrica de Emilio Gañán. Desconozco qué grado de relación consciente hay entre el título de la exposición y el del libro de Pedro Salinas, Seguro azar (1929); pero yo encuentro un impulso análogo entre el conocido poema «Vocación» de ese libro, con su propuesta de buscar —cerrar los ojos— otra realidad, la que no se ve, la que no está acabada; y la invitación de Emilio Gañán para encontrar esa realidad en el simbolismo geométrico de sus piezas. En el interesante diálogo («Desde la armonía de las formas a la música de la geometría») que el artista mantiene con la profesora Mª del Mar Lozano Bartolozzi en el texto que abre el modesto catálogo de la exposición, dice Gañán que siempre ha tenido dificultades con el color. Sería la luminosidad de la sala a esa hora o aquel plácido aislamiento; pero allí no se apreciaba ninguna dificultad, sino una armonía notable. Otra sensación fue la de profundidad, casi en el mismo sentido del Seguro azar saliniano con el que uno rehace la composición de una realidad en dimensión distinta. No tuve que cerrar los ojos para ver —enfrente, desde la planta de arriba— el sillón de mi dentista. Esperándome. Con otra disposición de ánimo.

jueves, julio 10, 2014

Garcilaso de la Vega y Russell P. Sebold


Este es el libro que Russell P. Sebold no llegó a ver publicado. Aludí a él —por la penosa circunstancia de que su autor no iba a recibir ya ningún ejemplar— en la necrología que apareció en ABC el sábado 12 de abril de 2014: «Hasta sus últimos días estuvo trabajando, y muy encima de su último proyecto que, lamentablemente, no podrá ver publicado: su libro Garcilaso de la Vega en su entorno poético, que editará la Universidad de Salamanca en las próximas semanas». Ya ha aparecido. Y debo mi ejemplar a José Antonio Sánchez Paso, editor en Ediciones Universidad de Salamanca, desde donde mantuvo un contacto muy directo en los últimos meses de su vida con nuestro querido profesor, que decidió dedicarle el libro: «A José Antonio Sánchez Paso, fiel amigo, incomparable editor». No en vano han estado trabajando juntos —Sebold y Sánchez Paso, de autor a editor— durante más de quince años en la confección de cinco libros con este: La perduración de la modalidad clásica. Poesía y prosa españolas de los siglos XVII a XIX (2001), La novela romántica en España. Entre libro de caballerías y novela moderna (2002), Ensayos de meditación y crítica literaria (2004), Concurso y consorcio: letras ilustradas, letras románticas (2010) y este Garcilaso de la Vega en su entorno poético (2014) cuyo halo sentimental tiene fecha e imagen. La fecha es la del 9 de octubre de 2013, cuando Bud Sebold escribe a José Antonio Sánchez Paso: «Tengo 85 años y mi salud es frágil. Sin embargo, me hace mucha ilusión ver este pequeño libro mío impreso y encuadernado, en fin, publicado, antes de despedirme de este planeta. Esa ilusión, las flores primaverales y la nueva sensibilidad de Garcilaso a la naturaleza seguramente me sostendrán hasta esa fecha, sea cuando sea». Quien recibió estas letras, después del fallecimiento de Russell P. Sebold, me escribió sobre esa frase: «No la olvidaré en mi vida». La imagen y su clave se las debo también a Sánchez Paso, que me hizo ver el parecido del retrato de Garcilaso con una de las fotos más difundidas del erudito y simpático profesor. Con la intención de sugerir ese parentesco, su editor y amigo quiso homenajearle coloreando ese dibujo de José Maea y grabado de Bartolomé Vázquez de 1791. Todo un guiño.
Leyendo este libro —releyendo algunas de sus páginas— revivo muchos otros lugares de la vasta bibliografía del profesor Sebold, muy consecuente siempre con sus ideas, y lógicamente insistente en sus afirmaciones sobre el dolor romántico, o el neoclasicismo, que también caben en sus ensayos sobre Garcilaso y su entorno. Este apreciado ensayo incluye cinco trabajos publicados en diferentes lugares —esas separatas de Salina que nos enviaba de vez en cuando— y uno inédito: «La depresión del poeta Juan Boscán», «Las dulces prendas de Garcilaso: Guiomar, Elena y Beatriz (aunque una de ellas acaso no lo fuera demasiado)», «De cómo se adelanta Garcilaso de la Vega a la sensibilidad moderna» —el que no se había publicado antes—, «La dulzura de Garcilaso y sus imitadores», «Hernando de Acuña: su poética y su sabrosa historia del alma» y «Francisco de Aldana: su lucha ante la risa de su llanto». Le habría gustado mucho verlo. Y espero que en otro lugar pueda hablar del contenido de este ameno libro que hoy ha sido presentado en Salamanca, con la intervención del director de Ediciones Universidad de Salamanca, Eduardo Azofra, y el Vicerrector de Investigación y Transferencia, Juan Manuel Corchado.

De un diario apócrifo


© Giovanni Vida da Tivoli, «Proyecto de fuente», 1575. BNE
Lunes. D'in su la vetta della torre antica, / passero solitario (Leopardi). El cerezo ha florecido. Perdí a mi padre, mi madre vive. Estar enfermo me pone malo.

sábado, julio 05, 2014

Lo que dejó la lluvia en Zafra


© Foto de J.J. Salado
El jueves estuve en Zafra en un acto íntimamente memorable. La presentación y lectura del libro de poemas de José Antonio Zambrano Lo que dejó la lluvia (Madrid, Calambur Editorial, 2014). Ha salido aquí más veces, desde su también zafreña primera presentación cuando aún estaba inédito, hasta una ocasión fallida en Cáceres. El acto, organizado por el Seminario Humanístico de Zafra, tuvo lugar en la capilla del Parador de Turismo, y participaron en él José Mª Lama como moderador, los poetas y profesores Luciano Feria y Benito Estrella, y el autor, José Antonio Zambrano, que leyó varios poemas de su obra. Como suele ocurrir en Zafra, fue una nueva prueba del cariño y el rigor con el que algunos ciudadanos tratan allí los actos culturales y del interés y respeto con el que se reciben —por un público estimable en número, aunque no el acostumbrado que llena las salas. Mi hermano dio la bienvenida, presentó a los intervinientes, mostró en pantalla cada una de las cubiertas de los libros —veinte— de José Antonio Zambrano mientras los reseñaba con alguna nota breve, explicó el protocolo del acto y lo puso en suerte para que aquello llegase a ser un homenaje a la poesía y una invitación amable a su lectura. Gracias a la lección de maestro que dio Luciano Feria, que se fijó en tres palabras del libro de Zambrano: alrededores, verde y desafío. Construyó una brillante lectura de la esencialidad y trascendencia de la palabra poética del poeta amigo. En primera fila, una joven rubia evocaba escuchando a Luciano sus clases en el instituto... Y gracias también a Benito Estrella, que mostró a la sala su amistad irrestricta —dijo que duraba lo mismo que el reinado de Juan Carlos I; pero que él no estaba dispuesto a abdicar— con José Antonio, y que leyó lo que había escrito en su blog: «Un libro más de Zambrano […] no es un libro más de Zambrano. Es el mismo libro, cada vez más hondo y transparente, más acendrado y riguroso, más preciso y descarnado, más decantado y amigable.» «—¡Cómo no me va a gustar venir a Zafra!», dijo un Zambrano agradecido a un público también agradecido por haber sido regalado con un acto «de lujo», como calificó más de uno aquello de la otra noche.

martes, julio 01, 2014

Primer día de julio


He tenido examen a las ocho de la mañana. Aula 20. Si el año pasado por estas fechas había alumnos que sufrían ahogos por la tensión y la temperatura, y otros que se situaban en la bancada al lado de un enchufe de la pared —para conectar un ventilador—, este, en el que precisamente se ha cambiado todo el horario para evitar las horas de más calor, ha habido alumnas con tirantas que se han quejado del frío en las aulas. Me consta. En mi aula no. Bueno, sí. Además, he de decir que me alegro de tener que examinar a alumnos ajenos, de promociones lejanas, heredados de otro profesor que los tuvo y sostuvo, para que ahora —de eso me alegro— sea yo el responsable último de que se licencien. No es lo mismo —o sí— estampar en un acta un aprobado o un notable que hacerlo cuando sabes que eso significa un título —una vez que se paguen las tasas. Ay, el Espacio Europeo de Educación Superior... Estocolmo a las cuatro de la tarde un día de mediados de julio y Cáceres a la misma hora en el mismo tiempo. Por cierto, en el mismo tiempo en que todos han terminado sus exámenes y tribunales. Pregunto fuera de España y mis colegas llevan ya dedicados a su formación en el extranjero —España— varias semanas. Pregunto en España y en casi todas las universidades han terminado con sus obligaciones docentes y andan en cursos y seminarios. Pregunto aquí y alguno cercano de mi calle me dice que desde cuándo no tenemos ya tres meses de vacaciones. Pobre, no tiene luces. Hasta el 18 de julio —de violenta e infeliz memoria— tenemos que demostrar que somos  cumplidores. Solo algunos; pues los que no cumplen y son excelentes ya pueden tomarse vacaciones. Con razón, pues dicen los jefes que pueden tomarlas. Aquí la excelencia se mide por el número de cursillos de formación, las comisiones de calidad a las que uno pertenece y un calendario que nos dignifique. O lo que es lo mismo, empezar las clases antes que los niños de Educación Primaria. ¡Ay!

domingo, junio 29, 2014

Escuchar la sombra


Comenzó Olvido con la lectura del único poema propio que leyó. Fue uno de los primeros textos de Lo solo del animal (Tusquets Editores, 2012), que antes había sido publicado en el número extraordinario de la revista Espacio/Espaço Escrito (noviembre de 2009) en memoria de Ángel Campos Pámpano, a quien va dedicado el poema de Olvido, que habló en su introducción de Ángel y de nuestro encuentro hace ya años en Trujillo por la revista de revistas Hablar/Falar de Poesía. Olvido García Valdés —que estuvo acompañada por el profesor y poeta Fernando Abascal, que la presentó— nos cautivó el jueves 26 con su conferencia-recital «Escuchar la sombra. La raíz polifónica de la poesía contemporánea en español», dicha en el exigente Festival Internacional Ciudad de Trujillo, parte de cuyo público más fiel acudió a escucharla en el salón de actos del convento de la Coria. Estuvo brillante y con una extraordinaria capacidad de transmitir la magia de la palabra poética, capaz de escuchar la sombra, de instalarse en lo que no es comunicable. No es fácil saber explicar las claves esenciales de algunas poéticas contemporáneas y al tiempo saber decir la palabra ajena como si fuese propia. El jueves, las palabras ajenas fueron, ni más ni menos, de Juan Ramón Jiménez y su impresionante poema Espacio (1954), «una experiencia límite en un lenguaje límite» —dijo Olvido—; del poeta místico argentino Héctor Viel Temperley y su Hospital británico (1997) —algunos de cuyos versos arrancaron un aplauso desde la primera fila—; de Pedro Provencio y su libro Onda expansiva (2012); y de Julia Castillo y su Febrero (2008); entre otras, como las de un poema del venezolano Juan Sánchez Peláez (1922-2003), de Aire sobre el aire. Fue un memorable recorrido por parte de la mejor poesía en español de la segunda mitad del siglo XX y de los años que llevamos del XXI; y un verdadero lujo disfrutar de la palabra de una escritora como Olvido García Valdés en una noche templada llena de poesía y de amistad.

jueves, junio 26, 2014

Pessoa en España


El viernes pasado, primero del reinado de Felipe VI, pude ver en Madrid la exposición Fernando Pessoa en España que se inauguró en la Biblioteca Nacional el 13 de este mes y que estará abierta hasta el 24 de agosto, después de haber sido montada en Lisboa. Me ha gustado, por bien pensada y por cercana. Y cercana no solo por la proximidad geográfica de Portugal, sino porque uno de los comisarios, además del profesor colombiano Jerónimo Pizarro, es Antonio Sáez Delgado, y porque una buena parte de las noticias y los materiales bibliográficos son para mí conocidos, gracias, de nuevo, a amigos como Antonio Sáez u otros que ya no están como Ángel Campos Pámpano. Lo primero que uno encuentra al entrar en la Sala Hipóstila de la Nacional —en su pequeño formato—, una vez pasada la introducción con el primer texto rotulado y la reproducción del cuadro dedicado a Pessoa de Almada Negreiros, es el retrato antiguo, de Adolfo Rodríguez Castañé, que es el comienzo cronológico —1912— de una lectura lineal que llega hasta nuestros días, hasta novedades editoriales que no hace mucho han quedado reseñadas en este blog. Es estupendo que lo que uno conoce por los libros se le presente a los ojos de una manera tan atractiva. Así las cartas de Mário de Sá-Carneiro y de Pessoa a Unamuno, o la figura del mirobrigense Iván de Nogales —1915, es decir, uno de los primeros españoles de Pessoa—; así las hojas mecanoscritas con los textos leídos recientemente en la admirable edición de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. A todo habría que añadir el catálogo de esta exposición Fernando Pessoa en España (Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte-Biblioteca Nacional de España, 2014), que se abre con una presentación de los dos comisarios —un tándem de lujo para difundir la figura de Pessoa— y que incluye ensayos de ambos, de Antonio Sáez Delgado sobre «Fernando Pessoa en España: una visión panorámica», y de Jerónimo Pizarro sobre «Pessoa ibérico y futuro»; en el que también hay un esclarecedor trabajo de Pablo Javier Pérez López en torno al singular Iván de Nogales, otro de Manuela Parreira da Silva sobre Pessoa y los ultraístas españoles, y un estado de la cuestión del Libro do Desassossego desde que vio la luz en 1982, y luego en español dos años después gracias a Ángel Crespo, hasta las traducciones españolas de Perfecto Cuadrado o Manuel Moya, en un recuento firmado por Diego Giménez, de la Universidad de Barcelona. Está claro que va más allá de un mero catálogo de lo expuesto esta pieza exquisita de la bibliografía pessoana. Uma leitura útil.

miércoles, junio 25, 2014

Olvido García Valdés en Trujillo

© Alonso y Marful


jueves, junio 19, 2014

Noche oscura ¡ahora!


Mientras España perdía anoche por dos goles a cero en Maracaná, una treintena de personas asistíamos en el Gran Teatro de Cáceres a la función de la obra Noche oscura ¡ahora!, una «cita a ciegas con San Juan de la Cruz». Un montaje dirigido por Agustín Iglesias (Teatro Guirigai) con dramaturgia de él y del poeta José Manuel Martín Portales —que acaba de publicar su libro Patio interior (Pre-Textos) como Premio Gabriel Celaya—, y con la interpretación de Magda Gª-Arenal y Mario Benítez. «En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura!, / salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada.» «Para que yo alcance diese / a aqueste lance divino, / tanto volar me convino, / que de vista me perdiese; / y con todo, en este trance, / en el vuelo quedé falto; / mas el amor fue tan alto, / que le di a la caza alcance.» «¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche! / Aquella eterna fonte está escondida, / qué bien sé yo do tiene su manida, / aunque es de noche.» Podría seguir copiando aquí los versos sublimes de San Juan de la Cruz hasta agotarlos. Sería una manera de transcribir y transmitir la primera parte de este interesante espectáculo contemporáneo —a partir de un texto clásico— que crea una atmósfera de mucha fuerza con los versos de Juan de Yepes, con la convicción en la palabra como un asidero para alguna forma de supervivencia. Solo con esos minutos de lograda plasticidad escénica, en los que los dos actores —Ella y Él— nacen desde la oscuridad y llegan a la luz, se sostiene esta propuesta. Una suerte de segunda parte es la que contiene la inevitable lectura de nuestro propio tiempo y su convulsión, en la que Ella y Él serán Catalina (Álvarez) y Gonzalo (Yepes) —y aquí, en la buena interpretación de los actores, aprecio también una diferencia a favor de la primera parte— en un escenario ahora marcado por elementos actuales como una maleta o como la palabra de San Juan convertida en un grafiti o en una pancarta de una movilización («Por aquí no hay camino»). No se oculta —al contrario— en esta propuesta un mensaje que soliviante; pero se impone la invitación a esta experiencia del verbo poético con una eficaz y atractiva experiencia teatral. Ayer sonaron raros los sentidos aplausos en una sala vacía, sí; pero, al menos, fuimos los únicos anoche que aplaudimos. Luminosa noche para unos pocos y oscura para muchos.

martes, junio 17, 2014

Julián Marías


Hoy se celebra el centenario del nacimiento del filósofo y académico Julián Marías (1914-2005). La prensa trae noticias y semblanzas; pero yo lo he recordado con afecto intelectual por otro centenario, el de la muerte de Carlos III. Allá por febrero del 88 compré este libro, La España posible en tiempo de Carlos III (Barcelona, Planeta, 1988), nueva edición de la obra que se había publicado en 1963, que me ha acompañado en muchas ocasiones a vueltas con el estudio del siglo XVIII; bien haya sido en primeras aproximaciones a la idea ilustrada, o bien en más específicas lecturas sobre figuras como Juan Pablo Forner o José de Cadalso, que de todo esto hay buena representación interpretativa en los trabajos que se incluyen en este conjunto de ensayos. Un libro este que en su momento volvió a recordarnos que España nunca había articulado tan bien como en el siglo XVIII el impulso ilustrado hacia lo culto y lo europeo, nunca había tenido tanta vocación de superar el aislamiento. «El conocimiento de esta época es condición inexcusable para tomar posesión de la nuestra y proyectarnos inteligentemente hacia el futuro» (pág. 7). Un recuerdo.

lunes, junio 16, 2014

viernes, junio 13, 2014

Ángel Pontones, II Premio de Microrrelatos 'Manuel J. Peláez'


Hace ya días que el jurado del «II Premio de Microrrelatos Manuel J. Peláez», presidido por María del Carmen Rodríguez del Río, decidió que el mejor relato entre los más de mil quinientos enviados era «Reconocimiento», un texto de Ángel Pontones Moreno, de Valencia, que no es ningún principiante, pues cuenta ya con el premio semanal «Relatos en cadena» que convocan la Cadena SER y la Escuela de Escritores (2013) y el premio «Fabryahora» (2014). Estará en Zafra este domingo 15 de junio para recoger su galardón, en un acto que se celebrará en el Hotel Huerta Honda a las 13:00 horas, y en el que también será presentada la segunda antología de microrrelatos de este concurso, organizado por el Colectivo Manuel J. Peláez, con los cincuenta mejores textos de esta edición.

jueves, junio 12, 2014

Okupando clásicos


Me llamó la atención leer en El Cultural el viernes pasado, 6 de junio, el titular «Okupando clásicos» que encabezaba el reportaje sin firma sobre los festivales teatrales de la España veraniega, desde el de Cáceres —menos mal que de este solo se reseñaba el teatro— hasta el de Chinchilla —no se mencionaba el Festival de Alcántara. La apropiación del título de la obra de Isidro Timón habría sido indebida si no se notase tanto que al redactor de la noticia le gustó el hallazgo, ya que mencionó la obra y eligió como foto para ilustrar la cabecera del artículo una fotografía del montaje en la que aparece el actor Javier Uriarte en su papel de Alberto, un estudiante de teatro que, junto a su amiga y compañera de estudios Mayca, se cuela en un teatro abandonado en el que conocen a su único habitante, un antiguo acomodador con quien reviven la magia de los textos clásicos. Es una sinopsis de la obra que anoche se representó en el Gran Teatro de Cáceres ante un público compuesto en su mayoría por familiares, amigos y conocidos de Isidro Timón; o lo que es lo mismo, significado y notable. Okupando clásicos es una prueba de amor y vocación por los grandes textos teatrales. Y digo textos porque son los textos —trozos escogidos de La vida es sueño, El vergonzoso en palacio, El castigo sin venganza, El avaro, Hamlet...— los protagonistas de esta pieza en la que sus ejecutantes no tienen más medios que los restos del vestuario marchito de un teatro decrépito. Con ellos, el trabajo más que notable de unos actores que saben comunicar el espíritu de un autor que siente el teatro de la manera que lo siente Isidro Timón, con la fascinación del primer día de quien se sigue admirando por una forma mágica de poner la palabra en escena; y con la necesidad de transmitirlo para educar su gusto. Y es que Okupando clásicos es también una propuesta pedagógica; y yo me la imagino como una eficaz introducción a cualquier muestra de teatro clásico. O sea, una loa, una pieza breve —no dura más de una hora— que sirve de preludio para preparar al público para el espectáculo. Y bien que lo prepara con este montaje de «ZTeatro» bajo la dirección del citado Javier Uriarte y, con su interpretación, la excelente de una actriz como Raquel Torres y la de un Juan Carlos Tirado muy sólido y experimentado, a quien sigo desde sus trabajos vinculados en «Taptc? Teatro» con La Luna de Mérida y Juan Copete, por poner dos ejemplos. Vuelvo sobre lo dicho: Okupando clásicos, una loa atrayente.

martes, junio 10, 2014

Nuno Júdice en Cáceres


Hace poco más de un mes recibimos la estupenda noticia de la concesión del Premio Eduardo Lourenço al profesor, poeta, traductor y director de la revista Suroeste Antonio Sáez Delgado, por su contribución al conocimiento de la cultura portuguesa y la cooperación ibérica. Ayer mismo escuché el espléndido programa especial que desde la Raya realizó Àngels Barceló con su equipo de Hora 25.  Ya hace meses que supimos que el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana había recaído en el gran poeta portugués Nuno Júdice, sobre el que escribió precisamente Antonio Sáez un texto, «El sencillo verso de lo grave», que se puede leer aquí. Aquellos y estos días allegan noticias estupendas sobre Portugal, que celebra hoy 10 de junio su fiesta. En Extremadura también. Y en Cáceres, en donde se presenta esta tarde —a las 19:30— la edición española de Navegación sin rumbo, de Nuno Júdice (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2014), de cuya traducción ha sido responsable el poeta y diplomático Luis María Marina. Esta tarde en «Los siete jardines», un lugar ameno en el centro histórico de Cáceres. Todo un acontecimiento cultural que mira hacia el oeste.

sábado, junio 07, 2014

Cantos : & : ucronías

Conoce bien el poeta Juan Carlos Mestre a Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, y dice por eso en uno de los textos de la solapa que viste esta edición que representa una «poética imprescindible en tiempos de desamparo». Sobre todo en este libro, Cantos : & : ucronías (Madrid, Calambur Editorial, 2013), que es una sorprendente y sugerente propuesta cimentada en un ejercicio combinatorio de palabra, signo y símbolo, cercano unas veces al ideograma en el nivel paratextual del título, como en el logrado « ∩∩∩∩ [recóndito valle]» (las comillas son mías); otras, simplemente, en la creación de un alfabeto personal en el que cabe establecer algunas identificaciones o correspondencias. Así, «&» siempre es la conjunción «y», mientras que la flecha hacia la derecha vale por unas comillas que abren y la flecha hacia la izquierda por unas comillas que cierran. [No logro que este soporte me deje reproducir los signos que quiero] Así los signos de pausa «:» y «n». Una intención compendiada en el poema 9 de la segunda parte, en el que se lee que « —»»... Un idioma no son solo palabras  también son seres que alguna vez hablaron & también son los ruidos que interpretó el silencio de sus pensamientos: […] —»»... Quizá n nunca conozca el verdadero idioma bajo el que deseo recibir el amparo de mi existencia porque quizá todo sea lo que Presiento signos que pueden llegar a arrojarnos fuera de sus ficticios límites & hacernos morir como murieron los alfabetos ya indescifrables etime de tantas & tantas palabras predestinadamente rotas:» Cantos : & : ucronías es el quinto libro de poemas de Miguel Ángel Muñoz Sanjuán y quizá sea el más ambicioso por el momento; y no precisamente por su aspecto formal y su codificación en dos partes o ciclos —«: Ciclo cóncavo :», de cuarenta y cinco textos, y «: Ciclo convexo :», de veintiuno—; sino por una poética que ahonda más y nuevamente en el sentido del decir poético y de la creación, de la literatura en un tiempo como el presente. Se me antoja que los dos ciclos están invertidos, que el cóncavo mira hacia el exterior, hacia un hombre genérico, hacia «yo eres, tú soy»; mientras que el convexo mira hacia el interior, lo autorreferencial, la palabra, hacia los límites de lo poético: «—»»... Poesía: lugar por habitar: nada de lo dicho nos es propio: idioma entretejido con nuestra propia mudez: …: …: …:». Pero también son indicios de ese afán por buscar nuevas rutas su experimentación con la apariencia y la disposición del poema en prosa; y su manera de sugerir que lo metafísico puede ir de la mano de una conciencia moral en el mundo en que se vive. La lectura de Cantos : & : ucronías es una experiencia estimulante para un lector que se avenga con lo que diverge, con lo que no concuerda con lo más acostumbrado. Así es. Por eso me gusta leer propuestas así.

jueves, junio 05, 2014

A vueltas con Bécquer


El domingo, Jesús Ruiz Mantilla publicó en El País una generosa crónica de la edición de la zarzuela perdida El talismán, de Gustavo Adolfo Bécquer, sobre la que ya di noticia aquí. El singular manuscrito es de un bibliófilo cacereño y fue desde Cáceres su difusión. El discreto e ilustrado propietario de los papeles, Manuel Márquez de la Plata, ha escrito para esa edición, ex animo bibliófilo, un texto —«Cuatro palabras sobre un manuscrito de Bécquer y una palabra de honor; con una defensa de la bibliofilia» es su título, que casi lo dice todo— que me apetece extractar: «Hace muchos años, en una ciudad cuyo nombre recuerdo perfectamente, de la mano de un competente librero y, sobre todo, bellísima persona, tuve la oportunidad de adquirir un manuscrito que podía ser de Bécquer. […] El librero, por razones que ignoro, me pidió que le diera mi palabra de honor de no decir ni precio ni su nombre. Se la mantengo. Esa noble y olvidada palabra, honor, todavía me conmueve. Aristóteles afirma que 'la potencia motriz del alma es lo que se llama deseo' y añade que 'la facultad de desear no se da a no ser que haya imaginación'. Estas palabras me sirven, maravillosamente, para definir la bibliofilia. Un deseo y un sueño. El deseo de poseer ese objeto mágico que es un libro, y el sueño de tener la biblioteca de nuestros sueños. […] Deseo y sueño que nos llevan a esperar que suceda lo maravilloso: el hallazgo que nos colme momentáneamente; para seguir persiguiendo nuestro sueño... No me cabe duda que Bécquer es un bienaventurado. Nada de este miserable mundo puede rozarle, ni tan siquiera un cabello. Sin embargo, ¡qué no daría yo para que dirigiera un pensamiento, por fugaz que fuera, a este bibliófilo que ha contribuido a resucitar sus palabras! No sabemos por qué hacemos lo que hacemos, afirma Hayek, en algún lugar. Está en lo cierto. Deseo y sueño, sueño y deseo son la clave de todo. Nunca nuestra pobre razón.» (El talismán. Una zarzuela inédita de Bécquer. Letra de Gustavo Adolfo Bécquer y Luis García Luna. Música de Joaquín Espín y Guillén. Coordinación de Víctor Infantes. Madrid, Visor Libros, 2014, pág. 11).

martes, junio 03, 2014

Papel prohibido


Es el nombre de la exposición que el Servicio de Biblioteca, Archivos y Documentación de la Universidad de Extremadura ha organizado para las dos sedes de su Biblioteca Central, desde el 2 al 13 de junio en Cáceres, y desde el 6 al 17 de octubre en Badajoz. Papel prohibido. Un recorrido bibliográfico por algunos libros prohibidos o censurados va acompañada de la edición de un catálogo —como viene siendo habitual en las muestras del Servicio— de las cuarenta y cinco piezas expuestas, y este va precedido de una introducción, «Censura que algo queda: de curas, barberos y otros guardianes», escrita por mi compañero Enrique Santos Unamuno, que dedica sus páginas a la memoria de otro colega, Gregorio Torres Nebrera. Son las palabras de Enrique Santos un recorrido ameno por los principales títulos de la exposición, desde la Odisea o la versión de fray Luis del Cantar de Cantares hasta La naranja mecánica o Un mundo feliz, obras que sufrieron «la censura represiva y alopática»; y también son en su párrafo final una queja ante un estado de las cosas —de la universidad española— decepcionante, una protesta que puede provocar en más de uno unas ganas irrefrenables de censurar. Véase: «Hoy día, el paradigma orwelliano de la universidad franquista, con sus listas de disciplinas aconsejables o peligrosas, sigue proponiendo un especial tipo de censura en muchos departamentos y ateneos humanísticos españoles, algunos de cuyos miembros sólo piensan en términos de cotas de poder, negociando con créditos a cambio de prebendas, hipotecando el futuro de las facultades en nombre de postulados epistemológicos que desconocen y causando un daño casi irreparable a la necesaria modernización e internacionalización de la universidad española. Por otro lado, el mundo (no tan) feliz de Huxley domina desde hace ya tiempo la burbuja de indicadores y baremos de calidad impuestos al mundo universitario por una vulgata psicopedagógica que parece a veces confundir el nombre y la cosa.» Imprimatur. Vidit: Lama, Lector.

lunes, junio 02, 2014

Lunes, 2 de junio de 2014


© RTVE
El Rey abdica la Corona de España. Una fecha histórica. Y el mejor momento para que un nuevo rey, distinto por moderno, demócrata y formado —y también uniformado— propicie una consulta sobre el modelo de estado que quieren los españoles. Imaginemos. Sería el primer monarca presidente de una república. Un imposible. Contra la línea dinástica representada en los retratos que se ven a la derecha de la imagen.

domingo, junio 01, 2014

En Hurdes

Ayer, en el Chorrituelo de Ovejuela

jueves, mayo 29, 2014

Una zarzuela inédita de Bécquer


Ayer recibí de Visor los primeros ejemplares de lo que fue tan solo «espíritu sin forma» hace ahora más de siete años, si no recuerdo mal. El profesor y bibliófilo Manuel Márquez de la Plata me enseñó por aquel entonces en Cáceres unos papeles manuscritos que contenían una partitura incompleta y unas cuartillas con letras para música entre las que había algunas que podrían ser autógrafas de Gustavo Adolfo Bécquer. Pasado el tiempo, mi discreción por preservar la decisión de hacer público el hallazgo por su propietario pudo parecer desinterés por el asunto; pero la asistencia siempre entusiasta y competente de Víctor Infantes supo poner en marcha el proyecto de edición de un resto documental vinculado a una de las figuras principales de nuestra tradición literaria: Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870). A este, en colaboración con su amigo Luis García Luna (1834-1867), debemos la letra de esta zarzuela que titularon El talismán tras rechazar —hay marca textual— el título de La Esmeralda, y a la que puso música el compositor Joaquín Espín y Guillén (1812-1882), el padre de Julia, la soprano de ojos negros con la que Gustavo Adolfo tuvo relaciones que nos han dejado algunos testimonios en textos y dibujos becquerianos en los álbumes de ella, estudiados por Jesús Rubio Jiménez, que es uno de los colaboradores de este volumen que acaba de editar Visor Libros: El talismán. Una zarzuela inédita de Bécquer. Letra de Gustavo Adolfo Bécquer y Luis García Luna. Música de Joaquín Espín y Guillén. Coordinación de Víctor Infantes. Madrid, Visor Libros, 2014. Contenido: Manuel Márquez de la Plata, «Cuatro palabras sobre un manuscrito de Bécquer y una palabra de honor; con una defensa de la bibliofilia» [pág. 11]; Víctor Infantes, «Proemio para un manuscrito becqueriano desconocido» [págs. 13-20]; Juan José Jiménez Praderas, «Peritaje caligráfico» [págs. 21-23];  Miguel Ángel Lama, «Ecos poéticos de unas letras para música» [págs. 24-31]; Jesús Rubio Jiménez, «El talismán: contexto y circunstancias de una zarzuela becqueriana malograda» [págs. 33-51]; Jesús Rubio Jiménez, «Edición de los textos» [págs. 53-88];   Amy Liakopoulos, «El talismán: un acercamiento a las relaciones entre la música y el texto teatral» [págs. 89-100]; y Amy Liakopoulos, «Edición de la música» [págs. 101-164].

lunes, mayo 26, 2014

Octavio Escobar, Premio Ciudad de Barbastro


© Foto de Antonio Mª Flórez
El escritor colombiano Octavio Escobar (Manizales, 1962) acaba de ser reconocido con el Premio Internacional Ciudad de Barbastro por su novela Después y antes de Dios. En sus más de cuarenta ediciones, este galardón cuenta entre sus ganadores con nombres como Domingo Manfredi, Javier Tomeo, Carmen Kurtz, Eduardo Mendicutti, Antonio Rabinad, Roger Wolfe o Blanca Riestra, que lo obtuvo en la convocatoria del año pasado. Octavio Escobar, cuya novela más reciente, Cielo parcialmente nublado, fue publicada en Colombia en 2013, visitó Cáceres hace pocos meses y tuvo un encuentro con los estudiantes de Filología el 13 de febrero de este año 2014, en el que habló de su obra literaria y estuvo acompañado del también escritor y médico Antonio Mª Flórez (Don Benito, 1959). Este fue quien hizo esta fotografía en la que Octavio Escobar —a la derecha— conversa con mi compañero Ignacio Úzquiza, profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Extremadura. Fue un encuentro muy grato que ahora revivo tras recibir la noticia del premio. Enhorabuena, Octavio.

domingo, mayo 25, 2014

Oficios


Por escribir el apunte del otro día sobre el afilador me he acordado del singular relato de Francisco Rodríguez Criado Oficios perdidos de Extremadura, que publicó la Editora Regional hace un año. Lo leí con curiosidad y me dieron ganas de decir algo pronto; sin embargo, lo pospuse para otro momento. Hasta que ahora surge por la evocación de un oficio ya infrecuente. No, no hay afiladores en el libro; solo ceramistas, cesteras, artesanos del hierro, de la madera, fabricantes de instrumentos como gaitas y tambores..., de Navaconcejo, Gata, Mohedas de Granadilla, Las Erías, Moraleja..., lugares del norte de Cáceres que recorre el personaje narrador de esta especie de diario-reportaje con vocación de breve e intimista relato novelesco. «—¿Estás escribiendo sobre los artesanos de Extremadura o estás escribiendo sobre ti?», pregunta Fina a ese narrador que responde que ambas cosas. Aunque realmente pesa lo primero. A qué, si no, un título tan poco literario. De qué modo, si no, se puede comprender el buen trabajo fotográfico de José Antonio Fernández y Rosa Isabel Vázquez que se da como álbum al final del libro en un confuso «orden de aparición» que no es tal; pues debería haber reproducido el orden del relato (o sea, Felipe, Javier, Daniel, Amador, Felicidad, Celedonia, Esperanza, Pablo, Vilasio...). A Fran Rodríguez Criado le puede  esa idea de la que habla en el prólogo del rescate de estos oficios que van desapareciendo; pero como su alma es más narrativa que reportera, ha querido inventar una ficción, endeble y previsible, la verdad; pero eficaz para sostener el hilo coral de los artesanos extremeños. Una ficción centrada en un empresario hostelero, cocinero, divorciado, que emprende esta ruta extremeña desde «la gran ciudad» —dice— para encontrarse a sí mismo y que va recogiendo su crónica en un diario personal. Un diario que es más un medio para contar lo que pasa fuera y lo que dicen otros que discurso introspectivo. Lo importante es que Fran Rodríguez Criado logra su propósito y nos da un libro necesario que se lee muy bien. 

Francisco Rodríguez Criado, Oficios perdidos de Extremadura. Fotografías de José Antonio Fernández y Rosa Isabel Vázquez. Mérida, Editora Regional de Extremadura (Perspectivas, 1), 2013.

miércoles, mayo 21, 2014

París


En menos de tres días en París he podido comprobar que allí hay más indicios de que celebramos elecciones europeas que en España. Por una casi inapreciable mayor presencia de paneles callejeros de propaganda y por el espacio de debate y opinión que ocupan las elecciones en la radio francesa, en la que he escuchado expresar ideas sobre Europa. No como aquí, en donde los argumentos de más peso se gastan en reprochar a Arias Cañete —Miguel Arias para el PP; Cañete para el resto— su inaceptable machismo cavernícola; o en recordar a Elena Valenciano que dijo —y se disculpó— que el futbolista francés Ribéry era feo. Seguimos con el «y tú más» de patio de colegio y con ese empeño de la mayoría de la clase política en que todo el mundo se abstenga el próximo domingo. Pero dos imágenes de París me han puesto delante de la cara una realidad global, que podría ser europea si uno quiere ser localista y terruñero. La primera es la de ese mobiliario urbano en que se han convertido los indigentes que duermen en la calle enfundados en mantas, bolsas y papeles; o expuestos, sí, como en una exposición o performance, a las doce del mediodía, en las calles más céntricas de la ciudad, con la pose artística del más radical deterioro y de una inconsciente dejación de vida. Muy cerca del escaparate en el que vi un bolso con el precio prendido de 1.100 €. Una menudencia. La segunda imagen es más íntima, más global y más perenne, donde quiera que sea. Y fue en el cementerio de Montparnasse, en donde visité —con mis colegas andariegos europeos Adrián J. Sáez y Francisco Uzcanga— las tumbas de César Vallejo, de Ionesco, de Baudelaire, de, por supuesto, Julio Cortázar y Carol Dunlop —por fin. Allí fue donde contemplamos a una señora arrodillada delante de una tumba que preparaba unos tiestos para flores. La asistía, llevándole algún cubo de agua de otro sitio cercano, el que imaginamos su marido; un señor, como ella octogenario, que también sería el padre de una joven —no retuve el nombre— allí enterrada a sus veintisiete años. O veintitrés. Qué más da. Lo cierto es que lo que nos llamó la atención fue la proximidad entre las dos fechas grabadas en el mármol. Tomé esta fotografía allí mismo, casi al lado mismo de la tumba de esa joven llorada por sus padres, como si quisiese desviar mi objetivo hacia la altura que expresase el contraste, tan juanramoniano, entre suelo y cielo... 

lunes, mayo 19, 2014

El misántropo


Este sábado pasado, al terminar la representación, se escucharon «bravos» dirigidos a los actores del espléndido montaje de Misántropo, en versión y dirección de Miguel del Arco, «basado libremente en el original de Molière». Antes de empezar, alguien gritó «¡Atleti!» desde platea. Eran ya las ocho de la tarde, el partido había terminado y la función iba a comenzar. El teatro lleno. Ya teníamos las entradas cuando el sábado 10 de este mes publicó en Babelia Marcos Ordóñez su entusiasta crítica de esta producción de Kamikaze. Me alegré, claro; porque me fío del criterio del crítico. Sabía que iba a confirmar sentado en el Español lo leído el sábado anterior sentado en el sofá de casa. Lo que no sabía era que la comparación que Ordóñez se marcó entre la intensidad y el ritmo de este montaje y un partido de fútbol iba a convertirse este sábado 17 en una crónica exacta de lo que se jugaba en la calle: «intensidad, velocidad, claridad, entusiasmo». Son palabras del crítico teatral y no de un analista deportivo. En fin, que en el Teatro Español también se escucharon aplausos fervorosos y merecidos. Por la magnífica interpretación de los siete actores, que favorece la indistinción entre protagonistas y secundarios; aunque hay que reconocer a Israel Elejalde (Alcestes), Raúl Prieto (Filinto) y Bárbara Lennie (Celimena), con más matices y presencia; pero también a una estupenda Manuela Paso, que ensaya previamente en otro papel casi comparsa el suyo de Arsinoé, con el que provoca la risa del público —y no es gracioso el personaje—; y a un Cristóbal Suárez, cuyo histrionismo es un puntal dramático de la obra, a pesar, también, de una comicidad que va de más a menos. Por la manera excelente de manejar los elementos escénicos: la puerta de emergencia que da al callejón de una sala de fiestas, la música y las imágenes que se proyectan en el muro que sirve de espejo a Alcestes, enfadado con el mundo de apariencias en el que vive. Por incorporar el poema de Luis Cernuda de Los placeres prohibidos «Si el hombre pudiera decir»; sí, el que empieza «Si el hombre pudiera decir lo que ama», y acaba, con Alcestes, firme, «Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido». Finalmente, por haber leído un puñado de bienintencionadas ideas sobre este mundo deshumanizado que vivimos —y me gustaría poner aquí nombres y argumentos próximamente— cuyo reflejo en la obra es potente; por muchas otras razones, la función del sábado me pareció admirable.

martes, mayo 13, 2014

La cultura española en la Europa romántica


«¿Comenzó Europa a ver con otros ojos a aquella España desarreglada de siempre? ¿Siguió viéndola negativamente...? ¿Comenzó entonces una etapa de amor entre ambas?» Estas son las preguntas que se hacía al explicarnos este cartel José Checa Beltrán, codirector con Marie-Linda Ortega del seminario que anuncia, que se celebrará en París este jueves 15 de mayo, festividad de San Isidro en Madrid y en muchos pueblos de Badajoz. Las imágenes que se han utilizado para el cartel provienen de un gran mural que hay en un jardín de la Place des Abesses de París, en Montmartre, en el que se lee «Te quiero; te amo» escrito en muchas lenguas. La Rita Hayworth de Gilda parece recordarnos que el amor es desarreglo, desorden, como dice la frase sacada de ese mismo sitio, y que pretende evocar la imagen de España en la Europa del primer tercio del siglo XIX. «¿Qué tiene que ver con el título de nuestro seminario? A primera vista, nada; quizás nada, y quizás algo, o quizás mucho: cosí é se cosí vi pare», nos escribía hace unas semanas José Checa con Pirandello al fondo. Nuestro proyecto sobre el legado cultural de España en la Europa de finales del siglo XVIII y el primer tercio del XIX sigue avanzando.


jueves, mayo 08, 2014

El afilador


© Fotografía de Juan Guerrero
Todavía, de vez en cuando, hay mañanas en las que por esta calle pasa un afilador con su bicicleta tocando su chiflo, y se mete en casa ese pirurí sostenido que suena extraño entre el ruido de los coches —pocos, la verdad, en estas benditas soledades. Es lo único que dice, pues no va por ahí con el vocerío promocional del tapicero —sirva el ejemplo— que siempre pasa megafónico y en furgoneta. Hace tiempo que no escucho al que tapiza, señora, al que ha llegado. Sin embargo, el afilador es más sutil y circunspecto. De hecho, se oye su anuncio; pero no el sonido chirriante de los brillos metálicos de su trabajo. Será porque cada vez baja menos gente a llevar sus cuchillos y tijeras al afilador que nos va a cobrar más por afilarlos que lo que nos costó la compra, ahora que compramos tan barato. Mi afilador literario es el de Ligazón (1926), el «auto para siluetas» de Valle-Inclán, el que quiere poner de plata los filos de La Mozuela. ¡Qué maravilloso retablo! El de mi calle no debe parecerse al errante que se descuelga de la rueda y mete la zanca por el ventano de la muchacha; así que no me asomo y solo me quedo con la música melancólica de su oficio.

martes, mayo 06, 2014

Cómicos de la lengua


© Daniel Alonso, CDT
Dos Pedros ayer en el Teatro La Abadía de Madrid a propósito de Cadalso y de sus Cartas marruecas. El actor Pedro Casablanc y el académico Pedro Álvarez de Miranda. Se ha notado el ingreso a primeros de año en la Real Academia Española del actor José Luis Gómez, que ha montado, con motivo del III Centenario de la institución, este ciclo de lecturas dramatizadas y comentadas de grandes clásicos que se inició el 10 de marzo con el Cantar de Mio Cid y culminará el 19 de mayo con Valle-Inclán. Ayer le tocó a José de Cadalso y sus Cartas marruecas. ¡El siglo XVIII! Aquí puede encontrar el interesado la crónica de lo que fue la representación y también el texto de Pedro Álvarez de Miranda sobre el relato en cartas cadalsiano.

lunes, mayo 05, 2014

De la poesía de Juan Carlos Mestre


«Esta palabra no ha sido pronunciada contra los dioses, esta palabra y la sombra de esta palabra han sido pronunciadas ante el vacío, para una multitud que no existe». Es el comienzo del poema «Elogio de la palabra», de un libro memorable de Juan Carlos Mestre, importante en su trayectoria, con el que logró el Premio Jaime Gil de Biedma en su segunda edición. Lo ha reeditado Emilio Torné en su sello Calambur Editorial. Es La poesía ha caído en desgracia («La poesía ha caído en desgracia y las salamandras azules del mediodía entran en la ruina de sus vasijas ceremoniales con los ojos desorbitados por el sol de la muerte»), publicado por Visor en 1992. Lo he releído. Aunque, verdaderamente, lo que he hecho ha sido una lectura ex novo de un texto distinto; al menos, de una obra distinta, que incorpora poemas que no estaban en la primera edición, poemas de Las páginas del fuego, una rareza bibliográfica que yo no conozco y que se publicó en Chile, en Concepción, en Ediciones Letra Nueva, en 1987. Además, hay un buen número de poemas nuevos, más recientes, y un par de los ya publicados en la primera edición ahora cambia de sitio —«El Sur, 11 de septiembre» y «Las páginas del fuego». Qué extraordinaria coincidencia la publicación de esta novedad poética que nos muestra algo que tanto me interesa: la revisión de un autor sobre su propia obra. Coincidencia, sí, porque no hace mucho, hace unos meses, tuve el gusto de dirigir un trabajo de fin de máster sobre «La (re)escritura poética de Juan Carlos Mestre». Lo escribió Ana Isabel Bejarano, una exalumna paisana de mi amigo Ángel Campos Pámpano que obtuvo una excelente calificación por su estudio. La animo a que escriba algo, un artículo, sobre aquello, y, la verdad, el mismísimo Mestre ahora le ofrece un testimonio más del objeto de su futuro ensayo. Sería muy interesante conocer el dossier genético que interesa para la composición de esta obra. Y de todas, diría. Y cómo Juan Carlos Mestre, al remirar su libro La poesía ha caído en desgracia ha mantenido la apertura y el cierre, los dos poemas citados —«Elogio de la palabra» y «La poesía ha caído en desgracia»—, como el que, manteniendo el título original, no quiere alterar mucho el aspecto externo de su obra; y que, sin embargo, incorpora entremezclados cincuenta y siete textos nuevos que se suman a los cincuenta y nueve que tenía la primera versión. Hay más detalles; pero no es el momento de abordar aquí el proceso de relectura del poeta para componer, veintidós años después, un libro nuevo.

viernes, mayo 02, 2014

Crónica de feria. Poesía


Este sábado 3 de mayo voy a acompañar a Luis María Marina y a Javier Pérez Walias en la presentación de sus libros, de letras vecinas —P y Q— en la colección poética «Luna de Poniente» de la editorial De la luna libros: Materia de las nubes y al-Qarafa. Aquí en Cáceres, en la XV Feria del Libro, en donde el otro día —la misma noche en la que no pudimos presentar Lo que dejó la lluvia de José Antonio Zambrano— Pérez Walias presentó Inclinación al envés (Pre-Textos y Editora Regional de Extremadura, 2014), de Julio César Galán, y me mostró una escena similar a la de este sábado próximo. Un poeta de la generación de los ochenta, uno de los que en Extremadura vivió un momento importante en nuestra breve historia literaria, junto a otro poeta dieciocho años más joven. La confirmación de una buena siembra. Materia de las nubes es un libro sobre Lisboa y al-Qarafa es un libro sobre la muerte. Y ambos son algo más que eso. Ambos libros son recomendables. A eso voy.
Sábado 3 de mayo de 2014. 18:30. Feria del Libro. Paseo de Cánovas de Cáceres

jueves, mayo 01, 2014

Crónica de feria. Novela española contemporánea


Raquel Martos, Los besos no se gastan. Madrid, Espasa Libros, 2012.
Raquel Martos, No pasa nada y si pasa, se le saluda. Madrid, Espasa Libros, 2013.
Nieves Herrero, Lo que escondían sus ojos. Madrid, La Esfera de los Libros, 2013.
Mamen Sánchez, La felicidad es un té contigo. Madrid, Espasa Libros, 2013.
Teresa Viejo, La memoria del agua. Madrid. Martínez Roca, 2013.
José María Íñigo, El códice secreto de Platón. Madrid, La Esfera de los Libros, 2014.
Christian Gálvez, Matar a Leonardo da Vinci. Madrid, Suma de Letras, 2014.
Mari Pau Domínguez, Las dos vidas del Capitán. Barcelona, Grijalbo, 2014.
Màxim Huerta, La noche soñada. Madrid, Espasa Libros, 2014.
Mónica Carrillo, La luz de Candela. Barcelona, Planeta, 2014.

miércoles, abril 30, 2014

De homonymia


Puede tener su gracia lo que aquí se lee; aunque no para todo el mundo. Los allegados al otro no vieron ningún motivo para la chanza. Ahora que todo quedó en nada, resulta curiosa, y sin mofa, una coincidencia que solo lo es para algunos. A los Gabriel García Márquez les pasó lo mismo cuando al escritor colombiano le dieron el Nobel, o ahora, cuando todos los medios del mundo han traído la noticia de su muerte; que les hace gracia. Les hace gracia llamarse igual que el único protagonista. Quizá porque se trata de un notable; pero no sentiría uno lo mismo al ver su esquela en un periódico o al ser detenido en un aeropuerto por llamarse igual que el violador prófugo más buscado. Homónimos, sosias, gemelos no embrionarios, divertidas coincidencias, dobles de los que no sabíamos nada hasta que el día menos pensado —¿pensado?— nos hace gracia el reflejo. Nos hace gracia.

sábado, abril 26, 2014

Crónica de feria


El jueves viví otro efecto de la incuria que nos rodea. Fue en la Feria del Libro de Cáceres. Este estúpido que escribe había preparado unas notas para presentar un libro extraordinario de José Antonio Zambrano, Lo que dejó la lluvia (Calambur Editorial-Editora Regional de Extremadura, 2014), junto a Ramón Pérez Parejo, que le ha escrito un iluminador prólogo —«Un hombre es lo que cuenta». Había preparado unas notas de situación de la poesía de José Antonio, una sincera incitación a su lectura y una convencida afirmación de la importancia de su figura en las letras extremeñas y españolas. Cosa breve —solo disponíamos de media hora—, porque luego hablaría Ramón Pérez Parejo para profundizar algo en la obra. E iba a decir también, con el debido respeto, que si yo fuese responsable de la Feria del Libro de Cáceres mimaría a todos los autores que participen; pero principalmente a aquellos que vengan avalados por una trayectoria literaria y un reconocimiento contrastado. Lamentablemente, no es esto lo que prevalece, sino la relevancia en otros ámbitos del que interviene, sea obispo o presentador de televisión. Lo peor de ayer fue que quien podría haber sido un autor con el que la feria cacereña debería haber sacado pecho, por decir que lo tenía en su programación, quedó relegado a una hora imposible —las 21:15; y la feria cierra a las 21:00— y a un público inexistente. Así que la presentación del libro de poemas de José Antonio Zambrano, Lo que dejó la lluvia, no se celebró. Vergüenza. Por eso, ahí van estos ovillejos que no merecen el nombre. Sean, pues, unos ovillujos, para la afición en general:
¿Hoy lo de Zambrano es?
No sé.
¿Qué hace quien con él se sienta?
Presenta.
¿Pero la feria o el libro?
El libro.
Esta noche no me libro,
y pongo aquí, contristado,
lo que la lluvia ha dejado:
que no se presenta el libro.

jueves, abril 24, 2014

El Día de Letras en Cáceres


Con motivo de la festividad del patrón de Filosofía y Letras, San Isidoro de Sevilla —el 26 de abril—, mi Facultad organiza mañana día 25 de abril toda una jornada abierta al público en el centro de la ciudad, en el Instituto de Lenguas Modernas de la UEX (Avda. Virgen de la Montaña, 14). Por la mañana, con un ciclo de micro-conferencias de quince minutos cada una, en la que algunos profesores expondrán un tema de nuestro ámbito de estudio dirigido principalmente a alumnos de los institutos de Enseñanza Secundaria de Cáceres. Por la tarde-noche, el filólogo clásico, escritor y crítico Carlos García Gual impartirá una conferencia sobre «Novela y cine de romanos» y le seguirá un espectáculo de títeres barrocos a cargo del grupo La Máquina Real. Es el segundo año que celebramos el día de nuestro patrón trabajando, y no ociosos en una jornada no lectiva; y el segundo también que lo hacemos fuera de nuestra Facultad. Contra el descrédito social y utilitario de las Humanidades, iniciativas como esta tienen mucho sentido. Cada vez más.

miércoles, abril 23, 2014

Cuadernos del Matemático, 25 años


Una notoria y feliz diferencia —una más— entre otros empeños y el de la revista Cuadernos del Matemático es que esta sigue cumpliendo años. Van veinticinco. Cinco más desde la última vez que lo celebramos. A poco de comenzada la segunda parte del Quijote, y cuando Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, éste le informa de que algunos dicen por ahí que «Vengan más quijotadas: embista don Quijote y hable Sancho Panza, y sea lo que fuere; que con eso nos contentamos». Por cierto, Sansón Carrasco tenía veinticuatro años, uno menos que Cuadernos del Matemático. Así que, vengan más «Noticias de... » tantos en forma de poemas, tantos cuentos, más cuadernos de «Lavarquela» y más ensayos y reseñas críticas de libros y libros. Vengan, que con eso nos contentamos. Felicidades. Además, felicidades porque este número especial viene lleno de un montón de textos de mucho interés. Son muchos. Hoy me apetece citar un poema sin título de María Ángeles Pérez López (pág. 132). Es un poema sobresaliente, dedicado a Chantal Maillard, y es un poema necesario; que hoy, de haberse dado de otro modo las cosas, habría llevado —también pensé en un texto de Elena Poniatowska— a la lectura pública que todos los 23 de abril organiza el Gran Teatro de aquí, de Cáceres. La cubierta de este número tan especial de Cuadernos del Matemático va ilustrada con la reproducción —fotografía de Paco Rivera— de una pieza del escultor y pintor Antonio López y —en la cuarta— con una instantánea del propio Antonio López en el patio de su casa ante una de sus cabecitas infantiles en alabastro. Dentro, sin dejar al artista manchego, el texto «Compleja sencillez del arte», de Tomás Marco, es como un segundo editorial de esta celebración de 228 páginas de otro cumpleaños. Felicidades, Ezequías y Zía.

domingo, abril 20, 2014

Emendatio ope codicum

Conforme a las categorías modificativas de la crítica textual, me parece que esta imagen —tomada el pasado miércoles— nos muestra una emendatio ope codicum por supresión. La constitutio del texto es fácil: PSOE-PP-UGT-CCOO Y BORBONES IGUAL DE LADRONES ARENAS, FLORIANO TRINCANDO SOBRES Y EL PUEBLO COMIENDO SOBRAS. Y el proceso de composición ha sido por adición en dos fases, las que se corresponden con los dos renglones; y por supresión en la última y, por ahora, definitiva. Y demoledora por su elocuente generalización. Es como si el autor de la pintada, abrumado por las circunstancias —y no tanto por la censura, la autocensura o el riesgo de ser sorprendido—, hubiese decidido constatar la apabullante notoriedad de la acción y prescindir de los agentes, cualesquiera que sean. Su emendatio es tan cabal y diligente que se diría que se ha demorado más en ella que en la escritura primera. Lo que podría llevar a pensar en más de una mano. Nótese, además, la incontestable correlación simultánea de los gerundios. Proverbial.

miércoles, abril 16, 2014

Pasto de la aurora


La raquítica fortuna póstuma de Carlos Salomón (1923-1955), muerto un mes después de cumplir los treinta y dos años, engorda con esta estupenda edición del que fue su primer libro, inédito hasta hoy, Pasto de la aurora (Edición y estudio introductorio de Ángel L. Prieto de Paula. Barcelona, Anthropos Editorial y Fundación Gerardo Diego, 2014). El poco aireado nombre de este poeta ha estado siempre ligado al de la revista Proel y a algunos de los que estuvieron vinculados a ella, principalmente, los de los santanderinos José Luis Hidalgo y José Hierro; y sus reconocimientos han quedado circunscritos al ámbito de Cantabria, desde homenajes hasta rescates editoriales como el de su libro póstumo La brevedad del plazo (1995) o la publicación de su Obra poética en 2007. De todo ello da cuenta rigurosa y certera tan buen conocedor de la poesía española como Ángel Luis Prieto de Paula en la introducción de la edición de este libro que, cómo no, se hace realidad gracias a ese impresionante fondo que es el Centro de Documentación de la Poesía Española del Siglo XX de la Fundación Gerardo Diego. El poeta de Manual de espumas fue uno de los principales valedores de Salomón, y de su archivo personal proviene el original mecanoscrito —mecanuscrito en el texto del estudio— de este libro, Pasto de la aurora, que ahora se da a las prensas. Lo he leído con la avidez por lo nuevo, pues hasta el momento mi conocimiento de Salomón era lejano por de oídas. Y tan nuevo, ya que se trata de un libro nunca publicado y sobre el que no hay constancia de que su autor quisiese publicar. Al menos, no hubo expresión en contra. Por esto es una buena puerta de entrada a la poesía de Carlos Salomón, un breve libro que ofrece intensidad en la convicción creadora y en el anhelo erótico del que escribe y que muestra, como se encarga de avisar Prieto de Paula, atisbos de lo que luego será un sistema métrico mucho más hecho y característico. Los dos últimos versos del primer poema, «Las palabras», de una sección del libro tan culminante como «Lo maravilloso», encierran claves poéticas de peso: «Palabra, ¡oh, tú, verdad o música! / ¡Oh desnuda entre todas, muerte mía!». Hay que celebrar esta publicación. Y...

martes, abril 15, 2014

Antes de Lo que dejó la lluvia


Quizá pueda servir de acuse público de recibo del libro de José Antonio Zambrano Lo que dejó la lluvia (Madrid, Calambur Editorial-Editora Regional de Extremadura, 2014), esta imagen con su texto de una página, la de «Los zíngaros del desierto», concebida por Fernando Clemente como la última del suplemento Alcaraván de La Gaceta Independiente, en la que dedicamos (septiembre de 2013) un espacio al poeta. Habrá ocasión en Cáceres de volver sobre este libro que conocimos un grupo de amigos hace poco más de un año. Quede aquí este reconocimiento que no había difundido y que comenzaba «José Antonio Zambrano (Fuente del Maestre, 1946) es uno de los poetas más deslumbrantes y exigentes de la poesía contemporánea».

lunes, abril 14, 2014

14 de abril


Puede verse también.