martes, agosto 07, 2007

Manual Pimentel

En la pila de libros —veinte— que Santos Domínguez pone en su blog como lecturas para las cuatro semanas de agosto, encuentro el Manual del editor de Manuel Pimentel publicado por Editorial Berenice, que compré por recomendación, con algún reparo, de Tomás González, de Todolibros, de Cáceres. Lo he leído. Lo digo porque parece que hay en el aire un prurito lector medido en cifras. Santos tiene las suyas, apabullantes, y el otro día Javier Castro terciaba, y bien, sobre mi conversación con Bolaño y daba su marca de lecturas en un mes —treinta. Apabullante. Más comedido es lo que dice Darío Jaramillo en Historia de una pasiónapud Santos Domínguez—, cuando habla de la necesidad de reseñar un libro por semana. Darío Jaramillo, que, por cierto, tiene una curiosa novela también publicada por Pre-Textos, Novela con fantasma (2004).
Yo he tardado en leer las quinientas treinta y dos páginas de Calle Feria de Tomás Sánchez Santiago más de un mes —y habrá que hablar también de lo que no me ha gustado de esta obra espléndida. Bien es cierto que he hecho otras cosas: escribir, poner lavadoras, limpiar la casa, ocuparme de la edición de otros libros, ir y venir al supermercado, leer otras páginas, conocer otros lugares, cenar en un buen restaurante... (Aposiopesis se llama la interrupción del discurso por sobreentendido o por comprometido. Lo digo por si alguien repara en que sólo haga esas cosas).
Vuelvo a Manuel el editor, bueno, al Manual del editor, el libro de quien es responsable de la editorial Almuzara, Manuel Pimentel. Reconozco que me gustan más los libros escritos por editores del tipo de los de Esther Tusquets, Jorge Herralde o Mario Muchnik, y me habría gustado mucho más que Pimentel me contara su experiencia —seguro que de interés—, y no este manual de manual sobre “la moderna industria editorial”. Tiene su utilidad, como todo manual; pero también su obviedad, propia de todo manual. Léase: “El éxito de una editorial radica en el acierto en la elección de los libros que edita” (pág. 74); “El editor está obligado a liquidar con honestidad los derechos correspondientes al autor” (pág. 129); “Sin autor ni existe libro ni editor. El autor y su talento son la materia con la que trabaja el editor” (pág. 181); “El editor debe conocer bien la realidad de las librerías” (pág. 211)...
Es verdad que el autor advierte en la “Introducción” que, después de leer las memorias de grandes editores españoles y extranjeros, quería escribir un libro distinto, “un libro que no contara la relación que había mantenido con escritores, políticos ni artistas, sino que enseñara la parte interna del oficio, esa de la que nunca hablan los editores, pero que constituye el motor de la empresa editorial” (pág. 12). Bien, aunque los libros de los citados editores no son sólo eso. Pero para distinguirse de ellos no hay que escribir un manual en el que se nos informa sobre el protocolo de cursos de autor para teleformación, como es el caso (págs. 245-250). Y bien, pues puede hablarse de la parte interna del oficio sin distanciarse enumerando los pasos de un cronograma en materia editorial; puede hablarse, quizá, desde la experiencia personal sobre ese cronograma, y seguro que Pimentel tiene mucho que contar y enseñar. Aun así, el libro tiene su utilidad para los lectores de manuales autoayuda, y es una obra que, en este panorama, aporta algo de información más o menos veraz —gestión económica del libro, gestión de tesorería, gestión de la propiedad intelectual...— sobre un mundo apasionante.

lunes, agosto 06, 2007

Teatro Clásico en Alcántara

© Fotografía de Lorenzo Cordero

La verdad es que ayer la prensa regional traía el teatro que se está viendo en la XXIII edición del Festival de Teatro Clásico de Alcántara algo diluido entre tapas y malabares. En la edición cacereña de Hoy, la fotografía de portada, de Lorenzo Cordero, era inquietantemente equívoca. Véase.
Sigo, pues, insistiendo en la necesidad de que los medios difundan el teatro con la atención a la crítica formada y formadora; pero no. Hoy, lamentablemente, se publica, también en Hoy, un anuncio con la programación del Festival de hace tres días, la del viernes 3 y el sábado 4, con El Lazarillo de Tormes de Miguel Murillo y Las mujeres sabias de Molière. Un error. Menos justificable es este otro que anuncia que "Alcántara ofrece esta noche la antología de Fernando Rojas", cuando se trata del ya referido aquí autor de Entre bobos anda el juego, Francisco de Rojas Zorrilla. Lo peor es que está así en la programación del Festival, y los medios no hacen otra cosa que repetirlo.

viernes, agosto 03, 2007

Rojas Zorrilla en la 'Revista de Literatura'

El número más reciente de Revista de Literatura, la del CSIC, y van 137 con éste, desde 1952, está enteramente dedicado a Francisco de Rojas Zorrilla, con motivo del centenario del nacimiento de este dramaturgo en Toledo en 1607. Coordinado por Luciano García Lorenzo y Abraham Madroñal es, además de una puesta al día sobre la bibliografía generada por la obra de Rojas, un asedio de gran interés sobre lados fundamentales de la producción del autor.
Tiene razón Gregorio Torres, cuando reseña la edición de Felipe Pedraza y Milagros Rodríguez Cáceres en Clásicos Castalia de Donde hay agravios no hay celos y Abrir el ojo, al poner el dedo sobre la situación flagrante en el panorama de la “maltrecha” edición de nuestros clásicos que lleva a repetir títulos y autores en los catálogos de las colecciones de clásicos de gran difusión y en los repertorios de las compañías que afrontan montajes de esos mismos clásicos... Lope, Tirso y Calderón. Desde luego, es muy saludable abrir el canon —como se hizo en épocas anteriores, y léase lo escrito por Joaquín Álvarez Barrientos en este volumen para el XVIII y el XIX— y disfrutar de creaciones de tanta altura como las de Rojas.
En este número especial, podemos leer sugerentes análisis sobre el espacio en las obras de Rojas Zorrilla, en una pieza, quizá de encargo, como Los trabajos de Tobías, en el artículo de Javier Rubiera —autor de un libro sobre la construcción del espacio en la comedia española del Siglo de Oro (Madrid, Arco/Libros, 2005)—, o en el de Ana Suárez Miramón en Casarse por vengarse y Lo que quería ver el marqués de Villena, una de las obras en las que mejor puede analizarse este aspecto. Podemos conocer la recepción de Rojas en Italia en los siglos XVII y XVIII, por la aportación de una buena conocedora del autor, Maria Grazia Profeti, la recepción “romántica” de Rojas desde los hermanos Schlegel y desde Böhl de Faber, o sea, casi nula, y la meritoria atención crítica de nombres como Martínez de la Rosa y Alberto Lista, en el trabajo de Felipe Pedraza. La recepción también de obras como Entre bobos anda el juego en la escena del teatro Español y la figura de María Guerrero, en un interesante texto de Carmen Menéndez Onrubia, y en el artículo de Luciano García Lorenzo una revisión de la fortuna escénica del autor desde el siglo XVIII —47 veces se representó Los áspides de Cleopatra entre 1709 y 1798— hasta los últimos montajes, como el de Entre bobos... en Almagro, el pasado verano, o aquel Abre el ojo que vimos en el Festival de Alcántara, con la dirección de Francisco Plaza, en el verano de 2002. Y podemos —y me gusta mucho, porque descubro sobre lo no sabido— conocer documentos nuevos sobre Rojas Zorrilla y la producción “menor” del autor, sus poemas, algún entremés. Doble y buena aportación de Abraham Madroñal. Bien.
Junto a la Bibliografía que publicaron Rafael González Cañal, Ubaldo Cerezo y Germán Vega García-Luengos (Kassel, Reincherberger, 2007) y el volumen Estudios sobre Rojas Zorrilla, de Felipe B. Pedraza Jiménez, publicado por la Universidad de Castilla-La Mancha, también en 2007, este número de la Revista de Literatura convierte esta conmemoración en un hito en el estado de los estudios sobre el dramaturgo toledano y en la labor de difusión e investigación sobre su figura y sus obras.

jueves, agosto 02, 2007

El Callejón del Gato


Dentro de unos años, la calle Pizarro de Cáceres será una de las rutas ciudadanas más interesantes de este lugar. Es verdad que hubo en ella una galería de arte, la Galería Nacional de Praga, y otra luego, casi en la calle, Bores & Mallo, y ya no están; es verdad que hubo una librería, Anaquel, la de Eva Cerezo, y ya no está; es verdad que en ella se abrió uno de los locales más interesantes de esta ciudad, La Torre de Babel, y ya no está; y que, lindando, otro, La Caballeriza, fue una de las terrazas interiores más visitadas y acogedoras; y es verdad incluso que uno de sus bares fue escenario de una novela corta, aquella por entregas de Antonio G. Mogollón, La chica del pelo cobrizo, que El Periódico Extremadura censuró hace ya unos cuantos años. Corría 1999. Qué historia. Y ya no están.
Pero creo que dentro de unos años la calle Pizarro de Cáceres tendrá otras muchas razones para ser visitada. Quizá la más notoria vaya a ser la ubicación en ella del Centro Helga de Alvear de Arte Contemporáneo; pero el paseante podrá disfrutar de la terraza —en otra calle, pero casi la misma, la de antes— de La Traviata, o de rincones como La Farándula, de locales como Habana, de otro arte, el de la encuadernación, en una tienda tan singular como Roma, a la que peregrinan bibliófilos y amantes del papel... Y casi en esta onda de lo que vendrá, nuestra amiga Viki acaba de abrir El Callejón del Gato, un restaurante bien concebido con dos zonas. La de tapas y un acogedor saloncito para comer tranquilo.
Se llama así, El Callejón del Gato, con toda la gana de su dueña, Viki. Por los gatos que con ella han convivido y conviven, y por la intención literaria que ella ha querido. Recuerdo que en la misma acera, pocos metros más allá, y unos ocho años más allá también, estuvo el Gabriel Bocángel, estrechamente literario, regentado por el escritor y editor Julián Rodríguez. Calle Pizarro, hace ocho años. Recuerdo una agradable cena con José Luis García Martín. Y otra noche con Javier Alcaíns, con Javier Rodríguez Marcos, su hermano Julián, y Victorio Montes, que en paz descanse, y que nos hizo una foto que guardo, además de haber hecho todas las fotos de los libros de poemas de Javier Rodríguez, sí. Me voy por las ramas. A lo que iba, que en la intención de Viki está un nuevo y antiguo referente literario y estético, el de la deformación de los espejos cóncavos y convexos de ese callejón madrileño del Gato o de Álvarez Gato, que inmortalizaron en la escena XII de Luces de bohemia don Latino de Híspalis y Max Estrella. Ayer se lo recordamos Carmen y yo un ratito. Me quito el cráneo y toda la suerte para Viki. Recomendable.

domingo, julio 29, 2007

Conversación


La mejor manera que tengo de combatir la gana de conversar con alguien de literatura —sí, lo siento, me pasa a veces— es levantarme para buscar un libro de un lector; es decir, una de esas obras que reúnen textos diversos de un novelista, un poeta, un crítico, en los que éstos hablan de sus preferencias o reflexionan sobre un asunto literario.
Intercambiar pareceres sobre la lectura de un libro; charlar sobre qué le pedimos al relato, imaginación o lenguaje, o ambas cosas; criticar a aquellos autores que defienden el carácter ficticio y la fuerza creadora de sus textos y se enfadan porque alguien tiene otra versión sobre los hechos históricos que sirven de base a su creación...; todo —si fuese— lo he sustituido hoy por un rato de lectura de textos antiguos de Roberto Bolaño (1953-2003).
Me he quedado esta tarde un rato con su recomendación rendida del libro de Juan Rodolfo Wilcock La sinagoga de los iconoclastas: “Si quieren reírse, si quieren mejorar su salud, cómprenla, róbenla, pídanla prestada, pero léanla.”, escribió Roberto Bolaño en una de sus columnas periodísticas reunidas, póstumamente, en Entre paréntesis. Ensayos, artículos y discursos (1998-2003), en edición de Ignacio Echevarría (Barcelona, Anagrama, 2004).
Y así, un rato, hablando con Roberto Bolaño, con sus consejos sobre el arte de escribir cuentos. Que si nunca aborde los cuentos de uno en uno, que es mejor de tres en tres, o de cinco en cinco; que si hay que leer a Quiroga, a Felisberto Hernández, a Borges, a Rulfo, a Monterroso; pero nunca, jamás, a Cela ni a Umbral. Que si hay que ser valiente, y que hay que leer a Cortázar, a Bioy Casares, a Marcel Schwob, a Jules Renard. Y a Poe. Y a Chéjov. Que no aborde los cuentos de uno en uno, porque, si no, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
Y así hemos estado un rato.

jueves, julio 26, 2007

Ángel Duarte y Fernando Turégano

Por el diario Hoy me enteré ayer de la muerte de Fernando Turégano y de Ángel Duarte. El periódico publicaba una nota de la redacción con el fallecimiento, a los 75 años, de Fernando Turégano en Bruselas el lunes 23, camino de Budapest, en uno de sus viajes en busca de algún acontecimiento cultural, algún concierto. Lo apuntaba Marce Solís en una carta al director de ese mismo periódico: Fernando era “uno de los hombres más cultos que he conocido y a la vez una de las personas más divertidas y amenas.” Por desgracia, le traté poco, coincidimos en alguna ocasión, en el homenaje hace ya más de media docena de años a Jesús Alviz en La Fontana con la presentación de su novela póstuma, El fuego lento del hinojo; y más recientemente, por la publicación del libro de fotografías de Luis Casero y Pepe Higuero Sorprendente Cáceres Sorprendente (Asamblea de Extremadura, 2007), en el que Fernando celebraba la candidatura de Cáceres a Ciudad Europea de la Cultura en 2016 y aunaba la incomparable naturaleza y el patrimonio histórico y monumental de nuestro entorno como valores. Los testimonios de quienes le conocieron —Blanca y Rosa, Diego, Enrique y Paco, de la Filmoteca de Extremadura, también publican en Hoy su recuerdo— me confirman su calidad humana excepcional.
Páginas después del sobresalto por la noticia de la muerte de Fernando Turégano, la crónica sentida de otra pérdida. Y de la mano de un amigo y compañero como Miguel Ángel Melón, sobrino del protagonista. “Ángel Duarte in memoriam, un artículo en la “Tribuna Extremeña” de Hoy. El escultor de Aldeanueva del Camino (1930) fallecía en la ciudad de Sion (Suiza) el domingo 22 de julio. Golpeado por la guerra civil desde niño por el fallecimiento de su madre y de una hermana chica en un bombardeo en 1939, el perfil vital del artista —uno de los componentes del Equipo 57— se me antoja de la dureza de alguno de los materiales utilizados para sus piezas, pero también cercano a esa interactividad como concepto artístico aplicada al carácter y a la humanidad de una persona cuyo lado menos técnico he conocido a través de Miguel Ángel Melón, quien recuerda la necesidad ahora de continuar con el proceso de recuperación de esta obra tan importante y con tanta proyección internacional. Pongo aquí la foto de Vicente Novillo del artista ante la maqueta de su pieza E.4.A.I.B. en la entrada del MEIAC de Badajoz. Se publicó en el número 17, de julio de 2001, de la revista Qazris, como ilustración de un documentado artículo de Javier Cano Ramos sobre Ángel Duarte.
Todos los días el periódico trae demasiadas muertes, demasiadas razones para abatirse. Ayer también.

martes, julio 24, 2007

El escribidor

Le habían dicho que sus novelas eran morosas, que no contaban nada en muchos de sus tramos, que la narración se ralentizaba de una manera que echaría para atrás al lector. Él lo reconocía, sabía que no podía evitar esa especie de incontinencia narrativa que le llevaba a contar no sólo lo ocurrido en una fiesta en casa del protagonista, sino cómo la asistenta limpiaba el salón en el que había tenido lugar la reunión. La ordenada recogida de vasos y ceniceros, la limpieza de las mesas, el afanoso aseo del suelo y de las alfombras le ocupaban, cuando menos, un par de páginas. Para él, la elipsis era un procedimiento remoto.
Un tanto sobre sí, un día decidió hacer de su incapacidad una dedicación, que él quiso nombrar como técnica narrativa. Y a los muchos ejemplos que podrían citarse de sus propios textos inéditos añadió el relato de cómo el ama y la sobrina de don Quijote limpiaron el corral en el que fueron quemados los libros tras el donoso y grande escrutinio en la inmortal novela de Cervantes. Y también escribió tres folios sobre cómo un personaje inventado colocó los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes que quedaron caídos después de que el gitano Melquíades en Cien años de soledad usase sus dos lingotes metálicos. Así pasó casi su vida entera, completando los vacíos voluntarios de las grandes novelas. El caso es que siempre le salían relatos de intendencia, en los que alguien recomponía la escena después de los hechos. Nunca llegó a saber contar qué hizo la nodriza tras pedirle con ojos suplicantes a Madame Bovary un botijo de aguardiente.

domingo, julio 22, 2007

Algarve


Hemos estado unos días en toda la orilla baja de Portugal, y hemos tomado como centro un pequeño núcleo al lado de Tavira. El domingo 15 de Julho compré El País (cuarenta y cinco céntimos de euro más caro que en España, ya que ser suscriptor —de cupones— allí no vale) y el Diário de Notícias con las declaraciones de José Saramago en portada “Portugal acabará por integrar-se na Espanha”. Leí casi toda la entrevista –cuatro páginas del rotativo— ese mismo día en Lagos, donde comimos, y toda la semana he seguido la sección específica abierta por el DN sobre la ‘polémica’ por las declaraciones del autor de O Evangelio segundo Jesus Cristo. Ese mismo día me llamó mi amigo Ángel Campos Pámpano, que estaba en ‘España’, cerca de La Codosera, al lado de ‘Portugal’, y le referí en primicia lo de las declaraciones de Saramago. Noté cierta indolencia en él ante el hecho, como el que vuelve a saber algo ya manido. Para mí Ángel es mi referente ‘portugués’; pero su indiferencia o distancia —y seguro que no soy preciso— no es la mía, y, por eso, me apasioné con la idea ibérica de Saramago. Carmen asentía también cuando comentábamos las declaraciones del Premio Nobel. Es más, Carmen me había dicho días antes que Portugal y España deberían ser la misma ‘cosa’. Lo dijo sin matices, como supongo que lo dijo Saramago, y por ello la polémica.
Hoy, domingo 22 de Julio, El País trae en portada la muerte de Jesús de Polanco y abre Internacional con “La unión de España y Portugal, a debate”, con un texto de Miguel Mora y otro de Miguel Á. Villena, a costa de lo dicho por Saramago hace una semana. Me agrada la idea de hablar sobre Portugal y España, de vivirlas, y tengo amigos que la viven de otra manera. Ojalá no quedase esto en la crónica de una estancia. Que perdure el pensamiento común. En definitiva, la unión la hacemos los que no somos nada.

viernes, julio 13, 2007

Los diez espárragos de Moratín


La ciencia del blasón. Así llama Moratín a la extravagancia de la nobleza, vista en la Inglaterra de sus Apuntaciones... , testimonio de su viaje de septiembre de 1792 a agosto de 1793. Estoy volviendo a mi literatura del siglo XVIII y ha vuelto a mis manos esta alegría de edición de los cuadernos de viaje de Leandro Fernández de Moratín que publicó Ediciones Península en 2003 con un epílogo del poeta Eduardo Jordá.
Un epílogo titulado “Los diez espárragos de Moratín” en el que puede leerse una declaración: “Sé que soy parcial con Moratín: desde aquel día en que empezó a nevar sobre París, ha sido uno de mis escritores favoritos.” Yo también soy parcial, y siempre que leo cosas así, que comparto, me alegro mucho por dedicarme a leer de otra forma la literatura del Setecientos.
Y tan parcial... Acababa yo de mudarme a esta casa en la que vivo cuando el mismísimo Eduardo Jordá , acompañado de Julián Rodríguez, la visitaba por ver si yo tenía algunos libros sobre Moratín hijo. Eduardo tenía que enviar con urgencia un texto como epílogo para una edición de las Apuntaciones sueltas de Inglaterra que iba a publicar Península. No me costó mucho encontrar la caja donde estaban el grueso tomo del Epistolario, el Diario —qué impagable tarea la de René Andioc—, La comedia nueva, todos de Castalia, los Sonetos escogidos, la edición de Belén Tejerina del Viage a Italia... Se sirvió y cumplió con su encomienda. Y recordó Jordá aquel episodio en que Moratín se encontró en una diligencia italiana con un boticario parlanchín que le contaba su vida mientras nuestro escritor se comía diez espárragos.

lunes, julio 09, 2007

Nuevos peces

En las novelas de Galdós —en La desheredada hay un memorable sermón— se mueven con soltura unos personajes preciosos para configurar el universo de este autor mayúsculo. Los ‘peces’. Tengo delante a Manuel María José Pez, el de La de Bringas.
“Cuando hablaba, se le oía con gusto, y él gustaba también de oírse, porque recorría con las miradas el rostro de sus oyentes para sorprender el efecto que en ellos producía. Su lenguaje habíase adaptado al estilo político creado entre nosotros por la Prensa y la tribuna. Nutrido aquel ingenio en las propias fuentes de la amplificación, no acertaba a expresar ningún concepto en términos justos y precisos, sino que los daba siempre por triplicado.”
Lo escribió Galdós en 1884. A pesar de los años, tan familiar, tan común ahora, hoy, ayer, mañana, cuando en la radio hablan los munícipes —tengo uno muy cercano aquí en Cáceres—, los ministros —tenemos uno de los más nuevos y más sabios. Otra vez Manuel María José Pez, que habla:
“Al punto a que han llegado las cosas, amigo don Francisco, es imposible, es muy difícil, es arriesgadísimo aventurar juicio alguno. La revolución de que tantos nos hemos reído, de que tanto nos hemos burlado, de que tanto nos hemos mofado, va avanzando, va minando, va labrando su camino, y lo único que debemos desear, lo único que debemos pedir, es que no se declare verdadera incompatibilidad, verdadera lucha, verdadera guerra a muerte entre esa misma revolución y las instituciones, entre las nuevas ideas y el Trono, entre las reformas indispensables y la persona de Su Majestad.”

domingo, julio 08, 2007

Final de curso

Mañana, noveno día de este mes, daré por terminado este curso académico cuando cierre, vía telemática, el acta de la asignatura de Quinto. Luego acudiré a la secretaría de mi Facultad a entregar una copia firmada en papel, que, todavía, sigue siendo necesaria. También tengo que intervenir en un tribunal extraordinario y que asistir a una reunión de mi departamento. No está mal para ser el último día. Del curso, lo que no significa que empiecen las vacaciones, no.
De un curso extraño. La normalidad la han impuesto los alumnos de Quinto, porque —es lógico— viven una situación que impone ciertas normas y ritos, ciertos constituyentes de género, aunque sólo sea por la aplicación de una de las tres partes convencionales del todo, el desenlace. Responsabilidad, complicidad, afecto... Tercero, sin embargo, ha traído este año la extrañeza. Raro ha sido el día en que el mismo grupo ha seguido las clases, y mis alumnos sólo han ido a visitar mi despacho en las horas de consultas en dos ocasiones, una, para comunicarme que no iban a ir a clase —no recuerdo por qué razón, si hay alguna que no sea por causa mayor—; otra, para pedirme hace pocos días que hiciese en otra fecha el examen de septiembre porque el curso para los del programa Erasmus se inicia en la universidad de acogida muy pronto. Nada más en todo un curso académico.

viernes, julio 06, 2007

Releyendo a Helder

Tengo un vecino especial. Se llama Ricardo, y es director de un hotel que está al lado de casa: el Meliá de Cáceres. Ricardo es portugués, tan cumplido y correcto que me llama “Profesor” —con mayúscula, supongo— cada vez que se dirige a mí o me saluda, en lugar de llamarme por mi nombre. Alguna vez, también me ha llamado “vecino” —en minúscula, como es lógico. Supongo que no le molestará que le llame yo también “vecino”, aunque quizá, creo, lo de “especial” no lo comprenda.
Tengo la poesía portuguesa en el pasillo de casa. En una estantería en la que convive con la literatura hispanoamericana, con la filosofía, con algo de teatro, con una variedad de cosas y con todos los números que tengo —que ya no caben— de mi querida Revista de Estudios Extremeños. Paso ante ella, la poesía portuguesa —la estantería, con otras cumbres extranjeras y cercanas— unas treinta veces diarias. Por dar una cifra, más o menos real. A veces me paro ante ella —la poesía portuguesa, la estantería, con otras cumbres...— atraído por la familiaridad de un lomo, otras por el soplo extraño de no reconocer un título. Ocurre en ocasiones, que pasa el tiempo y nos olvidamos de un libro que tenemos y que reencontramos con alegría al pasar por él, después de treinta idas y venidas. Y esa rareza del aire que nos pregunta por qué y cuándo, dónde y cómo compramos aquel libro.
El otro día retomé La cuchara en la boca, de un poeta portugués grande, Helberto Helder. Creo que fue después del desayuno, ya vestido, camino del dormitorio, para hacer la cama. El libro en español lo publicó Icaria editorial con traducción y nota introductoria de José Luis Puerto en 2001. Dimos cuenta de él en Hablar/Falar de Poesia (núm. 6, de 2002). Y es que La cuchara en la boca apareció en 1961, y fue un libro saludado por otro gran poeta portugués —António Ramos Rosa— como uno de los mejores libros de poesía publicados por aquellos años. Quizá es demasiado el tiempo pasado desde aquella edición original y esta traducción en España. Un lapso irrelevante, sin embargo, para el lector que conozca a través de ésta por vez primera la poesía de la celebración de Helder. La celebración de lo construido, sean casas, sean palabras, sean amores, sean poemas que crecen como un cuerpo. La cuchara en la boca es una imagen de enorme fuerza, del alimento y de la creación que concilia todas aquellas otras imágenes vitales que recorre en su libro el autor como el que nos da un breve tiempo de sueño y de esperanza a los lectores. La boca de Helder se abre para la expresión, en largos poemas, en versículos de hondura, de un ensimismamiento, de una reflexión sobre el yo y la escritura que conecta con la mejor y más alta poesía moderna. Escribe el poeta: “despedirse de los meses es un oficio inquieto”.
Ricardo, el director del Meliá, vecino, y portugués que habla un español de Valladolid —es de Valladolid; diría que nos engaña— me ha prestado esta tarde la Obra poética de Manuel Alegre, la segunda edición en la Dom Quixote de Lisboa. Él no lo sabe, pero me ha hecho un regalo. Y no porque pretenda quedarme con un libro que me ha prestado “hasta la vuelta del verano”, sino porque es muy estimable que alguien te deje un libro sin que tú lo pidas. Las casi novecientas páginas de los libros de poemas de Alegre. Ya estoy leyéndolas.

domingo, julio 01, 2007

Un cuento de invierno


En provincias el plural de ‘función’ es poco usado. Sólo cuando nos llega un espectáculo con un supuesto tirón —más por el vocerío de la fama que por la calidad—, y cuando el Festival de Teatro Clásico, llegamos a las dos representaciones del mismo montaje. Así que ver una buena obra dos días seguidos es un placer raro, por escaso.
Para mí ha sido —viernes y sábado— con el sespiriano Un cuento de invierno de Magüi Mira, sobre la formidable versión de José Sanchis Sinisterra. (Me gustaría mucho conseguir el texto de esta versión para aprender cómo se recrea o se ejecuta una partitura como la obra del inglés. Se ha aprendido, en parte, en TextoEscena, en las sesiones que ha llevado alguien de tanta solvencia como Gonzalo Pontón Gijón). Lo visto dos veces, dos veces magistral.
Y el maravilloso privilegio de ver en Cáceres a un actor como Will Keen, que, con 37 años, ha trabajado con la Royal Shakespeare Company y con Globe Theatre, y ha actuado en los más prestigiosos escenarios españoles, desde el Español hasta el Festival de Almagro... Es un acontecimiento tener el placer de ver interpretar a un actor así, de una escuela distinta a la que forma a los que por aquí pasan. Impresiona.
Sin los elementos escénicos de sus funciones en un teatro como el Albéniz de Madrid, donde estrenaron, lo visto dos veces en Cáceres es de lo mejor que se ha contemplado en el espacio que dispone la Plaza de las Veletas de nuestra ciudad monumental. Tampoco será lo mismo en Almagro, cuando acudan dentro de pocos días para hacer cinco representaciones, del 5 al 9 de julio. El aire libre cacereño podrá imponer renuncias de determinados recursos de escenografía, pero también es verdad que, no para el espectador de aquí, sino para los propios responsables de la compañía, esto debería ser una lección que pone de manifiesto el peso de la interpretación. En este caso, inconmensurable. Lucía Jiménez convence en sus dos papeles, sus dos tiempos, como el tiempo de Carolina Lapausa, que asume los de Mamilio y del Tiempo coral. Jordi Brunet como Antígono y Florisel, también en sus dos tiempos. Y todos los demás, las damas —la gorda, la vieja, la flaca— y en el otro tiempo el hijo bobo del pastor, éste, y Autólico, el "traficante de sábanas".
Los dos tiempos. El viernes, una noche apacible. El sábado, un frío casi de cuento de invierno.

lunes, junio 25, 2007

Calle Feria

Tiene este medio la virtud de todo cuaderno de notas en el que uno puede escribir casi lo que le venga en gana. No sé. Quiero decir que este medio se diferencia de otros, por ejemplo, en que aquí sí puedo escribir sobre algo que no he terminado de leer. No me siento comprometido con nadie, ni con la editorial que lo ha publicado y espera que escriba; ni con un periódico que me ha pedido un texto; ni con el autor. Tengo la libertad de escribir mis primeras impresiones sobre una novela de más de quinientas páginas de las que llevo leídas ciento y pico —las ciento y pico primeras, nótese; pues en estos tiempos con modos raros de lectura, parece necesario avisarlo. En fin, las virtudes del medio.
La calidad de lo que estoy leyendo tiene la culpa de que escriba aquí sobre esta novela aún sin terminar de leer. Por ahora, diré que me ha recordado —y es lógico— una calle, una novela y una carencia.
Empezaré por lo último, que es lo menos personal. Hace poco se lo leí a José Ramón Alonso de la Torre en un artículo de HOY, pero creo haberlo escuchado antes a Jaime Naranjo: que Cáceres no tiene novela, que está por escribir la novela de Cáceres. Es verdad, pero decirlo entraña el peligro de que alguien se ponga a escribirla —para ser el primero. Yo no sé si Calle Feria, de Tomás Sánchez Santiago, Premio de Novela Ciudad de Salamanca (Sevilla, Algaida Editores, 2007), es la novela de Zamora; pero no me importaría que la de Cáceres fuese como es esta deliciosa narración con una pequeña calle comercial en una pequeña ciudad de provincias.
Una calle. Por eso me acerca tanto esta novela a la calle Sevilla de Zafra, y mis vivencias de adolescente en algunas trastiendas y de mayor —ojalá con mayor frecuencia— en el serano —de mañana o de tarde— de Cayetano, ese comerciante de curtidos del que habló mi hermano en su blog hace casi un año. Y es que en la novela de Tomás Sánchez Santiago hay un Pepe Crespo, dueño del bar, un Fabriciano, el de “Novedades Textiles”, un droguero llamado Manahem, el único comerciante de la calle que despachaba con corbata en la tienda, un Herminio... Ah, Herminio... Hay que leerlo. Y es que yo creo que nos tocan la fibra.
Y, por último, me acerca la novela de Tomás a otra novela memorable, Belarmino y Apolonio, de Pérez de Ayala, a su Rúa Ruera, ese epítome del universo, como el diccionario. Otra fibra tocada. Continuará.

sábado, junio 23, 2007

El curioso impertinente


Anoche, a la salida, en San Antón, Luigi Giuliani —con la familia— exclamaba:
—Qué montaje, ¿no?
Y asentíamos. Asentía también Jesús González Maestro, profesor de la Universidad de Vigo, que ha venido a Cáceres a dar su curso sobre El curioso impertinente en TEXTO ESCENA, una experiencia estupenda que sigue sin tener el eco que merece. Un experto que habla del texto que vamos a ver escenificado y que luego comenta con todos lo que hemos visto, antes de un encuentro con los actores. Que haya pocos inscritos en la actividad no es razón —nunca, por ahora— para desanimarse.
En San Antón, a las puertas del Gran Teatro.
—Qué montaje, sí.
Resulta siempre extraño vivir el Festival —cuando no llueve— en el recoleto espacio del Gran Teatro, en donde tan buenos espectáculos hemos visto en primicia y que luego se han ‘estrenado’ en las capitales. Exigencia —supongo— del aparato teatral. Así ha debido de ser. Porque el montaje, como decía Luigi, ha sido...
—Qué montaje, ¿no?
Espero no pasar por un entendido —y pedante— si digo que el de ayer se sustenta en la conjunción armónica de luz y movimiento, que se proyectan sobre un espacio escénico de una admirable funcionalidad. A estas alturas, dada la buena formación de nuestros actores, no es una sorpresa encontrarse con una buena interpretación. Ayer, además, bordaron una deliciosa sobreactuación física para marcar los caracteres. Pero a los excelentes ejecutantes hay que ponerlos en un medio expresivo que embriague. Y así fue.
La escenografía impresiona y está manejada de forma admirable —no sé por qué pero me recordaba a veces a algo visto de Óscar Tusquets como escenógrafo, quizá cuando aquella Historia de una escalera del CDN que vimos en Cáceres. Por cierto, también vimos en Cáceres Divinas palabras con la dirección de Gerardo Vera, que estará en el Lincoln Center Festival de Nueva York entre el 26 y el 28 de julio. Pero lo que ayer me gustó especialmente fue el uso de la luz en el teatro. Para aprender.


El curioso impertinente, de Guillén de Castro. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Versión de Yolanda Pallín. Dirección de Natalia Menéndez. Intérpretes: Ángel Ramón Jiménez, Clara Sanchis, Nuria Mencía, María Álvarez, Fernando Cayo, Daniel Albadalejo, Fernando Sendio, Francisco Merino, Eva Trancón, José Vicente Ramos... Iluminación: Miguel Ángel Camacho (A. A. I.)...

viernes, junio 22, 2007

Romances del Cid


Nos lo dijo Isidro Timón al salir anoche de la única función de los Romances del Cid —Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirección de Eduardo Vasco y versión de Ignacio García May— en esta decimoctava edición del Festival de Teatro Clásico de Cáceres:
—Dicen que es la primera vez que falla.
Lástima, porque es uno de esos efectos teatrales que gustan, que, puestos al cabo de la obra, aseguran un final en alto y que el público salga con una sensación muy placentera. Yo creo que el fallo no repercutió en la actitud de un público complacido que —me parece— no se percató del número. Ni del fallo, claro.
A toro —o pájaro— pasado, uno lamenta que no haya podido rematarse este recurso estructural que abre y cierra la obra. Jesús Hierónides (El arcángel) aparece al principio calzándose una lúa y haciendo el gesto de llamar al puño al ave. Y en los datos del programa de mano —apréciese la foto—, entre el ayudante de dirección, el asesor de verso y el iluminador, se lee “Maestro de cetrería”. Era para esperar algo. Cuando termina la obra, muerto y ‘resucitado’ Rodrigo, el soberbio castellano, vuelve el actor Jesús Hierónides al centro de la escena, y amaga el gesto..., y ahora silba. Tras el público, saliendo de una ventana, se lanza en vuelo el ave, que, aturdida por algo, queda prendida del entramado de los focos. Arriba quedó una noche de pájaros inquietos como nunca en la Plaza de San Jorge y en su jardín de al lado.
¿La obra? Espléndida. Otro arte es traducir a la escena en una hora y veinte minutos los textos que sobre el Cid nos dejó el Romancero. Sabia fue la utilización de los recursos teatrales en apoyo del verso sostenido por tres actores principales, el ya citado, la gallega Muriel Sánchez, que encanta, y la sólida presencia de Francisco Rojas. Dos ejemplos de ese uso, sin tener en cuenta el texto: el episodio del león y la visita a Roma. Uno más: la música y su ejecución, que no sólo acompaña y envuelve, sino que se incorpora como un elemento más de la expresión escénica. Muy recomendable.

miércoles, junio 20, 2007

José Luis Bernal, Premio Gerardo Diego

Hoy llega uno a la Facultad dispuesto a dar dos grandes abrazos a dos compañeros y amigos. A José Luis Bernal, por el premio de la Fundación Gerardo Diego por un ensayo sobre la plenitud creacionista de Manual de espumas, del poeta al que tantos años ha dedicado José Luis y que tan pulcramente ha venido editando en estos últimos tiempos. Estoy convencido de que las aportaciones documentales de este estudio, entre ellas el epistolario entre Diego y Larrea, han debido de ser determinantes para añadir más valor a su calidad como ensayo de investigación literaria.
El otro abrazo de esta mañana lo debo desde hace más días, no muchos; y es para Miguel Ángel Melón, que se ha traído de Barcelona su merecida habilitación al cuerpo de Catedráticos de Universidad. Un profesor de Historia Moderna de los más prestigiados en su área al que se le repara un injusto retraso de su natural condición. Sea.

martes, junio 19, 2007

El clavo solitario


Creo que mis ciento noventa y ocho milésimas de otro por ciento del inmueble en el que se ubica mi plaza de garaje se corresponden en parte, o casi, con el espacio que ocupó la Galería Bores & Mallo de Cáceres cuando estaba en la calle sin salida del actual Edificio Ceres. Tiene su gracia.
Este librito de 16 x 11 cms. ha estado en mi mesa durante varios meses. Leído ya hace tiempo, lo he recogido esta tarde, junto a otros, para ponerlo en su sitio, al tiempo, o casi, que la copia de la escritura de propiedad de la plaza de garaje que ocupo y que vigila mi banco. Tiene su gracia.
No luce mal el libro, porque ocupa un espacio poco transitado por aquí. ¿Literatura de galerista? Merece leerse. Y me temo que es —uno más— un libro invisible. Yo se lo compré a Antonio, de la Librería El Buscón —ocho euros, sin descuento—, y espero que aún tenga ejemplares, porque merece ser leído, insisto. Autoeditado, se ofrece en su interior como “Algunas páginas del libro De la moqueta a la manta: memorias de un galerista, que se editará en la primavera del año 2007”. El dulce tiempo de la primavera, que dijo Rubén Darío.
La hija de Francisco Bores, el poseedor de obra del maestro Rótula, el secretario de la tómbola, Soledad, la bisabuela Ramona..., personajes de un mundo reducido como mi plaza de garaje e inmenso como una pasión. La única nota al pie de libro, de lo mejor, a pesar de que contiene la confesión de su repudio.
Va a su sitio el libro de Javier Castro, como un cuadro a un clavo, solidario.

Javier Castro, El clavo solitario y otros textos del libro 'De la moqueta a la manta: memorias de un galerista'.
(Cáceres, Galería Bores & Mallo, 2006).

domingo, junio 17, 2007

Festival de Teatro Clásico. Interior, noche.


Van tres días de representaciones en el XVIII Festival de Teatro Clásico de Cáceres y aún no hemos estrenado el cielo de la ciudad monumental como escenario. Por ahora, todo lo programado se ha trasladado a espacios cubiertos. La lluvia sigue acompañándonos. El jueves fue el Lazarillo de Tormes en el Gran Teatro. No me gustó casi nada de lo que vimos. No es una versión del Lazarillo lo que ha hecho Miguel Murillo ni es una obra sobre la vida de los comediantes del Siglo de Oro. No es ni una cosa ni otra. Y nadie duda de la capacidad de uno, Miguel, como autor teatral, ni de la valía de Memé Tabares como directora. Pero me da la sensación de que ni Miguel ha quedado satisfecho con el encargo ni Memé se ha entusiasmado con el texto que dirigir. Los elementales recursos escenográficos, la interpretación irregular y los empeños de dirección de dar un aire ‘puro’ a la obra con esos efectos de guiñol y de dibujo animado no levantan el texto. Lástima.
Ayer, sin embargo, en el Auditorio, se vio algo bueno: el Cyrano de Bergerac dirigido por John Strasberg que traía Concha Busto Producciones. Sólo acudir a ver a José Pedro Carrión es más que una razón para salir de casa a las once de la noche de un sábado muy lluvioso. Le vimos en 1999, en la décima edición de este Festival, con un Ricardo III, también dirigido por Strasberg, en la que también se programó un Cyrano. Recurrencias de género.
Hoy, domingo, el Auto de los Reyes Magos, igualmente bajo techo, el del Complejo Cultural San Francisco. Su sitio era la Plaza de San Jorge; pero, sin duda, debió serlo —como, al parecer, se intentó— la Plaza de Santa María, a las puertas de la Concatedral. En esto está el Año Jubilar de Guadalupe, 2007. Me llama la atención leer sobre el espectáculo que se verá esta noche que se trata de un auto sacramental. Lástima por la impropiedad. Sobre el auto del XII y otros escritos medievales, Jack Taylor y Víctor Matellano han preparado un texto que pondrá en escena la compañía El Duende de Colmenar Viejo (Madrid).
A esta hora de la tarde, no llueve; incluso, entre nubes, luce el sol a veces. Ya no es trascendente.

viernes, junio 15, 2007

Versión Original


A esta hora —las cinco de la tarde— seguirán los amigos de la revista Versión Original, en El Corral de las Cigüeñas de Cáceres, en su fiesta de celebración de los 150 números publicados desde 1993. Hemos presentado esta mañana —Liborio Barrera, Antonio Gasset— este número dedicado a la adolescencia que lleva esa fotografía en portada de la película de Bertolucci Soñadores.
A un buen amigo como Elías Moro, escritor, que gusta del coleccionismo, de libros y revistas principalmente, suelo guardar desde hace tiempo algún ejemplar repetido de esta revista que recojo de alguno de sus puntos de depósito y distribución: unos cuantos bares, un hotel, o el Rectorado de la Universidad, todo a menos de cien metros de casa, en donde queda el ejemplar para cuando Elías pase o para serle enviado a Mérida, en donde vive, trabaja y baila.
Pocas veces se da una relación tan especial entre un producto editorial de carácter cultural y sus consumidores. Porque un suscriptor recibe en casa un producto contratado, y su contrato es un acto de fidelidad y de apoyo, y, en cierto modo, se siente distinto a otros lectores. Y luego está el comprador de una revista o un libro, el que acude a una librería, algo, por otro lado normal, aunque debería ser cada vez más normal y más masivo. Pero con Versión Original, además de esto, ocurre esa relación singular y amable con el ciudadano que frecuenta determinados lugares que se corresponden con los patrocinadores publicitados de la revista, convirtiéndose en un elemento más del espacio urbano, de tal manera que el hábito se hace rito; y ocurre, además, que la gratuidad de la revista en ese modo de difusión, al contrario de quitarle valor, se lo añade. Y esto se ve poco en esos casos en los que el ciudadano se ve regalado así.
Una revista tan inusitadamente longeva —no tanto por el número de años que tiene, sino por su edad medida en números editados (150), con la dificultad de la periodicidad mensual— provoca con el paso del tiempo el lamento por no tener la colección completa. Tratamientos paliativos de esta dolencia de coleccionista y de bibliófilo, y de cinéfilos, serían emprender la edición facsimilar de la colección histórica, o elaborar índices de títulos de todos los contenidos de la revista desde su inicio.
Antonio Gasset lo ha dicho esta mañana: Versión Original es una revista única. Y original, añado.

lunes, junio 11, 2007

Los manuscritos iluminados de Alcaíns


El pasado jueves 7 se inauguró la exposición de Javier Alcaíns 25 manuscritos iluminados, que estará abierta en el edificio de Pintores, 10 de la Diputación Provincial cacereña hasta el 29 de este mes de junio. Coincidió con la inauguración, casi a la misma hora, de la muestra fotográfica de Tete Alejandre con textos de Ada Salas en la Sala de Caja Extremadura hasta el día 23 de junio. Estuve en la primera, porque he estado más implicado en ella. Hoy mismo ha publicado ABC un texto mío sobre Javier Alcaíns en su 'scriptorium'.
El catálogo de la exposición lo ha editado M. Moleiro —el editor del Apocalipsis de San Juan, del Cantar de Cantares y del Libro de Daniel, las tres grandes obras bíblicas de Alcaíns—, con el apoyo de la Institución Cultural "El Brocense" de la Diputación de Cáceres y recoge toda la información sobre los veinticinco manuscritos iluminados de Javier, desde la primera versión del Cantar de Cantares, de 1985-1986, hasta las Cartas portuguesas, de principios de este año, y los Alfabetos apócrifos, en realización. Fascinante.

sábado, junio 09, 2007

Claudio Rodríguez


He disfrutado leyendo este primer número de Aventura, la revista del Seminario Permanente Claudio Rodríguez, en el que participa —y es una alegría— la Biblioteca Pública de Zamora, que ha organizado un fondo documental con todas las ediciones de las obras impresas y audiovisuales, antologías, artículos, conferencias, estudios críticos, traducciones del autor de Don de l’ébrieté.
Y de traducción va este volumen, que recoge los contenidos de las jornadas sobre Claudio Rodríguez y la traducción de poesía que se celebraron en Zamora entre el último día de noviembre y los dos primeros de diciembre del año pasado. Y hubo mucho de interés. Las notas para una teoría de la traducción de Emilio Lledó, el análisis de las lecturas inglesas de C.R. por Jordi Doce, ejemplos de traducciones del poeta a otras lenguas, como el portugués, en la aportación de António Salvado, como el francés en la experiencia contada por Laurence Breysse-Chanet, o como el inglés, en lo que aporta Louis Bourne, un grato reencuentro para mí.
Conocí a Louis Bourne en un lugar tan prestigioso como la tertulia del “Lyon” de Madrid; sí, la de Moñino, sí. Pero no. Muchos años después, en 1991, en julio. Estaban allí, entre otros, Russell P. Sebold, que fue mi ‘padrino’, y Carolyn Richmond, a quien también conocí esa tarde. Louis me regaló sus versiones de Aleixandre (The Crackling Sun, Madrid, SGEL, 1981), y ahora me reencuentro con él en Aventura con su texto sobre la poesía de Claudio y con algo impagable: la carta que le escribió C.R. en agosto de 1978 con varias hojas de notas a sus traducciones de los poemas, y que me presentan una imagen poco conocida de Claudio Rodríguez.
Y la forma. Porque la maqueta de la revista divierte y agrada. Bien por el diseño y concepto de esta Aventura de José Luis Gago Vaquero.
Le debo este placer al bueno de Tomás Sánchez Santiago, que es miembro del Seminario Permanente Claudio Rodríguez, que pertenece al Consejo de Redacción de la revista y que colabora en este número con su texto de presentación de la conferencia de clausura de aquellas jornadas, la de Jordi Doce.
Nota bene: la fotografía de la cubierta no es la de un C.R. abatiendo conejos por los campos de Zamora, no. Fechada en 1961, la instantánea constata la participación del poeta en una atracción de feria. Más detalles en el interior.

miércoles, junio 06, 2007

Parler

He tenido hoy un grato encuentro con Maurice Toussaint, un ilustre lingüista (Contre l’arbitraire du signe, 1983), a quien conocí en la antigua Facultad, cuando él estaba de lector de francés, y yo era un estudiante. Como tantas veces me ha pasado ante alguien que conoce bien la lengua y la cultura de otro país, me maravilla la humildad del que se excusa —en un español envidiable, cuyo dominio para mí tuviera sobre el francés o cualquier otro idioma— por no hablar bien tu lengua.
Sobre mi mesa, el periódico y el recuerdo de lo escuchado en la radio esta misma mañana con las declaraciones de Luis Aragonés sobre la “españolía” de sus jugadores y esa falta de consideración por la lengua y por su uso. Se lo dijo al traductor, que pusiese lo que quisiera. Qué más da. La même chose.

viernes, junio 01, 2007

Santiago Castelo


Ando escribiendo sobre la obra crítica referida a autores de Extremadura de quien fue mi profesor, Juan Manuel Rozas (1936-1986), para un volumen en su recuerdo que se publicará en los próximos meses. No le dio tiempo a escribir mucho sobre su tierra adoptiva; pero lo que hizo fue importante. Desde su puesta en pie de la singularidad del poeta del XVIII Francisco Gregorio de Salas, pasando por su ponencia consultada de la joven poesía extremeña, hasta el prólogo —“Tres poetas y un solo hombre”— que puso a la antología que publicó Adonais de Santiago Castelo y que no llegó a ver publicada.
Santiago Castelo. ¡Qué buena noticia! Premio Luca de Tena a su trayectoria periodística. Es una persona extraordinaria y un profesional del periodismo merecedor de éste y de más reconocimientos. He coincidido con él en muchas ocasiones, y en todas he aprendido de sus valores y calidades. No digo nada de lo que intuyo de su día a día y de ese “confesonario laico” –que no, y también, “confesionario”— del que hablan al referirse a su despacho en ABC. Su voz y su mirada poéticas son enormemente expresivas, y bien dirán a los lectores que disfruten de aquella antología que ilustra esta entrada, Como disponga el olvido, y de la más próxima La huella del aire (1976-2001), que editó la Editora Regional de Extremadura, con introducción de Manuel Simón Viola, en 2004. Yo sé que a él le gustará que ponga aquí unos versos de un poema que me gusta, “Azotea”:
“Gracias, tan solo. Sí, gracias, Dios mío,
por permitir al corazón que aún sueñe
y se quede dormido de Tu mano.”

jueves, mayo 31, 2007

Babel encendida

Recibo de Juan Pablo Silvestre la siguiente información de su programa:

"Mestizaje y danza oriental, de nuevo, mañana del domingo día 3 entre las 10 y las 12 de la mañana, en la Radio Encendida que emite R.3 (RNE), en directo. Clásico oriental, fantasías zíngaras o folklore egipcio,con el acento especial en las nuevas tendencias en esta ocasión. Maestras y nombres clave de la danza oriental como Eva Chacón, CristianeAzem, Clara Bueno,el grupo Siwa, Carolina Grandela, Mistri, Sonia Alejandre, Yhemel, Elena Juez, Patricia Álvarez o Morgana reunidas en una ocasión excepcional. El acento, en esta edición, viene marcado por las nuevas tendencias.Desde la danza tribal al trance electrónico, pasando por el Bollywood o el zíngaro, el tango oriental, el rai caló o la fusion tribal.Sin olvidar y rindiendo homenaje a las raíces a través de algunas de su más consumadas intérpretes. Dos horas de espectáculo en directo y una auténtica fiesta para ver, bailar e incluso oír. Una cita única en la Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2 (metro Atocha o Embajadores), Madrid. La entrada es gratuita."

martes, mayo 29, 2007

Mezclilla

"Tómase en estos tiempos la opinión por ciencia, decía un clásico español; y bien puede asegurarse que esa mala costumbre de hace siglos sigue prevaleciendo, porque la mayor parte de los autores que pretenden enseñar algo, nos dan por ciencia lo que opinan. En materia de crítica literaria esto es lo corriente, y se llega a tal extremo, con el atrevimiento a que convidan la aparente libertad del gusto y la vaguedad y anarquía de las doctrinas estéticas, que muchos preceptistas y críticos no vacilan en predicar como dogmas y reglas aprensiones subjetivas, preferencias personales que no llegan siquiera a la categoría de opiniones racionalmente adquiridas y de una verdad probable. Es claro que la crítica en nuestros días no puede todavía —ignoro si podrá más adelante— llamarse científica, en la rigurosa acepción de la palabra; pero sí puede tener ciertas condiciones que le den un valor objetivo, garantías de imparcialidad y método, elevándola a la altura, en punto a sus cualidades de conocimiento reflexivo, a que llegan otras doctrinas, como, v. gr., la sociología, la economía, la filosofía del derecho, etc., etc., que tampoco son rigurosamente ciencia, aunque los más así las llamen."
Leopoldo Alas, "Clarín", en Mezclilla, de 1889, en donde se publicó el artículo "Baudelaire", al que pertenece el fragmento, que leo de vez en cuando, siempre antes de leer un libro sobre el que tengo que escribir alguna cosa con sentido.

lunes, mayo 28, 2007

¿Catetez o compadreo?


Como puede verse en el recorte, sí. El titular hace que la opinión de un individuo —¿y quién es éste?— merezca un espacio absurdo, con foto incluida. ¿Por qué? Supongo que porque en la prensa de estos pagos no se contempla la crítica teatral. ¡Y que la única manera de reflejar el gesto —gratis et amore— de reseñar con gusto una representación de teatro sea algo tan periodísticamente patético! ¿Qué pensarán fuera de aquí? Parece que uno de los tipos del titular compadrea con el otro.
Tengo la desgraciada experiencia de haber publicado una crítica de teatro como carta dirigida al director de uno de los periódicos de mi región, ya que nadie había contemplado la posibilidad de dar cabida en sus páginas a una crítica de una digna obra de teatro. Me la publicaron. Menos mal. Aquel montaje tuvo su aceptación y tiene su renombre. En otra ocasión, me publicaron mis comentarios en una página de publicidad, pagada. El montaje sobre el texto de mi amigo Isidro, Mundos, ha tenido la desgracia ésta, de la que da cuenta el recorte.
Pego aquí el texto que reescribí para él, sobre la base de la entrada en este blog del miércoles 23, y que no llegó a publicarse:

UN MUNDO DE TEATRO

Mundos, de Isidro Timón
Dramaturgia y dirección: Denis Rafter
Intérpretes: Julio Galindo, Blanca Chaparro,
Javier Uriarte, Vicente Rodríguez,
Miguel Ángel Latorre y Ana Rodríguez.
Producción: Z Teatro.
Teatro López de Ayala. Badajoz.
Jueves, 24 de mayo de 2007


Tuve la fortuna el martes pasado de asistir en el Casar de Cáceres, en “La nave del duende” del Centro de Gestión de Recursos Escénicos ideado por la compañía de danza y teatro KARLIK, a un ensayo general impecable de esta pieza, Mundos, de Isidro Timón, que se estrenó ayer en el López de Ayala de Badajoz.
Conozco bien el texto, y, tras su lectura antes de que lo publicase hace un par de años la Asociación de Autores de Teatro, pude “verlo” en una lectura dramatizada en la sede de la SGAE de Madrid, dicho por actores como José Vicente Moirón, Gladys Balaguer o Chema de Miguel, bajo la dirección de Denis Rafter, que ahora vuelve a poner su sabia mano sobre este texto de Isidro Timón, con un resultado sobresaliente. Así de completa resulta ahora la recepción de esta obra tierna y sugerente.
La lectura de Denis Rafter es espléndida. No sólo por lo que él ha querido destacar del texto de Mundos —que yo creo que escapa a subrayados parciales y a etiquetas—, sino por la manera de ejecutarlo, poniendo toda la carga en el trabajo de los actores. Cinco. Julio Galindo (Abuelo), Blanca Chaparro (Hada), Javier Uriarte (Casiopeo), Vicente Rodríguez (Neptuno), Miguel Ángel Latorre (Niño, Pedro, Padre, Árbol...) y Ana Rodríguez (Niña, Eva, Madre). Una alegría encontrar a Miguelín con su dominio y tan versátil, cuando no hace mucho se esmeraba en los papeles adjudicados en los montajes del Aula de la Universidad de Extremadura, de donde también salió Fran Cordero, responsable de la iluminación, y ya un habitual en los escenarios extremeños. Un excelente trabajo el de un experimentado pisacalles Vicente Rodríguez en el papel de Neptuno y el de su pareja Javier Uriarte como Casiopeo. Y una notable Hada interpretada por Blanca Chaparro que dice sus primeras palabras después de un buen trozo de representación, en una dificultad añadida que pone de manifiesto el trabajo actoral de unas figuras que prácticamente no abandonan la escena —limpia y sostenida por sutiles elementos— de principio a fin.
Mundos, visto ahora con la magia teatral completa de una representación, sigue siendo una apuesta por la imaginación como motor de la vida, y quizá por eso, motiva tanto a un receptor adulto a reflexionar sobre el tiempo pasado y su tiempo presente, como a un público joven a vivir el presente desde una conciencia futura.

viernes, mayo 25, 2007

Apuntaciones

Hojeo un cuaderno antiguo —entre junio y noviembre de 2000— y encuentro una cita de Jaime Gil de Biedma: "En poesía, el único error es escribir malos poemas". Por aquel entonces, en agosto de ese año Babelia publicó una entrevista inédita que le hicieron en 1981 Arcadi Espada y Ramón Santiago. Unas hojas después recuerdo la película de Terry Jones La vida de Brian (1979), en la que un hombre grita: "—¡Quiero parir!". Y otro le contesta: "—¡Tú no puedes parir!". "—¡No me oprimas!" —responde el primero. Y el otro: "—No puedes parir, no tienes matriz". Lo que propicia la intervención solidaria y reivindicativa de una mujer: "—¡Él no puede parir porque no tiene matriz, pero tiene derecho a parir!"

miércoles, mayo 23, 2007

Mundos


Estuvimos anoche en el Casar de Cáceres, en una nave industrial, en La nave del duende, sede del Centro de Gestión de Recursos Escénicos, en donde han estado trabajando los actores y técnicos de la compañía Z TEATRO para el montaje de la obra Mundos, de Isidro Timón, bajo la dirección de Denis Rafter.
Se estrena el jueves 24 a las 21.30 en el Teatro López de Ayala de Badajoz.
Merece la pena. Lo que vimos ayer fue un ensayo general con las gradas de la nave llenas de público. Amigos, gente joven, Carmen, el autor, Isidro, Valentín, su hermano... y mi madre, que elevó, dignamente, la media de edad.
Conozco bien el texto, y la lectura que ha hecho el sabio Denis Rafter me ha parecido espléndida. No sólo por lo que él ha querido destacar del texto de Isidro —que yo creo que escapa a subrayados parciales y a etiquetas—, sino por la manera de ejecutarlo, poniendo toda la carga en el trabajo de los actores. Cinco. Julio Galindo (Abuelo), Blanca Chaparro (Hada), Javier Uriarte (Casiopeo), Vicente Rodríguez (Neptuno), Miguel Ángel Latorre (Niño, Pedro, Padre, Árbol...) y Ana Rodríguez (Niña, Eva, Madre). Una alegría encontrar a Miguelín con su dominio y tan versátil, cuando no hace mucho se esmeraba en papeles destacados de los modestos montajes del Aula de Teatro de la Universidad, de donde también salió Fran Cordero, responsable de la iluminación, y ya un habitual en los escenarios extremeños.
Uno de los primeros movimientos que vi al terminar la obra fue el de un espectador —alguien que había venido de fuera— que se dirigió a Isidro, el autor, y le felicitó por un texto tan bonito. Una satisfacción.

El Centro de Recursos Escénicos del Casar está sostenido por la compañía KARLIK DANZA TEATRO y apoyado por el Ayuntamiento del Casar, la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, la Diputación cacereña y el Gabinete de Iniciativa Joven.
Mundos se estrena el jueves 24 de mayo de 2007 en el Teatro López de Ayala de Badajoz, a las 21.30.

domingo, mayo 20, 2007

Anomalías

El 27-M se cumplirá un mes de inactividad en el blog de mi hermano —si él no lo remedia—, y hoy he encontrado una errata en la última entrada del blog de Gonzalo Hidalgo.
—¿Qué está pasando? —dice, no sé si Parker, junto a la teniente Ripley en Alien, el octavo pasajero, mientras el capitán Dallas investiga en busca del monstruo. ¿O es Dallas quien lo dice?

sábado, mayo 19, 2007

Espacio



No pude cambiar una cita con dos de mis alumnas para un control de lecturas y no pude acudir el martes a la calle Pintores —en donde pronto expondrá mi amigo escritor y dibujante Javier Alcaíns— al acto de recepción del legado de la escritora Pureza Canelo a la Diputación Provincial de Cáceres, en cuyo archivo —y en sala habilitada para ello— quedarán depositados sus libros, algunos objetos personales, parte de su epistolario, mucha documentación... Espero que no ocurra lo mismo que con la biblioteca de Pedro de Lorenzo, y que este fondo siga vivo, activo y operativo. Con el tiempo, lejos ya de lo noticioso de ahora, se valorará justamente este importante regalo a la ciudad de Cáceres.
Y aunque no fui, salí beneficiado, por Pureza —José Luis Bernal mediante—, de otro apreciadísimo regalo. La cuarta entrega del Cuaderno adrede que edita la Fundación Gerardo Diego, dedicado a Espacio, el poema de Juan Ramón Jiménez, con tres artículos de Alfonso Alegre Heitzmann, Francisco J. Díez de Revenga y Almudena del Olmo. Con las casi cuarenta páginas del excelente trabajo de Alfonso Alegre ya estaba justificado el cuaderno y, por consiguiente, clarificados el contexto y la génesis del poema. Hace años pudimos hablar Alfonso y yo del extraordinario filón de Puerto Rico para el investigador juanramoniano y ya disfrutamos todos de su estupenda edición de Lírica de una Atlántida en Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
Sí, bien. Vale. Pero lo importante es que el Cuaderno adrede se acompaña de un sobre que contiene en edición facsimilar los veintiséis folios —holandesas— mecanoscritos con anotaciones y correcciones de letra de Juan Ramón que éste envió, con dedicatoria a Gerardo Diego, a José García Nieto para su publicación en la revista Poesía española. Lo que le enviaba el poeta era la versión definitiva del poema en prosa, después de lo publicado en México en 1943 y 1944, cuando un lector como Gerardo Diego se percató de la importancia de lo publicado. Por eso, Juan Ramón le dedica el poema en esta versión con “agradecimiento lírico por la constante honradez de sus reacciones.”
Un regalo.

jueves, mayo 17, 2007

O Sentimento dum Ocidental




Nas nossas ruas, ao anoitecer,
Há tal soturnidade, há tal melancolia,

Que as sombras, o bulício, o Tejo, a maresia
Despertam-me un desejo absurdo de sofrer.

Cesário Verde

Un clavo en el corazón


Hace ya meses que sentí interés por esta obra de la que habló Antonio Sáez, su traductor en esta edición de la “Biblioteca portátil” de Editorial Periférica. Antonio introdujo su intervención en una mesa redonda sobre traducción del pasado Ágora de octubre de 2006 con una alusión a este Tiago da Silva Pereira que escribe, desde Sintra un 11 de octubre de 1880, una larga carta a su amigo Cesário Verde, el autor de El sentimiento de un occidental (1880).
La alusión de Antonio Sáez en aquel momento a una obra titulada Un clavo en el corazón, de Paulo José Miranda, publicada en Portugal en 1997, llenó la sala de casi la misma sabia serenidad intelectual que se desprende de las palabras de Tiago en la novela, que equipara traducir y escribir, y que siente dentro de sí, tras tantos años dedicado a la traducción, “una verdadera lengua apátrida que, como diría Agostinho d’Ornellas, fuese una mediadora efectiva entre dos intereses en conflicto. Evidentemente, esta imagen del traductor como embajador no anula la motivación de un interés por su parte, al contrario, del mismo modo que una verdadera lengua apátrida no quiere decir ausencia de lengua madre, sólo la madurez de quien ya vive bien separado de ella. ¿No es lo mismo la poesía, vivir de tal modo una emoción hasta el punto de olvidarla, no completa pero sí perfectamente? El poema, igual que la traducción, es ese olvido que un día fue incluso más que la misma vida” (págs. 102-103), escribe Tiago da Silva Pereira al autor de El sentimiento de un occidental.
Como leí el otro día en Álvaro Valverde —en su entrada “Un par de alegrías” del 1 de mayo de 2007—, yo también acudí tras la lectura del delicioso texto de Paulo José Miranda a la del poema de Cesário Verde, y redoblé el placer. De la reflexión sobre el estilo como hijo de la fe y de lo imposible, como algo que crece con esta doble y distinta condena, a la triste ciudad del poema, a sus costureras y floristas, al dolor humano.

lunes, mayo 14, 2007

Publicaciones de la UEX en la Feria del Libro de Badajoz



El miércoles 16 de mayo —¡felicidades, Pedro!— presentamos un par de novedades editoriales del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. A las siete de la tarde en Badajoz, en su Feria del Libro, estaremos en la carpa con la autora de La imagen social de la mujer en las series de ficción, Elena Galán; y el autor de La rehabilitación de la Plaza Alta de Badajoz (1975-2005), José Manuel González González. Además, la grata compañía de Mari Loli Caraballo, la Directora del Instituto de la Mujer de Extremadura, que ha patrocinado el libro de Elena. Y la de mi buen amigo Paco Hipólito, que sabe de arquitectura, de rehabilitaciones, de libros, y que hablará un poco sobre el estudio de José Manuel González, que ha financiado el Ministerio de la Vivienda.
A las siete de la tarde en la Plaza de San Atón de Badajoz, en su Feria del Libro. Nuestro fondo editorial en el stand de Boxoyo Libros. Cuántos años asistiéndonos esta gente que gusta del libro.

sábado, mayo 12, 2007

Calle Gallegos

Desde casa, en mi estudio, frente a la pantalla de este ordenador en el que escribo, escucho pasar las tardes por mi calle los días laborables y también la mayor parte de los fines de semana. Tienen esas tardes la voz desinhibida de mis vecinas mayores. Hay varias; pero mi vecina mayor y medianera es el caso de mi calle. Se entretiene a sus años —muchos— como antaño, asomándose al balcón. Habla con todos, conocidos y sin conocer. “—Es menester que nos pongamos buenos” quizá sea su frase favorita. “—Vaya usted con Dios” es su saludo de siempre. Y “—Tirando” es su respuesta resignada a tanto saludo de compromiso. Algunas tardes parece que se aposta en su balcón para espetar a otras señoras: “—Ustedes son forasteras”, les suelta; y ellas, heridas, lanzan a su altura que “—No” y largan, mientras mi vecina sonríe, el domicilio completo, filiación, número, letra, escalera y enigmas.
De vez en cuando me sorprende cuando habla sola, y lo hace mucho, cuando comenta lo que pasa en la calle: un perro que ladra —sabe hablar a los perros y éstos la escuchan—, el sonido de una sirena, una voz más alta que otra, una nube cargada de sueños que mira nuestra calle o una conversación en el bar de la esquina. Entonces, en el silencio de la tarde, ella dice “—Ahí hay una que se llama Amparo”.

martes, mayo 08, 2007

De traductores

La lectura de las pruebas de imprenta de la crónica que redacté de uno de los cursos -el de traducción literaria entre español y portugués- del pasado ÁGORA me devuelve la anécdota contada por el novelista Almeida Faria (1943) en la primera mesa. Reivindicó al traductor como el único lector que verdaderamente lee palabra por palabra los libros. Habló de su novela Cavaleiro andante (1983), que se publicó con la falta gorda de un salto del capítulo 11 al 13. Sólo la traductora de la edición francesa (Chevalier errant, de 1986) se percató del error. Nadie antes. Ni un crítico, ni ninguno de los miembros del jurado que le concedió el premio de la Asociación de Escritores Portugueses, ni el corrector de la editorial... Nadie se dio cuenta. Sólo la traductora.

lunes, mayo 07, 2007

De currículos y solapas (I)

Será por el calambur, pero la alusión siempre parece hinchada: “...ha sido traducido a una docena de idiomas.” O más.

viernes, mayo 04, 2007

Modos poéticos del compromiso


Un ensayo sobre la poesía de Víctor Botas publicado por Llibros del Pexe en 2004, un libro de poemas, Babilonia, mon amour, con Joaquín Juan Penalva, publicado como accésit al “V Premio de Poesía Dionisia García-Universidad de Murcia” (2005), y ahora esta Poesía en pie de paz. Modos del compromiso hacia el tercer milenio (Valencia, Pre-Textos, 2006), son parte de la bibliografía que tengo y conozco de Luis Bagué Quílez (Palafrugell, Gerona, 1978), estudioso de la poesía española contemporánea, crítico y poeta, que fue Premio Ojo Crítico de RNE y Premio Joaquín Benito de Lucas.
Poesía en pie de paz obtuvo el IV Premio Internacional “Gerardo Diego” de Investigación Literaria, que convoca la Fundación Gerardo Diego con el apoyo del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander, y tras él atisbo la presencia de una persona sabia y muy estimada como Ángel L. Prieto de Paula, crítico y profesor en la Universidad de Alicante, en la que se doctoró el autor de este libro.
Acabo de participar —junto a F. Javier Díez de Revenga, que fue componente del jurado de esa edición del Premio “Gerardo Diego”— en el tribunal de una tesis doctoral sobre la biografía literaria en España entre 1926 y 1936, redactada por Manuel Pulido y dirigida por José Luis Bernal Salgado, que tiene un planteamiento similar. En este caso, el de Luis Bagué, el análisis del compromiso de la poesía moderna y de los géneros poéticos de la nueva lírica social y sus temas recurrentes, se envuelve con una revisión teórica del concepto de compromiso en la posmodernidad y una revisión más descriptiva de la poesía española en los últimos veinte años del siglo pasado. Y se llega al análisis particular de cuatro ejemplos, cuatro libros de poemas: El día que dejé de leer El País, de Jorge Riechmann, Cinco años de cama, de Roger Wolfe, La semana fantástica, de Fernando Beltrán, y La intimidad de la serpiente, de Luis García Montero.
Antonio Orihuela, Javier Rodríguez Marcos, Benjamín Prado, Ángel Petisme, Juan Bonilla... son autores que se recogen con cierto detenimiento en las páginas de Luis Bagué como ejemplos de un ejercicio, en la secuencia esporádica de un poema o de varios, de estética ideológica. Por cierto, ¿qué le habrá pasado a mi ejemplar? Tiene más de un centenar de notas 1, y casi otro tanto de notas 2. Sólo una veintena de notas 3 y cuatro notas 4. Quiero decir que las notas al pie no tienen una numeración corrida, sino que recomienza en cada página con notas. El tratamiento de la bibliografía ‘de mi ejemplar’ también es gustosamente singular: la general, que se divide, en las fuentes secundarias, en aquellos estudios sobre poesía y modernidad y en aquellos otros sobre poesía y cultura españolas hacia el tercer milenio; y en cuanto a las referencias primarias, en obras de poesía española contemporánea —están de aquí Ada Salas, Álvaro Valverde, Javier Rodríguez Marcos, Antonio Méndez Rubio y José Luis García Martín—y en antologías poéticas; y la bibliografía específica referida a los cuatro autores: Beltrán, Riechmann, Wolfe, García Montero.
Este libro de Bagué es una buena guía para moverse por ese panorama poético de la diversidad, cuyos valores, deudas, incoherencias, certero sentido lírico, lagunas ciegas, falta de originalidad, hallazgos y otros pespuntes se patentizan con obras como este libro de Bagué.

martes, mayo 01, 2007

Más teatro


Ahora leído, y de José Luis Alonso de Santos. Dos piezas publicadas por Fundamentos en un volumen que me envió el autor hace un par de meses, con un prólogo de José Gabriel López Antuñano, que apunta algo interesante sobre esos personajes que hacen el papel de receptores internos de las piezas de Alonso de Santos. Nada nuevo, pero muy sugerente para comprobar la sabiduría teatral del autor.
En manos del enemigo es una pieza reciente (2006), y que confirma esa línea del teatro de José Luis Alonso de Santos del drama contemporáneo sobre asuntos, como es el caso, de actualidad ‘aquejada de rabia’: inmigrantes, playa, patera, buscarse la vida... Vis a vis en Hawai es pieza más antigua. Creo que la publicó la antipática SGAE en 1994. El personaje del Funcionario de prisiones es el receptor interno del que habla López Antuñano, y el punto cómico de la obra, marca de la casa, un atractivo. Situaciones teatrales, tiempo reducido, unidad de lugar.
Hace poco escribía sobre leer teatro en una revista nueva que ahora anuncia su segundo número: Dioniso. Es raro. Casi nadie lee teatro.

El gran teatro del mundo

Es mi papel la aflicción, es la angustia, es la miseria, la desdicha, la pasión, el dolor, la compasión, el suspirar, el gemir, el padecer, el sentir, importunar y rogar, el nunca tener qué dar, el siempre haber de pedir, el desprecio, la esquivez, el baldón, el sentimiento, la vergüenza, el sufrimiento, el hambre, la desnudez, el llanto, la mendiguez, la inmundicia, la bajeza, el desconsuelo y pobreza, la sed, la penalidad, y es la vil necesidad, que todo esto es la pobreza.

Sobre los versos dichos por el Pobre al principio de El gran teatro del mundo, el auto de Calderón de la Barca , que veo gracias a una grabación editada en deuvedé por la Biblioteca Valenciana. Sobre un montaje dirigido por José Luis Alonso de Santos —autor también de la versión del texto— que se representó en el Monasterio de San Miguel de los Reyes de Valencia —sede de la Biblioteca Valenciana— entre el 3 y el 6 de julio de 2006. De los papeles que reparte el Autor, me gustan la Discreción y el Pobre, y echo en falta al Infeliz, al Cándido, al Triste, al Estúpido, al Indigno, al Malo. Sobre la omnipresente Voz de la Muerte. La Muerte o la Voz, que es toda la sombra en que se sumen todos los papeles, el del Infeliz, el Cándido, el Indigno... Que lo merecen. Por Tontos. No los busque nadie en Calderón; son míos.
Imagino este auto representado en la Plaza de San Jorge de Cáceres, o en las escalinatas y aledaños del Arco de la Estrella. Creo que funcionaría perfectamente. Con un poco más de reinterpretación escénica del auto —y es que este Alonso de Santos fue comedido—, funcionaría.