martes, enero 06, 2026

El corazón revolucionario del mundo

«—Este chaval es sobrino de Concha. Estamos muy contentos, claro» —me escribió mi amigo Fulgencio en un mensaje de mediados del pasado septiembre. Me enviaba la noticia del diario Hoy firmada por M[aría]. Fernández: «El escritor extremeño Francisco Serrano gana el Premio Tusquets 2025», que precisaba el lugar —Guareña— y el año de nacimiento —1982— del escritor, y me anunciaba que la novela estaría en las librerías el 8 de octubre. «Es, fundamentalmente, extremeño y sentimental», se lee de Francisco Serrano en la solapa de El corazón revolucionario del mundo (Barcelona, Tusquets Editores. Col. Andanzas, 100), 2025, 225 págs.), que compré en cuanto estuvo disponible en librerías y terminé de leer ya en noviembre. Y puedo decir que tan altas expectativas —un premio Tusquets de Guareña y sobrino de Concha— quedaron cumplidas, pues me parece muy buena novela, muy inteligente como propuesta narrativa, que demuestra que su autor tiene una postura muy clara con respecto al texto literario, desde el que todo parte para que todo funcione.  La elección de la materia de la narración, el montaje del relato o el desarrollo psicológico del personaje femenino son elementos que están muy bien combinados y que confluyen en la idea principal que quiere proponerse al lector. El primer capítulo es magnífico, una muestra de cómo se pueden sugerir en un espacio reducido las claves interpretativas de toda la novela. Por un lado, las que atienden a las tres figuras principales —Valeria Letelier, Carlos Reseda y Joel Takahashi-Williams—, de una de las cuales —la de ella— parte la comparación con «una cosmonauta entrando en la atmósfera de un planeta desconocido» (pág. 22) que va a mantenerse durante toda la obra. Por otro, la sugestión, en las últimas líneas de ese capítulo, sobre los límites entre lo real y lo imaginado a través de una luz que parece envolverlo todo en «una bruma fría» (pág. 22), que son las tres palabras finales de ese trozo. La historia de estos tres personajes que pertenecen al Frente de Acción Revolucionaria (FAR), una organización terrorista anticapitalista que se extiende por toda Europa, el norte de África, Oriente Medio, Estados Unidos y Japón, se monta sobre una estructura de diecinueve capítulos, todos titulados con un texto extraído del contenido de esos trozos, representativo de una incidencia argumental o de una sensación, de un personaje...; así «Vuelve un espectro» (2), «Los alemanes» (5) o «Todas las de perder» (14). Algunos de ellos, por su brevedad, son descansos meditativos o metafóricos, piezas de señalización para el lector, sobre todo, de la evolución de la psicología de los personajes, entre los que —insisto— es el de la mujer identificada como Valeria Letelier el principal. A su vez, cada uno de esos capítulos se divide en otras unidades textuales marcadas como párrafos por el interlineado y que obedecen a cambios temporales, de foco, avances del relato, etc. La construcción artística de El corazón revolucionario del mundo acompaña sin alardes el desarrollo de una acción que mantiene el interés hasta el final, con el capítulo titulado «El mundo es un árbol»; pero hay muchos más aspectos que la hacen recomendable, aunque no voy a extenderme en ellos. Solo añadiré que fue tan neta la impresión que su lectura me causó de estar ante un escritor de especial entidad que me hice con otros de sus textos, y leí Hajira (Madrid, Episkaia, 2018), una novelita breve un punto distópica —descuidadamente editada por sus demasiadas erratas y con una solapa sobre Serrano que concluye: «Por lo demás, con frecuencia olvida peinarse»— que parece adelantar algo de la pedagogía de la violencia de Un corazón...,  y todo un wéstern, En la costa desaparecida (Madrid, Episkaia, 2020), trepidante novela ambientada en 1898 en Arizona. Y puedo decir que en todas estas obras hay una mujer con pistola y un escritor como la copa de un pino.

No hay comentarios: