viernes, mayo 26, 2006

Ni Dios mismo

El miércoles 24 se presentó en Cáceres la última novela de Pilar Galán, Ni Dios mismo (Mérida, De la luna libros), en un acto que llenó el salón del Colegio Mayor Francisco de Sande. Qué alegría da tener que sentarse necesariamente en las únicas sillas disponibles. Y más, si es al lado de Maribel y Basilio. Compañeros profesores, amigos, familiares de Pilar... Un familiar, Carmen Galán, leyó el texto que había escrito para la ocasión Santos Domínguez, que no pudo asistir —no por "razones ajenas", como se dijo en un lapsus, sino por otras bien propias—, y que puso en su sitio el género. ¡Ah, el género! La novela histórica (?). Y un profesor de Historia, Miguel Ángel Melón, también participó. Sé que se mordió la lengua. Porque hay mucho que decir sobre esos productos que tanto gustan a algunos lectores. Si Pilar no ha querido hacer una novela histórica, si Ni Dios mismo no es una novela histórica, si Santos habla de "subgénero" y si Miguel Melón no cree en la cosa... ¿Entonces? La próxima vez yo aprovecharía a Miguel Ángel Melón como buen lector de buena literatura. Sin más.
Jaime Naranjo me tiene reservado un ejemplar de la novela. No sé hasta cuándo, porque siguen diciéndole que vender libros es pesado, y creo que ya está en conversaciones con J.R. Alonso de la Torre —es espléndido y sugerente su viaje por la Raya de Extremadura y el Alentejo La frontera que nunca existió, en la Editora Regional de Extremadura— para montar un ruidoso bar de copas en La Madrila. Aquí en Cáceres. En donde el otro día se presentó la novela de Pilar Galán. Felicidades, Pilar.

sábado, mayo 20, 2006

La pertinacia de Antonio Gómez

Ayer estuvo en casa Juan Manuel Barrado (ahora, si me empino, puedo ver, casi al ras del suelo, la ventana de su cocina. Somos vecinos desde hace meses). Me regala siempre su amistad y su confianza, como el otro día, al darme a leer sus Fragmentos de cal, unos versos en los que anda trabajando y que quiere dedicar a Felipe Núñez, y en los que yo veo también una dedicatoria implícita a Antonio Orihuela (y a Miguel Labordeta, a César Vallejo, a Paul Celan, a Vicente Aleixandre...). A veces, como ayer, me regala algún libro o me muestra otros hallazgos. Ayer me dejó ver el "catálogo" de la exposición Cuadernos escolares que hasta el 15 de junio puede verse en la Biblioteca de Extremadura en Badajoz. No pude estar en la inauguración el pasado lunes y sólo he tenido un rato, gracias a Juanma, para contemplar lo que es más que un catálogo de otra de las singulares ideas generosas de Antonio Gómez. Una caja con doce cuadernos más el de introducción e índice que antologa la colección Cuadernos escolares, que se le ocurrió a A.G. hace ya un tiempo y en la que ha involucrado a decenas de artistas y escritores.
Lo de Antonio es una pertinacia amable. Él, calladamente —a veces con una notoriedad callada, como en sordina—, va contándote, al oído casi, su último proyecto y te invita a participar. Al tiempo, lo cuenta a los que pudiesen tener capacidad para su mayor difusión. Y poco a poco va cautivando a todos. Primero, a los que colaboran en su proyecto con sus creaciones —recordemos La Hoja Parroquial de Alcandoria, La Centena, La Pirámide...—, luego, a los que lo materializan en cuidadas ediciones.
Hace años que me dio algunos cuadernos para su distribución entre amigos escritores que ahora leo en el catálogo. Hace poco que me ha dado algunos boletines para su idea de Rh (robos y hurtos), y estoy convencido de que algún día leeremos en un libro confesiones que ni en los más oscuros tiempos de humo y cerrojos.

miércoles, mayo 17, 2006

Ángel Campos Pámpano, Premio de Traducción "Giovanni Pontiero"

Por la espléndida antología Nocturno mediodía. Antología poética (1944-2001) de Sophia de Mello Breyner Andresen, que publicó en 2004 Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, el poeta, profesor y traductor Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1957) ha obtenido el VI Premio de Traducción "Giovanni Pontiero" que convocan el Centro de la Lengua Portuguesa/Instituto Camões de la Universidad Autónoma de Barcelona y su Facultad de Traducción e Interpretación. Este premio, dotado con seis mil euros, se convoca un año para traducciones del portugués al catalán y otro año para obras vertidas del portugués al español.
Un reconocimiento merecido a una trayectoria de muchos años —hace veintiséis ya de la versión de A.C.P. de las Odas de Ricardo Reis en Balneario Escrito— y prestigiada por versiones de excelencia de autores fundamentales de la literatura portuguesa contemporánea, desde Pessoa hasta Al Berto, pasando por António Ramos Rosa, Saramago —que le entregará la próxima semana el premio a Ángel—, Carlos de Oliveira o Eugénio de Andrade.
Enhorabuena, amigo.

lunes, mayo 15, 2006

16 de mayo

El cumpleaños de Pedro, mañana 16 de mayo. El mismo día que murió Lola Flores nació mi segundo hijo. Nació el mismo día y el mismo mes que —setenta y siete años antes— Juan Rulfo. A la hora en que escribo esto debe de estar repasando conceptos de "Cono" sobre crecimiento y densidad de la población, en España y en Extremadura. Lo nuevo con respecto a lo que yo estudiaba es eso de fijarse en lo más cercano, en la Comunidad propia. Y lo de inmigrantes, tan impensable en los tiempos de la emigración. Nacimientos menos defunciones, dice el libro. Como cuando él nació, que se murió Lola Flores. Felicidades, Pedro.

sábado, mayo 13, 2006

Francisco Ayala

Yo tenía diecisiete años aquel veintiséis de enero. Escribí esa fecha en la portadilla de mi ejemplar de Los usurpadores. La cabeza del cordero, de Francisco Ayala, la edición de Selecciones Austral con introducción de Andrés Amorós (Madrid, Espasa-Calpe, 1978). Fue uno de los libros —otros eran El beso de la mujer araña de Manuel Puig, los Cuentos de Cortázar en Alianza Editorial...— que componían el lote de uno de los mejores regalos que me han hecho en mi vida. Un premio, más bien, por ganar un concurso literario en el instituto. Los profesores que eligieron aquellos títulos, sin saber que iban a marcarme profundamente con su gesto, fueron MariCarmen Rodríguez y Antonio García. Ella es un privilegio que disfruto cuando voy a Zafra. A él no le veo desde hace veintiséis años.
Mi ejemplar viajó conmigo ayer a Trujillo para conocer a Francisco Ayala. Un grupo de amigos, de la Unión de Bibliófilos Extremeños (UBEx) cenamos con él y con su esposa, Carolyn Richmond. (Viajó también con nosotros el primer tomo de los Cuentos completos de Clarín, en edición de C. Richmond). Y viajaron también mi amigo y compañero José Luis Bernal y Enrique Cidoncha, un conocimiento grato, un joven fotógrafo que nos ha presentado a todos Santos Domínguez y que ha captado imágenes memorables de Ayala. Con él, con Enrique, ayer, su cámara fotográfica.
Disfrutamos poco tiempo de la presencia de Ayala. Suficiente para constatar la presencia de un siglo y ver pasar los nombres y sus ecos. Al llegar a casa, volví a colocar mis libros, sin abrir, en sus estantes. Y Enrique dejó en algún sitio, al llegar a la suya, la bolsa con su cámara, sin sacar. Un acontecimiento.
(Hoy, Francisco Ayala ha participado en Almendralejo en el Día del Bibliófilo que organiza todos los años la UBEx).

jueves, mayo 11, 2006

Cementerio alemán, Yuste (bis)

Sumo a esa futura antología en formación de los poemas sobre el cementerio alemán de Cuacos de Yuste dos inéditos. Uno es de Santos Domínguez, que tiene fecha de enero de 2006. Es como un díptico: en una tabla, 1945; en la otra, 2005. Ambas llevan sendos lemas de Yeats. El último verso del poema:"Un hombre es extranjero en cualquier cementerio en que repose". El poema de Álvaro Valverde, el padre de la estirpe, no lo conozco; pero sé por él que lo escribió el verano pasado, al amanecer.
Los dos pararon en aquel lugar de paso para hacer el poema. Un motivo poético.

Juan Goytisolo y José María Ridao en la Plaza de Ibn Marwan

Ha merecido la pena recorrer los noventa kilómetros que separan Cáceres de Badajoz (y la vuelta) para escuchar en el jardín de la Biblioteca de Extremadura a Juan Goytisolo y José María Ridao. Han participado en el I Encuentro Internacional de Cultura del Mediterráneo, que ha ideado y organizado Isabel Barceló con el apoyo de la Consejería de Cultura de la Junta extremeña.
Es el caso que conozco bien lo que han escrito los dos, y he tenido el placer de escucharlos en varias ocasiones; y lo de esta noche (ya ayer) no por previsible ha dejado de tener la frescura de lo que se descubre como dicho por primera vez.
Tengo un año menos que Ridao y, si se me permite, me identifico con él en el modo de lectura de Juan Goytisolo y en haber hallado en esa lectura las puertas que me han llevado a otros autores y otros mundos. Hoy José María Ridao ha rendido justo homenaje a Juan Goytisolo, y cada vez que mencionaba a Blanco White, a Fernando de Rojas, a Américo Castro o a Francisco Márquez Villanueva como sitios motivados por el autor de Don Julián, yo, desde la primera fila cabeceaba empujando el aire, como un infla, quiero decir, un hincha.
El público estaba feliz por estar allí. Un señor tomó el micrófono para decir que estaba feliz. Le contestó Ridao feliz y consciente de que el estado de las autonomías —desarrollo y sostenible, no desarrollo identitario— le permitiese ser feliz en Badajoz. Y Goytisolo me confesó su felicidad por "lo de Barcarrota", que no es ningún crimen, sino una "biblioteca", la hallada emparedada en una vivienda de esa localidad.

lunes, mayo 08, 2006

Cementerio alemán, Yuste

Hoy he escuchado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la propia voz de su autor, José María Micó, un poema que ya había leído en su libro La sangre de los fósiles (Barcelona, Tusquets, 2005). Ha participado en un recital de poesía junto a Jordi Virallonga y Antonio Jiménez Millán. Una lectura memorable. Por lo triple también.
El poema de J.M. Micó era "Cementerio alemán", uno más de la estirpe iniciada, creo, por Álvaro Valverde en Una oculta razón cuando dedicó un texto al cementerio alemán situado a la orilla de la carretera que une Cuacos de Yuste con el Monasterio. Micó tiene fechado el poema el 15 de noviembre de 2000, "Con Jordi y con Eduard". Es decir, con el citado Jordi Virallonga y con el también poeta Eduard Sanahuja, que le acompañaron ese día en la visita al pequeño cementerio. Micó ha dicho hoy que aquel día de noviembre quedaron los tres poetas en dedicarle unos versos a aquel motivo. Sólo Micó cumplió, ha dicho.
Hace casi exactamente un año que Álvaro Valverde dedicaba un texto en su blog a este motivo poético en que se ha convertido el cementerio alemán de Yuste. Él citaba también otro poema de José Carlos Llop, de La dádiva, y lo de Treinta monedas de José Luis García Martín. Hay otro de Juan Lamillar. Y no sé, si a esta hora, ya habrá uno de Lorenzo Oliván, a quien incitó el propio Álvaro.
Cementerio alemán de Yuste. Un motivo poético.

Escenarios de novela

Desde octubre, al comenzar el curso y hablar en clase sobre El señor de Bembibre de Gil y Carrasco, renuevo a cada poco la lectura de esa novela en los controles que hago a mis alumnos de quinto. Todavía queda, creo, algún rezagado que tiene que hablarme sobre ese texto espléndido. No importa. Yo también he dejado para ahora, para los primeros días de mayo, el conocer de primera mano los escenarios reales de ese espacio textual. No ha sido a propósito, y es que la novela empieza: "En una tarde de mayo de uno de los primeros años del siglo XIV, volvían de la feria de San Marcos de Cacabelos"[...]
Ha resultado una experiencia gratísima contemplar el lago de Carucedo, el castillo de Cornatel —aun con su grúa enorme por las obras de restauración—, el de los Templarios de Ponferrada —incluso con sus restricciones por obras—, las orillas del Sil, los "encendidos picachos de las Médulas" (cap. XXXI), y Villafranca del Bierzo, la patria de Enrique Gil, con su evocación y la de sus páginas. Y patria también de Juan Carlos Mestre, cuya Antífona del otoño en el Valle del Bierzo releo vuelto del viaje y escucho en la palabra de Juan Carlos y la música de Amancio Prada, de Pedro Sarmiento, de Rafael Domínguez, de Cuco Pérez y de Luis Delgado, ese artista.
En el próximo viaje por esas tierras me llevaré el disco para escucharlo en el coche y mi ejemplar iluminado de la edición de El señor de Bembibre en la colección Austral que hace un par de años publicaron Miguel Ángel Muñoz San Juan y Juan Carlos Mestre. Nos hemos prometido volver. Para levantar la vista, sosegados, en la Catedral de León y en el Panteón Real de San Isidoro. Y evocar también escenarios de novela.

domingo, abril 30, 2006

Climas

En este tiempo, sobre las siete de la tarde cae el sol justo sobre este escritorio y enardece las motas de polvo que se han posado en la superficie de esta pantalla en la que leo. Es más, he cogido de un estante un libro hace tiempo sin tocar y al abrirlo, sobre esta luz natural que cae, tan poniente, decenas de motas han volado en este espacio encendido, primero, como pájaros espantados y como fuegos de artificio que se apagan y descienden a lo oscuro luego.
El libro es Climas. Odile e Isabelle, de André Maurois, la traducción de Assumpta Roura en Ediciones del Bronce, en 1997. Lo compré hace unos seis años en Badajoz y en su segunda parte, la de Isabelle, leo:
"Cometemos el error de decir que el amor es ciego; lo único cierto es que el amor pasa por alto los defectos y las debilidades y que ve perfectamente cuando está convencido de haber encontrado en alguien lo que de verdad le importa sin tener necesidad de razonarlo."
En eso pienso en esta tarde en la que el sol sigue iluminando a trozos este espacio.

lunes, abril 24, 2006

Con Jaime Naranjo. De libros

Lunes festivo —por San Jorge, ayer domingo. Paseo de Cánovas. Feria del Libro de Cáceres. He estado con Jaime Naranjo. Hemos hablado de libros. En casa he leído en El boomeran lo que ha escrito Javier Rioyo sobre la librería de Jaime, sobre Boxoyo Libros. No lo dice, pero debería saberse que ese rincón único de Cáceres, en donde uno puede pasar horas dedicado a esos dos placeres asociados a las buenas librerías, ver libros y charlar con el librero, puede desaparecer atenazado por pleitos y sentencias que lo consideran un negocio peligroso por el peso que soporta el inmueble.
La desolación de Jaime se traduce en cerrar antes de que le cierren la librería. No puede ser. No debe ser. ¿Nos vamos a quedar callados? ¿Sólo vamos a escribir en nuestros blogs elogios y denuncias, lamentos y protestas? No debe ser.
Con Jaime Naranjo, de libros. Hemos hablado de autores y de la Feria. El periódico traía hoy buenas noticias sobre la afluencia de público y el volumen de ventas; pero el interés cultural sigue fallando, comentamos. Aun así, añado, es importante que en el centro de la ciudad, en su paseo principal, pase lo que está pasando. Claro que, luego, uno se viene abajo.
Porque uno, hoy, estaba aquí para presentar dos novedades editoriales del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura: una espléndida traducción de los Sonetos de Shakespeare, de Carmen Pérez Romero, y un libro sobre Gabriel García Márquez: crónica y novela, de Carolina Molina Fernández. Y no había nadie de la Universidad. Estaban Rosalía y Santos Domínguez, Jaime, Pepe Domínguez, algunos familiares de Carolina Molina, Teófilo González Porras, algunas señoras que pasaban por allí. A Miguel Ángel Melón, que fue director de Publicaciones de la Universidad no le dio tiempo a llegar desde Monroy, y sé de su disculpa. Nadie más.
Con Jaime, hablando de libros. Ojalá que por muchos años. Y en su librería.

domingo, abril 23, 2006

Garlito

El Diccionario de la Academia Española trae como principio de la primera acepción de la palabra garlito lo siguiente: "Especie de nasa, a modo de buitrón"... Sea.

domingo, abril 16, 2006

Un regalo, de Tato

Recomiendo leer la entrada Un regalo del blog de Tato. Hace muchos años me sentí igual después de que alguien enredase en mis libros y en mis cajones. En la mesilla de noche había un paquete de tabaco rubio —yo, por aquel entonces, fumaba Ducados— y el ladrón encendió un pitillo —había ceniza en el suelo, al lado de la cama. Acababa de comprarme mi primer ordenador, vivía al lado de la comisaría de policía y los ladrones forzaron la puerta por las bisagras. Me parecen circunstancias reseñables. A los pocos días, el periódico publicó los signos que acostumbran a usar los 'cacos' para señalar sus objetivos. En mi puerta quise ver un pictograma cuya traducción según el periódico —creo recordar— era un displicente "Nada de interés", o sea, que no había joyas, que era lo que buscaban los ladrones. Otros mensajes informaban: "Mujer sola", "Ya limpiado" o "Limpio"...
Yo también pensé en mis ladrones, en sus sueños, sus pasiones, sus problemas, sus gustos; y recuerdo cómo me sentí al comprobar que alguien había estado hurgando en mis cosas, esa desnudez...

jueves, abril 13, 2006

Mi hermano y yo


La lectura de Años de ignorancia..., un libro de cuatrocientas treinta y dos páginas de mi hermano Luis R. y con una tirada de poco más de una docena de ejemplares, que consiste en evocaciones personales y reflexiones sobre acontecimientos entre 1946, año de su nacimiento y 1970, antes de casarse, me incita a recuperar esta foto que otro hermano, José María, arbitrista y autor del prólogo al libro citado, iba a publicar en su blog.
La foto de José María y yo está tomada un domingo a la salida de misa, en la iglesia de Santa Marina de Zafra, y se las trae. Obsérvese la diferencia entre los hermanos a partir de una mera pose: el carácter resolutivo y extravertido de la postura de mi hermano —mano izquierda en el bolsillo del pantalón, piernas en una actitud dinámica y abierta— frente al hieratismo hermético y de firmeza castrense del que luce el flequillo más tupido y atemorizado. Sólo un detalle rompe la distributiva fraterna: mi lazo al cuello, no parece propio, de tan desarreglado.
Se admiten comentarios.

martes, abril 11, 2006

Un cuaderno antiguo

La búsqueda de un dato me ha llevado a detenerme en la lectura a saltos de un cuaderno antiguo (9 de marzo a 20 de junio de 2001). Contiene muchos apuntes y notas, algunas entradas de teatro o de cine (se borran, sí, se borran con el tiempo las del cine), un recorte del periódico, citas, listas, comentarios... De todo hace cinco años.
Hay un apunte sobre el ensayo público de la obra teatral de un amigo, El pan de la vida, de Honorio Blasco, en la Sala Trajano de Mérida. Hay una nota sobre el cumpleaños de mi hija —con quien leí Asterix y Latraviata, con Uderzo y sin Goscinny— y al día siguiente otra a propósito de la intervención de Manuel Rico y Javier Rodríguez Marcos en "La estación azul", el programa de Radio 3 que dirigen Ignacio Elguero y Javier Lostalé. Llamé y no entré en directo. Hay una frase de una amiga que hoy es preciosa —la amiga, no la frase: "No me gusta que estés malo". Hay también unas líneas tristes del cuatro de abril por la muerte de la madre de un amigo, Ángel Campos ("Yo también te quiero mucho" es un verso real que no está, así, en La semilla en la nieve, su espléndida elegía). Hay un jersey echadizo, unos pantalones piratas, una ocurrencia: la propuesta de que un recluso de Cáceres-2 curse estudios de Filología en la Facultad. Están las notas sobre Don Giovanni de Mozart y las de una tarde de mayo de consultas en la Biblioteca Nacional. Está un apunte sobre un título anterior para el Memorial de un testigo de Santos Domínguez: Plaza de la palabra. Están las notas para un acto literario con Manuel Neila y Basilio Rodríguez Cañada que no llegó a celebrarse. Y hay una frase que escuché a mi hijo decir a su amiga Marta: "—Tengo ganas de hacer caca, ¿quieres acompañarme?". De todo hace cinco años.

sábado, abril 08, 2006

Asperges de notas sobre la novela PARADOJA DEL INTERVENTOR (XVIII)

En la crónica publicada el viernes en El País de la presentación en Barcelona de la nueva novela de Eduardo Mendoza, Mauricio o las elecciones primarias, que ha editado Seix Barral, se recogen las declaraciones del novelista, que compara la escritura de una novela con un viaje: “Uno piensa que viaja a París, pero luego decide quedarse en un pueblo del trayecto, triste y mal iluminado. Descarrilé en esta novela.” ¿Habrá leído Mendoza la novela de Gonzalo Hidalgo Bayal? Ojalá.
La idea de Mendoza del viaje —en tren, claro— aplicada a la escritura narrativa da pie para subrayar una vía de la intención de la Paradoja del interventor como exploración sobre las posibilidades de un narrador frente a su personaje. Esa vía o ese marco es el de un individuo que escribe y que se propone inventar a un personaje vacío y llenarlo con su palabra a partir de relaciones causales. El narrador explora sobre lo narrable y se empeña en crear desde la nada, en someter, a través de la palabra, los componentes convencionales de una trama novelesca, para demostrar —si cabe empeño tan presuntuoso en un escritor como GHB— qué puede hacerse a partir de un personaje interventor que no es interventor, de un tren que no pasa, de un misterioso sobre, de un cuaderno de hule negro...

Dijo un campesino a su amada

"Si el dinero no basta, apuesto el corazón. Es una moneda que también tiene precio. Me lo arranco del pecho, y todavía fresco lo pongo sobre la mesa para que oigamos juntos los latidos de un órgano que me hizo amarte desde la mañana hasta el anochecer, para conmoverme a tu lado con las lágrimas que sin duda has de derramar por mi sacrificio. Pero, si aun así pensaras que ni siquiera un corazón vierte la sangre de la que esperabas nutrirte por muchos años, podemos ir en busca de otras partes de mi cuerpo, no me importa que tomes los pedazos, no hay en ellos nada que ya no haya cedido por adelantado."
Hace pocas horas que me contaba Nélida Piñon que el cuento que comienza así, y que se titula "Dijo un campesino a su amada", provocó que una lectora se pusiese en contacto con ella para agradecerle el haberlo escrito. Está en O calor das coisas (1980), y en español está incluido en el volumen El calor de las cosas y otros cuentos, que, en traducción de Elkin Obregón publicó Fondo de Cultura Económica en 2000 y reeditó en 2005 en España al calor del Premio Príncipe de Asturias.
Nélida Piñon ha estado en Cáceres en el I Congreso Nacional de la Lectura. He pensado en el imperio narrativo de su personaje Scherezade, de Voces del desierto (Alfaguara, 2004, en traducción de Mario Merlino), como analogía posible con su creadora. Juan Domingo Fernández, periodista, que sabe de escuchar a buenos conversadores, lo confirma.

miércoles, abril 05, 2006

Una clase con Cernuda

Hoy he llegado a clase y en la pizarra estaba escrito, como un residuo de la clase anterior, el nombre del poeta sobre el que íbamos a hablar. Luis Cernuda. No era letra de profesor, sino de alumno que había expuesto un ejercicio meritorio. Circunstancias concretas merodean sobre lo hecho y sobre lo que escribo un día como hoy. Demasiado pedestres.
Olvidado de todo, me interesa especialmente destacar la importancia de la lectura de unos versos (Sólo dos tonos rompen la penumbra: / destellar de algún oro y estridencia granate.), y los que siguen, hasta ciento ocho (Luis de Baviera escucha 'Lohengrin', nuevamente). Ha sido sólo el principio de algo. Hemos quedado para mañana. Qué obligación.

Criptografías

No me extraña que algunos se inquieten cuando escuchan que uno escribe sobre aquellos licenciados en Filosofía y Letras que ahora se dedican a encuadernar libros o sobre los estúpidos libreros que se hicieron médicos y ahora están operando. En realidad, es para inquietarse, si uno escribiese así. Siempre he reivindicado el dar nombres, cuando no haya ofensa. Pero últimamente, todo el mundo escribe en clave, y yo, que soy un ignorante, y, además, soy poco susceptible, no me entero de nada.

P.S.: lo de los licenciados en Filosofía y Letras que ahora se dedican a encuadernar libros y lo de los estúpidos libreros que se hicieron médicos y ahora están operando son frases que han intentado construir un argumento, nada más. Por si acaso.

martes, marzo 28, 2006

Asperges de notas sobre la novela PARADOJA DEL INTERVENTOR (XVII)

Acabo de recibir la nueva edición de la novela Paradoja del interventor (Barcelona, Tusquets Editores, 2006). Hace el título número 599 de la colección Andanzas. No observo variaciones llamativas con respecto a la primera edición en Del Oeste Ediciones (2004). Me confirma el autor que, además de la corrección de erratas, ha realizado otras menores para evitar repeticiones, redondear alguna frase o unificar “alguna cosilla (un ejemplo: a veces, el interventor usaba un ‘cazo’ y a veces un ‘cacillo’; ahora sólo usa ‘cacillo’), cosas así”.
En cubierta, una fotografía de Geoffrey Clifford (Businessman Awaits his Train), que no retrata —y en realidad, no tiene por qué— la vieja estación de la novela y su progreso industrial desvanecido. En la solapa, una buena fotografía de Gonzalo Hidalgo hecha por Ismael Rozalén.
No parece que esta novela haya sido publicada con anterioridad por Del Oeste Ediciones en 2004. Sólo en la solapa se dice que es una “novela culminante de Hidalgo Bayal que ahora rescatamos para nuestro catálogo”. Nada más. Como ocurrió con Entre líneas, de Luis Landero, que publicó Tusquets en 2001, y que, a pesar de algunas variantes, tuvo una insoslayable primera edición con dibujos de Javier Fernández de Molina en Los Libros del Oeste ilustrados en 1996.