miércoles, mayo 24, 2023

Valor, agravio y mujer

Gusta encontrar en la prensa general el nombre de una escritora «olvidada» de nuestro Siglo de Oro voceado como noticia. Lo fue el de Ana Caro de Mallén (1601-1646) cuando se anunció en abril el estreno de Valor, agravio y mujer en el Teatro de la Comedia de Madrid, por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En el ámbito más especializado de los estudios sobre el teatro áureo, Ana Caro es una figura conocida y son abundantes los trabajos en los que se ha analizado su producción, sobre todo en el siglo XX. De 1903 son los Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833 (1903), de Manuel Serrano y Sanz, en donde se editó esta comedia, que luego conoció otras ediciones en la década de los noventa y, más recientemente, la publicada por el Instituto Cervantes en 2020 de Ana M. Rodríguez Rodríguez, que no he visto citada en la más reciente de Juana Escabias, editora del Teatro completo este mismo año de 2023 en la colección Letras Hispánicas de Ediciones Cátedra. Es esta investigadora y directora teatral, y también dramaturga —en esa misma colección ha publicado tres piezas: Cartas de amor… después de una paliza, La puta de las mil noches y WhatsApp, en edición de Francisco Gutiérrez Carbajo—, Juana Escabias, quien ha realizado la versión de la obra que vimos el sábado 20 en Madrid bajo la dirección de Beatriz Argüello. A la salida del teatro vendían —a tres euros— el texto de la comedia, que coincide en sus 2.757 versos con los editados por Cátedra, y que, si no estoy equivocado, fueron todos, sin mengua, los que se dijeron en escena durante los 110 minutos que duró la representación. Doña Leonor de Ribera, bajo la identidad de don Leonardo, llega a Flandes, para vengarse de su antiguo amante don Juan de Córdoba, que la abandonó en España. Allí seduce a doña Estela, la prometida de don Juan, y reta a este a batirse a espadas. El juego de las simulaciones conduce al triunfo del amor y la reparación de los agravios, después de una acción dramática entretenida y una variedad métrica —romances, redondillas, octavas, décimas, alguna silva…— que la hace agradable. La Compañía Nacional ofrece un montaje muy atractivo a partir de dos tramos de escaleras que se desplazan y demarcan el espacio escénico para representar diferentes elementos, desde una galería a un balcón, y que delimitan un movimiento muy bien orquestado de los personajes, que tiene su más vistoso apogeo en las escenas de esgrima, con una demostración de destreza y físico por parte de unos actores adiestrados por un experto como Jesús Esperanza. En esto se desenvuelven bien la actriz principal Julia Piera (Leonor/Leonardo), Pablo Gómez-Pando (don Juan) e Ignacio Jiménez (Ludovico). Pero es el buen hacer de Julia Piera el que sostiene buena parte de la notable ejecución general, pues a lo físico hay que añadir el decir de un verso que debe combinar el registro femenino con el masculino. Me fijé en que don Juan dice «’Más merece quien más ama’ / dijo un ingenio divino» (vv. 1233-1234, II), que en la edición no se anota como comedia de Hurtado de Mendoza. Y que Leonor dice luego «disteis al deseo alcance» y me acordé de la copla a lo divino de San Juan de la Cruz. Me fijé también en las miradas de mujer sobre un clásico de mujer con ropajes de hombre, y en detalles como las pecheras rojas del vestuario de ellos como gallos peleones por sus damas, un ejemplo entre muchos del cuidado puesto en todos los elementos sígnicos del montaje, como la solución del retrato de Leonor en la tercera jornada con su reflejo sobre el metal de un trozo de armadura. Todo confluye finalmente en una propuesta muy sólida que sabe sacar partido a un texto —para Escabias, inspirado en el Don Gil de las calzas verdes de Tirso— que debe tenerse en cuenta para ensanchar nuestro repertorio clásico, y para el solaz de un público como el de la otra noche, que salió muy satisfecho del local de la calle del Príncipe. 

miércoles, mayo 17, 2023

Jornada sobre Olvido García Valdés

En el Aula Miguel de Unamuno del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca tendrá lugar mañana jueves 18 de mayo una «Jornada de Estudio en Honor a la poeta Olvido García Valdés», coordinada por Amelia Gamoneda Lanza y organizada por Patrimonio Nacional y la Universidad salmantina, convocantes del Premio Internacional Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que obtuvo, en su XXXI edición, la poeta asturiana, la autora de confía en la gracia (Tusquets Editores, 2022), su más reciente libro poético. Amelia Gamoneda ha sido la editora de la antología conmemorativa de ese premio este año, La caída de Ícaro (Selección de Olvido García Valdés. Introducción y edición de Amelia Gamoneda. Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca. Biblioteca de América, 65, 2022), y ha escrito una introducción luminosa bajo el título «Extrañeza y analogía. La poética biológica de Olvido García Valdés». Tras la inauguración oficial a las 11 de la mañana, presidida por el Rector de la USAL y la presidenta de Patrimonio Nacional, dirá su conferencia el escritor y profesor de la Universidad de Málaga Vicente Luis Mora: «Inestabilidad y fijeza. Pensamiento subterráneo en Olvido García Valdés». Después, participarán en una mesa redonda Ariana García-González, autora de una tesis sobre Olvido García Valdés leída el pasado año en la Universidad de La Coruña (Olvido García Valdés: poesía y poética), el crítico y poeta Antonio Ortega, y la profesora de la Universidad Clermont Auvergne Bénédicte Mathios. Por la tarde, una conferencia de Virginia Trueba (Universidad de Barcelona) —«Tocar hueso / tocar hueco (o vamos cayendo como moscas»— abrirá la sesión, en la que también habrá otra mesa de reflexión en torno a la obra poética de Olvido García Valdés, que compartiré con el poeta, traductor, editor y crítico Jordi Doce, y la profesora de la USAL y poeta Mª Ángeles Pérez López. Finalizada esta, Olvido García Valdés hará una lectura de sus poemas. Porque oyendo «leer poemas a Olvido García Valdés, una teoría poética que por momentos pudiera parecer demasiado inconcreta se ancla en la experiencia de lo sonoro y en las intuitivas verificaciones que de ella se derivan. Pues hablar del cuerpo o de la realidad dentro de los dominios del lenguaje no es proyecto sin riesgo. Y para ello la voz de la poeta es un hilo de Ariadna» (Amelia Gamoneda, Del animal poema. Olvido García-Valdés y la poética de lo vivo, Oviedo, KRK ediciones, 2016, pág. 14).

miércoles, mayo 10, 2023

El Cancionero de Cossío

Cuando la reciente edición del libro de Rozas Conversaciones y semblanzas de hispanistas (Renacimiento, 2023) todavía estaba en fárfara, algunos conocimos su contenido gracias a José Luis Rozas, su editor. En su momento, compartí el original con mi hermano Josemari, que me llamó la atención sobre la alusión que Juan Manuel Rozas hacía, en su semblanza de Cossío («José María de Cossío y el 27», págs. 76-83), a que un «poeta que no recuerdo, autor en el Cancionero de una elegía a Lorca, le pintó en él un plano del lugar donde lo mataron» (pág. 79); algo que Cossío contó a Rozas en enero de 1970 en la tertulia del Lion de Madrid. Con ese apunte viajamos en agosto de 2019 a la Casona de Tudanca para conocer su valioso fondo —que incluye un manuscrito del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías— y allí vimos el lugar y los libros, los cuadros y objetos expuestos; y, en esos días, en Santander, tuvimos la suerte de encontrarnos con quien mejor conoce el archivo de manuscritos poéticos —el Cancionero— que Cossío fue recopilando durante años, el profesor Mario Crespo López, autor del catálogo-antología El Cancionero de José María de Cossío. Una memoria poética del siglo XX (Madrid, Visor Libros, 2016). En efecto, en ese libro puede leerse que fue el escritor y cineasta Edgar Neville (1899-1967), que envió a Cossío una «Oda a Federico García Lorca» en cuatro partes, quien le hizo «un dibujo del lugar donde asesinaron a Lorca, con indicación de los pueblos de Viznar y Alfatar» (pág. 218). Vimos el dibujo; pero Mario Crespo no lo publicó en sus páginas, en las que sí transcribió la primera parte de la oda de Neville, «Su último paisaje» (págs. 219-221), sobre el entorno granadino que vio morir al poeta. Lo interesante de la compilación de Mario Crespo es que por vez primera se da cuenta cabal del listado de poetas —que el propio investigador ya había publicado en su biografía de Cossío hasta la Guerra Civil (2010)— y del contenido de los cuatro tomos que fueron obra directa de Cossío, más un quinto, «facticio, realizado con material reunido por quien fuera director de la Casona de Tudanca, Rafael Gómez» (pág. 41). La introducción de Mario Crespo contiene un acercamiento bio-biobliográfico de José María de Cossío (1892-1977), una valoración sobre la importancia del Cancionero, con su cronología, el número y la variedad estética de los poetas, el carácter de la obra como un capricho personal del editor e historiador castellano: «Manifestación evidente de su amor por la poesía y excusa para la delectación y el recreo en diferentes voces expresivas del siglo XX» (pág. 29), y la descripción de los aspectos formales de los volúmenes. Consultar el repertorio lleno de información elaborado por el investigador cántabro es recorrer, en clave de versos, gran parte de la cultura española del siglo XX, en un corpus de más de doscientos ochenta autores, sin parangón en la poesía española. En él hay poetas reconocidos de la generación de Cossío, como Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, de la del 36, como Miguel Hernández o Luis Rosales, y otros más secretos, como Rodríguez-Moñino (tomo I); a los que se irán sumando con sus autógrafos Jorge Guillén, León Felipe, José Hierro, Luis Jiménez Martos, Francisco Umbral, Eladio Cabañero, alguna mujer como María Victoria Atencia (Tomo II), Gabriel Celaya, Francisco Pino, Corredor-Matheos, Ángel González (Tomo III), Josefina de la Torre, Luis Álvarez Piñer, la extremeña taurófila «Mahiz Flor», Marcos Ricardo Barnatán (tomo IV)…, por espigar, sin más criterio que representar la diversidad del censo, unos cuantos nombres. Además de la localización de los textos en los diferentes tomos, de la fecha de copia, del modo de entrega a Cossío, de los títulos de los poemas —algunos editados en la antología— y de las notas bio-bibliográficas, es una aportación sensacional lo que se extrae y se extracta del copioso y valioso epistolario del archivo de la Casa de Tudanca, y que complementa algunos registros. Desde nuestro encuentro del verano de 2019, me sentía en deuda con Mario Crespo por su afecto y por su generosidad al dedicarme un ejemplar de su edición «En Santander a 8 de agosto de 2019 (y en presencia de su hno. José María)». Quede por él esta nota como testimonio del valor de una obra que merece más difusión y consulta.

sábado, mayo 06, 2023

Si esto fuera una novela

En la condicional de los conocidos versos de Pedro Salinas «¡Si me llamaras, sí; / si me llamaras!», el grado de improbabilidad puede depender del día del amante; pero la firmeza de su deseo es tan grande como su determinación en caso de cumplirse: «Lo dejaría todo». En el título Si esto fuera una novela (Mérida, De la luna libros, 2023) no se apreciaría deseo alguno si la apódosis fuese algo así como «no estaría en esta sección de la librería». Sin embargo, el título de este libro testimonial e íntimo de Pilar Galán no es más que un deseo irrealizable, el que cabría formular como Ojalá esto fuera una novela. De serlo, sus componentes, desde los espacios a los personajes, podrían ser ficticios, y los acontecimientos deseablemente no vividos. Sin embargo, no. La contundente realidad de la madre muerta convierte la expresión del deseo en un intenso lamento. Por eso, leemos: «Si esto fuera una novela de verdad y no un río o un arroyo cuajado de margaritas o un charco convertido en espejo de hielo, o un regalo en el que un palo o un junco caprichoso dibuja ondas una siesta aburrida de agosto, podría mentir y revestir este capítulo con el halo sobrenatural de un amanecer en el que, como los amantes de la película, el lobo y el halcón, por fin pueden encontrarse una madre y su hija» (pág. 138). «Podría mentir», dice la narradora con toda claridad. La película es Lady Halcón (1985), que merece un capítulo del libro con ese título (págs. 135-141), que evoca la leyenda medieval de los amantes condenados al amor imposible de ser ella halcón de día y él un lobo por la noche y a verse tan solo un instante al amanecer, como metáfora muy sugerente de lo fugaz que es el momento en que confluyen la madre necesitada convertida en niña y la hija ya adulta encargada de los cuidados de su otra. Pilar Galán ha escrito un libro emocionante. Estuve de acuerdo con uno de sus personajes —la hermana mayor—, que me dijo que es de lo mejor que ha publicado. Y no por el puro y descarnado sentimiento del recuerdo de una pérdida («Por eso escribo. Por eso duele tanto lo que escribo, porque cada palabra sostiene el peso de las que no están, porque cada palabra trata de llenar un vacío y al mismo tiempo, dejar en blanco el recuerdo de una ausencia que no puede leerse entre líneas», pág. 145), ni por la función que la escritura tiene como «tabla de salvación» (pág. 212), ni por la cercanía de lo real vivido y de unos personajes identificables y conocidos por tantos lectores («Para qué la ficción si la realidad siempre está por encima de la literatura», pág. 69). No. Si esto fuera una novela es brillante por la naturalidad y la sencillez puestas en lo que con sigilo se hace grande, como quien teje una labor de punto que va creciendo o una colcha de lana sin que se le noten las costuras (pág. 213); por la constante autorreferencialidad al texto, a la escritura que va avanzando por tanteo («Este libro avanza solo, pero no en línea recta», pág. 109), con muchas dudas, como un devaneo de la memoria y sobre la figura principal evocada, a costa, sí, de un padre secundario. Es brillante porque no da puntada sin hilo sobre un texto que es un entramado de piezas, sabiamente conectadas, a través de motivos recurrentes o hilvanes —los cuchillos que escondía la hermana mediana y que aparecen desde el principio hasta el final— o por el eje que es un capítulo como «Balance», único encabezado por un lema —de Michi Panero—, vigésimo de cuarenta y tres, y fundamental por sus conexiones con otros momentos del texto y para el sentido de todo. Un extraordinario libro de familia. P.S.: propongo a Pilar taka-taka como nombre de aquel juego de las bolas que no logró recordar (pág. 135); y la expresión que escuché de Elena Vilariño sobre su tía Idea, la escritora uruguaya, para decir que se le daban bien las plantas, como al don Alfonso de los últimos años: «tenía mano verde». 

lunes, mayo 01, 2023

Glorias de Zafra (XXVI)

El otro día me preguntó un amigo si me sentía cacereño. Para más señas, me lo preguntaba alguien de Zafra que lleva viviendo en Cáceres treinta años. Le dije que sí, que me considero integrado en esta ciudad en la que vivo desde hace más de cuatro décadas, aunque el gentilicio me parezca un préstamo tan casual como de larga duración. Sin embargo, todo es natural, como el apego que sigo sintiendo por el lugar en que nací y que justifica la etiqueta genuina de zafreño o zafrense, a pesar de que allí solo sea ya un visitante. «—Tú, tranquila, que seguro que alguien, si te pierdes, te devuelve a casa», se decía ayer domingo la actriz Carme Elías al hablar en una entrevista con Lourdes Lancho y Javier del Pino de cómo convive con su alzhéimer, y de la familiaridad y el afecto que siente en su barrio barcelonés. Emocionante. Si hubiese escuchado eso antes que la pregunta de mi amigo y paisano, le habría dicho algo parecido. Me siento cacereño porque sé que, si me pierdo por el centro de esta ciudad, alguien me reconocerá y me llevará a casa. Si me pasase en Zafra, lo único que necesitaría sería dar mi apellido; y estoy seguro de que, en cualquier calle, alguien me ayudaría. Qué digo; me acogería en su casa hasta que uno de mis hermanos mayores fuese a recogerme. No sé si respondo así a una pregunta que no me hago casi nunca. Con todo, que la vida no me haya dado más elección no me impide creer en el arraigo en otros lugares, y en medir en poco el tiempo necesario para sentirme de un sitio. Encajar en él. Ser cliente habitual. Un rostro familiar. Un par de meses.

sábado, abril 29, 2023

Unamuno en el Ateneo

Con mucha antelación, me pidió mi compañero y amigo Enrique Santos Unamuno si podía presentarle en el Ateneo de Cáceres en su conferencia «Mientras dure la guerra (de papel): Miguel de Unamuno y la anécdota del Paraninfo». Le dije inmediatamente que sí porque me apetece mucho servirle de introductor en un foro ciudadano, fuera del ámbito universitario, más allá del campus en el que los dos trabajamos. Enrique es una eminencia en su área de estudios de teoría de la literatura y literatura comparada, y lleva dando clases en nuestra Facultad de Filosofía y Letras casi veintitrés años. Será, pues, una satisfacción hablar en un foro como el Ateneo cacereño de quién es y de lo que ha escrito, como un preludio a sus palabras sobre el enfrentamiento de su bisabuelo Miguel de Unamuno con el general Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, que —como explica en un avance— «se ha convertido casi en un mito, una especie de parábola o apólogo moral sustraído muchas veces a las ambigüedades del transcurso histórico y a la radical alteridad del pasado. ¿Qué circunstancias y elementos contextuales precedieron y siguieron a esos hechos y a su configuración en un relato quizá demasiado ejemplar? ¿Cómo se ha ido fraguando esa anécdota hasta cristalizar en el Unamuno cinematográfico de Alejandro Amenábar (implícito en el título que proponemos), ensalzado por unos y rechazado por otros? Esas serán algunas de las preguntas a las que esta charla tratará de dar respuestas provisionales, pues la historia, como la tela de Penélope, siempre está tejiéndose y destejiéndose». Será el próximo jueves 4 de mayo, a las 20:00 horas, en el Salón de Actos del Ateneo de Cáceres (C/ General Ezponda, 9).

martes, abril 25, 2023

Gris en claro

Pronto hará un año que tengo este libro, del que leí en su día algunos de los documentos y de las cartas que incluye, y del que no hace mucho terminé el estudio principal o primera parte sobre «Juan Gris y la vanguardia literaria hispánica», que es el título general: Gabriele Morelli, Juan Gris y la vanguardia literaria hispánica. Prólogo de Juan Manuel Bonet. Madrid, Ediciones Cátedra (Col. Crítica y Estudios Literarios), 2022. Me lo regaló mi compañero y vecino de despacho José Luis Bernal Salgado, por el que supe que el profesor italiano, expertísimo en la Vanguardia española, iba a visitar nuestra Facultad para dar una conferencia el próximo jueves 27 de abril (Aula 11, 10:00 horas), motivo por el cual publico estas líneas, que podrían haber salido en otro momento. El ensayo de Morelli es una exhaustiva aproximación a la relación que el pintor español tuvo con los escritores españoles e hispanoamericanos de vanguardia. Comienza con la recepción de Gris en España a su muerte el 11 de mayo de 1927, y otros ecos de escritores y críticos que lo difundieron con un retraso quizá motivado por la mayor fama y reconocimiento de otro artista español en Francia: Pablo Picasso. «Frente a frente» los aborda Morelli en uno de los capítulos de esa primera parte, que completa con numerosos datos y consideraciones la imagen de Gris en su contexto artístico, antes de tratar la relación del pintor con parte de lo más granado de la literatura vanguardista, como Guillermo de Torre, Vicente Huidobro, Gerardo Diego o Juan Larrea. El relato de esta relación lo hace el profesor italiano con el acopio de documentos poco conocidos o inéditos para revisar episodios como el supuesto secuestro de Huidobro, o la pasión de Juan Gris por el baile y la musical de Diego, que los acercó activamente. Las cartas (a Josep Maria Junoy, y a los literatos citados) y un conjunto de artículos, ensayos y entrevistas («Documentación literaria») sobre Gris y su obra, conforman la segunda parte de este volumen lleno de noticias y de datos para la historia de la vanguardia hispánica y que da una imagen muy completa de Gris y de sus principios artísticos, que entendían íntimamente ligadas la plástica y la poesía. Después de un artículo-conferencia de Guillermo de Torre sobre las reminiscencias personales entre Juan Gris y el pintor parisino Robert Delaunay, la joyita que cierra el libro es un texto de Rafael Alberti traducido al italiano y publicado en el Corriere della Sera en 1985 con motivo de la exposición Juan Gris (1887-1927) de ese año en la Biblioteca Nacional de Madrid, y en el que el poeta español evoca el envío que le llegó de Gris para la revista Litoral en el homenaje a Góngora en 1927, el mismo año de la muerte del pintor, al que Alberti —dice— no conoció. Terminaba estas líneas para recibir al profesor Morelli cuando mi colega José Luis Bernal me ha comunicado que por razones de salud no ha podido volar a España y que su conferencia «Neruda y Lorca frente a frente» —no sé si iba a ser el título exacto— se suspende hasta una nueva fecha. Ya habrá ocasión. Hasta pronto de escucharle, remedando alguna despedida de Juan Gris en sus cartas. 

domingo, abril 23, 2023

Leila

Los domingos, sobre las nueve menos cuarto, entra en casa la escritora y periodista Leila Guerriero (Junín, 1967). Su «Hola, soy Leila Guerriero, soy periodista, vivo en Buenos Aires» abre esas mañanas su píldora de la SER en el programa de Javier del Pino A vivir que son dos días y me habla en el desayuno, como anoté hace casi un año. Quizá lleve tres haciéndolo, como sus colaboraciones en El País en la columna de los miércoles, mi preferida de las siete que se publican cada semana. Lo escribo porque es una familiaridad que proviene de la escucha o la lectura periódica de alguien que sabe contar lo que observa y siente, y llega a hacerse una costumbre muy placentera que no decrece. Es un trato con el mundo gracias a lo escrito por alguien estimulante que comienza a llenarse de apariciones y referencias, como cuando, tras la lectura de la novela de Aurora Venturini, leí una larga entrevista que Leila Guerriero hizo a su compatriota en 2012, tres años antes de morir. Otras han sido las ocasiones en las que he topado con la periodista argentina fuera de la costumbre semanal de leerla y escucharla. No hace mucho vi la edición en España de la antología de Pedro Mairal Maniobras de evasión (Libros del Asteroide, 2019), hecha por Leila Guerriero, que también firma el prólogo. Antes, en 2015, se publicó en Santiago de Chile por las Ediciones de la Universidad Diego Portales. La penúltima vez que me he encontrado con la periodista argentina ha sido el sábado primero de este abril. Mi antiguo alumno y hoy amigo Javier Rodríguez Marcos, con el que también acostumbro a pasear por Cáceres cuando viene a visitar a su madre, me trajo un libro ignoto: Javier Cercas, Formas de ocultarse. Edición de Leila Guerriero. Santiago de Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, 2016. Su regalo, tantos años después, parece un símbolo del viejo gesto que tuvo conmigo cuando me enviaba desde Barcelona recortes de las columnas de Cercas publicadas en la edición de El País de allí, desde enero de 1998 hasta diciembre de 1999. Curioso; hasta casi justo antes de la fecha que puede tomarse como punto de partida de la escritura de los textos recopilados entonces por Leila Guerriero y ahora por Juan Cerezo, Josep Maria Ventosa y el propio Cercas en su reciente No callar. Crónicas, ensayos y artículos 2000-2022 (Barcelona, Tusquets Editores, 2023). De manera que la relectura de muchos de los casi doscientos textos de ahora me lleva a los ciento veintitrés de la antología chilena, que, como esta, recoge no solo artículos publicados en El País, sino relatos reales, prólogos, epílogos, artículos de mayor extensión de otros lugares, algún inédito, discursos…, etc. Igual que Leila Guerriero, en «El proceso» de cómo montó Formas de ocultarse, dice que ella ve todas las semanas a Cercas leyéndolo, yo puedo decir lo mismo sobre la escritora argentina a la que me encuentro —leo— en todas partes. La última, hace nada, en el muy recomendable y reciente libro de Pilar Galán, Si esto fuera una novela (Mérida, De la luna libros, 2023), que se abre con una primera cita de Leila: «Y por un momento entendí. ¿Qué? Todo. Entre otras cosas, que hay que escribir para que cada palabra soporte el peso de las que no están. Para vaciar la página de peso» (El País, 4.09.2021). Eso. 

sábado, abril 22, 2023

Las mujeres felices son una quimera

No soy lector de novela negra o policíaca, y quizá ya esté confundiendo los conceptos; pero no tengo prejuicios sobre ella, más allá de una tibia antipatía por etiquetas como esas o como «novela histórica», que no deben distraer de lo que verdaderamente importa: el valor literario, que es lo que distingue una obra entre otras del mismo color. Me desoriento más si existe una novela «jurídica». Esta de Alonso Guerrero (Las mujeres felices son una quimera, Córdoba, Editorial Almuzara, 2022) debe de serlo, pues logró el I Premio Internacional de Novela Jurídica del Ilustre Colegio de Abogados de Granada, una iniciativa que declara su propósito de dignificar la profesión con elementos de diversos géneros, como la novela histórica, género negro o policíaco, o «cualquiera de sus posibles combinaciones». Debe de ser que el texto de Alonso Guerrero cumple con ese fin y por eso hay en él algún abogado y un juez de apellido Corcovado. Un apremio dirigido a un autor que ha de ajustarse a un patrón que exige un muerto en la primera página, un policía —por ejemplo— solitario e independiente, descreído y algo canalla, que investiga; y una trama llena de incertezas y giros que conducen a un desenlace que no se puede desvelar, que es otro de los imperativos del género, ya del lado del lector. Someterse a una poética con sus constituyentes no tiene que considerarse nunca un demérito o una suerte de traición a la libertad creadora; y cuando un escritor que se ha movido con soltura por otros territorios lo hace, se generan muchas expectativas, que, como es el caso de esta novela de Alonso Guerrero, se colman sobradamente. Sin embargo, intuyo que hay una contención estudiada en escritores de fuste —así llamó Enrique García Fuentes a Alonso Guerrero en una certera reseña de esta novela publicada en el diario Hoy el 11 de febrero de 2023— cuando se las ven —lo buscan, claro— con un género así; como si hiciesen el esfuerzo de que no se les note que saben escribir de sobra. En esto sí que me pongo a la defensiva y soy prejuicioso ante quien se pliega o se contiene en exceso. Sin duda, aparte de los aspectos de una trama y unos personajes bien llevados, el autor es consciente del terreno que pisa y me gana cuando se permite alguna autorreferencia irónica por boca del policía: «Si no vamos a seguir los cánones de la reciente novela negra, en la que la comida es tan importante como los móviles del crimen, lo mejor es que comamos sólo para no morir. De niño me gustaba la mortadela italiana. Además, no leía novela negra» (págs. 143-144). La travesura de un título llamativo —en algún momento se equipara a las mujeres con las novelas— y el desenfado irónico son actitudes muy personales para un relato muy bien escrito y que liga los diálogos como forma preeminente. En los dos niveles deja el narrador sus guiños al cine o a la literatura, sobre todo a esta, desde una primera alusión a El clavo de Pedro Antonio de Alarcón (pág. 12), a La Eneida (pág. 24) o a Shakespeare (págs. 33 y 217), hasta la lectura de unos versos de John Donne filiado por el personaje mítico y literario de Asterión por su habilidad para moverse «por la historia de la literatura como hay que moverse, con las manos atadas a un teclado» (pág. 121), o las menciones de autores del género como James Ellroy, Dennis Lehane o Raymond Chandler (pág. 158). Alonso Guerrero se empeña por fortuna en esta novela en envolver su trama de sugestivos referentes que uno agradece casi desde la misma postura que el protagonista cuando le dice a un editor del género: «Soy un mal lector de novelas de policía» (pág. 162). Y de policía se trata; aunque no solo, como es natural.

viernes, abril 14, 2023

El baile de los pájaros

«Ayer recogí […] el mecanoscrito de El baile de los pájaros, de Basilio Sánchez, que surge de su colaboración en Conclausa […]», leo en una anotación de 19 de noviembre de 2021. Compartí que aquella colaboración durante el confinamiento había adelantado en forma de aforismos en prosa el título del nuevo libro y que siete de las diez breves teselas que se publicaron armaban en su orden el poema del mismo título, «El baile de los pájaros», primero de la segunda sección del poemario: «En mi parte más sola crece un árbol / y yo escucho sus hojas. // Como ellas, / con un temblor idéntico, / respiran las palabras, y es su aliento / el que vuelve de pronto incandescente / lo que ya se ha extinguido. // El poema es el baile de los pájaros frente a la comitiva de la boda. […]» Pocos días después, en su casa, Basilio y yo conversamos sobre su libro, sobre el que hizo, como siempre, precisos comentarios de intención y circunstancias. Hoy, 14 de abril de 2023, hemos quedado porque quería darme El baile de los pájaros (Pre-Textos, Col. La Cruz del Sur, 2023), que acaba de salir. Como siempre, me ha regalado y dedicado uno de los primeros ejemplares recibidos. He llegado a casa cuando acababa la tarde —un poema la nombra así— y, con mi libro abierto, me ha parecido que comenzaba el día, que la luz era otra, que todo… Y aquí el golpe de la noticia inicua con su viento terrible que me ha cerrado el libro y ha espantado a los pájaros. Acabo de enterarme, tan tarde, de que ayer murió la poeta Marta Agudo (Madrid, 1971). Cuánto lo siento.

sábado, abril 08, 2023

Beethoven y Tomás Pulido


«Se podría definir a Tomás Pulido como un hombre que siempre anduvo buscando las huellas de otras huellas y en ese caminar, en ese escudriñar, fue dejando sin querer las suyas propias, a veces en forma de cartas, de fichas y apuntes, y otras de libros o artículos de prensa. Con esa letra cuidada, estética, artísticamente hilada, que era una prolongación de sus ojos lo dejaba todo escrito. Así, empezaba elaborando un artículo y se le caía un libro de las manos. Por eso mismo, esas huellas son incontables y su legado, aun hoy, es difícil de acometer» (pág. 44). Lo ha hecho magníficamente su nieta Beatriz en esta edición de un libro sorprendente: Tomás Pulido y Pulido (José de Hinjos), Beethoven (Sugestiones) Ensayo íntimo. Edición, introducción y notas de Beatriz Pulido Flores. Mérida, Editora Regional de Extremadura (Serie Rescate, 65), 2022, de donde procede el fragmento citado. La edición original de 1927 —primer centenario de la muerte del genio alemán— apareció bajo el seudónimo de José de Hinjos, con el que el historiador cacereño firmó muchos de sus artículos y alguna más de sus obras, como El Divino Morales. Ensayo íntimo (1926), y en ella cristalizaron algunos de los textos sobre Beethoven que fue publicando en la prensa local desde 1919. Es sorprendente este libro —para mí, una de las principales aportaciones editoriales de la Editora Regional de Extremadura desde el último trimestre del pasado año— por su primera publicación esquinada en una capital de provincia como Cáceres, en un contexto social y cultural poco propicio —Tomás Pulido lo llama «ambiente hostilmente cerrado» (pág. 91); por su espontaneidad y sinceridad en tanto que panegírico de un artista inmortal; y, también, por los rasgos de su contenido. Porque, a mi parecer, el ensayo de Tomás Pulido (1896-1978) es más una reflexión íntima, modesta y sincera sobre el arte que un acercamiento crítico a Beethoven, que es algo lejos de su pretensión. Es la obra de un hombre sensible que enmudece ante la grandeza de su objeto y se desvía hacia consideraciones íntimas. La evitación del análisis erudito le lleva a retardar mucho la referencia concreta a la obra de Beethoven, hasta la página 119, cuando alude a una décima sinfonía, que, si no estoy confundido, es la única obra del músico que cita Pulido. En realidad, el ensayo del cacereño tiene un motivo o tema, que es Beethoven, pero que abandona a cada tramo para desarrollar sus especulaciones sobre asuntos de especial enjundia como el arte, la crítica o la filosofía. Son constantes las digresiones o paradas reflexivas, a manera de algo más que escolios, que se cierran con la recuperación del hilo de Beethoven, que es retomado así en muchos momentos, como en el tercer apartado del capítulo X («El Dolor de la Ciencia y del Arte. ¿Dónde está la verdadera sabiduría?»), o en el sexto de XII («El Dolor de la Ciencia y del Arte. El drama de nuestra ignorancia»), o los capítulos XV, XVI y XVII con respecto a los que los preceden y siguen… Así, en este libro Beethoven es como su música mientras escribo estas líneas, un fondo sublime y venerado que me ambienta (la «Pastoral») para cavilar sobre el pensamiento de Tomás Pulido, que es el principal objeto de interés —y que me perdonen los beethovenianos— de esto que, significativamente, también se subtitula Ensayo íntimo. Por eso el autor llama a su trabajo Sugestiones, porque es inútil para él pretender analizar la creación del músico, por el que siente una devoción que roza la «predisposición fanática» y «la más irrazonable sugestión», hasta el punto de que puede ser considerada una «alucinación» que constituye —y esto es importantísimo para atisbar el talante intelectual y el espíritu sensible del escritor cacereño— «el motivo de una vida más plena de realidad vital» (pág. 87). El trabajo introductorio de su nieta Beatriz Pulido Flores es sobresaliente. Con buen criterio, se antepone a la «Introducción» un «A modo de prólogo» en el que escuchamos a la nieta antes de escuchar a la estudiosa privilegiada que ha tenido acceso a los libros y papeles del erudito, sobre los que se nos dan noticias muy valiosas en cuanto a materiales inéditos; y sobre alguno, entre esos, se nos extracta algo: de una carta de Tomás Pulido al periodista Ramón Quiles en la que se refiere a su gran amistad con Eulogio Blasco (págs. 64 y 66), a la sazón, autor de los dibujos de la primera edición de Beethoven, y que en esta se nos ofrecen en un apéndice de ilustraciones (págs. 267 y 274), quizá no incompatible con la reproducción en sus lugares originales en el cuerpo del texto. «Tomás Pulido y su época» y «Estudio de Beethoven: Ensayo íntimo» son las dos partes principales del estudio preliminar que es una excelente puerta de entrada a la personalidad y obras del protagonista y a los aspectos esenciales del escrito en cuestión. La unificación y completitud de algunas referencias bibliográficas, la corrección de alguna errata —en el apellido de Leocadio Mejías (pág. 35), «se consideraba así mismo» (pág. 38); «Antonio Rodríguez Sánchez» por el nombre del profesor de Historia Ángel Rodríguez (pág. 43), bien citado más adelante (pág. 49); «smilar» por «similar» (pág. 74)—, y la cuestionable oportunidad de la única «nota de edición» (pág. 132) son algunas minucias susceptibles de ser revisadas en el futuro. Insignificancias al lado de la importancia de este «rescate», que me suscita un montón de consideraciones afines sobre el concepto que Tomás Pulido tenía de la creación artística, de la vida humana, del arte y de esa capacidad que algunos pretendemos tener de servir de buenos conductores de la emoción que nos produce lo que sentimos artísticamente, como dice el autor en una de esas impagables notas a su ensayo y que merecerían detenerse aquí más despacio y más por extenso. Puedo decir que no he sabido nada nuevo de la grandeza «inaprehendible» del músico; pero sí mucho, gozosa y profundamente, de la personalidad de un cacereño como Tomás Pulido y Pulido o José de Hinjos y de su legado. 

jueves, abril 06, 2023

Cuaderno español, de JA Cáceres

Creo que esta edición del Cuaderno español, del poeta José Antonio Cáceres (Zarza de Granadilla, 1941), es una feliz y notoria consecuencia del fervoroso tesón de la poeta y ensayista Emilia Oliva (Malpartida de Plasencia, 1957), que durante muchos años ha bregado para que se publique, se lea y se reconozca como es debido la obra de este poeta visual, que es como lo presenta en su introducción David Pavo Cuadrado (Ermua, 1987), profesor de Escultura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco —se doctoró con una tesis sobre Jorge Oteiza y el arte jondo— y escultor. A su gentileza debo mi ejemplar, que me llegó desde la Oficina de Correos de Gévora (Badajoz). Del origen del interés de David Pavo por José Antonio Cáceres hay prueba documental en la web dedicada al autor extremeño —otra aspiración lograda por Emilia Oliva—, en la que se publicaron sus reacciones al visitar la exposición Unidad del mundo en el MEIAC desde junio a diciembre de 2019. Imagino que fue el comienzo de la captación de un estudioso más de la obra de Cáceres y que nos ha deparado esta elegante publicación salida de las prensas de Luces de Gálibo con el buen hacer de Ferran Fernández. La nota justificativa con la que se cierra la presentación es muy explícita en su información: «La edición de Luces de Gálibo es la primera que se realiza de Cuaderno español. Reproduce los diecisiete poemas que configuran la obra en el documento original. El libro tiene el mismo formato (15,5 x 21,5 cm) que el cuaderno original. Asimismo, los poemas están reproducidos respetando el tamaño y la disposición originales. La edición se complementa con una «Nota autobiográfica» escrita por José Antonio Cáceres y una «Entrevista a José Antonio Cáceres sobre Cuaderno español, o el Cuaderno de Zarza», realizadas ex profeso para la edición. También con un apartado bibliográfico centrado en los libros de poesía visual de José Antonio Cáceres. La edición se complementa con fotografías de Urtzi Canto Combarro realizadas a José Antonio Cáceres en Hervás en 2021». En abril de 2021 ya hubo un intento de publicación del Cuaderno español a partir de una campaña de apoyo —impulsada, cómo no, por Emilia Oliva— que solicitaba aportaciones privadas; pero, creo que por falta de la suficiente respuesta, el proyecto se malogró. Ahora, felizmente, se publica esta obra de 1972 hasta el momento inédita, una creación de José Antonio Cáceres dentro de los presupuestos de la poesía concreta y espacialista y compuesta con letraset de diferentes tamaños y con intención de figuración letrista y sígnica, y con un total de diecisiete poemas visuales, que, como indica David Pavo en su estudio introductorio, «mediante estos signos y elementos plásticos, se trabajan bajo la clave de figura-fondo, y al interior de esta clave, tensionados a través de la articulación propia (figura-negro) y con respecto a la página (fondo-blanco). Podrían, además, concebirse figura y fondo invertidos. La operación estructurante de cada poema pasa por la organización de los elementos respecto del papel, con su límite, y producción de constante relación, espacialización y contexto» (pág. 12). Así, la disposición de las letras siempre queda alterada con respecto a su norma, pues se nos presentan inclinadas, vinculadas, enfrentadas, sugiriendo en su combinación por acople o empalme formas muy sugerentes, de enorme potencia estética, como concluye Pavo. La entrevista a José Antonio Cáceres —hecha por David Pavo en Hervás en octubre de 2021— y la «Nota biográfica» redactada por Cáceres en febrero de ese mismo año son dos aportaciones muy acertadas de esta edición, que suma un considerable hito a la interesante historia de la poesía experimental en Extremadura, ya que esta obra también podría haber llevado el título de Cuaderno de Zarza (David Pavo).



lunes, abril 03, 2023

La niñez laureada (II)

Semanas atrás aludí a la publicación y a la presentación de este singular libro de Noelia López-Souto, Prodigios infantiles de la Ilustración española. La niñez laureada, de José Iglesias de la Casa (Salamanca, Editorial Delirio. Col. La Bolgia, 17, 2022), que merece un comentario más extenso. Entre otros motivos, lo justifica un tipo, Juan Bautista Mariano Picornell y Gomila (1759-1825), que escribió a Floridablanca y se atrevió a decirle que «El cariño paternal me ha determinado a exponerlo a una prueba demasiado dura para una edad tan corta» (pág. 121). A pesar de la supuesta base sensista y empírica de un método pedagógico, cuesta creerlo en el Siglo de las Luces; y eso que parece que, por aquellos mismos años, el padre de Carl Maria von Weber quería hacer de su hijo un niño prodigio como lo fue Mozart. Algo razonable comparado con lo que encontramos en este libro: un padre excesivo, un majareta ilustrado que sometió a su hijo expósito, Juan Picornell y Obispo (1781-1817), de tres años y medio, a un examen público celebrado en abril de 1785 en la Universidad de Salamanca, y en el que el «pimpollo ilustre» tuvo que responder a centenares de preguntas sobre los dogmas, misterios y elementos de la Religión y Moral Cristiana, los sucesos más destacados del Viejo Testamento, las partes del Globo Terráqueo, la situación, confines, latitud y longitud de Europa y sus diferentes géneros de gobiernos…, sobre los principales montes y ríos, «señalando el nacimiento y desagüe de estos, como asimismo de las producciones de su fertilísimo suelo» y, últimamente, «sobre el Mapa de la Europa las cosas más notables, que contiene, haciendo ver, que está instruido aun de las más menudas» (págs. 123-125). Mientras leía las páginas de la excelente introducción de Noelia López Souto, me acordé del enternecedor encuentro en Niebla de Unamuno entre don Avito Carrascal —el padre de su anterior novela Amor y pedagogía— y Augusto Pérez a la salida de la iglesia; y en el que este preguntó por el «candidato a genio», y don Avito respondió llamando a su hijo malogrado «mi víctima». El niño prodigio dieciochesco fue ensalzado en un cuestionable poema en estancias del salmantino Iglesias de la Casa (La niñez laureada), cuyo valor más histórico y circunstancial que literario no es discutible en el conjunto de la lírica del Setecientos. Noelia López Souto no ha hecho otra cosa —y con calidad— que dignificar las extravagancias que a veces tiene la historia, que superar la anécdota y hacer un estudio muy estimable sobre un hecho insólito, bien contextualizado en el interés por la educación de la infancia en la época ilustrada. Nos brinda la investigadora documentados capítulos biográficos sobre los protagonistas, tanto del niño prodigio como de su padre —que acaban mal, en ese orden— y del poeta Iglesias de la Casa —al que López Souto ha dedicado un reciente trabajo sobre «Epicureísmo y erotismo en la obra del poeta José Iglesias de la Casa: nuevas aportaciones y lecturas», publicado en el Boletín de la Real Academia Española el pasado año—, cuyo renombre literario hay que relativizar por la poca obra que publicó en vida. Noelia nos introduce su poema muy acertadamente, que edita en una edición completísima, que conjunta el estudio y la aportación documental de los anexos sobre el referido hecho acaecido en la Universidad de Salamanca y que, entre otros, testificó el poeta Juan Meléndez Valdés. Siempre es atractivo y original el tratamiento que Delirio da a sus libros, y hay que celebrar que su catálogo haya dado cabida a un texto tan especial de un siglo poético tan necesitado de un conocimiento cabal. Que un ilustre estudioso del siglo y del contexto salmantino como Fernando R. de la Flor escriba —dedicado a sus nietos— el «Envío» que abre esta edición es todo un gesto que agrada.

lunes, marzo 27, 2023

Día Mundial del Teatro

Desde hace algunos años, más de una década, vengo poniendo aquí algún recordatorio de la celebración del Día Mundial del Teatro. Me gusta leer cada año el discurso que escribe alguna personalidad destacada, y siempre me ha preocupado cómo se difunde un texto que se traduce a decenas de idiomas desde el original y sobre el que el Instituto Internacional del Teatro (ITI) no recomienda cuando lo encarga que debe estar bien escrito. Este año, en el árabe del Egipto natal de la actriz Samiha Ayoub, lo que dificulta saber la calidad del texto de partida. El de llegada es el que nos preocupa a los hispanohablantes, y este año, me ha costado decidirme por una versión, que es la que pongo aquí: «Les escribo este mensaje en el Día Mundial del Teatro, y abrumada por la alegría de hablarles, cada fibra de mi ser tiembla bajo el peso de lo que todos sufrimos —artistas teatrales y no teatrales— desde las presiones demoledoras y los sentimientos encontrados en medio del estado del mundo actual. La inestabilidad es un resultado directo de lo que atraviesa nuestro mundo hoy en día en términos de conflictos, guerras y desastres naturales que han tenido efectos devastadores no solo en nuestro mundo material, sino también en el espiritual y en nuestra paz psicológica. Les hablo hoy mientras tengo la sensación de que el mundo entero se ha convertido como en islas aisladas, o como barcos que huyen en un horizonte lleno de niebla, cada uno de ellos desplegando sus velas y navegando sin guía, sin ver nada en el horizonte que lo guíe y, a pesar de ello, continúa, esperando llegar a un puerto seguro que lo contenga luego de su largo andar en medio de un mar embravecido. Nuestro mundo nunca ha estado tan estrechamente conectado entre sí como lo está hoy, pero al mismo tiempo nunca ha estado más disonante y más alejado el uno del otro que hoy. He ahí la dramática paradoja que nos impone nuestro mundo contemporáneo. A pesar de lo que todos estamos presenciando en cuanto a la convergencia en la circulación de noticias y comunicaciones modernas que rompió todas las barreras de las fronteras geográficas, los conflictos y tensiones que vive el mundo rebasaron los límites de la percepción lógica y crearon, en medio de esta aparente convergencia, una divergencia fundamental que nos aleja de la verdadera esencia de la humanidad en su forma más simple. El teatro en su esencia original es un acto puramente humano basado en la verdadera esencia de la humanidad, que es la vida. En palabras del gran pionero Konstantin Stanislavsky: «Nunca entres al teatro con barro en los pies. Deja el polvo y la suciedad afuera. Deposita en la puerta de entrada, junto con tu ropa, tus pequeñas preocupaciones, disputas, tus insignificantes dificultades y todas las cosas que arruinan tu vida y desvían tu atención de tu arte». Cuando subimos al escenario, lo hacemos con una sola vida dentro de nosotros, pero esta vida tiene una gran capacidad de dividirse y reproducirse para convertirse en las muchas vidas que transmitimos en este mundo para que exista, florezca y esparza su fragancia a los demás. Lo que hacemos en el mundo del teatro como dramaturgos, directores, actores, escenógrafos, poetas, músicos, coreógrafos y técnicos, todos nosotros sin excepción, es un acto de creación de vida que no existía antes de subirnos al escenario. Esta vida merece una mano cariñosa que la sostenga, un pecho amoroso que la abrace, un corazón bondadoso que simpatice con ella y una mente sobria que le proporcione las razones que necesita para continuar y sobrevivir. No exagero cuando digo que lo que hacemos en el escenario es el acto de la vida misma que generamos de la nada, como una brasa ardiente que centellea en la oscuridad, iluminando la oscuridad de la noche y calentando su frialdad. Nosotros somos los que le damos a la vida su esplendor. Somos quienes la encarnamos. Somos quienes la hacemos vibrante y significativa. Y somos nosotros quienes damos las sabidurías para entenderla. Somos los que usamos la luz del arte para enfrentar la oscuridad de la ignorancia y el extremismo. Somos los que abrazamos la doctrina de la vida, para que la vida se propague en este mundo. Para ello ponemos nuestro esfuerzo, tiempo, sudor, lágrimas, sangre y nervios, todo lo que tenemos que hacer para lograr este elevado mensaje, defendiendo los valores de la verdad, el bien y la belleza, y creyendo verdaderamente que la vida merece ser vivida. Les hablo hoy, no solo para decir, no solo para celebrar al padre de todas las artes, el «teatro», en su día mundial. Lo hago para invitarlos a que juntos, todos nosotros, de la mano y hombro con hombro, a que gritemos en voz alta, como estamos acostumbrados a hacerlo en los escenarios de nuestros teatros, dejando que nuestras voces salgan para despertar la conciencia del mundo entero, para buscar toda la esencia perdida del ser humano libre, tolerante, amoroso, comprensivo, gentil y abierto. Y para rechazar esa vil imagen de brutalidad, racismo, conflictos sangrientos, pensamientos unilaterales y extremismo. El hombre ha caminado sobre esta tierra y bajo este cielo durante miles de años, y seguirá caminando. Saca, pues, sus pies del lodazal de las guerras y de los cruentos conflictos, e invítalo a dejarlos en la puerta del escenario. Quizás nuestra humanidad, que se ha ensombrecido en la duda, alguna vez vuelva a convertirse en una certeza categórica que nos haga a todos verdaderamente aptos para sentirnos orgullosos de ser humanos y de que todos somos hermanos en la humanidad. Es nuestra misión, los dramaturgos, los portadores de la antorcha de la ilustración, desde la primera aparición del primer actor en el primer escenario, estar al frente para enfrentar todo lo que es repugnante, sangriento e inhumano. Lo confrontamos con todo lo que es bello, puro y humano. Nosotros, y nadie más, tenemos la capacidad de difundir vida. Propaguemos esto juntos por el bien de un mundo y una humanidad».  Samiha Ayoub [Traducción del Centro Colombiano del ITI]

domingo, marzo 26, 2023

Sybila Arredondo

© Roberto Candia

Preparaba mis notas esta tarde sobre mis clases de mañana sobre el escritor peruano José María Arguedas —leeremos Los ríos profundos— y me acordé de que hace poco más de dos años mi amigo Ignacio Úzquiza me pidió que si podía averiguar la dirección de Sybila Arredondo, la viuda del escritor, porque quería enviarle un libro. No me costó mucho saber que vivía en una parcela de Rangue, a setenta kilómetros al sur de Santiago de Chile, sin más datos. Sé que le envió el libro por el que, por persona interpuesta, Sybila se había interesado: El río y el mar. Correspondencia José María Arguedas / Emilio Adolfo Westphalen (1939-1969), que publicó Fondo de Cultura Económica en 2011. Y sé que se lo devolvieron y que, a día de hoy, no sabemos nada de ella. No será muy difícil saber algo; y hay huellas relativamente recientes de su presencia en la prensa digital. Sybila pasó catorce o quince años en las cárceles de Perú acusada de terrorismo y de pertenecer a Sendero Luminoso. Sin dejar de vincularse con la lucha revolucionaria como una mujer de izquierda marxista y leninista, se dedicó a la preparación de las obras completas de su marido hasta que fue detenida. Estuvo presa hasta diciembre de 2002, cuando regresó a su Chile natal. Su madre, la escritora Matilde Ladrón de Guevara (1910-2009), escribió e hizo muchas gestiones para lograr la liberación de su hija. He visto un dossier en el que hay escritos de Sybila al presidente chileno Patricio Aylwin y de su madre a su sucesor Eduardo Frei en 1996 en los que se expresa así: «S.E. tiene hijas y en los momentos que usted razonaba en T.V., las evoqué, deseándoles lo más bello y noble en su futuro y jamás el sufrimiento de la mía, exterminada en Perú, prisionera enferma física y psíquicamente», y que cierra: «Le requiero respetuosamente auxilio, en nombre de sus hijas, y liberarme con Sybila hacia la patria maravillosa para aurar “el alma herida de Chile”… y la estrictamente humana de esta madre, su adepta y S.S. cuya vida deja en sus manos». Me fascina y, por supuesto, me sobrepasa que la relectura de unos apuntes sobre una novela para preparar unas clases me lleve a tantas circunstancias y a tanta historia, y que también vuelva a toparme con las palabras que Arguedas, antes de pegarse un tiro, dejó escritas. A su mujer y al mundo. Algunas, en su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971).

miércoles, marzo 22, 2023

Canto a Teresa

«No me cansaría de admirar la ilustración de la portada de Canto a Teresa y de sentir el singular tacto de la misma. Una auténtica obra de arte. No me creo que cueste sólo 15 €», escribe un lector en un comentario en la página de la editorial vallisoletana Deméter, inclinada a la publicación de obras clásicas relacionadas con lo fúnebre, lo macabro, lo gótico, lo extraño o lo singular. Espronceda, Canto a Teresa. Ilustrado por Antonio del Hoyo (Valladolid, Editorial Deméter, 2022) es una esmerada edición de lo que se publicó como segundo canto del soberbio e inacabado poema El Diablo Mundo (1840) del escritor romántico. En una nota manuscrita algo más extensa que la que se recogió en la primera edición por entregas, Espronceda escribió: «Este canto 2º es un desahogo de mi corazón. Tal vez mis quejas parezcan fastidiosas y fuera de propósito a mis lectores. Yo tenía necesidad de escribir así, y he obedecido a un impulso superior a mi voluntad. Pongo aquí esta nota p[ar]a que el q[u]e no quiera leerlo lo salte sin escrúpulos, pues no está ligado de ninguna manera a la historia general del cuento». Nadie debe saltarse este extraordinario texto, porque, a mi modo de ver, añade mucho sentido al conjunto en el que se inserta, El Diablo Mundo, uno de los poemas más románticos del romanticismo decimonónico y más rompedores. Una obra inacabada, en seis cantos —más unos fragmentos de un séptimo— en los que el poeta mezcla lo lírico, lo narrativo y lo dramático en poco más de seis mil versos. Sin embargo, la edición exenta del Canto a Teresa, como esta de Deméter, tan brillantemente ilustrada por Antonio del Hoyo, destaca con justicia «uno de los poemas de amor más emocionantes de todos los tiempos», como lo calificó el poeta Guillermo Carnero en su estudio y antología Espronceda (Júcar, 1979). Sobre esta edición exquisita del Canto a Teresa hablaremos el próximo sábado en el Teatro Carolina Coronado de Almendralejo.



martes, marzo 21, 2023

Por poesía

Decía Mairena a sus alumnos, citando a su maestro, que cuando algo está mal, debemos esforzarnos por imaginar en su lugar lo que esté bien, y que, si por azar, lo encontramos, que intentemos pensar en algo que esté mejor: «Y partir siempre de lo imaginado, de lo supuesto, de lo apócrifo; nunca de lo real». A veces, lo más real es lo imaginado, aquello que parece eludir la cruda inclemencia con las palabras de un poema, de una novela. No sé, quizá con lo que sostiene la tarea de un profesor de literatura en sus clases. Mucha materia literaria diaria. Lástima que el otro día no supiese decir lo que pretendía. No salió bien mi intención de expresar cómo una palabra, por voluntad del autor, busca su acomodo junto a otra y la contagia de un brillo especial. «—¿Os dais cuenta? —hablaba en el aula— ¿Cómo roza en ese poema el adjetivo pospuesto a la pausa versal? ¿Cómo modifica a su antecedente tan suspendido por eso?». Podría poner ejemplos varios, porque nos ocurre cada día. Son muchos casos. Esa mañana quizá fuese por un poema de César Vallejo o de Meléndez Valdés, que fueron dos autores que nos ocuparon en clases distintas. Afuera están ocurriendo muchos desastres que solo nos llegan por la prensa mientras estamos plácidamente sentados en una terraza de una ciudad tranquila como esta. O en clase. Cuando creemos que todo está bien; y resulta que no, que lo que provocamos es rechazo y disgusto. Chafar existe y no siempre es transitivo. Hoy, Día Mundial de la Poesía y del Síndrome de Down , hemos terminado la mañana con versos que son del programa de la asignatura —vaya privilegio. No ha habido nada forzado; e Idea Vilariño e Ida Vitale han llenado la clase con el «hueso a la intemperie» —que dijo Juan Gelman— de una, y los accidentes nocturnos de la otra; las que formaron parte de aquel grupo o generación del 45 en Uruguay cuando recibieron la visita de Zenobia y Juan Ramón, en la fotografía. Libros, versos, que valen lo que no está escrito. Hay que celebrarlo. 

lunes, marzo 20, 2023

Pepe Higuero

Me alegró mucho estar ayer en el homenaje a Pepe Higuero (1946-2020) que se celebró en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cáceres, en un acto presidido por el alcalde Luis Salaya y con tan numerosa asistencia que hubo personas que lo siguieron de pie —qué bonito, algunas con pajarita. Agradezco a la periodista Ángeles Luaces, su viuda, que me enviase hace unos días la invitación para estar en tan emotivo homenaje a alguien que merece mucho el reconocimiento de una ciudad como Cáceres. Así fue ayer; aunque estos actos tendrían que ser retransmitidos para que toda la ciudadanía sepa de la huella que una personalidad como la de Pepe Higuero ha dejado aquí en lo intangible, que es tan importante, y en lo más consuetudinario —que a la gente gusta mucho— como la estatua de Leoncia en San Juan, el Gran Teatro, el Festival Womad, etc… La gestión cultural, el periodismo, la radio y la música, y la fotografía articularon el guion del acto que recorrió la trayectoria de Pepe en día tan señalado como el 19 de marzo; con las intervenciones de Jaime Naranjo —que fue el Consejero de Cultura de la Junta de Extremadura con el que trabajó su amigo Pepe Higuero como director de Acción Cultural—, de Carlos Sánchez Polo —alcalde de Cáceres desde 1987 a 1995—, que recordó cómo supo por Pepe del golpe de Estado del 23-F, y otros momentos compartidos. La periodista de Canal Extremadura María Hurtado fue dando la palabra a otros intervinientes que hablaron de la faceta de periodista de Higuero —José Manuel Delgado, Félix Pinero, con textos enviados que leyó la presentadora, y en presencia, Miguel Ángel Muñoz y Lola Luceño, de El Periódico Extremadura que Pepe dirigió—, de su labor en la radio —cubierta por Fermín Naranjo y Florencio Bañeza— o de sus otras facetas como gestor y motivador en ámbitos como el área de comunicación y obra social de una entidad como Caja de Extremadura —intervino Jesús Medina, que fue su presidente— y su relación y apoyo a la juventud universitaria de asociaciones como AUNEX que representó ayer —o tempora, o mores— María José López. La guinda la puso el entrañable Luis Casero, siempre con su reivindicación cacereña y su querella por el desequilibrio provincial que favorece a Badajoz como «extremeño del norte», que es una de las personas que más unida ha estado durante tantos años a Pepe Higuero. Fue un acierto abrir el homenaje con su pareja Ángeles Luaces, muy emocionada en sus primeras palabras, y cerrar con Luis Casero, en su estado puro. Ellos, todos, los protagonistas del acto, la familia de Pepe y los que tomaron la palabra, ocuparon los asientos habituales de quienes componen la corporación municipal. Un acto emotivo en el que me vino el recuerdo difuso de una tarde en los talleres de la Editorial Extremadura en los bajos de un edificio de La Madrila a los que acudimos a principios de los ochenta para pedir apoyo para la revista Residencia o alguna otra publicación. No recuerdo ahora; pero quizá aquella fue mi primera imagen de Pepe Higuero. De las últimas, más firmes, una mañana en la que tuve el privilegio de que me enseñase cada rincón del recién habilitado Palacio de Mayoralgo en el que trabajaba y la sesión para el libro Sorprendente Cáceres Sorprendente (Mérida, Asamblea de Extremadura, 2007). Desgraciadamente, también, lo llevo en el sobresalto de un tiempo extraño e insólito de pandemia brutal que se llevó a Pepe y a mi hermano Luis, que nació el mismo año y que murió diez días antes (1946-2020). Ay.

jueves, marzo 09, 2023

Víctor Chamorro

No traté mucho a Víctor Chamorro (1939-2022), aunque coincidimos algunas veces. Quizá nuestro mayor contacto fue cuando, a propuesta de su amigo Teófilo González Porras, le invitamos a que participara en el Aula José María Valverde en el curso 96-97, en el que intervinieron también en esa edición José Hierro, Vázquez Montalbán, Juan José Millás y José Antonio Marina. Fue el segundo autor extremeño que visitó el aula, después de que en el primer curso estuviese Luis Landero. Otro buen amigo de Víctor y de Teófilo, Gonzalo Sánchez Rodrigo, estuvo en aquel encuentro y su recuerdo me ha traído el de un libro de Víctor Chamorro, menos citado que otros, pero muy relacionado con ese lado tan ilustre del escritor que fue la enseñanza: Sin raíces (1970), la biografía novelada de Agustín Sánchez Rodrigo (1870-1933), el inventor del método Rayas. Un libro que, por aquellos años, Víctor Chamorro consideraba como el mejor entre los que había escrito, y ya por el año 70, Víctor tenía publicadas cinco novelas y Hurdes, tierra sin tierra (1968). Me parece ese libro, Sin raíces, todo un símbolo y emblema de la figura de Víctor Chamorro; no solo porque está muy bien escrito, sino porque es extraordinariamente emocionante que el escritor de Monroy aprendiese a escribir y a leer gracias al invento de la persona que le encargaron biografiar. Sin salir de la letra impresa, me gusta imaginar que, de no haber sido por aquel impresor de Serradilla que fue Agustín Sánchez Rodrigo, no habríamos tenido un escritor de la importancia de Víctor Chamorro. De esta manera llevaré el recuerdo de aquella biografía novelada que fue Sin raíces al acto que esta tarde se ha organizado en el Ateneo. 

 

martes, marzo 07, 2023

José Antonio Zambrano

Hoy —sorpresivamente para mí— el periódico digital ProproNews ha publicado, mejor ataviado, el texto que envié sobre José Antonio Zambrano. Me estimula retomar contacto con José Mª Pagador y compartir espacio con personas como Juan Serna, Gregorio González Perlado, Elisa Blázquez, Moisés Cayetano Rosado o José Manuel Villafaina.

domingo, marzo 05, 2023

Del tres al cinco y ya domingo

Desde que salí de clase el viernes a las once de la mañana, después de casi dos horas con versos —monumentales en su ligereza— como «Viendo el Amor un día / que mil lindas zagalas / huían de él medrosas / por mirarle con armas, / dicen que de picado / les juró la venganza / y una burla les hizo, / como suya, extremada. / Tornóse en mariposa, […]», de Meléndez Valdés; poco más imponente me ocurrió. A la tarde, sí, acudí a la defensa de la tesis doctoral de Pepe Hinojosa El Partido Comunista de España en Extremadura durante el Frente Popular: República y Guerra (1936-1939), que resultó un hito —no por su merecido cum laude, algo consuetudinario en la universidad española— por provocar el caos en una Facultad que llenó su salón de actos y su cafetería con todos los que no cupimos en el sitio de la convocatoria. No pude quedarme y me alegré mucho luego del dictamen; y qué razón tiene el nuevo doctor en que la Facultad debería programar más actos en un horario al que puedan acudir los profesores que trabajan por la mañana. Cené en casa ajena y amiga una ensalada de berenjenas que creo que se llama zaalouk, y caminé de vuelta por la noche cacereña pensando en que sería el calentamiento para el paseo matutino del sábado, feliz, por el parque apacible, antes de comprar la prensa que me exaspera, me somete, me llena y me cautiva. Me sorprende tanto lo que leo; por previsible, sobre todo. Terminé y envié algo pendiente —otro encargo gratis— y me alegré de haber dedicado semanas a una edición personal de la poesía hispanoamericana del siglo XX con la que quiero empezar a trabajar en mis clases. No estoy convencido y voy a ponerla a prueba en los próximos días, cuando terminemos con la obra de Juan Rulfo. Es la primera edición limitada en mi ámbito de la poesía de Idea Vilariño, de Julia de Burgos, de Ida Vitale, de Alejandra Pizarnik, de Cristina Peri Rossi, y de otros. Como no me encuentro con nadie en mi escalera, a ratos libres, escribo estas notas para contárselo a alguien. El sábado, ay. Por fin, tuve en mis manos el libro de Rozas —quedé frente a mi quiosco con su hijo José Luis, que me regaló un ejemplar. Me gustó mucho tenerlo ya. Y por la noche —portentoso—, la primera vez que acudía, después de treinta años, a una gala del Festival [Solidario] de Cine Español de Cáceres, y me abuchearon al entrar algunos de mis amigos contrarios como yo a la mina en el paraje de Valdeflores. Pasó. Bien. Lo mejor fue estar con mi hijo, encontrarme con un alumno –José S.— de hace años —muchos, ay—, y saludar a algunas personas muy apreciadas. Nada más y nada menos. Otro paseo dominguero y un mensaje de una persona que ha acabado de enterarse, después de seis años, de la muerte de un amigo, un profesor que le dio clase. He hablado esta mañana con mi hija y me ha dicho que si yo no pude departir con David Trueba —al que me invitaron a no acercarme— quizá fuese porque el escritor y cineasta habría pensado en lo mismo que yo cuando tuve que estar todo el tiempo con mi antiguo y sabio alumno que me dijo cosas muy agradables. Fue un placer. Así quedamos. Ya domingo, otro mensaje, de una actriz y directora, que me ha pedido hoy un certificado de cuando estuvo en Cáceres. Se lo he enviado. Y una tarde y noche de domingo estupenda leyendo y escribiendo. Música de Rossini.

jueves, marzo 02, 2023

Conversaciones y semblanzas de hispanistas

Por un colega siempre bien informado supe el mes pasado que ya había salido este libro, que aún no tengo, pero que conozco bien. También gracias al mismo colega leí hace una semana la reseña que publicó en su blog de lecturas Crisis de papel José Luis García Martín, que debe de haber sido el primero en escribir —y muy bien— sobre estas Conversaciones y semblanzas de hispanistas (Sevilla, Editorial Renacimiento, 2023), de Juan Manuel Rozas, en edición de su hijo José Luis Rozas Bravo. En enero de 2002 —conservo mis notas—, tuve ocasión de ver en casa de Tina Bravo, la viuda de Rozas, un libro de actas de la marca Miquelrius con el título general manuscrito de «Conversaciones y semblanzas de Hispanistas (Diario)», que llevaba la fecha de inicio de enero de 1970 y contenía apuntes jugosísimos sobre personalidades como E. Wilson, John E. Varey, Norman D. Shergold, Emilio Alarcos, José Mª de Cossío, Eugenio Asensio, José Manuel Blecua Teijeiro o Antonio Rodríguez-Moñino, entre otros; además de unos cuantos, solo rotulados, que no llegó a escribir («Mi encuentro con Jorge Guillén», «Paco Rico o la precocidad», «Guillermo Carnero»…). Me entusiasmé con aquello y pedí permiso a Tina para publicar uno de los textos, «Mi encuentro con Rodríguez Moñino», fechado el 18 de septiembre de 1970, al que añadió una nota José Luis Rozas y que sacamos en el número 5 de Laurel. Revista de Filología (Primer semestre de 2002, págs. 115-122). Luego vino la idea de editar íntegra una obra de tan extraordinario interés, que muestra una visión de primera mano del estado de la universidad española en las postrimerías del franquismo, y que reúne a tantas figuras protagonistas. Unos textos rescatados que se dan ahora —hay que tenerlo en cuenta— con contadas intervenciones del editor, como los dejó el autor, sin retocar, sin ultimar para su publicación, y que fueron con el tiempo —desde lo que comenzó como una suerte de «teoría de la época filológica actual hecha cotidiana semblanza y plática», dice Rozas— evolucionando hacia las costuras de un diario personal. Qué bien que este libro tan cercano se haya publicado. Y qué ganas de tenerlo aquí. 

miércoles, marzo 01, 2023

El Chopo

Hoy estoy insuperable en mi capacidad de análisis; y he llegado a la conclusión de que la causa de que me fatigue tanto jugando al tenis es la edad. Descanso más, me esfuerzo lo justo y, eso sí, me ilusiono como siempre. Como con los pudores. Por eso no tengo empacho en demostrar documentalmente que tengo desde hace meses pegada en uno de mis cuadernos una fotografía de José Ángel Iribar, «El Chopo», que hoy ha cumplido ochenta años. Se republicó en El País el pasado septiembre y es del mítico fotógrafo Raúl Cancio. Por el pie, fue cuando yo tenía cinco años; y pocos después me regalaron en casa un traje de portero —con unos pantalones cortos acolchados que eran lo más— que yo siempre decía que era como el de Iribar. Igual que el de mi compadre Miguel era el de Gárate, cuando aquella tarde jugábamos en la calle y pasó Carmen Sevilla que estaba rodando en Zafra La cera virgen (1972), la película de José María Forqué, y nos saludó muy simpática. (Subimos entusiasmados a nuestras casas a contar a nuestras madres que nos había saludado la actriz y bajamos de nuevo al balón como si nada). Tengo anotado debajo de la foto de El Chopo un «Eskerrik asko» que me saldría así en ese momento en que me trasladé con ganas a los más agradables colores y olores de una infancia que ahora se me hace presente. «Zuri!», me dice Iribar desde el cuaderno. Cuando los blogs se leían y los lectores ponían comentarios, publiqué esta entrada en la que salía mi Athletic, y me he acordado de ella hoy, que juega mi equipo contra el Osasuna, como en aquel cercano —comparado con aquellos días de Zafra— 2009. No digo más. No vaya a ser.