domingo, marzo 24, 2013

Mordzinski


Le escuché —con buen ánimo, a pesar de todo— el otro día en la SER, en Hora 25, de Àngels Barceló. También estaba Pilar del Río de Saramago. Álvaro Valverde reprodujo su carta. Hoy, Mario Vargas Llosa escribe en El País sobre «una de las mayores inquisiciones perpretadas en la historia de la fotografía». Mis mejores deseos para Daniel Mordzinski.

sábado, marzo 23, 2013

El pensamiento de Fernando T. Pérez


Me apetece mucho dar esta primicia editorial que, presumo, no ha sido aún distribuida. Acabo de recibirla del Servicio de Publicaciones de mi Universidad. Pronto será difundida, y ya sé por Susi Fernández Blasco, que, con su hijo Fernando Pérez Fernández, ha cuidado de esta edición, que va a presentarse próximamente. Fue casi dos años después de la muerte de Fernando Tomás Pérez (1953-2005), en abril de 2007, cuando, en una Feria del Libro de Cáceres —un mes antes había sido la presentación en la Biblioteca Nacional de Madrid—, se presentó El pensamiento de José Álvarez Guerra (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2007); el libro de Fernando que provenía de su tesis doctoral, leída en 1999 en la Universidad Autónoma de Madrid. Allí, en el abril de Cáceres, Miguel Hurtado dijo que habría que recopilar y publicar todos los artículos y ensayos dispersos de Fernando. No puedo evitar, delante de este libro, evocar aquello que dijo Miguel Hurtado y pensar en que todo este tiempo que ha pasado hemos estado esperando este volumen que reúne sus Artículos y ensayos (Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura y Editora Regional de Extremadura —Colección Magistri, 5—, 2013). Hablaré próximamente más sobre esta obra que leí en vida de Fernando; ahora solo quiero añadir que la ilustración de la cubierta, que no se apreciará bien en la imagen de arriba, es un detalle de una composición de Eugenio Vela y dibujo de Comba, sobre «Felipe II de regreso de Portugal en 1583 y Alfonso XII inaugurando el ferrocarril de Madrid en la frontera portuguesa en 1881». Se publicó entre unas de las páginas más brillantes escritas por Fernando («La ilustración pasa en berlina») para el catálogo de la exposición Extremadura en sus páginas. Del papel a la web, en septiembre de 2005.

miércoles, marzo 20, 2013

Lectura en Zafra


© José María Lama
El sábado pasado estuve en Zafra en un acto literario muy verdadero y sentido. Insólito y cálido, muy cercano a lo que importa. La hora, intempestiva: las once y media de la mañana. El lugar, infrecuente: un restaurante antes de abrir a su habitual clientela. Fue una lectura íntima pero pública de un libro de poemas inédito. Los datos son éstos: la luz de esa mañana en Zafra parecía especial, sobre todo, después de que cayeran más de tres y cuatro gotas en ruta desde Cáceres. Lucían nubes con sol desde el Arquillo del Pan, el de la Esperancita. Allí, en la terraza de un restaurante —Dropo— en la Plaza Grande mirando a la Plaza Chica. Y a los tejados, al cielo, a la iglesia de la Candelaria, al Parador —Palacio de los Duques de Feria—, al Castellar, a Zafra. Espléndido. Docena y media de amigos con un café bien servido: Roberto Farona —que ha publicado su crónica—, Luciano Feria, Rafael García Cabañas, Benito Estrella, José María Lama, José M. Martín Portales, Eugenio Carrasco, José Carlos Martínez Yuste, Patrocinio Sayago, Maribel Santana, Víctor Ruano, Juan García Gutiérrez, Fernando Clemente, José Manuel Panea. Y el poeta, el protagonista: José Antonio Zambrano, que leía su libro Lo que dejó la lluvia. Dijo José Antonio que nunca se había sentido tan bien leyendo poemas en público, con un silencio así. Dijo mi hermano al salir que podríamos oficializar estos actos y que no haya libro de amigo que se publique sin que haya sido refrendado —y reverenciado— en lecturas como ésta. Así que lo que dejó la lluvia en Zafra fue sol. Luminoso. 

martes, marzo 19, 2013

Matriz desposeída


Me alegra mucho que desde el título de esta antología se evoque la obra poética de Ángel Campos Pámpano («madre   matriz   materia / desposeídas», del poema dedicado a Javier Fernández de Molina que dio título a su poesía reunida La vida de otro modo). Me alegra, porque a todos los significados cordiales se une el del vínculo que cabe establecer entre la realidad poética (extremeña) que Ángel ayudó a crear y algunos de sus frutos encarnados en unos poetas nacidos en Extremadura que han ocupado y ocupan el panorama de los últimos cinco años del siglo pasado y los trece primeros de éste. Que el poeta mayor y mayor poeta de la reunión, Javier Rodríguez Marcos (1970), evoque a Ángel Campos y a Álvaro Valverde en sus palabras de poética es muy significativo; y que en los poemas de otros autores como Mario Lourtau (1976) o Alex Chico (1980) se aprecien ecos de estos dos amigos escritores o algún homenaje manifiesto es más que elocuente. Por eso los responsables de la antología, Mario Martín Gijón y Rafael Morales Barba, tan cercanos a la poesía contemporánea que nos muestran, proponen en esta selección, así lo creo, la fértil comunicación entre generaciones o momentos generacionales de la poesía escrita por autores extremeños en estos últimos años. De los doce poetas —entre los que tan sólo hay una mujer, Elena García de Paredes (1976)—, tres o cuatro ya no entrarían en los criterios de la antología de incluir a autores menores de cuarenta años. Quizá ha tardado demasiado tiempo en publicarse Matriz desposeída. Últimas voces de la poesía en Extremadura (Cáceres, Diputación Provincial de Cáceres, Colección Abezetario, 2012). Algo me han contado; pero quede aquí el apunte sobre el tiempo inexorable, que "todo locura", como dice un verso en otro sitio de otro de los poetas incluidos, José Antonio Llera (1971). De los doce, me quedan por citar de la lista —no hay reparo sobre ella— a José Mª Cumbreño (1972), Antonio Reseco (1973), Daniel Casado (1975), Julio César Galán (1978), José Manuel Díez (1978), que acaba de hacerse con el Premio Hiperión de Poesía, Luis Darío (1980) y Urbano Pérez (1981), que son los más jóvenes. La antología está bien hecha y la selección es intachable; ahora, lo único que falta es que tenga visibilidad, que se distribuya más allá de Pintores, 10. Buenas voces; que el tiempo se encargará de negar lo de últimas.

lunes, marzo 18, 2013

Jesús Pérez Magallón en Letras


Mañana martes 19 de marzo, en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras, impartirá esta lección, «Monumentalizando a Cervantes», Jesús Pérez Magallón, sobre la recepción de la obra cervantina. Será a las doce de la mañana. Pérez Magallón es Catedrático de Estudios Hispánicos en McGill University, de Montreal (Canadá), en la que dirige la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos. Ha trabajado principalmente como investigador en la cultura y literatura del Barroco, de la Ilustración y de la época contemporánea. Ha sido el editor de La comedia nueva  y El sí de las niñas  para la colección Biblioteca Clásica de Editorial Crítica, editor de la poesía completa de Leandro Fernández de Moratín en la Editorial Sirmio de Barcelona y de las Obras Completas de los Moratines (Ediciones Cátedra, 2008). También ha editado La dama duende (2009) y El médico de su honra (2012), ambas en la colección Letras Hispánicas de Cátedra, y es autor de numerosos artículos sobre Mayans, sobre Forner, Leandro Fernández de Moratín, Cadalso, etc. Además ha publicado los libros En torno a las ideas literarias de Mayans (1991), El teatro neoclásico (2001), Construyendo la modernidad. La cultura española en el tiempo de los novatores (1675-1725) (2002) y Calderón. Icono cultural e identitario del conservadurismo político (2011). Jesús Pérez Magallón ha recibido el Premio de la Alta Distinción en la Investigación de la Facultad de Artes de McGill y la medalla de la Encomienda de la Orden del Mérito Civil (2010).

viernes, marzo 15, 2013

José Manuel Díez, Premio Hiperión de Poesía

© Laura Covarsí
Un jurado compuesto por Jesús Munárriz, Luis García Montero, Benjamín Prado, Paco Castaño y Raquel Lanseros ha otorgado el XXVIII Premio de Poesía Hiperión al escritor extremeño José Manuel Díez (Zafra, 1978), autor de La caja vacía (Madrid, Visor, 2006), que fue Premio de Poesía  Cáceres Patrimonio de la Humanidad. Tengo en mi escritorio un libro inédito de José Manuel Díez, un mecanoscrito de uno de los dos poemarios en los que, según me dijo, ha estado trabajando casi simultáneamente en los últimos años. El otro, el que no tengo —Baile de máscaras se titula—, es el que ha sido premiado. Ayer me dio la noticia Basilio Sánchez. Yo estaba en Badajoz, donde vive José Manuel, que poco después me llamó, exultante, para contarme cómo vivió la comunicación del premio. Nos dio tiempo a destacar la coincidencia de tres próximas, pues, novedades editoriales de Extremadura en Hiperión: el libro de Antonio Rivero Machina, el de Basilio Sánchez y ahora éste de José Manuel Díez. Felicidades.

miércoles, marzo 13, 2013

Plasencias de Álvaro Valverde


Este libro estaba ahí. Desde el principio. Estaba, por supuesto, en el breve Lugar del elogio (Col. La Centena, 83, 1987), anterior a la obra mayor de Álvaro Valverde y que tomó Plasencia y su entorno como motivo de sus pocos versos. Más: ha estado en todos y en cada uno de los libros escritos por Álvaro. Por supuesto, en las novelas Las murallas del mundo (2000) y en Alguien que no existe (2005). También, claro, en todos sus libros de poemas; de los que éste quiere distinguirse —es lógico, porque se trata de otro registro, necesario; pero distinto—, y lo hace, por ejemplo, con una marca como la dedicatoria. Que este Plasencias (Mérida, De la luna libros, Col. Luna de Poniente, I, 2013) esté dedicado a su madre, a su padre —a su memoria— y a sus hermanos Fernando y Jesús no es una novedad —recuérdese el «A mis padres» de Territorio—; pero es marca distintiva del resto de los libros que, según costumbre, han estado siempre dedicados a la familia elegida, a Yolanda, a Leticia y a Alberto. Según costumbre y según pauta del tiempo: a Yolanda, también, Territorio (1985); a Yolanda y Leticia desde Las aguas detenidas (1989) hasta A debida distancia (1993); y a Yolanda, Leticia y Alberto desde Ensayando círculos (1995) hasta ahora. Plasencias, pues, parece un libro distinguido de otros, de otra línea; y es, sin embargo, el libro que muestra o expone la raíz y el escenario del resto de la escritura de Álvaro Valverde. Con una altura poética sorprendente para todos los que esperaban que Álvaro, en un molde así, rebajase el pulso por esta mirada a su entorno más doméstico. No. Plasencias es una brillante guía íntima de una ciudad vivida; es un recorrido melancólico y a veces doloroso por sus calles —secundarias, «carece de lustrosas avenidas»—, sus rincones, su río, su luz y sus murallas. Es relato de una vida entre sus muros, con la expresión de las casas habitadas en la serie casi central «Callejeros», de seis poemas domiciliarios e intensamente memorativos. Plasencias es un libro auténtico, inédito —salvo el rescate de «Memoria de Plasencia», un poema de A debida distancia dedicado a José Antonio Gabriel y Galán y que es lema distinguido y pórtico de todo—; y, me consta, un libro con el que Álvaro Valverde se ha sentido muy bien al escribirlo. Ojalá que siga deparándole satisfacciones después de su escritura. A pesar de los vetos. Qué estúpidos, los vetos. 

lunes, marzo 11, 2013

Traducción literaria


La cacereña Lucía Vázquez, exalumna, me escribió hace unas semanas para informarme sobre este espacio de traducción literaria que quieren crear en Cáceres. Lo han llamado Sala Tarǧumān, que es lo que en nuestro diccionario académico viene como trujamán, es decir, 'intérprete'. Van a inaugurar con un primer curso con la participación de Mª Teresa Gallego, Premio Nacional de Traducción por Diario del ladrón, de Jean Genet, y presidenta de la Asociación de Traductores de España, y Arturo Peral, vicesecretario de la misma y profesor de traducción. El curso está dirigido a traductores profesionales y a estudiantes de traducción y va a celebrarse el sábado 16 y el domingo 17 de este mes en el Hotel Don Manuel de Cáceres. Aquí puede encontrarse más información.

domingo, marzo 10, 2013

Giuseppe Gioachino Belli


No se descubre todos los días una literatura tan deslumbrante y sugeridora como la que se desprende de esta mínima muestra de la de Giuseppe Gioachino Belli (Roma, 1791-1863). Mínima porque estos 99 sonetos romanescos, en edición y traducción de Luigi Giuliani (Madrid, Ediciones Hiperión, 2013) están sacados de un corpus de más de dos mil sonetos, escritos mayoritariamente en seis años, entre 1831 y 1837. Salvo el conjunto de los traducidos por Agustín García Calvo en 2006 y algunos textos sueltos aparecidos en varios lugares —entre otros, la revista La luna de Mérida (núm. 13, de 2001), en versión del mismo Luigi Giuliani—, ésta es la más amplia traducción de la poesía de G. G. Belli publicada en España. El procaz e irreverente poeta italiano fascinó a Rafael Alberti, a cuya figura se encomienda en la apertura de su Roma, peligro para caminantes (1968) y a quien dedica sus diez sonetos de ese libro, encabezados todos por versos de Belli. La edición bilingüe —cómo no— preparada por Luigi Giuliani es un excelente modo de adentrarse en el conocimiento de este singular poeta, a quien sitúa biográficamente en una introducción que informa igualmente de su fortuna póstuma, de su difusión fuera de Italia y aporta las advertencias precisas para afrontar los rasgos lingüísticos del romanesco. La traslación al español logra, a pesar de la lógica renuncia al mantenimiento de la rima consonante —que desaparece o se transforma en asonante en muchas ocasiones—, una musicalidad que acerca la manera Belli al lector de aquí; con efectivas soluciones como la fidelidad al onomatopéyico final de un soneto como «Chi ccerca trova» con (en español) «dile en la frente: a él crujiole el cráneo». Leer los sonetos de Belli en esta edición —todos van anotados, con comentarios muy iluminativos y con precisiones léxicas para el texto italiano— es una experiencia grata, repetible. Por cierto, a finales de este año se cumplirán los 150 desde la muerte de Belli. Ojalá se note.

lunes, marzo 04, 2013

Javier Krahe en el Aula José Mª Valverde

Este miércoles, 6 de marzo, intervendrá en el Aula literaria José María Valverde de Cáceres el cantautor Javier Krahe. Por la mañana, a las 12:30, en el instituto Al-Qázeres; por la noche, a las 20:15 horas, en el salón de actos del Colegio Mayor Universitario Francisco de Sande.

domingo, marzo 03, 2013

De Córdoba

© CMD
Turbias a su paso, de Córdoba las aguas son memoria de unas horas en compás de dos gratas y Góngora de corte.

jueves, febrero 28, 2013

Trece de nieve


Hacía cinco años que Juan Manuel Barrado (Huertas de Ánimas, 1962) no publicaba un libro de poemas. El último fue Fragmentos de cal y creo que éste, el nuevo, Trece de nieve (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2012) tiene con aquel el parentesco que dan la memoria, la conciencia social, la amistad y la lectura de los fragmentos de otros. Atento a la tradición literaria, la mediata e inmediata, y agradecido con ella, Juanma ha elegido un título-hallazgo de Gonzalo Armero y Mario Hernández en aquella revista literaria madrileña de principios de los setenta, Trece de nieve. Sus cinco secciones son todas expresivas de todo lo que define la actitud de Juan Manuel Barrado ante la escritura poética. Su fidelidad a César Vallejo («Pienso en tu sexo») se muestra en «Amor como laberinto», primera parte que pone el acento en el discurso íntimo del yo que se yergue en el primer verso del libro. «Biografías» es una certificación de las deudas que uno contrae leyendo y viviendo, y ahí están nombres como Jesús Alviz, Javier Alcaíns o Antonio Orihuela, autor del prólogo a este poemario. «Conciencia», como sección central, es la de más peso del libro en número de poemas, la que más se sitúa en la historia y en la ideología, y la que nos brinda uno de los textos que mejor pueden representar la ética y la estética de Barrado: «El fulgor de una moneda bajo la lluvia / y la lluvia», y así, enumerativo y sugerente, hasta el final. Por último, «Unidad rota» y «Blanco» son las dos últimas secciones del conjunto, más adelgazadas; y ha hecho bien Barrado en terminar en «Blanco» con la expresión caligramática que es fe firme de esa su experimentación como manera de entender la creación artística. Hoy se presenta el libro en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres.

martes, febrero 26, 2013

lunes, febrero 25, 2013

Ha muerto Nigel Glendinning

© Hugo Glendinning
Es una triste noticia. Triste también para muchos de un amplio campo de la cultura hispánica. Desde los estudios literarios, principalmente, sobre nuestro siglo XVIII, hasta los de arte, en especial, sobre Goya. Sus investigaciones hace más de cincuenta años en archivos y bibliotecas sobre autores como José de Cadalso siguen siendo fuentes rigurosas y fiables; y lo mismo puede decirse de sus estudios sobre el autor de los Caprichos, iluminado siempre por él desde una perspectiva literaria, en los que destacó como experto, por ejemplo, cuando la polémica sobre la autenticidad de El coloso y La lechera de Burdeos. Nigel Glendinning (1929-2013), catedrático emérito que fue del Queen Mary Westfield College de Londres, enseñó en Cambridge, en Dublin, en Southampton; y ha sido uno de los grandes dieciochistas a quienes debemos la nueva y buena lectura de los mejores autores de la Ilustración. Fue maestro de un buen amigo que me ha enseñado mucho, Philip Deacon; y un nombre siempre vinculado al dieciochismo activo —participó en el Congreso de Oviedo de la Sociedad de Estudios del Siglo XVIII en 2008, cuando le vi por última vez. En mayo de 2010 recibimos de él una carta en contestación a la invitación que le hicimos los organizadores del simposio con motivo del centenario de Rodríguez-Moñino; se excusaba por no tener recuerdos y asuntos relacionados con don Antonio que no hubiese ya escrito y por motivos de salud. Murió el pasado sábado 23 de febrero, «quite suddenly», como escribió ayer su hijo Paul a Pedro Álvarez de Miranda, de quien he recibido la noticia.
La historiadora del arte Jesusa Vega ha escrito en ABC una cariñosa y precisa necrología de N.G.

viernes, febrero 22, 2013

Yo menos yo más otros


Uno de mis deseos blogueros para el año nuevo fue poder dar aquí noticia de algunos de los libros importantes leídos en 2012, e intentar que no quedasen arrumbados con la excusa —cierta, sin duda— de que no hay tiempo para, sobre todo, leer tanto; y luego escribir casi todo sobre tanto. Y hay varios libros leídos que están ahí y que quiero mencionar sin atender a razones de actualidad. Uno de ellos, ya antiguo —de hace dos meses y pico—, es el de Antonio Sáez, que vuelve a mostrarse con calidad y, en este caso, emoción. Lo ha hecho —lo hizo— en su libro poético de prosas y poemas Yo menos yo (Mérida, De la luna libros. Colección Luna de Poniente —G—, 2012). Las paredes que acogen mi lectura y relectura de las páginas de Antonio tienen algo que decir en «La identidad sustantiva», la sección central del libro, escrita para explicar el pasado, enmarcada entre «Ácido», que es un conjunto de hojas de un dietario del presente vecindario, y «Óxido», que se nos da como la serie de un diario del presente profesional, de una dedicación. Una dedicación que sigue dando sus frutos en forma de traducciones y de estudios que acercan la cultura española a la portuguesa, la historia de la literatura española a la de Portugal. Así, en sus Nuevos espíritus contemporáneos. Diálogos literarios luso-españoles entre el modernismo y la vanguardia (Sevilla, Renacimiento, 2012), que prolonga investigaciones anteriores de Antonio Sáez y reúne varios estudios publicados en lugares diversos en los dos últimos años. Trata, pues, del mapa de las relaciones literarias entre Portugal y España entre 1890, con la llegada del Simbolismo a Portugal, y 1936, la consabida fecha que parece que nos divide el siglo pasado en España. Leí con gusto los primeros Espíritus contemporáneos (Sevilla, Renacimiento, 2008), y ahora estos, los nuevos, suman en todo, y envuelven uno de los libros de poemas —y más— de Antonio Sáez que con más gusto he leído. 

domingo, febrero 17, 2013

La lengua madre


Ayer fuimos a ver el monólogo de Juan Diego sobre un texto de Juan José Millás espléndidamente puesto en escena por Emilio Hernández: La lengua madre. Una mesa de escritorio con su silla, unos papeles, una jarra con agua, un vaso y un actor. Luces. Patio y palcos llenos, con algunas entradas de anfiteatro. Parece ser que el origen del texto era una conferencia a la que se le vieron posibilidades dramáticas. Bien visto; porque Millás siempre ha tenido ingenio y hondura para hablar sobre el lenguaje de una forma amena, sorprendente y divertida. El público reacciona muy bien cuando el personaje de Juan Diego toma una palabra como objeto y se pregunta sobre su significado o, sobre todo, sobre su significante, sea colutorio, monegasco o abulense. O cuando se pregunta por qué complican tanto lo que debería ser sencillo y comprensible. Como la palabra palabra, que antes era «sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea», en el Diccionario de la Academia de 1992; y ahora, en el vigente, es «segmento de discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final». Ay, si don Emilio Alarcos levantase aquella cabeza que definió palabra como «aquello que en la escritura aparece entre blancos» (Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1994, pág. 26)... 
Volviendo a Millás, creo que en su obra literaria hay mucho para llenar una función teatral sobre las palabras que llene un teatro sin tener que recurrir a la desregularización ni atribuir a los mercados el maltrato de la lengua. Por ejemplo, en El orden alfabético (1998), en el capítulo en el que se narra la pérdida de algunas letras y el personaje narrador dice a su amada «Te quieo Laua». Y entonces ella le contesta sorprendida porque él le ha dicho que no consigue «ponunciá» la erre: «Déjate de bomas». Imagino a Juan Diego con ese texto levantando al público de sus asientos, el mismo público —una parte mínima, es verdad— que no supo ayer interpretar los silencios del actor. Sé que no estamos para bomas, y que cualquier momento es bueno para quejarse, y que las palabras son un patrimonio de todos; pero a veces el arte artístico es más potente que el mediatizado para levantar las conciencias de este mundo que, como dijo Millás, no deja de ser un lugar extraño.

jueves, febrero 14, 2013

El Siglo de Oro de Moñino

Por muchas razones es una satisfacción ver este libro publicado. Las tengo personales y... personales. Porque me resulta difícil deslindar lo profesional, es decir, que celebro mucho disponer para la profesión de esta reunión de Estudios y ensayos de literatura hispánica de los Siglos de Oro, de Antonio Rodríguez-Moñino, con trabajos monumentales del erudito extremeño; de lo personal, que se concreta en haber participado en el nacimiento de esta colección, en conocer a quien la diseña con sus característicos estarcidos en portadas; y, entre otras razones, en sentirme bien cercano a Víctor Infantes, encargado de la edición de estos estudios de Moñino. Quien sepa lo que fue Moñino para la cultura española tendrá con este volumen un regalo impagable: la reedición de «El primer manuscrito del Amadís de Gaula, noticia bibliográfica» (1956); la del magistral «Construcción crítica y realidad histórica en la poesía española de los siglos XVI y XVII» (1965); la del discurso de Moñino sobre Poesía y cancioneros (Siglo XVI) en su ingreso en la Real Academia Española (1968); la de «Sobre poetas hispanoamericanos de la época virreinal (Con un ejemplo: Martín de León» (1968); y, finalmente, la de las ciento cuarenta y tantas páginas de la «Introducción» al Diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI), de 1970, luego completado, corregido y actualizado por el propio Víctor Infantes y Arthur Askins en 1997 (Editorial Castalia y Editora Regional de Extremadura). Infantes explica con conocimiento en su «Presentación» (págs. 9-21) el interés y las aportaciones de cada uno de los trabajos recogidos en este libro, y nos recuerda algunos pormenores del injusto veto político al que fue sometido este intelectual sin tacha, que, como precisa Víctor Infantes, estuvo hasta el final de sus días dedicado a la revisión de sus trabajos, el último de los cuales, el Diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI), logró ver en sus últimos días de un junio de 1970. Algo así era lo que yo barruntaba hace años que podría cumplir sobradamente con los criterios establecidos para una colección de Humanidades y Ciencias Sociales de excelencia.

Antonio Rodríguez-Moñino, Estudios y ensayos de literatura hispánica de los Siglos de Oro. Edición a cargo de Víctor Infantes. Cáceres, Genueve Ediciones, 2012, 376 págs.

domingo, febrero 10, 2013

Mestrario (I)


Tan solo con leer el título La bicicleta del panadero (Madrid, Calambur Editorial, Col. Poesía, 131, 2012) lo primero que se me vino a la cabeza —o a la boca— fue Pan (Pre-Textos, 2009), un libro, el último en vida, creo, de José Viñals (1930-2009). Porque también Viñals fue hijo de un panadero y así lo dejó escrito en aquellos poemas. Para Mestre escribió Viñals una de sus prosas de Hablar con extraños (2002), la serie incluida en su libro He amado (1998-2005), publicado por La Poesía, señor hidalgo en 2006.: «Pocos escritores saben lo que sabe la mayoría de los poetas: que lo que no conmueve no interesa. Pero ¡ojo! Sólo valen las emociones altas, no las de pacotilla. A mí me gustan las emociones que empañan un ojo y dejan el otro trasparente para el puro pensamiento». Aquí están juntos los dos poetas. Y el vigoroso verbo de Viñals me ha acompañado en la lectura de Mestre, que, aun con su voz personalísima, me acerca mucho por su conciencia poética a la del autor de Pan. La bicicleta del panadero es uno de los mejores libros de poesía que he leído este año. Es más, es un libro con el que no se puede competir, que no tiene parangón, dada su envergadura formal y literaria. He leído también mucho sobre el libro; y aquí va un muestrario no exhaustivo, antes de continuar compartiendo mi lectura: 
Santos Domínguez, «Juan Carlos Mestre. La bicicleta del panadero», en Encuentros de lecturas, 8 de junio de 2012.
Luis Artigue, «La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre», en Luis Artigue blog de lecturas, 25 de julio de 2012.
Manuel Rico, «Los descontentos y la vida bella», en El País. Babelia, 18 de agosto de 2012.
Alberto García-Teresa, «Juan Carlos Mestre. La bicicleta del panadero», en la revista de información cultural en internet Culturamas, 3 de noviembre de 2012.
Jordi Doce, «La bicicleta del panadero», en su blog Perros en la playa, 21 de noviembre de 2011. 
Además: Ignacio Elguero y Javier Lostalé, Entrevista con Juan Carlos Mestre en La estación azul de RNE, 24 de noviembre de 2012; y Alberto Martínez Arias, Entrevista con Juan Carlos Mestre en El ojo crítico, de RNE, 24 de enero de 2013.

viernes, febrero 08, 2013

Apartado 396


Se acabó. Veinte años he tenido este apartado particular en la oficina de Correos de Cáceres. Lo alquilé —no recuerdo si por quinientas o mil pesetas anuales— porque cambié en muy poco tiempo varias veces de domicilio en una época en la que recibía mucha correspondencia; y era cansado enviar casi cada año más de cien cartas con la comunicación del cambio de domicilio —no había correo electrónico. Lo del apartado me lo agradecieron muchos amigos a los que obligué a emborronar sus agendas. En 2002 pagué por el apartado 36 euros. Creo que aquello supuso pagar un incremento del 100% sobre lo que antes pagaba en pesetas; pero como a todos los ciudadanos de este país nos sucedió lo mismo en el supermercado, en los bares, en el estanco, en las librerías..., no le di importancia. Como toda España. Bueno, sí; estuve a punto de enviar una carta al director de Correos quejándome por pagar por renunciar a un servicio gratuito. He estado pagando durante años para tener que desplazarme hasta Correos para recoger mi correspondencia; y he renunciado durante estos años a que un diligente empleado del servicio postal traiga hasta casa mis cartas, sin coste; e incluso, de tratarse de un envío certificado, el cartero habría subido hasta mi puerta y me habría entregado en mano lo enviado. En 2005, la cuota fue de 39,40 €, y en 2006 de 45,70 €, y fue cuando me pareció abusiva la subida —¡6,3 euros!— por un discutible servicio. De un año para otro, en 2007, me clavaron de incremento solamente 2 euros con treinta céntimos; pero en 2011 ya estaba pagando 55,35 €. En 2012, 56,90 €. Y en 2013 la nueva cuota por el apartado quieren que sea de 60,68. Conclusión: soy un tipo muy lento para reaccionar. No como Álvaro, que ya reaccionó un poco antes. Pues eso, que me manden las cosas al campus, adonde siempre llegan; o a mi calle, que también.

Presentación de 'La palabra sabe'


miércoles, febrero 06, 2013

Andioc, Moratín y Goya


Uno de los más entrañables y evocadores regalos que recibí las pasadas Navidades me llegó de Annie Andioc desde Mirepoix sur Tarn, cerca de Toulouse (Francia): el libro Moratín y Goya. Artículos y otros escritos de René Andioc, en edición de Annie Andioc, su viuda, publicado por la Asociación de Directores de Escena de España (Serie Debate, núm. 18) en 2012, gracias también a la sensibilidad, el cariño y la amistad de Juan Antonio Hormigón. «Mi vida con un investigador empedernido. Modo de empleo» se titula la introducción que escribe Annie Andioc y que es toda una intrahistoria doméstica y amorosa de quien ha convivido durante muchos años con un «hombre ilustrado». La primera parte del volumen justifica el título, pues reúne trabajos inéditos de René, encabezados todos por unas jugosas notas de Annie, en torno a los dos grandes nombres de Leandro Fernández de Moratín y Francisco de Goya. Por ejemplo, la última conferencia que dio, en Cádiz, en noviembre de 2008; o el primer ensayo en que vinculó a Moratín y Goya, luego recogido en su libro Goya, letra y figuras; o un par de entradas del Dictionnaire Napoléon (1987) que no habían sido traducidas del francés. En la segunda parte, «Varia», hay una entrevista con Juan Antonio Hormigón, unos fragmentos con anotaciones de Annie de un diario de René, «Fragmentos de un diario», entre 2001 y 2009, y que están llenos de espontaneidad, lucidez y también, hay que decirlo, de cierta desolación ante el «desplome» de muchas cosas, entre ellas, la Universidad. Una nota cronológica y bibliográfica sirve de colofón de este volumen en un apéndice que incluye algunas de las necrologías publicadas después del 14 de marzo de 2011, fecha de su muerte. Fotografías y menciones de amigos, el recuerdo insistente de la imagen amable de René Andioc y muchas páginas para seguir aprendiendo de su magisterio. Es lo que ofrece este libro, que encarta, entre sus páginas 168 y 169, en papel distinto, satinado, y a color, varias ilustraciones: dos retratos que hizo Goya a Moratín, otros cuadros del pintor —sus autorretratos, El 3 de mayo en Madrid, El aquelarre...—, y dos fotografías de René del verano de 2005; una con su perra Flora. Valga como afirmación del título de esta entrada. Andioc, Moratín y Goya.

martes, febrero 05, 2013

I Concurso de Microrrelatos Manuel J. Peláez


A Manolo, estoy seguro, le habría gustado ver su fotografía —a quién no— entre las de don Augusto y don Julio. Y como en la segunda de las bases del I Concurso de Microrrelatos «Manuel J. Peláez» se les menciona, al uno por El dinosaurio y al otro por Rayuela, 68, me ha parecido que puede quedar bien como primer anuncio de este premio de microrrelatos —el «cuarto género narrativo», al decir de Irene Andrés Suárez en su reciente Antología del microrrelato español (1906-2011), de Ediciones Cátedra— promovido por el Colectivo Manuel J. Peláez de Zafra y que va a contar con un jurado presidido por Fernando Valls. Las microbases pueden leerse aquí y el plazo para la presentación de los textos es hasta el 31 de marzo de 2013. El jurado encarece a los concursantes cuidado en la preservación del anonimato vía telemática, según la tercera de las bases.

lunes, febrero 04, 2013

La palabra sabe


La experiencia de la lectura de un buen ensayo sobre poesía tiene dos direcciones, una de ida y otra de vuelta. Ocurre la primera cuando el ensayo nos propone una lectura hasta el momento desconocida, no hecha, cuando nos incita e invita al conocimiento de un autor no leído y muy poco conocido antes. La segunda se da cuando el intérprete nos ofrece una lectura complementaria a la que hicimos, nos muestra nuevas rutas sobre un territorio ya transitado. Se impone, pues, la experiencia de leer, y así se expresa en el primer ensayo —una conferencia— de este libro, «Tomar partido por las cosas»: «[…] entiendo que no cabe otra opción para un pensamiento que sea personal que recorrer los itinerarios trazados por otros, pensar con las palabras de otros, encontrar un montaje, una sonoridad distinta de esas palabras que de pronto diga algo que ellos no dijeron; suelo trabajar así: citando mucho, en la esperanza de que en esas palabras se dibuje mi voz.» (pág. 16). Un libro que empieza muy bien, con la dedicatoria a Nicanor Vélez; y que contiene algunos ensayos inéditos. Siempre, la palabra dicha por Miguel Casado sabe; sabe decir, sabe mostrar e iluminar lo que se ha leído. Con este libro, he estado de ida, por ejemplo, con el ensayo «El olor de todas las razas» sobre T. E. Lawrence y  Los siete pilares de la sabiduría; también con el que dedica a El síndrome de Gramsci, la novela de Bernard Noël, que no he leído. De vuelta puede decirse que estoy, pro domo mea, con aquellos otros autores sobre los que Miguel Casado ha vuelto a escribir con digna autoridad: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Núñez, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda, Manuel Padorno, Aníbal Núñez y José-Miguel Ullán. La lista ilumina parte del pensamiento de Miguel Casado y trasluce su poesía. «La poesía, pues, como la partitura en la que sería posible leer una autobiografía» (pág. 186), dice a propósito de Gamoneda. La lectura, como experiencia esencial de una vida, es un tramo considerable de la de Miguel Casado; partitura, pues, en forma de ensayo —La palabra sabe— de su autobiografía. Felicidades, Miguel. Y felicidades.
Miguel Casado, La palabra sabe y otros ensayos sobre poesía. Madrid, Libros de la resistencia (Colección Paralajes, 1), 2012.


viernes, febrero 01, 2013

Intemperie


Es una novela que ha nacido con muchos adjetivos en solapa. Conmovedora, poderosa, apasionante, excepcional, excelente, cautivador, sobresaliente, maravillosa, asombroso, hermosa... No sobra ninguno; y faltan otros; pero no hay que abusar, que el empalago es indigesto. Es precisa y sugerente —lo sabía— esta primera novela de Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) tan bien anunciada y recibida y que acaba de publicar Seix Barral inaugurando el año, Intemperie. La novela tiene tanta fuerza que no creo que nadie la olvide a la hora de hacer recuento de lo mejor publicado en 2013, y todavía queda mucho año para que salgan títulos. Me ha cautivado esta forma de relación amorosa y apasionada con las palabras, que no resulta en ningún momento cargante y que tanto se acerca al modo en que el poeta se relaciona con el lenguaje, esa herramienta sublime. Yo creo que aquí está el valor y la potencia de Intemperie, que logra despojar al relato de nombres y fechas para que todo se concentre en la expresión verbal que puede estremecerte con la lectura de una colilla marrón situada en el momento preciso de la historia; quiero decir, de la página. Esto debe de ser lo que desconcierta a quienes preguntan en estos días de expansión de la novela a Jesús Carrasco sobre su origen rural, sobre el tiempo, sobre la pista —dicen— que es el sidecar... Parece que tenemos que tener un referente tangible para que demos crédito de literatura realista a lo que nos llega como literatura realista. Pues no. Intemperie es tan realista como un poema de Olvido García Valdés, por ejemplo, de Lo solo del animal. Y yo creo que este narrador que es Jesús Carrasco es un buen lector de poesía, y que la poesía es base primordial de la intención de su novela. Una novela que no tardará mucho en ser puesta en imágenes. También parece que hay que buscar parientes literarios reconocibles a un texto para que no nos perdamos; aunque no tengan nada que ver. Imaginemos a qué autor puede asociarse una novela bien escrita que es rural y en la que hay una rata desollada a la lumbre. Malo; porque todo el mundo repite luego estas cosas y el autor se queda con ese recolguín hasta los postres. Imaginemos que teorizo sobre esta mirada literaria hacia la autenticidad de lo rural que en la tradición más cercana recojo de un Julián Rodríguez —otro talento FNAC— y de parte de sus Cultivos (Mondadori, 2008). En fin,  no todos los días siente uno la necesidad de releer un libro nada más terminarlo.

martes, enero 29, 2013

Antonio Rivero Machina, Premio 'Antonio Carvajal' de Poesía Joven


Antiguo brillante alumno de Filología Hispánica y hoy compañero en mi departamento como becario de investigación, Antonio Rivero Machina ha sido galardonado con el XV Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal», por su libro de poemas Podría ser peor, que publicará próximamente Ediciones Hiperión. Autor casi inédito, de 25 años de edad, Antonio Rivero Machina había obtenido algunos premios domésticos y este es por ahora su reconocimiento mayor. El premio, convocado por el Ayuntamiento de Albolote (Granada), patria chica del poeta Carvajal, ha contado con un jurado compuesto por Antonio Chicharro Chamorro, Antonio Sánchez Trigueros, Jesús Munárriz, José Antonio Ramírez Carvajal y Dionisio Pérez Venegas. El nombre de Antonio Rivero Machina se suma a una lista de algunos poetas muy valiosos de los últimos años que, a partir del «Carvajal», han tenido una proyección importante; desde Andrés Neuman o Álvaro Tato, hasta Luis Bagué Quílez, Verónica Aranda o Laura Casielles. Me consta el empeño literario de Antonio Rivero desde que era un estudiante de los primeros años de Filología y verlo ahora en esta plataforma es estimulante. Una alegría.

lunes, enero 28, 2013

Noticias pasadas sobre hoy


Ojalá me confunda en las cifras. La reducción de los ingresos para las comunidades autónomas destinados a la atención a la dependencia es de unos 370 millones de euros. Y lo que deben los clubes de fútbol al Estado asciende al doble de esa cantidad: 752 millones —aunque en algún medio he leído que son mil millones. Habría que seguir sumando en el haber de lo incomprensible, porque parece que lo que deben los clubes de fútbol a la Seguridad Social no se puede conocer en aplicación de la Ley de Protección de Datos, que impide que se haga público. Ojalá me confunda; y no sólo en las cifras. Otro emético.

viernes, enero 25, 2013

Fue por la foto


Éste no es el quiosco de G.
Ayer, a las ocho y media de la mañana, cuando iba a recoger mi ejemplar de El País en el quiosco, el hijo de G. me dijo que no había llegado; y que no era un problema del transporte porque el resto de periódicos sí que estaba. Llegó a media mañana; y, en efecto, B. —la mujer de G.— me lo dio en el quiosco al pasar a las dos y media. Podían avisar o poner una nota, me dijo B.; pero nada. Esta mañana, leo en El País el titular de «La foto que El País nunca debió publicar» y con sorpresa me entero de todo —o parte de— lo ocurrido. De la falsa foto de Hugo Chávez entubado que estuvo publicada durante media hora en la página web del periódico y que pasó a algunos ejemplares de la edición impresa. Así que, a consecuencia de eso, El País, «con un gran esfuerzo logístico, procedió a frenar la distribución de ejemplares con la foto falsa y a retirarlos de los puntos de venta de España, Europa y América. Una nueva edición corregida sustituyó, con el consiguiente retraso a la anterior.» Algo así como un efecto mariposa al revés. El tsunami es Chávez y la mariposa soy yo, que me quedé sin prensa en papel hasta la hora de comer.

Novedades en la BVMC

Aquí.

lunes, enero 21, 2013

Islas flotantes


Antonio Ansón, el traductor de esta novela corta de Joyce Mansour, Islas flotantes, publicada el septiembre pasado por Editorial Periférica, menciona en el postfacio de esta primera edición española el número 13 de la revista La luna de Mérida (diciembre de 2001) como uno de los lugares en los que la poesía de esta autora se difundió aquí. Fueron unos poemas en versión de Ildefonso Rodríguez. Aquel número dedicado a traducciones —del gallego, del portugués, del francés y del italiano— trajo también —por hablar de difusión de lo desconocido— textos, entre otros, de Michel Seuphor o Giuseppe Gioacchino Belli, autores que me interesan. Del primero algo anoté aquí; y del otro espero escribir pronto a propósito de una importante novedad editorial próxima. Ambos, además, han estado incluidos en unas jornadas sobre traducción organizadas por algunos compañeros de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de mi Facultad hace pocos días. Vuelvo a Joyce Mansour, que, si conocida en España, es como poeta, en efecto, por traducciones primeras de Jaime Siles y más recientemente de Eugenio de Castro en Igitur. A los aprensivos no recomiendo la lectura de Islas flotantes. Bastante tienen ya con lo suyo. ¿Entonces? Pues que es un texto breve, con conciencia de radicalidad y sin mucho afán por el lenguaje —que algunos comentaristas han tildado de exquisito—; es decir, un ejemplo más de supuesta escritura automática —noción imposible en una traducción— que resulta provocador. Su expresión del extremo de cierta radicalidad en la experiencia del dolor y la enfermedad es sugerente, si vale decir esto; que vale decirlo, si hablamos de experiencia literaria, que es de lo que se trata. No se puede recomendar su lectura para disfrutar; pero sí para descubrir (al leer); sí para conocer otros lados distintos de lo real de lo que somos (cuando escribimos).   

sábado, enero 19, 2013

viernes, enero 18, 2013

Recuento en la Biblioteca Nacional

Vaya, justo cuando interrumpimos las clases por los exámenes.

miércoles, enero 16, 2013

Antonio Orejudo en el Aula José María Valverde


Mañana jueves, a las 20:15 de la noche, intervendrá Antonio Orejudo (Madrid, 1963) en el Aula literaria «José María Valverde», en el salón de actos del Colegio Mayor Universitario «Francisco de Sande», en un acto abierto al público. Por la mañana, a las 12:30, lo hará en el Instituto de E.S. «Profesor Hernández Pacheco» para un nutrido grupo de estudiantes de Secundaria y Bachillerato de varios institutos de la ciudad. Antonio Orejudo es otro licenciado en Filología Hispánica y, además, profesor de eso —de Literatura Española— en la Universidad de Almería. La literatura de Orejudo es una buena manera de saber qué es la literatura, qué es la ficción, cómo es la figura del autor, qué es un personaje y cómo es la cara que se le pone al lector cuando lee. Es, además —en fin, por eso—, un escritor muy cervantino, que es uno de los mejores elogios que hoy se me ocurre cuando se cumplen los cuatrocientos ocho años de la publicación del Quijote de 1605.

martes, enero 15, 2013

Rostros de la locura


Este libro se abre con una foto de grupo de la que se enumeran algunos casos de enajenados mentales de la tradición culta. De Torcuato Tasso o el Marqués de Sade hasta el protagonista de La vorágine de José Eustasio Rivera, asociado al Kurtz de El corazón de las tinieblas de Conrad, otra selva. Lo que pretende su autor, José Antonio Llera, es llamar la atención sobre el interés que el tema de la locura ha despertado siempre al hombre racional, y al artista como derivación no siempre lógica de éste. Atrae mucho el mundo subversivo y radical de la locura; pero también atrae cualquier ensayo que lo interprete. De ahí que la propuesta de Llera, rica y muy sugerente en referencias artísticas de todo tipo y signo, sea tan interesante. «Para comprender el secreto de la locura tendríamos que obtener una licencia de los dioses para descender hasta ella y volver sanos y salvos, sin el estigma ulceroso de los profanadores», escribe (pág. 123) en la tercera y última de las secciones de este ensayo sobre el que al principio pensé que se había montado sobre tres estudios separados. Sin embargo, basta con empezar a leer el libro —y de utilizar el comodín de la conversación telefónica con el autor— para confirmar que es una obra compacta; que no se trata de tres ensayos publicados o escritos por separado y ahora unidos. No. Es un ensayo con un mismo objeto desde el principio hasta el fin. Una propuesta de tematología de la locura que no pretende exhaustividad; pero logra la brillantez. Los tres pies del gato son el Quijote, Goya y el cineasta norteamericano Frederick Wiseman, el autor del documental Titicut Follies (1967), y son los ejemplos de trasvases entre los tres lados de esta reflexión tan numerosos que no es precisa otra argamasa para demostrar la cohesión del libro. Su cohesión y su sentido, pues al lector se le ofrece una buena exposición de estas maneras —de escritor, de pintor, de cineasta— de mostrar los rostros de la locura y un elogiable intento de interpretación más que convincente. Lucidez y cordura. Habría sido insoportable leer un ensayo contagiado de su propio objeto. Cada cosa en su sitio.
José Antonio Llera, Rostros de la locura. Cervantes. Goya. Wiseman, Madrid, Abada Editores, 2012, 192 págs.

domingo, enero 13, 2013

El síndrome de Trigorin


El maestro Ordóñez —que no es el torero— escribió el jueves, claro,  en su columna  'El hombre que fue jueves', un texto con este título de arriba que alude al escritor que aparece en La gaviota de Chejov y que escribía notas de modo compulsivo. Como Marcos Ordóñez en sus cuadernos, como su amigo Alfonso Armada —que no es el golpista y marqués—, «un Trigorin a la cuarta potencia», dice Ordóñez. Como yo, humildemente. Mis cuadernos no ocupan una estantería, aunque ya tengo que buscarles espacio en otros cajones —uno es más reservado con su memoria exenta—; y me acompañan casi a cada sitio que voy. Si no es así, anoto cualquier cosa en los márgenes de las hojas del periódico —ahora vienen muy bien los anuncios de un banco de cuyo nombre no quiero acordarme—, en el resguardo del cajero automático o en la clásica servilleta de papel, que suele expandir la letra escrita con el rotulador como un atisbo de importancia que luego queda en nada, o casi nada. Cuando empecé a escribir en este blog creí que aquello iba a ser el principio del fin de mis cuadernos; y fue al contrario. Porque para escribir aquí tomo más notas que antes, y me pasa lo mismo que a Marcos Ordóñez, que lo que apunto es mucho más largo que lo que luego escribo. Ay, ojalá sea verdad aquello que le decía Juan Ramón a un Lorca muy joven a propósito de unos poemas demasiado largos: «La concisión vendrá sola». Lo que me recuerda que tengo que hacerme con el Epistolario II de JRJ en edición de Alfonso Alegre Heitzmann. Acabo de apuntarlo en mi cuaderno.

viernes, enero 11, 2013

Estrella Morente y la filología


Soleá, con Estrella al fondo
Algo así como «El ser más maravilloso que podía existir sobre la tierra», dijo el otro día, en la entrevista de Siluetas, Estrella Morente de su padre. También habló sobre su hermana Soleá, que es licenciada en Filología Hispánica porque su padre le dijo: «Primero estudia una carrera y luego yo te hago un disco». Y la hija cumplió. Por Soleá, que creo que todavía no ha cumplido los 27. Su hermana Estrella dice que su formación en Filología Hispánica, una carrera «tan importante», permitirá a la artista «conocer aún más la literatura y seleccionar un texto bueno de un texto malo». No me parece mala opinión sobre los estudios filológicos. Desde luego, distinta a la que leí en otra entrevista, en Quimera, al escritor Juan Francisco Ferré, que vino a decir que la filología es lo peor para la creación y la literatura. Yo, que me considero filólogo, conocí a Ferré —su escritura— gracias a Juan Goytisolo, y no hace mucho participé en un acto académico de defensa de un trabajo sobre su novela Providence. Y no me pareció tan dañino para la literatura ni para la creación. Más bien, al contrario. Por cierto, creo que Ferré tiene la misma licenciatura que Soleá Morente. Me quedo, pues, con la consideración de Estrella Morente sobre «conocer aún más la literatura y seleccionar un texto bueno de un texto malo».

jueves, enero 03, 2013

Vuelve Carne Cruda


Se veía venir, después del Premio Ondas. Me alegro, en cualquier caso. Porque Javier Gallego vuelve el próximo lunes 7 a los micrófonos de la SER con un espacio, Carne Cruda 2.0, mechado en la presa principal de Hora 25, el programa de Àngels Barceló. Será los lunes, miércoles y viernes a las diez menos cuarto de la noche. Los martes y jueves, Carne Cruda 2.0 tendrá su prolongación en línea en la web de la cadena. Más información, aquí. Las circunstancias mandan; pero será difícil acostumbrarse a escuchar al Crudo en otro sitio que no sea Radio 3, que era un hábitat mucho más natural y más público que el líder de la radiodifusión española. Se le escuchará, sin duda; aunque sea a deshora. Lo merece. Lo merecemos. Pasaremos buenos ratos con la palabra de Gallego, con sus estimulantes y mordaces ocurrencias. Un ejemplo: un traductor de declaraciones institucionales que revela su verdadero significado.

miércoles, enero 02, 2013

Año nuevo


Ni el año nuevo empieza tras la última de las campanadas ni deja de ser nuevo el segundo día del nuevo año. A pesar de brindis y de besos, hasta que no amanece y en la calle no se aprecia la escasa presencia de gente que se mueve por una ciudad con resaca, no me siento en el nuevo año. Hasta que no se escuchan los compases filarmónicos de Viena, se viste nuevamente la mesa o hasta que uno no pone un nuevo calendario. Y uno de mis más preciados calendarios para este año es el que envió M. Moleiro Editor, siempre elegante y exquisito en su modelos de sobremesa con un estuche de metacrilato. Para este año 2013, su propuesta ha sido, según reza la justificación del regalo, "un recorrido temático en clave fashion por las culturas y los siglos; por las prendas, tocados, joyas y complementos que pueblan nuestras obras (lucidos muy a menudo por reyes, príncipes y sultanes, pero también por campesinos, monjes o soldados). Fijarse en cómo vivía la sociedad de una determinada época es también indagar en cómo vestía." Un calendario a la moda. Códices iluminados a la última en edición limitada. Una original idea. Para este mes de enero, sin ir más lejos, la propuesta es —en "Tendencias"— collares, cinturones, bolsos, clutch, guantes..., sobre detalles de las ilustraciones de Jean Bourdichon del libro de las Grandes Horas de Ana de Bretaña (Biblioteca Nacional de Francia), un extraordinario códice de principios del siglo XVI. Ahí es nada.

lunes, diciembre 31, 2012

Feliz 2013


En un libro de prosas luminoso y extraordinario de Philippe Jaccottet, de 1957, y publicado por primera vez en España por Cuatro-Ediciones hace nada, en 2011, en traducción de Rafael-José Díaz, hay un diálogo entre El otro y Uno en el breve texto que da título a todo el libro, El paseo bajo los árboles, en el que Uno dice que tiene que haber una razón para nuestra felicidad bajo estos árboles. En el fantasmal y rousseauniano paseo de ambos, El otro escucha a Uno cómo habla de la luz como una fuerza inaudita. En otro momento de su obra, Jaccottet escribe sobre el hecho de nombrar las cosas visibles y de cómo ese hecho creaba entre su mente y el mundo "una relación tierna y luminosa, gracias a la cual el mundo dejaba de serme hostil o incluso simplemente de escapárseme para convertirse en fuente, morada y tesoro" (pág. 90). La sensible percepción de este escritor suizo vuelta a leer en un libro como el que nos ofrece Rafael-José Díaz me ha servido en estas horas para desear que todos los días, sin marcas de finales ni principios, sean una celebración de lo valioso que como humanos tenemos: sentimiento y razón. Feliz 2013.

¿Feliz 2013?

viernes, diciembre 28, 2012

Un palco sobre la nada (II)


Decía que el tiempo es en Un palco sobre la nada el objeto del pacto con el lector, como en toda novela de anticipación (otro nombrecito). Está montada sobre trece capítulos cuyos títulos componen en el índice una suerte de resumen poético del relato que termina en dos secuencias de engañoso utopismo ("Imagine" —la canción de John Lennon— y "Un canto a la vida"); y está escrita en un estilo efectivo, sin artificio, y con un peso muy importante de los diálogos, muy bien dichos, naturales, dentro de lo que cabe en personajes de 2207. Un futuro, sin embargo, demasiado cercano, a juzgar por los últimos acontecimientos: "En 2207 la medicina se había puesto de parte de la gente que podía permitírsela: Viva usted su posteridad, repetían las consignas publicitarias." (pág. 12). Pero futuro, al fin y al cabo; construido en un empeño loable de costumbrismo literario del siglo XXIII en el que al personaje narrador "la comunicación por medio de sonidos puros, en un tiempo que había superado hasta la imagen" se le hace demasiado tosca (pág. 46); en donde un personaje llamado Google ironiza "poniendo en funcionamiento las clavijas que le fabricaban la sonrisa" (pág. 273); en donde existen escáneres de sentimientos (pág. 207), transfusiones de sangre diaria (pág. 109), tarjetas orgánicas (pág. 285) e imágenes de un juego de alimentación cardiaca en la que los plátanos saltan del sombrero de Carmen Miranda, crecen y se dispersan hasta ocupar todos los rincones de la pagoda (pág. 247). Exigencias de un guión novelesco de enjundia, en el que Alonso Guerrero hace suyas las palabras que pone en boca de su personaje: "Ya nadie escribe, pero la escritura, los libros, aunque sea en soportes que restan veracidad a las palabras, siguen dando refugio a los insaciables" (pág. 13); y justifica su labor al tiempo que nos da una clave de la elección de la perspectiva: "El progreso es mirar al hombre lo más lejos posible" (pág. 91). En fin, creo que ésta es una de las novelas más ambiciosas de Alonso Guerrero y también creo que pervivirá como un producto de época, que propuso su denuncia de la dificultad cada día mayor de avances morales en un mundo cada día más deshumanizado. De ahí las constantes alusiones a un pasado remotísimo que es en la acción novelesca nuestra era actual, en un ejercicio de nostalgia con el telón de fondo de la escritura y su pérdida: "La historia se ha muerto ella sola, por inanición. Ya no acontece, ni se contempla. Nadie registra acontecimientos. Nadie la cuenta en bellas narraciones, como antaño" (pág. 306). Canciones como Blowin'in the wind de Bob Dylan, libros como El guardián entre el centeno de J. D. Salinger y uno de sus lectores, David Chapman, películas como El Mago de Oz o Doctor Zhivago,y una de sus actrices, Julie Christie, versos como los de Robert Browning, tan presentes en una novela como Un guijarro en el cielo, de Isaac Asimov, otro invitado a este festín profético —decía Gonzalo Hidalgo en la presentación en Cáceres de esta novela que apenas tiene raíces en la literatura nacional—; y este desfile de cachivaches de nuestro tiempo por las páginas de un libro que mueve a pensar. Que, aunque sea mal, es bueno.

jueves, diciembre 27, 2012

Un palco sobre la nada (I)


Imagen de cubierta: Manuel Acedo
Voy a necesitar más de un apunte para hablar de Un palco sobre la nada, la última novela de Alonso Guerrero, publicada por la editorial De la luna libros, de Mérida, que ha venido editando la mayor parte de la obra de Alonso. Quinientas palabras me parecen muchas para un golpe de vista en un blog. Por eso quizá estoy moviéndome en una media de trescientas o algo así. De mis amigos Concha y Fulgencio, parientes del autor, recibí hace unas semanas Perros del desierto (Sevilla, Editorial Alegoría, Col. Memento Mori, 1, 2012), de Francisco Serrano, un relato que lleva a su cubierta el reclamo exclamativo de "¡Un violento western de ciencia ficción!" Muchas cosas juntas. Ha coincidido con la novela de Alonso y me pregunto si yo soy buen lector de relatos así. Ni bueno ni malo; no frecuento este tipo de literatura si no es literatura de verdad. No quiero prejuzgar, pues solo he ojeado lo de Francisco Serrano. Lo de Alonso Guerrero me parece literatura, buena literatura que se sobrepone a cualquier —otra— adscripción genérica. Menos mal, porque no asimilo presuntas formas de ruptura con apariencia de novela histórica, novela negra o rosa, o de novela de ciencia-ficción (¡vaya nombrecito!); y poco me interesan estos desplazamientos si no están anclados en una profunda reflexión sobre el presente y sobre la escritura del presente, sobre la vida, la única verdad. Ni futuro ni pasado si no es presente que nos explique. Por eso me ha gustado Un palco sobre la nada. Es una novela valiente, que no hace concesiones a la galería del mercado y de los gustos del público (?). Que sabe desde el principio lo que quiere decir, que se abre, como es lógico, con una constatación del tiempo: los dieciocho meses de un suceso y los doscientos años de un personaje. "Alma de niño y huesos de mamut: la paradoja de nuestro tiempo" (pág. 11). Es entonces, cuando leemos la edad de un personaje en la primera página de la novela, cuando todo se transforma, cobra otro sentido, entramos en un terreno literario —supuestamente un género— distinto que logra que la primera palabra del texto, un verbo —"Matar"—, no signifique lo que significa. Así, todo, en esta novela en la que el año 2046 es el pasado remoto.

lunes, diciembre 24, 2012

El nuevo mundo o Feliz Navidad


Esta es mi primera entrada en esta nueva realidad. Todo parece igual desde que se acabó el mundo que vivimos hasta ahora; pero es mera ilusión. Que nadie se engañe. Ya todo es distinto. Se ha metido una rata enorme y negra en el cajetín de los contadores del agua y somos un poco más estúpidos que antes. Menos mal que el viernes pasado Federico Mayor Zaragoza llamó asnos a los asnos y nos recordó que cada día mueren treinta mil niños de hambre. Da igual. Los rincones propicios siguen acumulando polvo; pero somos más violentos, más corruptos, más desleales e infames. Algunos siguen escondiéndose sin dar la cara —pobres— y sigue perviviendo —por los siglos de los siglos, y los mundos de los mundos— lo escrito en aquel prólogo al lector por Miguel de Cervantes: "Pues en verdad que no te he de dar ese contento; que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya." Qué bueno. Incluso en este nuevo mundo. Hoy es la carne en agua fría, quitar la espumilla guarripera y poner luego la verdura (troceada). 3 o 4 horas. Ajo, cebolla, puerros, pimiento verde —cuidado, que es muy fuerte— en la bandeja del horno untada de aceite. Sobre el referido lecho, la carne. Vino, al rato. 1 hora. Pincho antes, por si acaso. Verduras asadas, trituradas, y se sirve en la salsera. Lo quiera o no, es otro distinto el que escribe aquí en este instante en el que deseo que, en este nuevo mundo, me siga sentando tan bien pensar en ti, amor, cuando no estás. Aquí y ahora todo tiene un color diferente y tengo percepciones de una nueva dimensión. Por eso, la primera novela que he terminado de leer en este nuevo mundo ha sido Un palco sobre la nada, de Alonso Guerrero, mis próximas palabras. Feliz Navidad.

domingo, diciembre 16, 2012

Catálogo de la Fundación Gerardo Diego


En la década y pico de existencia de la Fundación Gerardo Diego faltaba esta firme fe de vida que es el catálogo de sus publicaciones. Es lo primero en lo que pensé al recibir este folletito con lomo impreso. Antes, pues, de leer la última entrega de los "Pliegos La Sorpresa" con las glosas, loas y comentarios de un grupo de amigos sobre las Publicaciones de la Fundación Gerardo Diego 1999-2012, en donde Pureza Canelo escribe desde su oeste extremeño y nos desea buen provecho a los lectores del catálogo; Elena Diego dice de éste que es "fe de vida y real presencia del poeta", su padre; y Julio Neira afirma que el Catálogo de una fundación así "es uno de los contrastes más fidedignos del cumplimiento de sus fines". Poco puedo añadir, pues. Es un buen catálogo organizado por sus colecciones, lógicamente; una buena muestra de la labor editorial de una institución. Coordinado por Pureza y al cuidado de Andrea Puente Álvarez, ha salido en compañía de ese pliego La Sorpresa en el que también escriben Carlos Alcorta, José Luis Bernal Salgado, Rafael Fombellida, Juan Antonio González Fuentes, Luis Alberto Salcines y Alberto Santamaría, además del mismísimo Gerardo Diego con su "Defensa de la poesía" (1927). El catálogo es demostrativo de lo hecho y de lo que vendrá. Por ejemplo, la Bibliografía de Gerardo Diego, el facsímile de Favorables París Poemas, un Diccionario de la poesía en Cantabria, de los últimos cuarenta años, la edición a cargo de Rosa Navarro de la Fábula de Alfeo y Aretusa, o el ensayo de Julio Neira sobre Gerardo Diego y la poesía. A pesar de todo, se echa en falta una visión cronológica de la tarea entusiasta de la Fundación con sus publicaciones. Lo resume Pureza Canelo en la nota introductoria; pero no es suficientemente expresiva o ilustrativa del camino recorrido, del correr de los años, para que se observe — sin contar las ayudas a la edición de autores de Cantabria, las colaboraciones editoriales, y los catálogos de exposiciones con piezas de la Fundación GD, que van organizadas por años— que fue 2009 el más productivo, en compañía del anterior y del posterior, en una línea que esperemos no sea tan decreciente como pintan los tiempos.

sábado, diciembre 15, 2012

Más retales


© CMD
Siempre me ha sonado bien 'al aire libre'; mejor que lo del 'aire puro'. Deportes.— Un domingo escuché las declaraciones de un futbolista galáctico excusándose por no estar todavía a su mejor nivel tras jugar un partido oficial. Me imagino en mi primera clase en septiembre disculpándome por no estar fino tras los meses de verano sin clases... Y a mis alumnos diciéndose: —Es natural, estamos a comienzos del curso. Doméstica.— Dice Juan José Millás que el retrete es una "extraña continuación del intestino". Para mí es algo más, el retrete es una especie de culo ortopédico. Público.— En el arte del toreo —tuvo su tiempo—, se aplaude al torero, como es natural; y se aplaude también al toro, si es bueno. Es bonito ese homenaje. Lo que no comprendo es que el rito contenga también el vituperio en pitos al toro malo, una vez muerto. Llama la atención tanto rigor, tanta finura. 

miércoles, diciembre 12, 2012

El oficio de unir


Algunas entradas hay en este blog —una de mayo de 2008 y otra, por ejemplo, de marzo de 2011— que testimonian la relación con la que me favorece una persona como Antonio Sáenz de Miera, que "no es, definitivamente, un ciudadano común", como escribe Francisco J. Laporta en el prólogo al libro que se presenta en Cáceres mañana por la tarde en la Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero (Plaza de San Jorge, 2, a las 8 de la tarde). Son las memorias de Sáenz de Miera, El oficio de unir —con ese subtítulo de Reflexiones y experiencias de un hombre inquieto—, un extraordinario regalo para conocer mejor a este hombre inquieto que escribe que "Soy ya más pasado que futuro y la verdad es que, mirando al pasado, no me puedo quejar de lo que he vivido, de todo lo que he podido hacer, de las posibilidades que he tenido y de las que, con mayor o menor acierto, he tratado de sacar provecho. No puedo decir que haya hecho todo lo que he querido y como lo he querido hacer, esto creo que casi nadie puede decirlo, pero he logrado una cierta autonomía, una cierta independencia, para tratar de hacer las cosas a mi manera". Así, con todo lo que hay de importante y precioso tras la aparente elementalidad de estas palabras.