jueves, marzo 21, 2019

Luvina (I)

© María Fernández Sánchez
Si escribo aquí que hoy me he preparado una lubina al horno, tan solo mis alumnos de Textos de Hispanoamericana comprenderán que es un guiño y no una estupidez. Ellos han leído y escuchado conmigo esta mañana el magistral cuento de Rulfo incluido en El llano en llamas (1953) «Luvina», que parcialmente he analizado en clase: «—Ya mirará usted ese viento que sopla sobre Luvina. Es pardo. Dicen que porque arrastra arena de volcán; pero lo cierto es que es un aire negro. Ya lo verá usted. Se planta en Luvina prendiéndose de las cosas como si las mordiera. Y sobran días en que se lleva el techo de las casas como si se llevara un sombrero de petate, dejando los paredones lisos, descobijados. Luego rasca como si tuviera uñas: uno lo oye mañana y tarde, hora tras hora, sin descanso, raspando las paredes, arrancando tecatas de tierra, escarbando con su pala picuda por debajo de las puertas, hasta sentirlo bullir dentro de uno como si se pusiera a remover los goznes de nuestros mismos huesos. Ya lo verá usted». Ahora que me refiero a mis alumnos me percato de que cuando he querido tener en cuenta a la mayoría de mujeres presentes en el aula y me he referido a «vosotras y Guzmán», por ejemplo —en recuerdo de un simpático curso—, lo único que hacía era visibilizar a Guzmán, tan buena persona. Son cosas que he anotado con la lubina en el plato el Día Internacional de la Poesía que he celebrado con mis alumnas y con Rubén, Javier y Junqi leyendo dos poemas de Álvaro Valverde, de El cuarto del siroco (2018), antes de abordar el cuento de Juan Rulfo. Apresuradas anotaciones a mano alzada sobre algunos huecos en blanco del periódico que hoy trae una columna de Luz Sánchez-Mellado cuyas líneas finales habría que repetirse: «El trabajo te da la vida y te la quita, pero conviene tener un par de certezas. Nadie es imprescindible, por mucho que te hagan creértelo y la trituradora sigue funcionando sin ti tan ricamente. Te guardan un minuto de silencio, te suben a los altares y te sustituyen por el siguiente trozo de carne con ojos. ¿Agorera? Realista. Lo dijo José Sacristán al enterrar a su colega Fernando Guillén: "Cada día disparan más cerca"».

Esta entrada, que continuará, va ilustrada con la imagen que el Plan de Fomento de la Lectura de la Consejería de Cultura e Igualdad de la Junta de Extremadura ha elegido para conmemorar este Día Internacional de la Poesía. Es obra de la joven extremeña, de La Zarza (Badajoz), María Fernanda Sánchez, que ha escrito en la postal distribuida con la imagen: «Al levantar la mirada, descubro un árbol solitario que nace de las montañas y se dibuja en el cielo blanco. Un árbol tímido y frágil, que se deja mecer por el viento y acaricia las nubes difusas con sus ramas. Es entonces, ante la contemplación de este árbol casi invisible que parece dar sentido al paisaje, cuando no puedo contener la belleza que albergan mis ojos. Me atraviesa la poesía. Se me escapan las palabras.»

miércoles, marzo 20, 2019

Apunte

Mañana es jueves. Así que hoy será miércoles. Se acaba el invierno, desgraciadamente, de un modo lamentable, sin frío, sin lluvia.  De no estar tan ocupado y preocupado —postocupado—, mañana iría a Madrid a la presentación de Descendimiento (Pre-Textos, 2018), de Ada Salas, en el Museo del Prado, lo más cerca posible del cuadro de Roger van de Weyden. Sería una buena manera de celebrar el Día Mundial de la Poesía. (Ingles y axilas, 59 euros, me llega desde la publicidad de la radio). Un día que mañana se celebrará en Cáceres con la lectura de poemas de Isla Correyero, Álvaro Valverde, Basilio Sánchez e Irene Sánchez Carrón en la Biblioteca Pública «Antonio Rodríguez-Moñino/María Brey» a las 19:30. Hoy, todavía miércoles, Jacinda Ardern, la primera ministra de Nueva Zelanda, es lo que ha sido siempre por culpa de un indeseable y ahora todo el mundo se fija en ella. Me imagino cuando pase con un escritor de culto que por alguna desgracia se convierta en alguien notable. Y todos los medios, tan ajenos y desdeñosos antes, tan interesadamente interesados.

sábado, marzo 09, 2019

Libros y vida

Quitar el polvo a unos libros puede significar que hacía mucho tiempo que no los consultaba, que alguien no hizo su trabajo o que he tenido obras en casa. Sí, sí y sí. Reorganizo a intervalos como pequeños sorbos la biblioteca que ocupa ya todas las dependencias de la casa, salvo el baño y la cocina —aunque en esta tengo una alacena con una uña de volúmenes con recetas. Estoy reencontrándome con viejos ejemplares conocidos que significaron mucho en un momento de mi vida, y que ahora me aportan gustosos renuevos después de la poda de los años. Recoloco algunos lotes que han pasado mucho tiempo sin un lugar preeminente. Ha sido esta mañana el caso de Cervantes, que ahora está en lugar aparte, fuera de sus siglos y lejos de su letra, que antes era la que estaba al ladito de autores como Barahona de Soto o Gabriel Bocángel. Me lo he llevado al altar que merece. Y me ha pasado que estos libros de dentro con los que vivo me han pedido que busque fuera otros que me han recomendado. Una recomendación profesional, que me servirá para mis clases, me ha llevado —ya sin el trapo del polvo— a una librería  en la que no he podido comprar todo lo que buscaba —aquí en Cáceres pasa casi siempre, y, eso sí, siempre te lo piden, como cuando tú mismo lo haces en internet—; pero sí he podido hablar de libros con los presentes, y con la prensa de un sábado en la que muchos recomiendan lecturas —como hoy Luis Gómez Canseco en Babelia la de Historia del alma (Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2018), de Guillermo Serés— que ya leeré porque sigo limpiando el polvo a mis libros que continúo reubicando como el que pone orden, con la torpeza del que no sabe, en los últimos dieciocho años de su vida.

viernes, marzo 08, 2019

8-M


jueves, marzo 07, 2019

Un jueves cualquiera

Tengo entrada para ir esta noche al espectáculo de La Cubana, Adiós Arturo, en el Gran Teatro de Cáceres, a las 21:00 horas, y ya he leído la columna de los jueves de Juan Domingo Fernández en el diario Hoy«De héroes y tormentas»— y he dado mi clase de los jueves con Tercero —seguimos con Pedro Páramo. Esta tarde, además, el escritor onubense Hipólito G. Navarro cierra este curso del Aula literaria «José María Valverde», de la Asociación de Escritores Extremeños, a las 19:15 en el Palacio de la Isla de Cáceres. Y a las ocho de esta misma tarde, mi compañero Paco García Fitz, catedrático de Historia Medieval, hablará en «Los 7 jardines» (Rincón de la Monja, 9. Cáceres) de «Castillos, fortalezas y ciudades amuralladas de la Extremadura medieval». A la misma hora que mi antiguo alumno Rui Díaz Correia presenta, junto a Ramón J. Soria Brena y sus Partes de guerra, en la librería Psicopompo de Cáceres, su obra Las cunas torcidas, publicada en la colección «Lunas de Oriente» de la editorial De la Luna Libros. Quizá pueda estar en todo. Además, estoy por irme a la presentación de la antología de José Corredor-Matheos El paisaje se hace en el poema (Poemas 1951-2017), en edición de Jordi Doce, que ha publicado la Fundación Ortega Muñoz en su cuidada colección de textos, y que es esta tarde también, a las 20:30, en el MEIAC de Badajoz. Jueves, 7 de marzo, víspera del 8.

miércoles, marzo 06, 2019

Universo

Hasta el azul un pájaro sube su vida mágica.

—Diciembre de 1985—

sábado, marzo 02, 2019

Sábado

No soy ningún rarito. He pasado la mañana de este sábado cargando lavadoras con fundas —de sofás, de camas, de cojines...—, de compras domésticas y tomando unas cervezas con una mujer viajera y viajada que me ha recordado que en su primera nómina —allá por 1983— ponía «hembra» en su filiación. He comido escuchando a Emilio Lledó —¿rarito?— en Tres en la carretera, el programa que lleva una extraordinaria Isabel Ruiz Lara en Radio 3. Don Emilio acudió a Albacete al II Encuentro sobre el Lenguaje, dedicado a la escritora de Fuente Álamo Dionisia García, con el título de «Ciudad de palabras», celebrado en la Facultad de Educación de la Universidad de Castilla La Mancha desde el miércoles 27 de febrero hasta ayer. El maestro ha hablado de la felicidad de ser profesor y de que siempre se ha considerado un compañero de sus estudiantes, aunque él fuese el primero en hablar. Llegó a Albacete en tren leyendo a Longino —De lo sublime— en griego, y dice que los exámenes no tienen ninguna importancia en la educación, que son una majadería: «Un profesor no necesita examinar». Con este señor tan importante he comido esta mañana. No tengo que recomendar a Emilio Lledó, que ya apareció por aquí cuando me hice con su libro Palabra y humanidad (Oviedo, KRK Ediciones, 2015), por un apunte de pasillo de mi compañero latinista César Chaparro; pero hoy he envidiado a Isabel Ruiz Lara por su entrevista; con un centrifugado mareante para mis fundas como música de fondo. Por cierto, hay que leer las últimas entradas del blog de Álvaro Valverde, que también he leído este sábado.

viernes, marzo 01, 2019

Lorca

Primer día de marzo. Pongo orden en una casa que ahora parece de mejor familia, aunque sigue con polvo que quitar y con libros por colocar. Casi sin tiempo de acusar recibo, y menos de escribir nada sobre lo mucho que se ha acumulado en este inmenso vórtice de entropía, que diría Sheldon Cooper. A mi derecha, una pila de libros me dice en horizontal, al derecho y al revés, lo que ya leí y lo mucho que me queda por leer. En blanco y en negro, hay dos lomos que me miran y en los que se leen el nombre y los apellidos de Federico García Lorca. Supongo que alguien ya estará ocupándose de contabilizar las consecuencias del paso a dominio público de la obra de Federico. Quizá los primeros sean los que hasta hace nada se han beneficiado de sus derechos y ahora se lamentan. Yo me alegro. Me alegro de que se puedan editar con respeto y rigor obras tan importantes y hasta hace poco tiempo tan intocables como Poeta en Nueva York o Diván del Tamarit. La editorial Sial Ediciones publicó Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro, con un estudio introductorio y notas de Hilario Jiménez Gómez, y David Matías, en su proyecto editorial La Moderna ha puesto en circulación, ahí es nada, una nueva edición de Poeta en Nueva York. Más que buenas propuestas. Bien hechas. Con responsabilidad. La de David Matías es más editorial que filológica, aunque no pierde de vista el rigor de la referencia de Andrew Anderson, pues ofrece el texto completo del original ilustrado según diversos testimonios «que dan fe de la última voluntad documentada del poeta» (pág. 171), con dibujos de Lorca, fotografías de época y fotomontajes de Rocío Vicente que se acomodan con acierto a la estética de libro tan trascendente. La edición de Hilario Jiménez de Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro, limpia también de notas, se acoge a la fidelidad al deseo del autor granadino y deja para las páginas de introducción una sugerente invitación a la lectura de estos versos que llevan acoplados unos anexos con textos muy bien escogidos que hacen de esto una edición única. Hilario Jiménez dedica su trabajo, además de a familiares cercanos, a la memoria de Gregorio Torres Nebrera, «maestro y amigo que me enseñó todo lo que sé de literatura». Así. Y es prueba de que, como David Matías, es un filólogo formado en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres. Y me agrada que ahora todo aquello dé frutos tan notables. Federico García Lorca, Poeta en Nueva York. Fotomontajes de Rocío Vicente. Dibujos del autor. Galisteo (Cáceres), La Moderna, 2018. Federico García Lorca, Diván del Tamarit. Sonetos del amor oscuro. Edición, introducción y notas de Hilario Jiménez Gómez. Madrid, Sial Ediciones (Col. Contrapunto, 80), 2018.

jueves, febrero 14, 2019

Alonso Guerrero en el Aula Valverde

Esta tarde, a las 19:15 intervendrá el escritor Alonso Guerrero en el Aula literaria «José María Valverde» (Salón de Actos del Palacio de la Isla), en la tercera lectura de este curso, que cerrará en marzo el narrador Hipólito G. Navarro. Mañana, el encuentro con los estudiantes de Secundaria y Bachillerato de los centros educativos que participan será en el Paraninfo de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, en la que Alonso Guerrero estudió —aunque no en su ubicación actual, que ha visitado también en otras ocasiones como escritor—, a las 12:15, en un acto igualmente abierto a todo el público que quiera asistir.

miércoles, febrero 06, 2019

Valentina Varas en Letras

Valentina Varas (Buenos Aires, 1991) es autora de los libros La velocidad de una fiesta (Pánico el pánico, 2016) y Volcán (Caleta Olivia, 2018). Ambos han sido recogidos, junto a un puñado de poemas inéditos, en el volumen De todas las cosas que nunca entendí siempre vas a ser mi favorita, publicado por Ediciones Liliputienses en su Colección de poesía Fundación Obra Pía de los Pizarro (Trujillo) a finales de diciembre de 2018. En su página www.valentinavaras.com publica sus textos, fotografías e inquietudes. La escritora argentina leerá sus poemas y hablará sobre su obra en el Aula 7 de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres mañana jueves 7 de febrero de 2019, a las 12:10 horas.

martes, febrero 05, 2019

Glosolalias femeninas


He tenido la suerte de ver crecer este libro. Durante meses, he compartido con su autora, antes del diario despacho matutino sobre alguna miseria burocrática, buena parte de la fascinación por una religiosa renana como la abadesa Hildegard von Bingen (siglo XII) y sus trances o por la escritura marciana de una vidente suiza, Hélène Smith (1861-1929), a la que ha dedicado esta obra brillante, como todo lo que ha escrito Carmen Galán Rodríguez: Glosolalias femeninas e invención de lenguas. Córdoba, UCOPress. Editorial Universidad de Córdoba, 2018. También, entre la elaboración del orden del día de una reunión, la modificación del plan docente o un pedido de folios para el departamento, me contó que iba a presentarse al XXII Premio Leonor de Guzmán que convoca la Cátedra de Estudios de las Mujeres y financia la Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba. Y lo ganó. Y no porque diga en sus primeras páginas que la historia de la invención de lenguas se haya escrito en masculino y reivindique la legitimación del espacio propio en femenino de aquellas que inventaron sus lenguas, no. Ha merecido el premio porque el libro está bien escrito y ofrece una investigación curiosísima y muy bien fundamentada. Explica la glosolalia o hablar en lenguas en su evolución histórica y por sus carencias e interpretaciones como patología o desorden psíquico para regenerarla con el neologismo de autoglosia bien creativa. Toda una lección. Carmen Galán se fija en un tratado del profesor de psicología Théodore Flournoy publicado en 1900 sobre las experiencias de una iletrada H. Smith para reivindicar su extraordinaria habilidad lingüística frente a los observadores masculinos que consideraron su capacidad como un trastorno psicótico. El relato sobre las autoglosias astrales de la vidente Smith y su producción marciana a partir de febrero de 1896 es asombroso, por la cantidad de ejemplos sobre esta manera de creación, y se prolonga en la escritura ultramarciana en 1900 y en el análisis de un nuevo ciclo referido al planeta Urano. Uno tiene que pararse un poco y pensar en que realmente está ante un estudio riguroso y sobre textos verificables, de tan chocante que puede resultar leer cómo esta mujer tomaba un lápiz y, en estado de trance, escribía extraños caracteres que —sostiene la autora de este luminoso ensayo— conforman una autoglosia consciente en unas mujeres protagonistas cuyas lenguas son «el espejo lingüístico que devuelve reflejado el efecto de sus deseos, un espacio propio de enunciación en cuyos límites se legitiman sus voces» (pág. 111). Extraordinario. 

viernes, febrero 01, 2019

Aula 34

Mi Facultad tiene treinta y tres aulas numeradas, sin contar otros espacios en los que también se dan clases, se hacen prácticas o se realizan seminarios. Así pues, el aula número 34 no está en la Facultad, está fuera, y hay veces que supera en mucho las dimensiones y la capacidad de los laboratorios docentes, de las salas multimedia y del resto de las aulas del centro en el que trabajo todos los días y del que en ocasiones me alejo para estar a gusto en esa aula 34 a la que, sin pedir permiso, entra mucha gente de esta ciudad, que dice que no puede desplazarse al campus. Es mentira. Se puede. Pero en la 34 hemos disfrutado de muchas horas también de literatura. Lo curioso es que casi nadie de mi Facultad entra en esa aula 34; así que el parte de firmas tiene muchos huecos en blanco. Por eso, me gustaría tanto contribuir a que el aula 34 de mi Facultad se llene de mucha gente en todos los sitios posibles. Una especie de aula que supere su número y se abra a todos los espacios. Del mismo modo, cuánto me gustaría que mis conciudadanos supiesen que hay un aula magna en Cáceres que tiene treinta y tres aulas numeradas, sin contar otros espacios en los que también se dan clases, se hacen prácticas o se realizan seminarios, y que está abierta a todo el que quiera una mañana o una tarde escuchar algo de su interés. Hay mucha variedad hasta completar aforo.

miércoles, enero 23, 2019

Tomás Sánchez Santiago

Me ha escrito esta tarde Tomás Sánchez Santiago a propósito de la antología dedicada a Ángel Campos Pámpano En el vuelo de la memoria, promovida por Suso Díaz, que la Editora Regional de Extremadura acaba de enviar a sus autores. Tomás es uno de los poetas que escriben —«Convocatoria» es su poema sentido, que se abre con unos versos de «La despedida», de La semilla en la nieve, uno de los libros de Ángel más invocados en el volumen— y una de las personas que mejor puede evocar quién fue aquel sobre quien ya escribió hace muchos años. En su espléndido libro Para qué sirven los charcos (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 1999), Tomás puso un apunte antiguo que trajo a un Ángel vivo: «Recibo Abierto al aire, antología de la última poesía extremeña compilada y prologada por Ángel Campos y por Álvaro Valverde, a quien no conozco. Mientras vivimos en Salamanca, Ángel fue siempre el animal literario del grupo. Todo lo que hacía estaba trascendido de literatura y cuando los demás, con menos de veintidós años todavía, dudábamos si era moral o no quedarse leyendo a Mallarmé antes que unirse a una manifestación o a una juerga, él traducía pacientemente a Pessoa en su oscura casa de la calle de Libreros» (págs. 149-150). Es curioso que esta mañana yo me haya acordado de Tomás cuando volvía de la Facultad con un pan bajo el brazo y el periódico. «Pan y prensa: sustento diario», me he dicho, recordando aquello que Tomás escribió en su citado Para qué sirven los charcos: «Ay, los maridos del domingo: pan y prensa» (pág. 109). Qué bueno es saber así de alguien a quien se quiere y convocarlo así. Y que esta misma tarde me haya puesto sus líneas siempre cariñosas, siempre amigas.

miércoles, enero 16, 2019

Eleonora Finkelstein en el Aula Valverde

No conozco a la escritora Eleonora Finkelstein, y me ha agradado ver alguna foto de su intervención en una lectura poética en el Seminario Humanístico de Zafra esta misma semana. He tenido ocasión de leer algunos de sus poemas y espero poder escucharla en el Aula Literaria «José María Valverde» de Cáceres, en la que interviene mañana en el Palacio de la Isla (19:15 horas) y el viernes en la lectura con los estudiantes de Secundaria en el Instituto «El Brocense» (12:15 horas). Y me ha gustado mucho saber que es la responsable editorial de RIL editores, en cuyo consejo de dirección está un paisano como Francisco Najarro, que ha propiciado que pronto pueda publicarse bajo ese sello una novela —le viene chico el género— de otro paisano como Luciano Feria, autor de un texto extraordinario que saldrá —creo— con el título de El lugar de la cita, que es como yo lo leí hace ya casi dos años. Qué grato es que alguien que viene de lejos te traiga querencias de cerca. Lo dicho, Eleonora Finkelstein, mañana, en el Aula Literaria «José María Valverde». 

martes, enero 15, 2019

Entra el editor y dice

Es una suerte compartir índice en esta obra que acaba de aparecer en la prestigiada colección «Biblioteca di Rassegna iberistica», de la editorial Ca'Foscari de Venecia, con extraordinarios especialistas en el teatro del Siglo de Oro español y en crítica textual. «Entra el editor y dice»: ecdótica y acotaciones teatrales (siglos XVI y XVII). Venezia, Edizioni Ca'Foscari, 2018, es, según se desprende de las palabras introductorias de los coordinadores del volumen, Luigi Giuliani y Victoria Pineda, una manera, desde el texto, de alejar la mirada, contemplar el escenario de teatro y asomarse a la realidad extratextual y material de la representación (pág. 7). El lector podrá hacerse una idea de la motivación de esta obra echando una ojeada a este sumario: «Herramientas embotadas. Lachmann y las acotaciones», por Luigi Giuliani (Università degli Studi di Perugia); «La edición de las acotaciones. El caso del aparte en los autógrafos de Lope de Vega», por Javier Rubiera (Université de Montréal); «La acotación como texto. Con ejemplos de Lope de Vega», por Gonzalo Pontón (Universitat Autònoma de Barcelona); «Lope ante la puesta en escena. Las acotaciones en las comedias autógrafas», por Sònia Boadas (Università di Bologna); «Las Comedias escogidas de Lope de Vega por Juan Eugenio Hartzenbusch. Editar y reescribir», por Miguel Ángel Lama (Universidad de Extremadura); «Las acotaciones de Calderón. De los autógrafos a las ediciones de Vera Tassis», por Fernando Rodríguez-Gallego (Universitat de les Illes Balears, Institut d'Estudis Hispànics); «Las acotaciones en los impresos y manuscritos de La dama duende (siglo XVII)», por Fausta Antonucci (Università degli Studi Roma Tre); «La edición de variantes didascálicas en el teatro inglés de la época de Shakespeare», por Jesús Tronch Pérez (Universitat de València); «'Un apoyo que no hay que desdeñar'. Formas y funciones de las acotaciones francesas (siglos XVI y XVII)», por  Véronique Lochert (Université de Haute-Alsace); «Editar el escenario portugués», por José Camões (Centro de Estudios de Teatro, Universidade de Lisboa); «Acotaciones en las adaptaciones neerlandesas de las comedias de Lope de Vega», por Antonio Sánchez Jiménez (Université de Neuchâtel). «Despojadas de la elegancia propia de los versos, escatimadas por los dramaturgos, manipuladas por las compañías, maltratadas por los copistas, desatendidas por los lectores, a las acotaciones siempre se les ha asignado un papel subalterno con respecto del texto dialogado», leemos en el principio de la introducción aludida (pág. 7); el «patito feo» dentro de los estudios textuales sobre teatro áureo las llama Fernando Rodríguez-Gallego en el principio de su trabajo; y para Gonzalo Pontón en su interesante capítulo son «el portillo (siempre demasiado angosto, siempre solo entreabierto) por el que contemplar cómo vivían esas obras en escena, cómo la palabra del dramaturgo se convertía en espectáculo, en acontecimiento social colectivo» (pág. 70), y, como signos performativos, parece que se eluden en la tradición de la crítica textual; de ahí la necesidad de reivindicarlas, como hace Pontón sobre autógrafos de Lope de Vega. En fin, valga este apunte como acotación a un texto principal como el libro coordinado por Victoria Pineda y Luigi Giuliani.

domingo, enero 13, 2019

Baldado

De haber incorporado etiquetas a este blog, una de ellas —por fortuna no muy cuantiosa— podría llevar el rótulo de «Dolencias», y me traería recuerdos de una rotura del manguito rotador, de una artritis reumatoide o de una fascitis plantar que quisieron sojuzgarme casi siempre por las mismas fechas de finales o de principios de años diferentes. Como en estos días de enero, baldado por una lumbalgia a la que me gustaría encontrar algún eco literario de un personaje de novela rusa; y, sin embargo, lo más ilustre que me trae cuando me levanto es al Quasimodo de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo. Lo que no me imaginaba era que iba a toparme con la lectura, en aquella sección de «Revista de Revistas» que redactaba Fernando Araujo en La España Moderna de Lázaro Galdiano, con un artículo sobre supersticiones calabresas —sí, y dentro del curioso epígrafe «Psicología Étnica»— en el que se dice que «El lumbago se cura extendiéndose en la cama y dejándose pisar en la región lumbar por una mujer que haya tenido gemelos» (La España Moderna, t. 187, julio de 1904, pág. 195). El artículo concluye que en la mayor parte de los casos, si hay curación, es debida a la sugestión exclusivamente por la acción de lo moral sobre lo físico; pero como también señala que en algunos de estos remedios empíricos existe una base científica que explica su acción curativa, si persiste el dolor, voy a poner un anuncio.

jueves, enero 10, 2019

Señales acústicas

En la casa de un vecino había albañiles trabajando. Desde mi baño se escuchaba la labor. Una tarde, el sonido era el mismo que tantas veces he escuchado en los cementerios. El rorro circular en el capazo de goma para la mezcla, el chof del cemento, el ras de la paleta de alisar. Chof y ras-ras, chof y ras-ras... Y el acabado con la llana. Y el acabose, terminada la faena.

martes, enero 08, 2019

Marsé, 86

© Fotografía de Marta Calvo
A pesar de que Juan Cruz ha felicitado hoy a Juan Marsé (Barcelona, 1933) en su espacio «El revés y el derecho» de Hora 14 en la SER, sigo dando más credibilidad documental a su biógrafo Josep Maria Cuenca en Mientras llega la felicidad (Barcelona, Anagrama, 2015) que al mismísimo Marsé y a la Wikipedia. Hoy ha sido la primera vez que alguien me ha traído su nombre después de un diciembre en el que aparecía como uno de los firmantes de un manifiesto contra Quim Torra, publicado en El Periódico de Catalunya y encabezado por el lema: «Ja n'hi ha prou! Que no ens divideixin. Per un Govern per a tots». Antes, me lo trajo mi colega Luigi Giuliani, de la Universidad de Perugia, en una entrevista que el profesor hizo al escritor en la revista cultural en línea Insula europea, en la que se aludía también a su posición ante el procés y a su relato El moco nacional, publicado en El País en julio, y que no sé si ha sido debidamente considerado como un lúcido precedente de la broma de Dani Mateo en El intermedio a costa de la bandera española y la indignación patriótica. En resumidas cuentas, de lo que se trata es de felicitar al maestro, y parece ser que da igual un día que otro. Este año toca el 8, que no quiero ser menos. Ni más. Felicidades, maestro.

lunes, enero 07, 2019

Carola de Matilde Muro

Me llegó el pasado día dos de este nuevo 2019 la estrena anual que envía Matilde Muro Castillo (MMC). Un sobre apaisado con mi nombre y dirección escritos en su reconocible letra que contenía ese original marcapáginas y ese tríptico en papel ahuesado con el texto «Carola». Es un recuerdo a una amiga fallecida, el relato de un suceso real acaecido a mediados del siglo pasado que me ha llevado a reflexionar sobre cuánto habremos cambiado en más de sesenta años. Ay. Me gusta que estos apuntes se vayan llenando de acuses de recibo de los detalles de MMC, como otra tradición con sabor literario de final o de principio de año. Y me apetece devolverle sus buenos deseos desde aquí.

sábado, enero 05, 2019

Historias dentro de una caja (y II)

Y las apostillas al índice. 1. Texto impecable e ilustración son buena prueba de que el autor es bien mandado y suele cumplir estrictamente con un encargo que une, por la sensibilidad creadora, palabra e imagen. 2. Si el anterior vincula la palabra con la imagen, no digamos este. Antonio Gómez, con palabras. 3. El autor, que escribió aquí sobre la caja, no nació en Extremadura, como Gómez, así que no viene al caso, referirse al título de este inquietante relato. 4. Son cuatro poemas de aire musulmán, se respira, se nota el agua del hamán. 5. Como si la propuesta creativa de estas Historias fuese la poética actual de Luis Costillo. 6. Un texto de los suyos. Lenguaje, humor y página de sucesos. 7. Cuatro relatos muy breves, sobre circunstancias sencillas y cotidianas, incluidos el primero y el último, que parece que se tocan, uno sobre un exhibicionista —metafórico— y otro sobre los que miran como el que escanea socialmente. Bueno, al fin y al cabo, sencillas y cotidianas. 8. La fotografía de una antigua locomotora y el relato en primera persona sobre personas primeras, en un texto titulado «Tierra de nadie» y sobre trenes que parece la crónica de nuestra actualidad, ay. 9. El viento de Levante frustrante en un texto acompañado por un dibujo que es como el relato deseado y nunca escrito. Habría sido mejor. 10. Una escena ante la luna en una estampa acompañada por una ilustración sugerente. En una noche de Reyes como la de hoy, qué bien vienen las palabras de Carmen Fernández al presentar su propuesta editorial: «La Caja con Historias que ahora tienes en tus manos nació como nacen todas las buenas ideas: de forma espontánea. Se inspira en la emoción que siempre nos produce recibir y abrir una caja. Porque una caja en las manos despierta en nosotros mundos de ilusiones y sorpresas. Objetos soñados que nos habría gustado recibir pero que nunca llegaron. Una caja que agitamos o zarandeamos en un intento de adivinar qué secretos esconderá». Felices Reyes.

Historias dentro de una caja (I)

Tenía que ser así. Así, de pronto, al pasar otra vez por ese estante que tengo frente a esta mesa y en el que se quedó, casi sin acusar recibo, desde que me llegase en diciembre de 2017. Vino con una tarjeta de José María Casado —11-12-17—, de la librería Universitas de Badajoz, editor de un proyecto ideado y sostenido por Carmen Fernández (Sally McClay, Carmen Fabrics & Papers). Es algo más de lo mucho pendiente que queda al cabo de un año, algo que entró en casa por la generosidad de alguien y que yo no pude ni supe agradecer, y que ahora pongo en su sitio, literalmente. Con esa zozobra hay que vivir. Pero no pasa nada. Historias dentro de una caja es una edición singular de diez textos  recogidos en una caja de cartón con su funda de cartulina como cubierta que explica lo que contiene, por ejemplo, que cada escritor ha dibujado, ilustrado o se ha expresado plásticamente para acompañar sus palabras. Tenía que ser así. Así, de pronto, al pasar otra vez por ese estante y, sobre mi mesa, abrir la caja y comenzar a leer cada uno de los diez cuadernillos mientras la luz natural entraba por el balcón y yo notaba que se recogía más rápidamente que otras tardes. Pude, sin embargo, leer cada una de las entregas que ofrece esta caja de historias ilustradas antes de que se hiciese el oscuro e irme a paseo. Sigo en esta relación el orden en el que van estuchadas, e ignoro el criterio que ha seguido Carmen Fernández. Solo sé que el primer nombre es el de un autor muy cercano a ella y el más notable; y que el último es el de una autora muy joven en la palestra literaria y la más cercana a Carmen. 1. Gonzalo Hidalgo Bayal, «Los duendes de Per Abat»; 2. Antonio Gómez, «Escrito a mano»; 3. Josemaría Mejorada, «El intruso; 4. Inma Chacón, «Asilah»; 5. Luis Costillo, «Cuando calienta el sol»; 6. Elías Moro, «Urbano»; 7. María Rosa Vicente, «Especímenes»; 8. Pilar Galán, «Tierra de nadie»; 9. Jesús Carrasco, «Levante»; y 10. Paula Campos, «La lluvia naranja». Este es su índice.

martes, enero 01, 2019

Año nuevo

Feliz año nuevo. Dirige la Orquesta Filarmónica de Viena el berlinés ultraconservador Christian Thielemann. Entre los primeros mensajes de 2019 que he recibido en mi teléfono está uno con un enlace a un blog que recoge el listado de los libros recomendados por la Asociación de Editores de Poesía y que también ha difundido la revista poesiaerestu.com como los 12 mejores libros de poesía de 2018.  Tres títulos de esa docena son de autores extremeños, y no creo que sea casual, sino un síntoma de la altura y la calidad artística de buena parte de los poetas de Extremadura y de lo muy significativo en el panorama nacional de sus ya largas y brillantes trayectorias: Pureza Canelo, Basilio Sánchez y Álvaro Valverde son los nombres, y los libros Retirada (Pre-Textos), Esperando las noticias del agua (Pre-Textos) y El cuarto del siroco (Tusquets Editores). Buena noticia o merecida confirmación para empezar el año.