miércoles, octubre 17, 2018

Ben Clark en el Aula Valverde

Mañana, a la vuelta de Badajoz (*), acudiré a la lectura del poeta Ben Clark en el Aula literaria «José María Valverde», en el Palacio de la Isla, a las siete y cuarto de la tarde. El viernes intervendrá con los estudiantes de Bachillerato de varios institutos de Cáceres en el «Javier García Téllez», a las doce y media. Hoy me recordaba un amigo que la última vez que escuchó a Ben Clark fue en Plasencia, en Centrifugados, el encuentro de literatura independiente y periférica que nos ha venido ofreciendo José María Cumbreño durante cuatro años desde su sello Ediciones Liliputienses, que acaba de recibir el reconocimiento merecido del Premio para el Fomento de la Lectura de Extremadura. Excelente noticia.

(*) Voy, como espero que muchos, a un homenaje-sorpresa a una personalidad apreciada a quien me apetece acompañar, como tantas veces en los últimos veinticinco años.

martes, octubre 16, 2018

Información

Hay días en los que la información que trae el periódico es tan previsible y tan inane que un pequeñito anuncio en una esquina de la página te da fuerzas para seguir creyendo en que todo puede llegar a estar bien y en su sitio, en paz y sin disgustos. Sencillamente, porque una gran cadena de centros comerciales informa a sus clientes que en uno de sus folletos sobre productos de frutería se indica por error que el precio del kiwi «SunGold» es por kilo, cuando la información correcta es que el precio es el de la bandeja. Este universo debe ser efectivamente mejor que cualquier otro universo posible, me parece que dijo Leibniz.

domingo, octubre 14, 2018

Alacrán

Hasta anoche, después de ver en el Teatro Maltravieso Capitol de Cáceres Alacrán o La ceremonia, de José Antonio Lucia, no supe que se aproximaba un huracán al que han puesto el nombre de Leslie y que traía vientos de hasta cien kilómetros por hora. Después de un rato agradable con Isidro Timón y Amelia David y la gente de Maltravieso, y con algunas actrices y actores del montaje de Hipólito que vimos este verano en el Festival de Mérida, volví a casa para enrollar y amarrar bien mis alicantinas, en un gesto que hoy me parece excesivo, una sobreactuación, habida cuenta de la normalidad del tiempo, lo más alejado de un estado de alerta que supongo ha obligado a cerrar hoy las puertas del Parque del Príncipe. El que no sobreactuó anoche fue un José Antonio Lucia en estado de gracia con un texto propio interpretado de un modo que refuerza mágicamente su autoría. La dirección es de Román Podolsky, a quien cabe atribuir efectivos hallazgos en el aprovechamiento de los pocos elementos escénicos, una mesa de tijera, un par de sillas de enea, una maleta de la que salen los zapatos de bailar de La Cangrejo —amor ausente, partenaire canalla— o un estuche de maquillaje en el que el punto valleinclanesco de Alacrán, un medio fracaso de cantaor flamenco, repasa su vida y crea una atmósfera que a veces puede recordar al mejor Rafael Álvarez El Brujo de aquellos tiempos de La sombra del Tenorio (1994). Son elementos escasos que se usan con genialidad para imitar un zapateado o un paso de Semana Santa, en una lección de teatro que mantiene al espectador prendido de la escena desde la que el protagonista proyecta registros muy variados. Cuando ha llegado a Cáceres este Alacrán ya traía su trayectoria, como Leslie, el huracán. Desde Buenos Aires y desde Badajoz y otros lugares de Extremadura. Como me ha pasado a mí con José Antonio Lucia, que le conozco desde hace mucho, desde muy chico, y con quien solo hace unos años me he reencontrado para conocer su profesión de cómico, su pasión, y ahora, su escritura, tan digna de verse, tan admirable como su manera de escribir lo que le pasa: «Intento mantener la concentración. Hace rato aparecieron miedos que me dicen que olvidaré el texto, que se caerá de ritmo, que la gente se aburrirá… En ese momento repaso en mi mente todo el proceso y aparece la primera imagen que desencadenó la aventura. Ese primer bosquejo debe estar siempre presente: es un amuleto y hay que defenderlo a muerte para que la liturgia siga teniendo rumbo, entonación y sentido. Recupero la confianza y sonrío pensando por qué me dediqué al teatro. Pero para eso tengo respuesta: me hace feliz y solo necesito alguien que esté dispuesto a escucharme. Casi puedo hacerlo en cualquier lugar. Me duelen las piernas. Son nervios. Me levanto de la silla. Es la hora. Se apagan las luces y se hace un silencio severo y hermoso en la sala. La próxima vez que me ocurra pensaré en las consecuencias porque esto es lo que me espera cuando la imagen persiste». (José Antonio Lucia, «Cuando la imagen persiste», en todoteatro.com.ar).

martes, octubre 09, 2018

Lolo

Mi amigo y compadre Miguel me ha puesto un mensaje esta noche para darme la «tristísima noticia» de la muerte de Lolo. Solo él y un reducido grupo de íntimos identificamos de inmediato ese corto hipocorístico con quien fue nuestro amigo de infancia y juventud Manolo Ramírez Miranda. No he sabido de él más que por referencias de amigos —nunca buenas, por su precaria salud— y no le he visto durante casi veinte años —quizá menos, en un encuentro fugaz en Zafra—; pero afecta que se te muera alguien que forma parte del reparto de aquella etapa crucial desde los diez a los dieciocho, cuando la actual calle Gobernador se llamaba Cánovas del Castillo —en la foto. Allí vivía Lolo y allí pasamos horas y horas, después de cruzar el vestíbulo, mirar con curiosidad la habitación —a la izquierda— en la que pasaba consulta su padre —ginecólogo— y subir la suntuosa escalera que nos llevaba a una buhardilla en la que yo escuché por primera vez y casi de primera mano discos de Tangerine Dream, Pink Floyd o Jethro Tull, o en la que leí aquellos cómics de Marvel que nos inspiraron correrías en las que Migueli era el Hombre Gigante, José Manuel Thor, Miguel el Capitán América y yo quería ser Pantera Negra. En aquellos tiempos en que Federico el Grande nos puso en nuestro sitio y nos llamó como éramos. Me gustaría tener la memoria de mi compadre Miguel y escribir aquí el nombre de la señora —¿Valentina?—, que trabajaba en la casa, y el de aquel mastín que nos amedrentaba cuando íbamos a la huerta a bañarnos bajo una fastuosa higuera. Me da igual que hayan pasado tantos años, que no haya visto a Lolo desde el siglo pasado. Me duele enormemente su muerte y en estas líneas está ese guiño que sí recuerdo que nos hacíamos cuando él anduvo por ciertos callejones y yo me quedé en las avenidas. Mi mejor abrazo, amigo. Mis gracias.

martes, octubre 02, 2018

Memento mori

Me envía la sección de Seguros de mi banco una carta con fecha de 26 de septiembre en la que me agradecen la confianza que deposito en ellos —«para seguir protegiendo a sus [mis] seres queridos»— y me detallan el importe de cada uno de los recibos que me cargarán desde julio de 2019 hasta junio de 2020. Me ha llamado la atención la ambigüedad de la primera de las coberturas que indican en un cuadrito con mi nombre. Es tan elocuente como esos versos finales de un poema de Quevedo: «Corto suspiro, último y amargo, / es la muerte forzosa y heredada; /mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?». No me aflijo, qué remedio; pero resulta llamativo por venir de quien quiere que vivas hasta que te mueras. Tampoco hay que insistir tanto, digo yo, en decirnos que tenemos la muerte asegurada y la vida mortal. Por cierto, como yo, habrán recibido esa carta miles de personas que son clientes del mismo banco; y, como todo el mundo sabe, no hace falta ser cliente de mi banco para sentirse concernido por el sintagma. A disfrutar, y ojalá sigamos durante más tiempo recibiendo estas misivas que casi son las únicas que llegan a casa en un sobre blanco y con membrete, como debe de ser la muerte cuando venga, en un sobre blanco y con membrete al que cada uno de nosotros tendremos que poner el contenido.

lunes, octubre 01, 2018

1-O

El abrazo (1976), de Juan Genovés. Congreso de los Diputados. Madrid.
Una fecha, representada con esta manera abreviada que cuesta no confundir con el resultado de un partido ajustado, y que, vistas las circunstancias, parece todo un símbolo. Un año ya desde entonces. Y Quim Torra anima a que aprieten. Y no el abrazo, precisamente.

sábado, septiembre 29, 2018

Mi «De re rustica»

A Beatriz Crespo Cadenas
Realizar mis labores en el campus es mi manera de trabajar la tierra.