lunes, marzo 27, 2017

Día Mundial del Teatro

Creo que tengo casi la misma edad que la costumbre de leer cada año un mensaje en el Día Mundial del Teatro. Jean Cocteau, Arthur Miller, Peter Brook, Luchino Visconti, Ionesco, Antonio Gala, Válclav Havel, Darío Fo o Anatoli Vasíliev han sido algunos de los que lo han pronunciado. Este año, la encargada de escribir ese mensaje ha sido la actriz francesa Isabelle Huppert, y este es su texto:
«Bueno, aquí estamos otra vez. Reunidos de nuevo en primavera, 55 años después de nuestra reunión fundacional, para celebrar el Día Mundial del Teatro. Un solo día, 24 horas, que comienzan de la mano del teatro NO y del Bunraku que pasan por la Ópera de Pekín y el Kathakali, brillando entre Grecia y Escandinavia, de Esquilo a Ibsen, de Sófocles a Strinberg, entre Inglaterra e Italia, de Sara Kane a Pirandello, y también Francia, donde nos encontramos, y en París, la ciudad del mundo que atrae a más grupos de teatro internacional. En esas 24 horas podemos ir de Francia a Rusia, de Racine y Molière a Chejov, e incluso atravesar el Atlántico para acabar en un campamento californiano, tentando a jóvenes a reinventar, quizás, el teatro.
De hecho, el teatro renace cada día de sus cenizas. No es sino una convención que hay que abolir incansablemente. Así es como sigue vivo. El teatro tiene una vida abundante que desafía el espacio y el tiempo, y las obras más contemporáneas se nutren de los siglos pasados, los repertorios más clásicos se hacen modernos cada vez que son representados de nuevo en escena.
El Día Mundial del Teatro no es pues, obviamente, un día cualquiera de nuestras vidas que deba ser tomado de forma banal. Hace revivir un inmenso espacio-tiempo y, para evocarlo, querría citar a un dramaturgo francés tan genial como discreto, Jean Tardieu. Hablando del espacio, se pregunta «cuál es el camino más largo para ir de un punto a otro». Sobre el tiempo, sugiere «medir, en décimas de segundo, el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra 'eternidad''. Sobre el espacio-tiempo, también dice: «Antes de dormir, fija tu mente en dos puntos del espacio, y calcula cuánto tiempo se tarda, en un sueño, en ir de uno a otro».
Es la frase «en un sueño» la que siempre me da vueltas en la cabeza. Pareciera que Jean Tardieu y Bob Wilson se hubieran encontrado.
También podemos resumir nuestro Día Mundial del Teatro citando las palabras de Samuel Beckett, que hace decir a Winnie en su estilo expeditivo: «¡Oh, qué hermoso día habrá sido!».
Al pensar en este mensaje que tengo el honor de que me hayan pedido que escriba, he recordado todos los sueños de estas escenas. Por eso puedo decir que no he venido a esta sala de la UNESCO yo sola. Todos los personajes que he interpretado en escena me acompañan. Personajes que parecieron irse cuando caía el telón, pero que han cavado una vida subterránea en mí, dispuestos a ayudar o destruir a los personajes que les sucedieron. Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche Dubois.
Me acompañan también todos los personajes que he adorado y aplaudido como espectadora. Y por eso es por lo que pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, marsellesa, neoyorkina, filipina, argentina, noruega, coreana, alemana, austriaca, inglesa, realmente del mundo entero. Esa es la auténtica globalización.
En 1964, con ocasión de este Día Mundial del Teatro, Laurence Olivier anunció que, tras más de un siglo de lucha, por fin se acababa de crear en Inglaterra un teatro nacional que él quiso transformar inmediatamente en un teatro internacional, al menos por su repertorio. Él tenía muy claro que Shakespeare pertenecía al mundo.
Me ha encantado saber que el primer mensaje de estos Días Mundiales del Teatro, en 1962, se le confió a Jean Cocteau, por ser autor del libro La vuelta al mundo en 80 días otra vez. Yo he dado la vuelta al mundo de forma diferente. La he dado en 80 espectáculos u 80 películas. Incluyo aquí películas en las que no distingo entre hacer teatro o cine, que sorprende cada vez que lo digo pero es cierto. Ninguna diferencia.
Al hablar aquí no soy yo. No soy una actriz. Soy solo uno de esos incontables personajes gracias a los cuales el teatro sigue existiendo. Es un poco nuestro deber. Y nuestra necesidad. Cómo expresarlo... Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos.
El teatro es muy fuerte, resiste, sobrevive a todo, a las guerras, a las censuras, a la falta de dinero. Es suficiente con decir «la escena es un escenario vacío de un tiempo indeterminado» y hacer entrar a un actor. O una actriz. ¿Qué va a hacer? ¿Qué va a decir? ¿Van a hablar? El público espera, ese público sin el que no existiría el teatro, no lo olvidemos nunca. Una sola persona de público, es público. ¡Esperemos que no haya muchas sillas vacías! Salvo en la obra de Ionesco. Al final la Vieja dice: «Sí, sí, muramos en plena gloria. Muramos para entrar en la leyenda. Al menos tendremos nuestra calle».
El Día Mundial del Teatro existe desde hace ahora 55 años. En 55 años soy la octava mujer a la que se le pide pronunciar un mensaje. Bueno, no sé si la palabra «mensaje» es la adecuada. Mis predecesores (¡se impone el masculino!) hablaron del teatro de la imaginación, de libertad, del origen, evocaron la multiculturalidad, la belleza, las preguntas sin respuestas.
En 2013, hace tan solo 4 años, Darío Fo dijo: «la única solución a la crisis, reside en la esperanza de una gran caza de brujas contra nosotros, especialmente contra los jóvenes que quieren aprender el arte del teatro: así surgirá una nueva diáspora de comediantes, que hará surgir de estas limitaciones unos beneficios inimaginables para una nueva representación». Beneficios inimaginables es una fórmula digna de aparecer en un programa político, ¿no? Como estoy en París poco antes de unas elecciones presidenciales, sugeriría a aquellos que pretenden gobernarnos, que estén atentos a los beneficios inimaginables aportados por el teatro. Y por supuesto, ¡nada de caza de brujas!.
El teatro para mí es el otro, el diálogo, la ausencia de odio. La amistad entre los pueblos. No sé ahora mismo qué significa exactamente, pero creo en la comunidad, en la amistad de los espectadores y los actores, en la unión de todos a los que reúne el teatro, los que lo escriben, los que lo traducen, los que lo explican, los que lo visten, los que lo decoran, los que lo interpretan, incluso, los que van. El teatro nos protege, nos acoge. Creo de veras que nos ama tanto como le amamos.
Recuerdo a un viejo director de la vieja escuela, que antes de que se levantara el telón, entre bambalinas, decía cada noche con voz firme: «¡Paso al teatro!».
Estas serán mis últimas palabras. Gracias.»

domingo, marzo 26, 2017

«Turia» en Extremadura


La revista Turia, publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel con el patrocinio del Ayuntamiento de esa ciudad y el Gobierno de Aragón, se fundó en 1983. Su actual director, Raúl C. Maícas, fue su creador hace treinta y cuatro años. Es, claro está, una de las revistas culturales españolas más longevas; y en 2002 recibió por su trayectoria el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Yo creo que las noticias más ciertas de la revista Turia las tuve por José Antonio Zambrano, que había publicado en el número 10, de noviembre de 1988, un poema, «Decretado cielo», que luego formó parte de su libro Diario de los sitios (1995). Luego, durante todos estos años he podido seguir unos contenidos cada vez más nutridos y más abiertos, y siempre puntuales. Turia es un buen ejemplo de cómo lo local bien hecho puede llegar a divulgarse con acierto y ser modelo de calidad en todos los ámbitos. Por eso, que para el número doble 121-122 hayan elegido Extremadura —su literatura— como objeto y como sede de su presentación es una muestra de estima que aquí hemos de acoger como se merece. Así, este martes 28 de marzo se celebrará el acto de presentación de este número dedicado a Luis Landero —con un cartapacio de textos de Elvire Gomez-Vidal, Raúl Nieto de la Torre  Fernando Valls, Gonzalo Hidalgo Bayal y también del propio Landero—  y con la colaboración de un buen número de escritores extremeños, en el salón de actos —de aforo exiguo para un acto así— del MEIAC. Allí estará Luis Landero, muchos de los colaboradores en el volumen, y Álvaro Valverde, que presentará tan enjundioso número. Allí estaremos.

sábado, marzo 25, 2017

En marcha con la AECC


Mañana vamos a participar con varias amigas en la marcha que organiza en Cáceres la AECC contra el cáncer. Salimos desde la Plaza Mayor a las 10:15 horas —nosotros vamos caminando— y recorreremos cinco kilómetros «de solidaridad», como dice la promoción. Carmen ha recogido todos los dorsales de nuestro grupo y nos hemos quedado con estos números: 1627 y 1635. Curioso. Aquellas fechas de Góngora y Lope de Vega. Que salga buen día.

jueves, marzo 23, 2017

Elogio de la lectura

Del gas.
Falta un mes para el Día del Libro.

martes, marzo 21, 2017

Día de la Poesía


© Fotografía de Mabel Dordio
Hoy se ha celebrado el Día Mundial de la Poesía. Y hoy he recibido un libro de poemas de Alfonso Alegre Heitzmann, El camino del alba (Barcelona, Tusquets Editores, 2017). Qué mejor celebración. Hoy, también, en mi clase de «Textos de la literatura española contemporánea» hemos hablado de Gil de Biedma y de sus poemas. Qué mejor celebración. Además, he querido leer un poema de Ángela Figuera (1902-1984) que me parece bien expresivo de la estatura poética de esta autora poco visible en cánones y antologías. Dicho esto, hemos vuelto a «El juego de hacer versos». Que no es un juego. Y me he acordado —sin manifestarlo hasta ahora— de un profesor de Latín que tuve en el Bachillerato —«Dondo», don Domingo—, que declamaba poemas de Ángela Figuera con un paroxismo tan inapropiado para jóvenes estudiantes que nos inoculó hasta la fecha la bendita pasión por la lectura de poesía. Si he leído hoy «Belleza cruel» es por culpa de aquel profesor mío de mis diecisiete años. Hoy, también, en la Biblioteca Pública «Antonio Rodríguez-Moñino y María Brey» de Cáceres, a las 19:30 horas, se ha organizado un acto con este motivo poético. Y hoy ha difundido José María Cumbreño su homenaje en boca de sus autores de Ediciones Liliputienses, que pueden escucharse aquí. Celebración de la poesía. En el acto de la Biblioteca han leído poemas Francisco Fuentes, Teresa Guzmán Carmona, Urbano Pérez Sánchez, Irene Sánchez Carrón y Basilio Sánchez. Mucho público y buen ambiente; que se ha mantenido hasta el broche de la música sobre poemas —de Pureza Canelo, de María Rosa Vicente, de Efi Cubero, de Antonio María Flórez y de Lucía Estrada— interpretada al piano eléctrico por Juanma G. Navia con la voz de Mª Carmen Navia Alarcón. Dos horas celebrativas. Y si de celebración hablamos, el próximo viernes, día 24, en la Llibreria Laie de Barcelona, a las 19:30 horas, se presenta El camino del alba en un acto en el que Ramón Andrés, Aurelio Major y Antoni Marí conversarán con el autor sobre su obra. La he recibido esta mañana. Día Mundial de la Poesía.

domingo, marzo 19, 2017

Pérdida del ahí


Me pregunto qué puedo hacer para recomendar la lectura de un libro. Es una pregunta tonta que me respondo todos los días cuando en clase invito a la lectura de las lecturas del curso o cuando escribo en este blog sobre algunos de los libros que leo o en algunas revistas reseñas sobre más obras leídas. No es tanto el qué sino el cómo, claro está. Cómo hacerlo bien para convencer a alguien de que lea un libro. Puedo ocupar horas de clase, entradas en este blog y páginas de revistas con novedades editoriales que nunca faltan; pero saber decir una recomendación es más difícil. Me parece. Por eso, intento escribir todo lo lento que puedo. Aun así, hace ya demasiados días que me dije que no debería dejar pasar más tiempo sin acabar de escribir mis notas sobre este gran libro de Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957). Pérdida del ahí (Madrid, Ediciones Amargord, 2016) es un gran libro. Lo tengo señalado como uno de los mejores que he leído el pasado año. Retumba en el alma del lector y la conciencia del ciudadano. Es un libro tripartito con la necesidad de explicar el quehacer poético, la escritura, con la obligación de manifestarse sobre lo que pasa en la calle y con las preguntas de la cuna y la tumba. Esto me trae al Bécquer que leyó Cernuda en Donde habite el olvido. El mismo al que iniciaron sus rimas («Yo sé un himno gigante y extraño») con un texto parangonable con la intención del primer poema («Toca, toca mudez») del libro de Sánchez Santiago: «No tengo de mi lado al lenguaje» es lo primero que leemos en una sección titulada «La fruta está quieta», muy determinante, muy autorreferencial y expresiva de esa especie de entusiasmo que es ponerse a esperar la llegada del poema. Un poema como «Obligación», que abre la segunda parte titulada «Las acumulaciones», resume la intención y el sentido de esta sección de poesía y prosa poética de circunstancias —en su sentido más sublime y comprometido. El asco de lo que uno ve día a día se mezcla inevitablemente con la elegía y la expresión de la amistad. T.S.S. recupera aquí, por ejemplo, su sentido «Cuarto aniversario» sobre la muerte de su amigo Ángel Campos Pámpano. Finalmente, «Pájaros extremos» es una serie de veintitrés poemas que valen un libro, que resumen un libro, diría yo, porque el pájaro es el poeta que mira a su propio quehacer —la primera parte— y los extremos, en cierto modo, son todas las acumulaciones que la vida y su sentido nos pone delante. Su pensamiento. No es fácil que el lector comprenda a primera vista que el título de este libro de poemas de Tomás Sánchez Santiago, Pérdida del ahí —y menos con esa errata de cubierta en «pérdida» sin tilde—, es un eco de las palabras del Rey de Francia dirigiéndose a Cordelia en la escena primera del primer acto de El Rey Lear de Shakespeare: «Thou losest here, a better where to find», que, junto a otro lema de Yves Bonnefoy («De que j'ai dans mes mains, ces fleurs, ces ombres, Est-ce presque du miel, est-ce de la neige?»), encabeza la obra como epígrafe general. Ambos ponen a funcionar unas significaciones que luego se verificarán en la lectura de este libro triple, lleno de llamadas de atención sobre el lenguaje y sobre la vida, de sus zozobras y escollos, como me decía el propio T.S.S. en una carta. Como ocurre cuando uno se enfada en el aula por la falta de asistencia a clase y los que escuchan son precisamente quienes ese día han cumplido, así pasa con algunas imprecaciones poéticas de este libro, inoperantes en lectores que comparten la misma convicción humanista que surge de estas páginas. A pesar de todo, Pérdida del ahí retumba en la conciencia de este lector y reactiva sus sentidos. Mientras haya personas como Sánchez Santiago, escribió Álvaro Valverde, «la autenticidad puede ser revolucionaria». Verdad.

jueves, marzo 16, 2017

Ayer fue miércoles toda la mañana

No tuve clases. Dediqué tres horas en mi despacho a conversar de forma evaluable sobre Valle-Inclán. Mis alumnos lo llaman examen y a mí me gusta quitar hierro al asunto, aunque mi convencimiento sea férreo. Yo creo que pregunté tres veces —una en cada sesión— por qué Valle-Inclán dice —lo pone en boca de su personaje Don Estrafalario— que su estética es una superación de la risa y del llanto. Y todos responden distinto y bien. Es una satisfacción desde hace muchos años escuchar a tantos estudiantes lo que han leído y calificar un examen en el que responden a varias preguntas de todos y cada uno de los temas del programa. No conozco prueba escrita, por muy difícil que sea, que llegue a tanto. Me dio tiempo a cumplimentar otro poquito el memorial que tenemos que presentar los profesores sobre nuestra actividad docente cada cinco años. Otra prueba evaluable. Siempre lamento no haber podido hacer más por difundir lo que hacemos; pero me consuela protestar por que un papel que certifique que has participado en una feria educativa valga más que haber llevado a tu clase a un poeta a leer sus versos. Y es que la última vez había un apartado sobre compromiso con mi universidad, y suspendí. Un tres sobre diez. Lo pasé bien ayer con otros seis alumnos de los veinte que ya me han contado sus lecturas. Se esfuerzan. También encontré una nota en uno de los documentos de una de las carpetas de mi ordenador con el apunte «Crítica literaria. Escribir críticas como diarios». Aventuro que puede ser del año 1995. Mucho antes, pues, de empezar a escribir en este blog algunas notas de lecturas como si fuesen anotaciones de un diario en el que puedo permitirme contar qué he hecho la tarde que he leído el libro del que hablo o añadir a mi lectura una forma de ser. «Ayer fue miércoles toda la mañana» es un verso de un poema de Sin esperanza con convencimiento (1961), del poeta Ángel González y también, en su homenaje, el título de un blog del escritor, gestor editorial y cultural y agente literario Miguel Munárriz (Gijón, 1951).