Como ya escribí aquí, ando desde hace tiempo con un escrutinio emocionante que procurará destacar con orgullo el patrimonio bibliográfico de la Universidad de Extremadura, ahora que vamos a conmemorar los cincuenta años desde su creación. No tenemos grandes joyas; pero mi primera conclusión es que conozco pocos casos en los que —insisto—, casi ex nihilo, sin desamortizaciones ni donaciones, se haya llegado a crear una biblioteca como la que tenemos. A falta de incunables, ahora me fijo en un modesto tesoro que albergan los estantes del depósito de la Biblioteca Central de Cáceres y que existe desde un año antes de la fundación de la universidad extremeña. Es un conjunto de mecanoscritos de los finalistas del Premio Cáceres de Novela Corta entre los años 1972 y 1976 que contiene primeras versiones de textos que luego pudieron llegar —o no— a ser publicados, y de autores de diversa trayectoria y con notable presencia en el panorama literario de finales del pasado siglo. Fue el profesor Ricardo Senabre quien impulsó aquel premio y quien tuvo la idea de solicitar permiso por escrito a los finalistas del Cáceres de Novela Corta para que dejasen un ejemplar de su novela depositado en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras. En una entrevista que le hice en 1999, me dijo —en la imagen de arriba Senabre hablaba en ella— que conservaba cartas de muchos autores en las que se mostraron encantados por formar parte de ese archivo de originales, y que le parecía muy interesante que se conservase una versión temprana de lo que luego podría ser una novela publicada de un autor de renombre; que podría ser objeto de estudio de algún filólogo en el futuro. En ese selecto fondo, por ejemplo, tenemos novelas mecanoscritas del cubano Matías Montes Huidobro (1931-2022), que enviaba sus originales desde Hawai, donde residía; del también recientemente fallecido novelista Raúl Guerra Garrido (1935-2022); del añorado José Antonio Labordeta (1935-2010); o del llorado cacereño de Acebo Jesús Alviz (1946-1998). Títulos que años más tarde se publicaron, como Segar a los muertos (Miami, Ediciones Universal, 1980), La sueca desnuda (Gijón, Ediciones Noega, 1983), El comité (Editorial Ayuso, 1986) o He amado a Wagner (Cáceres, Autoedición, 1978), de esos autores citados, en ese orden. Del aragonés Labordeta hay otro original de una novela titulada Cada cual que aprenda su juego, que publicó Ediciones Júcar en 1974, y que he visto que ha tenido un recorrido que cualquier estudiante de Grado podría rastrear, así como tantos de estos mecanoscritos cotejables con sus versiones posteriores. Algo se podría sacar de una noticia publicada en un blog que remitía a otra sobre la publicación de En el remolino (Barcelona, Anagrama, 2007) en la que se decía que era una novela que tuvo su punto de arranque argumental en que «un prestamista se había ido haciendo con el dinero y las tierras de la gente de un pueblo de la sierra de Albarracín y en el momento del alzamiento franquista, las clases medias fueron directamente a matarlo para quitarle los títulos de propiedad». Entonces, Labordeta transformó aquella idea en una novela corta que incluso se quedó a las puertas de ganar un premio en Cáceres; que no lo ganó «por la cobardía del jurado», y que finalmente fue editada «muy mutilada por la censura» por una editorial asturiana, con escasa repercusión. Se cuenta en ese mismo sitio que aquella primera edición, con el título original de Cada cual que aprenda su juego (1973), estaba integrada por la novela y varios cuentos de corte «rulfiano», y que Labordeta corrigió para su nueva edición faltas de ortografía, erratas y repuso las partes censuradas. Pues bien, el punto de arranque de todo eso está en la Biblioteca Central de la Universidad de Extremadura en un modesto y preciado fondo de mecanoscritos. Interés tiene.
martes, febrero 28, 2023
lunes, febrero 27, 2023
La niñez laureada (I)
No he terminado de escribir una nota sobre este libro-edición de Noelia López-Souto, Prodigios infantiles de la Ilustración española. La niñez laureada, de José Iglesias de la Casa (Salamanca, Editorial Delirio. Col. La Bolgia, 17, 2022), que se presenta esta tarde en el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, en un acto que puede seguirse online aquí a las siete; pero no quiero desaprovechar la oportunidad de difundir su presentación por parte de la autora, con la participación de la profesora Paqui Noguerol (USAL) y del editor de Delirio Fabio de la Flor. La primera parte del título es la que se corresponde con el estudio del fenómeno de los niños prodigio en el contexto del interés pedagógico ilustrado o su preocupación por la educación de las niñas y de los niños. La segunda parte es la edición de un poema muy singular de un interesante poeta como el salmantino José Iglesias de la Casa (1748-1791), un texto «en loor» de un niño de tres años y medio protagonista de un hecho asombroso. Esta es la primera edición moderna exenta de un poema que se había publicado en Salamanca en 1785. Quede aquí, por ahora, el anuncio de la presentación de hoy.
Publicado por Miguel A. Lama en lunes, febrero 27, 2023 0 comentarios
martes, febrero 21, 2023
Mª Ángeles Pérez López en Letras
O en el Aula «José María Valverde». Pero he cambiado el acostumbrado anuncio de la visita de una nueva autora al aula por la presencia en mi Facultad, por partida doble, de la poeta y profesora Mª Ángeles Pérez López. El jueves 23 por la tarde —19:00 horas— hará una lectura de sus textos en el Instituto de Lenguas Modernas, y, aprovechando que vendrá el viernes 24 al paraninfo de la Facultad de Filosofía y Letras para participar en la sesión matinal del Aula Valverde —12:30 horas—, ha tenido la gentileza de aceptar la invitación que mi departamento le ha hecho para que de una charla sobre «Delmira Agustini entre el mito y el libro», en el Aula 7, en mi clase de «Textos de la Literatura Hispanoamericana» el jueves por la mañana —a las 13:00 horas—; pero abierto para quien quiera, hasta completar aforo. Mª Ángeles es una gran autora, con más de una decena de entregas poéticas que han sido reconocidas con diferentes premios, como el Ciudad de Badajoz (Carnalidad del frío, 2000) o el Premio de la Crítica de Poesía Castellana (por Incendio mineral, 2021); pero también es una brillante estudiosa de la literatura iberoamericana y es muy dilatada su producción científica en este campo desde el Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca, en donde leyó su Tesis Doctoral sobre narrativa y modernidad en Vicente Huidobro. Ha escrito sobre Nicanor Parra, sobre Juan Gelman, ha editado a Ernesto Cardenal… Pertenece al grupo de investigación «Escritoras y personajes femeninos en la literatura», en una línea de trabajo en la que ha publicado numerosos estudios sobre autoras como Cristina Peri Rossi, Gioconda Belli, Rosario Ferré, Blanca Varela, entre otros nombres, como Edda Armas y Mª Auxiliadora Álvarez, de Venezuela, cuyo panorama poético también ha analizado Mª Ángeles Pérez López en diversos trabajos panorámicos. Será un privilegio contar con ella en clase para que nos hable de otra gran figura: «Delmira Agustini entre el mito y el libro».
Publicado por Miguel A. Lama en martes, febrero 21, 2023 0 comentarios
domingo, febrero 19, 2023
Dulce Dueño
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sábado, febrero 18, 2023
Avisos de la RB
El otro día recibí el número 98 (septiembre-diciembre de 2022) de Avisos, el boletín de noticias de la Real Biblioteca, que he venido recibiendo desde su primera entrega de marzo-mayo de 1995. Traía entre sus dos pliegos una tira de papel: «Estimado lector: Este es el último número publicado en papel de Avisos. Noticias de la Real Biblioteca. A partir del número 99 se mantendrá únicamente la versión digital». Lo lamento. Reconozco que es lo natural ya para este tipo de publicaciones especializadas, que abaratan costes y garantizan una difusión insuperable; pero me gustaba recibir cada tres meses —últimamente cada cuatro— los ocho páginas de buen papel impresas y decoradas con esmero que han ido haciendo una colección que, si la encuaderno —razón hay ahora que deja de imprimirse—, ocupará un tomo de no más de seis centímetros. Antes de eso, he de llenar las pocas faltas que tengo y que coinciden con las del año de la pandemia, en el que solo una entrega —núm. 90— se vio afectada: «El presente número de Avisos se publica únicamente en línea. Una vez que se hayan superado las restricciones y medidas de seguridad derivadas de la crisis Covid-19, se continuará con la tirada en papel y el correspondiente envío a los suscriptores de la revista». Ya me pasó y lo anuncié aquí cuando reseñé esta publicación que siempre me ha entusiasmado. Los Avisos fueron impulsados por la que fue directora de la Real Biblioteca, la expertísima historiadora del libro Mª Luisa López-Vidriero, hasta su jubilación; y la llegada a la dirección de la RB en mayo de 2022 de la directora actual, la arabista Nuria Torres Santo Domingo, me da que tiene algo que ver con este cambio después de veintiocho años y casi cien números que se pueden consultar cómodamente, desde el primero hasta el que me ha llegado hace días, en la página web de tan esmerado boletín. Y que nadie tendrá ya necesidad de encuadernar.
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domingo, febrero 12, 2023
Jerusalem
Anoche, en el Gran Teatro de Cáceres, Jerusalem, la obra de Jez Butterworth (1969), en un montaje excelente de Teatro del Noctámbulo dirigido por Antonio C. Guijosa (ya le vi en Cáceres su Contra la democracia y en Mérida su Tito Andrónico), con traducción y versión de Isabel Montesinos. Han tenido que pasar más de cuarenta años para saber que lo que escuché en casa de un amigo de mi juventud era el himno que da título a esta obra en un disco — Brain Salad Surgery— de Emerson Lake & Palmer, que creo recordar tuve grabado en una cinta de casete de aquel tiempo. «No cesaré en el Combate Mental, / No dormirá la Espada en mi mano: / Hasta que Jerusalén se haya alzado/ En Inglaterra, sus verdes felices tierras», terminan los versos de William Blake —por la traducción de Bel Atreides que tengo de Milton. Un poema en DVD poesía de 2002— que se convirtieron en un extraoficial himno nacional inglés compuesto por Sir Hubert Parry. Solo conocía por referencias una obra tan celebrada desde su estreno en Londres en 2009 y sabía que se había representado en España cuando leí una reseña en El País de Marcos Ordóñez —al que echo en falta—, y me alegro mucho de que una compañía extremeña con tan buen ojo programador como la del Noctámbulo nos la haya traído tan cerca. Es un texto teatralmente muy interesante y que juega con una baza principal que es su sustancia tragicómica. Risas, festín y drogas, violencia y drama. Sin conocer las obras de Butterworth, creo que su teatro propone una resistencia y una radicalidad que está en su tradición desde Shakespeare y que hay toda una simbología en ese Johnny Byron «El Gallo» que resiste en su particular bosque de Brocelianda. Gusta su aguante. Es indiscutible la solvencia de una compañía como Teatro del Noctámbulo, con casi treinta años de trayectoria llena de merecidos reconocimientos; pero no creo que sea un demérito para nadie insistir aquí en que el conjunto se sostiene por el descollar de su principal actor y uno de sus fundadores, José Vicente Moirón, que propicia algo muy naturalizado entre el público teatral extremeño —hablo por mí, y espero que también por el no extremeño— y que es el efecto «cabeza de cartel», por el cual el personal acude motivado principalmente por un intérprete tan grande. Arropado por un elenco que hace más grande todo. Y es que la compañía se ha atrevido en estos tiempos a poner en escena a ocho actores que se han echado a la espalda a trece personajes, algunos, como Carmen Mayordomo, a tres —incluido el descuido en el programa de mano de no recoger su fotito de Dawn, la exmujer de Johnny y madre de Marky, el hijo interpretado por David Espejo, que aportó anoche la novedad del realismo estricto de ver a un menor de edad como actor en una obra de adultos. Puro teatro. Me pregunté por las razones de alargar hasta casi las tres horas un espectáculo como este. Descartada la complicación de algunas mutaciones —una pancarta que se incorpora a la caravana del «Gallo» tras el primer corte y pocos detalles de recolocación de atrezzo—, se me ocurre que el gran esfuerzo del actor principal precise de unos minutos restitutivos. Podría ser. No sé. Sin embargo, se ha preferido romper la tensión dramática y tener al público durante un tiempo demasiado largo ajeno completamente a la magia mientras descarga la vejiga, lee y responde los mensajes del teléfono o se levanta y conversa con los amigos. Que digo yo que con una pausa podría bastar —y ni eso—, pues el público resiste encantado incluso sin parones dos y tres horas en las salas de cine, y no pasa nada. Eso creo yo; a menos que haya otras razones inexcusables. En fin, un gusto ver a José Vicente Moirón haciendo piña con sus compañeras y sus compañeros de reparto como un chaval entusiasmado por lo hecho. Me llevo para el martes a mi clase un ejemplo contemporáneo más de aquella antigualla de las unidades dramáticas en el teatro, la de acción, la de lugar y la de tiempo, que para la pieza de Butterworth es el día de San Jorge. Qué buena —e innecesariamente larga— obra de teatro.
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viernes, febrero 10, 2023
Trabajo gustoso
Hoy salí inseguro de clase. Quedó todo tan claro que no convencí a nadie de los rasgos estrictos y reglamentarios del neoclasicismo que se propuso corregir la poesía y el teatro barrocos responsables de la corrupción de las letras en aquel tiempo. Y me fui a comprar. Libros, comida y ropa, en ese orden. Lo mejor para combatir la ansiedad que arrastro desde que los principios políticos en los que creía me dejaron por otros, como una mala amante. Uno de los libros tiene poemas bilingües —en catalán y en castellano— y tenía ganas de leerlo desde que salió —Pere Gimferrer, Tristissima noctis imago (Fundación José Manuel Lara, Col. Vandalia)— y el otro coincide en su colofón de noviembre de 2022 —Diciembres iniciales, de Mariano Peyrou (Pre-Textos)—; aunque me dice mi librero, del que me fio, que este último no se ha puesto a la venta hasta entrado este año. Fruta, papel de aluminio —treinta metros, nada más y nada menos—, pan para las tostadas y pescado. Salí del supermercado. Finalmente, allí mismo, en el mismo espacio tan grande y tan vario del centro comercial, compré un par de prendas que me probé, pagué, y que van a gustar mucho a todo mi vecindario. Imaginaciones mías.
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domingo, febrero 05, 2023
Sobre el azar del mapa
La amistad con la que me beneficia Álvaro Valverde ha propiciado que el último día de enero recibiera de la editorial su nuevo libro, Sobre el azar del mapa (Tusquets Editores, 2023), antes de que se pusiese a la venta. Suele pasar en estos casos que la satisfacción grande del que abre un regalo así lo llena todo y, si no hay nada que lo impida, no para uno hasta hacer una primera lectura completa del presente recibido. Sabía desde hacía un tiempo que Sobre el azar del mapa reunía dos cuadernos de viajes realizados en marzo de 2018 —el de Sofía—, y en febrero de 2022 —el de Ginebra. El segundo cuaderno, si no me equivoco, se sumó al primero, ya hecho libro y con el título de Cuaderno de Sofía, como el autor anotó al enlazar la traducción de tres poemas suyos al búlgaro. La «Nota» final de este volumen da las explicaciones pertinentes sobre circunstancias, morfología, cronología e intención; sobre el azar y sobre el mapa. Es cierto que el poeta vuelve sobre sí mismo, y retoma un verso («Trazar itinerarios sobre el azar del mapa») del cuarto tramo —«Travesía»— de su primer libro, Territorio (Col. Alcazaba, Diputación Provincial de Badajoz, 1985), y que es importante en su poética la noción de lugar. Pero no es un poeta viajero, o de varia residencia que podría quedar reflejada en su obra, como ocurre en otros autores. Me vienen a la cabeza uno cercano a Valverde por edad y afinidades como Juan Carlos Marset, con libros principales marcados por sus estadías en Nueva York, en Londres o en Nápoles; la obra del más joven Luis María Marina, tan condicionada para bien por su carrera diplomática; y unos versos de Álvaro que dicen «acaso los viajes más largos que he emprendido / fueron los interiores», de su libro Desde fuera (Tusquets Editores, 2008). Sin embargo, sí han sido frecuentes en su poesía los poemas que han testimoniado la visita a una ciudad, como aquel memorable cierre de su libro A debida distancia (Ediciones Hiperión, 1993) con «El canto suspendido» sobre la ciudad de Nápoles. O sus Lugares del otoño (2005) en la revista Ultramar de Santander, y que luego pasaron a una sección de su citado Desde fuera, rico también en notas de viajes. La lectura de Sobre el azar del mapa me ha hecho pensar en cómo ha cristalizado en forma de libros una costumbre, una experiencia o la vida, para distinguir una estación nueva —asociada a la experiencia y la vida— en la poesía de un autor que marcó su Territorio como inicio y que, muchos años después, concibió un poemario entero sobre un espacio de memoria al que se viaja también físicamente, Más allá, Tánger (Tusquets Editores, 2014), y que ahora nos regala con este testimonio de su paso por sitios para seguir siendo firme contra el tiempo (pág. 159, último poema). Con exactitud suiza está cerrado el cuaderno de Bulgaria, con un poema epílogo que no puede estar mejor pensado en ese sitio tan redondo del cincuenta. Luego, el de Suiza, dividido en dos ciudades —Grandson y Ginebra— parece que nos lleva a lugares distintos con la voz familiar del poeta que nos acompaña desde hace tanto y aporta mucho al tono del primer cuaderno, manteniendo una variedad formal que gusta. Todo un acierto ha sido reunir ambos libros bajo el título de Sobre el azar del mapa. Fascinante.
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jueves, febrero 02, 2023
Echegaray
Leí esta mañana con interés, pero sin sorpresa, la noticia en la primera página —nada más y nada menos— de El País de hoy de que un manuscrito inédito de José Echegaray (1832-1916), el primer español en lograr el Premio Nobel de Literatura (1904), lleva dos décadas a la venta sin que nadie se haya interesado en comprarlo. Sin sorpresa, es cierto, porque en la ciudad en la que vivo vi hace más de seis años el más interesante y copioso archivo de los papeles —obras teatrales manuscritas como Amor salvaje, La peste negra de Otranto, cartas con muchos literatos, como Joaquín Dicenta— y objetos —la medalla del Premio de la Academia Sueca— de un personaje histórico que parece, según lo publicado por el periódico más leído en España, que no interesa a nadie. Estoy convencido de que la propietaria del manuscrito de una obra como Don Fernando el emplazado, que se estrenó en Santander en 1904, y que ha subido el precio hasta 2.200 euros después del interés del periódico sobre su pieza, llegará, tras tantos años, a vender en pocos días lo que tiene. Que habrá vendido hace pocas horas lo que tiene. Lo que no comprendo es cómo el propietario —con el que he hablado esta tarde aquí en Cáceres— del más importante archivo existente de José Echegaray lleve años sin poder vender lo que compró. Cómo es posible que un archivo, catalogado y valorado por una persona competente que conozco —con la que también he hablado esta tarde de largo—, no suscite el interés que hoy, no sé por qué, lleva a Echegaray a la primera plana de El País y a toda página 29 en la edición en papel. Lo que yo tuve ocasión de conocer hace años, y que sigue estando aquí en Cáceres, no puede compararse con unas hojas manuscritas de un autor poco valorado como literato que hoy han sido portada —nada más y nada menos— de El País. Es curioso. Continuará.
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lunes, enero 30, 2023
Sin fines de lucro
También ando estos días con el repaso de apuntes y notas para mis clases en el segundo cuatrimestre que empieza mañana, último día de enero. Tomo el título de esta entrada del libro de Martha Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (Katz Editores, 2010), traducido por María Victoria Rodil, del que supe por La utilidad de lo inútil. Manifiesto, de Nuccio Ordine (Acantilado, 2013). Se me ha ocurrido que ambos títulos serían un buen modo de presentarse en una clase de una Facultad de Letras siempre que el profesor relativice un poco los tonos apocalípticos de ilustres que piensan sobre la educación de hoy. Ya hablaré de ellos; pero a partir de mañana, como siempre, llevaré otros ejemplos que la actualidad me trae a la mesa todos los días. La literatura es una manifestación artística sublime, una representación de nuestro mundo que nos incluye a todos, con nuestras preocupaciones y nuestras certezas. Por eso, siempre que puedo llevo a clase un reflejo del programa de la asignatura en los medios de costumbre. No tiene mucha ciencia —pero me gusta— mostrar en clase el titular de El País del 9 de enero de 1986, que daba noticia de la muerte de Juan Rulfo con «Juan Rulfo pasa a la literatura con 250 páginas», que me viene muy bien para explicar el «proceso de mitificación» del escritor del que ha hablado quien mejor lo ha editado, el profesor José Carlos González Boixo. Esto pasa en mi asignatura de Textos de la Literatura Hispanoamericana. Pero en Textos de la Literatura Española del Siglo XVIII, con la que inauguro mañana el cuatrimestre, he puesto en los últimos años para empezar un artículo de mi admirado Juan Goytisolo —aquel día mal informado y peor lector— sobre la literatura española de ese tiempo, para intentar rebatir con argumentos basados en las formas y las ideas tanta desafección. En fin, en pocas horas, y durante la placentera costumbre de leer el periódico, encontré en estos días dos textos para llevar a clase que mencionaban la literatura al referirse a un hecho lamentable de palpitante actualidad. La noticia de que el futbolista Dani Alves había sido detenido por la violación de una mujer en una discoteca, y luego que su víctima había renunciado a ningún tipo de indemnización por tal delito, generó y genera un ruido informativo casi inabarcable. Selecciono tan solo la columna («Anatomía de Twitter») de Nuria Labari («Violada pero no indemnizada»), que terminaba aludiendo a la historia de una de las obras que vamos a leer este año, Lucrecia (1763), la tragedia de Nicolás Fernández de Moratín. Escribe Nuria Labari: «Hace 2.500 años, la noble Lucrecia decidió suicidarse después de ser violada en la antigua Roma. Le pareció que solo así conservaría su honor. En 2023, el honor de una mujer violada no se paga con la vida, pero sigue teniendo un precio». Y también la columna de Leila Guerriero —que ya sola daría para una clase de literatura hispanoamericana— «Víctimas puras», que tomaba la misma noticia como fundamento para decir que «Nadie debería sentirse obligado a demostrar pureza moral para tener derecho a tener derecho»; y que aludía al poema «Tú me quieres blanca» de Alfonsina Storni (1892-1938), la escritora argentina cuya biobibliografía bastaría para armar la otra asignatura que estoy preparando sin fines de lucro.
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domingo, enero 29, 2023
Winterreise
Puede ocurrir que una mañana de sábado en la que uno tiene en la cabeza el modo rutinario y solitario del paseo y de lo doméstico —limpieza y compra—, después de un viernes lleno de mucha literatura y amistad desde la mañana hasta la noche, irrumpa felizmente una novedad que todo lo cambia. La lástima es que todo se de a la vez, y que personas distintas en el mismo día te inviten a cenar y te regalen dos entradas para un concierto. Dádivas de vida. Ayer fue la primera vez que he escuchado en directo un ciclo de lieder de Schubert. En el recital Winterreise (Viaje de invierno), compuesto por veinticuatro piezas que construyen un argumento del desamor de siempre y de la melancolía romántica. Los poemas (lied) son de Wilhem Müller (1794-1827), que no sería tan conocido si Schubert (1792-1828) no hubiese musicado sus textos. Son paseos solitarios, en lugar de en primavera, como el del poeta español Nicasio Álvarez de Cienfuegos —y que luego digan que los rasgos del romanticismo español no están ya en el siglo XVIII—, en invierno —«el tiempo de la meditación», según la oda de Meléndez Valdés—, y tras un amor no correspondido. Ayer fue el concierto central del festival «AtriuMMusicae ‘23» organizado por la Fundación Atrio Cáceres, y que ha añadido a esta ciudad otro interesante atractivo cultural. No se han andado con chiquitas y han recurrido a uno de los mejores gestores y directores artísticos de festivales de música en España, Antonio Moral. Se ha notado su experiencia en la concepción de una serie de conciertos en lugares especialmente significativos de Cáceres —más el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres—, selectos y a la vez abiertos a todo el público interesado, con entradas —el de ayer— desde los cinco hasta los treinta euros. Y se ha notado en el programa. El de ayer fue brillante. El Gran Teatro casi lleno. Exquisita interpretación del alemán Alexander Fleischer al piano y del barítono suizo Manuel Walser, magistralmente armonizados cuando la pieza lo exigía y también perfectos en la alternancia de piano y voz. Gusta celebrar estos actos en esta ciudad en la que antes nos lamentábamos por la programación de lo poco que había casi al mismo tiempo y sin coordinación —como quienes me invitan—, y en la que ahora, con lo mucho que puede programarse nos resignamos a no conciliar, y tenemos que elegir. Aun así, nos vemos muchos en los mismos sitios, como es natural. Bien está.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 29, 2023 0 comentarios
martes, enero 24, 2023
Tomás Sánchez Santiago en el Aula Valverde
Imagine el lector de Pura tura mi entusiasmo por la participación en el Aula José María Valverde de Cáceres del escritor Tomás Sánchez Santiago, uno de los autores sobre los que más he escrito en este espacio en el que gozosamente vuelve a aparecer. Leerá y comentará su obra en el Instituto de Lenguas Modernas o Antigua Escuela de Magisterio (Avda. Virgen de la Montaña) el jueves 26 a las 19:00. Al día siguiente lo hará con los estudiantes de varios centros de Secundaria de la ciudad en el salón de actos del Instituto «Ágora», como viene siendo habitual en el formato de esta actividad que echó a andar en 1996. Después de tantos años y entre tantos nombres, uno se alegra mucho de haber convivido en el «Aula» con amigas y amigos —alumnas y alumnos, en algunos casos— que vinieron y siguen viniendo como invitados. No descarto que el «Aula», o las «Aulas» extremeñas, hayan predispuesto para un vínculo de amistad de los anfitriones con alguna de las figuras que nos han visitado desde hace tanto tiempo. Es una satisfacción grande repetir ahora la experiencia de asistir a una de las lecturas del Aula Valverde protagonizada por un amigo tan cercano y afín desde hace décadas, por, sin duda, la relación común con personas como Ángel Campos Pámpano, su compañero de estudios en Salamanca, su íntimo. La visita de Tomás dentro de dos días no solo me ha impelido a llamarlo ayer para charlar un rato, sino a buscar entre mis fruslerías del blog lo escrito sobre él. No sale su novela Años de mayor cuantía (Memoria y fábula) (Eolas, 2018), que fue galardonada con el XVIII Premio de la Crítica de Castilla y León en 2019; pero sí su Calle Feria, sobre la que un lector de Pura tura escribió el 15 de agosto de 2007 un comentario: «Una de las mejores novelas de los últimos años». Fue Ángel Campos quien me dijo que En familia (Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 1994) era un libro de poemas extraordinario, que me dedicó Tomás en Plasencia en abril de 1996 «en el principio de una segura amistad». La complicidad entre amigos estuvo en aquella antología Cercano a lo que importa, y desde aquí celebré la publicación de libros, como Pérdida del ahí, en donde recordé las palabras de Álvaro Valverde sobre Tomás Sánchez Santiago: «No está todo perdido, como al cabo parece. No mientras haya hombres como Sánchez Santiago y libros como éste. La autenticidad puede ser revolucionaria». Un libro de libros, luego, fue El murmullo del mundo (2019), y, más recientes, Cerezas en el escondite o el que ocupó mi última nota sobre tan notable escritor, su La belleza de lo pequeño (Eolas, 2022). Lo recomiendo todo. Qué bien que venga.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, enero 24, 2023 0 comentarios
domingo, enero 22, 2023
Infierno, Purgatorio, Paraíso
El otro día de diciembre del pasado año me preguntó Julia por qué llevaba tanto tiempo este libro en la mesa de mi cocina. Le respondí que es una de esas novelas que solo leo en los desayunos. No es por demérito de la obra, sino por una disciplina que me impongo para compaginar varias lecturas. Es verdad que hay otras que son por obligación profesional y aquellas que uno se lee en dos tardes porque le han subyugado; pero también será por algo, digo yo, demorarse tanto tiempo en la lectura de un libro de a poquito en la mejor refacción del día. «—¿Y te acuerdas de lo que vas leyendo?» —me preguntó. «—Perfectamente». Y luego calculé la media de páginas que leí al día durante los tres meses que estuvo ahí el volumen de cuatrocientas sesenta: cinco páginas cada mañana temprano, sin ser exacto; que no hay ninguna necesidad. Pocos días después de nuestra conversación lo terminé. Durante el tiempo que desayuné con la novela han pasado muchas cosas, y algunas vienen al caso. Por ejemplo, cuando escuché en el programa A vivir que son dos días (Cadena SER) una conversación que tuvo Javier del Pino con David Trueba, Enric González y Jordi Évole, a propósito del documental del cineasta en HBO sobre Jordi Pujol, «La sagrada familia. Auge y caída de los Pujol». Me llamó mucho la atención que no aludiesen para nada a esta novela, Infierno, Purgatorio, Paraíso (Tusquets, 2021), de Jordi Ibáñez Fanés. A medida que escuchaba, aumentaba mi estupefacción por no escuchar ninguna mención de ese libro que yo estaba leyendo y que tenía tanto que ver con todo lo que estos inteligentes y amenos tertulianos comentaban sobre Pujol, su círculo, sus costumbres, su relación con la prensa, sobre Andorra, Ubu President… y toda la estrambótica realidad que puebla tan notable obra que fue reconocida con el Premio de la Crítica el pasado año —que en la sección de poesía fue para Incendio mineral, de Mª Ángeles Pérez López. También leí que Ramón de España se había disculpado y aceptaba que se le considerase un paranoico por creer que «una de esas peculiares manos negras que actúan en la sombra en nuestro país ha contribuido a que al libro del señor Ibáñez no se le prestara la atención debida». Se preguntaba por los motivos que a mí se me ocurrieron cuando escuché el programa de Javier del Pino, y se respondía: «Pues solo se me ocurre uno: Infierno, purgatorio, paraíso es una monumental tragicomedia sobre el prusés en la que el autor no oculta la grima que le ha dado todo el asunto y así se lo explica al lector en lo que es un ajuste de cuentas en toda regla con una sociedad, la catalana, y su responsabilidad en uno de los mayores disparates que se hayan visto recientemente en nuestro país. La sátira, además, no se quedaba simplemente en eso, sino que iba bastante más allá, sobre todo estilísticamente, de una manera que a veces no le ponía las cosas fáciles al lector, quien se veía obligado a perseverar en la lectura para acabar haciéndose con el premio gordo una vez concluida». Sin embargo, luego leí retrospectivamente una reseña de Domingo Ródenas en Babelia, otra de Fernando Valls, de marzo de 2022, y una columna, nada más y nada menos que en El País Semanal y de Javier Cercas, sobre la novela de Ibáñez Fanés, y no me pareció, pues, que la novela no hubiese tenido eco. Eco por su asunto, y no por sus valores literarios, como suele ocurrir, salvando algunas oportunas referencias a la construcción narrativa y al estilo de una obra a la que se le nota que está vertida desde su original en catalán, también publicado en Tusquets como Infern, Purgartori, Paradís (Tusquets, 2021) —sí, con esa errata en cubierta de «Purgartori», como los descuidos en la edición española («Clotas volvió a mirarme cómo si me tuviera por un caso definitivamente perdido» pág. 111; «El día antes había despedido […]» pág. 199; «Capgràs se lo miraba ahora con una mueca amarga» pág. 236; «Eran de color rosa, muy parecidas, sino idénticas […]» pág. 279). Sorprendido por lo dicho sobre esta novela y también por lo no dicho, me quedo con los buenos ratos que he pasado con su buena resolución de una sátira esperpéntica —no con su prolijidad en cosas innecesarias—, del juego temporal y estructural, y con su buen uso de los recursos formales, como el diálogo teatral, para resolver la demasiada presencia de un narrador inteligente que se deja notar en muchos momentos. Me quedo con aquella grata impresión que me propició encontrar al principio de sus páginas una cita de Juan Marsé: «Creo en lo que dijo Walter Benjamin: la narración siempre viene de lejos y aunque no sea verificable le concedemos crédito, mientras que la información —prensa, televisión, radio— viene de lo próximo y es verificable, y sin embargo muchas veces no es creíble». Aunque no se menciona, proviene de una anotación del 16 de junio de 2004 incluida en las póstumas Notas para unas memorias que nunca escribiré (Lumen, 2001, pág. 123 y nota en 377). Ibáñez Fanés podría haber elegido muchas declaraciones de Marsé sobre el contexto de su novela; pero ha elegido esta tan precisa. Recomiendo la lectura de Infierno, Purgatorio, Paraíso, sobre todo; y —siempre después— también de la de quienes escribieron sobre ella, en donde cualquiera podrá encontrar apreciaciones aprovechables, de esas que se publican en su momento. No como estos apuntes personales y extemporáneos, como fuera de onda. Valga como una justificación de esta nota.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 22, 2023 0 comentarios
miércoles, enero 18, 2023
Antonio Mestre Sanchis
Este lunes, en la lista de siglo-xviii, supe por Pedro Álvarez de Miranda que el pasado jueves murió el gran historiador dieciochista Antonio Mestre Sanchis (Oliva, 1933). Compartía Pedro las palabras de la necrología escrita por uno de sus discípulos y amigos, Enrique Giménez, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Alicante: «Los grandes maestros en la Universidad han sido aquellos que han despertado vocaciones, los que a través de su actitud han logrado apasionar a sus alumnos, que detectan de inmediato la identificación que existe entre el profesor y la materia sobre la que trabaja. Ayer nos dejó uno de ellos: Antonio Mestre, catedrático de la Universidad de Valencia y Alicante, y desde 1979 el primer decano de la Facultad de Letras de la incipiente Universidad lucentina. […] Junto a la novedad que suponía situar los orígenes de la Ilustración a fines del XVII, al igual que sucedía en toda la Europa occidental, la influencia francesa se diluía en las investigaciones del Dr. Mestre, quien dedicó gran parte de su gigantesca labor historiográfica a sacar a la luz la extraordinaria importancia del ilustrado valenciano Gregorio Mayans en la cultura española del Setecientos. Antonio Mestre es el impulsor de una obra sin parangón en la historiografía española dedicada al siglo XVIII: la publicación de la ingente correspondencia mayansiana, de la que ya han aparecido 22 volúmenes, y ello gracias a la labor benemérita, que debe ser destacada, del Ayuntamiento de Oliva, la Diputación de Valencia y la Generalitat valenciana. […] Para quienes fuimos sus discípulos, parece que escribiera el poeta y premio Cervantes Francisco Brines, también nacido en Oliva y amigo íntimo de Antonio Mestre, un verso brillante, espléndido como todos los suyos, extraído de un poema que comienza «Delante estaba el monte», y que se titula «El barranco de los pájaros»: «Teníamos que subir todos juntos el más hermoso monte», y añade el poeta un consejo que invita a proseguir la senda abierta por el Maestro Mestre para recorrer las cordilleras y las barrancadas de nuestro siglo XVIII : «Hay que olvidar el sitio, ser más fuerte / que el destino ruin, y con la noche, / vergonzoso en la sombra, penetrar / en una vastedad desconocida». Se refería Enrique Giménez a una suite poética de siete textos del primer libro de Brines, Las brasas (Rialp, 1960), que fue premio Adonais; y la amistad entre el gran poeta y el gran historiador enardece mi recuerdo de ambos. Tuve ocasión de conocer personalmente a Mestre en Cádiz, en el Congreso de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII que se celebró en octubre de 2012 y en el que se le homenajeó como maestro del dieciochismo —su discurso de agradecimiento está publicado en el volumen coordinado por Fernando Durán Hacia 1812 desde el siglo ilustrado (SEESXVIII y Ediciones Trea, 2013) y ahora me satisface haber insistido el pasado verano para que publicase en Cuadernos dieciochistas una reseña, precisamente, del libro de Enrique Giménez Tempestad en el tiempo de las luces. La extinción de la Compañía de Jesús (Cátedra, 2022), que ha sido una de sus últimas publicaciones en vida. Un admirable maestro entre los estudiosos del siglo XVIII, y del que podemos decir que casi todo lo que algunos hemos sabido y tenemos de Gregorio Mayans es suyo.
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domingo, enero 15, 2023
Silencio
Vuelvo a leer estas palabras que me acompañaron —las llevaba en el bolsillo— ayer en el teatro: «La situación es tan teatral que, al anticiparla con su fantasía y temiendo estropearla, quien escribió estas palabras pudo sentirse tentado, mientras las preparaba en soledad, de pedir, como acostumbra, a un intérprete que las pronunciase en su nombre. Si no se decidió entonces, ha podido hacerlo en la última hora. Hay tantos cómicos hoy en esta casa que el autor del discurso puede haber encontrado fácilmente actor o actriz dispuesta a intercambiar con él posición e indumentaria. Es muy probable, sí, que quien ahora lee o finge leer estas palabras no sea el que las escribió, sino un representante». Son del discurso de ingreso en la RAE de Juan Mayorga en mayo de 2019, y da la impresión de que ya estaba pensando en su puesta en escena en un futuro próximo, que llegó en enero de 2022, cuando se estrenó el montaje de Silencio que ayer vimos admirados en el Gran Teatro de Cáceres, e interpretado por la «representante» Blanca Portillo. Inconmensurable actriz, nuevamente inconmensurable anoche en el primer gran lleno de la temporada aquí. Cuando yo vi el discurso de Mayorga contestado por Clara Janés en la página web de la RAE —el texto también puede leerse en la RAE en pdf y por la edición de La Uña Rota de Silencio y Razón de teatro (septiembre de 2019), la que ayer llevaba en el bolsillo—, pensé en que el gran homenaje al teatro que fue de principio a fin comenzaba desde su manera de decirlo —o escenificación—, pues Juan Mayorga lo pronunció de memoria, sin casi mirar sus papeles, como hace poco hizo cuando agradeció el Premio Princesa de Asturias de las Letras en octubre de 2022. Un escritor de palabras acostumbrado a que otros, los actores y las actrices, las pronuncien en su nombre; pero que cuando tiene que decirlas en público se empeña en imitar a los profesionales que las memorizan para actuar procurando no quedarse en blanco. O sea, un homenaje al teatro y a sus protagonistas. Mayorga ha logrado que un acto que tiene su ritual y un género que tiene su estructura interna invariable desde más de siglo y medio —Pedro Álvarez de Miranda ya habló en el mismo escenario sobre ello— puedan trasladarse a un espectáculo teatral de cien minutos con una sola actriz arriba y que se hace corto. Lo sorprendente es que un texto de partida tan cerrado y ceremonial se mantenga en su casi literalidad y gane en su teatralidad. Y lo más sorprendente para mí fue que lo que yo creía que iba a caerse por su carácter circunstancial —una de las partes del género es el elogio del antecesor en su sillón—, quedó ahí en una síntesis de las palabras sentidas sobre el poeta y «pensador de la poesía» Carlos Bousoño. De lo que Mayorga sí prescindió en el montaje de Silencio es de las alusiones en su discurso académico a sus propias obras —La lengua en pedazos, Reikiavik— para ocupar el tiempo en tipos como Sófocles, García Lorca o Calderón de la Barca. Ya me cautivó escuchar a Mayorga en su discurso ante sus compañeros académicos. Ya me demoré con gusto por sus cuarenta y dos notas al pie en la versión impresa. Y ahora, me alegro mucho de lo deslumbrante de haber conocido todo eso puesto en escena gracias al trabajo gestual de una actriz, a su indumentaria —con la que se juega para los desdoblamientos—, a los diversos registros de su voz, a las luces…; en fin, al teatro en el que el Juan Mayorga que tomaba posesión de su sillón M en la RAE estaba pensando cuando pronunciaba ese discurso memorable. Silencio es una coproducción de Avance Producciones Teatrales y Entrecajas Producciones Teatrales, con diseño de espacio escénico y vestuario de Elisa Sanz; de iluminación de Pedro Yagüe; y de espacio sonoro de Manu Solís; en la que el maquillaje y peluquería son de Thomas Mikel Nicolas, y con las ayudantes, de dirección, Viviana Porras, y de escenografía, Sofía Skamtz. Siempre pienso en todos los que trabajan para ofrecer tanto talento por el módico precio de una entrada de teatro. Ayer fue en un Gran Teatro lleno. Compárese con lo que he pagado hoy en una cafetería del centro de Cáceres por dos cañas sin pincho: 6, 40 €. Se dice pronto. Silencio.
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viernes, enero 13, 2023
As bestas
Peliculón. Ya no podía posponer más acudir al cine para ver algo con muy buena crítica en casi todos los medios. Pero si en estas últimas semanas ha habido un estímulo principal, ha sido la recomendación de personas cercanas muy jóvenes que me han puesto la película por las nubes. Ayer la vi, en buena compañía. No debe de ser muy habitual que hagas la cola con dos amigables conocidos como Mª Cruz Vázquez y César Serrano y que compren una entrada más para regalártela. Vimos, pues, As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022) juntos; más una pareja varias filas detrás de nosotros. Ellos fueron los que me hablaron de la película documental Santoalla (2016), de Andrew Becker y Daniel Mehrer, que habían visto, sobre el hecho real que inspiró el guion de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen. No he podido verla. Bastante tengo por el momento con haber disfrutado con las dos horas de esta obra maestra que es As bestas, que está dedicada «A Margo», la esposa de Martin Verfordern, el holandés que imbuye al personaje de Antoine en la película de Sorogoyen. Como en las mejores obras literarias, lo que hace admirable este cine es la forma de contar en su lenguaje una historia que no es nada insólita, a pesar de su crudeza. No sería lo mismo si la película no se abriese con esa escena en la que tres hombres abaten a un caballo como lo hacen en ese rito ancestral de la rapa das bestas, para imponer todo el peso simbólico a la historia. No sería lo mismo si no comenzase el relato con otra en la que los hombres hablan en la taberna a la vez que trazan cuáles son las lindes que separan a los unos y a los otros. A los otros que son dos, la pareja de franceses que se ha instalado en una aldea gallega, interpretada por los espléndidos Marina Foïs y Denis Menochet. Y a sus antagonistas en la ficción, igualmente buenos en la interpretación, Luis Zahera y Diego Anido. No sería igual sin el manejo del tempo narrativo y tampoco sin determinados encuadres ni elipsis puestas en boca de un personaje que pronuncia «un año» y el espectador ya sabe. Otro valor también está en hacer cine sin empachar, en no recrearse o ser insistente en los hallazgos, en sugerir, en insinuar, sin necesidad de prolongar lo ya apuntado de manera brillante. Valdrían como ejemplo de esta contención la vigorosa escena del caballo al principio; pero también las sutilezas de la vida conyugal de la pareja o la representación del quijotesco protagonista masculino a los pies del gigante molino de viento; recursos de potente significación sobre los que no se insiste. Sí hay mayor recurrencia en las escenas de la cantina que considero muy justificada, pues aporta a la película ese aire de western en un espacio solo poblado por hombres que juegan al dominó, con la tensión y el miedo, las miradas turbias y los duelos a sorbos sobre el mostrador con una botella casi en primer plano. Yo no quería hacer una crítica de cine; solo dejar testimonio de cómo uno puede llegar a tener desde hace tiempo tanto interesante que hablar con amigables conocidos, encontrarse con ellos, y pasarse dos horas sin mediar palabra. Y todos tan contentos.
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sábado, enero 07, 2023
Ceniza en la boca
Los reyes que me envió una amiga —siempre acierta con los libros que me regala— se adelantaron y llegaron el día 3, de modo que ya he terminado de leer Ceniza en la boca (Sexto Piso, 2022), de Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982), y también de escribir esta nota; algo que suele llevarme más tiempo que algunas de mis lecturas. El relato en primera persona de la hermana de Diego, que se suicida en la cuarta línea de la novela —tiene menos de ciento ochenta páginas—, envuelve desde ese momento al lector y lo va llevando a un ritmo de lectura más revolucionado de lo normal. Me ha dado esa sensación. Tiene su gracia —quizá no sea el término apropiado— que una editorial como Sexto Piso, que justifica su nombre con que esa es la altura mínima para suicidarse —y de ahí el logo—, publique una novela con ese incidente como arranque. La trágica ficción del principio pone en marcha algo que tiene su poco de alegato, de confesión, de recuento, de flujo de conciencia, más que en la tradición mexicana de Rulfo —como he leído en algún sitio—, del narrador de La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, sin salir realmente de esa tradición ni del país de la autora, del que hay mucho en esta novela, como también de la España que viven unos emigrantes mexicanos. Pero también tiene mucho de conversación con el hermano muerto. «¿Quién llorará por mí si todos están ocupados llorándote a ti?» (pág. 111), que para eso es la que lleva de España a México las cenizas de Diego, la transportadora, la mensajera que explica el título de la obra: «Eso pensaba mientras abría la cajita de madera y tocaba su ceniza. Un poco nada más, casi que sólo para mancharme los dedos. ¿Es este el destino que el mundo planeó para nosotros? Luego entró mi abuela y me preguntó si estaba lista para los rosarios. Por miedo a que me descubriera a Diego en las manos, me chupé los dedos. Me comí a mi hermano» (pág. 111). Pero el hallazgo del título va más allá de la fuerza de esa imagen que te golpea y que se prolonga al comienzo de la cuarta y última parte de esta novela; pues es toda una metáfora de la expresión del dolor y la rabia a través de la palabra, del relato oral, e igualmente de la escritura. Puesto a hablar de precedentes y sin ninguna intención de reconocer ecos que deben de estar lejos de lo que interesa a Brenda Navarro, me he acordado de obras en las que aparece la ceniza. No al buen tuntún, como la lectura reciente de la novela de Rafael Reig El río de cenizas (Tusquets, 2022). Sí al acuerdo de aquel libro Oda en la ceniza, de Carlos Bousoño, que tiene un segundo poema —el que da título al poemario— dedicado a Francisco Brines, cuyos últimos versos podría repetir la narradora dedicados a su llorado Diego: «Dame la mano / tú que como yo mismo ansías lo que ignoras y tienes lo que acaso no sabes, / dame la mano hacia la felicidad olorosa que embriaga, / dame la mano y no me dejes caer / como tú mismo, / como yo mismo, / en el hueco atroz de las sombras». Es esta también una novela sobre lo inexplicable o lo que cuesta comprender: por qué se quita la vida un chaval mexicano que estudia en un instituto de Madrid, fan de los Vampire Weekend; por qué los hombres de todas las edades siguen siendo tan machistas; por qué tanta violencia, tanto desarraigo cuando alguien tiene que dejar lo suyo; por qué vivir para trabajar…, entre tantos interrogantes. Ceniza en la boca sugiere mucho y recomiendo su lectura. También, porque está mejor dicho y es más extenso que lo de esta nota, el comentario de Rosa Martí aquí. Son, además, muy agradables las ediciones de Sexto Piso, por su tipografía o sus cubiertas, como la de esta novela, ilustrada por Riki Blanco, a quien tantos seguimos con gusto en El País. Hoy mismo lo he comentado en casa con Julia, que ha llegado con un ejemplar de otro título de la editorial: Los nombres propios (2021), de la madrileña, licenciada en Filología Hispánica, Marta Jiménez Serrano. Habrá que estar al tanto, no sé.
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jueves, enero 05, 2023
Víspera de Reyes
Nada de compras. Miento. Compré la prensa esta mañana en el quiosco y un par de detalles en una librería; pero como no hice cola en ninguno de los dos sitios, no me ha parecido ahora el día especial que para mucha gente es el día de esta noche. Ayer sí fue un rato digno de nota con el escritor Tomás Pavón, al que siempre informo de lo que ha ocurrido en esta ciudad hace meses y semanas y del que siempre recibo información jugosa de lo que ocurrió aquí hace décadas. Es un nostálgico. En la conversación surgieron muchos amigos y conocidos. Escritores, músicos, periodistas o fotógrafos como Genín Andrada, al que asocio ahora a Mick Jagger y a su encuentro en La Moncloa con Felipe González —¿en junio de 1990? Conozco desde hace muchos años a Tomás y todavía no las veo venir cuando él quiere prolongar la charla y yo tengo que irme en uno de esos mejores momentos que te dedica cuando te recuerda aquella ocasión en que Compay Segundo estuvo en el Womad de Cáceres —1997—, y te habla de un tal Luis, amigo de T., al que asocio ahora como edecán del cubano. Tengo otro amigo cercano con el que comparto mucho —he empezado a leer Decencia (Anagrama), de Álvaro Enrigue (México, 1969), que me regaló hace una semana— al que no le gustan las nuevas tecnologías. Tampoco las corbatas. A lo primero no le digo nada, porque se aturde; pero mi opinión es la contraria de aquellos que dicen —él ni entra ni sale— que debemos desconectar y que dependemos de aparatinos como un móvil o un ordenador por los que nos llegan mensajes de todo tipo, audios, whatsapps, correos electrónicos… No me faltan los buenos y satisfactorios paliques como los que suelo tener casi sin que suene el teléfono; pero no comprendo que alguien no quiera saber si ha recibido algo y no lo responda; y se pierda una quedada con una amiga para contemplar las estrellas en tan buena compañía y sin interferencias. A lo de la corbata siempre le digo que tiene un prejuicio; y le provoco con que es el mismo que tiene un tipo que conozco que levanta la nariz y hace ascos cuando ve a un joven con rastas. Mi amigo se acuesta temprano y no he querido llamarlo para volver a decirle que me gusta esa prenda; y que nadie me va a poner esta noche de regalo. Tengo muchas.
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miércoles, enero 04, 2023
Lecturas de José-Miguel Ullán
He colocado algunos libros leídos y anotados que todavía campaban por el escritorio y me he detenido en este por su importancia. La que doy a una obra que, situada al lado de los títulos que tengo del poeta salmantino de Villarino de los Aires (1944-2009), corona la presencia en mi biblioteca de lo mejor y más significativo sobre este autor. Por motivos académicos, pues no se me ocurren otros, creo que podría satisfacer de sobra a quien llegase a casa buscando algo de José-Miguel Ullán. De y sobre, como dice Pureza Canelo. Tengo un antiguo ejemplar de Frases (Taller de Ediciones JB, 1975) y otro de Soldadesca (Pre-Textos, 1979), que compré a mi amigo Fulgencio Parralejo cuando tenía «La Quimera», su librería en Navalvillar de Pela, mediados los ochenta, y que Miguel Casado califica como «el mayor esperpento antimilitar posterior a Los cuernos de don Friolera y La hija del capitán» (pág. 245). Ardicia, la antología poética (1964-1994) que publicó Letras Hispánicas de Cátedra en 1994, y Ondulaciones. Poesía reunida (1964-2007), que editó Galaxia Gutenberg en 2008, ambas con prólogo de Miguel Casado, recogen la obra de Ullán si quiero acudir a ella, presente también en cuadernillos o selecciones como la que le publicó la colección «Plástica & Palabra» de la Universidad de León: Con todas las letras (2003). Algún otro rastro de mi curiosidad de estudiante de filología hay también por aquí en donde queda aludido José-Miguel Ullán, a quien llegué a conocer en Cáceres en una de las reuniones de los Premios Extremadura a la Creación en mayo de 2006. Por todo esto es tan importante tener tan cerca de Ullán este volumen de Miguel Casado, Fidelidad, ¿qué alientas? Lecturas de José-Miguel Ullán (1994-2022), que publicó en la primavera de 2022 —con errata en el colofón— la editorial «libros de la resistencia». Porque reúne todos los textos «acerca de la poesía y las demás escrituras» de Ullán, como dice Miguel Casado; tres décadas de escritura crítica admirable para quien necesita de apoyos con los que comple(men)tar su lectura del autor de Mortaja (1970). Vuelvo a encontrarme con mi profesor Juan Manuel Rozas, que escribió sobre el poeta en un volumen institucional sobre Literatura contemporánea en Castilla y León (1986) que conservo con un saluda del Consejero de Educación y Cultura de aquella Junta, Juan Antonio Pérez Millán, que acompañaba al envío. ¿Por qué tengo ese libro? Miguel Casado lo menciona en las primeras líneas del suyo y, por tanto, en las primeras también de su prólogo de Ardicia, la antología de Cátedra. Son los dos enormes trabajos de interpretación que llevaron las dos colectáneas de Cátedra y Galaxia Gutenberg los que ocupan el primer bloque de Fidelidad, ¿qué alientas? («Ardicia. Una lectura» y «Del remolino»), de ciento setenta páginas, al que siguen tres partes más con ensayos escritos después de la muerte de Ullán (Dos), textos más breves de un arco temporal amplio y que pudieron servir como apuntes (Tres) de lo que luego germinó en los ensayos más extensos, y el cierre (Cuatro) con un trabajo «Para una lectura del Barroco en José-Miguel Ullán», un ensayo «inacabado e inédito» —indica Casado en la nota final con las referencias del libro— que fueron sus palabras en las «Jornadas Internacionales de Crítica y Poesía Travesías» organizadas por la Universidad de Potsdam (Alemania). A él, con buen ojo, recuerdo que aludió Mariano Peyrou en «La estación azul» de Radio Nacional de España cuando hizo un comentario de estas Lecturas de José-Miguel Ullán que eran novedad todavía en el principio del verano del año pasado. Ahora, meses después, para mí siguen siendo imprescindibles e importantes; por lo que he sentido la gana de insistir, antes de dejar el volumen en su sitio, sobre lo que explica Miguel Casado del título elegido, que son palabras de Mortaja de Ullán, y que él ha querido asociar a la actitud de insistir, de reincidir «e incorporan el vínculo ambiguo que enlaza fidelidad y vocación, del mismo modo que aludirían también a mi propio trabajo», leemos en la cuarta de cubierta. Para más detalle, hay que leer la «Nota» preliminar; y, sobre todo, adentrarse en las páginas de esta luminosa reunión de ensayos sobre uno de los principales autores de la literatura española del último tercio del siglo XX y de los primeros años del siglo XXI. Pongo en su sitio el libro y ya sé a dónde tengo que acudir para saber mucho de Ullán.
Publicado por Miguel A. Lama en miércoles, enero 04, 2023 0 comentarios
domingo, enero 01, 2023
Año Nuevo
Terminé el año con una avería y lo he comenzado con la misma avería sin importancia y con clave CP221222FIFJV6. Mi televisor se ve; pero no se oye. Bueno, por ser preciso, discrimina entre las decenas de canales que tengo y la 1 y la #0, que conservan un audio perfecto. Después de un par de días probando de todo para solucionar solito el problema, ayer hablé con un operador muy atento de apellido Corrales que intentó ayudarme hurgando en mi conexión. Me sentí extraño. Tanto que hubo un momento en que me no supe qué decir cuando el técnico me preguntó por teléfono si veía cómo se llenaban de blanco los puntos del reinicio del sistema. Yo había ido a la cocina y no veía nada; pero algo raro había notado desde allí, como si alguien estuviese palpándome las entrañas. Cuando volví al salón después de la séptima vez que él —Corrales— se disculpaba por la demora, el sistema cumplió su ciclo. Pero la avería persistía y persiste hoy, día tan señalado en que he cumplido con la tradición de escuchar el Concierto de Año Nuevo como uno entre los cincuenta millones de espectadores que lo siguen. Aunque precisamente La 1 es la que se oye, siempre veo el concierto con el sonido de Radio Clásica, también con los simpáticos comentarios de Martín Llade. Así que todo bien en esta edición dirigida por Franz Weiser-Möst —no sabía que tiene detractores que le motejan con «Frankly worse than most» («Francamente peor que la mayoría»)— desde la Sala Dorada del Musikverein, en donde por primera vez los Niños Cantores de Viena han tenido niñas en su formación para interpretar la polca «Espíritus alegres». Un avance. Ya se sabe que el próximo concierto lo dirigirá el alemán Christian Thielemann —ya estuvo en 2019—, y que habrá que esperar todavía para que sea una mujer la directora de la orquesta, como ha lamentado Martín Llade, que, antes de terminar con su «¡Viva Mozart!», ha leído un trocito del discurso de Charles Chaplin en El gran dictador (1940): «En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso; pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros». No pierde su fuerza; y me parece muy bien que se repita para desear salud y paz en este inicio de año en el que sigo inquieto por esa avería sin importancia (CP221222FIFJV6) por la que mañana, primer día laborable de 2023, vendrá a casa un técnico de cuerpo presente y para la que he de tener a mi disposición la llave del «cuadro de conexiones», que debe de ser algo así como la piedra filosofal en las comunidades de vecinos, y que en mi casa tiene la misma utilidad que un tornillo sin rosca.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 01, 2023 1 comentarios





















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