lunes, enero 25, 2010

El cónsul de Sodoma


Y en efecto, el viernes fuimos a ver la película de Sigfrid Monleón, El cónsul de Sodoma. Yo todavía no sé de qué va. Parece ser que está basada en un libro escrito por Miguel Dalmau sobre la vida de Jaime Gil de Biedma (Circe, 2004). Dice ahora Dalmau que en la película tiene mucho peso la parte literaria. No es cierto. No. Si la "parte literaria" tuviese mucho peso no se habría hecho la película. El peso es del sexo. Sexo, mucho sexo. Por delante y por detrás. Por arriba y por abajo. Sexo. En Manila y en Bocaccio. Sexo. Al principio y al final. Que es lo que vende. Aun así, ya me gustaría conocer las cifras de recaudación de esta cinta. Incluso con la polémica que han provocado. El viernes, en la sala, había 12 personas.
He seguido la tinta derramada en torno a la película. La protesta de Juan Marsé frente a quienes han perpetrado esta película sobre la supuesta vida de su amigo Jaime Gil de Biedma. Me pregunto por qué tanta presencia en la película de Marsé y tantas referencias a Últimas tardes con Teresa. Incluso sale una escena con el montaje, como si fuese una película, de la fotografía que ilustró la primera edición de la novela. Como si fuese una feria. Y Marsé presente. Toma ya.
Y luego he leído todos los insultos. Los del productor, sobre todos. También la tibieza argumentativa del biógrafo, y la explicación algo extemporánea del director, pues vuelve a centrarse sobre Marsé y sobre su intención de retratar el encuentro de dos culturas, "la de la burguesía liberal ilustrada de principios de siglo y la obrera de ateneo libertario de barrio" [sic]. Pero es que la película no es eso; y ese encuentro o la alusión a ese encuentro ocupa muy poquito de los ciento y pico minutos de metraje. Así que tiene razón Marsé cuando arremete contra lo que han propuesto sobre su amigo. Bueno, sobre lo que han propuesto.
Como hace varios años, explico en clase la poesía de Gil de Biedma. Estos días atrás, he animado a mis alumnos a ver la película. No siempre se tiene la ocasión de complementar la lectura con algo tan de actualidad como un estreno cinematográfico. Después de haberla visto, creo que prefiero explicar la poesía de Gil de Biedma antes de que vayan al cine a ver lo que no fue lo más notable de la vida de un autor de una inteligencia sobresaliente, de una forma estelar y brillante de vivir la literatura, de una obra literaria que fue más allá de la poesía...
Jordi Mollá es un buen actor y, siguiendo con Marsé, el que lo interpreta —Alex Brendemühl—, es estupendo. El uso, por otra parte, de un poema de Gil —"A una dama muy joven, separada"— en la escena del juicio Bel vs su marido es una chispa entre tanta insulsez. La última escena es patética; no por lo que pretende torpemente decir, sino por lo que muestra. No me extraña que Marsé diga lo que dice. Nos hemos acordado del papelón de ese actor que torpea en esa última escena, desnudo —no precisamente "de cintura para abajo" como en el espléndido poema— de espaldas a la cámara, bailando música disco mientras Jaime Gil de Biedma, casi literalmente, se muere. Lo he contado demasiado trascendente como para lo que en verdad es. Desternillante. Da rabia escribir esto.

14 comentarios:

Carlos Medrano dijo...

Pues sí. De acuerdo por completo. Desde que leí cómo se hacía no tuve el más mínimo interés de ir a verla. Prefiero perder mi tiempo de cualquier otra forma: paseando, durmiendo...

Cuando se muere un poeta, a veces se olvida su obra, otras puede caer en manos de manipuladores cuya lectura espanta -como este caso- o, algunas pocas, sigue siendo leído por algunas personas capaces de entender y respetar a su autor y su obra.

No asociemos Las personas del verbo con esta película. Ni a su autor en su vida. El cine es otra cosa. Biedma ha sido aquí la excusa para una mala factura, ridícula o indigna. No creo que este bajo producto comercial valga algo ni como cine, ni como biografía, ni como estética o ética. Siempre, por favor, su lectura, no estas usurpaciones después de que el autor está en la tumba. ¿Por qué no haber elegido a cualquier famosillo de ahora para inventarle una fábula o historia: Chiquilicuatre, Torrente...?

Qué torpeza y qué pena: ni cine, ni poesía ni... ¿qué culpa tenía Gil de Biedma? ¿No puede haber una venganza de un frustrado cultureta? A mayor vulgaridad, todo vale.

Los viajes que no hice dijo...

"Sexo, mucho sexo. Por delante y por detrás. Por arriba y por abajo": lo que me he reído cuando he leído esto.
¿Alguien se acercará a la obra de Jaime Gil de Biedma -al que Jordi Mollá no había leído antes de hacer la película (¿qué demonios leen los actores? Recuerdo una charla fuera de micrófono con Alicia Hermida que decía que leer, leer, leer, era lo más importante para un actor: leer poesía, novela, teatro)- por haber visto El cónsul de Sodoma?

Gil de Biedma y Sodoma en el título. No se puede ser más previsible.

Además, que yo al Andrés Vicente Gómez, desde que le quitó El embrujo de Shangai a Víctor Erice, le tengo una manía inmensa. Valiente papanatas.

Miguel A. Lama dijo...

Espléndido guión el de Víctor Erice, por cierto. Lo publicó Areté hace unos años bajo el título de LA PROMESA DE SHANGHAI. Espléndido. Marsé quedó muy descontento con la película de Trueba y siempre lamenta que no se llevase a la pantalla lo de Erice.

Los viajes que no hice dijo...

No me extraña.

Vi hace poco, para escribir un artículo, El espíritu de la colmena. Saldrá en un libro un año de estos.

Me maravilló.

Carlos Medrano dijo...

(y 2) Si algo no vale, es intranscendente. Sin más atención ni importancia. Pero el arte me parece que es un esfuerzo creativo que consigue dar un resultado noble, es decir, sus materiales convierten su hechura física en una expresión que indaga o conmociona de un modo irrepetible, consistente (formal y vitalmente). Su mayor previsibilidad o alternativa de resultados, indicaría también su irrelevancia. Recuerdo la definición de un compañero de estudios que aún me sirve: “cada poema ha de ser un esfuerzo irreemplazable”.

Por contraste, rescato ahora la memoria otra película sobre una familia de poetas, los Panero, “El desencanto” de Jaime Chávarri. Recuerdo el impacto que verla me produjo, tal vez por la resonancia de esos conflictos familiares. Recuerdo el rigor, profundidad y vértigo (humano y artístico) de alguno de los duros y tremendos poemas al padre de Leopoldo Mª. leídos también en otros momentos... En ambos casos, un producto noble, digno, inmenso. Y el arte (cine en un caso, poema en otro) era una linterna de exploración de ciertas circunstancias personales en cuyo desgarro hay seres que plantean (el creador y el espectador o lector que le busca) el sentido consciente de su trayectoria no fácil por este mundo, el filo de la espada del doble sabor de cada acto. Hay quien no quiere pensar y quien sí que se atreve a la cuestión esencial expresada por Sócrates y que sigue siendo una tarea pendiente: conocerse...

(no es el caso de esta croqueta filmica infame hacia nadie) (y conste que no me importa, sino para notar lo que vale y no vale. Lo siento, no todo el mundo es Lope ni compone el Requiem de Mozart. ¡Y respetemos estas cumbres!)

El Deme dijo...

La película es mediocre, pero justamente me ha despertado la curiosidad por saber algo más de Gil de Biedma y leer sus poemas. Dice el director que es una visión "cinematográfica" de la vida del poeta, por eso ese estilismo tan acartonado que a mí me recordaba a la serie La saga de los Rius, por poner un ejemplo. Una película es una opción personal (una novela, un director), lógicamente uno sale del cine con la cosa de si era así o no la vida de Gil de Biedama. El que haya mucho sexo y mucho Marsé en la película tampoco la invalida, porque creo que de eso sí que hubo mucho en la vida de Jaime. Pero es en sus libros donde hay que buscar su verdad...

Alfredo J. Ramos dijo...

Pues esa es, me parece, la cuestión de fondo: que El cónsul de Sodoma es una película carente de arte (mediocre), salvo alguna excepción, y que sólo esta viva, cuando lo está, gracias a las palabras del poeta. Que algunos cualificados opinantes, como hace hoy el escritor Vicente Molina en El País, reduzcan (o casi) las críticas negativas al efecto de una pulsión homófoba es una mixtificación (aunque no niego que ese prejuicio pueda estar en el fondo de algunos comentarios, allá cada cual con sus fantasmas).

A mí me parece que buena parte de lo más agrio de la polémica (y en especial la del productor AVG con Juan Marsé) hunde sus raíces en enfrentamientos del pasado, en particular en la enrevesada -y ya aludida- peripecia que rodeó el rodaje de El embrujo... A juzgar por otros precedentes (Querejeta y la inacabada El Sur), intuyo que no debe de ser fácil asumir el papel de productor de una obra de Erice (que le cueste tanto llevar adelante sus proyectos al que probablemente sea el más personal e inspirado de los directores de su generación es una de las desgracias de nuestra cultura). Como en cualquier otro campo de la expresión artística, pero en el cine más, las relaciones entre la industria y la creatividad no siempre encuentran un camino por el que discurrir de forma conjunta y sin roces. No creo, sin embargo, que el error de este Cónsul sea un empeño prefijado (o impuesto) de seguir el camino presumiblemente fácil y comercial del sexo y el morbo. Sería difícil entender una película sobre JGB sin la importancia que el sexo, con su mezcla de deseo y amor, tuvo en la vida del poeta y tiene en su obra. Pero creo que no se ha encontrado la forma, en este caso, para crear una obra cinematográfica válida por sí misma. El formato de El Desencanto, más cercano al reportaje o al documental, marcaba una vía posible, aunque no sé si traducible a esta circunstancia. Quizás cabría preguntarse si la vida de JGB da de hecho para una película (o, más en concreto, un biopic). O por qué se ha prescindido drásticamente de los años de aprendizaje, tan presentes y ricos en matices, incluso visuales, en sus primeros diarios. Las cábalas podrían multiplicarse. Pero por fortuna, como puse de relieve en la entrada y los comentarios sobre la película que colgué en mi blog, su poesía está -sigue estando- viva. También en la película.

Creo que la polémica aún tendrá recorrido (quizás más que la duración de la peli en las salas comerciales), aunque me temo que va continuar por estos mismos raíles enfrentados sobre los que, en el fondo, se están dirimiendo (como suele ocurrir) otras cuestiones, de modo que se vuelve irremediable el choque de trenes (o de egos). Perdón por la extensión (también por la publicidad, pero creo que viene a cuento) y un saludo.

Antonio del Camino dijo...

Al hilo de este texto, aquí dejo otra pista sobre la película:

El cónsul de Sodoma


Muy interesante el blog. Volveré.

Un cordial saludo.

Miguel A. Lama dijo...

Estoy muy de acuerdo, Alfredo. Por mi parte, no hay ninguna actitud prejuiciosa que pudiera incluirme entre aquellos a los que se refiere Vicente Molina Foix en su artículo.
Muy sugerente el poema, que maneja con acierto algunas claves de la poesía de JGB.
Saludos.

RAIKO dijo...

A mí la película me resultó infantiloide o, quizá mejor dicho, adolescentoide, como si un chavalito de quince años, con su carga hormonal y todo, hubiese hecho una selección, una especie de "The best of... Jaime Gil de Biedma". Es delirante, grotesca de principio a fin, casi tendente al absurdo, por otro lado. Es casi una sucesión de personajes tópicos y planos: chulos, chaperos, bohemios, burguesillos y proletarillos todos de manual. Comercialmente está bien enfocada: mucha carne, un argumento sin demasidas complicaciones, ciertos toques exóticos, que eso siempre vende, y remontarse a un pasado más o menos histórico, que se lleva mucho ahora, con cierto rollito intelectualoide, que también da lo suyo... vaya, que yo me pasé una tarde agradable de cine con mi chico, pero la recordaré más por la compañía que por la película.

PPK dijo...

Sea como sea, está claro que lo comercial funciona. Sin ir más lejos, no recuerdo ninguna entrada de tu blog, Miguel Ángel, que registre tantos comentarios. ¿Tendrá algo que ver el sexo como reclamo comercial? ¿Por qué otras entradas han recibido muchos menos comentarios?
Un saludo.

Carlos Medrano dijo...

No hablamos por "sexo" sino por la inadecuación o el mal uso de la figura de Gil de Biedma en la película. Si el "sexo" fuera el éxito de esta polémica, Miguel Ángel con contarnos picardías en su blog -o dar sus clases en calzoncillos- tendría un éxito automático y primario. Ni él ni sus lectores somos tan insulsamente priápicos.

Hay películas sensuales y eróticas maravillosas basadas en obras literarias (Muerte en Venecia, Las amistades peligrosas, La insoportable levedad del ser, El cartero siempre llama dos veces...¿hacemos una lista?). Y el componente sexual de la vida (y obra) de muchos autores literarios salta a la vista de cualquiera que se acerque a la peripecia de su vida. Somos seres con algo más que función clorofílica...

Pero hacer de lo efectista una trivialidad es el fallo. O quien hizo esta película no podía acercarse a Gil de Biedma, o no quería, o no le importaba el producto. ¿Por qué no comparar estas películas culturetas con el cine hecho por Pajares y Esteso?

Por cierto, excelente la crítica en forma de poema de Alfredo J. Ramos en su blog, con un tono de alguien que se ha embebido de la poesía del verdadero JGB. Esto ha sido lo mejor de todo. Gracias, los blogs traen estos regalos

Miguel A. Lama dijo...

Sí, PPK; aunque mi blog no sea un torrente de comentarios, ha habido alguna entrada con una mayor afluencia. Entre las más recientes, una de "fútbol", que ilustré con el escudo del Barça; también cuando cesaron a Álvaro Valverde, y otra sobre Miguel Hernández en la que tú parcipaste. No sé si la que más comentarios ha tenido (la irrisoria cantidad de veintitantos) fue una en agosto de 2007 sobre el Festival de Teatro de Alcántara.
Gracias, PPK, por el comentario. Y gracias Carlos.
Saludos.

C.M. dijo...

A estas alturas no estamos en los años de la transición quitándonos complejos o teniendo que hacer pedagogía de las antes difíciles relaciones sexuales y afectivas (recuérdese el escándalo cacereño/nacional de la maja desnuda en un escaparate ante unos jovencitos y la intervención de la benemérita). Con la edad, la sabiduría, la serenidad, la madurez normalmente se acrecen, pero “carpe diem”, enhorabuena a los jóvenes de aquellos años como los de este autor del grupo del 50 que pudieron abstraerse de aquella moralina gris, y atreverse a vivir con felicidad y placer -y riesgo- lo único para lo que el paso del tiempo señala en unos especiales años. No hay homofobia en las críticas a esta película. Cito otra vez el latín, “tempus fugit”, y Eros no es más que un bello concepto a los 80 años, no a los 15 ó 30 ó 45... No sólo la televisión era en blanco y negro en los años de este poeta. Permítaseme este elogio elegíaco de lo más bello y potencial de la juventud -la dimensión del sexo y sus afectos- que -como la libertad- la aprendimos entonces con temores, túneles y destierros... El sabor de la dictadura fue en mí y aquellos mis años algo más personal que político. Que me devuelvan lo no vivido. Mis ojos están puros; mi pasado, vacío.