miércoles, enero 28, 2026
Juan Carlos Rodríguez Búrdalo
Publicado por Miguel A. Lama en miércoles, enero 28, 2026 2 comentarios
domingo, enero 25, 2026
José María Valverde, 100 años
Mañana, lunes 26, se cumple el centenario del nacimiento del profesor y escritor José María Valverde (1926-1996) en Valencia de Alcántara. Allí se celebrará mañana por la tarde un acto conmemorativo que dará inicio a unas jornadas en recuerdo del poeta y traductor vicentino que tendrán dos momentos: primero en su pueblo de origen, mañana y pasado, y luego en Cáceres, en la Facultad de Filosofía y Letras, los días 19 y 20 de febrero. El encuentro en Valencia de Alcántara se hace coincidir con el centenario y las jornadas se desarrollarán una vez que se haya reanudado el período lectivo en la Universidad de Extremadura, cuyo alumnado será el público principal de las actividades programadas. Mi compañero del área de Filología Inglesa Luis Javier Conejero ha sido uno de los impulsores de estos actos, y con él, el profesor de Derecho Constitucional de la UEX Gabriel Moreno. Ambos son de Valencia de Alcántara, y se han preocupado de buscar apoyos para la celebración de un centenario que contará mañana con la participación del escritor y crítico Jordi Amat, que fue responsable del libro Fons José María Valverde (1942-1996). Fragments d'una biografia intel-lectual (Centre d'Estudis Històrics Internacionals y Editorial Afers, 2010), sobre el valioso archivo personal del escritor, con manuscritos, documentos administrativos, cartas, prensa y papeles varios relativos a quien ha sido una de las figuras más respetadas de la cultura española de la segunda mitad del siglo XX. Participarán también la poeta Ada Salas y el artista Jesús Placencia, coautores de Ashes to Ashes. Catorce poemas a partir de catorce dibujos a partir de T. S. Eliot, un libro que publicó la Editora Regional de Extremadura también en 2010, y que les servirá de base de una lectura que será una manera de recordar al Valverde que vertió al español los Cuatro cuartetos de Eliot en sus Poesías reunidas (1978). El martes 27 intervendrá el catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Valencia Jesús Tronch y tendrán lugar diferentes actividades de carácter didáctico sobre el escritor en el IES Loustau-Valverde de la localidad. Para las jornadas de febrero se han programado charlas en torno a la poesía, la traducción y el pensamiento de Valverde por diferentes estudiosos, procedentes de diferentes universidades españolas y de la UEX. Programa completo aquí.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 25, 2026 0 comentarios
jueves, enero 22, 2026
Antonio Rey Hazas
Hace algo más de un mes desde su fallecimiento y quiero recordarlo. Estoy seguro de que supe de la existencia de Antonio Rey Hazas (Guadalajara, 1950-Madrid, 2025) por su amigo y compañero de clase Jesús Cañas Murillo, que me hablaría de él en los primeros ochenta, antes de conocer alguna de sus numerosas publicaciones. Jesús estudió con Antonio en la Universidad Autónoma de Madrid, se hicieron amigos y ambos tuvieron como maestro a Juan Manuel Rozas (1936-1986), que luego ejerció en Cáceres desde 1978. Bajo su dirección, trabajaron juntos —con otros compañeros como Enrique Rull, José Rico Verdú, Mario Hernández o Miguel Á. Pérez Priego— en la elaboración de las unidades didácticas de la Historia de la literatura de la UNED, utilísima para el estudiante de tercero de Filología que yo era en 1983, cuando la compré. Quizá aquello fuese lo primero que yo conocía de Antonio Rey, porque, poco después, me hice con su edición de La pícara Justina, que salió, antes de que leyera su tesis doctoral sobre el carácter paródico de esa novela, en Editora Nacional, un sello también asociado ya desde entonces a su querido Jesús Cañas, por su magnífica edición del Libro de Alexandre, y a Rozas, a quienes ambos, Antonio y Jesús, dedicaron sus respectivas obras publicadas allí. Fue Malén Álvarez quien el martes dieciséis de este pasado diciembre me envió un mensaje de wasap comunicándome la muerte de Antonio Rey esa mañana. Ella lo había presentado en su intervención sobre Cervantes en el CPR de Cáceres en 2016, en uno de los muchos actos organizados por el centenario cervantino. Después supimos de los atisbos de la enfermedad que poco a poco fue agravándose y arrebatándole uno de sus fuertes, la memoria de la que echaba mano tan oportunamente cuando evocaba el pasaje de una obra, el dato de algún autor o una situación novelesca, de su Quijote o de otros textos. No me resulta difícil reconstruir algunas de las situaciones que todos estos años nos acercaron, desde aquel día que probablemente fuese mi primer encuentro con él, cuando participó en el tribunal de la tesis doctoral de Miguel Ángel Teijeiro Fuentes en 1987, papel que desempeñó magnánimamente en otras ocasiones en nuestro departamento cacereño, hasta su conferencia inaugural en el Curso de Verano Lecciones de Teatro Clásico, en la quinta y última edición dedicada al teatro de Cervantes en junio de 2016. Es fácil recordarle ahora, cariñoso y amable siempre, lleno de sentido del humor, y con un talante que luego confirmaban las opiniones de quienes habían sido alumnos de un buen profesor, querido por todos, «de apacible condición y de agradable trato», como su amado don Quijote vuelto en Alonso Quijano el Bueno. También colegas como José Manuel Lucía Megías, Carmen Valcárcel o Rosa Navarro, entre otros, han dejado sus cariñosos comentarios en sus redes sociales. Presidió durante ocho años la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid, cuyas actividades conocí gracias al ciclo «La literatura española y su contexto universal (siglos XVIII a XX)», por hablar sobre la Ilustración y los orígenes del romanticismo en noviembre de 1996, en un abarrotado salón de actos de un céntrico instituto de enseñanza secundaria madrileño, como buena prueba de su capacidad de convocatoria y su gestión. Aun siendo un investigador de la literatura española del Siglo de Oro, de la picaresca, del teatro barroco y de la novela cervantina principalmente, me llamó siempre la atención la amplitud de sus intereses y la calidad de sus estudios sobre otras épocas, como un espléndido trabajo sobre la estructura de Don Álvaro o la fuerza del sino, que publicó, precisamente, en el homenaje a Juan Manuel Rozas que le dedicó el Anuario de Estudios Filológicos de mi facultad. Otro autor del XIX, Pereda, mereció su atención, y una novela como Peñas arriba, que editó en Letras Hispánicas de Cátedra. Curiosamente, en otro homenaje a Rozas, el que editó la colección «Magistri» del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura en 2008, apareció otro de esos trabajos singulares por su agudeza, el que trató el poema «Lope. La Noche. Marta» (Agenda) de José Hierro. Pero sus numerosas aportaciones cervantinas con Florencio Sevilla (1956-2020) —otra pérdida temprana—, como Cervantes: vida y literatura (Alianza Editorial, 1995), o sus ediciones de las obras completas de Cervantes; y, en solitario, las de El Buscón (1982), del Lazarillo (1984) o de Salas Barbadillo y Castillo Solórzano en Picaresca femenina (1986), y sus libros Deslindes de la novela picaresca (Universidad de Málaga, 2003), Poética de la libertad y otras claves cervantinas (Eneida, 2005), entre otras publicaciones, son las que mejor representan su perfil como estudioso. Por ello, específicamente «por el engrandecimiento de la cultura hispánica», en 2013 fue galardonado con la Medalla de Oro José Vasconcelos en México, que agradeció con un documentado discurso titulado «América en Cervantes», recogido en un volumen homónimo que publicó ese año el Frente de Afirmación Hispanista, asociación promotora del premio y de la revista Norte. Con su tan leído Quijote, ya fuese por la melancolía que le causaba el verse vencido por la suerte, o ya, según quien crea, por la disposición lacerante del cielo, se le arraigó la enfermedad fiera que no quiso que hiciese salida nueva y cesó su vida (II.LXXIIII). Sacudidos por ello, nos quedan su recuerdo y sus obras.
Publicado por Miguel A. Lama en jueves, enero 22, 2026 0 comentarios
domingo, enero 18, 2026
El buen lugar
La unanimidad que suele darse entre los lectores de Basilio Sánchez con casi todos sus libros poéticos ha sido más rotunda y entusiasta con este último, un libro poético en prosa de ensayo diarístico (sic) como El buen lugar (Valencia, Pre-Textos, 2025). El escritor Fernando Aramburu escribió en ABC Cultural: «No le cae a uno en las manos todos los días un libro tan rico en reflexiones lúcidas, a la vez tan claro de lectura y tan ameno». La poeta y artista plástica Julia Otxoa puso en el muro de Facebook de Jordi Doce: «Es el mejor libro de pensamientos poéticos que he leído nunca»; y el mismo Jordi Doce, en su reseña de El Cultural de junio del año pasado, calificó esta obra de Basilio como una «propuesta cuya convicción y coherencia la convierten en un testimonio de excepción —tan certero como luminoso— que el lector no tarda en sentir como propio.». «Una guía espiritual fascinante» es para el poeta José Luis Puerto. Para el placentino Juan Ramón Santos, El buen lugar es «una suerte de ética, de afirmación de una cierta forma de enfrentarse al mundo», y un vergel en el que los lectores querrán habitar bastante tiempo. «Es, sin boatos ni publicidad, uno de esos libros que se quedan grabados a fuego lento, cocción eterna y reposo calmo», escribió Pedro Bosquet en el Heraldo de Aragón el pasado septiembre. Enrique García Fuentes, en las páginas del diario Hoy, calificó en octubre El buen lugar como «un libro de por vida, al que volver y del que aprender continuamente; que no se agota en su lectura». Finalmente, podría sumar a estas opiniones las numerosas, y todas en la misma dirección encomiástica, de las lectoras y lectores con quienes he comentado la experiencia de haber leído o estar leyendo El buen lugar desde que comenzó a difundirse en mayo de 2025. Yo puedo añadir que es un libro de una claridad y de una profundidad deslumbrantes, que personalmente me sirve para comprender mejor toda la escritura de Basilio y también a la persona que es Basilio Sánchez, que me favorece con su amistad. Así que El buen lugar también tiene esa función benéfica para quienes lo leemos: es una ayuda para cuando nos faltan palabras, es amparo frente a la desolación, protección en la intemperie y cobijo en el desvalimiento. Es un ejemplo muy válido para responder a aquellos que nos preguntan para qué sirve la literatura. El carácter aparentemente misceláneo de El buen lugar como «ensayo en fragmentos, rosario de citas y reflexiones literarias» —dice un texto promocional de la editorial que se ha llevado a la cartulina marcapáginas— puede estimular una lectura que suele hacerse en este tipo de obras: una lectura no lineal, discontinua, sincopada y a saltos, persuadida de que encontrará en cada fragmento un hallazgo feliz, un motivo para el goce estético y la reflexión. Es verdad, aunque no estamos ante un libro de aforismos cuya ordenación suele desviarse de una lógica, y habrá lectores que abran el volumen por sitios distantes porque entienden que la propia naturaleza de un ensayo en fragmentos les invita a hacerlo. Yo no lo veo así en El buen lugar, que me parece que tiene una estructura no visible, una disposición sin marcas mayores, y, por supuesto, un principio, un desarrollo y un final con sentido. De este modo, debe ser leído sin saltos ni interrupciones, de principio a fin. En consonancia con una idea que Basilio Sánchez aplica a la poesía cuando dice —en la página 24 de El buen lugar— que su unidad de medida en poesía no es el verso, ni siquiera el poema, sino el libro. Estamos ante una sucesión de textos de muy variada extensión, pero mayoritariamente breves, sin más división que la que separa cada uno de los fragmentos o trozos, y que se indica por el espacio en blanco y una discreta y elegante estrellita como marca. La variedad formal está en la extraordinaria heterogeneidad de la extensión de sus fragmentos, que van desde una única línea —creo que «La poesía, la masa madre del corazón» (pág. 69), de siete palabras, es la unidad más pequeña de todo el conjunto— o dos líneas, pues hay varios textos de nueve, diez, trece palabras o poco más, hasta aquellos trozos que ocupan las dos páginas, que son pocos, y que superan las mil trescientas palabras —y están ubicados en el tramo final del libro (págs. 169-173 y 221-223). El reparto y cierto equilibrio de los textos según su extensión es uno de los criterios que organizan el contenido de la obra; de tal manera que los pecios más breves puntean la sucesión de segmentos de mayor extensión y operan como islotes o descansos en la lectura, que se detiene en ellos como en un foco que llama su atención: «La palabra que busco es un pez rojo que se esconde en el coral de una gruta» (pág. 31); «La última palabra del poema traza un puente en el aire» (pág. 35); «La escritura aprovisiona de migas los comederos de los pájaros» (pág. 41); «Un poema es un árbol cargado de limones cuya luz en la noche nadie ve» (pág. 66)... Son ejemplos que valdrían para sugerir esto que, por otro lado, es un rasgo que se ve en su poesía, y que fue reiterativo en El baile de los pájaros. Pero la lógica de El buen lugar va más allá, y cose la estructura de tal modo que las reflexiones exentas sobre la escritura se combinan con otros fragmentos que son lecturas de otros, hasta que surge un trozo en el que irrumpe en el discurso el yo del escritor, que recorre su obra poética, y del hombre, del médico que ejerció o del ciudadano que vive en Cáceres. Esto es así a lo largo de todo el libro, sin que se aprecie de una manera evidente, pero está. Es decir, hay un principio, un desarrollo y un final. Y esta conciencia del final, por ejemplo, se ve muy bien en un fragmento que ocupa las últimas páginas, a sabiendas de que estamos próximos a terminar: «Intento escribir un libro...», que es una cita de Pascal Quignard, pero luego añade «Intuyo que la mayoría de estos apuntes o notas han ido surgiendo poco a poco para hacerme pensar» (pág. 208). Es un trayecto que ha recorrido el escritor y que, una vez concluido, ahora, por ventura, nos brinda para disfrutar de una lectura encantada y provechosa.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, enero 18, 2026 0 comentarios
martes, enero 06, 2026
El corazón revolucionario del mundo
«—Este chaval es sobrino de Concha. Estamos muy contentos, claro» —me escribió mi amigo Fulgencio en un mensaje de mediados del pasado septiembre. Me enviaba la noticia del diario Hoy firmada por M[aría]. Fernández: «El escritor extremeño Francisco Serrano gana el Premio Tusquets 2025», que precisaba el lugar —Guareña— y el año de nacimiento —1982— del escritor, y me anunciaba que la novela estaría en las librerías el 8 de octubre. «Es, fundamentalmente, extremeño y sentimental», se lee de Francisco Serrano en la solapa de El corazón revolucionario del mundo (Barcelona, Tusquets Editores. Col. Andanzas, 100), 2025, 225 págs.), que compré en cuanto estuvo disponible en librerías y terminé de leer ya en noviembre. Y puedo decir que tan altas expectativas —un premio Tusquets de Guareña y sobrino de Concha— quedaron cumplidas, pues me parece muy buena novela, muy inteligente como propuesta narrativa, que demuestra que su autor tiene una postura muy clara con respecto al texto literario, desde el que todo parte para que todo funcione. La elección de la materia de la narración, el montaje del relato o el desarrollo psicológico del personaje femenino son elementos que están muy bien combinados y que confluyen en la idea principal que quiere proponerse al lector. El primer capítulo es magnífico, una muestra de cómo se pueden sugerir en un espacio reducido las claves interpretativas de toda la novela. Por un lado, las que atienden a las tres figuras principales —Valeria Letelier, Carlos Reseda y Joel Takahashi-Williams—, de una de las cuales —la de ella— parte la comparación con «una cosmonauta entrando en la atmósfera de un planeta desconocido» (pág. 22) que va a mantenerse durante toda la obra. Por otro, la sugestión, en las últimas líneas de ese capítulo, sobre los límites entre lo real y lo imaginado a través de una luz que parece envolverlo todo en «una bruma fría» (pág. 22), que son las tres palabras finales de ese trozo. La historia de estos tres personajes que pertenecen al Frente de Acción Revolucionaria (FAR), una organización terrorista anticapitalista que se extiende por toda Europa, el norte de África, Oriente Medio, Estados Unidos y Japón, se monta sobre una estructura de diecinueve capítulos, todos titulados con un texto extraído del contenido de esos trozos, representativo de una incidencia argumental o de una sensación, de un personaje...; así «Vuelve un espectro» (2), «Los alemanes» (5) o «Todas las de perder» (14). Algunos de ellos, por su brevedad, son descansos meditativos o metafóricos, piezas de señalización para el lector, sobre todo, de la evolución de la psicología de los personajes, entre los que —insisto— es el de la mujer identificada como Valeria Letelier el principal. A su vez, cada uno de esos capítulos se divide en otras unidades textuales marcadas como párrafos por el interlineado y que obedecen a cambios temporales, de foco, avances del relato, etc. La construcción artística de El corazón revolucionario del mundo acompaña sin alardes el desarrollo de una acción que mantiene el interés hasta el final, con el capítulo titulado «El mundo es un árbol»; pero hay muchos más aspectos que la hacen recomendable, aunque no voy a extenderme en ellos. Solo añadiré que fue tan neta la impresión que su lectura me causó de estar ante un escritor de especial entidad que me hice con otros de sus textos, y leí Hajira (Madrid, Episkaia, 2018), una novelita breve un punto distópica —descuidadamente editada por sus demasiadas erratas y con una solapa sobre Serrano que concluye: «Por lo demás, con frecuencia olvida peinarse»— que parece adelantar algo de la pedagogía de la violencia de Un corazón..., y todo un wéstern, En la costa desaparecida (Madrid, Episkaia, 2020), trepidante novela ambientada en 1898 en Arizona. Y puedo decir que en todas estas obras hay una mujer con pistola y un escritor como la copa de un pino.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, enero 06, 2026 0 comentarios
jueves, enero 01, 2026
Año Nuevo
Publicado por Miguel A. Lama en jueves, enero 01, 2026 2 comentarios
miércoles, diciembre 31, 2025
Espectador de provincias
Zorrilla, en sus Recuerdos del tiempo viejo, escribió que su padre firmó 72 000 pasaportes para pasar a Madrid a ver la famosa comedia de magia de Grimaldi La pata de cabra, estrenada en febrero de 1829 —en aquel momento, estaba prohibido entrar en Madrid sin una razón justificada. Nos lo recordó un experto en el teatro decimonónico como David T. Gies en su esclarecedora edición de aquella singular comedia en la colección «Tramoya» de Bulzoni Editore en 1986. Han cambiado los tiempos; pero cada vez que acudo a la capital a ver teatro pienso en aquello, y me siento como el espectador de provincias que va a la villa y corte a completar las carencias que la cartelera de una ciudad como Cáceres tiene. (De enero a mayo de 2026, los espectáculos estrictamente teatrales del Gran Teatro público de esta ciudad no llegan a la media docena; y no hay nada que se pueda considerar de calidad contrastada). En estos días propicios para el recuento anual, he recopilado mis notas sobre algo de lo visto en los teatros capitalinos, y puedo concluir ya que echo en falta aquella época en la que aquí podíamos ver grandes producciones de la cartelera nacional, a veces, incluso antes de que fuesen estrenadas en Madrid. En marzo viajé con el único motivo de ver el montaje de Historia de una escalera dirigido por Helena Pimenta para el Teatro Español. Me gustó mucho estar en el mismo espacio, setenta y cinco años después de su estreno; y suscribí la mayor parte de los calificativos que se pueden decir sobre el espectáculo, desde imprescindible y expresivo hasta soberbio, también el gran nivel dramático, la validez artística, lo impecable de la escenografía o el destacado desempeño de los actores y las actrices; pero me salí con el runrún de una precisa idea —que comparto— publicada por Raquel Vidales unos días antes en Babelia de El País (15.03.2025, pág. 15) bajo el título de «Teatro como Dios manda»: «el teatro es un arte que sucede en presente y las aproximaciones arqueológicas no contribuyen a su supervivencia, más allá de que puedan ser correctas, contentar al público tradicional y satisfacer a estudiosos de la literatura dramática o profesores de instituto». E insisto, no veo nada reprochable desde el punto de vista artístico y de conocimiento teatral a esta Historia de una escalera de Pimenta. Eso sí, no acabé de encajar las risas del público en determinados momentos de alta intensidad dramática y de expresión sobria de mensaje sombrío y desencantado, que se atenuó al final con el texto que dijo el niño —aquel sábado lo encarnó Eneko Haren—, y que Helena Pimenta había rescatado de unas palabras que el dramaturgo publicó en Primer Acto en 1957: «Los hombres no son necesariamente víctimas pasivas de la fatalidad, sino colectivos e individuales artífices de sus venturas y desgracias. Convicción que no se opone a la tragedia, sino que la confirma. Y que, si sabemos buscarla, advertimos en los mismos creadores del género. Mas, al tiempo, convicción que abre a las mejores posibilidades humanas una indefinida perspectiva. Pese a las reiteradas y desanimadoras muestras de torpeza que nuestros semejantes nos brindan de continuo, la capacidad humana de sobreponerse a los más aciagos reveses y de vencerlos inclusive, difícilmente puede ser negada, y la tragedia misma nos ayuda a vislumbrarlo. Esta fe última late tras las dudas y los fracasos que en la escena se muestran; esa esperanza mueve a las plumas que describen las situaciones más desesperadas. Se escribe porque se espera, pese a toda duda. Pese a toda duda, creo y espero en el hombre, como espero y creo en otras cosas: en la verdad, en la belleza, en la rectitud, en la libertad. Y por eso escribo de las pobres y grandes cosas del hombre; hombre yo también de un tiempo oscuro, sujeto a las más graves pero esperanzadas interrogantes». Son palabras que ahora, al final de un año y en el contexto español y mundial, cobran una significación muy particular. A la semana siguiente volví a Madrid, y en esa ocasión, al Teatro de la Comedia, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, cuya sección Joven puso en pie un digno Don Gil de las calzas verdes. Me llamaron la atención y me gustaron las modificaciones que sobre el texto de Tirso se hicieron para aclarar al público el complicado enredo de la comedia, pero me llevé un chasco cuando comprobé que el libreto que vendían a la salida era el texto mondo y lirondo original tirsiano. Habíamos visto a la Joven Compañía Nacional en junio del año pasado, en la trigésimo quinta edición del Festival de Teatro Clásico de Cáceres, con un talentoso montaje de La discreta enamorada en el que nos tocó Cristina Marín-Miró como Fenisa, y esta actriz fue, precisamente, una de las destacadas de un elenco de Don Gil que resuelve muy bien una intencionada diversificación de los papeles del texto entre sus actrices y sus actores. En ese caso, se quiso dividir las tres caras de un personaje —la Juana de Don Gil de las calzas verdes— en tres intérpretes: Cristina Marín-Miró (Don Gil), Ania Hernández (doña Juana) y Cristina García (Doña Elvira y Fabia). Fue una experiencia muy grata, con el añadido de que sirvió como actividad didáctica con nuestras alumnas y nuestros alumnos de Filología Hispánica, que disfrutaron, como yo, en su papel de público de provincias. Feliz año 2026.
Publicado por Miguel A. Lama en miércoles, diciembre 31, 2025 0 comentarios
jueves, diciembre 25, 2025
Robert Walser
Me acuerdo de Robert Walser, que murió tal día como hoy. Murió en la nieve, el día de Navidad de 1956, mientras paseaba por los alrededores del manicomio de Herisau (Suiza) en el que estaba ingresado desde hacía veintitrés años. Aunque vuelvo a su magnífica obra El paseo, y visito algunos sitios en los que se escribió sobre él —la revista Turia le dedicó en 2020 el cartapacio del número 133-134—, sigo teniendo como mejor recreación de la figura de Robert Walser la novela Doctor Pasavento (2005) de Enrique Vila-Matas, una inspirada invitación a pensar en la feliz identidad de paseante anónimo Walser, el loco aparente a quien homenajea hasta la obsesión fetichista en esa narración en la que el protagonista acude al escenario en el que murió el escritor. En la cuarta y última parte, «Escribir para ausentarse», Pasavento rumia algo que decir y surge el nombre de Kafka, en aquel paisaje de nieve, y me ha recordado el libro de poemas Nevada (2000), de Julián Rodríguez, y en una probable presencia de Walser, más por simpatía genérica por las estampas que por alusión anecdótica a las circunstancias de la vida retirada —y de la muerte— del suizo, más por cualquier otra relación formal que por asociación con su poema «Nieve», que Vila-Matas transcribe en su novela. Doctor Pasavento es una gran exaltación de quien atrajo a ese personaje por «su ironía secreta y su prematura intuición de que la estupidez iba a ir avanzando ya imparable en el mundo occidental» (pág. 248).
Publicado por Miguel A. Lama en jueves, diciembre 25, 2025 0 comentarios
martes, diciembre 23, 2025
Cuento de Navidad
He terminado de leer Zadig-Micromegas (Barcelona, Editorial Fontamara, 1974), un pequeño volumen de unas cuantas novelitas de Voltaire, traducidas por el mal llamado abate Marchena, que compré este verano en Santander por cuatro perras. El penúltimo relato es la «historia filosófica» Micromegas, que Voltaire publicó en Londres en 1752, y que iba entre las Novelas traducidas por Marchena en 1819. En él, Micromegas, habitante del planeta Sirio, viaja por el espacio con otro de Saturno —como tal, Saturnino— y ambos —que son dos gigantes, de ocho leguas de alto el primero, y de dos mil varas el segundo, o sea, «enano»— avistan en el planeta Tierra a unos pequeñísimos hombres en un navío, por quienes se interesan sobre su naturaleza y, una vez comprobado que son «átomos inteligentes», sobre sus ideas. Asombrados, creen que estos deben de gozar de la verdadera felicidad, y uno de los hombres les replica: «¿Sabéis por ejemplo que a la hora ésta cien mil locos de nuestra especie, que llevan sombreros, están matando a otros cien mil animales cubiertos de un turbante, o muriendo a sus manos, y que así es estilo en toda la tierra, de tiempo inmemorial acá?» ¿Y por qué?, preguntó el viajero más pequeño; a lo que uno de los que llamaban filósofo respondió: «Trátase […] de unos pedacitos de tierra tamaños como vuestro pie, y no porque ni uno de los millones de hombres que pierden la vida solicite un terrón siquiera de dicho pedazo; que se trata de saber si ha de pertenecer a cierto hombre que llaman Sultán, o a otro que apellidan César, no sé por qué. Ninguno de los dos ha visto ni verá nunca el rinconcillo de tierra que está en litigio; ni menos casi ninguno de los animales que recíprocamente se asesinan ha visto tampoco al animal por quien asesina.» ¿Pero cómo es posible un despropósito así?, dijo el pequeño de los extraterrestres, que no se calló sus ganas de estrujar de tres patadas a esos asesinos ridículos. «No os toméis ese trabajo, le respondieron, que sobrado se afanan ellos en labrar su ruina. Sabed que dentro de diez años no quedará en vida el diezmo de estos miserables; y que, aun sin sacar la espada, casi todos se los lleva la hambre, la fatiga o la destemplanza, aparte de que no son ellos los que merecen castigo, sino los ociosos despiadados que, metidos en su gabinete, mandan, mientras digieren la comida, degollar un millón de hombres, y dan luego solemnes acciones de gracias a Dios» (págs. 198-199). Me ha recordado aquello de Las galas del difunto de Valle-Inclán, cuando el sorche repatriado se queja de la cochina vergüenza de la guerra y dice a la daifa: «El soldado, si supiese su obligación y no fuese un paria, debería tirar sobre sus jefes.». Las historias del librito son críticas, instructivas y entretenidas, y, en su mordacidad, una buena muestra de los más característicos «engendros volterianos», como dijo don Marcelino Menéndez Pelayo cuando en su Historia de los heterodoxos españoles se ocupó largamente del ateo y revolucionario José Marchena (1768-1821), que fue quien colaboró en traer aquellas nuevas ideas en tiempos poco propicios. Feliz Navidad.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, diciembre 23, 2025 0 comentarios
martes, diciembre 16, 2025
Literatura y responsabilidad
Si evito el más manido título de «Literatura y compromiso» es para compartir la solidez del modo de abordar los conceptos que giran en torno a las relaciones entre política y estética que se tratan en los trabajos reunidos en este volumen coordinado por Bénédicte Vauthier, Adriana Abalo Gómez y Raquel Fernández Cobo: Modernidades político-estéticas hispanas e historia de los conceptos. Autonomía, engagement, responsabilidad (Madrid-Frankfut am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2024). Las dos primeras, junto a Rebeca Rodríguez Hoz, firman la introducción que deja claro desde su título cuáles son los fundamentos metodológicos desde los que se afronta la «literatura problemática», en ese texto preliminar programático: «Arte problemático. Modernidades político-estéticas hispanas a la luz de la historia de los conceptos de Reinhart Koselleck». La importancia como referente epistemológico del teórico alemán (1923-2006) se ha querido patentizar con la fotografía de mayor tamaño de todas las que componen el mosaico de la cubierta, de arriba abajo, bordeando la de Koselleck: Josefina Ludmer, Benjamín Jarnés, Isaac Rosa, Max Aub, Carmen Martín Gaite, Jean-Paul Sartre, Guillermo de Torre, Ricardo Piglia, Francisco Ayala, Manuel Vázquez Montalbán y Julio Cortázar. El libro es el más reciente foro sobre la cuestión del compromiso en la literatura, partiendo de una propuesta de superación del término en favor de otros como autonomía o responsabilidad de la obra literaria. O engagement, del que se parte en las primeras páginas de la mencionada introducción para defender su comprensión teniendo en cuenta toda su red de conceptos (págs. 9-69). Este es el hilo que une la docena de trabajos que conforman esta obra en la que las diferentes perspectivas de las contribuciones sobre la problemática relación entre política y estética y la galería de autorxs estudiadxs —en consonancia con una idea de la expresión política o ideológica, las coordinadoras del volumen reiteran el uso de la «x»,«pero no de forma mecánica», como marca de lenguaje inclusivo— engrandecen el interés del conjunto y sus aportaciones. Cabría repartir las zonas de interés del libro entre España y América, en dos secciones no equilibradas, y significativamente relacionadas por la circunstancia del exilio republicano. El ensayo de Geneviève Champeau indaga en formas de inserción de la literatura en problemas ideológicos desde la narrativa realista y social de Arconada o López Salinas o los casos de Sender y de Francisco Ayala, hasta llegar a la literatura del siglo XXI con un autor como Isaac Rosa, y abre, con un planteamiento más conceptual, diferentes miradas hacia revistas y autores en los de Juan Herrero-Senés («Cuestionamiento del espacio del compromiso: una mirada a la España de los años treinta»), Sofía González Gómez («La revista Nueva España en 1930 y la configuración de un modelo de escritor comprometido»), Fernando Larraz («Crisis autorial y exilio. Max Aub, Francisco Ayala y la responsabilidad del escritor en los años cuarenta»), Domingo Ródenas de Moya («El compromiso de la responsabilidad en Guillermo de Torre») y Adriana Abalo Gómez («Cuando el compromiso venció a la responsabilidad. Un vis à vis entre Jean-Paul Sartre y Guillermo de Torre»). A partir de aquí, y salvo el caso del trabajo de Luca Scialò sobre la memoria como clave del compromiso literario en Vázquez Montalbán, las aportaciones se dirigen hacia autoras y autores iberoamericanxs: Óscar Collazos, colombiano, Mario Vargas Llosa, peruano, y Julio Cortázar, argentino, en el trabajo de Gustavo Guerrero sobre compromiso y autonomía literaria en la polémica entre esos tres autores entre 1969 y 1970, como una antesala del caso Padilla (pág. 198); los representantes del ensayo hispanoamericano del siglo XXI, un salvadoreño como Horacio Castellanos, un ecuatoriano como Leonardo Valencia, y un autor de México, Jorge Volpi, en las páginas de Félix Terreros; o algunos ejemplso de la literatura de Argentina que son tratados en los capítulos redactados por Annick Louis («El compromiso del objeto. Transformar la institución desde las prácticas en la posdictadura argentina (1984-1986)», Luciana Pérez («Historia de una sutil polémica: Juan José Saer, David Viñas y el escritor comprometido») y Raquel Fernández Cobo («Ricardo Piglia y su ejército invisible: tres maniobras para construir una literatura argentina revolucionaria»). Muy bien concebido y muy abarcador, creo que este libro clarifica los interrogantes que se plantean sus coordinadoras en torno a una problemática —responsabilidad frente a gratuidad—que afecta a gran parte de la literatura de los siglos XX y XXI.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, diciembre 16, 2025 0 comentarios
domingo, diciembre 07, 2025
La otra orilla
El pasado viernes 28 de noviembre acompañé a Beatriz Pulido Flores en la presentación de su libro La otra orilla (Badajoz, Fundación CB, 2025), una colección de textos en prosa sobre ruinas localizadas en Extremadura. No hubo mucha gente en el salón de actos de la Biblioteca Pública de Cáceres, que nuevamente acogía un acto literario de esta índole, en este caso, con poca asistencia, reducida a la familia y a algunos amigos. Una asistencia no sé si previsible para una persona nacida en Madrid, pero con una notable vinculación con Cáceres por ser nieta de Tomás Pulido y Pulido (1896-1978), a quien editó en 2022 en la colección Rescate de la Editora Regional de Extremadura: Beethoven (Sugestiones) Ensayo íntimo. Su amor por Extremadura y su historia es incuestionable, y La otra orilla es otra demostración de la vivencia de esta tierra por alguien que no vive en ella pero que tiene hondas raíces aquí. A todos los asistentes al acto del viernes se les entregó un ejemplar del libro presentado; y el gesto de generosidad implica un hecho que no es tan conveniente, pues ahí puede decirse que termina la distribución de un título editado sin ánimo de lucro y sin ni siquiera precio de venta al público. Confío en que pronto se agoten los ejemplares impresos y que se pueda hacer una segunda edición —por la Fundación Caja Badajoz o por otra entidad— con otras miras, pues merece la pena el texto y la idea —con muchas posibilidades para ser difundida como acompañamiento a un reportaje fotográfico de los lugares del libro a la manera de las revistas de gran difusión o con perfiles de divulgación turística. No es la intención de la escritura de La otra orilla, pero valdría. Porque la obra de Beatriz Pulido es algo más que un cuaderno de notas de viajera fascinada ante la contemplación de lugares históricos desamparados por el paso del tiempo y la mano del hombre. Es el testimonio de una experiencia casi de cronista. Desde el principio —desde el primer texto sin título que sirve de prólogo justificativo (págs. 9-12)— se aprecia la dimensión de periodista de Beatriz Pulido que entrevista a un ser vivo. Si no, cómo explicar que nos diga que hace diez años «viajaba por una vieja carretera que conduce de Olivenza a Elvas. […] En mitad de aquella angosta carretera, coronada por cigüeñales que reposaban en cada farola, a la derecha del camino (lo recuerdo como si fuera hoy) asomó como una aparición un puente rutilante y algo quejumbroso. Desde la calzada, juraría que escuché su lamento y su llamada. […] Jamás antes había escuchado el gimoteo de una piedra. Parecía como si le hubieran dado un bocado en mitad de su esqueleto y asomaba repleto de malas pintadas en sus costados. […] Me senté a su vera y dejé que fuera adquiriendo confianza. Poco a poco se abrió y me contó su historia. Lo único que hice fue dejar que se posara en mí.» (págs. 9-10). Estamos ante alguien que habla con las piedras, que incluso, al final, en un escenario como los Barruecos, en el momento del cierre de este libro conmovedor, nos dice: «Me vuelvo piedra y sangre y circulo bajo este suelo extremeño uniendo todos los mundos posibles, todos los tiempos, todas las ruinas.» (pág. 70). El mapa que dibujan los lugares visitados en el libro recorre toda la geografía extremeña, de norte (Hervás) a sur (Alconchel), de este (Puebla de Alcocer) a oeste (Ajuda o Zarza la Mayor). Invita el libro a recorrerlos, a tomar La otra orilla como una guía que nos lleve a esos parajes llenos de mágica desolación, que son: la Ermita de la Magdalena de Puebla de Alcocer (Badajoz), el Castillo de Portezuelo en Cáceres, el ya mencionado Puente Ajuda junto a Olivenza (Badajoz), el Jardín del Palacio Sotofermoso en Hervás (Cáceres), el Castillo de Peñafiel en Zarza la Mayor (Cáceres), el Pozo de la Iglesia de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres), la Torre de Rocafrida o Floripes en Garrovillas de Alconétar (Cáceres), Zamarrillas (Cáceres), el Castillo de Hornachos (Badajoz), el Convento de la Luz en Alconchel (Badajoz), Talavera la Vieja (Cáceres), la Ermita de la Encarnación en Arroyo de San Serván (Badajoz) y el yacimiento del Turuñuelo en Guareña (Badajoz). Sin duda, son puntos de interés, pero el principal del libro es su intención literaria, visible en los muchos ecos que se explicitan en los epígrafes que encabezan algunos de los textos (Bécquer —el Bécquer de las estampas sobre lugares, claro—, Bashô, los Salmos, Paul Elouard, y el Génesis), en otras menciones y citas como las de Luis Cernuda, Rainer Maria Rilke, José Ángel Buesa, Pablo Neruda, Vizma Belševika, Fernando Pessoa o Juan Ramón Jiménez, y también en la rica tradición de literatura sobre ruinas que resuena en estas páginas, con nombres como Garcilaso, Rodrigo Caro, Quevedo, Lope..., algunos de los cuales están, por ejemplo, en el trozo sobre el jardín renacentista —lo que fue Sotofermoso— titulado «Naturaleza contenida» (págs. 27-30). La otra orilla es un libro poético y reflexivo —«Toda ruina habla más del observador que de cualquier otra cosa» (pág. 54)— que trasmite una serenidad pareja a la que acompaña a su autora en unos enclaves que el lector querrá revisitar animado por la escritura de Beatriz Pulido.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, diciembre 07, 2025 0 comentarios
martes, noviembre 25, 2025
Ángel en un jardín cerrado
Es un recuerdo perenne el de Ángel Campos Pámpano (1957-2008), de cuya muerte se han cumplido hoy diecisiete años. La fecha alienta la conmemoración; pero hoy ha sido la poesía quien ha propiciado la evocación del amigo. Qué mejor modo. Ha sido la relectura —o lectura inducida— de un libro tan reciente como memorable: Jardín cerrado, de Carlos García Mera (Guadalajara, 1992). Publicado por Devenir hace un par de meses como Premio Internacional de Poesía «Miguel Hernández-Comunidad Valenciana», es un libro confirmativo de la calidad de una voz que se dio a conocer de tan natural modo en nuestro contexto como la colección de Poesía de la Editora Regional de Extremadura, con la publicación de El contorno del eco (2019) —le había precedido algo más que una plaquete, Acercanza, en 2014. Sin menospreciar los valores de Jardín cerrado —la exploración formal constante de todos los poemas y el magnífico cierre en cuatro poemas de lírico estoicismo (De vita beata) son esencias que justifican un análisis más demorado—, mi nueva inmersión en sus páginas ha sido para ver hoy —fecha señalada— a Ángel Campos Pámpano, a quien Carlos García Mera evoca en el cuarto poema de su libro, cuyos dos primeros versos, «Todavía si llamas / acudo a ti» (pág. 16), repite en homenaje los del primer poema —«La dignidad»— del gran libro La semilla en la nieve (2004). Se veía venir, podría decirse, pues el primer poema de Jardín cerrado menciona a la madre y el segundo trae «un lirio encendido en mitad de la nieve» (pág. 14), que al lector le llevan a la emocionante elegía de Campos Pámpano, que se revalida, insisto, en el poema mencionado, cuarto de la serie de García Mera. El homenaje explícito en este libro a compañeros de viaje del poeta de San Vicente de Alcántara como Álvaro Valverde y Basilio Sánchez —que apadrinan a García Mera con sendos textos en cuarta de cubierta— confirma cómo la poesía joven —y me repito— ha incorporado a su equipaje la tradición más cercana de la poesía escrita por autores extremeños que se convierten en maestros cercanos, en un rasgo destacado recientemente por Dionisio López en la fundamentada justificación de su antología Los últimos del Oeste (RIL editores- Ærea, 2025), en la que Carlos García Mera está entre los autores más jóvenes incluidos —con Francisco José Chamorro, y Sandra Benito. En Jardín cerrado, los ecos se entreveran menos explícitamente en otros poemas, y el de Ángel Campos resurge de forma inesperada en la segunda mitad del libro, en el poema que comienza «He aprendido del liquen», en cuyo segundo verso, «la paciencia antigua de su oficio», resuena «la costumbre / antigua de su oficio» de «Oficio de palabras», de Siquiera este refugio (1993). El recuerdo perenne del amigo se ha acentuado hoy gracias a la lectura del magnífico Jardín cerrado de Carlos García Mera. Gracias.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, noviembre 25, 2025 0 comentarios
martes, noviembre 18, 2025
Bibliografía de Bartolomé José Gallardo
Me cupo el honor, hace ya algo más de treinta años, de presentar la edición facsimilar que publicó la Unión de Bibliófilos Extremeños (UBEx) del imponente libro de Antonio Rodríguez-Moñino Don Bartolomé José Gallardo (1776-1852). Estudio bibliográfico, cuya primera edición databa de 1955. Fue en Badajoz, en las primeras Jornadas Bibliográficas que la UBEx comenzó a organizar bajo el nombre del insigne polígrafo de Campanario, y que, con ese título, publicado en 1994, afirmaba su función de rescatar en facsímil buena parte del más representativo patrimonio bibliográfico de Extremadura —aquel año también saldría el Ábito y Armadura Espiritual de Diego de Cabranes (1544), y el anterior, 1993, se había publicado el primer libro impreso aquí, en Coria en 1489, el Blasón General y Nobleza del Universo, de Pedro de Gracia Dei. Aquellas publicaciones de los primeros pasos de la UBEx fueron muy oportunas, y, además, identitarias, si vale así destacar su conformidad con los principios fundacionales de tan singular asociación que recogía en el artículo II de sus Estatutos la «valoración, exhibición, publicación y reedición facsimilar de otras antiguas, raras y agotadas que sea conveniente difundir por su especial contribución a los valores de tipo cultural de Extremadura». Pero no siempre pudo mantenerse un nivel tan alto en cantidad y calidad, y la UBEx pasó por un período intrincado en el que las dificultades económicas estuvieron a punto de dar al traste con la asociación, que logró mantenerse y conocer una etapa, la actual, en la que a su mando sigue Matilde Muro Castillo, y en la que se han publicado las que a mi parecer han sido unas ediciones que han devuelto a la UBEx a sus afanes de aquel comienzo ilusionado de los años noventa del pasado siglo. Estas dos publicaciones señeras han sido el tomo V del Ensayo de una biblioteca de libros raros y curiosos de Bartolomé José Gallardo (en edición de Ana Martínez Pereira. Badajoz, UBEx, Ayuntamiento de Campanario y Diputación Provincial de Badajoz, 2022) y la novedad más reciente, que se presentará dentro de dos días en Badajoz: Bartolomé José Gallardo: Bibliografía, de Alejandro Pérez Vidal (Unión de Bibliófilos Extremeños, 2025). Es, setenta años después de la publicación de aquel libro de don Antonio Rodríguez-Moñino que fue un hito en los trabajos vindicadores del gran bibliógrafo Gallardo, el más importante y actualizado estudio bibliográfico sobre el extremeño. Además, en el libro de Pérez Vidal hay transcripciones de dos poemas y un texto en prosa y de cinco manuscritos inéditos. El apéndice (págs. 235-371) tiene nada más y nada menos que ciento treinta y seis páginas. Es un trabajo monumental y riguroso, hecho por un excelente conocedor del período que va desde el último tercio del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Alejandro Pérez Vidal (Barcelona, 1953), que fue profesor de Literatura Española en la Universidad de Gerona y después traductor del Consejo de la Unión Europea en Bruselas, hizo su tesis doctoral sobre la obra satírica de Bartolomé José Gallardo, de la que derivó su libro Bartolomé José Gallardo. Sátira, pensamiento y política (Editora Regional de Extremadura, 1999). En ese sello de la Editora Regional apareció su «cuaderno popular», de carácter más divulgativo, Bartolomé José Gallardo. Perfil literario y biográfico (2001). Como uno de los más eminentes especialistas en la obra del de Campanario, colaboró con su trabajo «Materiales para los estudios gallardianos: epistolario y cabos sueltos» en el volumen La razón polémica. Estudios sobre Bartolomé José Gallardo, coordinado por Beatriz Sánchez Hita y Daniel Muñoz Sempere, que publicó la Fundación Municipal de Cultura de Cádiz en 2004; y fue el responsable de la redacción de la biografía de Gallardo en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, de 2009. Ha estudiado igualmente la obra de Mariano José de Larra, que editó en Fígaro. Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres, en la colección Biblioteca Clásica de Editorial Crítica en 1997, actualizada en la misma colección en la Real Academia Española en 2016. Su magnífica obra Bartolomé José Gallardo: Bibliografía (UBEx, 2025) se presentará este jueves 20 de noviembre, a las 19:30 horas, en la sede de la Unión de Bibliófilos Extremeños en Badajoz (C/ Encarnación, 3).
Publicado por Miguel A. Lama en martes, noviembre 18, 2025 0 comentarios
domingo, noviembre 16, 2025
Caminar con Javier Morales
Escribe Javier Morales que «El cobijo que nos ofrecen los buenos libros, los imprescindibles, que siempre leo en papel, es como el de los árboles, nunca defraudan» (pág. 35). Esa experiencia placentera la he tenido con la lectura de lo nuevo de Javier Morales, este libro titulado Caminar con Gary Snyder y otros poetas (Almenara, Tundra Ediciones [Col. Paseos, 18], 2025), del que proviene la frase, que vincula la escritura y la lectura a la benignidad de la naturaleza. Esto es un principio vital en este escritor placentino cuyas obras de ensayo desde 2017 (El día que dejé de comer animales, y Las letras del bosque, de 2021, o el «panfleto ecoanimalista» La hamburguesa que devoró el mundo, de este año) y de narrativa (Monfragüe, de 2022, o los relatos de Escribir la tierra, de 2024) han venido reafirmando su convicción de que nuestro futuro está en una nueva forma de relación con la naturaleza, una relación respetuosa, sostenible, no prepotente. Este nuevo libro es una prueba más de esa militancia naturalista, en esta ocasión en clave de paseo literario y real, pues recorre la obra de autores como el escritor norteamericano, naturalista y beat, Gary Snyder, cuya preeminencia lleva al título de este ensayo que reivindica también un entorno natural como la sierra de Guadarrama y el perderse en sus montañas y bosques. Morales vuelve a citar la sentencia de Snyder en La práctica de lo salvaje (Madrid, Varasek Ediciones, 2016): «los libros son nuestros abuelos» (pág. 36). La había recordado en su anterior libro ya citado La hamburguesa que devoró el mundo (Prólogo de Ruth Toledano y epílogo de Marta Tafalla. Madrid, Plaza y Valdés Editores, 2025, pág. 93), que incluía —al final y en letra pequeña, como para no pecar en exceso de insolente erudición— unas útiles notas con información bibliográfica sobre las obras aludidas en el texto. Esto lo echo en falta en Caminar con Gary Snyder y otros poetas, pues son muchas, como tal paseo literario, las alusiones a escritos de autoras —como Natalia Ginzburg, Mary Oliver, Robin Wall Kimmerer, Marta Tafalla, Maribel Orgaz, Grace Paley...— y autores — Yuval Noah Harari, Andrés Campos, Vicente Gallego, David Le Breton, Henry David Thoreau, Jorge Riechmann...— cuya localización precisa agradecería el lector interesado en estos temas. No es tanto problema para quien tenga La hamburguesa..., pues coinciden algunas referencias; pero no costaría nada añadir una lista al final y así dar más sentido a esa identificación entre el libro y la naturaleza que se exalta en estas páginas, a esa insistente voluntad de aprender a leer la naturaleza y ese «leo libros para entender la tierra que piso» (pág. 22). Por otro lado, la condición de Caminar con Gary Snyder como cuaderno de viaje a Cercedilla y su sierra en dos etapas («Otoño/Invierno» y «Primavera») me ha traído a la memoria a mi llorado amigo Antonio Sáenz de Miera (1935-2021), y aquel libro promovido por él de Aurrulaque (Madrid, Ediciones La Librería, 2017), que conmemoraba los treinta y cuatro años de marchas por la sierra que tomaron ese nombre de «resonancias euskéricas» y que siguen convocándose. Aquel libro fue testimonio y crónica de una devoción que logró la declaración de la Sierra de Guadarrama como Parque Natural en 2013, y lo firmaron, además de Antonio Sáenz de Miera, Antonio Guerrero, Álvaro Bermejo, Julio Vías y Eduardo Martínez de Pisón. Gracias a ellos, y ahora a Javier Morales y su Caminar por bosques y poetas, comparto el amor y la comprensión de un espacio natural en el gozoso ritual de la lectura.
Publicado por Miguel A. Lama en domingo, noviembre 16, 2025 0 comentarios
martes, noviembre 11, 2025
Vida y milagros de Antonio Gómez
«Poéticas indisciplinadas» es el título de la conferencia de Antonio Gómez programada este jueves por el Museo Vostell Malpartida. Una nota de difusión del acto dice que la «charla —parece que el término tiene un carácter más informal y menos solemne que el de conferencia— explorará la historia de las revistas ensambladas en España y utilizará la propia obra de Antonio Gómez para exponer similitudes y diferencias entre poesía visual, poesía-objeto y poesía performativa». Sin lugar a dudas, será un privilegio contar con el testimonio de primera mano de quien ha sido protagonista de una forma de difusión artística alternativa como las publicaciones colectivas que se conocen como revistas ensambladas —«museos transportables» se denominan en algún sitio— , pues Antonio Gómez no solo fue el promotor de revistas como Píntalo de verde o la Caja de truenos, ambas iniciadas en 1994, la primera de carácter gráfico y la segunda de carácter objetual, sino que posee una de las mejores colecciones de estas creaciones, por copiosa y por internacional, que existen en España. Será este jueves 13 de noviembre, a las 19:00 horas, en el Museo Vostell Malpartida de Malpartida de Cáceres. La noticia de este acto me llegó poco después de recibir un ejemplar dedicado del último libro de Antonio Gómez, publicado en la treintañera colección de cuadernos poéticos Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de agosto de Logroño como número 276: Vida y milagros, con un prólogo («Mix-Álitos») de Antonio Orihuela. El libro es el resultado de una nueva manipulación del artista extremeño de Cuenca a partir de unos materiales que se reúnen o juntan, en una suerte de reconversión que deriva en subversión dada la naturaleza del objeto encontrado que sirve de origen. En este caso, l'objet trouvé es un antiguo libro de Primera Comunión de 12 x 7 cm. cuyas páginas sirven de base para los collages de Vida y milagros. Me aventuro a suponer que el libro es El Consejero de la Primera Comunión. Obrita compuesta y arreglada con sencillez y claridad para uso de los niños y niñas que se preparan para hacer la Primera Comunión. Por un devoto mariano. Tours (Francia), Imprenta y Librería A. Mame é Hijos, s.f., una edición personalizable con las «Épocas notables de la vida» —nacimiento, bautismo, confirmación y primera comunión— que circuló desde principios del siglo XX en España, hasta los años setenta. Sobre 65 hojas sueltas de ese librino de 208 páginas, Antonio Gómez ha pegado recortes muy variados de papel provenientes del otro fondo material base de su obra: revistas ilustradas y otras publicaciones diversas. Salvo en el caso del «Índice» final, que lleva la huella dactilar entintada en azul del autor. Esta estampa cierra un conjunto abierto con una intencionada primera página que deja ver en el recordatorio del niño que recibe a Jesús Sacramentado la fecha de 1951, el año de nacimiento de Antonio Gómez. Vida y milagros, creado durante el confinamiento de 2020 con los materiales disponibles sin salir de casa, emparenta con la numerosa obra de Gómez relacionada con lo religioso o sacro, o que se apoya en las connotaciones de sus elementos representativos, y que traté en «Antonio Gómez, devoción por la imagen», un texto publicado en la revista Ars Sacra (núms. 26-27, 2023, págs. 135-136). En el prólogo de Vida y milagros, Antonio Orihuela destaca cómo Gómez descontextualiza un libro religioso y clausura «su lectura con nuevos materiales destinados a subvertir los valores instituidos, llevando a cabo una crítica demoledora contra los fetiches católicos y contra su discurso ideológico» (págs. 6-7). Así, sobre el soporte de las páginas de El Consejero de la Primera Comunión, gracias a un minucioso y paciente trabajo manual que desoye la facilidad que nos ofrecen las herramientas digitales, se posan multitud de pedacitos de un mundo también de papel, gráfico y no textual, que remiten a muy diversos campos de significación: la sociedad moderna, la enseñanza religiosa, la mercantilización de lo espiritual, la monarquía, la prensa, la infancia, el mundo animal, la muerte, la imagen de Federico García Lorca, la naturaleza, la música, la represión...; todo un mosaico de vida y de milagros leído desde la imaginación y la contestación crítica de un poeta plural.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, noviembre 11, 2025 0 comentarios
martes, noviembre 04, 2025
Sirat y el folio y medio
No hace mucho vi Sirat, la película de Oliver Laxe de la que se ha dicho que es impactante. Me impactó para bien. Para mal, la lectura de algunas opiniones sobre ella. Puedo entender que la observación final de una de las críticas que leí fuese «me pareció y me sigue pareciendo horrenda y cruel, y nunca más querría volver a verla», o incluso un juicio como «una tortura cinematográfica con los recursos más arteros»; pero ni comparto ni comprendo por injustos e irrazonables comentarios como: «Esto es lo que pasa cuando hombres vacíos intentan hacer cine, cultura en general, que queda un relato vacío», o que se trata de una película «sin sentido, vacía, sin dirección, sin mensaje, sin espiritualidad» con diálogos «ausentes, forzados […] con pretensiones de simbolismo que solo estropean la escena», a lo que se añadía una trama sin estructura e inverosímil. No puede ser que se diga eso del complejo artístico que supone toda película seria y honesta, como es, sin duda, Sirat, de este director cuya filmografía ha sido reconocida con premios reputados, como el del jurado de Cannes por esta obra. No pretendo destripar nada de una película que, más que otras, contiene un hecho sorprendente, un sobresalto; pero si alguien que no haya visto el filme no quiere seguir leyendo este comentario por si le induce a alguna revelación sería recomendable que lo dejase aquí. La negatividad y el carácter destructivo —y ofensivo— de algunos de los juicios que he podido leer sobre la película de Laxe me llevan a pensar en que quienes se expresan así lo hacen afectados por ese elemento de la historia que resulta sorprendente, inesperado, y que con su reacción están pidiendo al cine algo que no es. El cine no es solo una historia. Una sorprendente crueldad sin aparente justificación no puede ser utilizada como un argumento para acusar a una película de absurda, sin guion. Es lo posible, y a lo posible, por absurdo e innecesario que sea, no se le puede poner ese reparo. Siempre he defendido este reflejo de lo real absurdo e incómodo en el cine; frente a la lícita defensa de que uno no va al cine a pasarlo mal. (Así creo que rezaba una crónica que leí en El País sobre los ecos de la cinta tras su estreno). No es una película vacía, tiene argumento, los diálogos no estropean nada, y propone un mensaje que uno puede contextualizar en un marco apocalíptico en el que se sitúan unos personajes que proceden de otro medio —los europeos en la rave que se ubica en Marruecos y que se desplaza hacia el sur, hacia Mauritania—, desclasados o desnortados, tullidos, que finalmente compartirán con los autóctonos la huida o un camino distinto, que se abre hacia algún otro sitio, o ninguno. No pretendo hacer una reseña de la película, que me ha interesado mucho, está bien hecha y bien interpretada, desde Sergi López, destacado, hasta actrices desconocidas para mí como Jane Oukid o una espléndida Stefania Gadda; solo quiero manifestar la gran injusticia que es descalificar el trabajo de un director y de un amplio equipo de personas en folio y medio, que es esa medida en la que hace ya muchos años Muñoz Molina, hablando de crítica literaria, envasó la saña olímpica de un lector —o espectador— que despelleja y desdeña en ese espacio un esfuerzo de años.
Publicado por Miguel A. Lama en martes, noviembre 04, 2025 0 comentarios
sábado, noviembre 01, 2025
Los que vuelven
En estas fechas, la de hoy y la de mañana, me acuerdo de la expresión grotesca que Valle-Inclán nos dejó de un cementerio en Las galas del difunto, el esperpento en el que Juanito Ventolera suelta una opinión sobre la guerra que suelo recordar cuando suenan las bombas en el mundo o cuando Trump riñe al Gobierno español por no incrementar el gasto militar: «Allí solamente se busca el gasto de municiones. Es una cochina vergüenza aquella guerra. El soldado, si supiese su obligación y no fuese un paria, debería tirar sobre sus jefes». No es la primera vez que la transcribo aquí. Pero hoy recupero más a propósito una lectura que ya anuncié: la antología ilustrada Los que vuelven (Valladolid, Editorial Deméter, 2025), con dibujos de la artista vallisoletana Lucía Vázquez de Prada. Son relatos mortuorios breves de autores y autoras del XIX como Pedro Escamilla, Emilia Pardo Bazán, Enrique Fernández Iturralde, Guillermo Forteza y Carmen de Burgos, más una sección final con textos aparecidos en la prensa desde 1789 hasta 1866 sobre la preocupación de enterrar cuerpos aún vivos. El Periódico para Todos, El Imparcial, Los Sucesos o La América son algunas de las publicaciones que acogieron unos relatos que afrontaban, con negra ironía o con fantástica moralización, el delicado asunto de la muerte. Así, en el del prolífico Escamilla —«La catalepsia»— o el del juicioso y ocurrente mallorquín Guillermo Forteza —«Al través de un diamante»—. De Pardo Bazán se recogen dos cuentos, y creo que son más conocidos. De hecho, uno de ellos, «La resucitada», sigue siendo reeditado, como recientemente, este año, en el Colegio de México (La resucitada y otros cuentos de irrealidad, en edición de Claudia Cabrera Espinosa). El texto más próximo cronológicamente, el de Carmen de Burgos, La mujer fría, fue publicado en 1922 en la «revista frívola» Flirt, es también el más largo de la antología —incluido también en esa misma fecha en la colección «La novela corta»—, y es, en mi opinión, el más alejado de lo puramente tétrico y fantástico, que se ve superado por una profundidad en el dibujo de la figura de la mujer que resulta fascinante por su decadentismo y, casi, su superrealismo. Frente a quienes gustan de acompañar estos días de Todos los Santos y de Difuntos de sofisticadas ambientaciones, propongo naturalizarse con la lectura de estos relatos de cadáveres más aparentes que reales. ¿O es al revés?
Publicado por Miguel A. Lama en sábado, noviembre 01, 2025 2 comentarios
miércoles, octubre 29, 2025
Haroldo Conti
Hace pocos días en una librería de Madrid me hice por siete euros con la segunda edición —quizá mera reimpresión, al mes de la primera— de En vida, la novela de Haroldo Conti que ganó el Premio Barral de 1971. Se me presentaron a la vista del ejemplar la circunstancia de que se ha cumplido este año el centenario del nacimiento de este escritor argentino y el hecho de que sigue siendo uno de los desaparecidos de la dictatura militar. También que este título no estaba entre los que busqué a finales de los ochenta en la biblioteca de la Facultad, y que sigue sin estar (tampoco en el fondo de Zamora Vicente, tan nutrido de literatura iberoamericana). Anoto, sin más, este recuerdo a Conti. Y, por cierto, el número de este mes de la Revista de Occidente (núm. 533, octubre 2025) publica el texto del discurso —«Escritura y exilio»— de Sergio Ramírez en el acto de graduación del Instituto Universitario Ortega-Marañón en Madrid el 6 de junio de 2024, en el que el escritor nicaragüense se incluye tristemente en la «larga tradición de quienes pagan un precio por sus palabras», y evoca nombres que habían padecido muerte, desaparición, cárcel o destierro, entre los que estaban «Haroldo Conti, secuestrado y desaparecido a manos de la dictadura del general Videla en Argentina en 1976; y Rodolfo Walsh, asesinado en Buenos Aires en 1977 por la misma dictadura» (pág. 247). Allí existe un Centro Cultural de Memoria que lleva el nombre de Haroldo Conti, que es un espacio de difusión y promoción de la cultura, la educación y los derechos humanos, ubicado en el edificio de la antigua y siniestra Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). En su página web se puede leer el legajo núm. 77 de la desaparición del escritor: «El día 4 de mayo de 1976 fue aprehendido cuando retornaba a su domicilio de Capital Federal a medianoche, junto a su compañera Marta Beatriz Scavac Bonavetti y el bebé de ambos. Allí tenía que aguardarlos un amigo. Al arribar a la vivienda, el amigo se encontraba ya maniatado, había un grupo de individuos vestidos de civil, quienes golpearon brutalmente a la pareja y la encerraron allí mismo, mientras se peleaban por el reparto del «botín»: los sueldos de ambos, percibidos esa mañana, efectos patrimoniales de toda naturaleza, etc., dejando escasamente los muebles de gran tamaño. Robaron los originales de todas las obras de Conti, y documentación personal». Estaba a punto de cumplir cincuenta y un años.
Publicado por Miguel A. Lama en miércoles, octubre 29, 2025 0 comentarios

















.gif)

