domingo, agosto 29, 2021

Giros narrativos (y IV)

De las dos circunstancias que cambiaron el curso de mi trama de agosto, la de limpiar el polvo merece este capítulo aparte. Aunque I viene a casa una vez por semana y pasa el trapo como la que va de puntillas y tiene prisa; a horas, y sin afán recriminatorio, me entretengo en desempolvar los libros. Según la zona, puede ocurrir que la tarea derive en la reubicación de unos cuantos volúmenes que no habían quedado debidamente ordenados alfabéticamente por los apellidos de sus autores en un sector del pasillo que acoge lo más misceláneo y esquivo. Y puede pasar que me pare y ponga el ojo en uno que no abría después de mucho, con el que me reencuentre y me agrade la gracia de volver a él después de muchos años. Es una suerte de desprendimiento de rutina. Anoté algo así hace tiempo y me propuse hilar un texto como una taracea de lo leído en páginas que rodean la vida cotidiana de quien pone un poco en orden la casa o se entretiene limpiando las estanterías. En este caso, no un estante ni dos, sino varias habitaciones. Así que tenía la trenza alquitranada, como escribe Stevenson sobre su personaje masculino en La isla del tesoro, y antes de que pudiera alcanzarlo, saltó por la ventana y lo vio alejarse a todo correr por entre los olivos, como en el cuento de Alejo Carpentier, «Semejante a la noche» referido a un personaje femenino. Nuestros encuentros habían sido eso, y tantas cosas oscuras como el fósforo, de Rayuela (capítulo 1), «caer de continuo en las excepciones, verse metida en casillas que no eran las de la gente, y esto sin despreciar a nadie, sin creernos Maldorores en liquidación ni Melmoths privilegiadamente errantes». O esos momentos de amor de los «ojos míos claros, mis cabellos de miel» de Se está haciendo cada vez más tarde de Tabucchi, tan distintos al trato amoroso de los personajes de Insolación, de Emilia Pardo Bazán, con su cortedad debida, que uno de ellos podría ser la cuarentona rubia de chispeantes ojos azules, de natural expansiva y que atiende por la señora Mir en la novela Caligrafía de los sueños de Juan Marsé, en donde hay un atisbo remoto de un tranvía que también está de modo distinto en El amor molesto, de Elena Ferrante, con un recuerdo, y unos cristales de aquellas ventanillas que vibraban en los marcos de madera, y vibraba «también el pavimento y comunicaba al cuerpo un agradable temblor que yo dejaba extenderse a los dientes, aflojando apenas las mandíbulas para sentir cómo temblaba una hilera contra la otra». Todo se mezcló en la tarea doméstica de un domingo de asueto, trapo en mano, como el que da un garbeo por el universo, que es la biblioteca. Lo que debería hacer todas las semanas I. Besos. 

martes, agosto 24, 2021

Genoma B

En cuanto tenga la oportunidad, me gustaría volver a ver —y en mejores condiciones— tan excepcional espectáculo de la compañía extremeña de Cuacos de Yuste «Albadulake», de circo contemporáneo, nuevas dramaturgias y flamenco escénico, como se definen; y que ya vino al Gran Teatro de Cáceres en noviembre de 2019. Me lo perdí entonces. Este pasado sábado 21 vi de pie, y esquinado, Genoma B, una brillante y libre lectura de La casa de Bernarda Alba dirigida por la bailaora Ángeles Vázquez y el malabarista Antonio Moreno. Me avisó mi antigua vecina y teatrera F. el otro día, que este sábado, en el Foro de los Balbos, entre las actividades que promueve el Ayuntamiento de Cáceres para las noches de su agosto con Circo de Calle, y dentro de la programación de CácerES Cultura, iban a representar esa obra con entrada libre hasta completar aforo. Había quedado con una pareja amiga, A. y R., para dar un paseo después de cenar, y, afortunadamente, pospusimos el paseo porque nos quedamos a ver el espectáculo desde la balaustrada de la portada del Ayuntamiento. Lo vimos como los curiosos sin silla que hacen lo que pueden; pero aplaudimos hasta el final cuando ya se acabaron los saludos y la ardorosa A., que siempre se exalta con lo que le apasiona, se asomó al barandal para proferir vítores entusiastas a las actrices que ya estaban felicitándose entre cajas, y agradecidas por ver a una espectadora desgañitándose para bajar al ruedo y sacar a hombros a la que quisiese dejarse. Qué bien. Qué maravilloso espectáculo de malabares, de expresión dramática, de danza, de baile y de cante a costa del inmortal drama de Lorca. Y eso que supongo que tan sofisticado y complejo montaje tuvo que hacerse con las variaciones que impone el aire libre; pero el resultado fue magistral y encendido en una noche especial. Resulta admirable que se muestre un texto teatral de Lorca casi sin pronunciar ni una sola de sus palabras, y que, sin embargo, se identifique tanto con su duende infinito. Todo se basa en la utilización de un montón de recursos imaginativos, inteligentes y de ingenio. Un ataúd y un guitarrista que representan mucho, unos miriñaques que también, unos huevos bien movidos, como el robot teledirigido que hace de una Bernarda omnipresente, unos bailes bien ejecutados, acrobáticos a veces, todo un conjunto de propuestas escénicas que hace de este espectáculo algo muy diferente. Supongo que la B del título es la de Bernarda y que los genes están en Angustias (39 años), Magdalena (30), Amelia (27), Martirio (24) y Adela (20), de este «drama de mujeres en los pueblos de España», cuyo elenco, que tomo de la información publicada, no sé si fue el de la otra noche: Sandra Carrasco (malabarismo, hula-hoop), Noemi Martínez (flamenco y performance), Vivian Friedrich (rueda cyr, cuerda suave y baile), Ana Esteban (equilibrio, baile y voz), e Irene Acereda (percusión flamenca, baile flamenco y voces). En cualquier caso, todas estupendas. Por eso, la lástima de no haberlo visto bien y la necesidad improrrogable de volver a verlo. Una hermosura.

sábado, agosto 21, 2021

Giros narrativos (III)

En la segunda categoría de libros no leídos que esperan y están aún sin colocar, aunque ya fuera del escritorio, hay muchos títulos. Entre los que más posibilidades tienen de ser acometidos pronto está la novela de Benito Estrella Valdargar. Memoria del desarraigo (Editorial Sonora, 2020), con el subtítulo de la segunda edición sobre la que obtuvo el VI Premio a la Creación Literaria La Serena en 2007, Valdargar. Tragicomedia del desarraigo (CEDER-La Serena, 2007). Ya llego tarde, sí. Pendientes también Tomás Nevinson (Alfaguara, 2021), de Javier Marías, y de Luisa Carnés, Natacha (Espuela de Plata, 2019), en edición de Antonio Plaza Plaza; y compré esta semana Incendio mineral (Vaso Roto, 2021), el último libro de poesía de María Ángeles Pérez López. En el epílogo que escribe para él Julieta Valero esta se pregunta por una imagen totalizadora de la poesía de Pérez López, y se acerca a una poética de la conjugación —en los demás, sean personas, lugares, sucesos…—, y me he sentido identificado por preguntarme también durante mucho tiempo y nuevamente, una imagen totalizadora de la poesía de quien estoy escribiendo, José Antonio Zambrano. Por ahora se me ha ocurrido un motivo: «Aspirar a un poema». Sigo ahí. Por volver a insistir un poquito más en lo leído, qué libro de poemas tan sano y tan recomendable, y dedicado, acabo de colocar: pedal(e)ar (Elsa Lopes. Oficina da Língua Portuguesa), de Luis Leal; y otro de prosas, recibido en febrero, me muestra este afán por acumular y empaparse del almacén. La Trilogía 59 (Ediciones del Ambroz, 2020), de Jonás Sánchez Pedrero, tiene casi quinientas páginas y recoge, en reedición más divulgada y conjunta, con tres prólogos de Víctor Chamorro, José Camello y Alfredo Ramos, cincuenta y nueve personalísimas —como tiene que ser la crítica experta— notas de lectura de libros, de películas vistas y de canciones escuchadas. La «Introducción» a sus 59 x 3 mentiras es muy verdadera. Ordenado el escritorio, más libre de libros que hacía unos días, solo me queda seguir limpiando el polvo a los estantes.

viernes, agosto 20, 2021

Giros narrativos (II)

Entre ellos, y sigo en la primera categoría de tan particular expurgo, está este libro de relatos titulado El fin del mundo (Sevilla, Ediciones Espuela de Plata, 2019), de Javier Prieto de Paula. Debió de llegarme, enviado por su autor —está dedicado a mí «con la ilusión de que alguno de estos cuentos pueda gustarle»— a finales de 2019, y desde aquel entonces lo he tenido a la vista entre los libros pendientes de correspondencia. No conozco a su autor (Salamanca, 1980), abogado y profesor de Derecho en Barcelona, según se lee en la primera solapa, y al parecer vinculado a Villena (Alicante), en donde ubico al Prieto de Paula que conozco, el poeta, crítico y catedrático de literatura de la Universidad de Alicante, Ángel Luis. Esto explica que conociese mi dirección para enviarme su libro y es la clave —tras comprobación de amigo— de la dedicatoria impresa: «A mi padre». Sin que sirva de comparación con los títulos que cito y seguiré citando en esta serie, en este caso, al tomar el volumen con la intención de trasladarlo, me senté y le dediqué el tiempo que no hallé en tantos meses. Un tiempo bien aprovechado en un libro de relatos —nueve, en ciento cincuenta páginas— que comunican un mundo que si no se acaba es gracias a que alguien lo ha contado, a pedacitos de vida cotidiana, con más que solvente estilo y con un humor tan necesario como la ironía que lo explica. Gusta que los libros de relatos, a pesar de la autonomía de estos, tengan una lógica en su ordenación, tengan una puerta de entrada («Dos pesetas») y otra de salida («Lady Colinwood y el fin del mundo»), que en este caso se corona con el título general de todo el volumen, y tracen así una especie de itinerario, de recorrido en el que el lector se ve acompañado por personajes, escenarios y tiempos diferentes, de los más remotos hasta los más recientes. Un paseo apacible. Otro libro que ha ocupado su estante en el orden alfabético del apellido de su autor es La metáfora del mirlo (Editores descabezados menoslobos & Eolas, 2020), de Pedro Ojeda, y que mencioné cuando lo recibí en octubre del año pasado. Son muchas las afinidades con Pedro, rotundos los intereses compartidos en lo profesional y en lo literario, y también coincidimos cuando nos sumamos a esa especie de necesidad de contar por escrito un largo y terrible confinamiento, como otras personas que por aquellos días publicaron sus textos. Jordi Doce, Elías Moro, José María Jurado, Asunción Escribano, Isabel Sánchez o Pedro Ojeda, que en este libro reescribe y amplía lo que recogió en su blog durante el encierro, de tal manera que bajo la apariencia de un diario estricto, desde el jueves 12 de marzo de 2020 hasta el lunes 25 de mayo de 2020, es decir, setenta y cinco días, el conjunto queda atomizado en un total de 263 textos de muy variada extensión —dos, tres o cinco páginas el más largo, hasta una línea el más corto— en donde hay poemas propios y ajenos, reflexiones sobre el tiempo, alusiones a la situación de un estado de alarma que leídas ahora siguen siendo inquietantes a pesar de todo («Los datos mejoran día a día, el virus remite», 185. 4 de mayo), confidencias, meditaciones, notas de paisaje —el de la salmantina Sierra de Béjar— o apuntes de lecturas.

jueves, agosto 19, 2021

Giros narrativos (I)

Dos circunstancias han cambiado el curso de la trama narrativa de estos días de agosto: reordenar el escritorio y limpiar el polvo de unos estantes. Por salud mental, una mañana apilé en la mesa del salón, en montones diferentes que respetaban su colocación anterior, todos los libros que ocupaban mi escritorio —conté cincuenta y uno. Estaba decidido a realizar una especie de expurgo en tres categorías: 1ª. Libros leídos sobre los que, por falta de tiempo o de ganas, no he escrito; aunque han estado ahí durante meses por esa posibilidad. 2ª. Libros no leídos, y solo hojeados que encontrarán su ubicación a la espera de retomarlos. 3ª. Libros que sigo necesitando a la mano y que volverán a esta mesa menos concurrida y solo con lo inminente, con trabajos aún en fárfara —unas reseñas de encargo y las páginas que todavía debo sobre la poesía de José Antonio Zambrano, cuyas obras siguen por aquí— o con novedades sobre las que espero encontrar el momento para escribir. De 1ª he colocado libros de poemas que habrían merecido un comentario, sin duda, por lo mucho que me sugirieron. Así, Poética del desamparo, de Juan Carlos Pajares (Eolas Ediciones, 2016), Teorema de los lugares raros, de Ángel Minaya o Música, de Pablo Martín Coble, ambos publicados en la colección de poesía de El sastre de Apollinaire en 2017 y 2021, respectivamente. Volveré a la casa poética de Julio César Galán que es su antología Con permiso del olvido (Pre-Textos, 2021) y a uno de sus heterónimos más celebrativos, el Pablo Gaudet de ¿Una extraña orquídea o un superviento estelar? (Bala Perdida Editorial, 2021). También a las variaciones poéticas del vacío insoportable del poemario en verso y prosa de Eduardo Moga Tú no morirás (Pre-Textos, 2021), que leí después de los ejercicios métricos de Rodrigo Olay en Vieja escuela (Rialp, Adonais, 2021), extendidos, por decir algo, en su preciso y brillante estudio sobre El endecasílabo blanco: la apuesta por la renovación poética de G. M. Jovellanos (Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, 2020), que, por estar en la 3ª categoría, sigue aquí conmigo. He colocado agradecido libros que retratan a Ezequías Blanco: los poemas hospitalarios de Tierra de luz blanda (Los Libros del Mississippi, 2020), la edición crítica de los Diálogos de amor de León Hebreo (Diputación de Salamanca, 2019) que incluye un proemio de Carlos Clementson en el que sostiene que el Duque de Rivas se inspiró en el Inca Garcilaso de la Vega para el protagonista de su Don Álvaro o la fuerza del sino; y la novela «histriónica» Nuevas nuevas sobre Colón (Luceat Ediciones, 2020). Lecturas agradecidas también de La piel dulce (Sial Pigmalión, 2021), de Luciano García Lorenzo, o de los poemas más tempranos de María Antonia Ortega en La hebra larga. La luz es una ciega desnuda (Turpin Editores, 2021), segunda entrega de «Alondra» de José Manuel Martín (Gráficas Almeida), la colección que reseñé aquí. También hay otros libros en prosa… 

miércoles, agosto 18, 2021

Xenoficción

Siempre me han interesado los trabajos escultóricos de mi paisano Juan Gila (Zafra, 1964), que expone, con las fotografías de Emiliana Pérez (Hervás, 1965), todavía este mes de agosto en la Sala de Arte El Brocense. He empezado por Juan por cercanía; pero Xenoficción es un proyecto común de ambos artistas. Esta mañana, al volver de la compra, he estado yo solo recorriendo las dos plantas de la sala y he comprobado que las dos propuestas —las fotografías impresas y las arcillas de cabezas y otras figuras— no solo dialogan sobre una reflexión en torno a la visión y el trato que tenemos sobre animales que nos sirven para experimentar, y otras cuestiones relativas a una bioética que comprendo pero de la que no sé nada. No solo dialogan, sino que se funden en las piezas de Juan que se muestran en las fotografías de Emiliana, y en cómo ambos se retratan para integrarse en un relato que culmina en un final inquietante. Para mí lo ha sido encontrarme con la figura de una niña actriz de un metro y treinta y cinco centímetros que me observaba en la oscuridad mientras yo veía la videoinstalación que corona esta exposición muy recomendable. Y tan a la mano de tantos de los que pasan sin entrar por la acera más cercana y concurrida que conozco a una sala de arte.

lunes, agosto 16, 2021

Notas de un viaje

No es la primera vez que extraigo del cuaderno que me ha acompañado en un viaje algunos de sus apuntes, por componer un relato parcial de algo que, en momentos de exaltación, pueda parecerme publicable. La diferencia es grande entre las apuntaciones al instante, casi a mano alzada, y esta escritura reposada, concluido el viaje, deshecha la maleta y lavada y tendida la ropa. A veces, es el mismo cuaderno el que se convierte en falso diario de viajero por la escritura en borrador de impresiones posteriores a la experiencia de la salida. Impresiones sueltas y lugares vistos en una larga leyenda, sin croquis ni mapas, que me gusta conservar como memoria exenta para el día de mañana. La relación podría extenderse con notas numeradas, como nuevas apuntaciones u otras entradas del blog que iluminasen o explicasen la mera vacuidad de un nombre o una alusión sin la chicha de lo vivido. Así sería la transcripción de un recorrido de casi dos mil kilómetros: Helena Almeida, Dois Espaços. Cáceres. Museo Helga de Alvear. También Goya. Caprichos. Zamora. Urueña (1). Tiedra. Burgos. Yacimiento de Atapuerca. Santa María la Real de Huelgas. Titivillus (2). Catedral. Previa consulta, recomendación de Pedro Ojeda: comimos muy bien en La Favorita (Burgos). Merindad de Valdivielso. Un valle imponente. Condado de Valdivielso. Una casa de afectuosa acogida. Para quedarse a vivir. Villarcayo. Medina de Pomar. Valdenoceda. Iglesia de San Pedro de Tejada (s. XII). Quintana —el pan de Antonio. Medina de Pomar. Tokio 2020 (3). Esculturas de Carlos Armiño. Paseos a las siete y media de la mañana a la orilla del Ebro. Las pruebas de imprenta de la edición del Corpus de Pseudo Sisberto de Toledo. Tartalés de los Montes. Toba. Carretera de Oña a Salvatierra, camino de Pamplona. Pamplona. Recuerdos de julio de 2004. Un rincón apacible, Narbarte, junto al río Bidasoa. Cuatro apellidos vascos: Gurbindo, Zabalza, Recalde y Goñi, y sus lugares de origen. Sorauren (María Gurbindo, nuestra tatarabuela). Laviano (Felipa Ramona Zabalza, bisabuela). Osteriz (Micaela Recalde, cuarta abuela). Galar (el tatarabuelo José Zabalza). Ventajas de tener en la familia un hermano genealogista. Valle de Baztán y Elizondo. Librería Ménades en la calle San Gregorio de Pamplona. Un Felipe Trigo erótico de Libros de la Ballena. Librería Re-Read, en la calle Zapatería. A tres euros el libro. Primera edición de Señas de identidad, la de Joaquín Mortiz. Lectura de Los días del abandono, de Elena Ferrante. Monasterio de Iratxe. Estella. Puente la Reina. Santa María de Eunate después de diecisiete años. Paseo a las siete y media de la mañana por la Ciudadela de Pamplona antes de bajar a casa. Cáceres. Casi cuarenta grados. 

Notas: (1) Urueña. Hacía mucho tiempo que me apetecía incorporar una foto tan alusiva tomada in situ a este blog con libros. Amurallada y pequeña, Urueña tiene más librerías que bares. No hace falta que las guías lo repitan, pues entramos en casi todas las que estaban abiertas el miércoles 4 y compramos algunos libros; pero tuvimos que irnos a cenar a Tiedra, a unos quince kilómetros, que tiene un castillo del siglo XII muy interesante por fuera y una terraza a sus pies en la que cenamos por diez euros —bebida aparte, que nos gravó catorce—, el mismo importe que una primera edición de 1932 que compré de las Resonancias del dombenitense Francisco Valdés. Joaquín Díaz, Miguel Delibes y Luis Delgado son los tres nombres principales con los que uno puede reencontrarse en este lugar con encanto que tiene muy próxima, en el valle, la única construcción románico-lombarda, propia del Pirineo oscense y catalán, que se conserva completa, la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada. (2) Titivillus. Tabla en las Huelgas, c. 1485, atribuida a Diego de la Cruz, que representa a la Virgen de la Misericordia a cuyos pies están los Reyes Católicos y la abadesa y las monjas de la congregación cisterciense; y sobre ella, dos diablos, uno de ellos cargado con un hatillo de libros que es una especie de duende de los copistas y escribas, a los que inducía a cometer errores. Gracias a esto, he leído un brillante trabajo de Joaquín Yarza sobre el diablo en los manuscritos monásticos medievales, publicado en la revista Codex Aquilarensis en 1994, en el que escribió que algunos textos «lo mencionan como un personajillo molesto que colabora a que se derrame la tinta sobre un códice, se olvide un copista de realizar algo que le corresponde y que moleste de mil maneras a cualquiera que pretende sestear en su trabajo cotidiano». (3) Con buen criterio, se han celebrado las Olimpiadas de 2020 en 2021, a pesar de todas las rarezas. Y de lo inusitado de que en un pueblito del Valle de Valdivielso se viviesen con tanta entrega nuestras medallas en karate de Sandra Sánchez y Damián Quintero por culpa de un fisioterapeuta olímpico relacionado con el Pseudo Sisberto de Toledo que necesitaría otra nota.

sábado, agosto 14, 2021

Memorial Badajoz 1936

Badajoz, 13. 32 grados a las once de la mañana. Palacio de Congresos «Manuel Rojas». Llegué con tiempo y confundí la cola de la vacuna con la muy hipotética del acto al que acudía, reducido a unos cuantos invitados y a los medios de prensa. Fue la inauguración del Memorial Badajoz, 1936, un homenaje a las víctimas de la matanza perpetrada en la antigua plaza de toros de la capital pacense en agosto de aquel año en el mismo lugar en el que ahora se halla el Palacio de Congresos. Cuando fue inaugurado el Palacio de Congresos «Manuel Rojas» hace quince años, en 2006, debió de celebrarse un gesto como el de la mañana de ayer, y no haberlo demorarlo hasta ahora. Seguimos llegando tarde a la restitución de la memoria histórica en comparación con otros países; y recibimos acontecimientos como el de ayer con la satisfacción siempre vigente de un reconocimiento. Permanecerá en la entrada de un centro social y cultural como el Palacio de Congresos de Badajoz un recuerdo de aquello, a partir de las recreaciones artísticas y de la investigación histórica de nombres como Francisco Espinosa —en su libro La columna de la muerte están referenciadas todas las víctimas que se muestran en un panel—, Mario Neves —por su histórica crónica de aquellos días—, Antonio Gómez —y sus Disparos de luz, inspirados en el hecho—, que motivó también la pieza musical de José Ignacio de la Peña estrenada en 2018, Justo Vila —por su novela Lunas de agosto (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 2006)—, Antonio Gamoneda y sus versos sobre la pintura de Juan Barjola (Mortal, 1936, de 1994) o Blanca Muñoz y la réplica de su escultura que recibe a todos los que se acercan a ese espacio de memoria. «Soy el primer periodista portugués que entra en Badajoz, tras la caída de la ciudad en poder de los rebeldes. Acabo de presenciar tal espectáculo de desolación y de pavor que tardará en borrarse de mis ojos», escribió Mario Neves el 15 de agosto de 1936, en su libro La matanza de Badajoz (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1986 y 2007). «Hoy, 14 de agosto de 2021, ochenta y cinco años después de la entrada de los sublevados en Badajoz, es una satisfacción —aunque sea tardía— ver en la prensa regional la noticia de que no olvidamos», escribe en su muro de Facebook mi hermano José María, una de las personas que más ha hecho para que lo de ayer sea un gesto real y perdurable.



lunes, agosto 02, 2021

Retratos a medida

Este libro me proporcionó no hace mucho una experiencia de lectura desconocida. Fue la primera vez, creo, que me encontraba en una portada un código QR que me permitió escuchar diez podcasts dramatizados de algunas de las entrevistas que se incluyen en este volumen: las de Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Benito Pérez Galdós, Pablo Picasso, Joaquín Sorolla, Santiago Ramón y Cajal, Victoria Kent, Margarita Xirgu y Pastora Imperio. Tan solo sobre diez de las que se recogen por primera vez en un libro realizadas a cincuenta y siete personalidades de la cultura, a periodistas, traductores, novelistas, poetas, dramaturgos, pintores, dibujantes, escultores, pedagogos, filósofos, científicos, filólogos, actores y actrices, cantantes… La responsable de esta recopilación de entrevistas es Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo, que ha recogido más de sesenta piezas del género de la interviú o «entrevistas de autor» que fueron publicadas en la prensa argentina entre 1907 y 1958, sin publicación en España hasta ahora, en esta edición de más de cuatrocientas páginas publicada el pasado marzo. Un libro así tiene un interés histórico indudable; pero también el atractivo de lo misceláneo y de las galerías, pues uno puede abandonar el orden de las partes distinguidas por el oficio de las personalidades entrevistadas y, dentro de ellas, el orden alfabético de sus personajes, para darse a la pura gana de picotear en un breve —lástima— retrato-entrevista de Gloria Laguna, Condesa de Requena, «ingenio castizo, mito literario y lesbianismo chic», al decir de un biógrafo reciente, que en la interviú de 1907 «fuma como un chulo del Rastro» y toma un mate amargo con el que fue retratada para la revista Caras y caretas de agosto de ese año en una fotografía que hoy puede verse en internet. O curiosear en las declaraciones de un Jacinto Benavente de 1914, de 1922, de 1936 y, finalmente, de 1951, en una extensa entrevista con Andrés Muñoz publicada en La Nación de Buenos Aires, en la que decía que no le llevaba más de dos o tres semanas escribir una comedia. O saltar de un pintor como Zuloaga a las conversaciones con Azorín publicadas al otro lado del charco. A la importancia de las más de cincuenta y cinco figuras que se entrevistan, se suma la de los autores de las interviús, como Juan José de Soiza Reilly, que fue todo un personaje. O los hermanos Andrés y Agustín Muñoz. De ellos habla la autora de la introducción de estos Retratos a medida. Entrevistas a personalidades de la cultura española (1907-1958). Edición e introducción de Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo. Madrid, Fundación Banco Santander, 2021. Soiza Reilly escribió de Unamuno en 1908 que era un apóstol, un sabio, y que la juventud de América de aquel tiempo lo odiaba, que sus libros sufrían la terrible inquisición del olvido, y que cuando fue a entrevistarle a Salamanca solo habló el maestro, el apóstol, el monologuista —nada de conversador, como decía Azorín, que es otro de los entrevistados aquí—; y en eso coincide el periodista con lo que le contó Pío Baroja en La Nación (noviembre de 1950) a uno de los hermanos Muñoz: «—Hablamos alguna vez, no muchas. Es decir, el que hablaba era él. Unamuno también era anterior al 98. Vivía en Salamanca y de tarde en tarde venía a Madrid. En uno de esos viajes tropecé con él. Me preguntó qué hacía los domingos y como le contesté que no hacía nada me citó en un café para conversar. Eso creía yo. Pero apenas nos sentamos tomó la palabra y dijo: “Le voy a leer a usted un episodio de una novela que acabo de terminar”. Y sin esperar mi asentimiento se puso a leer. Me leyó toda la novela, que se llamaba Amor y pedagogía. No hay derecho a citarle a uno para conversar y obligarle a escuchar tres horas de lectura. Cuando terminó me dije para mí: “Con este tío yo no voy a ningún lado”. Al salir del café nos encontramos con Valle-Inclán y, como no se conocían, yo los presenté. Los dos eran igualmente intolerantes y en seguida se pusieron a discutir. Íbamos los tres por la calle, ellos discutiendo a gritos y yo tratando de que no riñeran. Pero a los cien pasos me cansé de oírlos y los abandoné en una esquina, a punto de desafiarse». Estos Retratos a medida están llenos de caras y de caretas, y Caras y caretas fue el semanario argentino del que proviene más de la mitad de las entrevistas que se editan; pero también es un buen testimonio de la labor de esos periodistas que no se limitaron a preguntar y que hicieron esas «entrevistas de autor», como la de Juan José de Souza Reilly en marzo de 1929 a Gregorio Marañón, que preguntó a su entrevistador sobre qué quería que hablasen, si de medicina o de política… Y el reportero y locutor argentino le dijo: «—Hablemos del viento» (pág. 291).

domingo, agosto 01, 2021

Primer día de agosto

Hay meses que comienzan ya empezados, como in medias res, y te percatas de ello cuando ocurre algo crucial un lunes cinco de abril, pongamos por caso, sin reparar en que el año en curso había estrenado un nuevo mes hacía ya unos días. Sin embargo, agosto siempre empieza en su momento, es decir, por el principio, como las cosas que prometen; como cuando antiguamente poníamos en el carro de la máquina de escribir el primer folio de un trabajo de clase para teclear el título: «Baza de espadas, de Valle-Inclán». Ocurre también con enero, con el primer día del año, que conlleva los mismos tópicos de los ciclos. Ayer anoté parte de esto para dar importancia al día de hoy. Un día cualquiera, si no fuese por eso. Y no es la primera vez. Tan sencillo como, antes de pensar en vacaciones, tener la voluntad de comenzar con buen pie un tramo más. Ocupar el pensamiento en un ser que admiras y que quieres, y afanarse en llevar ese pensamiento a la palabra escrita es una de las actividades más gratificantes que uno puede tener en los términos estrictos de la experiencia de un primer día de cualquier agosto. Fluye de manera muy distinta la escritura cuando se ocupa en el encomio y no en el desprecio. Es solo una impresión personal. Puede ser la escritura de unas líneas cabales y amables sobre un libro brillante o la reflexión por escrito sobre los valores que te fascinan de una persona cercana y querida a la que darás una satisfacción. Merece la pena. Hoy, primer día de agosto, de una lectura a otra, he llegado a aquella alegoría del buen y del mal gobierno que pintó Ambrogio Lorenzetti en las paredes del Palazzo Pubblico de Siena, y que no recuerdo haber visto cuando estuvimos en aquella ciudad por pocas horas y llena de gente. Fue en 2008, y una anotación aislada en aquel cuaderno, después de aquel viaje, me inquieta: «Hoy es el primer día de agosto».

jueves, julio 29, 2021

Reacción sonora

Hay acontecimientos especialmente singulares que uno llega a ver porque tiene un mínimo interés por ciertas expresiones artísticas. Ocurrió el recién pasado sábado 10 de julio en el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres y tuvo todos los caracteres de lo insólito y único. Estuve con un grupo de amigas y amigos en el que estaba Ada Salas, la autora de Descendimiento (Pre-Textos, 2018), el imponente libro de poemas cuyo punto de partida es el cuadro de Rogier van der Weyden (Museo del Prado de Madrid), y que sugirió tanto a alguien, el director y dramaturgo Carlos Marquerie, como para realizar un montaje teatral sobre los versos de Ada. Se estrenó el pasado 8 de abril de este año y estuvo hasta el 25 de ese mes en Madrid, en el Teatro de la Abadía, bajo la dirección artística y con la dramaturgia de Marquerie, y la música de Niño de Elche. Por las restricciones, me lo perdí; pero Ada y otros amigos me dijeron que resultó una experiencia fascinante. A causa de eso, sobre todo, estuvimos en Los Barruecos el sábado 10, porque ya había un vínculo entre la escritora, que compartió con su círculo la noticia, y Niño de Elche, el más notorio de los intervinientes en el acto que cerraba el programa de Cáceres Abierto de esta extraña edición. En la cerca del Museo Vostell que se conoce como la de los «Toros de Guisando» se montó todo. Doscientas sillas a ambos lados de la instalación, numeradas todas y con identificación de los asistentes, a debida distancia, y, entre los toros, los equipos de sonido e instrumentos manejados por Emilio Pascual, sonidista y artista, y el compositor Miguel Álvarez-Fernández, asistiendo a un Niño de Elche que llevó la voz, el movimiento y la parte esencial o más visible de lo que llamaron activación sonora, que yo renombro como acción sonora. O, más bien, reactivación o reacción sonora, puesto que de lo que se trató fue de recrear o interpretar una acción previa, ya asentada en la tradición del arte contemporáneo del siglo XX. Propusieron una lectura de algunas de las piezas de la colección de Vostell en el museo o de algunas de sus acciones sobre música, con unos complementos acordes con el marco, como el crotorar de las cigüeñas. Yo sé qué significa la palabra ultrasonido y que no sería muy apropiada en el contexto de un espectáculo acústico como el del otro día; pero no se me ocurre una más acorde para expresar su propuesta de radicalidad, de rudeza, de sonido sucio y estridente como lectura de unas piezas o instalaciones que forman parte del ámbito fluxus y de la personalidad artística de Vostell. Así, las dos hormigoneras que comenzaron a girar flanqueando al cantante flamenco —en ese momento sí—, como si fuese un coloso, un Hércules entre columnas; o el contraste entre la canción Gracias a la vida, de Violeta Parra, y la destruacción de un coche con la guitarra eléctrica que también sucumbe en la reproduacción sonora. En estos espectáculos que resultan irrepetibles, yo me fijo mucho en mi reloj, que no suele coincidir con el de un intérprete tan alternativo, y que está aplicando pautas temporales de lo convencional hasta resultar cansino. Lo radical se aprecia en dos minutos; por eso, prolongarlo hasta los veinte sin cambios sustanciales no cae bien. Creo que cada género tiene su pauta y un soneto de veinte versos es largo. Y también me fijo mucho en la reacción de la gente. Aquella noche hubo alguien que se levantó y se fue; y otros que se miraban con una sonrisa cuando veían al artista con el micrófono metido en la boca. También alguien entregado lo jaleó cuando se arrancó en la única pieza flamenca que allí se escuchó. Ni que decir tiene que nadie supo cuándo había acabado el espectáculo hasta que el músico principal salió a saludar. Bien por los especialistas Emilio Pascual y Miguel Álvarez-Fernández, y bien por Niño de Elche, un tipo inteligente. Otro abrazo grande. 

lunes, julio 26, 2021

21/XXI

Aquí va una primera difusión de esta propuesta de la Universidad de Extremadura dentro de su programa de la vigésima segunda edición de sus Cursos de Verano/Otoño. El curso «21/XXI. Creación literaria en Extremadura en el siglo XXI» propone un balance del estado presente de la literatura en Extremadura, de su alto nivel de exigencia y de calidad, gracias, en gran medida, a las bases sembradas en los últimos veintiún años del siglo XX, que nos permiten recoger unos frutos incontestables en los veintiún años del siglo XXI. El curso se articulará en torno a tramos, con ponencias, conversaciones y debates o mesas sobre diversos contenidos como Extremadura, espacio de creación, su situación periférica y fronteriza, sobre diferentes propuestas estéticas y modos de concebir la literatura, sobre otras literaturas y los trasvases con las artes del espectáculo, o sobre el mundo editorial y su desarrollo en las últimas décadas en el ámbito extremeño. Su programa comenzará el miércoles 15 de septiembre con una ponencia de apertura de José Luis Bernal Salgado (Universidad de Extremadura). «Creación literaria en Extremadura en el siglo XXI». Y luego, el primer tramo Extremadura, espacio de creación.  Las letras en la España vaciada. Oeste, frontera y periferia. 10:45. Ponencia. Pureza Canelo (Poeta. Medalla de Extremadura). «Oeste es mi leyenda: metalenguaje plural». 11:15. Ponencia, José Antonio Llera (Universidad Autónoma de Madrid). «El Oeste de Pureza Canelo». 12:00. Ponencia. Eugenio Fuentes (Novelista). «Tanatomóvil». 12:30 Ponencia. José Ramón Alonso de la Torre. (Escuela de Arte Dramático de Extremadura). «La Raya, ese resorte creativo». En la tarde: 16:30. Ponencia. Antonio Sáez Delgado (Universidad de Évora). «Portugal a la vista». 17:00. Ponencia. Enrique García Fuentes (IES Castelar de Badajoz). «Las aulas literarias: balizamiento extremeño para la literatura hispánica en el siglo XXI». 17:45. Ponencia. Javier Rodríguez Marcos (Diario El País). «De periferias y centros literarios». 18:15. Espacio de memoria. Julián Rodríguez. Participan: Javier Rodríguez Marcos, Juan Luis López Espada y Antonio Sáez Delgado. 19:00. Mesa redonda Conclusiones. Coloquio público. Extremadura, espacio de creación. Las letras en la España vaciada. Oeste, frontera y periferia. Pureza Canelo, Eugenio Fuentes, Antonio Sáez Delgado, José Ramón Alonso de la Torre. Modera: Guadalupe Nieto Caballero. El jueves 16 continuarán las mesas y ponencias en un segundo tramo titulado Modernidad y rupturas. Retos y avances en el nuevo siglo. Nuevas generaciones. La primera ponencia, a las 10:00, de Manuel Simón Viola (Profesor y crítico). «Narradores extremeños de entresiglos (XX-XXI)». 10:30. Ponencia. Susana Martín Gijón (Escritora). «La aportación extremeña a la evolución de la novela negra. Del detective hard-boiled y la femme fatale a la diversidad actual». 11:15. Conversación. «De la creación poética». Ada Salas (Escritora y profesora. IES José Churriguera. Leganés) y María José Flores (Escritora y profesora. Universidad de L’Aquila. Italia). 11.45. Ponencia. Emilia Oliva García (Escritora) «Experimentación poética y tradición. JA Cáceres, rara avis». 12:15. Ponencia. Pilar Galán Rodríguez (Escritora y profesora. IES Hernández Pacheco de Cáceres).  «La virtud de fallar el blanco: panorama de la joven narrativa extremeña». Y por la tarde de ese jueves: 16:30. Conversación. «De narrativas». Gonzalo Hidalgo Bayal (Novelista) y Eugenio Fuentes. Modera: Miguel Ángel Lama. 17:15. Ponencia. Luciano Feria (Escritor). «Sentido y melancolía». 18:00. Mesa redonda. Modernidad y rupturas. Retos y avances en el nuevo siglo literario. Emilia Oliva, Antonio Gómez (Poeta y artista experimental), Álvaro Valverde (Escritor, poeta y crítico), Pilar Galán, María José Flores, Ada Salas, Benito Estrella. Modera: Luciano Feria. El último día, solo en sesión de mañana, viernes 17 de septiembre, se cerrará con un tercer tramo en torno a Creación escénica y edición en Extremadura en el siglo XXI, articulado en dos «escenas». La primera escena: 9:30. Ponencia. Isidro Timón (Escuela y Compañía Maltravieso Teatro. Cáceres) «La escritura teatral en Extremadura del siglo XXI. Esbozo de un mapa». 10:00. Ponencia. José Manuel Díez (Poeta y cantautor). «De Quevedo al rap». 10:45. Mesa redonda. La creación escénica de la literatura de Extremadura. Isidro Timón (Maltravieso Teatro), Magda García Arenal y Agustín Iglesias (Teatro Guirigai), José Manuel Díez (Duende Josele). Modera: Marino González. Y la segunda escena, con una mesa redonda más la ponencia de clausura: 12:00. Mesa redonda. Creación y edición en Extremadura en el siglo XXI. David Matías (Editorial La Moderna), Marino González (De la luna libros), Paca Flores (Editorial Periférica), Luis Sáez Delgado (Editora Regional de Extremadura), José María Cumbreño (Ediciones Liliputienses), Francisco Najarro (RIL editores). Modera: María José Hernández (Editora Regional de Extremadura). 13:00. Ponencia de clausura. Vicente Luis Mora (Universidad Internacional de La Rioja), «La literatura hasta el siglo XX y la literatura del siglo XXI: semejanzas y diferencias». Tras la que se clausurará el curso por las cuatro instituciones que lo promueven: Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura, Diputación Provincial de Badajoz, Ayuntamiento de Zafra y Universidad de Extremadura. El asunto de la creación literaria en Extremadura en los últimos cuarenta años es tan inabarcable que valdrían sin agotarlo varios cursos más como este, limitado y concentrado, sobre el que puede encontrarse toda la información y el modo de inscribirse aquí. Será en Zafra (Badajoz), si todo va bien, entre el miércoles 15 y el viernes 17 de septiembre próximos. 

domingo, julio 25, 2021

Domingo. Toma uno

Algunos domingos tiene ese dilema. Bajarse a leer la prensa a su terraza de costumbre en su plaza favorita o quedarse en casa provisto de lo mismo más barato: los periódicos, aceitunas, unas cuñas de queso y cerveza fría. No te preocupes —la tutea porque ella lo ha hecho antes cuando le ha preguntado si te molesta el perro. Lo ha atado a la pata de una silla próxima a la suya en su mesa preferida. ¿Es un beagle, verdad?, pregunta retóricamente solo para ser agradable. Tiene una cara preciosa. No se atreve a decirle que su dueña se le parece, que también tiene un rostro amable, rematado en un moño descuidado y una oreja adornada con pequeñeces de pedrería. Él le dice que esa raza era una de las que más gustaba a su hija de pequeña. Cuando se conformaba con perros de peluche o con libros especializados, ¿sabes? Ella le cuenta que es madre de una nadadora que está hoy en Tokio, en las Olimpiadas —y él supone, por el leve acento de su excelente español, que en la delegación francesa. Discúlpame. No continúa la conversación porque él vuelve a la lectura y lee en un artículo de Íñigo Domínguez en El País que «Es agradable saber que hay gente dando lo mejor de sí misma mientras tú no haces nada». Ha llegado a esa frase después de haber sabido lo que ha ocurrido en su entorno desde ayer —que el aumento de ingresos y contagios lleva a la región al nivel 2 de alerta sanitaria—; o en otros ámbitos, con una crisis climática que está golpeando al mundo, o con el padre de un joven de veintisiete años, víctima mortal del accidente del Alvia en Angrois, que pide verdad y justicia. A la lectura de la prensa se incorpora la música de fondo del último programa de «Toma uno» (Radio 3), presentado por Manolo Fernández, después de treinta años desde su primera emisión, un programa de radio entre tanto ruido. Se alegra por asistir en directo a una despedida así y de haber resuelto el dilema del domingo quedándose en casa con la fotografía, publicada en una revista que no ha comprado, de una mujer muy guapa —¿francesa?— con un perrito atado a la pata de una silla y a la que no ha podido agradecerle que le haya invitado a la cerveza.

viernes, julio 23, 2021

Glorias de Zafra (XXIV)


El contraste entre lo poco que tardo en viajar hasta Zafra desde mi casa en Cáceres y el tiempo histórico que significa siempre ese viaje, que cualquiera podría hacer diariamente, ocupa mi pensamiento cada vez que vuelvo a la ciudad en la que nací. Hoy estoy en esta ciudad próspera y amable, atractiva por sus calles y sus plazas, acogedora por su gente, sobre todo si son viejos conocidos con los que uno no se encuentra desde hace años y que se olvidan de los estragos de la edad para alegrarse por verte. Aunque he venido a Zafra algunas veces por razón de trabajo, nunca lo he sentido así; precisamente por esa condición de casa protectora. En esta ocasión, ha sido una visita técnica que me ha permitido conocer buena parte de las admirables infraestructuras culturales de que dispone este sitio al que cada día me gusta más volver y en el que callejeo sin perder detalle, por lo nuevo descubierto o por lo recuperado en el tiempo. He tenido el privilegio, gracias a Rosa Monreal, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Zafra, a Estrella Claver, directora de la Biblioteca de Zafra, y a Gonzalo Lavado Martínez, coordinador de la Casa de la Juventud, a quien conozco desde hace muchos años siempre vinculado con la animación cultural, de visitar el nuevo edificio recientemente rehabilitado del Hospital de San Miguel en el que se ubicarán la Biblioteca Municipal y el Archivo Histórico. Admiración por una inversión así, por una intervención en un bien patrimonial tan preciado que yo recuerdo cuando era un solar ruinoso que se venía abajo; pero también orgullo por contar en tu ciudad con un espacio público que poco a poco —he visto ya estanterías llenas de libros, cajas con vestigios de una reciente mudanza, mobiliario e instrumentos de inminente uso— estará a disposición de la ciudadanía de Zafra. Con Gonzalo luego he podido ver con tranquilidad y con su impagable guía el Complejo Cultural en el que está el Teatro de Zafra —obra del arquitecto Enrique Krahe— y no solo el espacio principal —impresionante, original, sugerente y práctico—, sino una sala de exposiciones y otra de conferencias en las que se han programado y se programarán —después de un tremendo parón o de una inevitable merma— actividades de todo tipo que aquí siempre son recibidas por el público con una extraordinaria respuesta.

miércoles, julio 21, 2021

Annual

Este pasado domingo El País Semanal traía un reportaje de Francisco Perejil sobre «Annual, cien años de olvido» en el que se publicaba en página 37 una conocida fotografía de Abdelkrim cuyo pie me llamó la atención: «[…] el legendario caudillo rifeño [antes fue periodista y juez] entrevistado por un periodista español en 1922». Me llamó la atención porque ese «periodista español» era Luis de Oteyza y la foto se ha difundido muchas veces con su identificación. El mismo periódico publica hoy una información de Luis de Vega —«Recuerdos de Annual» en la versión en papel— que evoca aquel tiempo con objetos históricos como la cámara de «Alfonsito» Sánchez Portela —el hijo del mítico Alfonso, amigo de Oteyza—, con la que se retrató a Abdelkrim, y la gumía del rifeño, y en el que se cita a Luis de Oteyza, como, efectivamente, el reportero, fundador y director del diario La Libertad, que entrevistó al líder del Rif en agosto de 1922. Luis de Oteyza es uno de esos escritores extremeños que quizá no tengan el debido reconocimiento; aunque su patria chica sí ha hecho gestos para mantener su memoria. Nació en Zafra en 1883 y falleció en Caracas en 1961, y fue otro Espronceda con una madre que se puso de parto en tierras pacenses. Una entrada que publiqué aquí hace más de quince años me permitirá no abusar con más datos, la mayor parte de ellos vinculada a personas muy apreciadas. Hoy, en el periódico, se dice que la crónica de Oteyza de aquel encuentro, que publicó con el título de Abd-El-Krim y los prisioneros en la editorial Mundo Latino en 1922, se ha reeditado en Ediciones del Viento en 2018, que no tengo. Anterior a esa, tengo la que publicó el Servicio de Publicaciones de la Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, de 2000, con un estudio introductorio de María Rosa Madariaga, a quien hoy cita El País como historiadora especializada en aquel episodio que tanto inflamó la situación política española y cuyo contexto explica incluso la creación de obras tan geniales como Los cuernos de don Friolera de Valle-Inclán, de la que también se han cumplido cien años hace nada. 

martes, julio 20, 2021

Nada por aquí

Hace pocos días, el once de julio pasado, Felipe Núñez (Plasencia, 1955) escribió en su página de Facebook lo siguiente: «Años atrás escribí profusamente. Me arrepiento de haber escrito y del contenido de lo escrito. Perpetré poemas, los primeros, torpes e ingenuos. Los últimos, repletos de gongorismos. También cometí prosas. Estas, ahítas de soberbia. Me pregunto si sería apropiado emprender un expurgatorio» (*). Hubo algunas reacciones, y la más contundente fue la de Juanma Barrado, seguidor temprano de la obra de Felipe, que no comprendía esa mirada retrospectiva e inclemente. ¿Expurgatorio? Replico. Con la complicidad de Felipe Núñez, replico con una exhumación. Se titula Nada por aquí, nada por allá. Seis personajes en busca de su padre y no estaba muerto, no, que estaba tomando cañas; narración por otro nombre conocida como la sinfonía dialéctica en cinco movimientos, dotada de prólogo para mejor comprensión de lo que en ella acontece, con interpolaciones y entrecomillados ocultos, personajes accesorios y otras cantidades de menor cuantía que serán entregadas previa presentación del resguardo correspondiente y el carnet de afiliado. Es un mecanoscrito fechado en Cáceres en MCMLXIII, de cuarenta y ocho hojas tomadas por el color del tiempo y que llevan la mención de autoría —o «propiedad intelectual»— de Carlos Ortega y de Felipe Núñez, que perpetrarían aquello a los diecisiete o dieciocho años. Más tarde, vendría la edición ciclostilada de Tris tras princesa (1975), la de Leticia va del laberinto al treinta (1977), con una nota en cuarta de cubierta de Jorge Urrutia, por aquel entonces profesor en la Facultad de Letras de Cáceres —origen de todo—; como lo era, y tanto, el muñidor Ricardo Senabre, que conoció aquella «narración por otro nombre conocida como la sinfonía dialéctica» y que llevaba un prólogo —«De obligada lectura»— firmado por Nicolai Nicolaiev Krallov, Director de la Escuela Venezolana de Artes Aplicadas. Por allí anduvo César Nicolás —sic—; aunque Felipe dice que todo lo escrito fue por él y por su cómplice. La materialidad de la pieza documental —no impresa, sin aspecto de libro— la tiene condenada fuera de los «elementos normalizados» de los modernos catálogos en línea de una biblioteca como la nuestra. Así que, aunque parezca mentira, es fácil localizar el texto en los antiguos ficheros de madera que contienen miles de fichas en papel de aquella antigua biblioteca matriz de lo que hoy tenemos modernamente mecanizado. Yo recuerdo haber tenido en mis manos el ejemplar cuando aún la Facultad estaba en aquel Edificio Valhondo; y por eso, cuando Felipe Núñez me preguntó si yo sabía algo de aquel escrito, no dudé en responderle que seguro que tenía que seguir ahí. Y ahí sigue, con sus tapas de cartulina verde y sus tres grapas ya oxidadas para aferrar el lomo. Y con el canguro o papelín del préstamo que dice que alguien lo sacó también en el año 2000. Nadie más hasta ahora que lo he tenido aquí para enviar una copia escaneada a su padre principal. Habría que ponerse a imaginar lo imaginado por aquellos jóvenes que escribieron «abundantes vicios de dicción», según el prólogo, y que se entregaron al absurdo de Jardiel y de Beckett, más que a cualquier rebeldía política en los estertores de la dictadura. Los cinco «movimientos» contienen un relato delirante con un puñado de guiños a la literatura de siempre y a la vida de entonces, y poemas que podrían considerarse la prehistoria insolente y atrevida de, por ejemplo, Tris tras princesa, y notas muy jugosas de erudición con chispa, entre las que está la que revela el primer título largo de la novela de Jesús Alviz Concierto de ocarina (Ediciones Libertarias, 1986), que fue Concierto de ocarina con solos de trombón, coro popular con clave incógnita, en tres movimientos (h. 30). 

(*) Leopoldo Felipe Núñez Santos, que firmó todas sus obras como Felipe Núñez, fue una de las figuras más destacadas de los primeros años de la juventud literaria extremeña en el arranque de la Universidad de Extremadura, y fue guía de las primeras promociones literarias de aquel tiempo. Aparte de los libros citados, publicó los poemarios Los seres y las fuerzas (1979), Equidistancias (1983) y Nombres o cifras (1985), que reunió luego en el volumen Balizamiento para un aterrizaje nocturno, publicado por la Editora Regional de Extremadura en 1998, año en el que también apareció su ensayo Para escapar de la voz media, que fue Premio Arias Montano de la Junta extremeña. En 2014, Editorial Delirio publicó sus Obras, con la reunión de la mayor parte de sus versos, sus prosas, algunos inéditos y otros textos críticos. Allí, en una «Breve nota previa», escribió: «Releo estos viejos escritos míos y observo algo con disgusto y vergüenza: demasiado a menudo manifiestan incomodidad con su propia existencia. Amenazan una y otra vez con “el abandono y el borrado”, y al respecto se interrogan enfáticamente sobre si resultaría más radical el uno o el otro. El simple abandono —afirman— es radical por cuanto no añade gesto. Pero el gesto del borrado, a cambio, es más drástico siempre que sea irreversible». Y añadió, como yo hago ahora con la publicación de esta nota: «Pues bien, ni abandono ni borrado. Muy al contrario, estos viejos escritos vienen aquí a insistir y reincidir» (pág. 9). 

domingo, julio 18, 2021

18 de julio

Hoy, 18 de julio, una tribuna de Pilar Mera en El País y el programa de Radio 3 Videodrome, que escucho —estremecido de nuevo por la rememoración de tanto odio— mientras comienzo a pasar estas líneas, me recuerdan aquel nefasto e infame hecho de hace tantos años; y un amigo, poeta y crítico, Alfonso Alegre, me envía un poema dedicado a José Ángel Valente —murió en Ginebra tal día como hoy de hace veintiún años— y recogido en su libro El camino del alba (Tusquets, 2017). Hoy la prensa trae la noticia de la muerte ayer de la actriz Pilar Bardem. Nadie ha tenido que recordarme el primer aniversario de la de Juan Marsé, también un 18 de julio, y sí M., una amiga, que estuvimos con su familia y unos amigos, hace exactamente un año, visitando unas bodegas en Almendralejo en las que nos atendió Cristina y nos sirvió la comida, como si fuésemos recién nacidos, un excelente camarero gitano que atendía por Lolo. Me cuesta concentrarme en la lectura de los periódicos cuando, sentado en la terraza de costumbre, dos personas, en una mesa junto a la mía, hablan sin nadie más a su alrededor y sin ruidos que tapen lo que dicen. Me esfuerzo en concentrarme en mis papeles porque no es cómodo escuchar como si fuese un fisgón asuntos íntimos, confidencias o cualquier comentario insustancial que nada tienen que ver conmigo. Un señor robusto esta mañana hablaba de algo de su trabajo —«…le dije que yo le llevaba el caso sin cobrarle…»— con una mujer a la que ya le adjudiqué su condición de esposa. De pronto, la conversación dio un giro y escuché el nombre de Colombo. Como antes yo sí estaba a lo mío, no sé si lo pronunció uno de los dos para referirse a un perro o a un amigo común al que conocen con ese mote. Lo cierto es que salió el apellido del conocido teniente televisivo y entonces fue cuando el marido contó con bastantes detalles uno de los episodios de la afamada serie en el que el detective descubría al asesino gracias a una colección de bolas de nieve decorativas que estaban en una vitrina. Ayer la conversación fue más cercana y aún más nítida. Por eso, de haber llevado conmigo mis nuevos airpods, habría evitado enterarme de los problemas que una mujer contaba a su amiga sobre la gestión de su divorcio y la relación con su hija, sus consideraciones sobre la lealtad, la entrega a los otros, la complicidad, y también lo alejadas que están algunas personas de estas virtudes. En lugar de sentirme mal por estar escuchando conversaciones ajenas, prefiero ser como el narrador de Microcosmos, de Claudio Magris, cuando describe el ambiente del Café San Marcos de Trieste y reproduce fragmentos de aquel murmullo de voces y del coro inconexo y uniforme que nada tienen que ver con estos ratos tranquilos en San Juan a la hora del aperitivo en los que se escucha todo. Solo faltó encontrarme a alguien para darle un abrazo. 

jueves, julio 15, 2021

Sin pronunciar tu nombre

Mañana viernes tenía que celebrarse la presentación de la antología de Santiago Castelo, Sin pronunciar tu nombre. Antología poética (1976-2015), publicada, con selección y prólogo de Carlos García Mera, en la colección «Avis rara» de la Editorial Urutau de Pontevedra. Iba a ser en Don Benito, en el Museo Etnográfico «Agustín Aparicio» a las 21:00 horas, con la actuación musical de «Las Nietas del Charli». Lamentablemente, y por la puñetera situación pandémica que padecemos, no podrá ser. Esperemos que en septiembre. Como había querido estar, escribo esta nota sobre este libro de pequeño formato y atractiva apariencia —hay segunda edición— que contiene textos de José Miguel Santiago Castelo desde sus comienzos poéticos (Tierra en la carne, de 1976) que me han permitido revisitar su obra por la ajustada selección de poemas de todos sus libros: tres textos de su primer libro, cuatro de Memorial de ausencias (1979), cinco de La sierra desvelada (1980), seis de Cuaderno del verano (1985) —el primer libro que yo leí de Castelo—, siete de Siurell (1988), dos de Al aire de su vuelo (1993) y de Diario de a bordo (1994), cuatro de Hojas cubanas (1998), dos de Cuerpo cierto (2001), seis de Quilombo (2008), nueve de La hermana muerta (2011), tres de Esta luz sin contorno (2013), y doce, en un colofón tremendo, de La sentencia (2015), su libro póstumo. La lectura seguida de estos sesenta y cinco poemas es una experiencia de reencuentro con uno de los poetas más singulares de las letras extremeñas; así, como a él le gustaba. Que el prólogo de Carlos García Mera solo dedique unas pocas —y acertadas— palabras a la poesía de Castelo en sus dos párrafos finales, y que todo lo anterior sea sobre la persona, dice mucho de lo que aún pervive de la extraordinaria figura que fue. Un ejemplo de la admiración de quien le retrata en el delantal de esta antología, que ojalá se convierta para un lector que no lo conozca en la puerta de entrada a la poesía toda del autor: «A Castelo le encantaba pertenecer a otro tiempo donde se estilaban las galanterías y los ademanes nobiliarios. Le rodeaba siempre un aura de misterio, esbozada con una sonrisa socarrona, pero sin malicia, seguro de gustar —porque gustaba, y lo sabía— donde se escondía toda la verdad del mundo. Sin duda, su voz, como de tormenta estival, refrescante y tronadora, dictaba sentencias inequívocas o susurraba los consejos certeros en los momentos precisos. O, de pronto, te acogía en su declamatoria, rebosante de anécdotas, que adornaba con paréntesis o silencios exactos para mantener la atención del público […]». Esta manera de subrayar la persona, la vida y la carne, y no los matices de su poesía, nos arrastra a todos, por estar ante una personalidad tan arrolladora. Quede, sin embargo, en esta nota, la vida y la carne de estos alejandrinos sobre la hermana muerta: «Temo volverme oscuro y el dolor siempre andando; / por eso en vuestros ojos quiero ser sol de un día». Sol de muchos días en su recuerdo. Un beso, sin pronunciar tu nombre. 

miércoles, julio 14, 2021

Sello de calidad

Esta mañana me han comunicado, en resolución provisional, que la revista Cuadernos dieciochistas ha sido reconocida con el Sello de Calidad de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Hay que celebrarlo ahora que reordeno y actualizo como puedo todo lo que ha llegado en los últimos meses para publicar en el volumen de este año, el veintidós, dedicado a «Las matemáticas en el siglo XVIII español». Sí, porque uno de los grandes valores de esta publicación es su interdisciplinaridad. En su sección monográfica, ha tratado asuntos como las religiones y culturas en el XVIII, la cultura literaria y la identidad en la Ilustración hispánica, la Guerra de Sucesión, el teatro y la música, la arquitectura y el urbanismo, autores destacados por algún centenario como Pablo de Olavide, Jovellanos, Meléndez Valdés o Nicasio Álvarez de Cienfuegos, y otros temas como las artes decorativas de la época, la economía o la guerra; y, en su sección de «Varia», otros numerosísimos aspectos encuadrables en el marco cronológico de sus intereses. La revista nació en el año 2000, auspiciada por la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII (SEESXVIII) y editada por Ediciones de la Universidad de Salamanca, que sigue difundiéndola. Su primer director fue el historiador Antonio Morales Moya, que, cuando dejó la universidad salmantina, pasó la dirección a la dieciochista María José Rodríguez Sánchez de León, actualmente catedrática de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en Salamanca. Directora de la revista desde 2002, desde el volumen tercero, estuvo al frente hasta el publicado en 2014, y la situó en estimables índices de impacto. En abril de 2015, cuando la junta directiva de la SEESXVII me propuso para seguir sacando adelante esta publicación, asumí la tarea con la ayuda impagable de Fernando Durán (Universidad de Cádiz) hasta 2020, y con la de Antonio Calvo Maturana (Universidad de Málaga) desde 2018, y Mª Dolores Gimeno Puyol (Universitat Rovira i Virgili), desde 2019, sin los que esto no podría sostenerse. Parte del informe de valoración de la FECYT dice que Cuadernos dieciochistas tiene una orientación claramente científica y que centra su foco en una centuria clave para España y Latinoamérica, y que se ha convertido en una referencia para los estudios de todo tipo del siglo XVIII. Nos proponen asumibles vías de mejora que, desde la rigidez de los dictámenes, son acicates para continuar trabajando para ofrecer a la comunidad científica en el campo de las Humanidades un espacio en el que dar a conocer sus trabajos. Agradecido. Un abrazo.

domingo, julio 11, 2021

Autorretratos de pluma y espada (y 2)

© Josep Lago (AFP)
La fotografía de Josep Lago que hoy publica El País en la página 35 de su edición nacional en papel me ha sugerido estas líneas, después de recuperar ayer unas notas sobre el montaje de Autorretratos de pluma y espada. Dramaturgas del Barroco en primera persona, de Karlik Danza, visto en el XXXII Festival de Teatro Clásico de Cáceres. Todo el mundo comprende la metonimia de «pluma» por escritura que está en el título de la obra y que se repite en las notas presentativas de la compañía sobre su trabajo: «Su pluma como arma será el vehículo de expresión de sus opiniones frente a los tópicos establecidos por costumbre y la acción dramática se convierte en tesis para demostrar que la mujer es firme, que puede defender su agravio ella sola y por lo tanto no debe ser considerada débil ni mudable». Y así como esto es claro, también lo es que no hay metonimia —o a mí me lo parece— en el texto de la pancarta que exhibe el joven de la fotografía; sino un uso figurado extendido a toda una identidad sexual y no al significado restrictivo y de apariencia —nada militante, como es el caso— que la Real Academia tiene en su diccionario: «Afeminamiento en el habla o los gestos de un varón». Lo cierto es que distintas causas de polisemia han coincidido en ambas maneras, la de la compañía teatral y la del manifestante, de reivindicación muy actual y muy justa. La más artística la traje aquí ayer y la más palpitante en estos días la ha llevado hoy el periódico a un titular reafirmativo e indignado contra la homofobia: «La comunidad LGTBI dice basta». Por eso he escrito esto.