sábado, mayo 30, 2015

En memoria de Santiago Castelo


© Alonso Gil. HOY
Cuando concedieron la Medalla de Extremadura a José Miguel Santiago Castelo (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1948), que falleció ayer viernes 29 de mayo en Madrid, recordé aquí que el profesor y crítico Manuel Simón Viola, editor de su poesía reunida La huella del aire (Poesía 1976-2001) (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2004), había aplicado al escritor las palabras con las que Moreno Villa definió a otro extremeño como Enrique Díez-Canedo: «Fue jovial, animoso y poeta, jugó limpio, vivió en impecable lealtad y ponderación, no dejó un solo enemigo». Sí, José Miguel Santiago Castelo, fue jovial, poeta, animoso, ponderado, impecablemente leal, sin enemigos... Y escribí que Santiago Castelo tenía el don de los pintores venerados, a quienes piden sus pupilos trazos naturales e imposibles: —Maestro, pinte usted una tarde, pero un poquito solo. Y el maestro, entonces: «En esta tarde así, bajo la ropa / tendida en la azotea, yo quisiera / diluirme en los malvas y en los ocres / que bajan hacia el mar entre las huertas...» («Azotea», de Cuerpo cierto). Ahora, en este trance, se me ocurren otros calificativos. Como resistente o luchador. Porque desde el 16 de febrero de este año, cuando me llamó un buen amigo de Castelo para decirme que se nos iba, que estaba muriéndose, hasta ayer, cuando Carlos Medrano me telefoneó para comunicarme la noticia infausta, José Miguel ha estado resistiendo, como si nos dijese: —«¿Y quién os ha dicho que tengo que marcharme ya?». Así ha sido con el final que me anunció un abatido Javier Pizarro el miércoles 20 de este mes, como si le quedasen horas. Y Castelo resistiendo tenaz. Más días. Hasta ayer. Hoy leo en papel su periódico de toda la vida, su ABC, y las palabras cariñosas que le dedican escritores, compañeros y amigos; y rastreo su presencia en estas mis notas de bitácora en los últimos años. Sí, aquel comentario del verano de 2006 sobre la Medalla de Extremadura; pero también otro del verano siguiente por el Premio Luca de Tena a su actividad periodística; o aquel sobre su libro Quilombo (2008); o el del sentido La hermana muerta dedicado a su hermana Lola (1952-2009), y que leí por Todos los Santos; hasta su visita a la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, hace ahora tres años, en la que cautivó a todos los que le escuchamos. Descanse en paz. Su entierro será mañana domingo en Granja de Torrehermosa, que ha declarado tres días de luto por su muerte, a las 16:30 horas en la Iglesia parroquial de la Purísima Concepción.

jueves, mayo 28, 2015

Librerías


© Romeu
Me acordé ayer, al escuchar la entrevista con Juancho Pons (Librería Pons, de Zaragoza), presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) en Esto me suena (RNE), de la fotocopia de este dibujo de Romeu que tenía prendida en la estantería de mi pasillo hasta no hace mucho. El otro ejemplar que conozco lo veía hacía tiempo en la Librería Marisol, de Cáceres, pegado muy cerca del mostrador. Y lo recuerdo coloreado, creo. Hay que reivindicar estos espacios que van desapareciendo. Si las grandes superficies son cada vez más grandes, imaginemos el barrio de siempre con su librería, su farmacia, su pescadería, la tienda de frutas, la ferretería y el bar con su terracita. Todo a la mano, y andando menos metros que en el menos ostentoso de los centros comerciales. Aquí, por el momento, uno puede sobrevivir. Como cliente, claro. No me atrevería a decir lo mismo si uno fuese pequeño empresario. El año pasado leí Librerías, de Jorge Carrión (Barcelona, Editorial Anagrama, 2013), que me pareció un atlas por los muchos mapas-librerías que contiene, o a los que alude. Una consecuencia de eso de que «Cada librería condensa el mundo», que es como arranca el capítulo 1 «Siempre el viaje». El libro de Carrión es un viaje que parte de Atenas y sigue en las librerías más antiguas del mundo, en las más fatalmente políticas, en las orientales, las americanas..., e incluso en las virtuales. Las librerías son lugares de encuentros; y esto no es de Jorge Carrión —me parece—, aunque realmente la lectura de su libro lo sugiere. Por ejemplo, cuando habla de las consecuencias de entrar en una de ellas para personas como James Joyce o Josep Pla, Julio Cortázar o Faulkner, Bolaño o Vila-Matas..., y para todos aquellos a quienes encontraron y todo aquello que encontraron. Librerías, lugares de encuentros.

lunes, mayo 25, 2015

Teatro


El pasado jueves, temprano, una conversación sobre teatro con un café mañanero bajo los plátanos del kiosco Colón de Cánovas. Con Olga Estecha y Fulgen Valares. Esas necesarias actividades paralelas del Festival de Teatro de Alcántara que este año celebrará su trigésima primera edición. Sobre el velador, mi ejemplar de El País, casi sin hojear, pues había cosas de las que hablar. Por ejemplo, qué perfil dar a la mesa redonda este año en torno al teatro del Siglo de Oro o de aquellos años que organizábamos en Cáceres unos cursos de verano vinculados al Festival de Teatro Clásico y de la intervención del escritor y crítico Marcos Ordóñez en una de sus ediciones. Y el periódico ahí, sobre la mesa. Así que ninguno de los tres sabía que tan cerca de nosotros estaba una definición del teatro que luego me pareció tan sugerente: «El teatro es algo que le pasa a alguien que está ahí». Es de Marcos Ordóñez, en su columna El hombre que fue jueves. Del jueves, claro. «Dietario de mayo», y si se lee lo que antecede a la frase la frase se ilumina. Y es que aquí, en este blog, al Maestro Ordóñez, se le venera. Promete este año la programación del Festival de Alcántara; y no tanto la del Festival de Teatro Clásico de Cáceres —que incluye cinco monólogos, un recital de la periodista Paloma Gómez Borrero con poemas de Santa Teresa y un off de traca con Franquete, en el Siglo de Oro. Así veintiún días. A este paso —le dije el otro día a un compañero— el de Alcántara supera al Festival de Cáceres. «Yo creo que ya lo ha superado» —añadió. Y hoy mismo me he encontrado el cuadernillo con la programación del Festival de Teatro Clásico de Cáceres abandonado en el alféizar de una ventana a pie de calle. ¿Será por algo? Espero que no sea para tanto.

miércoles, mayo 20, 2015

Experiencia de la poesía

Cuando G., una alumna, vio hace mes y pico sobre la mesa de mi despacho el rostro de José Luis Bernal en la cubierta de este volumen, vigésimo sexto —y letra Y— de la colección «Luna de Poniente», se sorprendió de que su profesor escribiese versos. (¡Ay, estos alumnos se sorprenden también cuando descubren que tras las listas de nombres que memorizaron en Bachillerato hay textos antológicos, cumbres de nuestra literatura!). «Sí —le dije—, es su tercer libro; pero ha estado veintitantos años sin publicar poesía, salvo poemas sueltos». En 1984 apareció Primavera invertida (Editora Regional de Extremadura), que fue premio «Constitución de Poesía» ex aequo con el Tú para tristes momentos tristes, de Antonio Pacheco; y en 1990 El alba de las rosas (Editora Regional de Extremadura), que obtuvo el «Premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad». Leo sobre lo leído, pues tengo desde hace tiempo —cuatro años— este libro como casi finalmente ha resultado ser. Faltan algunos poemas que han debido quedarse en lecturas y relecturas. Sigue estando ese poema final, «Las palabras», para cerrar el libro: «Ellas saben de mí / algo más que yo de ellas, / conocen los olvidos y los dones, / la precisa razón que me empuja a vivir, / y a recordar que vivo / contra viento y marea». Son palabras, sin duda que dicen sobre la experiencia con la poesía —y la vida— de este poeta que también ha escrito otro texto del libro, «Sin palabras», en el que se queda sin ellas para expresar la pena. José Luis Bernal es un poeta muy cercano a la poesía; pero, a la vez, distanciado. Cercano más que por su escritura por su dedicación a la escritura de otros. Esto se puede inferir de su bibliografía poética. Esto es poesía de la experiencia. Quizá. Pero, más bien, es —lo dicho— experiencia de la poesía. De un lector, de un profesor, de un escritor. Tres lados convertibles en letras de un hombre cabal que se atisba en todas las páginas de este Tratado de ignorancia abierto con una declaración poética y Gracián por delante —«Breve tratado de ignorancia»— y cerrado con el Rubén Darío de Cantos de vida y esperanza: «Dos Dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido». Darío en ese poema se compadece de los que piden eurekas al placer o al dolor, de los que quieren respuestas; y Bernal, melancólico y elegíaco, como ya hizo notar su querido Álvaro Valverde, dice a sus amigos en los alejandrinos de «Otoño» otra lección de vida. Será la cercanía, pero si leo a José Luis me ocurre lo mismo que si escuchase su voz sin verle, que la reconozco. Reconozco sus gustos retóricos, sus guiños a los suyos —con Gerardo Diego siempre— del 27 (a Cernuda en el verso «como piedra entre ortigas», a Dámaso Alonso en el poema «Regreso al anochecer»), y sus superlativos («debilísimo», «bellísimo» y «bellísima,» «prestísimo», «sapientísimo», «recientísimas», «debilísimo» y «dulcísimas»). Como cuando él se refiere a su amigo Francisco Díaz de Castro (en el poema «P. D. de C.»), a José Luis Bernal lo tengo ya nuevamente acomodado, después de muchos años, en el estante a la altura de los ojos amigos. Este libro se presenta mañana en el Instituto «Profesor Hernández Pacheco» de Cáceres, a las 20:30 horas.  No me olvido, no, de que también se presenta en el mismo acto otro libro de la misma colección —la letra Z—, Hay un rastro, de Elías Moro, a quien me gustaría dedicar unas palabras en otro momento. También mañana, a las 19:00, en el salón de actos de la Biblioteca Pública «Antonio Rodríguez-Moñino/María Brey» de Cáceres, la Asociación Cultural Norbanova organiza una lectura poética de Benjamín Prado. Esta asociación se despide, pues ha anunciado la suspensión indefinida de sus actividades —supongo  y lamento que por falta de apoyo económico—, con el gesto admirable de haber adelantado la hora del acto con Benjamín Prado para que quien quiera también pueda acudir al acto con José Luis Bernal y Elías Moro. Admirable.

sábado, mayo 16, 2015

Notas y días

P., 20 años.
Constato mis fallos de memoria si he apuntado en mi cuaderno algo sobre un libro y, pasado el tiempo, vuelvo sobre el mismo libro y me encuentro anotando igual comentario. Me ha ocurrido muchas veces al preparar las clases y releer un texto, y ahora, cuando escribo sobre el espléndido libro de Basilio Sánchez La creación del sentido (Valencia, Pre-Textos, 2015), recientemente publicado con una ayuda de la Institución Cultural «El Brocense» de la Diputación Provincial de Cáceres. En su día, apunté la afirmación de Basilio de estar convencido de que la naturaleza del escritor determina de alguna manera la naturaleza de su obra. Al volver a leer he vuelto a subrayar la misma idea para comentarla. ¿Memoria endeble o es que lo que uno es y siente se repite siempre? 

«Ahí te mando el papel con mis comentarios». No sé cuántas veces habré escrito esta frase al enviar un correo electrónico con un documento adjunto. Y siempre me arrepiento por pensar en papel, por traducir lo escrito al formato que podría tener si se imprimiese en un folio blanco. Con esas características. 

Albert Rivera, de Ciudadanos, dijo, y luego matizó, que la regeneración política solo la puede liderar gente nacida en democracia y «sin mochilas». El pobre no se ha dado cuenta de que los impulsores de esa hipotética regeneración aún no han nacido. Vendrán. Todos esperamos que nazcan. 

«Trabajamos con cuotas muy altas de realismo». Leí esto en una entrevista con el productor de una serie televisiva ambientada en una prisión de mujeres. Como si la ficción por sí sola no tuviese la fuerza de la realidad. 

En Cáceres, si sales de casa y caminas, en pocos minutos estás en el entorno de la foto. Hacia el sureste.

viernes, mayo 15, 2015

La lupa en C


«La lupa en C» es un anagrama de «Paul Celan» en el que la letra C representa el objeto observado en aumento y analizado ayer en la primera jornada de este Congreso Internacional «Paul Celan en España. Traducciones. Lecturas. Influencias». Todo empezó tarde, y cuando Jaime Siles comenzó a hacer sus «Lecturas de Celan» ya se veía venir el desajuste. No así en sus esclarecedores comentarios desde unas primeras traducciones de Felipe Boso, la labor de Reina Palazón en sus versiones, la lectura de Valente hasta la suya propia, la de Siles, que dijo algo tan atinado como que lo que el autor de Material memoria hizo con el de Amapola y memoria no fue, lingüísticamente hablando, traslación sino rotación. O algo así. Lo cierto es que con el desarreglo horario no hay quien se organice, y, entonces, lo que uno quiere escuchar a su hora, porque a otra tiene tarea, se le escapa, como se me escaparon las intervenciones por la tarde de mis exalumnos Mario Martín Gijón —organizador del congreso con un ausente de mañana César Nicolás— y Ángela Pérez Castañera. Disfruté, sí, de la intervención de Antonio Méndez Rubio, a quien finalmente he podido conocer en persona después de años de lecturas y de una comedida relación epistolar. Disfruté porque su «poética como autocrítica» a partir de la lectura de Paul Celan fue una ilustrativa vereda para mejor comprender su poesía, su intención. Llegó a decir —«sin énfasis», dijo— que Paul Celan le había salvado, citó a Francisco Pino y su Siempre y nunca como referente de su Siempre y cuando, habló de lenguaje poético y de trauma colectivo, y me gustó que relacionase la idea de rotura —«Viviendo la rotura. Poética como autocrítica a partir de Paul Celan» fue el título de su intervención— con el significado de roturar, que contiene el gesto de preparar la tierra para que algo germine. 


Además, me he comprado —hay que ayudar al incansable Chema Cumbreño— Nada y menos (Ediciones Liliputienses, 2015), que contiene cinco libros publicados por Méndez Rubio entre 2002 y 2008, y completa la anterior recopilación que fue Todo en el aire. Poesía (1995-2005) publicada por la Editora Regional de una Extremadura en la que, felizmente, están recalando todos sus ciclos poéticos. No pude estar en todo porque tenía que trabajar. Sin embargo, saludé en la conferencia de Siles a X, del personal de biblioteca, que debería estar trabajando en esos momentos; y no pude saludar a los que poco interesa lo que se cueza en un congreso sobre Celan que se celebre en su Facultad. Me reencontré también con Rafael Morales Barba, cansado del viaje pero exultante, resacoso, diría yo, por venir de la Feria Nacional del Vino (FENAVIN) de Ciudad Real, en la que coordinó mesas con profesores y poetas. Me regaló el número especial de Fragmenta, la revista de poesía que dirige, y que ha patrocinado FENAVIN, así que todo el mundo sabrá a qué saben sus doscientas páginas antológicas. Y estuve con Eduardo Moga, que habla ya hoy viernes, sobre la soledad del suicida Celan. Un placer. La lupa en C.

martes, mayo 12, 2015

Paul Celan en Letras


Este jueves, 14 de mayo, comienza en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres el Congreso Internacional «Paul Celan en España. Traducciones. Lecturas. Influencias», organizado por la Universidad de Extremadura y coordinado por los profesores Mario Martín Gijón y César Nicolás (UEX). Serán dos jornadas completas, hasta la tarde del viernes 15, en las que van a participar destacadas figuras de la crítica, de la poesía y de la traducción en España y América con el objeto común de la escritura de Paul Celan (1920-1970). Entre esas figuras, José Luis Reina Palazón, el traductor de las Obras completas (Trotta Editorial, 1999) de Celan, Premio Nacional de Traducción, o el filólogo, poeta y también traductor celaniano Jaime Siles, que serán los dos conferenciantes de un primer día centrado en traducciones y lecturas —el nombre de José Ángel Valente es inevitable— y en la presencia de Celan en autores de Hispanoamérica. El profesor de la Universidad de Kansas Jonathan Mayhew, el poeta Eduardo Moga y el filósofo Francisco Jarauta, que clausurará el congreso, serán los conferenciantes de la jornada del viernes, en la que se abordarán las lecturas de Celan en los poetas españoles contemporáneos, algunos de los cuales participarán con comunicaciones y en una mesa redonda en torno a Celan y la joven poesía española actual. La presencia de autores como los ya citados, de Antonio Méndez Rubio, José Luis Gómez Toré, Cristian Gómez Olivares, Ana Gorría, Diego Doncel, Miguel Ángel Curiel, Esther Ramón, entre otros, añade interés a este importante encuentro en torno al autor de La rosa de nadie, que fue, sin el artículo, el título de un memorable número doble de la revista Rosa cúbica, de Alfonso Alegre Heitzmann y Victoria Pradilla, una de mis primeras puertas para el conocimiento de la escritura de Paul Celan. [Programa completo en las dos imágenes de abajo].


lunes, mayo 11, 2015

Nadal


© Juan Carlos Hidalgo, EFE.
Al leer las crónicas después del partido de ayer entre Rafa Nadal y Andy Murray se diría que estamos ante una catástrofe deportiva —otra más tras los últimos resultados de las selecciones españolas de fútbol, baloncesto o balonmano. El «balear cae al séptimo puesto del ránking», titula 20 Minutos; y Alejandro Ciriza de El País habla de «inclinación» del español ante el tenista escocés y de que «besó la lona», en una crónica ilustrada con esta fotografía de Juan Carlos Hidalgo que parece la imagen del fracaso. La imagen del mejor tenista español de todos los tiempos, con más títulos individuales, y de un jugador que ayer, en el Madrid Open, jugó la final después de ganar a otros como Bolelli, Dimitrov o Berdych. Este muchacho que cumplirá en junio veintinueve años ha sido el tenista más joven en conseguir los cuatro títulos más importantes del mundo y la medalla de oro de los Juegos Olímpicos en 2008, y el único que ha logrado nueve títulos de Roland Garros. Sin embargo, hoy todo eso parece que no vale nada. Somos especialistas en comentar desde el borde de la zanja cómo trabajan los demás y exigimos a los otros una excelencia que nosotros no podemos comprender por estar muy lejos de nuestra propia condición y de nuestra escasa capacidad. Ni es razonable ni es justo.

viernes, mayo 08, 2015

Un chiste de Arsuaga


© Foto de Luis Casero
Cuando leí la entrevista que José Mª Izquierdo hizo al paleontólogo Juan Luis Arsuaga en El País Semanal (15 de marzo de 2015) me acordé de mi amigo importante Antonio Sáenz de Miera, que fue quien me contó —comíamos los dos en el Hotel Convento de la Luz de Brozas— el chiste que le había contado Arsuaga. Fue el 9 de agosto de 2011. Estábamos en Alcántara, participando en una de las actividades paralelas del Festival de Teatro de ese año que Quico Magariño, el director, tuvo a bien incluir en la programación. Antonio también me contó esa mañana que hasta los setenta y cinco no había empezado a sentirse viejo. Tenía 76, y ahora goza de sus felices ochenta con el buen ánimo de una lucidez envidiable que cualquiera puede constatar en su blog Allende Guadarrama. Y Antonio Sáenz de Miera sigue ilustrándome con su amistad... No me he olvidado del chiste de Arsuaga, no: esto es que el hijo pregunta a su padre de dónde venimos; y el padre que le explica, tras varias referencias a Darwin y a la evolución de las especies, que venimos del mono. No muy convencido con la explicación, el chico acude a su madre y pregunta lo mismo, y la madre le responde que fuimos creados por Dios, que, en su amor infinito, creó todo, los mares, los árboles, las plantas y todas las especies animales, al hombre y a la mujer, y que al séptimo día descansó. Finalmente, el niño, que ha dejado terminar de explicarse a su madre, le dice: —Pues papá me ha dicho que venimos del mono. —Sí, hijo, sí —asegura su madre—; eso en la familia de tu padre. 

miércoles, mayo 06, 2015

Estudio del enigma


«Escribir cuanto duele / no alivia casi nunca, mas revela / conciencia más humana de la herida». No sé si estos versos siguen estando así en el libro de José Manuel Díez (Zafra, 1978) que por fin —Burgos, Lanzarote, Plasencia...— se presenta hoy en Cáceres. Celebré el Premio de Poesía Ciudad de Burgos que logró este poemario y leí una última versión; pero aún en fárfara para la imprenta. Así que hoy podré ver el libro de mi paisano, que presenta otro poeta extremeño y coetáneo, Daniel Casado (Trujillo, 1975), en la Librería Baba Yaga de Cáceres (C/ Roso de Luna, 20), a las 20:00 horas. Estudio del enigma (Madrid, Visor Libros, 2015) es un libro excelente que confirma la naturaleza poética de su autor, después de Baile de máscaras (2013), como una de las voces más representativas de la primera generación de poetas extremeños que comienzan a publicar sus libros en este siglo XXI.

jueves, abril 30, 2015

Un día sin comienzo


«Ninguna de ellas española». Dos veces en el mismo día escuché esta frase. Hace unos meses. Cuando un avión de Air Asia cayó al mar con ciento sesenta y dos personas a bordo en Indonesia y tras incendiarse un ferry italiano que llevaba a casi quinientos pasajeros desde Grecia a Italia, de los que habían muerto once el último día del año 2014. «Ninguno de ellos español». Los muertos por el terremoto de Nepal del pasado sábado pueden superar los diez mil, leo en algunas noticias, que detallan sobre todo el protocolo de repatriación de los ciudadanos españoles. Qué rara verdad es que cuando los muertos son de otros no es lo mismo. Ahora, cuando son nuestros... Recuerdo con estupor cuando pienso en estas cosas aquellos atentados del 11-M en Madrid, en los que todos los muertos eran nuestros (polacos, peruanos, búlgaros, chilenos, dominicanos, españoles de Jaén, Murcia, Alcalá de Henares, Madrid, Palencia..., rumanos, colombianos, ecuatorianos, marroquíes...). Dejé anotado algo así cuando se cumplió el undécimo aniversario de aquello para escribir sobre la novela de Alonso Guerrero, Un día sin comienzo (Mérida, De la luna libros, 2014), que es un relato atomizado en cuarenta y un capítulos —cuando recibí el libro escribí por error treinta y nueve— cronometrados desde las siete de la mañana (7:00) hasta las 7:37, cuando hacen explosión las bombas de Atocha, las del Pozo y Santa Eugenia (7:38) y las últimas casi en Atocha (7:39), que por eso van los últimos cuatro capítulos en blanco. Las primeras treinta y siete secuencias están focalizadas en otras tantas víctimas de aquel sangriento y brutal suceso; y supongo que una de las fuentes de Alonso Guerrero para el germen de este libro fue la misma que nos conmovió a muchos hace ahora más de once años con la lectura de unas breves biografías que El País publicó poco después de los atentados del 11-M. Unas memorias sencillas que también se publicaron en otros medios. Con independencia del hecho real, cuya evocación sigue conmoviendo, es muy atractiva esta propuesta de un escritor que no ha dejado de explorar rutas distintas para abordar el género narrativo. A pesar de que, como ya apuntó Gonzalo Hidalgo Bayal, quienes conozcan la trayectoria literaria de Alonso Guerrero no dejen de sorprenderse con Un día sin comienzo. Pero no por una renuncia a un discurso narrativo menos convencional; sino, en mi opinión, por la elección de una referencia real con una profunda carga emocional para seguir buscando modos menos acostumbrados de literatura. Y con independencia también de la potencia del mismo hecho y de su costura sentimental —todos los nombres de los personajes pueden ser identificados—, Alonso Guerrero mantiene la razón ficticia de su relato. Incluso cuando se alude al único personaje que ni siquiera tiene nombre, el de la mochila; un personaje que, ojalá, hubiese sido ficticio. A pesar de todo, pues, a pesar de tanta tremenda realidad, Alonso Guerrero, como uno de sus personajes, María Pilar (7:29), ha utilizado el tren «para echar combustible a la imaginación» (pág. 143).Quizá por ello otro de los personajes principales de esta novela, si no el más prominente, sea el tiempo. Emocionante.

miércoles, abril 29, 2015

Guy Delisle-Pyongyang


Leí esta historia gráfica con premura. Es una obra, bien conocida en su género, del canadiense (Quebec, 1966) Guy Delisle, Pyongyang (Bilbao, Astiberri Ediciones, 2005). El libro me lo prestó Julia un viernes y tenía que llevárselo de vuelta aquel domingo próximo. Ella lo releyó en veintiséis kilómetros, es decir, en la hora y pico que tardamos en recorrer esa distancia al salir de Madrid hace ahora un mes. (Viernes. Salida de Semana Santa. Retención por accidente). Se lo agradezco, porque me gustó, y porque volvió a permitirme enfrascarme en géneros que no frecuento demasiado. En ese caso, me llevó a un asunto algo alejado también, salvo lo que propician las páginas de internacional de la prensa: la situación política y social de Corea del Norte. El diario gráfico de la estancia en la «República Popular Democrática» del autor-personaje —por motivos de trabajo en una serie de animación— está salpicado de notas de humor; pero las principales son de otra índole, las que marcan el hermetismo y el totalitarismo de un régimen dinástico que fundó Kim Il-Sung, continuó en su hijo Kim Jong-Il y ahora representa Kim Jong-Un, el nieto y querido líder. Uno se sonríe —la historia no es para reír—; pero la sensación es de congoja y temor del ánimo, a pesar de la lejanía aparente —Pyongyang dista de Cáceres casi nueve mil ochocientos kilómetros—, pues bien cercano ha sido leer el otro día la crónica sobre ese mismo «escenario teatral» a partir de una exposición del fotógrafo holandés Eddo Hartmann, que estuvo diez días allí, y que muestra sus fotos en Ámsterdam hasta principios de junio. Hay veces que una lectura llama a otra; o, más sencillo, que se hace más evidente que leer es conocer.

domingo, abril 26, 2015

Juan Goytisolo, a la llana y sin rodeos


© EFE/J.J. Guillén/rtve.es
Como siempre, en primera fila. Instalado en casa, cómodamente instalado en mi salón, un año más volví a ver y a escuchar el discurso del Premio Cervantes ante SS. MM. los Reyes de España en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Disfruté con lo dicho por Juan Goytisolo, que tituló su texto A la llana y sin rodeos, con la expresión que don Quijote utiliza en el capítulo XXXVIII de la segunda parte de su novela. El discurso puede leerse ya en los medios; pero sin la dedicatoria inicial: «Quiero dedicar este Premio Cervantes de 2014 a mi maestro don Francisco Márquez Villanueva, catedrático de la Universidad de Harvard, in memoriam; y a los habitantes de la medina de Marraquech, que han sabido acogerme con cariño en esta etapa incómoda de la vida que es la vejez». No defraudó el escritor a quienes esperábamos el «fermento contestatario» de su escritura y que aludiese a la verdad menos vistosa de España —«paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales»—, de la que son responsables algunos de los que estaban sentados el jueves en la presidencia del acto, desde el rey al ministro. Concluyó con el contundente «Digamos bien alto que podemos», que ha llenado los titulares. Pero de su discurso también pueden extraerse constantes conocidas de su posición ante la literatura: su rechazo a la vida literaria, su reivindicación de la modernidad de cierta tradición, y, más allá, los valores destacados por el jurado del premio anunciado el pasado 24 de noviembre de 2014: «su capacidad indagatoria en el lenguaje, sus propuestas estilísticas complejas y su apuesta permanente por el diálogo intercultural». Más allá, porque Goytisolo se siente muy ajeno a estas síntesis exaltadoras y a este modo de celebración. Como el viernes, fatigado, buscando una columna o una pared donde sostribarse unos segundos con la mano de riñonera mientras era entrevistado, o a la espera de Sus Majestades Graciosas, tan espléndidamente retratadas en su integridad sobrehumana en Juan sin Tierra (1975). La mejor crónica que he leído de lo ocurrido la mañana del viernes en el paraninfo complutense lleva la firma de Javier Rodríguez Marcos, y lo he imaginado disfrutando de la conversación en casa del escritor hace unos días o mientras escribía el relato de la entrega del premio, como tantas veces cuando ha escrito sobre el autor de Paisajes después de la batalla (1982) he recordado nuestras conversaciones y un brillantísimo ensayo sobre La saga de los Marx (1993) que me entregó en un lejano curso de doctorado (1993-1994) sobre nuestro Juan Goytisolo hoy Premio Cervantes.

miércoles, abril 22, 2015

El sembrador de adoquines en Cáceres


Hace unos meses, en diciembre del año pasado, se presentó en Cáceres la novela corta de Isidro Timón Aquel día... Detroit (Cáceres, Letras Cascabeleras, 2014), sobre la que algo escribí aquí. De escritura anterior, sin embargo, es El sembrador de adoquines, que ha esperado hasta ahora para ser publicada (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2015). Puede ocurrir con la genética literaria y su cronología: que un libro nuevo se adelante a otro que estaba en la cola o en un cajón sin moverse. El caso de Isidro Timón es el de un momento propicio para la fecundidad literaria en el que probablemente se reconoce mejor en la propuesta más moderna de Aquel día... Detroit que en una novela estimable, entrañable y cercana como El sembrador de adoquines, que, además, expresa el compromiso ético de Isidro siempre en todo lo que ha escrito. Pueden darse estos casos de anacronía; pero lo que no parece muy normal es que el autor sepa ahora que una de sus obras se publicó hace un año, como acaba de pasarle a Isidro con su Antígona Siglo XXI que escribió con Emilio del Valle. Pasado el pasmo, bienvenido sea el nuevo libro. Lo que quiero decir es que El sembrador de adoquines se presenta mañana en la Feria del Libro de Cáceres a las 19:15. Allí estaremos.

lunes, abril 20, 2015

Ética y pedagogía


En el apartado «El juego de la ética» de su libro ¿Para qué sirve realmente la ética? (Barcelona, Paidós, 2013), que fue reconocido con el Premio Nacional de Ensayo 2014, Adela Cortina escribió: «Estrenábamos ese año el controvertido 'Plan Bolonia', con lo cual hubo que redactar una tonta guía de la materia, en la que figuraban el volumen de trabajo que se suponía que debía invertir un alumno medio en hacerse con ella, los objetivos, y una infinidad de competencias, divididas en básicas, generales y específicas, a cuál más inútil. Toda esa jerga burocrática con la que se están empeñando en destrozar poco a poco la universidad aquellos a los que corresponde, y después se quejan del nivel que alcanzan nuestras universidades en los índices mundiales. | En cuanto al contenido, que en la maraña de formalidades parece irrelevante, cuando justamente es lo importante y por eso es lo que elabora con gusto y cuidado el profesor, trataba yo de ir mostrando cómo la ética se va tejiendo a lo largo de la historia a partir de tradiciones que ponen su acento en las cartas indispensables para jugar al juego de la moral.» (pág. 32)

Rodrigo, sé fuerte

© Bernardo Pérez, El País

domingo, abril 19, 2015

Una biblioteca para cenar (y llorar)

Me dirán que estoy loco si les digo que la Biblioteca Central de mi Universidad —gran parte del patrimonio bibliográfico de una institución como la Universidad de Extremadura— ha estado abierta en la noche de este pasado viernes 17 de abril para la celebración de una cena de unas cien personas organizada por una empresa de catering de Cáceres. Las redes sociales están llenas ya de fotografías del interior de la sala general de nuestra biblioteca ocupada por comensales, de la puerta de acceso al pasillo lateral del edificio tomada por una furgoneta y una carpa para el abastecimiento de materiales y productos, y de la plaza Erasmus convertida en una terraza con cómodos sillones para beber copas. Es una vergüenza que se dé este uso a los bienes públicos, a un espacio que no es cualquier espacio, sino una biblioteca que alberga más de doscientos mil volúmenes, un patrimonio vital para una universidad. No sé dónde estará el límite de este esnobismo frívolo; pero lo cierto es que estamos rodeados de irresponsables hasta el hartazgo. ¿Cómo creer a aquellos que fomentan la lectura y la importancia de las bibliotecas cuando permiten esto? ¿Cuál será la próxima ocurrencia en un centro que en las últimas movilizaciones estudiantiles ha estado abierto durante toda la noche sin vigilancia alguna? Qué espanto.


sábado, abril 18, 2015

En Alburquerque


He pasado parte de la mañana de ayer  en Alburquerque, en el acto de entrega del XXV Premio de Narraciones Cortas «Luis Landero» que se ha celebrado en la Casa de Cultura que lleva el nombre del autor de Juegos de la edad tardía. Me he reencontrado con Carmen Macías, que, junto a Manuel Pecellín y a Ángel Campos Pámpano, fundó este premio que ahora ha cumplido un cuarto de siglo. Hemos recordado emotivamente a Ángel esta mañana. Lo ha hecho también el mismísimo Luis Landero, que no falta a esta cita desde que se celebró por primera vez. He podido estar con antiguos alumnos, como Dionisio López, que ha sido el presidente del jurado y uno de los entusiastas impulsores de este certamen en los últimos años y de esta celebración; como Coro Carrillo o Ramón Pérez Parejo, que fueron profesores del instituto; como Isabel Rosario Rocha o Rui Díaz Correia, que han formado parte del jurado. Con otras profesoras como Ana Isabel Folleco. Y he conocido a Luci Pintor Gemio, la directora del centro —el I.E.S. «Castillo de Luna» de Alburquerque— que se ha volcado en la organización de un acto estupendo, en el que han resplandecido los más de ochenta alumnos que han puesto en escena un ballet con extractos de El pájaro de fuego de I. Stravinski. Extraordinario broche a una prueba vivísima de cómo funciona una educación pública que —¡y cómo lo hemos celebrado!— ha sido reivindicada en las sustanciosas palabras de agradecimiento de uno de los jóvenes ganadores del certamen. Lástima que buena parte de ese jurado especial para esta edición —Santos Domínguez, Gonzalo Hidalgo Bayal, Irene Sánchez Carrón, Álvaro Valverde, Pilar Galán, Manuel Pecellín— no haya podido estar —el trabajo manda— para avalar experiencias culturales tan convenientes como esta.

viernes, abril 17, 2015

La creación del sentido


Mi primer ejemplar de este libro de Basilio Sánchez es también un ejemplar primero. Lo sé por Basilio y por la amiga a quien Basilio encargó que me lo entregase. Solo unos pocos sabemos lo que eso significa; y solo yo valoro un gesto así de precioso que viene, nuevamente, de un escritor que admiro. Tengo el libro desde el martes y el miércoles me escribía el director de Turia, Raúl Carlos Maícas, para pedirme una reseña de La creación del sentido. Poco tardé en responderle encantado que sí. Sé que cuando escriba para todo el mundo no debo aludir a cosas personales...; pero no puedo resistirme a confesar que me siento muy bien cuando me sé tan cercano a las palabras que Basilio Sánchez ha escrito, por ejemplo... No eso, sino que me enorgullezco por conocer antes que nadie lo que ahora a todo el mundo le gusta... Qué buenas palabras... y yo ya las conocía... Las he saboreado... Hemos sido pocos, siempre somos pocos, los que tenemos esa suerte... Dice Basilio estar convencido de que la naturaleza del escritor determina de alguna manera la naturaleza de su obra... Bueno, esto es solo un borrador de lo que quiero escribir para publicar en mi blog. Espero no darle a la tecla antes de tiempo y publicar esto, así, como está. Que me conozco.

jueves, abril 16, 2015

Maestro y poeta

Para Á. V.

Esta mañana, en la Barriupedia de Hoy empieza todo (Radio 3), Jorge Barriuso ha conversado con un hombre eminente llamado José Luis Cuerda (Albacete, 1947), que acaba de publicar su novela Tiempo después (Logroño, Pepitas de Calabaza, 2015). Cuerda ha dicho que siempre homenajeará a dos tipos de individuos: los maestros y los poetas. Me ha gustado escuchar eso, que suscribo; pero, sobre todo, lo que me entusiasma es conocer a una persona —que además me beneficia con su amistad— en la que confluyen ambos valores: Álvaro Valverde. Maestro y poeta.