viernes, enero 13, 2012

Contra los recortes

Ayer estaba leyendo en clase a Meléndez Valdés y tuve que parar por el bullicio de un grupo de universitarios que pasaba por el pasillo. Se suponía que la concentración en protesta por los recortes que el Gobierno de Extremadura va a aplicar a su Universidad había terminado y yo tenía clase. Lo que no me esperaba era que alguien golpease la puerta del aula, que, poco después, otra persona repitiese con el mismo gesto abriéndola de un golpe. Sin pensar por un momento en que todos los que estábamos allí dentro —al menos, el profesor; pero estoy seguro que acompañado por muchos— estábamos tomándonos aquella clase como una de las maneras más dignas de defender la enseñanza pública y la necesidad de su fomento desde las instituciones que están obligadas a ello, por esa razón democrática y por ese sentido común cada día más alejados del poder político. No supe reaccionar. Debí haberles invitado a entrar en el aula y escuchar los versos de un poeta. Del mismo modo que en otra aula vecina les habrían ofrecido pasar para participar en una clase sobre los movimientos revolucionarios. Y en otra sobre sintaxis o sobre ordenación del territorio. O sobre crítica textual. O historia del inglés literario. ¡Ay, cuántas provocaciones para más recortes!

3 comentarios:

Roberto Farona dijo...

algunas personas en aras de su protesta, lamentablemente, confunden el tocino con la velocidad deslegitimando su mensaje por no saber ser ni estar

Anónimo dijo...

¿No supiste reaccionar? ¿Y qué hiciste pues?

Anónimo dijo...

He leído esta reflexión y,la verdad, no deja de sorprenderme.Primero, porque me da una información que desconocía hasta ahora. Y, segundo, porque me parece una forma poco sana de reivindicar algo que nos atañe a todos, la enseñanza pública(dejo fuera a aquellos que a sus padres van a bajarles los impuestos al estudiar en colegios privados, tiene narices la cosa).
Respeto que cada uno tenga su manera de hacerse oír, de luchar,pero lo que no comporto es que unos pocos representen a una mayoría cuya forma de mostrar su disconformidad no es otra que salir a la calle,a cara descubierta y sin más mecanismos de defensa que nuestra propia voz, para hacer saber que el gobierno no nos representa. Pero a mí(y me imagino que a muchos más), este grupo que tiene una "piedra guardada en el bolsillo" contra todo aquel que no le sigue, tampoco me representa. Tendemos a hacernos creer a nosotros mismos que nuestros actos son los más correctos, los más valiosos y válidos.Pero querer que el resto priorice las mismas cosas o actos que nosotros, solo nos lleva a condenar la libertad. Yo, como manifestante, no animo a ninguna de mis compañeras a salir de clase para echarse a la calle,pues quizás su manera de lucha sea ésa, seguir con las clases obviando las provocaciones del gobierno(probablemente joda más la indiferencia,dado que parece que nuestro gobierno busque más los titulares en periódicos y sus críticas,que la solución del país). Cabe pensar también, que estén esperando a salgan de las manifestaciones educativas algunos colectivos que, evidentemente, no les representan.
Sea como fuere, cada uno es dueño de sus actos, pero cuando se trata de actos colectivos, deberíamos actuar con la prudencia y conciencia cívica en la que una mayoría democrática cree.Sin más, terminar aclarando que tales manifestaciones no deben considerarse como movimientos reaccionarios contra todo y contra todos porque no es así. De hecho,el propósito de las mismas es proteger a todos los alumnos (se unan o no a las protestas), así como al personal docente y a todos aquellos trabajadores del ámbito educativo.
Un saludo
Espero no haberle aburrido.