martes, junio 11, 2019

La página en blanco


He ido a buscar a la Biblioteca Central este poema de Eliseo Diego y me lo he encontrado en la edición mexicana de Veintiséis poemas recientes (Ediciones del Equilibrista S.A. de C.V., 1986), en un ejemplar donado por un escritor extremeño que pasó por la Universidad de Extremadura y dejó una colección de libros que siempre me hace distinguir entre la investigación y la docencia, que son los principales motivos por los que adquirimos libros para nuestra biblioteca universitaria, y las razones de un lector. El diseño de ese libro fue de Gonzalo García Barcha, el diseñador e ilustrador, hijo de Gabriel García Márquez, que firmó una nota previa junto al editor Diego García Elío, en la que evocaban unas palabras de Eliseo Diego, en un ensayo breve titulado «Cómo tener y no tener una alondra»: «[...] para mí, la poesía es en un primer estadio una iluminación de cierto aspecto de la realidad que nos conmueve o sobrecoge: en este primer estadio, todos somos poetas. Luego, algunos resultan capaces de trasladar el aspecto iluminado de una materia a otra: en nuestro caso, de la realidad a la materia idiomática. El tránsito ha de ser hecho con tal delicadeza, que no se pierda ni una sola de las infinitas sugerencias vivas adentro de lo real, así como ni uno solo de sus múltiples significados posibles. Únicamente de esta forma se podrá llegar al tercer y último estadio en que el poema alcanza su consumación definitiva: la fase de la comunicación de lo iluminado, en que el lector, el otro sin el cual nada habría, recrea la experiencia originaria a través de aquellas mismas sugerencias y significaciones, aún tibias de vida, que el poeta-artesano guardó cuidadoso para él en el cofrecillo también vivo de la palabra».

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