miércoles, octubre 01, 2008

De Tordesillas a las Feroe

En la era de las nuevas tecnologías, en la aldea global y en estos tiempos de cruel capitalismo que a veces se resiente y se arrepiente por sus modos —no es para tanto y las cosas volverán a su cauce; vamos, que Marx no se quedó corto—, las tradiciones tribales masivas no cambian. Que digo yo que podrían cambiar las tradiciones, y convertirse en tradición donar sangre tres días al año —sin vaquilla del aguardiente—; lanzarse a las aguas sucias de un río para limpiarlas —sin que la fiesta continúe luego meando en el río vecino—, o salir a las calles cada 3 de octubre —por poner una fecha, movible según el calendario— y recoger papeles, limpiar fachadas de pintadas y guarrerías, y retirar las cagadas de los perros —sin un botellón luego para celebrarlo.
Escribo en el tumulto de una jauría de cientos de estudiantes que celebran las novatadas, otra tradición que llena de alcohol los cuerpos jóvenes de quienes comienzan el curso —una contradicción— y llena de mierda las calles y los jardines. Escribo con el eco de las denuncias por una fiesta absurda como la del Toro de Tordesillas, que este año ha tenido más presencia negativa en los medios —¿con cuántos años de retraso? Y escribo movido por un mensaje de mi amigo Juanma Barrado que me transporta al Atlántico Norte, a las Islas Feroe, en una denuncia cándida e inofensiva de la matanza de ballenas. Otra tradición que se ejecuta con la mayor humanidad posible sobre una especie que no se encuentra en peligro y que permite nutrir a buena parte de la población.
También aquí.

1 comentario:

Los viajes que no hice dijo...

Sonrisa en la cara, asombro por el texto y ganas de aplaudir. ¿Cómo podemos llegar a la raíz de las cosas? Eso me pregunto desde hace dos días... (Desde hace dos días con fruición, digo: me lo he preguntado muchas veces antes). Cómo podemos llegar y cuál es mi papel en todo esto.