viernes, diciembre 07, 2007

PISA o el cinismo

Si Diógenes Laercio levantase la mano me reconvendría por usar una vez más ‘cinismo’ con el valor peyorativo que ha venido derivándose por los siglos de los siglos. Quede aquí constancia, por la mención, de mi estimación —salvando las distancias— por la escuela de los cínicos antiguos. Pero es que no hay cosa más desagradable que encontrarse con esta dedicación de los medios —todos, escritos, audiovisuales, virtuales...— al Informe PISA sobre la enseñanza y los datos referidos a España. Basta que se emita cada dos años, o así, el Informe PISA para que todos los medios —todos, escritos...— dediquen un espacio al asunto de la educación. Bien estaría si se sintiese, si realmente se creyese en que el progreso de un país, de una sociedad, depende de la educación de sus ciudadanos.
Incluso he leído en algún sitio que por el informe se constata que la riqueza de los países no garantiza mejores resultados educativos. De verdad que suena a excusa para no invertir en educación lo que se invierte en armas. Claro que no, porque un altísimo nivel del PIB de un país no se traduce en un altísimo nivel de inversión en educación en ese país. Y digo yo que si alguien se ha preguntado cuál es la razón por la que la liga española de fútbol es de las mejores del mundo, que si alguien se ha preguntado si el nivel de inversión de dineros tiene algo que ver.
En fin, un desastre. Mientras tanto, los medios —todos, escritos, audiovisuales, virtuales...— y las instituciones seguirán difundiendo la necesidad de ser mejores en educación al mismo tiempo que cortan los créditos de las películas que emiten, a la vez que programan cutres tragedias pasionales que acaban en tragedias reales en las que casi siempre es una mujer la que muere acuchillada o quemada, o al mismo tiempo que financian fiestas en las que la única ‘adormidera’ es el alcohol. Hasta el nuevo Informe PISA.

2 comentarios:

pontosdevista dijo...

EL tiempo nos hace perder la memoria y las perspectivas. Para algunos siempre estamos en perpetua decadencia, siempre hay quien recuerda que la generación anterior sabía más y estaba más preparada.

Los tiempos cambian y no es que se sepa más o se sepa menos: se saben cosas distintas.

Medir la calidad de la educación es una tarea difícil. Cuantos más medios se pongan mejor se hará.

Lo que hay que preguntarse es si hay alguien dispuesto a tomar la decisión de invertir -que no gastar- un 5% del PIB en educación en lugar del 3%. Entonces se podría dotar dotar de medios a los centros, reciclar profesorado (también es importante), atender a la diversidad, adaptarse a las singularidades, etc.

Me quedo con la frase de Federico Luppi a sus alumnos en Un lugar en el mundo: "Si aprendieron mucho o poco eso no importa. Aprendieron a pensar y aprendieron a convivir".

Anónimo dijo...

Sí, lo que de verdad se necesita como agua es que los políticos dejen en paz la educación, totalmente en paz, que eso es muchísimo mejor que más pelas o pelucos... NO como una excusa para sus trepas de mando.
Un Consejo Escolar de Estado que decida sobre leyes, y las proponga al gobierno y éste las defienda en el parlamento, ejecute, lo mismo sobre presupuestos, o sea los entendidos, los interesados de primera mano sin más interés que la mejora y eficacia... Un Consejo compuesto por electos de los estamentos docentes -menos sindicatos y otras correas de partía- y de entre personas no militantes en partía de mando alguna.
Creo que los países nórdicos hacen algo así y les va estupendo de siempre, se mida como se mida, da igual PISA que POSA...
Estuve en 1990 trabajando duro en reforma experimental y para nada, todoas la memorias, todos los informes fueron para nada, el gobierno de turno ya tenía su modelo de ley a plicar contra todo y todos, sin contar con nadie del ámbito docente, nadie que se dice pronto.
Y es que la democrattis aguda que se padece olvida que hay cuestiones que no d¡se dirimen en urnas, como el valor docente, lo adecuado como medio según los tiempos, etc. Y estamos llegando a estupideces como la de que es buen poeta alguien que es premiado por el poder político y sus instituciones, por ejemplo, tal como piensan la mayoría de los poetas y escribidores de fama y abolengo... Porque, claro, si los ha elegido el pueblo son los que nos dicen lo mejor y conveniente en todo, no sólo la poesía, sino la educación, por ejemplo... Cuando en democracia sólo se elige a los que han de servir, administrar con claridad y hacerse cargo del servicio del aparato administrativo para que funcione bien y para todos, no para adueñarse del mismo y ponerlo a sus servicios, al de empresas privadas a las que trasvasan fortunas, y ese largo y cochambroso etc., tan corriente en todos los ámbitos de la vida.
Esto no es, esto no...