Me dio la sensación de que era un sitio de paso en donde la gente no se detenía con especial interés, después de haber visto algún Sorolla o los Madrazo de la sala 61 del Museo del Prado, en la que sí me paré para ver el retrato de Carolina Coronado o «Los poetas contemporáneos» de Esquivel. Ese sitio es la sala 60, en donde está instalada la recoleta exposición de ocho cuadros de Valeriano Domínguez Bécquer, el hermano del poeta, que son los que realizó por encargo, entre 1866 y 1867, para el desaparecido Museo Nacional de Pinturas y que luego quedaron en el del Prado. Son todos magníficos ejemplos de pintura de costumbres, tanto en los ejemplos de las escenas, como El baile, como en el de los retratos de tipos como el del leñador o la hilandera que localiza en las cercanías de Burgos de Osma en 1866, y van acompañados de otros documentos como las cartas de Valeriano en las que el artista daba explicaciones sobre sus detalladísimos dibujos. En un conjunto tan espectacular como la colección madrileña del Prado, estas pequeñas exposiciones, tan genéricamente reducidas, son tan excéntricas que uno parece estar desubicado; más, en el día del eclipse, pues aquello fue una manera de aislarse de un asunto omnipresente. Pero también resultó un gustoso aperitivo para la espléndida exposición «A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)», con más de un centenar de obras, desde pinturas hasta códices iluminados como el de las Leges Palatinae de Jaime III de Mallorca traído de la Biblioteca Real de Bélgica, una de las más de dos docenas de instituciones extranjeras que han aportado piezas a esta soberbia representación visual de la interpretación por parte de artistas hispanos de los modelos del Trecento italiano. La visité cargado con el catálogo Los Bécquer, un linaje de artistas (Ed. de Manuel Piñares García-Olías), que fue el de la muestra del Museo de Bellas Artes de Sevilla que estuvo desde diciembre de 2025 hasta mediados de marzo de este año, y que me perdí. El dependiente de la librería del Museo del Prado me había dicho que, con motivo de la exposición Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres, había sido idea de algunos editores enviar ejemplares de ciertos títulos relacionados con los hermanos Bécquer, y, entre ellos, encontré también una curiosa y muy reciente edición de obras de Gustavo Adolfo Bécquer, Qué es poesía. Escritos sobre poesía y poética seguidos de las Rimas, nuevamente ordenadas (Madrid, Hiperión, 2026), hecha, con introducción y comentarios, por el poeta Manuel García. La califico de «curiosa» no solo por la acertada singularidad temática de reunir los textos en los que el autor sevillano reflexionó sobre el proceso de escritura poética, sino por la originalidad de aportar una nueva ordenación a las Rimas que no es ni la tradicional que se vino repitiendo desde la primera edición póstuma de 1871, ni la que conocimos en el manuscrito del Libro de los gorriones, sino una estrictamente cronológica «según se fue publicando cada una de las rimas» (pág. 47), cercana, aunque menos precisa, a la edición de Robert Pageard de 1972 (CSIC). Además, la edición de Manuel García identifica métricamente cada poema y le añade al final unos números —del 1 al 12— que remiten a los «marcadores poéticos», o sea, «aspectos de la poesía que trata cada texto en concreto» (pág. 37), y que pueden ser «Definición de la poesía» (1), «Definición de la inspiración» (2), «Creación como dolor» (4), «Uso de sinestesias» (6), «Confusión vida-literatura, realidad-ficción» (10)... Habría que dedicar más tiempo al comentario de esta edición tan singular, una edición de poeta y de profesor —con dejos didácticos—, con una decidida caracterización de Bécquer como poeta del simbolismo, que «compartió con los poetas simbolistas gran parte de los procedimientos de expresión literaria» (pág. 22). En cuanto a los textos incluidos, el editor da completos la Introducción sinfónica, las Cartas literarias a una mujer, «El Maestro Hérold» y la crítica de La soledad de Augusto Ferrán. Y fragmentos de otros textos, como leyendas, las cartas Desde mi celda, o el texto de «La mujer de piedra» que se incluyó en el Libro de los gorriones, y un fragmento de dos escenas de la pieza teatral La novia y el pantalón, cuyo único marcador poético es el decadentismo antiburgués y el ambiente de bohemia, y que aporta poco a la coherencia del discurso poético becqueriano. Un curioso hallazgo gracias al costumbrismo pictórico de Valeriano Domíguez Bécquer.
sábado, agosto 15, 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario