miércoles, octubre 31, 2007

Bécquer en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes



No, no, hombre, no, no digáis que agotado su tesoro...

Podrá no haber poetas, claro, pero...

pero siempre habrá poesía (sobre IV, 1-4).

Y digo yo...

martes, octubre 30, 2007

Manga Ancha (0)


De Emilia Torrado recibo el número 0 de la revista Manga ancha, de la que hablé aquí el primer día de octubre.
Me agrada mucho encontrar imágenes tan conocidas y cercanas para mí como las de las creaciones de Antonio Gómez. Y, cómo no, de los poemas de María José Flores. Pero también la oportunidad de leer a algunos poetas marroquíes como Zohra Almansouri, Mohammed Bennis, Salah Boussrif y Hassan Najmi. (Qué buenos recuerdos de un encuentro en la antigua Facultad de Filosofía y Letras, en aquella 'capilla', hace algunos años con los poetas marroquíes que leyeron sus versos. Hace ya algunos años). Y otros poetas, más conocidos, portugueses. Con Fernando Pinto do Amaral me encuentro en tantos sitios...
La cubierta de aquel número Cero —¿de 2004?— es obra de Máxima Pérez.
Gracias a Emilia Torrado por completarme la colección de esta revista.

lunes, octubre 29, 2007

Ser querido y la materia de los sueños

Le he escuchado hoy a José Luis Borau que no hay cosa más bonita que ser querido. “No hay mayor regalo —creo que ha dicho— que se pueda dar a un hombre que el ser querido.” Borau ha recibido el I Premio al Cine y los Valores Sociales, y ha hecho estas declaraciones con el convencimiento de que se trata de algo no merecido.
Las circunstancias de un día han convertido esta frase del autor de Furtivos o de Tata mía en un bálsamo confirmativo de un cierto tipo de felicidad indefinible. Ser querido, sí. Y querer. Querer como se quiere en las historias más impresionantes que la literatura nos ha permitido leer. Querer como en la vida que tantas veces ha pasado a la literatura, a la letra impresa, a las canciones escuchadas con pasión. Querer, que es una de las energías alternativas sobre las que aún no ha investigado nadie. Que no investiguen, a ver si van a llegar las multinacionales y van a ponerle precio a la materia de los sueños, a los sueños, a la materia. Eso.

viernes, octubre 26, 2007

Esparpitaos

En el libro de Manuel Bohórquez sobre Tomás Pavón. El Príncipe de la Alameda, del que he hablado aquí en items anteriores, se recoge una necrológica del cantaor publicada en el Diario de Sevilla del 3 de julio de 1952, firmada por el seudónimo “Jatifal” y titulada “Responso al Rey de la sigueriya”. Merece la pena leerse. Habla de una fiesta que tuvo lugar en una finca al lado de Dos Hermanas que tenía un abogado sevillano, en la que cantaron Manuel Torre y Tomás Pavón, y, a la sonanta, Manolo el de Huelva. Pero lo que me interesa de ese artículo de hace más de medio siglo es una palabra: esparpitaos. La emplea el autor de aquel texto para referirse a Manuel Torre cuando arrancó una seguidilla “con los ojillos esparpitaos”.
Llevo más de dos meses prendido de esta palabra soberana. Lo sabe mi amigo José Antonio Zambrano, como ya dije. Y también lo sabe mi compañero y amigo Antonio Salvador Plans, que se pirra por una palabra que desentrañar. Dar a Antonio una palabra para que averigüe es lo más parecido al gesto de un sabueso que olisquea. Y es que en pocas horas ya tenía yo las referencias oportunas que documentaban la palabra soberana. Aparece en un Vocabulario médico empleado en el área de Educación Física, de Julio Ángel Herrador y Mª Aránzazu Núñez, como respuesta de un alumno para “ojos desencajados o vueltos hacia arriba”. El alumno había escrito: “con lojo esparpitao”. Genial. El Alcalá Venceslada (el Vocabulario andaluz) trae esparpitado como “con los ojos muy abiertos” y una saeta:

Míralo por dónde viene
er mejó de los nasíos;
los ojos esparpitaos
y el rostro descolorío.


Bonito, bonito. En el
Tesoro léxico de las hablas andaluzas, de Manuel Alvar Ezquerra, se encuentra esparpitado, que remite a desparpitado, que se da como adjetivo: “Con los ojos muy abiertos”. También “atónito, espantado”, documentado en el citado Alcalá Venceslada, en el Primer viaje andaluz de Camilo José Cela, y en el vocabulario jerezano de Juan de la Plata, El habla de Jerez.
Apasionante.

Selectividad


Otro gallo cantaría si se propusiese como ejercicio para resolver en Selectividad un texto como el de arriba. No sé si el verbo “rescantar” es conocido por el común; pero estoy convencido de que la puntuación y la sintaxis no son extrañas, y menos una expresión tan hialina como “a lo Capello”. Así, de subtitular.

jueves, octubre 25, 2007

Burgos



He traído estas fotos —tengo más y mejores— de la Catedral de Burgos para Carmen, que no la había visto limpia. No han terminado la limpieza, pero el martes por la mañana estaba así. Quizá no se aprecie bien; no sólo por las posibilidades de mi cámara, sino por la luz escasa de un mediodía encapotado, amenazante de lluvia. Veinte horas después dejaba que se alejase esa luz difusa y húmeda a través de la luna trasera de mi coche, camino de Madrid.
Sí, si subí por Valladolid, bajé por Madrid. O lo que es lo mismo: Zi zubí por Valladoliz bajé por Madriz. (Esto, sin duda, necesitará de una nota al pie —ya la preciza para los no avisados— dentro de cien años).
Madrid, lluvioso también. Pasé por la Nacional, la Biblioteca. He renovado mi carnet. ¡Qué maravilla! Todo estupendo. Me hicieron una foto con una webcam y al poco rato ya tenía mi tarjeta —de INVESTIGADOR— remozada. Charlé un rato con el sabio Julián en la parte restringida de la Sala Cervantes, después de haberme asomado a la zona de lectura de esa misma sala sin ver a nadie sospechoso de robar nada. Claro que, antes, en el acceso de todo, el personal de seguridad me examinó de arriba abajo. El pobre se quedó algo estupefacto al hojear mi cuaderno en busca de papeles sueltos. No los encontró, pero sí que se topó con una entrada para acceder a la fortaleza de Sagres, la tarjeta de la cervejaria ‘Dois Irmãos’ de Lagos, un resguardo del AVE de Madrid a Zaragoza y de Huesca a Madrid, amén de una entrada para ver El curioso impertinente en el Gran Teatro de Cáceres, otra para ver las exposiciones del MUSAC de León, y, lo más inquietante, en lo que se detuvo un buen rato, un recorte pegado —como todos los papeles citados— de un periódico, El País, del martes 10 de abril de este año con una carta al director de mi amigo Pedro Álvarez de Miranda, un asiduo de la Biblioteca Nacional. Eso no lo sabía el encargado de controlar todo lo que yo metía en la Biblioteca. De saberlo...; quién sabe. Estuvimos un rato el encargado de esa seguridad y yo hablando sobre el recorte de prensa pegado en mi cuaderno. Fue un diálogo extraño, casi monosilábico, que, al cabo, resultó favorable a mi cuaderno, que entró conmigo. A la salida, al presentar mi flamante carnet, el mismo guardia de seguridad volvió a hojear a conciencia —a exigencia— mi cuaderno, elevó el mentón para mirarme y me sonrió, dándome la venia. La mueca, yo sabía, era más para mi cuaderno que para mí. Lo reconozco, al bajar por la escalinata principal y señorial, di una palmada a mi cuaderno en señal de afecto. Me sentí mal de inmediato, pues parecía que habíamos robado algo.
He llegado a casa a las cinco y media de la tarde y Carmen no ha disfrutado de la limpieza de la Catedral de Burgos.

lunes, octubre 22, 2007

Motas de pantalla


Ando a vueltas con nuevas formas de lectura y de escritura.

Casi siempre que leo en la pantalla del ordenador tengo un libro en las manos, o cerca.

Jorge Riechmann en un comentario bloguero: "Si uno ama la poesía, y vive de alguna forma cerca de ella (para eso no hace falta publicar un solo poema), encuentra en ello su propia recompensa." Lo que viene a ser que no hace falta escribir y publicar poesía para amarla. Claro.

Ramón Trecet hoy en su programa: "Mucha gente me escucha mientras come". Yo soy uno de ellos.


Ilustración: "Despedida a un amigo", de Li Po.

sábado, octubre 20, 2007

La cabra, de Pou


La cabra de Edward Albee tiene dos subtítulos. Uno es ¿Quién es Sylvia? y el otro Notas para una redefinición de la tragedia. ¿Tendrá algo que ver con que la cabra sea un animal asociado a la tragedia griega? Lo cierto es que me interesa más ese subtítulo que la cabra y el nombre de la cabra, aunque considero que es un acierto —uno más— el título que remite a la cabra y el subtítulo que contiene la pregunta sobre el “asunto chocante” del argumento de esta obra. Espléndida y necesaria.
Lo dijo Marcos Ordóñez, que esto es una tragedia contemporánea. Vista así, y más, como reflexión sobre el género trágico, la obra adquiere unas dimensiones inabarcables. Como la envergadura del actor José María Pou. Impresiona. E impresiona también el amor de este hombre al teatro. Porque quien hace muecas, se mueve, grita en la escena —Pou— interpretando al Martin creado por Albee es quien ha dirigido, y bien, a los otros actores, a Amparo Pamplona (Stevie), Alex García (Billy) y Juanma Lara (Ross); y es quien ha firmado la traducción del texto, como lleva traduciendo desde hace treinta años obras de Noel Coward (Un espíritu burlón), Neil Simon y Marvin Hamlish (Están tocando nuestra canción) o, entre otros, Hugh Whitemore (Materia reservada). Impresionante. Pero él ya lo ha dicho muchas veces: “—Soy actor”.
Mi vecino de butaca estuvo toda la obra sin inmutarse. A mí, ante obras así, me parece algo incomprensible. Aplaudió, sí, pero no estoy seguro de si lo hizo empujado por la unanimidad (casi, pues) del público. Luego, en la calle, alguien me dijo algo parecido, como reparo, a un cierto histrionismo en algunos momentos. No lo comparto. La exageración —y el absurdo aparente, por la incomprensión—, si merece tal nombre, forma parte de la obra de Albee y es, por ello, un elemento de la interpretación en este montaje. En esta tragedia, la banda sonora es el dar voces, y el ruido que hacen los objetos que se rompen en la discusión del matrimonio Martin-Stevie, y es también el insulto en boca de Martin dirigido a su amigo Ross. Así son las cosas. La tragedia.
Poco después de la función, José María Pou comía algo en una terraza de San Juan, a nuestro lado, mientras atendía sin enojo y agradecido algún comentario de los que por allí pasaban. Algún conocido nuestro nos dijo que ya la habían visto en Madrid —en el Bellas Artes, supongo. ¿Jode? Quizá. A veces el orgullo de provincias repara en que esta obra necesaria ha tardado en pasar por aquí. Se estrenó en catalán en noviembre de 2005, y luego fue la gira por España. Por el ‘Cervantes’ de Málaga pasó hace un año. A nosotros nos ha tocado ahora. Gracias.

viernes, octubre 19, 2007

El detallito

Hace menos de treinta horas —la precisión aquí no tiene ninguna importancia— hablaba con mi hermano José María, aquí en casa —tampoco...—, sobre el fondo del asunto que expone con fastidio y buena pluma Santos Domínguez En un bosque extranjero, su blog. Tiene razón.
Alguien tiene que aprender a valorar lo que algunos hacen; eso sí, sin llegar al extremo tan extendido de medir la calidad de lo contratado por el importe de la contrata. Yo tengo una insignia para el ojal de la chaqueta que me regalaron por haber dado una conferencia y tuve un lomo ibérico, excelente, por presentar un libro. Alguien tiene que haber decidido que ir a una ciudad que no es la tuya a dar una charla o a hablar sobre una novedad editorial no se paga. Ni la gasolina.
Otra cosa es la cantidad, y ahí, como en la pescadería, entran, como el sentido común, el mal gusto y la tontería.
Santos Domínguez, el aludido por Santos en su texto, y muchos otros hemos hecho gratis et amore mucho de lo que para otros supone un rendimiento dinerario. Algunos más que otros, y para algunos más que para otros, bien es cierto.
Hace poco le pregunté a un colega amigo que me propuso participar en un ciclo de conferencias si se pagaba. "—Por supuesto", me dijo disculpándose por no haberlo mencionado en un primer momento, y acompañándome en el sentimiento —es compañero de profesión. Ahora me han pedido la colaboración semanal en un medio, y he aceptado, sin preguntar cuánto van a pagarme. He supuesto, siempre, que me pagarán. Así que hablar de cantidades me parece de mal gusto.


Como el blog de Santos no admite comentarios, ofrezco este espacio para los que quieran escribir sobre el asunto, y, por supuesto, para que Santos añada lo que quiera y que matice.

jueves, octubre 18, 2007

Mutantes. Las palabras en la red

Es el título que han elegido los directores de estas Terceras Jornadas sobre Lenguaje y Periodismo, de la Universidad de Burgos, los profesores Antonio Álvarez Tejedor y Pedro Ojeda Escudero. Comienzan el martes 23 de este mes y culminarán la tarde del jueves 25. La lengua española en internet, la cultura en la Red, los medios de comunicación en la Red, el ciberperiodismo en la enseñanza..., son algunos de los asuntos que se abordarán en esos días, que se cierran con una mesa redonda con autores de blogs de Burgos, entre otros, Blogófago, Caminando en el Desierto, Código de Barras, que recoge también esta noticia, o Sr. K... Quiero hablar allí de “Nuevas formas de literatura y de lectura en la red: los blogs literarios”. Un poco de teoría sobre el medio, algunos ejemplos muy sugerentes de crítica y de creación literarias y el comentario de la bibliografía que va surgiendo sobre esto llenarán el tiempo de que dispongo. Una excelente oportunidad para hablar sobre un fenómeno de interés. Creo que utilizaré un lema de alguien en cuyo perfil leo la edad de 16 años. Es Ernesto Castro Córdoba, que titula su perfil con lo siguiente: “Escribo poesía, no por ello soy un poeta”. Todo un manifiesto de una parte de lo que quiero decir en Burgos.

La boca abierta


Intento pensar en cualquier cosa menos en la lengua; pero no puedo. Es inquietante pasarse más de una hora intentando pensar en todo menos en la lengua. Que se lo digan a Víctor García de la Concha, o al Diccionario, los de la lengua española. Como la mía, aunque yo no la reconozco como tal. Yo no era consciente del peligro que corría mi lengua hasta que él me advirtió. Así, estuve durante mucho rato intentando recordar un cuento de Cortázar en el que el personaje tiene que escribir sobre un concierto de jazz —creo— y no quiere hacerlo como crítico, sancionando comparativamente —dice, creo. Me parece que es en “El perseguidor”. Quizá sea porque él es argentino. No Cortázar, que también, sino mi dentista. Fue sólo por distraerme, por pensar en algo que no fuese la lengua. Mi dentista la definió como “curiosa”, porque se mueve hacia delante y corre el peligro de ser rebanada por la pulidora, si así se llama, que iba limando mis dientes hasta dejarlos notablemente mermados. Luego vendrán tiempos mejores, me dije —me dijo—, cuando sobre mis maltrechas piezas estén las espléndidas fundas de fina porcelana que ya tengo.
Me mantuvo con la boca abierta durante una hora, con un tubito colgado de la comisura derecha que aspiraba la saliva a un ritmo alarmante. Seguí pensando en mi lengua —española. No debía reírme; pero me detuve en lo de ‘española’, contagiado por el Presidente del Gobierno, de España. Pero hablar de España, inevitablemente, me llevó a pensar en la lengua, en mi lengua, tan española como mis brazos o mi nuca, así que volví a intentar volar con el pensamiento a través de la ventana que tenía enfrente, la que da a una calle por la que bajan siempre los coches de esta ciudad, y recordé cuando jugábamos de niños a adivinar la terminación de la matrícula del próximo coche que pasase. Así estuve un buen rato, hasta que pasó el peligro.

Dedicado a UnaExcusa, por los comentarios
a este item.

lunes, octubre 15, 2007

El Príncipe de la Alameda (II)


“Sus discos son buenos, pero no dan la auténtica medida de su calidad como cantaor”. Leo esto en el libro de Bohórquez, mientras escucho a Tomás Pavón. Lo dijo al autor de mi libro Eloísa Albéniz, cuñada de Pavón, cuando tenía 93 años.
Le pasa a estos divulgadores apasionados de lo que viven. Manuel Bohórquez dedica mucho espacio a generalidades sobre el flamenco y menos a Tomás Pavón, del que tiene los datos que tiene, los que dejó una figura casi secreta del flamenco. Interesantísima. Para contarnos que el palo preferido de Tomás es la soleá nos dice que se trata de una estrofa de tres o cuatro octosílabos, que se acompaña de guitarra “por arriba” o que es probable que provenga de los antiguos jaleos. Por eso digo lo que digo.
Por cierto, al poco de escribir aquí mi primer texto sobre Tomás Pavón, me llamó mi amigo el poeta José Antonio Zambrano, gran aficionado al flamenco y autor de unas maravillosas Soleares. A cantar las doce, publicadas en 2004 en la colección “Lunares” de De la Luna Libros. “De la mar el agua clara, / la memoria de la arena / y el silencio de las barcas. // Dejadme poner al sol / cada sorbo de la vida / y el rastro de mi pasión.” —¡Toma ya!
En la conversación sobre Pavón, el poeta Zambrano empezó a largar por esa boca anécdotas y cosas del flamenco que están en el libro de Bohórquez. Así es la sabiduría de los libros. De aquella conversación salió también la curiosidad sobre una palabra: esparpitaos. Ya tengo casi listo la item referido a ella. Próximamente. Mientras, disfruto con los fandanguillos, con las soleás, con un par de saetas, con el martinete y la debla...

domingo, octubre 14, 2007

De Monsanto a Penha Garcia


Conocíamos ya Penha Garcia y Monsanto, por este orden. Ayer, sin embargo, fue al revés. Hicimos el camino andando desde Monsanto, después de volver a ver esos núcleos de piedra granítica en calles y rincones, y de subir al castillo. A la salida de este peñascal tan visitado hoy, y antaño defensa heroica y sitio de Templarios, bajando, recorre uno un alcornocal que impresiona. Lástima tener que mirar tanto hacia abajo cuando uno camina. Pasamos por la ermita de Nossa Senhora da Azenha, a ocho kilómetros; y luego, a cinco kilómetros y medio más, se llega al pie de Penha Garcia. La subida al castillo, después de haber recorrido catorce kilómetros caminando, cuesta un poco; pero merece la pena, porque a lo que uno se asoma cuando ha llegado arriba sorprende. Los molinos de agua y las canalizaciones del profundo valle se contemplan desde la altura; los fósiles marinos en la piedra se aprecian desde cerca. Ya abajo, pues, salimos del pueblo y volvemos a casa. Nuevamente, con el buen sabor de boca de la amabilidad de la gente de Portugal, aquí, al lado de todo.

viernes, octubre 12, 2007

Antonio Gómez y Mercedes Lara en la Galería Fernando Serrano


© Antonio Gómez, "Sin nada en los bolsillos"


El sábado 13 de octubre, a partir de las ocho de la tarde, la Galería Fernando Serrano de Huelva, que no conozco, pero cuya muestra —reducida— he visitado varios años en el Foro Sur de Cáceres, abre la temporada —y van 18— con una doble exposición bajo el título

¿Primero fue la Luz o la Palabra?

Que llevará obra de Antonio Gómez con El peso de la ausencia —el título de aquel espléndido libro objeto editado por Luis Felipe Comendador en 2001– y de Mercedes Lara con A través del cristal.
Antonio, a las nueve de la noche pondrá en escena una acción declamatoria titulada “Me acuerdo de...” sobre pasajes de su libro Me acuerdo de Cuenca, acompañado al piano por Efraín Callejo Periáñez.
La exposición estará hasta el 30 de noviembre de 2007 y el horario de visitas se dispone previa cita.

martes, octubre 09, 2007

Olvido, Premio Nacional

Por este libro, publicado en la primavera del pasado año y al que dediqué unas líneas aquí, ha recibido hoy Olvido García Valdés el Premio Nacional de Literatura de Poesía 2007. Me alegro mucho, y —también desde aquí— le mando mis felicitaciones. El libro lo merece, y también la autora, con su trayectoria.
Hace pocos días hablábamos, por algo pendiente. Desde Toulouse, donde dirige el Instituto Cervantes de esa ciudad, y ahora con este reconocimiento, sé que hará lo posible para estar en Cáceres, en el Aula Literaria “José María Valverde”, en la misma fecha en la que el año pasado iba a leer sus poemas en el Colegio Mayor “Francisco de Sande”.
Es curioso. He escuchado la noticia por la radio, en la SER, mientras comía. Unas horas antes, hablaba con un compañero de la Facultad, de Historia Antigua, con Julio Gómez Santa Cruz, que me decía —a propósito de otras complicidades— que había coincidido como estudiante en Valladolid con Miguel Casado. Y me ha hablado de aquel tiempo, de la militancia política, y han salido nombres, como Andrés Trapiello, como Carlos Ortega, como Gustavo Martín Garzo, y, por supuesto, como Olvido García Valdés.
Ella. Y al llegar a casa, su nombre, en titulares.

lunes, octubre 08, 2007

Con Belisa

—Pero ¿por qué sí?
—Pues porque sí.
Me ha parecido delicioso este montaje del Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín dirigido por Jaume Villanueva también. La conjunción de las marionetas y de las actrices, la excelente interpretación de Montse Morillo (Belisa) y el concepto de la obra por parte de su director, dando el protagonismo a las mujeres —las mujeres de Lorca—, a Belisa y a Marcolfa (Maite Brik), que asume y subsume el papel de Perlimplín. Aleluya erótica, poesía escénica. Una sutileza. Un recital de matices al que es muy difícil sacar todo el partido con una única función. O, quién sabe, quizá bastase con que, tras los saludos del elenco, el director explicase cuatro claves de lo visto. Sólo media horita.
Aparte de lo mucho que queda por hacer, creo que una de las más rotundas confirmaciones del apoyo de las instituciones públicas al proyecto de “Cáceres 2016” sería doblar, o triplicar, el presupuesto de determinadas infraestructuras culturales que durante años han demostrado calidad, solvencia, eficacia. Así, el Gran Teatro. Después de la función del sábado, con los silencios de la escena y el crujir de las vetustas e incómodas butacas del patio, he sentido envidia con lo leído en Hoy sobre el estreno del Teatro López de Ayala de Badajoz en el concierto de Maria João Pires.

sábado, octubre 06, 2007

Red Babel


He pasado en esta mañana de sábado dos deliciosas horas casi completamente solo en uno de los locutorios de los estudios de Radio Nacional de España en Cáceres. Parecía una escena surreal, una soledad inquietante, propia del Hotel Overlook de El resplandor. Sin embargo, ha sido sólo mi escena visible de una sensación muy grata de cálida compañía.
He pasado dos deliciosas horas participando en Red Babel, el programa de Radio 3 que dirige Juan Pablo Silvestre, y que hoy ha dedicado a los blogs. He compartido este apasionante lado interior de la radio con Rubén, de Huesca, autor de un blog con información musical, El Capitán Lillo; con las creadoras (La Perri, Be, Misia) de Quédate a dormir, otro blog sobre lo cotidiano y lo que nos pasa; y uno más, de una divertida Kahlo, ‘hiperbloguera’, con uno de sus cuadernos encendidos de erotismos y sensualidades, Dadanoias. Y Juan Pablo Silvestre, cuya presencia sentida hoy tan de cerca —sólo por la voz; como siempre, en realidad— lo ha inundado todo. Y la música. Y la asistencia de Víctor Domingo, y la de César Peña, el realizador. Un abrazo.

viernes, octubre 05, 2007

El llanto, de Jaume Villanueva

Ayer vimos en el Gran Teatro de Cáceres El llanto, con la dirección de Jaume Villanueva. Estuvo bien; pero la clave estuvo en la expectativa, que es como una glándula del público que ningún programador ni productor debe despreciar, y siempre está activa. (Por cierto, ayer, el público fue un tanto especial, ya que era el principio de la temporada. Yo llegué a ver a un cargo político que casi nunca iba al teatro. Claro, como si fuese una novedad.)
La expectativa fue ayer que creíamos que era una obra de teatro. Nadie podía saber por el programa de mano de qué espectáculo se trataba, en el que se leía la “propuesta de Octubre Teatral”. ¿Una comedia? Seguro que no. Una tragedia, más bien. Del elenco, se reconocía a una cantaora y a un pianista y percusionista; pero el resto, dos, “Ignacio” (Sánchez Mejías) y el “Toro”, eran actores. Y nadie sabía que iba a encontrarse con dos excelentes bailaores.
Y es que yo creo que esto influye en el ánimo del público. Porque éste, cuando sube el telón y la sala se inunda de una música en directo, bien interpretada al piano (por Rafael Plana), y la escena se llena del movimiento de dos cuerpos como los de Frederic Gómez y Nacho Blanco, cree que todo no es más que la introducción sublime de una acción teatral dialogada en la que el texto de Lorca o su silueta van a ser fundamentales. Y no.
Así, claro, el público afronta el principio de la función esperando. Y no hay cosa peor que empezar esperando en una función teatral. Porque lo que se espera no llega. Y nunca llegó.
Lo mejor fue que la espera se llenó de buen hacer. —¡Qué difícil es hacer algo así!, me dije y dije al terminar la obra entre bien sonoros aplausos. La música de Granados y los versos de Lorca, aunque parezca mentira, no son suficientes para contentar a nadie con una “propuesta”. Pero ayer fue, a pesar de la expectativa, más que suficiente. El estreno absoluto de Cáceres servirá sin duda para pulir algunos problemas de la ejecución —del cante y del movimiento—, y también para proclamar que este espectáculo merece mucho el ser visto por cuantos más amantes de la belleza mejor.

Y lo mejor de este item: la ilustración es un poema visual de © Antonio Gómez, "Homenaje a Lorca".

jueves, octubre 04, 2007

En el principio de la temporada


Hoy, propiamente, comienza la temporada teatral en Cáceres. Ya tenía uno ganas de volver al Gran Teatro —entre otras veces, desde el 'Womad', con el recital de María del Mar Bonet, o desde el 'Clásico', cuando vimos, a finales de junio, El curioso impertinente. Y es que la programación para este mes viene sugerente. Hoy el ESTRENO ABSOLUTO (sic) de El llanto, sobre el de Lorca por Sánchez Mejías (1935), con dirección de Jaume Villanueva. (Por cierto, Sánchez Mejías, mis apellidos, tercero y cuarto). Y es que también podremos ver otro 'lorca', el de Belisa, y La cabra de José María Pou, y escuchar a 'Acetre'. Bien.
Y una mención para algunos de los que trabajan casi anónimamente en poner la imagen efímera de nuestra vida cultural. La reducida —y a mi parecer brillante y efectiva— presentación gráfica de todo esto por Égloga, agencia cacereña de publicidad.

miércoles, octubre 03, 2007

En el principio del curso

Le robo parte del título de su nuevo libro a mi amigo Russell P. Sebold para contar que ayer, primer día de clases —no las tengo los lunes—, me llevé al aula esta su obra recién publicada, En el principio del movimiento realista. Credo y novelística de Ayguals de Izco (Madrid, Ediciones Cátedra, 2007). No tuve necesidad de mostrarla, enfrascado principalmente en la explicación de los objetivos y de los contenidos de la asignatura, Literatura Española del Siglo XIX, con la concreción de todos sabida sobre Novela Española del Siglo XIX, precisamente. Pero sabía que podía ser el primer acontecimiento bibliográfico de este curso que ahora iniciamos.
Lo será en estos días y, seguro, más, cuando hablemos de algunas formas populares de difusión de la novela decimonónica y de estas actitudes realistas en lo narrativo que el profesor Sebold se empeña en mostrar con razón, contra los lugares comunes de la historiografía literaria. La verdad es que es un placer comenzar un curso sobre novela decimonónica con una novedad literaria tan combativa y juvenil como la de este ensayista egregio y casi octogenario. Y, si no, y sólo por abrir boca, que se lean algunas líneas del ‘Prefacio’, en el que la sorna del profesor protesta por la reducción de un siglo a los últimos treinta años, desde 1870; habla de los especialistas del siglo XIX que pululan por los congresos, seminarios y otras reuniones, y a quienes llama treintañeros; y carga contra personalidades como don Marcelino Menéndez Pelayo o José F. Montesinos, cuya Introducción a una historia de la novela en España en el siglo XIX es calificada como “volumen absolutamente contraproducente para quienes quieran comprender la formación del género que aparentemente se estudia en él.” (pág. 14).
No me digan que esto no es un acicate sublime para aprender literatura del siglo XIX, el ‘completo’, no el de los treinta años. Y para que se lancen contra él muchos colegas.
Y a todo esto, el libro es una excelente propuesta de análisis de la obra de Wenceslao Ayguals de Izco (1801-1873), principalmente de sus novelas María, la hija de un jornalero (1845-1846) y La marquesa de Bellaflor (1846-1847), que no están editadas modernamente. Ni siquiera el autor figura en el catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sin embargo, no es ningún desconocido, ni un autor menor; no es una rareza. El libro de Sebold pone sobre la mesa una necesidad que a estas alturas puede resultar sonrojante. Continuará, claro está. (Al menos, en clase).

lunes, octubre 01, 2007

Manga Ancha


Compré este sábado el número Uno de esta revista, Manga ancha, que no es el primero, pues parece ser que ya apareció el número Cero, lleno de poesía. No lo tengo y me gustaría hacerme con algún ejemplar. Mis referencias sobre quienes se han embarcado en este loable proyecto son escasas, aunque certeras. Sé del perfil biográfico de alguno de sus promotores, un perfil que colorea la revista de tonos como el portugués, el magrebí y el de aquí, el de la frontera extremeña con Portugal. Conozco, entre los de sus colaboradores, algunos nombres. De los portugueses, el de valter hugo mãe es el más cercano, porque le conocí en la última fase del proyecto de Hablar/Falar de Poesia; de los marroquíes el de Ahmed Bouzfour, y, sobre todo, conozco a todos los autores extremeños, desde Luis Sáez Delgado, que habla sobre narrativa contemporánea en Extremadura, pasando por Pilar Galán, o Francisco Rodríguez Criado, hasta llegar a Liborio Barrera, con un interesante texto entre Richter y Bryce, y al placentino Juan Ramón Santos.
Está editada por el Colectivo Manga Ancha, cuyos responsables son Antonio Trinidad Muñoz, Teresa Vacas Lobato, Antonia Liberal Trinidad y Emilia Torrado Sánchez. La han impreso en los talleres de Aprosuba-3, de Badajoz. La ilustración de cubierta es de José Antonio Femenía, cuyo exaltado currículo puede leerse en la página de los créditos.