domingo, septiembre 28, 2008

Portugal hoy


Qué satisfacción siempre hablar de un libro tan recomendable como éste. Lo recibí a principios de este mes, muy pocos días antes de que defenestrasen al remitente de la carta que acompañaba el envío del libro. Álvaro Valverde me lo hizo llegar “por indicación del autor”. Supongo que por indicación del traductor, Antonio Sáez Delgado, uno de los responsables de esta bendita manera de abrir las ventanas para que España se asome a la cultura portuguesa, para que nos conozcamos.
Portugal hoy. El miedo de existir es un libro fascinante para cualquier español interesado en Portugal. También lo es para un portugués, y la prueba está en que desde que se publicó allí —lo que no queda del todo claro en esta edición española—, en 2004, ha sido un éxito de ventas. ¿Un ensayo así un éxito de ventas? Pues sí, igual que los libros de poemas allí se venden por miles, y no por cientos o decenas, como aquí. Por eso también es una satisfacción que se edite en España por una editorial institucional como la ERE.
No decae el interés ni la hondura del pensamiento en ninguno de los once capítulos o estancias de esta reflexión sobre lo portugués que tiene un hilo conductor de concepto en el hecho de la no-inscripción de este país, y que es algo aplicable, ampliable a otros países, como España. Al menos, eso creo yo sin mucha conciencia patria. Pues, una vez leído el libro, puede uno abrirlo por algún sitio y encontrar en él razones para hablar sobre el sentido de lo que hace, siente o piensa un portugués hoy; pero también sobre el sentido de lo que hacemos, de lo que sentimos y de lo que pensamos. Así.
La ausencia de la intensidad de la admiración en Portugal. Vamos, que en Portugal nadie exagera a la hora de admirar; y si lo hace, resulta sospechoso. No sé. La pervivencia del miedo en Portugal, o lo que es lo mismo, las dificultades de superar el salazarismo o la verdadera trascendencia del 25 de abril. No sé. Esa idea de la no-inscripción en la que yo veo algo relacionable con lo de la memoria histórica a la española. No sé. O esto de que los portugueses son particularmente sensibles a la ausencia, “lo que les hace estar constantemente ansiosos por la plenitud”, que es una de las más agudas diagnosis del libro, porque resume muchas en una, concluye, cierra.
Al placer de la lectura por el contenido expresado, sumo el gusto por ciertas complicidades ideológicas, como la que se deriva de compartir el disgusto por una mundialización que conlleva “azotes planetarios” como el desempleo o el sida, y no el igualitarismo en los beneficios; o como la de fundir en la genialidad a Fernando Pessoa y Herberto Helder.
Una lectura recomendable, con satisfacción.

miércoles, septiembre 24, 2008

Una opinión

Ayer leía el artículo de opinión —que no otra cosa era— de José Yoldi en El País sobre la propuesta de Carlos Dívar como candidato para presidir el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo y me acordaba del editorial de hace casi quince días en este mismo periódico. Se titulaba con contundencia “La desfachatez”. Sobre el pacto de los dos para poner ahí a los suyos en esto de la renovación judicial.
Pero, además de reparar en que el texto de Yoldi se para a decirnos que Carlos Dívar, malagueño que el último día de este año cumplirá 67, está “soltero, no es ninguna lumbrera jurídica y no se le conocen artículos o publicaciones que hayan marcado tendencia en el ámbito del Derecho”; lo que realmente me ha preocupado es eso de que

“su discreción es una auténtica tortura para los periodistas.”

Todavía estoy ojeando —en pantalla— el Libro de estilo de El País.

jueves, septiembre 18, 2008

Andrés Talavero a Juan José Narbón

Tenemos que volver a Torrequemada. Hemos paseado con Carmela y los amigos bastantes veces por sus dehesas y ahora vamos a toparnos con una obra de Andrés Talavero (Cáceres, 1967), un artista plástico —pintura, escultura, fotografía— que siempre agrada con sus propuestas por dejar huella estética en otros espacios, sea un amplio ventanal de la antigua por espaciosa en sus tiempos Sala de Lectura de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, sea en la Casa Rural “La Encarnación” de Casar de Cáceres, o, ahora en las corralás de Torrequemada (Cáceres), entre encinas, canchos y alcornoques.
Son dos cilindros de piedra seca con un diámetro cada uno de dos metros y una altura de metro y medio.
Camino. In memoriam, que es su título, es un homenaje al pintor cacereño Juan José Narbón (1927-2005) realizado por Talavero entre mayo y junio de 2008, un símbolo de diálogo —en palabras del autor— entre dos generaciones, y una invitación a todos los que deseen profundizar en la obra de Narbón mientras pasean al atardecer por el paisaje de las primitivas corralás de Torrequemada que tanto admiró e inspiró al artista.

Alzheimer

Ayer por la mañana recibí por correo electrónico un mensaje de la Asociación Cacereña de Familiares de Enfermos de Alzheimer disculpándose por el retraso en el envío de un libro en el que hemos colaborado algunas personas. Me dicen que se presentará el próximo viernes 19 en la Biblioteca Pública de Cáceres, a las 8 de la tarde, como un acto oportuno en el entorno del Día Mundial del Alzheimer, que es el domingo 21 de septiembre.
Horas después, he tomado como un gesto cándido esa disculpa, sin lugar a dudas innecesaria, y la he comparado con las dimensiones de una enfermedad a la que me he acercado sólo como testigo distante, como ciudadano, como colaborador literario... Siento pudor por ser destinatario de unas excusas que llegan de parte de personas que padecen lo que es inconcebible para alguien que se angustia por un constipado, pongamos por caso. Escribo esto con mi corazón y mi estómago encogidos, después de ver la reemisión que Canal Extremadura ha pasado de aquel memorable Documentos TV, el de Pedro Erquicia en La 2, “Los que no olvidan”, del 13 de marzo de 2005, y al que pertenece la imagen de arriba.
Sobrecogedor y extremo este modo de clamar cordura social. No he parado de pensar en mi indignación el otro día por la decoración cateta de un escaparate.

miércoles, septiembre 17, 2008

Juan Rosco

El domingo estuvimos en los bajos del Archivo Histórico Provincial de Cáceres viendo la exposición de las piezas de Juan Rosco que conforman 2008, odisea en el tiempo. Una propuesta ahora sobre la base de personajes y referentes de la mitología clásica.
No sé si digo bien si digo que Juan Rosco llegó a la poesía visual o al poema-objeto por su militancia en la educación de base, en esa especie de misiones a las que algunos pedagogos se dedican casi durante toda su vida sin que a nadie parezca especialmente relevante. Una necesidad de expresar conceptos atractivamente ante jóvenes con escasos referentes (alicientes) culturales.
Así que al grado extravagante de dedicarse a estos juegos para muchos hay que añadir el que conlleva utilizar estas roscosas para enseñar, por ejemplo, que Mercurio era el mensajero de los dioses con un objeto de objetos que resulta ser un zapato con ruedas o que Narciso se miraba a sí mismo con una circunferencia de letras de colores con las letras de colores de N-A-R-C-I-S-O.
Juan Rosco es uno de esos creadores con sentido común, y, por eso, quizá, se dedica, también, a esto. Me da a mí que es un constituyente del género esa humildad firme con la que afrontan sus propias creaciones estos artistas, al menos, los que yo conozco. Las propuestas de Juan Rosco se exhiben desde una conciencia tan poco restrictiva conceptualmente que una misma pieza puede servir para hablar de estereotipos juveniles o para bromear a costa de Baco y Eros fundidos en los estereotipos juveniles; o para representar aquello de que la poesía es un arma cargada de futuro y a la vez para suscitar un pensamiento sobre las musas. Y no sólo esto, sino que los mismos objetos —una peana, unas letras de un juguete didáctico, unas figuras talladas...— pueden intercambiarse para sugerir nuevos sentidos. Esta manera se ve en la exposición —que está en Cáceres hasta el 21 de septiembre, y que luego estará en Almendralejo, con Bodegas Viña Extremeña— en las tres piezas sobre Atlas, tres modos de decir, tres sugerencias sobre lo mismo, y un modo de expresar las diversas miradas que pueden darse ante un único motivo.

lunes, septiembre 15, 2008

Francisco Espinosa, de fosas y desaparecidos y de frases desaparecidas

Leía el otro día la nueva edición de la Historia de la literatura fascista española de Julio Rodríguez Puértolas (Madrid, Ediciones Akal, 2008, 2 volúmenes), y me acordé de Francisco Espinosa, a quien se cita en el epílogo de César de Vicente Hernando. Más aún me acordé de Paco Espinosa cuando salió la noticia de la providencia del juez Baltasar Garzón sobre los desaparecidos de la guerra civil española.
—Tengo que llamarle —me dije la mañana en la que en la mismísima cadena SER, en ‘El abierto’ de Hoy por hoy, se desviaba el asunto hacia las dificultades de exigir hoy responsabilidades penales a los responsables de los crímenes cometidos. Quería saber la opinión de un historiador solvente como Espinosa, con quien he tenido la suerte de colaborar.
A los pocos días, apareció en El País su artículo “De fosas y desaparecidos”, que era la opinión que yo buscaba; y, en este caso, una opinión compartida. Colmaba mi curiosidad con creces. Me alegré mucho por leer algo así en el periódico, y así se lo dije al autor del artículo cuando le llamé por teléfono. No me alegré dos días después cuando el mismo Espinosa me dijo que había enviado a El País una solicitud de aclaración por una modificación —clara manipulación— del texto de su artículo. Ahora, este turbio asunto ha generado otros textos. El principal, el de la crónica del propio Francisco Espinosa Maestre que puede verse en el blog de José María Lama, otro historiador que debería estar incluido en las providencias de los jueces que piden información tan importante por lo humano, por lo sentimental, por lo justo.

sábado, septiembre 13, 2008

Antonio Jiménez García

Me entero hoy por una necrológica de José Luis Abellán en El País de la muerte, el pasado 28 de julio, de Antonio Jiménez García, el profesor de Historia de la Filosofía Española de la Complutense. Un mes y medio después, se difunde este hecho luctuoso que ha tenido escaso eco en los medios extremeños, pues extremeño de Navalmoral de la Mata (1950) era este profesor y ensayista, autor de libros como El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza (Madrid, Ediciones Pedagógicas, 2002) o el publicado en el Departamento de Publicaciones de nuestra Diputación de Badajoz sobre El krausopositivismo de Urbano González Serrano (1996), parte de su tesis doctoral sobre ese otro pensador moralo independiente —en el concepto fundado de Antonio Jiménez— de ideas avanzadas.
Le conocí en Madrid en el acto de defensa de la tesis de Fernando T. Pérez, en marzo de 1999, y fue un encuentro gratísimo, no sólo por la compañía del propio Fernando, de Gil Novales, de Diego Núñez o de José Luis Mora, también por la charla sobre Extremadura y por mi descubrimiento de que era hermano de Pablo Jiménez, el poeta moralo, a quien todavía no conozco personalmente, pero al que, gracias a él mismo, he leído (La luz bajo el celemín, Descripción de un paisaje, Destiempos y moradas, La voz de la ceniza). Antonio Jiménez fue presidente de la Asociación de Hispanismo Filosófico —vicepresidente a su fallecimiento— y, en palabras de José Luis Abellán, “un profesor universitario en el pleno sentido de la palabra y bibliófilo apasionado.” Siento su repentina muerte.

miércoles, septiembre 10, 2008

Álvaro Valverde

Hablaba ayer por la mañana con Álvaro sobre asuntos relativos a estas tareas compartidas de la edición pública o institucional. Una coedición en marcha entre la Editora Regional y la Universidad, un apunte sobre un informe que me solicitó, e incluso otros proyectos en los que personalmente, como coautor, estoy concernido. Horas después, por la tarde, a mi requerimiento, me contaba desde Plasencia cómo le habían comunicado su cese. No daré detalles de las formas. Indignas.
Dentro de unos diez días iban a cumplirse los tres años desde su nombramiento; al menos, desde la noticia de su nombramiento. Me he acordado de aquel elogio de Antonio Tejero de septiembre de 2005; y que hoy cobra más sentido.
Álvaro heredó en su encomienda el legado de un amigo como Fernando T. Pérez. Esa herencia se tradujo en la pervivencia de los proyectos ya iniciados y también en la fidelidad con la que ha mantenido la línea editorial que ha llevado a la ERE a prestigiarse en el mapa cultural español. Pero, con el tiempo, la nueva dirección de la Editora de Extremadura debía ir manifestando sus maneras, y proponer proyectos distintos, nuevos modos de mantener y superar el nivel que había alcanzado una de las editoriales públicas mejor consideradas fuera de la región. El nombre de Álvaro Valverde, uno de los poetas de Extremadura más estimados en el ámbito nacional, ha venido siendo garantía de ese propósito.
Así, ha potenciado las coediciones —doy fe de ello en lo que se refiere a varios títulos que en los últimos años hemos publicado—, ha mantenido el mimo y el rigor de la colección de facsímiles La Biblioteca de Barcarrota con la publicación de la Lingua de Erasmo, ha alentado el reconocimiento de la obra de autores sobresalientes ya desaparecidos, como Juan Manuel Rozas o José Antonio Gabriel y Galán, cuyo Diario póstumo ha recibido el reciente Premio Extremadura a la Creación; y puede, en fin, enorgullecerse por haber mantenido el nivel literario de colecciones como “Vincapervinca”, con la publicación del monumental Razón de mudo de Agustín Villar, o como la de “Poesía” con la publicación de textos de Alex Chico, de José Antonio Llera o de Antonio Méndez Rubio.
Somos contingentes, sí; pero la labor de personas como Álvaro Valverde en beneficio de la comunidad, sin afanes espurios, con muchas horas dedicadas a la Consejería fuera de sus tareas estrictamente editoriales —doy fe de ello, también—, incluso por el mero hecho de que su nombre literario ya era blasón de Extremadura en cualquier escenario, merecía mejor trato a la hora de comunicarle un cese lamentable. Los modos políticos..., tan de actualidad y tan de espaldas a la excelencia y solvencia profesionales. Lástima.

Fotografía © Francis Villegas. El Periódico Extremadura.

Premio de Ensayo "Fernando Tomás Pérez González"

El Ayuntamiento de Santa Marta de los Barros, con el apoyo de la Diputación de Badajoz y la colaboración de la Asociación de Escritores Extremeños, convocó a principios de julio el Premio de Ensayo “Fernando Tomás Pérez González”, dotado con 12.000 euros. Las bases que me llegan ahora explicitan que los trabajos deberán abordar un tema relacionado con los estudios culturales y que se ajustarán a una extensión mínima de 100 folios y máxima de 300. También, que podrá reconocerse un accésit sin dotación económica para aquellos ensayos presentados sobre un tema vinculado a Extremadura, y que la entidad convocante se reserva la posibilidad de publicar los trabajos premiados. El plazo de presentación de los originales concluye el viernes 31 de octubre de 2008.
Es una feliz iniciativa que tiene una intención memorativa sobre la figura y la obra de Fernando Pérez, con tantas raíces en Santa Marta, en donde su padre, Fernando Pérez Marqués, fue nombrado ‘Hijo adoptivo’; pero también contribuye a poblar con fundamento un terreno poco frecuentado por esta especie tan prolífica de los premios literarios, el del ensayo, lo que aporta una singularidad ejemplar a este certamen, además de su poso sentimental.

martes, septiembre 09, 2008

Pavese

Hay gestos en la vida, no sé, gestos propios, en los que nos sorprendemos en un efecto misterioso y extraño, una suerte de paranormalidad sin trascendencia alguna. El domingo, desilusionado y triste, acudí casi sin darme cuenta a un estante de mi biblioteca y cogí un libro de mi época de universitario: El oficio de vivir. El oficio de poeta, de Cesare Pavese. No alcanzo ahora a saber por qué tomé ese libro, del que anoté unas líneas casi al azar. Quiero decir que abrí el libro, y lo primero que leí fue un apunte del 12 de octubre [de 1940] que dice que “El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno de los dos ante sí.” Pero luego leí éste, que es el que pasé a mi cuaderno: “A una mujer le repugna un hombre que piense en ella día y noche —por la razón de que ella no piensa en él.”
Ayer reparé en ese gesto tan cotidiano de coger un libro y leer un fragmento porque el periódico traía noticia de Pavese con motivo del centenario de su nacimiento, que hoy se cumple, 9 de septiembre. No me había dado cuenta. Y lo único que he averiguado es que se cumplen cien años desde el nacimiento de Pavese; pero sigo preguntándome por qué Pavese, por qué esos textos se me vinieron a la cara, como esas erratas con las que a veces me topo sin querer. Y bien que lo siento.

9 settembre 1908. Nasce Cesare Pavese a Santo Stefano Belbo (Cuneo) da Eugenio, cancelliere di tribunale, e Consolina Mesturini.
26 agosto 1950. Si uccide nell'albergo Roma di Torino.

jueves, septiembre 04, 2008

Premios Extremadura a la Creación

Ai cá pancalá

Tengo un amigo con casa en Huelva que un día me contó haber visto desde el coche, yendo hacia allá, en la cuneta, junto a una casa, un cartel mal escrito con el texto AI CÁ PANCALÁ. En El Doctor Centeno (1883) de Galdós, Celipe dice vivir en un cobertizo, al lado del almacén con las letras grandes CALENTURÓN. Alejandro Miquis le pregunta qué es eso y el pobre contesta que donde venden “cal en terrón”. Mi amigo —Paco— tuvo que descifrar él solito el enigma: “Hay cal para encalar”. Lo mismo. Mi amigo no sabe que Galdós escribió El Doctor Centeno; y si lo sabe, no sabe esto.

martes, septiembre 02, 2008

Hablando de poesía con Pepe

Hace poco más de un año le dediqué unas líneas aquí. “Hoy hace un año, esta misma puerta / reflejaba, rosadas, las flores del ciruelo y sus mejillas. / No sé dónde su rostro estará hoy, / mas las flores sonríen aún a la primavera.” (Tsuei Hu). Ahora Pepe está enfermo y no quiero molestarle, para que descanse y se recupere. Echo de menos los ratos de conversación sobre poesía, ocasionales y rodeados de esa algarabía del cañeo en los bares del barrio, unas veces; y otras, en el patio ameno de la casa de un amigo, como aquel día, hace un año y poco.
Para que se reponga y hasta que se reponga, quiero hablar aquí de poesía con Pepe. Para que te repongas, Pepe, porque sé que te gusta. Hoy, para abrir boca, voy a elegir a tu Aníbal. No sé si conoces los Cartapacios que editaron Luis Felipe Comendador y De la Luna Libros y que cité aquí también. La prehistoria. Una curiosidad de ésas que nos gustan. Claro, no es comparable con el poeta crecido de Cuarzo, por ejemplo. Seguro que sabes de memoria algún verso, que tú siempre me has sorprendido con unos cuantos versos ajenos, dichos así, a la buena de Dios. “De la mutilación de las estatuas / a veces surge la belleza, de los / capiteles truncados cuyo acanto / cayera en la maleza entre el acanto: / perfección del azar que nada tiene / que hacer para ser símbolo de todo / lo que se quiera.” (De “La belleza arrebata las palabras que intentan proclamarla”, de Cuarzo.) No te canso más. Otro día.

Jordi Doce en el parque de Hincksey

No es lo mismo. Sigue sin ser comparable el modo de lectura de un libro con el del mismo texto de ese libro, por ejemplo, en una pantalla. Recibí con alegría la creación del blog de Jordi Doce hace ya un par de años. Inactivo durante meses; luego durante casi un año. Lo ha retomado y vuelve a ser grata su lectura; esa manera de observar y de leer que tiene el autor de Lección de permanencia (Valencia, Pre-Textos, 2000). Pero donde se ponga el modo de lectura aplicado a este libro suyo que acabo de terminar, La vibración del hielo (Diario 1998) (Villanueva de la Serena, Littera Libros, 2008), que no se ponga la manera que uno aplica a la lectura, sometida a variadas circunstancias y posturas, de su blog. No sé. No es lo mismo.
Lo encontré el otro día en un sobre que me dejó José María Cumbreño en mi despacho de la Casa de los Ribera —¿veis? Cumbreño está ahora (más) vinculado a la Universidad por ser uno de los dos escritores —el otro es Fran Rodríguez Criado— becados por la Consejería de Cultura y Turismo para impartir cursos y talleres en la UEX, y, con Antonio Reseco, ha logrado con muy buen criterio captar para esta aventura editorial encomiable este texto diarístico ejemplar de Jordi Doce.
1. No conozco Sheffield; pero me resulta cercano. Tengo un amigo allí que se llama Philip Deacon. Jordi lo conoce, claro.
2. Es honesto que un traductor excelente diga de un autor —extranjero, claro— que no termina de funcionar en castellano. Lo dice de Montale.
3. Conozco Gijón. Allí estuve en 2001 con Ángel Campos y nos encontramos con Jordi Doce. Luego estuvimos Carmen y yo, más tiempo; mejor; pero sin ver a Jordi. Las referencias a Gijón me llevan allí ahora.
4. Sigo el discurrir de un tiempo limitado, de enero a diciembre de 1998, por una experiencia ajena. Es grata esta intromisión en lo personal; no por entrometerse, sino por la manera literaria de expresar lo íntimo.
5. Cuántos libros. Birthday Letters, de Ted Hughes. Manual del distraído, de Alejandro Rossi. Les rencontres des jours 1992-1993, de Claude Roy. Hay música. Y películas. Cuántas lecturas pendientes.
6. “Sería hermoso […]—dice Jordi Doce— , publicar una antología anual del trabajo de uno, reunir sin método una docena de poemas, otras tantas traducciones, media docena de artículos, unas cuantas anotaciones extensas del diario, unas pocas frases felices, y hacer con todo esto unos pliegos que sea lean rápido y se relean despacio, a saltos, sin orden”[…] Es una idea para un blog. Y tiene que ser el de Jordi Doce. Que lo anote.
7. “El escritor es una versión mejorada o afinada del individuo que lo sostiene”, escribe Jordi a propósito de algo dicho en una entrevista por Julian Barnes. Está bien así, como motivo de reflexión.
8. La vibración del hielo como título obedece a un instante, una estampa, más bien, que cualquiera de nosotros suscribiría. ¿Puede decirse así?
9. Un estanque helado y unos niños que golpean las placas de hielo con los pies. La vibración que provocan los golpes. El agua muerta bajo el hielo. La soledad del que contempla la escena. La del que escribe. Ahí está la clave de la escritura de este libro agradable. Ahí, quizá, la clave de mucho de la escritura. No sé.